SEVILLA
Parte III Barrio de Triana.
Triana es un barrio de la ciudad de Sevilla y uno de los once distritos en que está dividido el municipio a efectos administrativos. Está situado en el occidente del municipio y limita al sur con el distrito de Los Remedios; al oriente, con los distritos Casco Antiguo y Macarena; al norte, con el distrito Norte y el municipio de Santiponce; y al occidente, con los municipios de Camas, Tomares y San Juan de Aznalfarache. Ubicado junto al río Guadalquivir, el distrito comprende los barrios de Triana Casco Antiguo, Barrio León, El Tardón-El Carmen, Triana Este y Triana Oeste. La isla de la Cartuja se considera administrativamente dentro del barrio de Triana Oeste.
Triana está situada en la orilla este del río Guadalquivir vivo y está separada de la antigua zona intramuros de la ciudad por la dársena del río que recorre su cauce histórico. La unen al centro de la ciudad el puente de Triana, el puente de San Telmo y el Puente del Cristo de la expiración. Al sur de Triana se encuentra el barrio de Los Remedios.
Según la mitología, la diosa Astarté, huyendo de la persecución amorosa de Hércules, fundador mitológico de la ciudad de Sevilla, vino a refugiarse en la orilla occidental del Guadalquivir fundando Triana.
También ha suscitado interés para los investigadores el origen de su nombre. Tradicionalmente, se vinculó a su pasado como colonia romana fundada por Trajano, el emperador nacido en Itálica, Traiana daría Triana, aunque más bien alude a una villa o finca particular de esta familia, que de hecho se documenta entre el Guadalquivir y el Guadiana. Según otros autores, el nombre provendría de una fórmula de compromiso entre los celtíberos y los romanos, tri, "tres", del romano y ana, "río", de origen celtíbero, ya que por esa zona el río se dividía en tres. Esto es lo que sostiene Justino Matute Gaviria en su obra Aparato para describir la historia de Triana y de su iglesia parroquial-
El primer origen de poblamientos en la zona data de la Edad Antigua, confirmado por el hallazgo de restos romanos. En la época de Al-Ándalus tiene lugar un aumento de población en esta área, organizado en torno a un castillo levantado en el siglo X. La importancia de este antiguo "arrabal y guarda" de la ciudad de Sevilla derivaba de su posición estratégica, junto al río Guadalquivir, como vía de entrada hacia la comarca del Aljarafe, con ricos cultivos de cereales, vid y olivo.
En 1171, bajo el mandato del califa Abu Yacub Yusuf, se construyó el puente de Barcas, que supuso un importante incentivo al crecimiento urbano del entonces arrabal de la ciudad, al conectarlo con la ciudad y con la actividad portuaria de la otra orilla.
El ejército de Fernando III de Castilla, para la conquista de Sevilla de 1248, se asentó en el vecino campo de Tablada, desde donde atacó el castillo de Triana y destruyó el Puente de Barcas, que servía como vía de abastecimiento de la población sitiada. El puente fue reconstruido tras el asedio. La fortaleza pasó a ser el castillo de San Jorge y pasó a pertenecer a la Orden de San Jorge, instalándose en él la primera parroquia de Triana. En 1481, bajo el reinado de los Reyes Católicos, se convirtió en sede del Tribunal de la Inquisición hasta 1626.
El crecimiento económico de Sevilla durante el Siglo de Oro contribuyó a la mejora de la condición social media del barrio. En el interior del barrio de Triana, y formando parte sustancial del mismo, hubo en el siglo XVI una barriada llamada "de Portugalete" porque, según se especula, debería su nombre a la colonia de emigrantes portugueses que, al calor con el comercio de Tierra Firme, se hacinó en Triana en aquella centuria, también por esclavos negros del Algarve relacionados con la tradición alfarera de aquella collación. Era rondado por las justicias de la localidad de Camas para desarmar «gitanos». Hoy desaparecido, perteneció a Gaspar de Guzmán, conde duque de Olivares, en su intento, fracasado, de hacerse con propiedades pertenecientes al cabildo de la ciudad. Debió ocupar el último tramo de la calle de Castilla, sobrepasando la Alcantarilla de los Ciegos, la calle del Pino (probablemente la actual Tejares) y algunas huertas. Con su estudio quedan documentadas muchas de las circunstancias que dan ser y esencia al barrio de Triana.
La condición fluvial de Sevilla supuso algunos inconvenientes a lo largo de la historia, ya que desde antiguo la urbe sufrió importantes inundaciones, y a Triana le tocó enfrentarse a las crecidas del Guadalquivir, río muy caudaloso y con gran fuerza en sus corrientes. Los refugios habituales de los habitantes del barrio en caso de inundación eran la iglesia de Santa Ana y el castillo de San Jorge. Así destacan las inundaciones de 1435, 1440, 1545 y 1554; en estas dos últimas se arruinaron más de doscientas casas. Al igual que el resto de la ciudad, el barrio se vio gravemente afectado por la epidemia de peste de 1649, que mermó la población. En 1780 se construyó la casa de las Columnas, un gran edificio barroco.
Entre 1845 y 1852 se construyó el actual puente de Triana, llamado puente de Isabel II, que vino a sustituir al antiguo puente de Barcas.
A finales del siglo XIX el industrial Carlos Pickman fundó en un monasterio cartujo cercano una fábrica de loza que alcanzó cierta popularidad en España. En la calle San Jorge se encuentra la tienda Cerámica Santa Ana. Este comercio ceramista fue fundado en el siglo XX, aunque es heredero de otro fundado en 1870. Un vestigio de la tradición ceramista trianera es la casa de los Mensaque, en la calle San Jacinto. Esta fue una familia de industriales de la cerámica. La casa data del 1900 y es una muestra de la labor grandes pintores de cerámica en esa época. En 2014 se creó un centro de interpretación llamado Centro Cerámica Triana.
Los días 20 y 21 de julio de 1936, al iniciarse la Guerra Civil Española, el barrio de Triana fue escenario de duros combates entre militares sublevados y militantes de izquierda que trataban de impedir el triunfo del golpe militar. Tras la victoria de las tropas franquistas, Triana sufrió una dura represión.
En el año 1992 se organizó en la isla de la Cartuja, dentro del distrito de Triana, una exposición para conmemorar el Quinto Centenario del Descubrimiento de América, la Exposición Universal de 1992.
Triana contó desde tiempo inmemorial con una presencia significativa del pueblo gitano o romaní. La población gitana se concentraba en una parte del barrio conocida como Cava de los Gitanos. Las familias gitanas vivían de la artesanía, sobre todo de la herrería, y propiciaron enormemente el flamenco.
En las primeras décadas del siglo xx se construyeron varias urbanizaciones en la zona oriental de Triana. La barriada Voluntad, el barrio León (edificado en terrenos que, desde 1918, pertenecían a José León León) y el barrio del Turruñuelo fueron realizados por particulares. También hubo urbanizaciones promovidas por la Administración, que fueron la barriada San José, la barriada Sánchez Armero y la barriada de la Dársena.
La Obra Nacional de Casas para Caballeros Mutilados de Guerra por la Patria, Empleados y Obreros planeó construir una barriada junto al barrio León, la barriada San Gonzalo. Para ella, el arquitecto José María Ayxalá Tarrat diseñó 146 chalés, de los que finalmente se construyeron 137. La primera piedra fue colocada en 1937. Tanto el barrio León como la barriada San Gonzalo fueron edificadas sobre los terrenos de la huerta de la Torrecilla, de la cual aún se conserva su antiguo caserío. En el centro del barrio se situó la iglesia parroquial de San Gonzalo.
A comienzos del siglo XX se realizó el Plan de Obras del Puerto de Sevilla, de José Delgado Brackenbury. En primer lugar, se realizó otro cauce del río, el canal de Alfonso XIII, en Tablada (la corta de Tablada). No obstante, otro cauce del río continuaba pasando por el sur de Triana. El proyecto cerró la parte del río que pasaba por la ciudad con terraplenes en Chapina, Punta de Tablada y Punta del Verde, convirtiéndolo en una dársena. La parte que pasaba por el sur de Triana se tapó y se hizo un nuevo cauce al oeste del barrio, la corta de Triana. Las obras de la corta de Triana comenzaron en 1929 y se paralizaron en 1933. Las obras continuaron en 1943. Tras las inundaciones de 1947 y 1948, se finalizaron en 1949. El proyecto incluyó un malecón, o muro de defensa, de 50 metros de ancho y entre 6 y 8 metros de altura, paralelo al río.
En 1929 se aprobó el proyecto de Fernando García Mercadal y la inmobiliaria Los Remedios S. A. para realizar un nuevo barrio al sur de Triana. Con base en esto, se realizó el puente de San Telmo, inaugurado en 1931.
En 1952 el Estado y el Ayuntamiento aprobaron la realización de la barriada del Tardón, de pisos de protección oficial. Los bloques fueron diseñados por el arquitecto Luis Fonseca y Llanedo. La primera fase fue entregada en 1955 y la segunda en 1957. La cercana barriada del Carmen fue promovida por la Organización Sindical del Hogar y Arquitectura. Su nombre oficial fue Grupo Residencial Nuestra Señora del Carmen. Los pisos fueron diseñados por Luis Recasens Méndez Queipo de Llano en 1955. Los bloques se finalizaron en 1957.
En los años 60 y 70 las autoridades del franquismo, sobre todo el gobernador Hermenegildo Altozano, expulsaron a los habitantes de muchos corrales para derribarlos aduciendo las condiciones insalubres de los mismos. En la segunda mitad del siglo XX se crearon barrios de viviendas nuevos (los polígonos) y muchos antiguos vecinos terminaron realojados en ellos. Muchas familias de Triana terminaron en el Polígono Sur (conocido a posteriori como las Tres Mil Viviendas) o Los Pajaritos, en la periferia de la ciudad.
En el siglo XX se situaron en Triana las instalaciones de la fábrica de Hispano Aviación. La fábrica cesó su actividad en 1972 y en la zona se creó un barrio residencial. Una nave de hierro de estas antiguas instalaciones, conocida como nave del Paraguas, fue atribuida a Alexandre Gustave Eiffel. A finales de la década de 1980 esta nave se acondicionó como instalación deportiva. La torre Sevilla se encuentra situada dentro de los límites del distrito y a las afueras del barrio. Constituye el primer rascacielos de la ciudad y el más alto de Andalucía, con 180,5 metros.
Triana ha sido tradicionalmente un barrio de marineros, obreros, alfareros e industriales, famosa por sus toreros, cantaores y bailaores de flamenco. Atrae a muchos visitantes seducidos por sus tapas, sus vistas al río, su típico mercado y sus pequeños negocios de azulejos sevillanos. Triana es un barrio castizo, sin grandes monumentos, pero con una animada vida social. Un barrio auténtico, que conserva los patios de casas de vecinos, los bares de siempre o las tiendas de toda la vida. Probablemente es el barrio más especial de Sevilla, famoso por su historia, su idiosincrasia y su significado. Si vienes a Triana, viajarás a un barrio, ante todo, auténtico.
Lo primero que percibes cuando das tus primeros pasos por Triana es que posee una identidad propia, el resultado de ser un barrio nacido al otro lado del río. Esta separación que marca el río Guadalquivir con Sevilla no ha impedido, sin embargo, que Triana haya aportado muchas de las principales señales identitarias de la ciudad. Seguro que este barrio tiene la capacidad natural de inspirarte.
