LA GUARDIA DE JAEN (Jaen)

 



LA GUARDIA DE JAEN



La Guardia de Jaén es una localidad de casi 5.000 habitantes situada en la parte oriental de la comarca Metropolitana de Jaén, en la provincia del mismo nombre dentro de la comunidad autónoma de Andalucía. Limita con los municipios de Mancha Real, Pegalajar y Jaén, discurriendo por su término municipal el río Guadalbullón. Se localiza en el extremo occidental de Sierra Mágina, emplazándose sobre el Cerro de San Marcos, junto al promontorio del Cerro de San Cristóbal.​
La Guardia de Jaén fue la Mentesa Bastia en la Historia antigua, también Mentessa o Mantißa en otros periodos,​ denominada en ocasiones simplemente como La Guardia en la zona. Habitada desde el Neolítico (yacimiento de «Cueva Cabrera»), su posición estratégica dominando el valle del río Guadalbullón le otorgó gran protagonismo e importancia, tanto política como militar, en la zona hasta prácticamente el final de la Guerra de Granada.
La primera referencia al actual término de La Guardia es la de El Atlante Español de Bernardo Espinalt. Según este autor: los romanos la llamaron en primera instancia Guardia, debido a la veneración del dios Genio, «guarda de cada uno», en la ciudad.​
No obstante, las referencias a La Guardia siguieron siendo Mentesa Bastia (Bastiam, Bastetana, Bastetanorum, Bastitana...) o simplemente Mentesa ya en época visigoda o incluso Montija (aunque Montija parece referirse a la Mentesa Oretana). En la época árabe La Guardia aparece como Mantïssa y Wâdi ‘Abd Allâh durante el tiempo en que fue capital de la de Cora de Yayyán.
Es en La Reconquista cuando La Guardia adquiere el topónimo de La Guardia de Jaén, debido a su papel en la defensa de la frontera castellana (por ser frontera y guardia del territorio giennense) y, en cierta manera, a su tradicional papel de defensa fronteriza de unos bandos y otros.


El término municipal de La Guardia de Jaén ocupa una extensión junto al valle del río Guadalbullón, a unos 10 km al sureste de la ciudad de Jaén entre el Cerro o Peñas de San Cristóbal y la Dehesa Boyal de la Sierrezuela de Pegalajar conserva el tipismo de sus casas blancas y sus empinadas y estrechas calles. Su principal núcleo poblacional se emplaza en la ladera este del Cerro San Marcos, al sudeste del casco antiguo a 635 metros sobre el nivel el mar, desplegándose desde media ladera bajo su castillo árabe, antiguo oppidum ibérico, a lo largo del valle del río Guadalbullón.
Su vegetación en la zona alta, laderas y cima del Cerro San Cristóbal, es la propia de los terrenos abruptos y escarpados, destacando los pinos de repoblación en la cima y laderas del cerro, así como matorral y plantas aromáticas. El resto del terreno está colonizado por los olivos a excepción de la zona de la vega del Guadalbullón en cuyas fértiles tierras crecen los árboles frutales, cereales, maíz y hortalizas.
La mejor manera de conocer esta zona y descubrir la naturaleza viva, es recorrer uno de los múltiples senderos que serpentean por su término municipal. Uno de los más representativos y con mejores panorámicas sobre la comarca es el denominado “Sendero del Cerro San Cristóbal”.
El sendero asciende por el paraje de Monte Prieto, y desciende por las inmediaciones de la Peña de San Cristóbal, siendo el punto de inicio y final el propio municipio de La Guardia. Encontraremos el impresionante abrigo de Cueva Culebrera, con restos de ocupación humana desde el Neolítico. En la cumbre llana del Cerro de San Cristóbal se puede disfrutar de un agradable paseo entre los pinos. Las laderas norte y sur presentan vistas espectaculares, siendo auténticos miradores naturales de los relieves montañosos del sur y de la provincia de Jaén.





La Guardia de Jaén surge elevada sobre un alto cerro. Desde allí se atisba buena parte del paisaje de Sierra Mágina, en el que destaca el acusado contraste entre los disciplinados olivares y las arriscadas crestas de las montañas, tocadas con penachos de pino y matorral mediterráneo. Las férreas atalayas de su castillo, de origen árabe, sirvieron tras la conquista castellana para custodiar el valle del Guadalbullón y defender así el reino de Jaén. De su época como señorío y marquesado de la familia Messía son la monumental fuente pública de estilo renacentista que posee, dotada con cinco caños de bronce, y la iglesia de la Asunción.
Es por esto que La Guardia es conocida como “Puerta de Culturas”, por todas las que aquí habitaron y, en la actualidad, no han caído en el olvido. De ahí que nuestro propósito sea trasladarle a traves de nuestro reportaje a épocas remotas para adentrarle en sus orígenes, su historia y sus tradiciones.
También se encuentra dentro de las denominadas “Rutas de al-Ándalus”- en concreto, la “Ruta de los Nazaríes”-, “Jaén, Renacimiento del Sur”, “Paisajes heredados de Andrés de Vandelvira” y la “Ruta de los Lavaderos” de los Grupos de Desarrollo Rural de la Provincia de Jaén.



La Guardia es una localidad rica en historia dado el número de culturas que han pasado por ella a lo largo del tiempo, desde la época romana hasta la Reconquista. La mayoría de historiadores concuerdan que su emplazamiento corresponde a la «Mentesa Bastia» de las fuentes antiguas, de Plinio y de Polibio; a la Mentesa romana y visigoda, y a la Mantißa musulmana (Ibn Hayyan, Al-Razi, Ibn Galib, Al-Muqaddasi)
La Guardia de Jaén, si bien en la actualidad posee un interés histórico monumental basado principalmente en el antiguo convento de Santo Domingo y su enorme y antiguo castillo, de época árabe; ostenta un papel histórico mucho más relevante derivado del prestigio del que gozó esta población ya en épocas anteriores:​
Al margen de su importante papel fronterizo entre Castilla y Granada, lo que distingue a La Guardia de otras zonas fronterizas de la región es la localización de una antigua e ilustre población asentada en su ubicación actual durante siglos. Una célebre e importante ciudad durante época romana, visigoda y gran parte de la musulmana llamada Mentesa (Bastia, Bastetanorum, Mantißa).

Los yacimientos arqueológicos de la zona atestiguan que fue habitada unos 4000 años antes de Cristo. Los primeros asentamientos humanos de la zona se localizan en Cueva Cabrera (en el actual camino de la Zona Recreativa «Allanadas de San Sebastián») que posteriormente fue usado por los pobladores del lugar como resguardo y corral para el ganado de donde proviene su nombre actual y la Cámara Sepulcral los Corralejos o Corredor (Edad del Cobre), ambos de época neolítica.
En esta cueva de gran tamaño solo se observa en la actualidad una cruz de tamaño considerable, lo que hace pensar que responda a una simbología religiosa o señalizadora, no correspondiéndose con la morfología y ejecución del arte rupestre prehistórico convencional ni con la antigüedad de éste. En una pared ennegrecida se encuentra una mancha de color rojo que puede ser una pintura rupestre.


