MOMBELTRAN
Mombeltrán es un municipio situado en la provincia de Ávila dentro de la comunidad autónoma de Castilla y León y cuenta con una población de 934 habitantes. El término municipal está formado por la localidad de Mombeltrán y un anejo que dista 15 km del núcleo denominado La Higuera. Durante la Edad Media el núcleo de la localidad conoció multitud de nombres, hasta que, en 1461, con la apropiación del territorio por parte de don Beltrán de la Cueva, se fijó el topónimo actual.
En torno a 1250 la localidad era conocida con el nombre de El Colmenar, tras lo que pasaría a llamarse Colmenar de Pascual Peláez a finales del siglo XIII, Colmenar de las Ferrerías entre 1393 y 1422, Colmenar de Arenas entre 1430 y 1453 y, finalmente, Mombeltrán —en deferencia de Enrique IV de Castilla hacia su favorito Beltrán de la Cueva— desde 1461 hasta nuestros días. Las Ferrerías hacen referencia a las numerosas minas de hierro de la comarca en la Edad Media.
Mombeltran se encuentra enclavado en la falda meridional de la Sierra de Gredos, en el Valle del Tiétar y forma parte del Parque Regional de dicha sierra. Pertenece al Barranco de las Cinco Villa, declarado Bien de Interés Cultural con la categoría de Paraje Pintoresco, desde donde se puede admirar uno de los paisajes más impresionantes de la vertiente sur de la Sierra de Gredos.
La Villa ha sido el centro y el eje del paradisiaco Valle del Barranco ya que posee una gran variedad de terreno que alterna la pradera, los pinares y las huertas escalonadas con los ventisqueros de la sierra de Gredos; y en la gama de sus cultivos que admite la viña, el olivo y la higuera junto al limonero.
La magia de Mombeltrán es un regalo de la orografía, tan imponente y voluptuosa que ha venido mediatizando históricamente la meteorología, la vegetación, la gastronomía y la vida de sus habitantes. Difícil es elegir la estación ideal para descubrir su patrimonio natural y arquitectónico, pero, puestos a encontrar momentos mágicos, piérdanse en otoño en su bosques llenos de tonalidades en busca de frutos y setas, acomodándose a la hoguera en el frio invierno a degustar los productos de la matanza, adéntrense a recorrer trochas y senderos hacia las praderas primaverales o refrésquense del calor veraniego en las aguas cristalinas del deshielo, en las gargantas que bajan de la sierra.
De las poblaciones asentadas en esta zona anteriores a la Reconquista y repoblación por los cristianos en el siglo XI, no se encuentran de la edad del hierro restos fehacientes hasta ahora, pero de la época romana se tienen noticias por el geógrafo Estrabón de que los vacceos dominaban el territorio, quedando además de esa época la calzada romana. De los árabes quedan vestigios en la toponimia local (Galayos, Almoclón, etc.). Según la tradición, el origen se atribuye a un tal Pascual Peláez, que asentó sus colmenas donde hoy está la villa y alrededor del mismo surgió el pequeño núcleo de población que luego se llamó Colmenar de Pascual Peláez durante el reinado de Fernando IV de Castilla (1295-1312).
Los pobladores, al parecer de algunos autores, proceden de Ávila, concretamente de la colación de San Juan, basándose en que el primitivo blasón de la villa, que tiene el cordero con una bandera y en ésta una cruz, y también por el sello que se utilizaba en la Edad Media, donde además acompañaban al cordero dos pinos y un risco, así como la correspondiente leyenda identificatoria.
Antes de la «Reconquista» cristiana, en Mombeltrán —la aldea de Colmenar—, es probable que existiera una comunidad mixta de pastores mozárabes y musulmanes. El núcleo de Mombeltrán, inicialmente denominado Colmenar, perteneció al alfoz de Ávila desde los comienzos de la repoblación cristiana propiciada por la conquista por parte de Alfonso VI de la ciudad de Toledo. Es ya en los siglos XIII y XIV cuando la comarca del Valle del Tiétar se convirtió en una región próspera y rica de la corona de Castilla, debido a la existencia de variadas explotaciones agrícola-ganadero-forestales que permitía la abundancia de agua. Entre los diferentes aprovechamientos en el valle destacaban el olivo, la miel, frutales, viñedos y la madera proveniente de unos bosques que por aquel entonces cubrían todo el valle del Tiétar y a partir de entonces comenzaron a deforestarse y roturarse.