En un barrio tan lleno de vida como Triana no es necesario remarcar puntos de interés para visitarlos, sino que su encanto radica en pasear por sus calles y disfrutar de su ambiente especial. Triana es uno de los barrios sevillanos con más leyendas, anécdotas e historias. Al salir o entrar en él, los transeúntes suelen santiguarse ante la Capilla de la Virgen del Carmen, conocida como “el mechero” por su peculiar forma. Triana y sus callejuelas han servido de inspiración a diversos escritores. Lo comprobaremos en el patio de Monipodio, uno de los escenarios de “Rinconete y Cortadillo”. En nuestro paseo por el barrio también nos sumergiremos en las historias y leyendas vinculadas a su pasado naval.
Definir Triana sin caer en lugares comunes y frases manidas empieza a resultar complicado. Ya se ha dicho todo sobre este barrio marinero de sobrada tradición flamenca, raíces gitanas, cuna de la alfarería y hogar de reputados artistas. En definitiva, aunque no se encuentra en la orilla monumental, Triana desprende una singularidad difícil de explicar con palabras. Las sevillanas, la poesía ni las fotografías pueden hacer justicia a la atmósfera que se respira cuando cruzas el puente. Triana pone en valor su tradición a cada paso y se la entrega al paseante a través de sus rincones increíbles.
Comenzamos nuestro recorrido por este singular barrio cruzando el Puente de San Telmo para adentrarnos en el mismo a traves de la Plaza de Cuba. Se trata de un puente de hormigón inaugurado en 1931 sobre el cauce del rio Guadalquivir. Se localiza entre el Puente de Triana y el Puente de los Remedios. Cruza el río desde el Paseo de las Delicias hasta alcanzar la otra orilla, en la plaza de Cuba, prolongándose por la avenida de la República Argentina, uniendo así el centro de la ciudad con el barrio de los Remedios.
El primer puente de la ciudad fue el Puente de Barcas, que se sustituyó en 1852 por el actual Puente de Triana, llamado oficialmente de Isabel II. El 15 de marzo de 1880 se inauguró un puente para ferrocarriles llamado de Alfonso XII. Con el fin de solucionar el problema del agua, en 1882 el Ayuntamiento de Sevilla dio una concesión de 99 años a la empresa inglesa The Seville Water Works Company Limited para abastecer de agua a los sevillanos. Entre las infraestructuras que creó esta compañía estuvo un acueducto sobre el Guadalquivir a la altura de la plaza de Chapina que fue inaugurado el 23 de abril de 1898. Esta estructura permitía también el paso peatonal y era conocida como Pasadera o Pasarela del Agua.
En 1857 Sevilla tenía 112 529 habitantes censados y en 1910 alcanzó los 158 287 habitantes. De esos vecinos, 30 000 vivían en la orilla occidental del río, donde estaba el barrio de Triana, y la ciudad solo tenía tres puentes. En 1917 el ingeniero Antonio Ibarra Miró, de la Jefatura Provincial de Obras Públicas de Sevilla, realizó un estudio para elegir su emplazamiento. Se tomó la decisión de hacerlo frente al edificio del Salón Cristina, cerca del Palacio de San Telmo, porque al sur del centro se situarían muchas construcciones de la Exposición Iberoamericana de 1929 y se pensaba que la orilla opuesta podría ser urbanizada en el futuro. En dicho estudio también se planteaba una carretera que discurriría por la actual avenida República Argentina y que se prolongaba hasta la barriada de La Pañoleta, en Camas. Esa carretera sería la base de una ruta hacia Coria del Río, Huelva y Extremadura.
La Jefatura de Obras Públicas de Sevilla convocó un concurso público al que se presentó la empresa francesa Schneider y Cía, con un puente con tramos metálicos que costaría 11 millones de pesetas, y la empresa española Compañía de Construcciones Hidráulicas y Civiles, con un puente que costaba 8 millones. Esta última estaba dirigida por el ingeniero José Eugenio Ribera. La Dirección General de Obras Públicas eligió el proyecto de Ribera. La Dirección General disminuyó el ancho del puente de los 20 a los 15 metros y eliminó muchos adornos que, de colocarse, deberían haber sido costeados por el Ayuntamiento. El presupuesto del puente, tras esto, pasó a ser de 5.821.318 pesetas.
La disposición estructural de los arcos laterales había sido empleada por el ingeniero francés Paul Séjourné en sus arcos de sillería de Luxemburgo y Toulouse. Ese tipo de arcos en el puente ya habían sido usados por Ribera en 1909 en el Puente de la Reina Victoria sobre el río Manzanares de Madrid. Las ventajas de este tipo de arco condujeron a que se considerase un arco estándar para puentes-arco de hormigón armado para carreteras en 1924.
El tramo central levadizo fue proyectado y montado por la empresa barcelonesa La Maquinista Terrestre y Marítima. El puente sería levadizo para favorcer el acceso de los barcos a los muelles del Arenal.
Antes de su construcción, Alfonso XIII dijo que le preocupaba que el puente tapase la vista de la Torre del Oro desde el sur de la ciudad. Tras este comentario la rasante del puente se rebajó tres metros. Esto fue posible porque el Ministerio de Fomento realizaba en ese momento la corta de la Vega de Triana en el Guadalquivir, y esto implicaba que el brazo de río que pasaba por Sevilla quedaría como una dársena no sujeta a las crecidas del río.
Ribera había diseñado el puente en 1920, en una etapa más propensa a las "fantasías modernistas", cuando colaboraba con los arquitectos Gustavo y Roberto Fernández Balbuena. No obstante, cuando iban a comenzar las obras, estos mismos arquitectos consideraban que ese diseño estaba pasado de moda y el puente fue ejecutado con unas líneas mucho más sencillas.
Para la construcción Ribera contó con la ayuda de los ingenieros Eduardo Torroja, José Entrecanales y Manuel Távora Barrera. Este último había demostrado su pericia en obras de hormigón armado con el cargadero de las minas de Cala realizado para el Puerto de Sevilla en San Juan de Aznalfarache.
El 13 de agosto de 1931, tras realizarse una prueba de carga, quedó abierto al paso peatonal. Para el funcionamiento del puente levadizo debía disponerse de un personal fijo encargado de las maniobras del puente y del mantenimiento de la maquinaria. El presupuesto anual del puente para su mantenimiento en 1958 fue de 370.000 pesetas. El pavimento en la zona levadiza era de madera y su parte superior debía renovarse cada 5 o 6 años. La última sustitución tuvo lugar en 1963. Costó 1.100. 000 pesetas y fue realizada por Juan Bocanegra Castro. La idea de convertir el puente en fijo ya se planteó en 1959. En octubre de 1959 responsables del puerto y los de carreteras del Estado llegaron a un acuerdo para que el puente quedase bajado permanentemente. No obstante, en mayo de 1960 el Ministerio obligó a que fuera levadizo de 2 a 6 de la madrugada. En noviembre de 1961 el Estado mandó cesar la elevación nocturna porque era necesario reparar el mecanismo. Tras seis meses de reparaciones se apreció que había muy pocos barcos que remontasen el río más allá de ese punto, con la excepción de barcos cargados de hielo y pescado.
En 1962 la Jefatura de Obras de Sevilla pidió a la Jefatura de Puentes de Madrid un proyecto para sustituir el tramo móvil del puente por uno fijo, y para dotar al puente de una plataforma nueva de 18 metros (una calzada de 4 carriles y 14 metros con dos acerados de 2 metros). El proyecto fue realizado por el ingeniero José Antonio Puyal Lezcano. En noviembre de 1963 se adjudicó la obra a la empresa Agromán. La dirección de las obras fue encargada al autor del proyecto, que colaboró con Francisco Guerrero Martín Romero. Además, la empresa Agromán puso en la jefatura de las obras a Rafael Romero Martínez. Las obras comenzaron en febrero de 1964. Las pruebas de carga, estática y dinámica de la obra finalizada tuvieron lugar el 26 de marzo de 1965. Se abrió al público días después de estas pruebas. En los años 60 el puente forma parte de la carretera SE-600, que comunicaba Sevilla con San Juan de Aznalfarache. En 1984 esta carretera, y el puente, pasaron a manos de la Junta de Andalucía. La Consejería de Obras Públicas y Transportes renovó las barandillas y las farolas en 1992, antes de la Exposición Universal de ese año. El 27 de abril de 1994 la Junta de Andalucía cedió la titularidad del puente al Ayuntamiento de Sevilla. En 2006 se llevó a cabo una rehabilitación del puente, con un presupuesto de 1,5 millones de euros. Estas obras terminarían a finales de 2007. Actualmente el puente posee cuatro carriles, dos en cada sentido, así como una acera por cada lado, existiendo en una de ellas un carril para bicicletas.
Remontándonos a los orígenes de la Plaza de Cuba, cuando la plaza aún no era plaza, era conocida como Huerta de la Victoria, allá por los siglos XVIII, XIX y parte del XX, por la proximidad al convento de las carmelitas descalzas de igual advocación. Se tiene constancia de que este espacio era ocupado en parte por las calles Betis, Perlera y Quemada. Posteriormente, pasó a formar parte del área conocida como Campillo, que se extendía hasta la misma Vega de Triana. Pero no fue hasta el año 1928 cuando la plaza recibe su denominación actual, siendo entonces de una dimensión menor, y después de que Rafael González Abreu restaurara el antiguo convento y lo donara a la ciudad convertido en Instituto Hispano Cubano.
Su ubicación implica que todas las calles que, de forma radial, se inician o confluyen en esta plaza sean muy importantes, hablamos de la calle Betis, la calle Génova, la avenida de República Argentina, la calle Asunción o la calle Juan Sebastián Elcano, esta última paralela al río, una vez que finaliza la ya mencionada calle Betis, que se prolonga justo al otro lado de la plaza
La situación estratégica de esta plaza ha provocado su desarrollo e integración con el centro de la ciudad y Triana, no en vano consigue conectar ambos puntos y consecuentemente ha resultado ser la pieza angular sobre la que se ha expansionado la Sevilla que hoy conocemos. Todo esto se ha vertebrado gracias a la construcción del Puente San Telmo al final del primer tercio del siglo XX. De esta forma la conexión entre la antigua huerta de Los Remedios y el Paseo de las Delicias o la emblemática Torre del Oro ya era una realidad.
Sin embargo, hasta finales de los años 50, su planta era semicircular y la vía procedente del puente discurría en línea recta hacia la llamada entonces avenida Central de Los Remedios. Entre 1963 y 1965 se finalizó la plaza de Cuba con los bloques de la manzana de la derecha, diseñados por los arquitectos Ricardo Abaurre, Luis Díaz del Río y Rafael de la Hoz Arderius, y con los bloques construidos entre la calle Asunción y el antiguo convento. Las obras en el barrio de los Remedios, donde queda englobada la plaza que nos ocupa comienzan a proliferarse en los setenta hasta convertir la zona en un barrio para gente acomodada.
En la primera ordenación urbanística de la plaza a efectos de ordenación del tráfico rodado se instala en el centro de la misma un estanque arriñonado a la moda de la época con un alto surtidor en el centro, que no podía funcionar, ya que con el viento mojaba a los transeúntes, al lado se plantó un cedro junto a este dos chopos y un Lino de Nueva Zelanda componían la decoración vegetal.
La certificación de las obras del proyecto de urbanización y reordenación se aprueba a principios de los años 60, y poco más tarde se hizo lo propio con un proyecto para la instalación de señales luminosas verticales. Una década después, se acomete la instalación hidráulica y eléctrica de una fuente luminosa en el estanque.
Alrededor de la plaza se plantaron palmeras, en los parterres trasplantadas desde la Huerta de los Negritos a la plaza y una alineación de encinas en todo el acerado perimetral que poco a poco han ido desapareciendo acusadas de quitar vistas a la plaza desde las viviendas y por las obras que se han ejecutado en la plaza con motivo de las obras del metro y del aparcamiento subterráneo de la plaza. La plaza fue totalmente modificada por estas obras, en el nuevo diseño se construyó una nueva fuente dentro de un círculo elevado donde se plantó un bosquete de jacarandas con un sotobosque de liriopes que con el tiempo fueron desapareciendo hasta que fueron sustituidos por rosales La Sevillana que hasta hoy son los que ofrecen sus floraciones rojas en la plaza.