La Guardia fue un importante oppidum ibérico, probablemente situado en las Eras de San Sebastián, el cual la mayoría de los investigadores, algunos de la talla de Leopoldo Torres Balbás, concuerdan en que fue la importante Mentesa Bastia o Mentesa Bastetana,​ 1500 años antes de Cristo. Dicho oppidum de la antigua Mentesa, es mencionado por Plinio y fue destacamento romano de la Hispania Citerior.
En los enterramientos de dichas eras se encontraron más de 30 tumbas excavadas en la roca así como urnas cinerarias con sus ajuares, otros utensilios y diversos tipos de restos de cerámica, escudos y adornos. Dichas costumbres funerarias delatan un origen bastetano, a diferencia de por ejemplo Cástulo, capital de la Oretania, que ilustra la complejidad étnica en la zona fronteriza del sudeste de la provincia de Jaén. 
Posteriormente es ocupada (fundada según «El Atlante Español» de Bernardo Espinalt) por los romanos (Mentesa Bastetanorum), alcanzando su máxima importancia y alto estatus como municipio romano privilegiado durante el siglo I, tal y como demuestra su historia epigráfica. Una ciudad fuerte desde el punto de vista económico, político y social ya que, pese a la decadencia de las ciudades en la crisis del siglo III, mantendría su influencia en la zona hasta la época árabe.​
Con una población de «mentesanos» que llegó a alcanzar, según Ximena en «Los anales de Jaén», los 5000 habitantes, inicialmente es citada por Plinio como ciudad estipendiaria, pero en el mismo siglo I ya aparece como municipio romano cuando se menciona al senado de la ciudad Ordo Mentesanus en la inscripción 5,4 entre otras, además de las que citan los cargos de decurión, seviratos y seviros augustales en las anteriormente citadas.
​Según algunas fuentes y en una época ya más avanzada, se la denominó con el término actual de Guardia, debido a la veneración en la localidad del dios Genio, «guarda de cada uno».
Dicha obra anterior, también cita las fuentes termales, de las que habla Plinio o Polibio, hasta un total de siete y que sanan «doleres de hijada, obstrucciones, melancolía y mal de piedra», así como la tradición del manantial de oro en el cerro San Cristóbal.
El oro de sus minas en esta época, gozaba de gran popularidad dado el alto grado de calidad en cualidades tales como su pureza y finura. Este iba destinado directamente a Roma engarzando joyas de emperadores y tribunos. Una villa rica y próspera repleta de suntuosos palacios, baños públicos y templos tal y como describen los escritos de Plinio o los de Polibio y como lo confirman las inscripciones epigráficas de la zona. También fue Ceca romana, lo cual impulsó su importancia y desarrollo en época visigoda.


Durante la etapa visigoda, Mentesa, o Montija, perteneció a la provincia Cartaginense ubicándose en el límite sureste entre la misma y la Bética del periodo romano, fiel a su futura tradición fronteriza. Así, era la última ciudad oretana que dividía este pueblo de los vecinos bástulos, aunque seguramente nunca perteneció a bastetanos ni estuvo bajo el control bizantino, pese a la cercanía de la frontera con estos últimos; como prueban los hechos acaecidos con el secuestro temporal del obispo Cecilio de Mentesa, mencionado en la 1.ª ley del Liber Iudiciorum y en estrecha relación con Sisebuto.​
Cabecera de diócesis, era una de las tres sedes episcopales en la zona de Jaén: Mentesa (La Guardia), Beatia (Baeza) y Tucci (Martos) ya en la Bética, siendo quizá las tres poblaciones más importantes de Jaén;​ fue el mayor enclave de la comarca gracias a su relevancia heredada de la época romana, a la presencia bizantina en la zona y a su posición estratégica sobre el valle del Río Guadalbullón. Algunos miliarios encontrados en la zona atestiguan la ubicación del tramo Viniolis-Mentesa de la Vía Acci-Castulo en esta ciudad. ​Fuertemente defendida, desde Mentesa se podía controlar la Vía Augusta (Vía Hercúlea) entre otros caminos y calzadas que unían Levante con Turdetania hasta el pasado imperio de Tartesos. Tras ser ceca romana, continuó acuñando moneda propia y llegó a ser la fábrica de moneda en la Cartaginense que más habitualmente emitía tras la capital, Toledo. Su moneda circuló por toda Hispania durante los reinados de monarcas como Recaredo, Witerico, Gundemaro, Sisebuto, Suintila, Sisenando, Egica y Witiza.


Prueba del asentamiento visigodo es el Yacimiento de Cerro Salido situado a unos 500 metros del actual nucleo urbano donde se pueden observar varias tumbas excavadas en la roca y fechadas en torno al siglo VI. La Necropolis fue excavada en 1954 y en ella se encontraron un total de 22 tumbas de las que tan solo 7 permanecian intactas. La zona en la que se asienta esta necrópolis está cuajada de rocas de sedimentación, que se alternan con otras de formación caliza, dislocadas ambas en grandes bloques en numerosos puntos, debidos a movimientos geológicos de considerable magnitud, dado los hundimientos que se observan. La especial disposición de las tumbas, aún en los bloques desprendidos, denotaba que fueron abiertas con posterioridad a los referidos desprendimientos y hundimientos.
Las tumbas no guardaban, en general, una orientación determinada, sino que sus constructores parecían haber aprovechado la mejor disposición del terreno, observándose que siempre que era posible, la orientación había sido hacia el Este y el Sur. Presentan una forma ovoide, exageradamente alargada, con una leve insinuación antropomorfa. Tanto en su sección transversal, como longitudinal, ofrecen la forma de una barquilla, rematada en su parte superior con una muesca de encaje para colocar las losas que las cubrían. Tres de las siete sepulturas estaban casi por debajo de un muro que rodeaba la cúspide del cerrillo por sus caras Norte y Oeste. Otro tipo de sepultura, que estaba rehundida por su cobertera, estaba revestida de tégulas. Otra variedad, ofrecía la particularidad de tener abierta dentro de la tumba, y en la parte superior izquierda del fondo, otra foseta de reducidas dimensiones en donde se encontraron todos los restos reunidos. Otras tumbas aparecían con partes de sus paredes terminadas con obra de ladrillo. Por lo que se refiere a los restos humanos, sólo en una aparecieron los restos pertenecientes a un sólo cadáver orientado al Este; en las tumbas restantes se encontraron siempre dos (uno a la cabeza y otro a los pies), siendo imposible determinar si la posición de enterramiento era en cuclillas o más bien a lo largo en posición encontrada. Sólo en una de las tumbas se encontró dos cráneos juntos. Las bóvedas craneanas correspondían al tipo dolicocéfalo y eran de adultos. En uno de los cráneos pudo apreciarse en la parte superior del frontal un agujero perfectamente regular. En cuanto a ajuar, sólo se encontró en una de las tumbas. Se encontraron junto al cráneo y a ambos lados, unos aretes de oro con pedrería, ambos de tamaño considerable, que se adscribieron a la etapa visigoda, y a los pies apareció también una hebilla, igualmente visigótica. En el resto de sepulturas no apareció nada que se pueda comparar, tan sólo una punta de flecha y una hoja de puñal (ambos de hierro), un anillo de cobre y una cuenta de vidrio.