En el reinado de Enrique III de Castilla (1390-1406) se confirma por parte de éste una carta de su padre (Juan I de Castilla en Ávila) en 1391 refrendada por las Cortes de Burgos de 9 de septiembre de 1417 y también los privilegios, fueros, franquezas, libertades y otras exenciones otorgadas por Alfonso IX de León donde aparece con el nombre de Colmenar de Pascual Peláez de las Ferrerías.
El rey Enrique III le otorgó el título de villa en 1393 y desde 1393 a 1422 fue señorío del condestable Ruy López Dávalos, con el nombre de Colmenar de las Ferrerías de Ávila. A partir de entonces y hasta 1428 fue señorío del infante don Juan, futuro rey de Aragón y de Navarra y padre del príncipe de Viana y de Fernando el Católico, que en 1428 cedió el territorio a don Luis de Guzmán, marqués de Calatrava.
Desde 1430 a 1453 fue señorío de Álvaro de Luna, con el nombre de Colmenar de Arenas, quedando como señora de la villa su viuda Juana de Pimentel hasta 1461.
El 12 de diciembre de 1461 la villa fue donada a Beltrán de la Cueva, duque de Alburquerque; sus herederos la mantuvieron en poder hasta 1812 (incorporación de los señoríos jurisdiccionales a la Corona). En 1462, un año más tarde de la donación, se impuso a la villa el nombre de Mombeltrán en referencia a su nuevo señor. Sin embargo, Felipe II de España y sus sucesores le siguieron llamando El Colmenar, y no es hasta el reinado de Felipe V de España, rey francés que inaugura una nueva etapa monárquica, la de los Borbones, deroga los privilegios de la villa el 10 de junio de 1728, quedando desde entonces con el nombre de Mombeltrán.
Durante el siglo XVI Mombeltrán —controlada por el duque de Alburquerque— era una de las 18 comunidades de villa y tierra que conformaban el territorio de la actual provincia de Ávila. En 1587 la vicaría de Mombeltrán —perteneciente al obispado de Ávila— estaba formada por varios núcleos de población, además de la villa de Mombeltrán, conocidos como Arroyo Castaño, La Higuera, Las Torres, Lanzahíta, Villarejo, Las Cuevas, Santa Cruz, Pero Bernardo, Sancho Esteban, Mijares, Serranillos (anejo de Sancho Esteban) y Gavilanes (anejo de Mijares). En el transcurso de los siglos XVII y XVIII, diversos núcleos de población se fueron emancipando de la villa de Mombeltrán en varias etapas: Pedro Bernardo, Mijares y Lanzahíta (1668-1679); San Esteban, Las Cuevas y Villarejo (1693-1695); Santa Cruz del Valle y Gavilanes (1792). Sin embargo, estos territorios se mantuvieron como la villa de Mombeltrán bajo la jurisdicción del duque de Alburquerque, pues en el año 1752 todos los núcleos se encontraban bajo este señorío nobiliario.
En 1752, las reformas del Repertorio de la Renta del Tabaco situaron a la localidad dentro del «gran partido» o provincia de Talavera de la Reina aunque, de manera extraña, el contemporáneo Catastro del Marqués de la Ensenada, mantuvo a Mombeltrán y al resto de localidades de su «partido menor» fuera de la provincia de Talavera. Fue en cualquier caso en 1785, con las reformas económicas de Floridablanca, cuando se incorporó a Talavera de la Reina. En 1833, con la creación de la división provincial actual propiciada por la nueva organización territorial de Javier de Burgos aprobada por las Cortes, pasó a pertenecer al partido de Arenas de San Pedro y a la provincia de Ávila de manera definitiva. Al estallar la Guerra Civil (1936-1939), Mombeltrán y en general el valle del Tiétar, al sur de la sierra de Gredos —en contraste con el resto de la comunidad castellanoleonesa, que pasó en su mayor parte al control del bando sublevado al estallar el golpe de Estado— permanecieron en poder del bando republicano en un primer momento, hasta octubre de 1936. Durante 1936 se estableció en la localidad una milicia popular conocida como Milicias de la República.