Lo arriates elevados formando semicírculo fueron asimismo plantados con setos de arrayan y de rosales. En esta reforma se arrancaron algunas encinas, que después no fueron repuestas y se incluyó la plantación de yucas y dragos, junto con algunas plantas de flor alrededor del círculo de la fuente y en los arriates resultantes de la ordenación de la plaza, que se han mantenido hasta hoy.
En la misma plaza de Cuba podemos contemplar el monumento a la Milla Cero. Este monumento es una idea de la Iniciativa Ciudadana Sevilla 2019-2022, que inaugurado en Septiembre de 2010, recuerda el lugar (Muelle de las Mulas) desde el que partió la expedición que completaría la Primera Circunnavegación de la Tierra (1519-1522).Dicha expedición estuvo capitaneada por Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano.
El monumento en cuestión representa una esfera de acero de tres metros y medio de diámetro, que reproduce el símbolo del proyecto y que se inspira en la esfera armilar que figura en la portada del libro «Suma de Geographia», de Fernández de Enciso, editado en 1519.
Enfrente del monumento de la milla se encuentra el edificio que albergo hasta 2020 el Museo de Carruajes ubicado en el antiguo convento de los Remedios que fue fundado en el siglo XVI y pertenecía a la Orden del Carmen Descalzo, pero antes en los terrenos había una pequeña ermita de la Virgen de los Remedios, levantada en el año 1526, frente al muelle de las Mulas, en ella se encomendaban los navegantes antes de partir hacia las Américas, desde este lugar donde la expedición de Magallanes y Elcano iniciaron la primera vuelta al mundo. Hacia 1573 el arzobispo de Sevilla decidió construir el convento de igual nombre, los Carmelitas Descalzos.
A lo largo de los años el convento sufrió muchos cambios producidos por los saqueos de los franceses o la desamortización de Mendizábal, del siglo XIX, que lo transformó en un almacén maderero al venderlo a manos privadas. Y de ahí tuvo varios usos hasta que el magnate cubano Rafael González Abreu lo convirtió en la sede del Instituto Hispano Cubano de Historia de América hacia 1930, tras una intensa remodelación.
El museo se divide en cuatro dependencias cada una con un tema. En la primera sala hay tres carros de campo y trabajo. La segunda sala se dedica al coche urbano y alberga carruajes de paseo y viaje, donde te familiarizarás con la forma y uso de este tipo de carruajes. En la tercera sala, el espacio lo ocupan carruajes deportivos y de caza, así como una colección de enganches de carros. Y en la cuarta dependencia hay una reproducción escenográfica de un caballo que te permitirá ver con más lujo de detalle un enganche. Junto a cada carruaje hay información en atriles en paneles, sobre la pieza en particular y sobre el contexto en el que estaba.
Entre las joyas que se exponen verás vehículos de tiro, carros de riego, galeras, carretelas, buggies, carrozas de gala, coches deportivos o los primeros taxis. Destaca el drag utilizado por el marqués de Alcañices en la boda de Alfonso XII o la berlina de lujo de la Hermandad del Sagrario, procedente al parecer de la Corte chica de los Montpensier en el Palacio de San Telmo.
El Museo de Carruajes de Sevilla inició su andadura el 17 de octubre de 1999 con el propósito de integrarse en el circuito cultural de la ciudad, dando a conocer al público el apasionante mundo del coche de caballos. La muestra que presenta es variada en tipos, con una puesta en escena que hace de la exposición un auténtico recreo para los sentidos de cualquier visitante.
Enfrente de la entrada al antiguo convento, en un pequeño jardincillo, podemos contemplar un busto dedicado a Jose Marti, escritor y político de origen cubano, pensador, periodista, filósofo y poeta, creador del Partido Revolucionario Cubano. Esta escultura es obra de la escultora Mimi Bacardi que la tallo en 1927, aunque su colocación de este monumento fue fruto de un acuerdo de la Junta de Andalucia y la Embajada Cubana en 1990.
Desde la plaza nos dirigimos por la calle Genova hacia la Plaza de la Milagrosa donde comienza una de las arterias principales del barrio como es la calle Pages del Corro donde en el inicio de la misma se encuentra el edificio de la parroquia de San Vicente de Paul, ubicada en lo que antaño fue el Convento de la Victoria, de los frailes Mínimos.
San Vicente de Paúl fue un sacerdote francés del siglo XVI-XVII, siendo una de las figuras más representativas del catolicismo en la Francia del siglo XVII, y fundador de la Congregación de la Misión, también llamada de Misioneros Paúles, Lazaristas o Vicentinos. Él mismo, junto a Luisa de Marillac, fundo también las Hijas de la Caridad.
Los Padres Paúles residen en Triana desde 1929, siendo este su único emplazamiento desde su llegada a Sevilla. La comunidad se dedica a la atención del templo y sus actividades pastorales, y a capellanías de Hijas de la Caridad.
Las Hijas de la Caridad están presentes en el barrio desde 1904, ya que con motivo de la mayoría de edad del Rey Alfonso XIII se creó la Escuela y Cocina Económica de Nuestra Señora del Rosario. Esta se inauguró el 9 de mayo y se donó a las Hijas de la Caridad. Esta Escuela se ubicó igualmente en la calle Pagés del Corro, en el número 32. Desde allí comenzó la expansión de la Obra de las Hijas de la Caridad, que siguen desarrollando su actividad hasta nuestros días. Ambas congregaciones tienen una relevancia muy importante y significativa en el barrio de Triana.
Continuamos nuestro caminar por la calle Pages del Corro donde nos topamos, en su margen izquierda, con el edificio del Monasterio de Santa Maria Consolacion de Monjas Mínimas fundado en 1565. Por las inundaciones en Triana se trasladan al centro de Sevilla a finales del siglo XVII, fundándose un nuevo convento con el nombre de Nuestra Señora de la Consolación, en la calle Sierpes esquina con la calle Rioja. Una vez reparada la casa de Triana, parte de la comunidad volvió en 1602 a su antigua sede por petición de los feligreses del barrio, con el nombre de convento de Nuestra Señora de la Salud. Ambas comunidades se fusionan en el siglo XIX en Triana con el nombre de Convento de Nuestra Señora de la Consolación.
La iglesia Tiene una sencilla portada neogótica en la calle con el lema de los mínimos. A la izquierda de la portada podemos ver el azulejo de la Esperanza de Triana, la espadaña campanario de dos cuerpos y la puerta de la Fundación Padre Leonardo del Castillo, Costaleros para un Cristo Vivo. A la derecha vemos cuatro ventanas del convento y entre ellas el azulejo del Cristo de las Penas de la Hermandad de la Estrella.
Atravesando la puerta se llega al compás donde podemos ver en el frente una hornacina con la imagen de la Virgen de Guadalupe, a la izquierda la puerta de la iglesia presidida por San Francisco de Paula y a la derecha el acceso al convento.
Con una única nave que se cubre con bóveda de cañón, en los muros pintados de blanco vemos cuadros que representan a los Apóstoles. A los pies se sitúa el Coro, bajo el que se encuentra la clausura.
En la cabecera de la nave vemos un Retablo Mayor barroco rococó del siglo XVIII, presidido por la talla de Nuestra Señora de Consolación en su camarín. Porta en una de sus manos al Niño Jesús y en la otra un pequeño barquito indicando su protección a los marineros.
Le acompaña imágenes de San Agustín y de San Sebastián junto a relieves de San José y San Antonio de Padua. En el ático hay una pequeña imagen de San José y en relieve de la aparición del Ángel a San Francisco de Paula.
En el muro de la Epístola podemos contemplar: Un Retablo de Nuestra Señora de la Salud barroco del siglo XVIII, imagen de vestir con Niño del siglo XVIII, hasta el año 1837 titular del convento. En sus laterales se sitúan pinturas dedicadas a San Fernando, la aparición de la Virgen de los Reyes en el campamento de las tropas cristianas y la aparición de la Virgen de la Antigua. En el ático vemos la pintura de la Virgen de la Rosa.
Retablo de Cristo Atado a la Columna, con talla de Cristo de hacia 1700 del taller de Pedro Roldán. A cada lado modernas imágenes del Sagrado Corazón y la Virgen de Fátima. Se corona con la imagen de Santa Rosa de Lima.
Al final de la nave está un retablo barroco de San José, con imagen del patriarca y pinturas laterales de los Santos jesuitas Ignacio de Loyola y Francisco Javier.
En el Muro del Evangelio podemos contemplar: Un Retablo Crucificado de tamaño académico del siglo XVII.
Retablo de San Francisco de Paula fundador de la Orden Mínima, del siglo XVIII presidido por una imagen del siglo XVII. Le acompañan imágenes de los beatos de la orden Nicolás de Longobardi y Gaspar de Bono. En el ático, pinturas de la Virgen de la Consolación, Santa Teresa y San Juan de la Cruz.
Al fondo de la nave la Clausura, a cada lado vemos dos altares vitrinas dedicados a la Virgen y en la parte superior el Coro presidido por el Crucificado.
Enfrente del monasterio podemos contemplar el edificio del Colegio Jose Mª del Campo, anteriormente llamado Reina Victoria. En el año 1906, don Cayetano Luca de Tena emprendió la iniciativa de la construcción del grupo escolar en Triana que fuese el regalo de Sevilla a los reyes de España, Alfonso XIII y Victoria Eugenia, con motivo de su boda, celebrada el 31 de mayo de 1906.
Cayetano Luca de Tena costeó las obras y luego donó el edificio al Ayuntamiento. Y el proyecto fue realizado por su primo el arquitecto Aníbal González, que también donó su trabajo. Fue bendecido con la presencia de los reyes Alfonso XIII y María Victoria Eugenia, el día 24 de marzo de 1909, siendo ya alcalde de Sevilla José Ramos. La apertura oficial del centro escolar fue el día 4 de mayo de 1910. Rebautizado José María del Campo (que fuera director del centro) durante la II República, es como se sigue llamando el colegio en la actualidad.
Antes de la construcción del grupo escolar en el año 1906, la manzana cuadrada estaba ocupada por una plaza pública que había sido urbanizada en el siglo XIX por el arquitecto municipal Balbino Marrón. El espacio público se sustituyó por un edificio ejemplar. Se convirtió en referente de las instituciones docentes y es interesante como propuesta urbana, al ajustarse a los límites de la antigua plaza. La forma de la manzana influye en la tipología del edificio que, al exterior, se muestra como un único volumen. Con dos plantas de alturas sobre semisótano el edificio adquiere unas proporciones que se ajustan bien a la escala del espacio urbano y al resto de las edificaciones colindantes, aún siendo algunas de éstas de construcción más reciente. A esta sensación contribuye la composición uniforme de la fachada, modulada y con huecos idénticos en las dos plantas, que sin embargo no excluye las particularizaciones que se producen en la entrada y en las esquinas.
Destaca en él sus grandes ventanales, sus paños de azulejería trianera. En la fachada principal se encuentran unos rótulos que hacen referencia a pedagogos y filósofos: Descartes, Montesinos, Aristóteles, Froebel, Fenelón, Pestalozzi, Spencer y Platón. Es de destacar su teatro, donde se han representado obras de teatro, recitales y representaciones infantiles.