Todas las fuentes árabes​ coinciden en que Mantisa era una antigua ciudad, alta y fuerte, situada sobre buenas vegas de tierra muy fértil para cualquier cultivo y que poseía agua en abundancia.
Desde el punto de vista militar, era un bastión defensivo prácticamente inexpugnable, dada su ubicación coronando un promontorio (Cerro de San Marcos) y las sólidas defensas que poseía. Este hecho la convirtió en una posición estratégica muy importante, agravada a su vez por su estatus de etapa en la calzada que unía Acci (Guadix) a Cástulo y Aurgi (Jaén).
Esta relevancia se ve ilustrada en la Primera Crónica General cuando se menciona que Táriq ibn Ziyad, en la ocupación de la Península en el 711, dirigió su ejército expedicionario por dicha calzada romana, que iba desde Astigi (Écija) a Toledo, a través de Mentesa, tomándola y arrasándola por completo. Si bien ocurrió así, no fue destruida por completo ya que durante este siglo VIII sigue habiendo referencias a la misma.
Ya en plena época de dominación árabe, Mantissa, la que según los autores árabes era una de las ciudades más antiguas de la Cora de Yayyan, adquiere de nuevo gran importancia al convertirse en capital de la misma. De hecho, «Guadualla» (también «Guadaandalla»), palabra que deriva de la pronunciación árabe, es una antigua finca en el término municipal de La Guardia, en las inmediaciones cercanas al «Caserío de Fontanares».​
Hacia el año 741 cuando yunds sirios penetran en la península, en su término se asientan los clanes árabes de los Uqaylíes y Asadíes, descendientes del gobernador favorecido por Abderramán I de la kura de Yayyan, Al-Husayn, y que forman una minoría aristocrática gobernante frente al resto de la población indígena de la provincia jiennense.
Así, la hegemonía de la ciudad se consolida con la instalación en ella de las personalidades que tenían en poder y recobra parte de la influencia perdida con las primeras etapas de la ocupación árabe.​
Pero la mezcla de clanes, las promesas de guerra, rencillas y venganzas, dan lugar a una etapa de enfrentamientos y belicismos internos. Es entonces cuando, según algunas fuentes, Táriq ibn Ziyad reconstruye y establece en realidad las primeras estructuras defensivas de su castillo; un emplazamiento que se vería abocado a soportar numerosos conflictos bélicos entre estos clanes árabes.​
Ya en el siglo IX, en las crónicas de las sublevaciones muladíes dirigidas por el rebelde Umar B. Hafsun, se cita en varias ocasiones a La Guardia. Aunque descrita como una medina, las circunstancias posteriores la transformaron en una fortificación debido al estado de guerra al que la sometió un descendiente de Al-Husayn, que guareció el cerro sobre el que se asentaba y se mantuvo independiente hasta ser desalojado por Abderramán III en el 913.
Sometida finalmente junto Sumuntan y el hisn cercano a Martos, Muntilun, a partir de entonces, Mantïssa prácticamente desaparece de las fuentes y deja su lugar a la vecina Jaén.
Estas situaciones y los cambios en la división administrativa posteriores durante los primeros siglos de la era musulmana, desencadenaron en el traslado final de la capital a Jaén en el Emirato de Córdoba de Abderramán II y con ello su etapa de declive definitivo.


En 1244 Fernando III «El Santo» la conquista siendo desde esta fecha, intermitentemente, mora y cristiana hasta la caída de Granada.
De nuevo, La Guardia cobra gran importancia estratégica en la zona pues se convierte, una vez más, en un bastión defensivo fundamental para la defensa de Castilla en el valle del río Guadalbullón, desde el que se hace frente a las incursiones moras desde el Reino de Granada.
Durante los siguientes dos siglos y como consecuencia de los pactos de Fernando III y Muhammad I en las Capitulaciones de Jaén, la frontera nazarí quedaría establecida prácticamente en las murallas del castillo de La Guardia, entre la falda del Cerro San Cristóbal y la edificación defensiva. Así, La Guardia hace honor una vez más a su topónimo actual quedando emplazada junto con la vecina Pegalajar a guardar ese flanco de la frontera castellana hasta la Conquista de Granada a finales del siglo XV.
La historia bélica de La Guardia queda reflejada también en esta época en los romances fronterizos. Ejemplo de ello es uno de los muchos dedicados al siempre combativo obispo de Jaén Gonzalo de Zúñiga (más conocido como de Estúñiga), el Romance del Obispo don Gonzalo. Narra la batalla entre moros y cristianos ocurrida a las espaldas de La Guardia y su castillo, en la falda del cerro San Cristóbal, según Molina y Jurado el 17 de enero de 1425, día de San Antón cuando el obispo fue recibido por el señor de La Guardia, Rodrigo Mesía Carrillo, para combatir a los moros que a La Guardia habían llegado.
Con la Conquista de Granada y la pérdida del valor de La Guardia como posición estratégica y defensiva, comienza su etapa de paz mientras se sumerge en la Edad Moderna, a la vez que desaparece definitivamente su relevancia en la zona.


En los albores de la Edad Moderna, La Guardia aparece hacia 1340 como propiedad de don Lope Díaz de Baeza, también llamado Lope Ruíz de Baeza y Haro, ricohombre de Castilla hijo de don Juan Ruíz de Baeza (señor de La Guardia y Bailén [Juan Rodríguez de Baeza, señor de Campos e Bailen] y descendiente de Lope López el Chico), quien establece mayorazgo​ en ella. El mayorazgo se mantiene hasta el desenlace de la Primera Guerra Civil Castellana, cuando Enrique II de Trastámara despoja del título al tercer señor de La Guardia, don Lope Díaz de Baeza (también conocido como Lope Díaz de Baena y Haro) por posicionarse a favor de su hermanastro Pedro I de Castilla el Cruel. Un título que más tarde le es restituido por influencia de su suegro, el ancestro de El Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, III Señor de Cañete y I de Aguilar, dado su matrimonio con Urraca Alonso Fernández de Córdoba.​
Según Argote de Molina, a falta de más datos -no tiene acceso al testamento de Lope Díaz de Baeza-, el término y su castillo es cedido por el rey a Ruy González Messía (Ruy Gonçalez Mexia) al casarse con la hija de Lope Díaz (Leonor Fernández de Córdoba), ya que este último no tuvo descendencia masculina y el término era una varonía.
Se inicia así la tutela de la familia de Mexía (o Messía), cuya historia se mantendrá ligada a la de La Guardia durante muchos años más hasta la desaparición de los señoríos.
La fecha de 1566 aparece en casi todas las representaciones artísticas bien conservadas a partir del siglo XVI, por ser la fecha en que el caballero Gonzalo Messía Carrillo se hacía con el marquesado de la villa por orden de Felipe II hasta su definitiva extinción en el siglo XIX.
La instauración de este marquesado inauguró una etapa de gran actividad constructiva y renovación urbana que marcó en la ciudad la impronta renacentista que aún mantiene.
El castillo moro se hizo residencia de los marqueses, se construyó el convento dominico, la iglesia en la que trabajó Andrés de Vandelvira y la fuente de Isabel II con cinco caños de bronce.
El castillo estaba todavía habitable cuando lo ocuparon las tropas napoleónicas. Poco después sobrevendría su ruina hasta su posterior restauracion y conservacion.