Se trata de un lugar tranquilo, con numerosos ejemplos de arquitectura popular. Paseando por sus calles todavía puede observarse su esplendoroso pasado señorial, del que se conservan numerosos testimonios, como el castillo de los Duques de Albuquerque, la iglesia de San Juan Bautista, las numerosas casas blasonadas, con el escudo heráldico en sus fachadas, o el rollo de la jurisdicción, situado en una de las entradas del pueblo, junto a la antigua calzada romana. Coronado por uno de los más bellos castillos de la geografía española, lleno de historia y de tradiciones populares, con sus monumentos, sus casas y sus calles, es Mombeltrán parada obligada para el viajero, que encontrará en él un lugar acogedor para el descanso, buena mesa y numerosos lugares de interés para regalo de la vista.
Comenzamos nuestra ruta de viaje por esta villa medieval en la entrada del pueblo por la carretera N-502 donde cogemos un desvío a la izquierda que nos lleva por la carretera de San Esteban hacia un paraje donde en un pequeño montículo, junto a un tramo de calzada romana, se sitúa el Rollo Jurisdiccional. Este rollo es el símbolo de la justicia en la villa medieval que se instaló cuando Mombeltran obtuvo el título de villazgo en 1393. Está situado en la antigua entrada principal al municipio que arrancaba de la calzada romana. Su ubicación es estratégica, ya que no se podia divisar desde el castillo, para que no se vieran a los ajusticiados.
La finalidad de un rollo jurisdiccional en una población era simbolizar, avisar al forastero, del privilegio de Villazgo del que gozara. Desde los inicios de la Reconquista, para fomentar la repoblación de los cristianos y premiar sus esfuerzos en las luchas contra los moros, los reyes concedían privilegios de Villazgo a las aldeas y autoridad para ejercer la ley a sus señores. Con ese motivo se erigieron los rollos jurisdiccionales en el cruce de caminos, a la entrada de las poblaciones o en las plazas, para simbolizar el poder de los señores o de las villas de impartir justicia en nombre del rey.
Dos han debido ser los motivos fundamentales por los que nuestros antepasados acabaron temiendo y despreciando a los rollos: su utilización postrera como picotas, y su papel de símbolo del poder para ejercer la justicia de los señores feudales, sobre todo en los lugares en que estos se condujesen tiránicamente.
Por ello, en 1813 las Cortes de Cádiz promulgan un Decreto por el que se ordena, a petición de los propios ayuntamientos, la demolición de todos los signos de vasallaje, considerándolos recuerdo continuo de humillación. Hoy en día los que quedaron en pie empiezan a ser considerados como auténtico patrimonio histórico-artístico.
Suelen tener una base, sobre la que se apoya una columna cilíndrica en posición vertical. La parte superior está adornada con diferentes simbologías (cruces, pináculos) que, en muchas ocasiones, se realizaron siguiendo las directrices de corrientes artísticas del momento, como el gótico.
Una vez visitado el rollo cogemos nuestro vehículo para dirigirnos hacia el centro de la localidad donde vamos a estacionarlo. Desde este punto seguimos la ruta por la calle Davilas donde al final de la misma llegamos a uno de los puntos mas bellos de Mombeltran como es la Plaza de la Corredera. Es una amplia plaza rectangular cuyos laterales están formados por las fachadas de casas tradicionales, algunas de ellas blasonadas, entre las que destaca la fachada y la portada del antiguo hospital de San Andrés.
Antes tenía un pilón tradicional que ha sido desplazado con la reconstrucción de dicha plaza y hasta hace poco se celebraban corridas en ella.
Como hemos referido anteriormente, en dicha plaza podemos contemplar algunas casas blasonadas de las que contemplar por el casco antiguo de la villa. Son viviendas señoriales, de origen medieval, que destacan por su tamaño, calidad constructiva y sobre todo por su tamaño y por la presencia del escudo heráldico en su fachada.