Una vez más la genialidad de Anibal Gonzalez pues tal como diseño el colegio marcó un antes y un después en la concepción de centros de enseñanzas que fue copiado en edificaciones posteriores. Las aulas de los párvulos en la planta baja para que no tuvieran el peligro de las escaleras, grandes ventanales para luz natural y ventilación para cuando no estén los alumnos. Oficinas del centro junto al vestíbulo. Cocinas, comedor, biblioteca, patio exterior y cubierto. Un vestíbulo amplio para que los padres puedan esperar a sus hijos a recogerlos. Saneamiento a la altura de los alumnos y en buen número. Fue tan preclaro su diseño de espacios y servicios que se adelantó ocho años al Reglamento Nacional de Escuelas Graduadas aprobado en 1918.
En la misma acera donde se sitúa el colegio, unos metros más arriba, podemos visitar uno de los claros ejemplos de patios de vecinos que abundan en Triana como es el Corral de Herrera que actualmente es de propiedad privada, fue construido en 1909 para dar cobijo a 15 familias y más de cien personas. Fue adquirido en 1986 y posteriormente restaurado en 1995, tal como indica un gran azulejo en la entrada, por sus propietarios Don Antonio Jiménez Ligero y Doña Paquita Ligero Gil. El corral está totalmente restaurado y adaptado para domicilio con todas las comodidades del mundo actual. El centro del corral está dominado con un estrecho patio de luz decorado a la manera sevillana con cerámicas, macetas, candiles de forja, carteles de fiestas populares y dos retablos cerámicos que dan protección divina a los vecinos, se traba de Santa Rosa de Lima en la planta baja y Nuestro Señor del Gran Poder en la planta superior.
Continuamos nuestro caminar por la calle Pages del Corro, antigua calle Cava, donde en su margen izquierdo y en el número 128 vamos a visitar otro de los patios de Triana como es el Corral de la Encarnacion. El Corral de vecinos de la Encarnación se encuentra ubicado en una parcela, que constituye parte del terreno donde antiguamente se encontraba ubicada la Capilla de la Encarnación que da nombre al corral, en la actualidad taponado por dos casas debiendo accederse al inmueble objeto de la inscripción por un pasillo situado entre ambas.
La edificación está dispuesta en dos bloques de una planta de altura, quedando entre ambos un ancho patio que ventila e ilumina las viviendas que se alinean a cada lado en número de once. Al fondo del conjunto existe una edificación posterior a modo de almacén y al final de cada bloque de viviendas sendas escaleras que facilitan el acceso a dos azoteas que discurren encima de los tres últimos partidos o viviendas de cada lado. Otra edificación situada en el medio del bloque derecho de viviendas está destinada en la actualidad a servicios comunes.
La construcción es de muros de carga de ladrillo macizo de 30 y hasta 45 cm de espesor, sobre los que se apoya la cubierta. Esta, es inclinada y, según los casos está formada por teja árabe o fibrocemento sobre estructuras de madera o metálicas. Las viviendas o partidos, tal como son denominadas por los usuarios, están adosadas unas a otras, divididas en dos hileras separadas por el patio, y configuran individualmente un sistema de doble crujía: La primera ocupada por la sala de estar y el comedor y la segunda (crujía) por un dormitorio y la cocina, y en algunos casos el aseo. La ventilación se obtiene mediante puertas y ventanas orientadas al patio.
Tanto las fachadas de los partidos como algunas zonas del patio están encaladas y las puertas y persianas pintadas de colores vivos. Conviene destacar aquí como bastante positiva la distribución que presenta este corral y los partidos adosados, en cierto modo bastante independiente, en cuanto a estancias domésticas básicas y disposición de éstas, y al mismo tiempo configurando un espacio común en torno a un patio donde se producen los mayores exponentes de la sociabilidad colectiva, vividos por la comunidad con identidad propia que en la actualidad habita el lugar.
El patio es rectangular y discurre delante de las dos hileras de viviendas de que consta el corral. Este espacio es el centro de la vida social del corral. Sus elementos muebles que tienen igualmente valor etnológico como elementos específicos de uso y ornamentación del patio (la fuente, arriates y arbustos) están encalados, y otros como las macetas y otros elementos de decoración, pintados. Es digna de mención aquí la solería a base de losas de Tarifa, en buen estado de conservación y con gran valor dada su vinculación al corral. La fuente, los arriates, árboles y arbustos se encuentran situados simétricamente en el centro del patio, mientras que a las puertas de los partidos se sitúan macetas y otros elementos decorativos florales.
En esta zona central es donde frecuentemente se han celebrado los bautizos, santos, cumpleaños y otros ritos relacionados con el ciclo vital y simbólico-ceremonial del corral, el barrio de Triana y la ciudad de Sevilla como por ejemplo las Cruces de Mayo, la preparación del Rocío o la Velá de Santa Ana.
Con respecto a los habitantes del corral, muchos (tanto jóvenes como de edad avanzada) han nacido en ese espacio o al menos ha transcurrido lo mayor parte de su vida en el lugar referido. Este hecho, junto con la existencia de una comunidad con identidad propia, donde se producen liderazgos, mecanismos de reciprocidad y ayuda mutua, etc., han favorecido el interés de los vecinos por continuar con su forma de vida tradicional. En definitiva, en el corral de Pagés del Corro 128, y sobre todo en torno al patio, se ha configurado un sistema de vida colectivo, desarrollándose los aspectos más significativos de esta forma específica de habitación andaluza.
A la calle Pages del Corro muchos la conocerán por su nombre pasado, la Cava, gran inspiración para tantos poetas y escritores, que se remonta a tiempos lejanos cuando los almohades estaban asentados en Sevilla. Por aquel entonces, como parte del sistema defensivo ante las continuas batallas, se creó una muralla y a sus pies un canal de agua que cruzaba desde Chapina a Plaza de Cuba por la mencionada Cava. Este canal, para muchos conocidos como el antiguo foso de San Jorge se dividía en dos, la primera la Cava alta o de los Gitanos que recibía este nombre debido a que la mayoría de los vecinos eran de etnia gitana y la Cava baja o de los Civiles, apodo que hace mención del Cuartel de la Guardia Civil que allí se hallaba.
No fue hasta finales del siglo XIX, más concretamente en 1893, cuando se unificaron ambas calles en un mismo nombre, Pagés del Corro. Muchos os preguntaréis que de dónde viene esta denominación, y es debido al teniente alcalde del Ayuntamiento de Sevilla Don Francisco Pagés del Corro. Persona que, entre otras muchas cosas, trabajó con gran empeño en las mejoras higiénicas y de sanidad de esta zona de Triana.
Continuamos nuestro caminar por dicha calle y haciendo esquina con la calle San Jacinto nos encontramos con la imponente silueta de la iglesia que da nombre a la calle como es la Parroquia de San Jacinto, un convento dominico fundado en el siglo XVII y dentro de los lindes de la parcela de la iglesia un ficus centenario traído por dominicos de Puerto Rico en 1913.
El presbítero Baltasar Brun y Silveria, fundó en 1625 un convento de la Orden de Predicadores, advocado de San Jacinto, en el sitio de Cantalobos, cerca del hospital de San Lázaro. Este sitio poco apropiado y muy alejado de la ciudad, originó que se trasladaran en 1679 a la ermita de la Candelaria en Triana, perteneciente a un antiguo hospital. Allí se construyó una nueva Iglesia que se hundió el 30 de mayo de 1730 por ese motivo se edificó la actual, que se estrenó el 29 de enero de 1775. La Iglesia, situada en el barrio de Triana en la intersección de las calles Pagés del Corro y San Jacinto, se debe a Matías de Figueroa que dirigió las obras hasta 1740, fecha en la que las abandonó.
En 1742 se hundió una de las bóvedas y en 1774 la Comunidad manifestó al Cabildo eclesiástico haberse acabado la obra. El edificio responde plenamente a su traza dieciochesca. Su planta es rectangular muy alargada, de tres naves con crucero. Las naves laterales se cubren con bóvedas de arista, sustituyéndose las tribunas altas por marcos de yeso y cuadros. La nave central se cubre con bóveda de cañón con arcos fajones y lunetos. En el crucero se dispone una gran cúpula con tambor sobre pechinas, que se ejecuta con nervios de radios dobles enmarcados por líneas ondulantes que descansan sobre columnas pareadas salomónicas acanaladas en su tercio inferior.
El edificio responde de lleno a su traza del siglo XVIII. Acabado en ladrillo avitolado y en colores almagra y ocre. En la fachada principal hay un gran óculo y la esbelta portada barroca. La portada cuenta con un arco de medio punto dentro del cual hay un frontispicio con una hornacina.
Cuenta con una espadaña en ángulo recto con respecto a la fachada principal. Su diseño barroco recuerda a otra similar, de Leonardo de Figueroa, padre de Matías José, para la Iglesia de la Magdalena de esta misma ciudad.
En la misma calle de San Jacinto, en un tramo peatonal, y a escasos metros de la anterior iglesia podemos visitar el edificio de la Capilla de la Estrella. Fue construida en el año 1973 para sede de la Hermandad de penitencia de la Estrella, Patrona de los cargadores del puerto. Es sede de la Hermandad de la Estrella, consecuencia de la fusión en 1674 de la Hermandad de la Virgen de la Estrella de los trabajadores del puerto fundada en 1560, con la del Cristo de las Penas hermandad de los alfareros y posteriormente con la hermandad de Santa Justa y Rufina de Triana. Residió en el desaparecido convento trianero de la Victoria de los Mínimos y en la parroquia de Santa Ana, para establecerse en la Iglesia de San Jacinto en el año 1835, residiendo en esta parroquia hasta 1976.
La fachada es estrecha y está decorada con azulejos y cerámica. Sobre la puerta de entrada presenta un frontón partido por un balcón con el escudo de la hermandad, estando rematada con una espadaña. En la calle lateral Jesús de las Penas, se encuentra la Portada de la nave izquierda decorada con azulejos de los titulares de la hermandad y la Casa Hermandad recientemente remodelada.
La Capilla se presenta diáfana, con una clara visión del centro que ocupa la mesa de Altar y a cada lado las cabeceras de las dos naves con los retablos de las Imágenes Titulares. La separación de las naves se delimita por los remates de los arcos situados en sin pilares, para dar mayor amplitud. Asimismo, el muro de la izquierda se ha creado una nueva puerta y cinco ojos de buey que dota al templo de una luz natural. El acceso es por el fondo de la nave de la derecha.
En el centro de las naves se ubica el Altar, detrás la imagen de Cristo Crucificado de tamaño académico,
En el fondo de la nave de la derecha se encuentra el altar mayor neobarroco dedicado a la dolorosa Virgen de la Estrella, imagen de mucha devoción del siglo XVII, atribuida a la Roldana. A cada lado, las imágenes de Santas Justa y Rufina, co-titulares de la Hermandad.
En la cabecera de la nave izquierda el retablo neobarroco presidido por Jesús de las Penas imagen de Cristo sentado en el momento anterior a ser crucificado, obra de José de Arce, siglo XVII. A su lado las imágenes de San Francisco de Paula y Santa Elena y en el muro los cuadros de Santa Justa y Rufina.
También se encuentran la reliquia de San Francisco de Paula, co-titulares de la hermandad. En el muro situado entre ambos retablos se encuentra el Lignum Crucis, rodeado de un mural con figuras de Ángeles obra moderna de Raul Berzoza y Abrahan Ceada.
En el lateral del muro izquierdo en una peana, está la imagen de San Juan Pablo II, en homenaje a este papa muy vinculado a las hermandades sevillanas especialmente a esta. La imagen moderna es muy realista, se le representa Sentado y con la cabeza apoyada sobre la mano derecha.
En los muros de esta capilla podemos ver cartelas con las escenas del Vía Crucis y varios cuadros representando a la Piedad, Santas Justa y Rufina, la Exaltación de la Cruz, la Comunión de la Virgen y Pentecostés con la Virgen del Rocío, obras de Francisco Maireles Vela, siglo XX.