En general la villa presenta en su trama urbana un aspecto movido y variado, que contribuye al encanto general de la misma. Las calles y edificaciones se ciñen a los condicionantes topográficos, con una trama compleja en las laderas de mayor pendiente, y otra más regular en la zona más plana. El viario es de trazado estrecho y algo tortuoso, paralelo y perpendicular a las curvas de nivel; las mayores pendientes están en las calles más cercanas al Castillo. Las escaleras forman parte también de la escena urbana para salvar los accidentes de la topografía. Las manzanas son irregulares (generalmente de forma trapezoidal), con una cierta regularidad en cuanto a número de parcelas dentro del Casco Antiguo. La tipología dominante responde a la vivienda unifamiliar en manzana cerrada, de dos plantas, con o sin cámara (en tercera planta) convertida generalmente en piso residencial, con patio posterior que suele ocupar la anchura de la parcela y una profundidad variable según la ubicación de la manzana. En planta baja recogen las dependencias de sala de estar, comedor y cocina. El cuerpo central, en su caso, es de comunicación entre los laterales y el patio, y suele estar precedido de zaguán inmediato a la entrada. En planta alta se sitúan los dormitorios. Bajo las pendientes de la cubierta, se dispone una cámara cuyo uso agrario o de trastero está adaptándose a residencial. En casas más modestas poseen una sola planta con habitación y cocina que comunica directamente con el patio trasero. Cuenta también con algunas casas señoriales de mayor dimensión y que presentan fachadas de sillería de piedra con dinteles sobre balcones y puertas a base de dovelas autoportantes. Las portadas aparecen con motivos ornamentales renacentistas o barrocos, como las que se sitúan en la actual plaza de Isabel II y antigua plaza principal del pueblo.








La Guardia de Jaén, gracias a su herencia histórica y cultural, cuenta con diversos lugares y monumentos de interés cultural integrados dentro del Patrimonio Histórico Andaluz, y que pertenecen a épocas tan distintas como culturas poblaron sus tierras. Su patrimonio histórico abarca desde los primeros asentamientos humanos en el Neolítico, la Edad Antigua (íbera y romana), Edad Media y el Renacimiento, hasta prácticamente la época actual.​
Está englobada en la ruta cultural Ruta de los Nazaríes. Cabe destacar, que estos espacios culturales, además de ser puntos culturales abiertos al público y de acceso gratuito, pueden ser visitados mediante «Jornadas de Puertas abiertas», en las que los viajeros y turistas realizan visitas guiadas dirigidas al público en general, a algunos de los diferentes bienes culturales con los que cuenta la localidad.
En su término municipal cuenta con 35 Bienes de interés cultural, tres de ellos declarados, destacando el Antiguo Convento de los Dominicos por la obra de Andrés de Vandelvira especialmente.

La iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción y el antiguo convento de Santa María Magdalena de la Cruz forman parte del único conjunto que constituyó el convento fundado por la Orden de Santo Domingo en la localidad de La Guardia de Jaén. Sus obras se iniciaron en la actual ubicación hacia 1539. De estilo inicialmente gótico, la traza seguiría un primer proyecto redactado por Domingo de Tolosa, pasando posteriormente a ser profundamente revisado por Andrés de Vandelvira, que imprimiría su personal sello de corte renacentista al templo y logia del claustro.
Aunque el contrato firmado por Vandelvira fijaba un plazo de ejecución de dos años y medio, la actuación del arquitecto se prolongaría un total de veintiséis anualidades, lo cual derivaría en un nuevo encargo a Francisco del Castillo "El Mozo", que ejecutaría la bóveda que cubre el coro, el cerramiento de la fachada, daría fin a la galería del claustro y adornaría este con una fuente dedicada a María Magdalena, advocación principal del convento. En 1577 se fecha esta fuente, año que es considerado cierre de este último periodo constructivo, y final de las obras del convento.
Tras la Guerra Civil, la iglesia pasa a ser templo parroquial, recuperándose así tras un largo periodo de abandono motivado por la desamortización. El resto de dependencias conventuales, o bien fueron seccionadas o sufrirían con posterioridad una fuerte transformación, lo que deriva en el estado actual que presenta el conjunto, cuyo claustro y gran parte de sus dependencias anexas estuvieron ocupadas hasta finales de 2007 por la almazara de la "Cooperativa Oleícola San Sebastián".
El antiguo convento de Santa María Magdalena es uno de los principales patrimonios monumentales de La Guardia de Jaén y uno los máximos exponentes de la arquitectura del maestro Andrés de Vandelvira, que lega a la iglesia un programa iconográfico de gran valor, y el único ejemplo que conocemos en su producción de una cabecera ochavada. Arquitectura religiosa y a la vez panteón funerario para sus mecenas, los señores de La Guardia, se trata de un edificio que autores como Chueca Goitia han calificado como una de las obras más importantes del arquitecto alcaraceño, donde Vandelvira renovó la iglesia, creando un presbiterio de gran belleza clásica y con ciertos toques tradicionales en la manera de disponer las bóvedas. El patio o claustro de este convento es de andaluza elegancia.