En dicha plaza podemos contemplar y visitar el imponente edificio del Hospital de San Andres o simplemente hospital de Peregrinos, un antiguo hospital que fue fundado a principios del siglo XVI por el prior de la iglesia catedral de la ciudad de Ávila, Ruy García Manso, para acoger a los pobres y peregrinos que bajaban al monasterio de Guadalupe y cuya bula de fundación es del papa León X.
En el orden arquitectónico, el edificio consta de tres plantas y su fachada principal luce una portada de tres cuerpos de estilo renacentista Cisneros, no muy posterior a la fundación y en ella hubo una pintura de San Andrés. En su interior podemos observar un arco isabelino, la capilla con verja de madera, coro y cupula del altar y los corredores del patio en las dos plantas. La entrada está flanqueada por columnas estriadas con capiteles jónicos y soportan un arquitrabe con la lápida fundacional en el centro, y a los lados el escudo de García Manso. La hornacina en concha, de piedra roja, está encuadrada por columnillas con capiteles dóricos y unos cisnes como relieves. En la planta principal se abren ventanas enrejadas, y en la segunda, que debió ser añadida en el siglo XVIII, ventanas corridas. El zaguán conserva una inscripción gótica sobre piedra. El patio interior muestra escudos pintados y policromados a lo largo de las cuatro paredes. Su patio, que aún conserva el enlosado primitivo, se reedificó en 1797, por dirección de D. Alfonso Regalado Rodriguez, maestro Arquitecto, con obra de ladrillo buena y originalmente dispuesta. Distribuye el espacio donde estaban la cocina, la despensa, la botica, la capilla, los dormitorios y los almacenes.
Finalmente, en un extremo de la plaza podemos contemplar un pequeño ejemplo de la arquitectura popular de la zona. La vivienda tradicional del Barranco se encuadra en la tipología de arquitectura propia del valle del Tiétar y, como cualquier construcción popular, es el resultado de la adaptación morfológica y funcional a los medios físico y cultural que la originan y mantienen. De esta forma, tanto las características del terreno sobre el que se asienta como los factores climáticos o los cultivos y actividades económicas que desarrollan sus habitantes contribuyen decisivamente a la morfología y características de la vivienda popular.
Desde la plaza giramos a la izquierda ara coger la calle Caño donde al final de la misma llegamos a una pequeña plazuela donde se ubica el edificio del Ayuntamiento. Se trata de un edificio de estilo toledano, con una armoniosa combinación de mampostería, sillarejo y fábrica de ladrillo, situado en una plaza en la que destacan la fuente y un callejón bajo grandes arcos de piedra.
Desde la plaza nos disponemos a pasear por el entramado urbano de la villa. A parte de los monumentos destacados del municipio, merece la pena callejear por el casco antiguo, para observar lo caprichoso e irregular de su trama urbana, hacer una ruta por las distintas fuentes con pilones de piedra, contemplar los restos de la arquitectura popular a base de piedra, entramado de madera, adobes, paredes encaladas, balconadas, grandes aleros, etc. También hay un rico patrimonio oculto a la vista, las cuevas y bodegas que persisten a lo largo del tiempo en muchas casas.
Llegamos a la calle Mayor para continuar recto por la Virgen de la Puebla donde en su margen derecho nos encontramos con la imponente silueta de la iglesia de San Juan Bautista que fue construida entre los siglos XIV y XV en estilo gótico siendo reformada en los últimos 25 años, siempre intentándose conservar y preservar su estado original. Siendo párroco, Ángel Vadillo Pérez, se levantó un altar de piedra berroqueña en el exterior de la capilla mayor para responder a la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II. En el exterior es un edificio sobrio, con una torre campanario construida sobre la cabecera. Está construida con gruesos sillares de cantería. Su rasgo más distintivo es la portada del muro meridional, de estética tardogótica. Está formada por un arco rebajado que remata en un alfiz, sobre el que se abre otro arco carpanel rodeado de dos arquivoltas y una chambrana decorada con motivos vegetales. Todo el conjunto se enmarca por dos pilares girados en 45 grados, que rematan en dos pináculos.