La calle San Jacinto es la principal calle de este barrio popular, contando con una extensión de 650m, de dirección noreste-suroeste. Comienza en la plaza del Altozano, al finalizar el puente de Triana, y termina en la plaza de San Martín de Porres, donde concluye la ronda de Triana, la avenida de Coria, la calle López de Gómara y la calle Asturias. Esta vía es atravesada por la calle Pagés del Corro. La calle San Jacinto sirve como división entre el Barrio de la Voluntad (Triana Este) y el Barrio de Triana Oeste.
La calle San Jacinto ha supuesto a lo largo de los siglos la principal vía de comunicación desde la ciudad de Sevilla hasta el Aljarafe. En ella se encontraba la Ermita de la Candelaria. Primitivamente, esta calle era conocida como Camino Real, que partía desde el Puente de Barcas. En 1775, se construye en la calle el Convento de San Jacinto (hoy Iglesia).
A lo largo de la Historia, la calle ha recibido varios nombres. Durante un periodo, el primer tramo, desde el Altozano hasta la calle Pagés del Corro, fue conocida como calle Santo Domingo, debido a que el por entonces convento de San Jacinto pertenecía a la Orden de los Dominicos. Por su parte, el segundo tramo recibía el nombre de calle Ancha de San Jacinto. El cruce de la calle con Pagés del Corro era conocido como “La Cruz de San Jacinto”.
En 1868, ambos tramos pasan a recibir el nombre de calle San Jacinto, modificándose en 1911 por el nombre de calle Manuel Carriedo. A comienzos de este siglo, se instaló en el tramo final de la calle, el dispensario de la Cruz Roja. Durante la II República, la calle tomó el nombre de Carlos Marx, hasta que en 1936 se recupera su antigua nomenclatura, la de San Jacinto, que se conserva en la actualidad, la calle contaba con viviendas con soportales. En 1965 echa el cierre la prestigiosa fábrica de cerámica de Manuel Ramos Rejano, que tenía su sede desde 1905 en la calle, donde actualmente se encuentra el IES Triana. También en esta calle se encontraba la primera factoría de aviones localizada en Sevilla, propiedad de Hispano Suiza, y posteriormente nacionalizada, pasándose a llamar Hispano de Aviación. Esta fábrica continuó su producción hasta los años 1972, cuando fue trasladada a Tablada.
Históricamente, la calle San Jacinto ha servido como división natural de la Cava Vieja o Cava Baja (tramo de Pagés del Corro hasta Chapina) y la Cava Alta o Nueva (tramo hacia la actual plaza de Cuba. Posteriormente la Cava Vieja se comenzaría a nombrar como Cava de los Civiles (por encontrarse en ella el Cuartel de la Guardia Civil), y la Cava Nueva como Cava de los Gitanos (por vivir en ella numerosas personas de etnia gitana).
La calle San Jacinto, cuenta con un trazado prácticamente rectilínea, de orientación noreste-suroeste. San Jacinto fue ensanchada durante el Régimen Franquista, dándole la anchura actual. Desde 2010, el 30% de la vía, el tramo entre el Altozano y Pagés del Corro se encuentra peatonalizado. El resto de la vía es transitable con vehículos. Las construcciones de viviendas en San Jacinto son muy diversas, predominando las construcciones tradicionales en su tramo más cercano al Río Guadalquivir, y los bloques de piso en su lado opuesto, propios de la expansión urbanística que se llevó a cabo en Triana durante los años 40 y 50 del pasado siglo.
Continuamos nuestro recorrido por la calle Pages del Corro para girar a la derecha por la calle Antillano Campos donde al final de la misma podemos visitar el edificio que alberga el Centro de Ceramica de Triana, pero antes hacemos una parada en la famosa calle Alfarería donde vamos a visitar otro de los típicos corrales trianeros.
A la altura del número 34 de la calle Alfarería podemos contemplar el corral de la Cerca Hermosa, uno de los mayores corrales trianeros. Su estructura interna no es homogénea, sino que presenta una serie de edificaciones independientes entre sí, de una o dos plantas, levantadas en su mayor parte en el siglo XIX y principios del XX, aunque alguna es de factura muy reciente. Los vecinos, a diferencia de otros corrales, son propietarios en su mayoría y destaca su interés por mantener el patio en buenas condiciones y buen ornato, lo que les ha granjeado premios y reconocimientos.
La calle Antillano Campos en principio contenía dos tramos que se rotularon de manera distinta. El primero, que discurre desde San Jorge a Alfarería, fue Matamoros (al inicio del siglo XVI ya se conocía con este nombre), y el segundo tramo que finaliza en Pagés del Corro se nombró Cuchilleros. A mediados del siglo XIX se acuerda la fusión bajo el rótulo de Nuevo Mundo, nombre que se cambia en la segunda década de la centuria siguiente en honor de un joven militar muerto heroicamente en el norte de África sólo días antes. Este militar se llamó Francisco Antillano Campos, nacido el 27 de diciembre de 1892, y era hijo de un teniente coronel de Infantería, Francisco Antillano Noriega, que en 1908 vivía en el 51 de Betis. Toda la zona de Barrionuevo en que se enclava se caracterizó por la fuerte implantación de las industrias del barro, siendo por tanto ésta la actividad de la mayoría de sus vecinos hasta la mediación del siglo XX.
El Centro Cerámica Triana es un museo creado en el año 2014 por el Ayuntamiento de Sevilla, con la colaboración de la Junta de Andalucía, para conservar y promocionar la tradición cerámica de la ciudad.
La creación del Centro Cerámica Triana persigue representar la historia de la tradición alfarera en Triana, así como servir de centro neurálgico de recepción, interpretación y estructuración de la visita al barrio. Todos los elementos con significado arqueológico, antropológico y arquitectónico son mostrados en su contexto original: los hornos han sido restaurados y puestos en valor, y se conservan los recorridos y las relaciones de las distintas profesiones que se aunaban en la misma localización. La propuesta arquitectónica se organiza desde la puesta en valor del conjunto, así como otros de indudable valor espacial, etnológico y antropológico. El centro cuenta con dos plantas: la baja, en la que se muestra una exposición permanente y visita de los restos puestos en valor para la interpretación de la cerámica sevillana; y la planta alta, centro de documentación especializado, así como un espacio para la interpretación y guía de los itinerarios turísticos del barrio de Triana.
En 1870 el industrial del barro Antonio Gómez compró unos alfares de García-Montalván, para la producción cerámica en el barrio de Triana. El negocio pasó luego a su viuda, conociéndose como fábrica de la Viuda de Gómez. En 1906 tomó el nombre de su nuevo dueño, Manuel Corbato. En 1920 la fábrica pasó a su cuñado, Manuel Montero Asquith. A partir de 1939 dirigieron la fábrica los hermanos Rodríguez Díaz con el nombre de Cerámica Santa Ana por ser santa Ana la patrona de Triana.
El conjunto de la fábrica incluía un edificio, con siete hornos en activo hasta finales del siglo xx, así como las instalaciones de la fábrica, los almacenes, pozos y depósitos de pigmentos. El proyecto de conversión en centro-museo se planteó 2009, y tras un 'concurso de ideas' convocado por el Ayuntamiento de Sevilla resultó ganadora la propuesta titulada “Paisaje Alfar”.
Los hornos fueron restaurados y puestos en valor y se conservaron los recorridos y las relaciones de las distintas profesiones que se aunaban en la misma localización. La remodelación estuvo dirigida por los arquitectos Francisco José Domínguez Saborido, Ángel González Aguilar, Miguel Hernández Valencia, Esther López Martín y Juliane Potter. La nueva instalación quedó inaugurada el 29 de julio de 2014.
El centro desarrolla una doble función, expositiva y de taller cultural, e incluye la digitalización de los fondos municipales que puso en marcha la ciudad de Sevilla en el año 2013 y que fue titulado "Patrimonium Hispalense".
El edificio tiene dos plantas: en la baja se describe el proceso productivo de la cerámica a lo largo de un recorrido laberíntico entre hornos de cocción cerámica y espacios antiguos de la fábrica. Varios expositores, audiovisuales y material original, muestran al visitante cómo se producía la cerámica en Triana, describiendo alguno de los numerosos talleres que estuvieron activos en el barrio a inicios del siglo XX, como Mensaque, Montalván o Ramos Rejano.
En la planta primera se encuentra, por una parte, la colección permanente, que presenta obras pertenecientes a diversos periodos históricos (siglo XII a siglo XX); una sala de exposiciones temporales; y el espacio titulado ‘Triana, corazón del Flamenco. Nombres y carteles de la Bienal’, que alberga una exposición permanente que repasa la historia gráfica de tan magno acontecimiento, donde el visitante podrá contemplar los carteles originales firmados por sus autores, desde 1980 hasta 2020.
Una vez visitado el centro de cerámica continuamos hasta llegar a la Plaza del Callao la cual está presidida por un monumento a los Alfareros, Ceramistas y al Cante por Solea de Triana. Es éste un monumento que se crea como un homenaje a la tradición y a las raíces del barrio, concretados de modo conjunto a la alfarería y al cante flamenco por soleá de Triana.
Es el resultado del encargo efectuado al escultor Augusto Morilla Delgado y su posterior realización, quedando inaugurado el día 16 de enero del año 2008 en un acto oficial presidido por el entonces alcalde de Sevilla Alfredo Sánchez Monteseirín.
Se trata de un monumento simbólico que se crea con diferentes materiales y en dos cuerpos distintos y superpuestos.
El primero de ellos tiene la forma de un prisma recto y está realizado en hierro fundido, con sus cuatro frentes revestidos de azulejos, en los que pueden leerse letras de cantes por soleares.
Este primer cuerpo se apoya en el suelo sobre cuatro esferas, una en cada ángulo, y sirve como pedestal al motivo del cuerpo superior, la figura de niño realizado en bronce que viene a simbolizar la inspiración, y que se presenta levantando una pieza de azulejo frente a un horno cerámico.
Justo enfrente del monumento podemos contemplar el Callejon de la Inquisición. Es un pasaje estrecho con unos 35 metros de longitud y un trazado rectilíneo, comunica el paseo de Nuestra Señora de la O junto al río Guadalquivir con la calle Castilla en su confluencia con la calle Callao. Debe su denominación a encontrarse junto al Castillo de San Jorge, que fuera en otro tiempo la sede del Santo Oficio, cárcel de herejes y Tribunal de la Inquisición. Los reos que eran conducidos por este recorrido iban o bien a la cárcel para ser juzgados o bien a la hoguera de ser condenados. Durante siglo y medio fue el único resto del castillo, hasta que en 1992 con motivo de la demolición y posterior rehabilitación del mercado de Triana aflorasen los muros de la antigua fortificación.
En su salida a la calle Castilla se abre con un muro, a modo de arco o puerta que dispone de cancela (la cual se cierra a la noche), y que se remata con tres pináculos cerámicos. El suelo del callejón es de canchos y va descendiéndose en la altura que lleva al río por pequeños tramos de escalera. Termina en un arco que da al paseo, construido al igual que el final de la calle en ladrillo visto.
Proseguimos la ruta por la calle Castilla donde al principio de la misma vamos a visitar otro de los corrales trianeros como es el Patio de las Flores. Se construyó en 1903, es uno de los corrales más antiguos de la ciudad de Sevilla y es uno de los pocos que a día de hoy perduran en el tiempo, y es que pasear por la popular calle Castilla, en pleno Corazón del Barrio de Triana y toparse con un vergel como el de este Corral de vecinos es una joya. Se trata de un interesante y complejo corral en el que destaca su profusa decoración con macetas en patios, muros y ventanas. Posee un zaguán muy amplio y, tras varios recodos, el pasillo al que abren las casas desemboca en un patio con vistas al río y al puente de Isabel II. Originalmente tenía solo una planta, pero una parte considerable del edificio posee dos. En su interior aparecen pozo y lavaderos. Ha tenido numerosos premios y ha servido de escenarios a películas de corte costumbrista sevillano.