La iglesia es el edificio mejor conservado del antiguo convento de Santo Domingo de La Guardia, estando el resto en avanzado estado de ruina u oculto por las reformas del siglo pasado, cuando es ocupado por una almazara. Tras la desamortización y abandono de la iglesia de Santa María en el recinto del castillo, la iglesia del convento fue convertida en Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción
Decorativamente, el templo es de un estilo clasicista puro, propio del Vandelvira de la segunda mitad del XVI. Con planta de cruz latina de una sola nave, respetando los patrones de la orden dominica, destaca su cabecera, en la que está grabada la fecha de 1556.
La bóveda nervada del crucero, decorada en la parte superior por casetones donde se enmarcan escenas de la pasión y abierta al exterior a través de una esbelta linterna, es soportada en sus ángulos por cuatro semipilares típicamente vandelvirianos, destacando en ellos el detalle del esquinazo de tres aristas como elegante tránsito a los nervios. La linterna soporta su cúpula sobre seis columnas exentas de basa y coronadas con capiteles toscanos. Para elevar la altura, sobre los mismos se presentan zapatas decoradas con diversos motivos: espejos, el escudo de la Orden de Santo Domingo y las armas de Messía y Fonseca.
La capilla mayor posee dos trompas aveneradas en los ángulos, en las que se inscriben nuevamente los escudos de los patronos Rodrigo Messía y su esposa Mayor de Fonseca, los cuales son flanqueados por ángeles tenantes. Sobre estos, dos parejas de Virtudes: la Fortaleza y la Justicia sobre el escudo de Messía y la Fe y la Caridad sobre Fonseca. Cubriendo el presbiterio, una bóveda de horno en la que se representa un amplio programa iconográfico desarrollado en casetones individuales: Santas Vírgenes, Mártires de la Antigüedad, personajes del Antiguo Testamento, los Padres de la Iglesia Latina y los Santos de la Orden, entre otros. Presidiendo el altar, una bella pintura al fresco con el escudo de la Orden de los Hermanos Predicadores flanqueado por dos galgos que portan antorchas en sus fauces, los cuales responden a los emblemas del santo fundador.
A los pies de la iglesia se presenta un alto coro que es cubierto con bóveda de tres anillos, en cuyo centro se enmarca un relieve de la Virgen del Rosario, símbolo por excelencia de la Orden. Arquitectónicamente es evidente que esta bóveda es posterior a Vandelvira, algo de lo que dan constancia los textos, poseyendo además los pies del templo un grosor de muro menor. Por otro lado, en la esquina exterior contraria a la torre-campanario se conservan unos arranques que podrían haber quedado como testigos de una estructura anterior, posiblemente restos de un compás o una ejecución inacabada, quedando además al aire los arcos que soportan la bóveda anteriormente mencionada. Todas estas ejecuciones derivan en la inconclusa fachada del templo, que es cerrada bruscamente mediante tapial encofrado.
Cabe mencionar por último el artesonado, conservado en la sacristía y expoliado en el resto de las crujías conventuales, donde han desaparecido sus canes y placas cerámicas del XVI (estas últimas reintegradas en el zócalo del altar mayor). Una inscripción en uno de los canes conservados en la sacristía muestra la fecha de 1547.





Cercano al convento nos encontramos con el Antiguo Lavadero Publico de la II Republica, siendo éste, un lugar entrañable y destacado de La Guardia. Construido en 1933 por el maestro albañil Diego Serrano, esta fuente-lavadero consta de 42 pilas separadas en dos hileras. El Agua provenia de un manantial muy caudaloso que se situaba cerca de esta fuente. En su interior, podemos ver la compuerta que se encargaba de distribuir el agua por cada uno de las piletas a traves de un canal.
En la actualidad se puede visitar y disfrutar del ambiente, aún impreso en él, del quehacer diario de las personas que lo llenaban en sus tareas cotidianas de higiene. En él se pueden observar los utensilios típicos de la época que los propios vecinos y vecinas han donado para su exposición. En la 1ª planta se encuentra también la Sala de Exposiciones “Fuente Lavadero” cuyo nombre hace honor a dicho lugar.



La «Plaza de Isabel II» es otro de los enclaves culturales e históricos importantes de La Guardia en relación, sobre todo, al Renacimiento. El conjunto histórico fue construido para ilustrar la grandeza del marquesado recién concedido por Felipe II (1566) al primer marqués de La Guardia, Gonzalo Messía Carrillo de Fonseca, hijo de Rodrigo Messía Carrillo, mecenas (entre otras obras) del Palacio de La Salina (sede de la Diputación Provincial de Salamanca).

En el conjunto destaca la «Fuente de los Cinco Caños» (o de la Plaza de Isabel II) con sus 5 caños de bronce construida en el siglo XVI por Francisco del Castillo "El Mozo" en silleria y traza apaisada. Una fuente que antaño usaba el agua del antiguo manantial del que hablan escritos como los de Plinio o árabes. El lienzo se articula en dos cuerpos: El primero, tiene cinco caños de cobre salientes, con hornacinas veneradas, y una cartela central con una inscripción. El segundo, presenta un escudo ovalado sostenido por perros, con frontón y remate de leones con la cruz de Santiago.​

En este mismo lugar también se ubica la «Fuente de María Magdalena», una fuente central rematada por una virgen sedente, representación sentada, que originariamente pertenecía al Convento de los Dominicos de La Guardia y que fue trasladada a esta plaza al convertirse La Guardia en marquesado en 1566. Dicha fuente, en la actualidad es una réplica ya que la original se halla en el patio del Palacio Provincial de Jaén, condición ésta indispensable cuando fue cedida al Instituto de Estudios Giennenses en agradecimiento a los estudios realizados en el municipio. Fue construida y diseñada por Francisco del Castillo. Está compuesta de dos tazas, la taza principal es de planta polilobulada y en ella encontramos la taza superior sustentada por un pilar columnado. En esta taza encontramos cuatro cabezas de león que vierten su agua en la taza principal. Sobre ella encontramos una escultura de María Magdalena portando la urna de ungüento con la que perfumó los pies de Jesús. La imagen se apoya sobre un capitel con figuras de grutescos que vierten su agua en la pileta superior.
Para completar el conjunto de la Plaza de Isabel II, preside la zona la casa solariega edificada en 1813 por la familia de Ochoa reconstruida en sillares de piedra, que dio para esta villa tan ilustres escritores como José Augusto de Ochoa y Montel y Eugenio de Ochoa, ambos hijos de Cristóbal de Ochoa y Vílchez. Inicialmente fue construida en el siglo XVI por el primer marques de La Guardia, Don Gonzalo Mesia Carrillo de Fonseca y habitada por los Messia durante esa epoca.
El edificio se articula en tres cuerpos. En el inferior encontramos la puerta de acceso y vanos dintelados. Sobre esta se sitúa un balcón flanqueado por pilastras y rematado por un óculo con pináculos y dos escudos heráldicos a los lados. El cuerpo superior cuenta con vanos adintelados.





Ademas de estos nucleos monumentales descritos anteriormente la localidad posee otros lugares de interes como son sus varios miradores ubicados en distintos barrios o sus edificios religiosos como son las ermitas de San Sebastian o la de Nuestra Señora de la Virgen Coronada. 