El edificio tiene otra portada, situada a los pies, que fue abierta posteriormente. Una vez en el interior, el edificio tiene planta basilical, con tres naves cubiertas con bóvedas de crucería las laterales y de terceletes la central, de cuatro tramos cada una. En la cabecera de las dos naves laterales se abren sendas capillas, y también en el costado septentrional hay otra capilla de planta cuadrangular, añadida con posterioridad. A los pies de la nave central se encuentra el coro.
Su construcción parece que obedece, en lo estructural a dos fases distintas, aunque posteriormente, en los siglos XVI y XVIII, se realizaron varios añadidos. La capilla mayor, de planta cuadrangular y cubierta con bóveda de crucería, debió de realizarse en el siglo XIV. Originariamente el edificio se construyó con una doble función: proteger a los vecinos ante un ataque, y servir a su vez como lugar de culto. Más tarde, ya en tiempos de Beltrán de la Cueva, se amplió con tres grandes naves, aunque la empresa se alargó en el tiempo, dado que las obras se paralizaron para destinar todos los recursos al castillo. En el exterior, el edificio se rodeó con una cornisa con decoración de bolas, característica de la estética del gótico final castellano. Hacia 1536 se añadió, junto a la nave norte, la capilla de Nuestra Señora de la Puebla, financiada por el regidor de Ávila Fernando Ochoa de Salazar. Ya en el siglo XVIII se añadió la torre campanario sobre la capilla mayor, y se ocultaron los tres paños de ésta con un gran retablo barroco.
Su capilla mayor parece corresponder al siglo XIV, cerrada con tres paños, ocultos enteramente por el retablo del altar mayor, de estilo churrigueresco del siglo XVIII, dedicado a san Juan Bautista. Este retablo está rodeado de tres pinturas que representan a san Simón, san Judas Tadeo y la Asunción de María (pinturas cuyo autor es Salvatore Galvani, año 1798), y por un presbiterio en su parte delantera, con bóveda dobles achaflanados sobre medias columnas listas. Por fuera se reduce a un cuadrado, con campanario encima y las armas de Castilla y León.
El resto de la iglesia debió edificarse por Beltrán de la Cueva, primer duque de Alburquerque, con tres naves de cuatro tramos. Sus pilares ochavados ciñen exactamente sus molduras y columnas a la forma de los miembros que sustentan, sus capiteles corridos se engalanan con hojas de cardo y escudetes lisos.
A la cabeza de la nave lateral de la Epístola hay una capilla cuadrada dedicada a san Andrés, fundada por el prior Ruy Garda Manso, con bóveda de terceletes y arco semicircular guarnecidos de bolas. Esta capilla contiene dos altares, uno dedicado a la Virgen de la Paz y otro dedicado a san Andrés. Al lado opuesto está la sacristía, con otra bóveda de nervios, mientras que en el costado izquierdo del templo existe otra capilla también ojival dedicada a la patrona Ntra. Sra. de la Puebla. Esta última capilla fue añadida en el año 1536 a expensas de Fernando Ochoa de Salazar. En esta capilla se veneran las imágenes de la Virgen de la Puebla, san Roque y san José.
En el último tramo de la nave central se erigió un coro sobre una bóveda de crucería con arcos rebajados y las armas del segundo duque de Alburquerque. Antes, quizás, se había hecho una tribuna para el órgano, en el tercer tramo de la izquierda, sobre fustes y arco entorchados.
Dentro de la iglesia se pueden contemplar diversos elementos artísticos. Una escultura de la Virgen de las Angustias del siglo XVI realizada por Gregorio Fernández. Una tabla italiana de mediados del siglo XVI que representa a la Virgen de medio cuerpo, con el Niño de pie junto a su falda que se encuentra en la sacristía, junto con otras pinturas entre las que podemos destacar un lienzo del Señor muerto, rodeado de la Virgen, las Marías y los Santos Varones, así como varios pasajes de la historia de nuestro Señor. También se puede encontrar un cuadrito del siglo XVII de vasta composición, figurando un milagro de San Francisco Javier en la capilla de san Andrés.
En cuanto a la herrería posee una reja de la capilla lateral gótica con gracioso penacho de arco, tallos ondulados y escudete sostenido por ángeles. Otra en la capilla mayor, con coronación plateresca y rematada por un crucifijo, probablemente de los hermanos Ramírez. Y finalmente otras tres rejas más sencillas en la capilla izquierda, pila bautismal y coro.