Un poco más arriba, en la misma acera del anterior patio visitado, nos encontramos con el edificio de la parroquia de Nuestra Señora de la O. La actual Iglesia tiene sus orígenes en una antigua ermita-hospital dedicada a Santa Brígida de Irlanda, regentada por una Hermandad con esta misma advocación, según documentos del siglo XV que se conservan. En ella comenzó a practicarse la contemplación del Misterio de la Expectación de Nuestra Señora, un antiguo título para la Virgen María embarazada y en la espera al parto (advocaciones de la O y de la Esperanza).
Posteriormente se crearían allí las hermandades de Nuestra Señora Santa María de la O y de Santa Brígida y de las Vírgenes Santa Justa y Rufina, que se fueron estableciendo en esta ermita en fecha no determinada entre los siglos XV y XVI. La fusión de las tres citadas hermandades daría lugar a la redacción de unas primeras reglas, que fueron aprobadas en el año 1566.
En los últimos años del siglo XVII, y debido a las reducidas dimensiones de la capilla y a su mal estado de conservación, se decidió construir un nuevo templo, comenzándose las obras en el año 1697 bajo la dirección de los alarifes Pedro y Félix Romero, hijos del entonces Maestro Mayor de las Fábricas del Arzobispado, Pedro Romero, autor del proyecto.
Realmente la dirección de las obras las llevó a cabo el primero de los hijos, Pedro, quedando Félix como director de la ornamentación arquitectónica. En las obras intervinieron también otros personajes importantes, como Antonio Gil Gataón, quien labró la portada y las columnas, y el entonces oficial albañil Diego Antonio Díaz, yerno de Pedro Romero y su sucesor luego en las obras del Arzobispado como Maestro Mayor de las mismas. La iglesia quedó terminada en el año 1702 y fue inaugurada solemnemente en febrero de ese mismo año. En 1911 la iglesia adquirió la condición de sede parroquial.
En el exterior cuenta con una torre de planta cuadrada a los pies de la nave del evangelio, enlucida tras su restauración en color almagra. Acabada en el año 1699, su cuerpo de campanas se presenta enmarcado entre columnas salomónicas, sirviendo de precedente al que luego se creó en la Iglesia de San Román, diseñada por José Tirado en 1704.
Como reza en uno de los azulejos de esta torre, fue restaurada en 1756 tras el Terremoto de Lisboa de 1755. Con dicho motivo se le dotó del actual chapitel de perfil bulboso revestido de azulejos blancos y azules con el que hoy se puede ver. Probablemente diseñado por Pedro de Silva, queda rematado por una corona y una cruz de hierro forjado.
La portada, labrada por Gil Gataón en mármol rojizo, se estructura a base de pilastras y traspilastras de orden toscano. Se corona con un frontón roto que incluye en su centro el escudo de la Hermandad sostenido por ángeles.
El templo interiormente se organiza según una planta de salón de tres naves y cabecera plana. Tiene la particularidad de que es el primer caso de iglesia columnaria del siglo XVIII, utilizando como soportes internos unas bellas columnas de estilo toscano en jaspe rojo con basas en jaspe de color negro.
Las tres naves tienen poca diferencia de altura. Se cubre con bóvedas de cañón con lunetos la nave central; con bóvedas de arista las laterales, y con bóvedas vaídas las capillas de las cabeceras y las dependencias de los pies del templo.
A los pies de la iglesia, y en la nave de la Epístola, se abren las dependencias de la Hermandad, y en ellas puede verse una primera gran sala donde se exponen algunos de sus enseres procesionales. Así, tras una gran pantalla acristalada aparece parte de su patrimonio, entre el que destaca el paso de misterio completo, montado en el centro del espacio, y a los lados, y protegidos por vitrinas de cristal, el palio de la Virgen, las bambalinas, y otros elementos de valor como el sinelabe procesional.
Del interior de la iglesia destacan algunos importantes retablos, repartidos a lo largo del templo; entre ellos: El retablo mayor, de claro estilo barroco y notables proporciones, que está realizado en madera tallada y dorada y que preside la imagen de su titular, Nuestra Señora de la O. Adornado con columnas salomónicas y figuras de ángeles, a los lados pueden verse las imágenes de las santas Brígida y Bárbara.
En un lateral de la nave del Evangelio, un pequeño retablo de sabor neoclásico aloja en su cuerpo central la imagen de Nuestra Señora de la O de Gloria, la primitiva titular letífica de esta iglesia; una Virgen de Gloria que se cree que fue creada en el siglo XVI y que es de un autor desconocido.
El más interesante de todos, es el retablo que preside Nuestro Padre Jesús Nazareno y que se encuentra ubicado en la capilla Sacramental, situada en la nave de la Epístola, y que está realizado en su totalidad con grandes elementos cerámicos policromados; una pieza única en su género, de gran valor y belleza.
Una vez visitada la iglesia continuamos por la calle Castilla donde nos encontramos con otro de los típicos corrales trianeros. El Corral de Vecinos Andaluz tiene su origen en los adarves árabes, callejones ciegos con una sola entrada, y más propiamente en el curralaz mozárabe, corral sobre el que se abrían las puertas de las viviendas. Se tienen noticias históricas de su existencia desde el siglo XIV, y con mayor precisión en el siglo XVI. Fue en esta época cuando experimentaron un gran desarrollo, especialmente en Sevilla, por ser puerto exclusivo de entrada y salida para las Indias. Es el modelo arquitectónico surgido en esta época el que se ha conservado hasta nuestros días y el que tanto ha contribuido a caracterizar la vida y el urbanismo de Sevilla y otras ciudades andaluzas.
El corral de vecinos andaluz y, especialmente el sevillano tal como nos lo describió Luis Montoto y Rautenstrauch en 1882 era un «patio, más o menos amplio, en cuyo centro se alza una fuente o se hunde un pozo: fuente o pozo que están al servicio de los vecinos, los cuales utilizan sus aguas para todos los usos de la vida, siempre y cuando lo permiten las cañerías y las lluvias; cuatro corredores que circunscriben el cuadrado del patio, y en ellos tantas puertas como habitaciones –“salas”– componen la planta baja, amén de un pequeño rincón destinado a depósito de inmundicias y de un patio mucho más pequeño –patinillo– dedicado a lavaderos, cuando estos no están en el mismo patio. La parte alta del edificio corresponde exactamente a la baja. Cada vecino, o lo que es lo mismo, cada familia, habita una sala. Sala hay que está dividida en dos compartimentos, sin perder por esto su denominación».
Estos corrales o patios de vecinos antes de ser viviendas comunales fueron conventos, casas señoriales, palacios y alhóndigas, cuya arquitectura fue aprovechada y readaptada para el alojamiento de familias. Otros, los que podemos considerar propiamente corrales de vecinos, son el resultado de una planificación y obedecen a un modelo arquitectónico con unas características comunes y con variantes de adaptación al tamaño y forma del solar donde fueron construidos.
Los habitantes de los corrales de vecinos han simbolizado durante mucho tiempo al pueblo llano de las ciudades, –al proletariado urbano–; allí vivían albañiles, herreros, carpinteros, tejedores, blanqueadores, carreros, lavanderas, planchadoras, costureras, criadas, zapateros, –muchos de los cuales tenían su banco en el propio corral y vivían de la clientela del mismo– y un sinfín de oficios. Quizás por esto, por representar cualitativa y cuantitativamente al pueblo sevillano, L. Montoto al escribir sobre las «Costumbres populares de Sevilla» a finales del siglo XIX, lo hace en torno a la vida, las relaciones sociales, los oficios, las fiestas, las creencias y los hábitos de los habitantes de corrales de vecinos.
Proseguimos por la calle Castilla hasta llegar a la Plaza Matilde Coral, antigua Plaza Chapina. Se trata de una plaza dedicada a esta gran bailaora de flamenco trianera. Nació en la plaza de Chapina, en Triana. Empezó como bailaora en el cortijo El Guajiro de Sevilla, donde conoció al que sería su marido, el también bailaor Rafael El Negro. Posteriormente fue primera bailaora en el tablao El Duende de Madrid, que era propiedad de Pastora Imperio y Gitanillo de Triana. Fue partenier de Alejandro Vega, Alberto Lorca y José Greco, viajando por muchos países con las compañías.
Fue profesora de baile flamenco en el Conservatorio de Arte Dramático y Danza de Córdoba y también fue pionera y colaboradora durante muchos años de la Bienal de Flamenco de Sevilla.
Es miembro fundador de la Fundación Antonio Mairena. Así mismo fue directora del primer centro (no oficial) de danza española de Huelva y directora del Ballet Escuela de Baile Andaluz, financiado por la Junta de Andalucía. Su Escuela de Danza Matilde Coral ha sido reconocida y homologada como centro oficial de danza por la Junta de Andalucía.
Desde la plaza nos desviamos un momento para ir de nuevo a la calle Alfarería donde en el número 138 de dicha calle se encuentra el Corral del Corcho, un extenso edificio de dos plantas y azotea construido hacia 1940. En el interior posee un patio con fuente central y farolas en las paredes. Se trata de un inmueble que ha tenido un mantenimiento continuado y con un importante afán de sus habitantes por mantener condiciones de habitabilidad dignos. Se denomina el Corral de Los Corchos, porque la mayoría de sus vecinos trabajaban en la fábrica de corcho que había antiguamente en la Cartuja.
La calle Alfarería es una vía de 700 metros que conecta la calle San Jacinto con la Ronda de Triana, pulmón del barrio arrabalero en los últimos años por su alta actividad inmobiliaria -no son pocos los que han elegido esta histórica arteria sevillana para comenzar una nueva vida en pareja, por ejemplo-, hoy conoceremos cuáles son los orígenes de Alfarería, su evolución a lo largo de la historia hasta nuestros días.
Si algo caracteriza a la calle Alfarería son sus patios vecinos o corrales. Casi todo el recorrido de la misma está escoltado por estas entradas en cuyo interior podemos encontrar patios con una fuente en el centro, a su alrededor y bordeando el patio sevillano se extienden los corredores de puertas, entradas a la viviendas unifamiliares en las que los vecinos conviven con el patio como nexo social comunitario. Entre todos ellos destacan los corrales del número 85, seguramente uno de los más antiguos de la calle (data del siglo XIX), o los de los números 8 y 10, construidos entre 1913 y 1914, obra del arquitecto José Espiau y Muñoz.
El nombre de la calle se debe, como no podía ser de otra manera, a los numerosos talleres cerámicos que conviven cerca de la misma. Ya sabemos que Triana convive con la mejor tradición de artesanía de la ciudad, una actividad que siempre ha estado vinculada al barrio. Y es que el hecho de que la mayor concentración de alfareros de la ciudad se asentase en este lugar dio como resultado el bautizo de la calle como Alfarería, un nombre que le viene como anillo al dedo.
Volvemos de nuevo a la anterior plaza para continuar por la calle Castilla donde casi al final de la misma vamos a contemplar y visitar el edificio de la Basilica del Santísimo Cristo de la Expiración conocido popularmente como "El Cachorro" y sede de la Hermandad del Cachorro, que tuvo su origen en la primitiva capilla del Patrocinio a finales del siglo XVII.
Es un centro de gran devoción popular y uno de los lugares más característicos de la tradición religiosa de Sevilla, que no se debe de dejar de visitar. La actual basílica del Patrocinio es el resultado de dos capillas que se levantan en diferentes épocas.