La Ermita de la Virgen Coronada tiene sus orígenes en el siglo XVI, cuando fue construida para albergar a una imagen de la Virgen María. A lo largo de los siglos, ha sufrido diversas remodelaciones y ampliaciones, lo que le ha dado su aspecto actual, una mezcla de estilos arquitectónicos que van desde el gótico hasta el barroco. La ermita, construida intramuros de la población, está situada al final de la calle Coronada. En su interior, se pueden admirar pinturas murales del siglo XVII y presenta una planta rectangular, de salón, cubierta por una alargada bóveda, sostenida sobre arcos de medio punto apoyados en pilastras de inspiración dórica, en su posterior variante toscana. un pequeño arco toral, también de medio punto, da entrada al presbiterio, el cual está cubierto por una bóveda semiesférica o de media naranja. en este santuario se daba culto a la imagen de nuestra Señora de la Coronada, que siempre fue objeto de una gran veneración entre los vecinos de la villa. En la fachada cuenta con una portada renacentista decorada con motivos florales y esculturas de santos y sobre el pórtico de entrada a la ermita, existe un escudo, mutilado en parte por el paso del tiempo, perteneciente al obispo de Jaén, don Antonio Gómez de la Torre y Jarabeitia (1770-1779). probablemente este obispo debió ser el artífice de la restauración que se llevó a cabo cuando se nombró por el obispado, a esta ermita, como «ayuda de la iglesia parroquial de La Guardia», fecha en la que se construyó también el cementerio aledaño a ella.


Situada en el Cerro de San Cristobal, en el Paraje Natural de la Allanada del Santo, se ubica la Ermita de San Sebastian. Esta ermita, situada extramuros de La Guardia, fue siempre objeto de una especial devoción y concurrencia por las gentes de la población, pues en ella se veneró, desde tiempo inmemorial, la imagen del santo patrono de la villa. En ella, residió también su cofradía, quizás la más antigua que se organizó entre su vecindad, seguramente casi de inmediato a la toma del castillo de la Mantisa árabe, por las huestes del rey Fernando III, en 1244, y a su fortificación y conversión en la cristiana villa de La Guardia. A lo largo de los siglos la ermita ha tenido que ser reedificada en varias ocasiones, probablemente debido a tener una fábrica no demasiado robusta. Las primeras noticias documentales que existen de la devoción a este santo y a su ermita, entre los vecinos de la villa, datan de 1575. La ermita continuaría en su localización, próxima al manantial de Fontanares, hasta el siglo pasado. En la actualidad se ha trasladado a las alturas del cerro de San Cristóbal, en las llamadas «allanadas del Santo», con una moderna construcción.



El enclave geografico y la morfologia de La Guardia permite al viajero disfrutar de distintas panoramicas que sirven para comprender la historia y su estrategica posicion. Miradores como: del Torrejon, de los Zumbajarros, de la Redonda, Vista Alegre, de las Peñas, Trascastillo o de la Ermita de San Sebastian.
El primero situado en la calle del mismo nombre se contemplan unas maravillosas vistas de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y los alrededores.
El segundo se situa en el barrio del mismo nombre entre calles sinuosas donde estuvo ubicado el Hospital de los Santos Reyes y desde contemplar maravillosas vistas de Sierra Magina y del Castillo de la Guardia.
El mirador de la Redonda situado en la calle del mismo nombre nos ofreces unas vistas panoramicas del valle del rio Guadalbullon entre las estribaciones del parque natural de Sierra Magina y la Sierra Sur de Jaen.
Mas arriba del anterior mirador descrito y en un parque se situa el de Vista Alegre donde disfrutar de unas vistas preciosas de la Sierra Sur y ademas contemplar el Monumento a los Esparteros. Se trata de un hombre sentado realizando un canasto y una mujer sentada realizando un rollo de esparto. Es un homenaje al trabajo del esparto, hoy casi en desuso. El esparto que aun sigue creciendo en el entorno, se convirtio en un gran recurso economico por el que muchas familias vivian, llegando a ser, en la actualidad, una aficion para muchas de ellas. La mayoria de la gente practicaban pleita para poder comer ya que no habia trabajo y lo vendian en otros pueblos, participaban en ferias o los vendian a almacenistas que se encontraban en la ciudad de Jaen. Ademas el trabajo del esparto permitia la realizacion de utensilios para la casa como cestas, esterillas, capazos o el simple forrado de botellas para conservar mejor el fresco del agua.
Al mirador de las Peñas se accede a él a través de la Calle Linares o subiendo por unas escaleras desde el Paseo de Andalucía. Está decorado con lajas de piedra formando una escena de dos cabras alimentándose de un arbusto y en el frontón del comienzo de las escaleras hay otro dibujo hecho con lajas de piedra que representa una palmera y un cactus a cada lado.
El Mirador de Tracastillo se situa al final del paseo del mismo nombre a las faldas del castillo de la Guardia y desde donde podemos contemplar unas vistas del castillo, del mar de olivos que rodea a la poblacion y del Cerro de San Cristobal.
Y finalmente el de la Ermita de San Sebastian situado en el Area Recreativa de las Azallanas del Santo en pleno Cerro San Cristobal. Un monte que delimita los términos municipales de Jaén y La Guardia de Jaén. Su cara noroeste pertenece a Jaén y es un monte privado, con un pinar de repoblación. Su cara sureste pertenece a La Guardia y se corresponde con un monte de encinas y monte bajo, muy alterado por la mano del hombre. A pesar de ello tiene el atractivo del ascenso al cerro por el “camino viejo”, la visita a la Cueva Cabrera (cuyos vestigios neolíticos acaban de pasar a la historia al quemarse la totalidad de la cueva) y la llegada al área recreativa de las Allanadas del Santo. Dispone de la Ermita de San Sebastián (patrón de La Guardia), mesas, barbacoas, un pequeño campo de fútbol y uno de los siete vértices geodésicos del término municipal de Jaén. Este con el atractivo de estar colocado en la cima de un pilar de unos cinco metros de alto, con una escalerilla para poder subir. En el entorno del cerro podemos visitar el nacimiento de agua de Fontanares, ubicado en la margen izquierda de la carretera de Jaén (JV-2.223), que solo brota los meses más lluviosos del año.












Dentro del entramado urbano de calles estrechas, sinuosas y empinadas el viajero puede hacer una parada en la preciosa Plaza de San Pedro, de trazado irregular, es donde se ubica el edificio del Ayuntamiento y cuyo nombre recibe de la extinta iglesia de San Pedro que se encontraba en dicho lugar.





El monumento mas emblematico y seña del municipio es su conjunto monumental de origen medieval ubicado en la ladera este del Cerro de San Marcos. En el conjunto defensivo se edificó un amplio recinto en tapial de tierra, que será muy transformado en las reformas desarrolladas durante el siglo XII. Este recinto se encuentra estructurado en dos espacios individualizados y bien definidos: El Alcázar y La Alcazaba. Esta configuración se mantendrá intacta tras la conquista castellana, efectuándose solo modificaciones de importancia en El Alcázar.
Se trata de una fortaleza de unas dimensiones considerables que se alza imponente sobre el casco urbano, visible desde cualquier perspectiva del municipio. Su privilegiada posicion dota a este conjunto de un mirador unico donde se pueden apreciar el entorno geografico en el que se encuadra la localidad custodiado por Sierra Magina, Sierra Morena y los campos de La Loma.