La iglesia posee además dos altares de cerámica: uno cerca de los pies de la iglesia en la nave de la Epístola dedicado a san Francisco de Asís con revestimiento de azulejos de Talavera, componiendo la impresión de las llagas de san Francisco, san Antonio y san Buenaventura con zócalo de pedestalitos y tableros jaspeados que parece datarse del siglo XVI. El otro altar junto al anterior y semejante a él, fundado por varios devotos en 1573, que está dedicado a santa Ana.
Existen otros altares situados en las naves de la iglesia: altar de las Angustias (fue donado por el obispo de Canarias, Pedro Manuel Dávila y Cárdenas, hijo de Mombeltrán), altar de la Virgen de la Paz, capilla del Santo Cristo de la Vera Cruz (construida en 1663 y fue enterramiento del caballero de la Orden de Santiago, Pedro Jacinto de Vega y Loaysa.
Una vez visitada la iglesia continuamos nuestro recorrido por la calle Virgen de la Puebla para al final de la misma girar a la izquierda por la calle Soledad donde se encuentra el Parque y Ermita de nuestra Señora de la Soledad. Junto al castillo se construyó en los años cincuenta un extenso parque donde los vecinos y visitantes pudieran descansar y disfrutar de las distintas plantas que en el vegetan, y que hoy es lugar de las principales atracciones musicales en las fiestas de verano. En el centro del parque se encuentra la ermita de Nuestra Señora de la Soledad que fue construida en el siglo XVIII, es de planta rectangular y que cobra especial relevancia en los días de la Semana Santa.
Junto al parque se ubica el monumento insignia de la villa de Mombeltran como es el Castillo de los Duques de Alburquerque. Fue erigido por Beltrán de la Cueva, primer duque de Alburquerque sobre el último aterrazamiento de la sierra, en una posición estratégica que domina todo el barranco. Por detalles de los escudos que ostenta, Cooper data el desarrollo de las obras entre 1462 y 1474, atribuyéndolo al arquitecto Juan Guas por semejanza con los castillos de Belmonte y el Manzanares el Real.
El conjunto está formado por una barbacana de muro bajo con gran talud que va delimitando el cuerpo de planta rectangular con torres angulares, todo rematado con merlones cuadrados que, en el núcleo central, se levantan sobre hileras de arquillos a modo de ménsulas, meramente decorativas, sin ninguna función defensiva.
Es probable que en un principio tuviera foso, pero en el siglo XVI coincidiendo con la reforma emprendida por Francisco Fernández de la Cueva, segundo duque de Alburquerque, al adaptar el castillo a residencia, se debió rellenar, suprimiendo entonces el puente levadizo y construyendo la portada renacentista por la que se accede al castillo en la actualidad.
El interior se encuentra muy deteriorado, con patio central columnado alrededor del que se disponen las habitaciones de residencia, capilla y servidumbre. Las torres presentan techos abovedados que, en la del homenaje, completada con pisos desmontables de madera, impedía el acceso de los asaltantes por el interior de la torre. Una portada renacentista del siglo XVIII con sus garitas se alza frente al puentecillo.
El castillo ha permanecido vinculado a la Casa de Alburquerque a través de los siglos hasta la actualidad, habiendo sido habitado ocasionalmente por sus titulares. Como todos los castillos españoles, se encuentra protegido desde el 22 de abril de 1949 con la figura de Bien de Interés Cultural, siendo su actual propietario Juan Miguel Osorio y Bertrán de Lis.
Con la visita al castillo termina nuestro recorrido por el casco antiguo de Mombeltran, pero aquí no termina la oferta turística que nos ofrece la villa dentro de su término municipal ya que podemos encontrar yacimientos de poblados vetones y visigodos, tramos bien conservados de la calzada romana, restos de molinos de harina y aceite, ruinas del monasterio dominico de Nuestra Señora de la Torre del siglo XVI, iglesia de san Antonio Abad y caserío de Arroyo castaño, ermita de Las Pueblas (reconstruida), restos de tejares y de un martinete del siglo XVII.