El exterior de la basilica está formado con las fachadas de las dos capillas. La capilla nueva tiene una amplia portada realizada en ladrillo tallado decorada con tableros cerámicos con escenas de la Virgen y de los misterios del Rosario. En el tímpano sobre la puerta La Piedad. Sobre el conjunto una espadaña neo-barroca con tres campanas.
A su derecha se encuentra la Casa de Hermandad, decorada en su fachada con un azulejo del Cristo del Cachorro, es al acceso a la Sala de Exposición y Recuerdos, donde podemos contemplar el patrimonio de la hermandad, destacando el paso procesional del Cristo.
La capilla primitiva es más sencilla con una portada sin adornos, junto a la que podemos ver el azulejo de la Virgen del Patrocinio Dolorosa, estando rematada por una pequeña espadaña de una campana.
La primitiva capilla del Patrocinio data de finales del siglo XVII, cuando en 1689 se fusionaron en ella las Hermandades del Patrocinio y la del Cristo de la Expiración. Corresponde a la actual capilla sacramental, con un retablo barroco procedente del convento de San Alberto, presidido por la Virgen del Patrocinio. Esta pequeña imagen de vestir del siglo XVI es conocida como la Virgen chica del Patrocinio. Junto a ella tenemos las esculturas de San Isidoro y San Leandro y en el lateral destaca el Cristo del Camino, Nazareno del siglo XVII.
Por sus reducidas dimensiones, en el año 1946 se decidió construir junto a ella otra capilla adosada. La capilla nueva tiene una amplia portada realizada en ladrillo tallado decorada con tableros cerámicos con escenas de la Virgen y de la pasión y muerte de Cristo.
El retablo principal de madera tallada y dorada está presidido por la espectacular imagen del Cristo de la Expiración, crucificado conocido como El Cachorro, el último gran Crucificado de la imaginería sevillana. Es titular de esta cofradía que hace estación de penitencia a la catedral el Viernes Santo.
La imagen es de Francisco Antonio Gijón del año 1682, una de las mejores tallas de madera que se ha realizado. La tradición dice que el escultor tomó como modelo a un gitano de Triana que agonizaba tras ser apuñalado, este gitano era conocido como El Cachorro, según la leyenda cuando salió la imagen a la calle, la gente reconoció al fallecido y le dieron su nombre a la imagen.
El año 2012, el papa Benedicto XVI otorga a la iglesia del Cristo del Cachorro el título y la dignidad de basílica menor, un título que en Sevilla hasta entonces sólo tenían los templos de la Macarena, el Gran Poder y la Trinidad. La iglesia se completa con una sala de exposiciones con todos los enseres de esta hermandad del popular barrio de Triana.
Una vez visitada la basilica cogemos la Avd. de la Expo'92 donde vamos a contemplar el Puente del Cristo de la Expiración. Se trata de un puente urbano que atraviesa el río Guadalquivir y supone la salida natural de la ciudad hacia el Aljarafe y la provincia de Huelva. Es una estructura de acero, con dos arcos rebajados de 130 metros de luz y sin soporte bajo el agua, que sostiene un tablero de 223 m. x 30 m y 30,5m de ancho, diseñado por José Luis Manzanares Japón, inspirado en el puente Alejandro III de París. Los pasos peatonales a lo largo del puente están cubiertos con lonas blancas que cuelgan de mástiles y alivian el calor de los viandantes.
Hasta 1991, el paso del río Guadalquivir por la ciudad de Sevilla se encontraba cortado en una parte del cauce. En ese año se decidió recuperar el antiguo recorrido y se eliminó el denominado tapón de Chapina, que impedía el paso del agua, lo que supuso la recuperación de más de cuatro kilómetros de río. La zona del corte era un punto estratégico de comunicaciones de la ciudad y se decidió la construcción de un puente que sustituyera al anterior paso terrestre. El puente se construyó sobre el cauce seco cuando todavía no se había retirado el tapón de tierra.
Su nombre proviene de la proximidad de la capilla del Patrocinio, iglesia desde la que hace procesión la hermandad del Cristo de la Expiración en la Semana Santa. Dado que este cristo es conocido popularmente por el “Cristo del Cachorro”, el puente ha heredado también esta denominación. También recibe habitualmente el nombre de “puente de Chapina”.
De forma popular también se conoció el puente, en su momento, como “puente de los Leperos” por el hecho expuesto de que primero se construyó el puente y después se hizo el cauce para que pasara el río y también coincidió su construcción con una época en que estaban de moda los chistes de Lepe. El hecho de que el puente recibiera popularmente ese nombre provocó que el ayuntamiento de Lepe, el día de los inocentes de 1991, hiciera una inocentada en la cual solicitaba que el puente recibiera oficialmente esa denominación y el pueblo de Lepe cobrara un canon por ello.
Desde el puente proseguimos nuestro caminar por el Paseo de Nuestra Señora de la O que se dispone paralelo al cauce del rio Guadalquivir. Denominado así desde 1963 en honor a la Imagen de la Virgen de la O, devoción muy arraigada en el barrio de Triana y que recibe culto en la Parroquia de su nombre, situada en la paralela Calle Castilla. El paseo actual es el resultado de una reordenación de esta zona de ribera que ya había sido objeto de una adecuación a su uso peatonal con anterioridad a 1993, fecha en la que se acomete el proyecto que le ha dado forma definitiva. El paseo fue trazado por el área técnica de la Gerencia Municipal del Ayuntamiento.
Se decidió, así, terminar un conjunto de obras que, con motivo de la Exposición Universal de 1992, habían reordenado ambas riberas. En particular, ésta que es donde se asienta el recinto de la Cartuja y a la que, a través de este paseo y de su continuación, se tiene acceso.
El paseo sirve de continuación, por uno de sus extremos, al que discurre más allá del Puente del Cristo de la Expiración hasta el recinto de la exposición. Por el otro se une, una vez se cruza bajo el puente de Isabel II, al recorrido que por la orilla puede hacerse junto a la popular calle Betis.
El paseo consta de diversos ámbitos configurados principalmente por el cuidado acuerdo entre vegetación y pavimentos. Así, en la zona aledaña a la Plaza de Castilla, junto al Puente de Cristo de la Expiración, un conjunto de escalinatas permite la bajada al nivel del paseo con zonas pavimentadas mediante materiales prefabricados en consonancia con toda esa zona construida con motivo de la Exposición, surgiendo así un área donde se asientan quioscos y bares. Destacan notables laureles de indias y álamos con claro predominio de la vegetación arbórea sobre la arbustiva y tapizante. Ya en el propio paseo se combinan pavimentos de albero y espacios pavimentados con el típico adoquín de granito sevillano, aunque de formato más pequeño que el tradicional.
Los viejos callejones de la O y de la Inquisición, que bajo robustos arcos se asoman al paseo y lo conectan con la calle Castilla, dan aires de otros tiempos y cuajan de viejas leyendas esta ribera donde se situaron las antiguas almonas y que hoy permite contemplar bajo el perfil de álamos y sauces las dos caras –antigua y nueva- de una ciudad eternamente ligada a su río.
Al final del paseo nos encontramos con el edificio del Castillo de San Jorge y el Mercado de Triana. El castillo de San Jorge fue una fortificación medieval construida en la margen derecha del río Guadalquivir, usado también como sede y prisión de la Inquisición Española. Fue derribado en el siglo XIX para edificar un mercado de abastos. Actualmente en las ruinas subterráneas existe un centro museístico sobre el castillo, la Inquisición Española y sobre la represión religiosa.
Los visigodos crearon una fortificación en esa área junto al río para la defensa de la ciudad Spalis, nombre visigótico de Sevilla. Durante el dominio almohade, en 1171, Jucef Abu Jacub, rey de Isbilia, ordena la construcción en esa zona del río de un puente flotante sobre una hilera de barcas para unir las orillas este y oeste, el Puente de Barcas. Las cadenas de ese puente estarían unidas al entonces llamado Castillo de Gabir. Además, el mismo año el rey canalizó el agua del Guadalquivir desde el Castillo hasta el interior de la ciudad, gastando una suma de dinero inmensa. El conjunto defensivo estaba formado por el propio Castillo defendido por una muralla con diez torres, un foso y una barbacana. Una de éstas se descubre todavía a nivel del agua en el sitio conocido como la Enramadilla, cerca de la llamada Alcantarilla de los Ciegos, y también se observan reliquias de otra en un argamasón, en la calle de este nombre, que correspondía al sector llamado de Camaroneros. Estos dos puntos eran los extremos del gran foso, que corría la extensión de lo que se conocería como la Cava, entrando por él el Guadalquivir en sus mareas altas, como recoge Morgado.
Para facilitar la comunicación había en las principales avenidas portezuelas o alcantarillas, tales como la ya citada de los Ciegos, y otra destruida en la zona de San Jacinto, que flanqueaba el paso a las gentes del castillo de Aznalfarache. Fernando III de Castilla, con la ayuda de la flota de Ramón de Bonifaz, rompería las cadenas y con ella la barrera del puente. Esto ayudaría a Fernando III a tomar la ciudad en 1248. Desde dicha toma y hasta 1280 el castillo pertenecería a la Orden Militar de San Jorge, patrón de los caballeros y los soldados.
La importancia defensiva del castillo fue disminuyendo con los siglos y en 1481 se convertiría en sede de la Inquisición Española, que lo abandonaría en 1626 debido al continuo deterioro de sus muros a causa de las fuertes crecidas del río. Tras esto, fue cedido al conde duque de Olivares, el cual se ocupó de sus reparaciones y cuidados y de la vigilancia sobre las mercaderías realizadas a sus puertas. En 1639 volvería a ser de la Inquisición hasta su marcha definitiva en 1785. Fue entonces ocupado por el Colegio de las Becas. Entre 1800 y 1803, el castillo fue demolido y se crea un ensanche desde la plaza del Altozano hasta la calle Castilla, con la creación de una nueva calle denominada de San Jorge y se edifica un mercado de abastos.
A pesar de que el castillo era usado también como prisión, desde comienzos del siglo XVI la Inquisición tenía una "cárcel perpetua" situada en un local alquilado próximo a la Iglesia del Salvador. Se encontraba en la calle Azofaifo y pertenecía a Elvira de Zúñiga y de Guzmán.
De acuerdo con Giorgio Vasari, el artista florentino Pietro Torrigiano fue apresado por la Inquisición y fallecería en el Castillo de San Jorge en 1522 en una especie de huelga de hambre, aunque es posible que esta historia sea apócrifa.
En 1823 se instala en el solar del castillo el Mercado de Triana, que ha seguido en funcionamiento hasta la actualidad con sucesivas reformas. Bajo el mercado se llevaron a cabo numerosas excavaciones arqueológicas, que concluyeron en la necesidad de musealizar los restos. En 2009 el Ayuntamiento de Sevilla inauguró el proyecto del Castillo de San Jorge, creando así un centro de interpretación de las ruinas y de la represión religiosa que supuso la Inquisición Española.
El mercado de Triana se encuentra junto a la plaza del Altozano. En esta parcela existe una plaza de abastos desde 1823, aunque las actuales instalaciones datan de 2001. El arrabal de Triana, a principios del siglo XIX, era bastante populoso y la separación material que suponía el río provocaba, en algunas ocasiones, aislamiento frente a la ciudad. Este relativo distanciamiento la llevó a contar con su propio cementerio, su parroquia y su mercado. La zona comercial se extendía de forma difusa por la plaza del Altozano con instalaciones deficientes, insalubres y dispersas.