A finales del siglo XIV La Guardia pierde su función eminentemente militar y estratégica, y se convierte en residencia palaciega. Se dota al conjunto de nuevas dependencias, transformando sobre todo El Alcázar. En él se construirá el pequeño patio interior descrito anteriormente y, apoyándose en la Torre del Homenaje y en la otra que delimita el patio, un nuevo edificio, que, aprovechando el desnivel orográfico, se estructura en dos niveles, uno inferior, a modo de bodega, y otro superior como estancia. Al mismo tiempo, se subdivide a la Torre del Homenaje en cuatro plantas, abriéndose numerosos vanos y modificándose los ya existentes con el fin de comunicar, iluminar y ventilar los nuevos espacios.​
En el recinto exterior, se adorna la puerta de acceso con la construcción de una portada con arco conopial, ornamentado con los escudos heráldicos de la Casa de los Messía.
También se construirá la Iglesia de Santa María, en el sector Noreste del recinto exterior. El templo es de planta rectangular, con seis capillas laterales, y su ábside aprovecha la única torre que existía, como ya vimos, en todo el recinto amurallado de la Alcazaba, y que defendía la puerta de acceso a la misma. A este edificio se le adosa una torre-campanario de nueva planta, apoyada en estructuras que configuraban el sistema de acceso al interior del recinto.​
Aparte de estos edificios de uso residencial y palaciego, las excavaciones arqueológicas realizadas en el interior del conjunto han documentado una serie de dependencias construidas en los siglos XVI y XVII, como bodegas, almacenes, patios de tránsito, pasillos y cocinas, cuyo objetivo era el de dotar al Castillo-Palacio de áreas de servicio.



Las estructuras defensivas fueron construidas, en su mayor parte, en época islámica, aunque posiblemente en el solar existiese un oppidum íbero-romano, dada la cantidad de materiales cerámicos adscribibles a esta época recuperados en la fortaleza. En cualquier caso, la ocupación medieval habría obliterado totalmente los vestigios anteriores.​
La Guardia ha sido identificada con total fiabilidad la antigua ciudad de Mentes Bastia romana y visigoda, y la Mantisa de las fuentes árabes. Mantisa -según autores árabes- era una de las ciudades más antiguas de la Cora de Yayyan. El oppidum de la antigua Mentesa, mencionado por Plinio, fue destacamento romano de la Hispania Citerior. Era etapa en la calzada que, según el Itinerario de Antonino, se dirigía desde Acci (Guadix) a Cástulo y Aurgi (Jaén). Poseía sede episcopal de la que su primer obispo conocido fue el que asistió en el año 309 al concilio de Ilíberis. El último obispo del que tenemos noticia es Floro, en el año 693.​
Todas las fuentes árabes coinciden en señalar que Mantisa estaba situada en un elevado promontorio y que poseía sólidas defensas que la hacían casi inexpugnable. Su agua era muy abundante y su tierra muy fértil para todo tipo de cultivos.
La Primera Crónica General (siglo XIII) refiere que Tariq, durante la ocupación de la Península, dirigió sus ejércitos por la calzada romana que iba desde Astigi (Écija) a Toledo por Mentesa, la cual tomó y arrasó. Aunque, si esto fue así, su destrucción no pudo ser total, ya que se disponen de referencias posteriores del mismo siglo VIII. Además, en ella se asentaron tribus árabes, en concreto, los 'Uqaylíes. En el siglo IX, durante las continuas sublevaciones muladíes dirigidas por el rebelde 'Umar B. Hafsun, se cita en varias ocasiones a Mantisa, hasta que fue sometida junto a Muntilun (Hisn cercano a Martos) y Sumuntan. Las alteraciones que sufrió la división administrativa del territorio durante los primeros siglos de dominación musulmana hicieron que, al decaer la hegemonía de Mantisa, esta fuera relevada como posible capital de la Cora por Yayyan (Jaén).​
La Guardia fue conquistada por los castellanos en la primera mitad del siglo XIII. Una vez que Jaén es conquistada, La Guardia cobra de nuevo gran importancia estratégica, ya que con el acuerdo tomado entre Fernando III y Muhammad I en las Capitulaciones de Jaén, la frontera nazarí quedaba establecida muy próxima al Castillo. Durante dos siglos y medio compartiría con Pegalajar la responsabilidad de defender este flanco de la frontera castellana.​
Aunque en principio El Castillo de la Guardia era una posesión del Concejo de Jaén, y por lo tanto sus términos eran de realengo, ya en 1331 aparece La Guardia en poder de Don Lope Ruíz de Baeza, quien fundó mayorazgo en ella, y de cuyo señorío será despojado por Enrique II de Trastámara, a finales del siglo XIV, al tomar posición por Pedro I, en la guerra que enfrentó a los dos hermanastros. El nuevo monarca trastámara cedió el Castillo y su término a Ruíz González de Mexía a finales del siglo XIV. Una vez desaparecido el peligro nazarí, a partir de finales del siglo XV, el Castillo de La Guardia sufre diversas modificaciones que le hacen perder su función eminentemente militar y estratégica, para convertirlo en residencia palaciega. La familia Mexía (o Messía) lo tuvo en propiedad hasta la desaparición de los señoríos en el siglo XIX. El castillo estaba habitable cuando lo ocuparon las tropas napoleónicas, poco después sobrevendría su ruina​ como fortificación defensiva, pues zonas como el alcázar se mantuvieron en pie y perduran hoy en día. Actualmente, el alcázar se encuentra en su mayoría restaurado o reformado, entre otras partes del conjunto como la Torre Campanario de la posterior Iglesia de Santa María Magdalena.