Asimismo, gracias a su enclave natural los amantes de la naturaleza pueden disfrutar de una red de senderos locales, sin olvidar que su término es atravesado por el Camino Real de Guadalupe conocido como camino de los Pastores y la ruta Teresiana del Confesor. Todas estas rutas invitan a caminar a practicar con la bici de montaña, así como a realizar recorridos a caballo pasando por frondosos bosques, praderas, ríos y arroyos con cascadas de aguas claras, y siempre con la vista al frente contemplaremos paisajes espectaculares
Los numerosos puertos y carreteras de montaña son un aliciente para la práctica del ciclismo, y en primavera y otoño podemos contemplar como discurre por la cañada real la cabaña ganadera de vacas avileñas haciendo la trashumancia.
La escalada se practica en los riscos de Villarejo, el Torozo y Los Galayos principalmente y las gargantas disponen de charcos y piscinas naturales para refrescarnos del calor del verano.
GASTRONOMIA:
En un lugar con un clima tan suave, se puede cultivar casi todo tipo de hortalizas, verduras, frutas y legumbres. Esto, unido a una amplia variedad de animales de cría, da como resultado un excelente surtido de ingredientes que son la base de la cocina barranqueña. En la cocina, como en toda la cultura popular del valle del Tiétar, se nota una clara influencia extremeña, región con la cual se comparten muchas recetas. El aceite de oliva, el pimentón de la vecina comarca de La Vera y los productos de matanza son aderezos comunes en los platos tradicionales. Llama la atención la cantidad de dulces caseros diferentes que, a menudo, están ligados a alguna fiesta.
La comida del día a día se basa sobre todo en platos de legumbres y patatas, a los que se añade casi siempre algún tipo de producto de matanza (chorizo, tocino, jamón) y hoy en día está complementada por las influencias de la cocina globalizada. Pero cada fiesta o fecha señalada está acompañada de un plato, dulce o bebida especial que todavía hoy se elabora en la mayoría de las casas barranqueñas.
FIESTAS:
San Blas (3 de febrero). Este día el párroco bendice aceite, que los fieles guardan todo el año para curar con él las afecciones de garganta.

San Pedro Bautista (5 de febrero), con misa y vítor. Al atardecer se celebra el tradicional Vítor, que consiste en recorrer a caballo las principales calles del pueblo cantando loores al Santo.

Semana Santa: la Monda, tortilla con chorizo, lomo y jamón en una rosca de pan. La fiesta de la Monda tiene el mismo nombre que la que se celebra en Talavera de la Reina. Esta fiesta tiene su origen en una ofrenda a la diosa Ceres que se realizaba en tiempos de los romanos, coincidiendo con la llegada de la primavera. No tenemos certeza de que exista conexión entre una y otra fiesta, pero dada la coincidencia tanto entre fechas como en el nombre y la cercanía de la ciudad de Talavera, puede existir. No significa, sin embargo, que la fiesta se conserve en Mombeltrán desde la época romana, ya que podría incluso haber sido trasladada desde la ciudad de Talavera.

Fiestas de julio en Honor a Nuestra Señora de la Puebla (del 1 al 5 de julio): procesiones, pasacalles, verbenas y festejos taurinos.

Fiestas de agosto en honor a la Asunción y San Roque (del 14 al 19 de agosto): procesiones, pasacalles, verbenas y festejos taurinos.
Durante las fiestas de julio y agosto se celebran las procesiones, pasacalles y verbenas públicas en la Alameda de la Soledad todos los días. Asimismo, se celebrarán festejos taurinos en una plaza portátil que se instala al efecto. Indicar que el día 19 de agosto, con el final de las fiestas, se ofrece gratuitamente a todos los asistentes una típica caldereta con la carne de los novillos lidiados el día anterior.
PLANO CALLEJERO DE MOMBELTRAN: https://www.mombeltran.es/pdf/plano_urbano_mom.pdf

















































Excelente descripción de esta hermosa localidad que a buen seguro servirá de guia para todos aquellos que visiten esta hermosa villa. Felicidades por esta magnifica publicación.
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