El Alcázar es de planta rectangular y está defendido por varias torres de diferente fisonomía, y que se adaptan a la orografía del terreno. De las primitivas estructuras islámicas solo se conserva una torre, de planta circular, construida en mampostería, de la que parten dos lienzos de muralla elaboradas con tapial de tierra sobre basamento de mampostería, conservando uno de ellos el nivel de adarve, a través del cual se podía ingresar en la citada torre.
Tras la conquista castellana, El Alcázar se reestructura sufriendo amplias transformaciones en su antigua fisonomía. Los lienzos de tapial se revisten o sustituyen por otros de mampostería. Por su parte, las torres se recrecen o se construyen otras nuevas. En el caso de la torre circular, esta se reeleva, conformando una estructura con tres niveles: los dos primeros, que son habitables, están cubiertos por sendas bóvedas de media naranja y se comunican entre sí mediante una escalera embutida en el muro de la torre. La sala intermedia contaba, además, con vanos que permitían el tránsito y la comunicación entre torres y adarves.
Cada extremo de la fortaleza está protegido por una torre. La circular defiende el extremo Suroeste, y siguiendo en dirección sur, encontramos otra torre, esta de planta cuadrada y de pequeñas dimensiones; también fue reelevada y recubierta con una bóveda de cañón. La torre que ocupa el extremo Noreste presenta planta rectangular estructurada en dos niveles, el inferior está muy alterado por las restauraciones recientes, y el superior cubierto con una bóveda de cañón apuntada con arcos fajones. Finalmente, el extremo Noroeste estaba defendido por la Torre del Homenaje, de unos 35 metros de altura, que tiene planta cuadrada dividida en tres cuerpos. El nivel inferior es macizo y se adapta a la roca geológica en la que se apoya. El segundo nivel está cubierto por una bóveda gajada, configurando un espacio interno de planta octogonal, y en su alzado se abren cuatro vanos, uno de éstos es la puerta de acceso a la torre, y los otros tres son aspilleras, conservándose hoy solo uno, pues los demás se transformaron posteriormente en balcones miradores. Al tercer nivel y a la terraza se accedía a través de una escalera embutida en sus muros y cubierta con pequeñas bóvedas de cañón. La estancia que se abre en el tercer nivel estaba cubierta con una bóveda de nervios, iluminándose con cuatro vanos o aspilleras.
El acceso al Alcázar se realizaba por dos puertas: una principal, y otra falsa o postigo. La primera, se sitúa en el lienzo oriental y actualmente se encuentra muy transformada debido a una restauración que la dotó de un arco de herradura. La segunda, se encuentra en el lienzo occidental junto a la Torre del Homenaje.
En el interior del recinto se distinguen dos espacios claramente definidos. La zona de los aljibes y el patio. Los aljibes enclavados en el sector más meridional, son de diferentes épocas y fueron construidos con diferentes técnicas constructivas. En uno, de época islámica, se utilizó el tapial de cal y grava. En el otro, adosado al anterior y construido durante la conquista castellana, encontramos gruesos muros de mampostería. En el sector Norte del Alcázar se situaba la zona de patio. Se trata de un ámbito reducido que permite el acceso tanto a la Torre del Homenaje como a la que está justo enfrente de esta última.





En cuanto a La Alcazaba, es el amplio espacio que encierran los lienzos de muralla que parten del Alcázar. Estos lienzos, fueron construidos con mampostería y rebajados a una sola cara, lo que indica que son revestimientos de antiguas estructuras fabricadas con un material menos duradero, como son el tapial y la tierra. El perfil quebrado de la línea amurallada permite su defensa, evitando así la construcción de torres defensivas, por lo que solo encontramos, en todo el trazado, una torre, y esta, construida en el lienzo oriental, destinada a la defensa de la puerta de acceso al conjunto. Para acceder a la fortaleza se creó un camino que, adosado a las murallas, llegaba hasta las inmediaciones de la puerta, y una vez atravesada esta, se ingresaba en un espacio cerrado de planta rectangular, que impedía el acceso directo al recinto interior.




La Guardia de Jaén, “Puerta de las Culturas”, es un municipio con gran historia y en el que han vivido diferentes pueblos desde el Neolítico. Las características de su territorio hicieron que, a lo largo de la historia, muchas culturas se asentaran en esta zona, dejando, tras de sí, rastros de su existencia. La Guardia de Jaén se encuentra en el extremo occidental de Sierra Mágina, en la ladera del Cerro de San Marcos. Una zona en la que se encontraron numerosos hallazgos arqueológicos y monumentos que, junto a las tradiciones y cultura jiennense propia del municipio, convierten a su patrimonio en una fuente de riqueza. La historia que corre por las calles de La Guardia es abundante y, desde el propio municipio, no se ceja en su promoción entre las nuevas generaciones para no olvidar sus orígenes.
Además, La Guardia de Jaén es una de las poblaciones que están dentro de las conocidas como “Rutas de Al-Andalus”. En concreto, dentro de los itinerarios que dan forma a la “Ruta de los Nazaríes”, “Jaén, Renacimiento del Sur”, “Paisajes heredados de Andrés de Vandelvira” y la “Ruta de los Lavaderos” de los Grupos de Desarrollo Rural de la Provincia de Jaén. Así, las visitas turísticas por la ciudad muestran una gran variedad patrimonial, la cual refleja desde contenido arqueológico al etnológico. Todo complementado con un análisis desde múltiples puntos de vista que ayudan a facilitar la comprensión del contexto histórico dentro del que fueron concebidos los bienes encontrados.


GASTRONOMIA:

La cocina guardeña, variada y original, guarda reiniscencias moriscas y presenta sabrosos platos como los guiñapos (populares andrajos de guiso parecido al arroz, pero hecho con tortas de harina, acompañado de bacalao o almejas), el guiso de papas con ajo, las migas con graná, el encebollado (plato tipico de semana santa) el bollo de calabaza (popular en la noche de San Anton), los hornazos (tortas de aceite con pasas, almendras, nueces y un huevo cocido), y en reposteria, los gusanillos, las gachas dulces y los roscos fritos.


FIESTAS:

El conjunto de fiestas que se celebran en La Guardia, los guardeños las agrupan en dos bloques: Las fiestas mayores (San Sebastián y Divina Pastora), y, por otra parte, el resto de eventos y celebraciones. Fiestas en honor de San Sebastián. Es el patrón de La Guardia y son las más queridas por los vecinos, y en especial por aquellos que emigraron y vuelven con los suyos en estos días de fiesta. Se celebran el 20 de enero y duran desde el día 19 hasta el 22. Es una fiesta de origen agrícola, y la tradición consistía en sacar la imagen del santo hasta las eras, el lugar donde se trillaba la mies.
Feria y Fiestas de Nuestra Señora La Divina Pastora. Se celebra el día 10 de agosto y sus orígenes son relativos al mundo de la agricultura y la bendición de las cosechas y cultivos.
Feria y Fiestas de nuestra Patrona Nuestra Señora del Rosario. Tienen lugar en torno al primer domingo de octubre, y se caracterizan por una de las tradiciones más antiguas: el Canto de la Aurora o simplemente La Aurora. Consiste en la salida de un grupo de personas, los “auroros”, que de madrugada acompañados de instrumentos musicales recorren las calles de La Guarda cantando para llamar al rezo a los hermanos de la cofradía.
Romería de San Sebastián. Se celebra el tercer domingo de mayo en honor del santo patrón, una tradición de más de cuatro siglos. Se celebra en el paraje natural y zona recreativa llamada “Allanadas del Santo”. La romería comienza con el traslado de la imagen del santo hasta su ermita, ubicada en este paraje. Por la mañana se celebra la misa, y por la tarde se procesiona al santo por el entorno de la ermita.

PLANO TURISTICO





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