En el 1800, en esta parcela se encontraba el castillo de San Jorge en estado de ruina. El inmueble era entonces de titularidad de la Compañía de Jesús y, al extinguirse esta orden, el lugar pasó ser propiedad del Ayuntamiento de Sevilla y el Ayuntamiento planteó que la parcela del castillo sería el lugar apropiado para edificar un mercado. En 1822 el Ayuntamiento acordó la construcción de dicho mercado o plaza de abastos. El proyecto fue realizado por el arquitecto militar Tomás de Escacena y Anaya. El mercado se concluyó en 1823.
En 1983, al realizarse obras en uno de los puestos, aparecieron restos del antiguo castillo. En la década de 1980 las instalaciones del mercado estaban ya muy deterioradas y en 1987 se planteó el derribo del mismo para la construcción de uno nuevo. Las obras en el entorno posibilitarían el estudio arqueológico de los restos del castillo. La zona arqueológica tendría 1.986 metros cuadrados y contaría con un inmueble para el centro de interpretación de 202 metros cuadrados. El mercado tendría 4.000 metros cuadrados de planta, con unos cien puestos distribuidos en varias calles lineales. Junto al mercado se construyó un aparcamiento subterráneo de tres plantas. El nuevo mercado se inauguró en 2001. La zona arqueológica, con su centro de interpretación, se inauguró en 2009.
El mercado reúne numerosos locales de verduras y frutas frescas cultivadas en la región como las naranjas del aljarafe y los melones y sandías de Huelva, también hay pescadería, panadería y delicias culinarias típicas de Andalucía. Algunos de los hortelanos que venden sus frutos perpetúan esta tradición familiar por más de 100 años.
El sector gastronómico del mercado dispone de bares y restaurantes que ofrecen el menú del día con platos y preparaciones frescas como sopa de salmorejo, croquetas y otras tapas típicamente sevillanas.
En el sector dedicado al arte tradicional flamenco se exponen trajes típicos y accesorios para la danza y otras artesanías en cerámica hechas a mano por lugareños.
De planta rectangular y con uno de sus lados mayores frente al río, el mercado tiene tres accesos principales, la entrada junto al puente de Triana, la que se ubica en el frente opuesto al encuentro de las calles Callao y Castilla, junto al arco del callejón de la Inquisición y, por último, el acceso desde la Calle San Jorge, coronada por un rótulo antiguo que firma PLAZA DE ABASTOS.
En el interior de la plaza se distribuyen los puestos en calles paralelas y perpendiculares, formando una retícula ortogonal; con 5 largas calles atravesadas por una central y otra al final, junto al alto muro del viejo castillo. Sobre cada comercio aparece en cada caso su correspondiente numeración y el nombre pintado a mano sobre paneles cerámicos como manda la gran tradición alfarera de este barrio.
Pasear por el entramado de pasillos es toda una experiencia sensitiva, no sólo por la explosión visual y olfativa, sino también sonora, por las conversaciones que surgen entre paceros y vecinos, un ambiente auténtico que no ha perdido su esencia en todos estos años.
Como hemos referido anteriormente el mercado se sitúa junto a uno de los rincones más emblemáticos del barrio de Triana como es la Plaza del Altozano. El Altozano fue desde época medieval un lugar importante de la ciudad por que desde él partía el antiguo puente de barcas que comunicaba el barrio de Triana con Sevilla. Aparece por primera vez el topónimo relativo al Altozano en 1533, haciendo mención a la elevación del terreno existente ya entonces para enlazar con el puente. La existencia de este espacio público ha ido en la historia paralela a la del puente y del castillo ubicado junto a él para su defensa. Hitos importantes en su desarrollo fue en 1787, cuando se demolió una parte de la muralla de defensa del castillo allí existente. Otro momento trascendente fue la construcción en 1845, del actual puente de Triana, que hizo necesario elevar significativamente la altura de la plaza.
La plaza del Altozano constituye el centro de referencia del barrio de Triana. Se encuentra al terminar el puente de Triana e históricamente era el punto donde convergían los viajeros procedentes de San Juan de Aznalfarache, Tomares y Castilleja de la Cuesta, antes de atravesar el denominado puente de barcas, en dirección a Sevilla.
La actual plaza está conformada, sobre todo, por la arquitectura del primer cuarto del siglo XX. Destacan el edificio de la Farmacia Murillo, construido por el arquitecto regionalista José Espiau y Muñoz entre 1912 y 1914 y la casa obra de José Gómez Millán, en la esquina con la calle San Jacinto. En la misma plaza también sobresale la escultura del torero Juan Belmonte, muy vinculado con Triana y que fue inaugurada en 1972, obra de Venancio Blanco y otro dedicada al Flamenco, encargado a Jesús Gavira Alba en el año 1994.
En la plaza, junto al puente se encuentra la capilla del Carmen, obra del arquitecto Aníbal González, inaugurada en 1928 y que contiene un retablo de la Virgen del Carmen.
Desde la citada plaza se abren las principales vías históricas del Triana. La Calle San Jorge en la que se encuentra el Centro Cerámica Triana, antigua fábrica de Cerámicas Santa Ana, que tiene su origen en 1870 y que se ha convertido en sala expositiva en torno a la cerámica trianera.
Frente al puente se inicia la calle peatonal de San Jacinto, que constituye la antigua vía de comunicación con el Aljarafe.
Hacia la izquierda, se accede a la calle Pureza, donde destacan la iglesia de Santa Ana de estilo gótico mudéjar que data de finales del siglo XIII y la Capilla de los Marineros, que constituye la sede de la Hermandad de la Esperanza de Triana.
De forma paralela al río nace la calle Betis, que se comunica con la plaza a través de las escalinatas de Tagua, por su constructor Baldomero Tagua. A la altura de esta escalinata se levanta un torreón, inaugurado en 1924 como estación de pasajeros de la compañía naviera Sanlúcar-Mar que hacía la travesía fluvial desde Sevilla a Sanlúcar de Barrameda y que después fue un bar denominado el Faro y que en la actualidad está ocupado por un restaurante.
Como hemos referido anteriormente desde la plaza parte una de las calles con más sabor de Triana, sobre todo durante la semana santa, como es la calle Pureza. Esta se encuentra situada en el corazón del popular barrio de Triana, en la margen derecha del cauce histórico del Guadalquivir. Ubicada hacia el centro de la mitad occidental de la ciudad, conecta la plaza del Altozano, donde tiene su inicio, con la calle Troya, donde termina, avanzando siguiendo una dirección sureste.
Se emplaza muy próxima al río y siguiendo un trazado casi paralelo a él. En su recorrido son varias las calles que le llegan por su lado derecho, como son la calle Fabié, Rocío, Vázquez de Leca o Bernardo Guerra; mientras que por la izquierda le llegan algunas otras de muy corto recorrido debido a la proximidad del río, como la calle Arfián, la calle Juan de Lugo, la calle Duarte, o la calle Luis de Cuadra.
Se trata de una calle de mediano recorrido y de trazado algo anguloso. Presenta algunas irregularidades en la alineación de sus casas, en especial en los tramos más próximos al Altozano, lo que da lugar a anchuras no constantes a lo largo de ella.
Cuenta con edificaciones muy heterogéneas, en general edificios residenciales de dos a cuatro plantas de altura, bastantes de ellos con locales para comercio en la planta baja, en especial en la zona más cercana a la citada plaza del Altozano donde se sitúan tanto los edificios de mayores valores arquitectónicos como la mayoría de los bares y comercios más tradicionales.
La calle cuenta con otros inmuebles del XVIII e incluso del XVII, pero la mayoría de ellos son de los siglos XIX y XX. De cualquier forma, incluso en las reformas más recientes, se ha dado en general a los inmuebles un sentido estético bastante uniforme en torno a las viviendas decimonónicas, lo que dota al conjunto de la calle de una cierta armonía muy hermosa.
Para terminar, podríamos hacer una referencia al nombre de la vía, Pureza. Aunque existiera desde antes, las primeras menciones al nombre de la calle que aparecen son de principios del siglo XVI, cuando se la llamaba calle Ancha de Santana. Con este nombre permaneció durante siglos, hasta que ya a principios del siglo XIX se la empezó a denominar Larga de Santana.
Pasó a denominarse calle Pureza en 1859, en el quinto aniversario de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción de María. Sin embargo, Sevilla fue desde mucho antes una firme defensora de la creencia de que la Virgen vino al mundo sin el pecado original con el que venimos los mortales. Así que fue concebida pura, sin mácula, Inmaculada.
Casi en mitad de la calle y en su margen izquierda, según caminamos por ella, nos encontramos con uno de los lugares, seguramente más querido por todos los trianeros, como es la Capilla de los Marineros en cuyo interior se ubica la Hermandad de la Esperanza de Triana. En 1758 la Cofradía de Nuestra Señora de la Esperanza tomó a tributo una parcela en la que había un par de casas de una capellanía vacante de la Parroquia de Santa Ana que había sido fundada por Sebastián Bernal. En el contrato se comprometieron a invertir en la parcela 10 000 reales en la construcción de su capilla y a pagar un tributo de tres reales anuales. Fue concluida en 1815. En su interior había cuatro retablos. En el retablo mayor se encontraba Jesús flanqueado por San Juan Evangelista y María Magdalena. En el lado de la epístola estaba Nuestra Señora de Guía y una Santa Cruz. También contaba con una Virgen en sus misterios dolorosos y una pequeña escultura de Jesús atado a la columna.
Tras la revolución liberal de 1868 la capilla fue incautada por el Estado. Las imágenes fueron llevadas a la cercana Iglesia de San Jacinto. En 1873 la capilla fue adquirida en subasta pública por los ingleses Francisco Augusto Bevan y Lewen Street Tugwell. Fue hecha iglesia anglicana, pasando luego por diversos usos, como teatro, cabaret, cine, almacén de corcho y de carbones. En 1917 fue vendida a Carlos Jorge Welton Niño, que el 8 de octubre de 1940 se la vendió a la Hermandad de la Esperanza de Triana por una cantidad simbólica.
En 1959 comenzaron las obras de reparación con un proyecto de Aurelio Gómez Millán. La bendición tuvo lugar en 1962 y el Viernes Santo de ese año la cofradía terminó su estación penitencial en su nueva sede.
En el año 2010 se iniciaron obras de ampliación, según proyecto arquitectónico de José Ramón Rodríguez Gautier, y gracias a la compra por parte de la hermandad de fincas adyacentes a la capilla. En la reforma integral del templo se incluyen dos nuevos retablos y modernos sistemas de seguridad para las imágenes. Tras las obras, el 29 de abril de 2010, la capilla fue bendecida por Juan José Asenjo Pelegrina, arzobispo de Sevilla. El sacerdote José Sebastián y Bandarán, que recibió la Medalla de Oro de la hermandad en 1967 y que fue director espiritual de la hermandad, fue enterrado en esta capilla en 1987.
El templo consta de tres naves longitudinales y paralelas, aunque al exterior se hace visible una sola crujía. Sobre el pórtico de la capilla se encuentra en una hornacina la imagen de la Inmaculada Concepción, obra de Antonio Illanes Rodríguez en 1962, y tallada en barro cocido.
La nave central coincide en sus medidas con las de la primitiva capilla. Se cubre con un artesonado neomudéjar procedente del Colegio Villasís. El retablo mayor es barroco y procede del convento de la Merced de Osuna; se compone de dos cuerpos y tres calles, separadas cada una por estípites y con temas de hojarasca. El retablo mayor fue realizado en torno a 1775. En la parte central del retablo se encuentra la Virgen de la Esperanza, conocida como la Esperanza de Triana o "Reina de Triana", es una imagen religiosa de autor anónimo que ha sufrido importantes remodelaciones y restauraciones a lo largo de su historia, los estudios actuales apuntan a una posible atribución de la imagen dolorosa al imaginero Juan Bautista Petroni. En 1898 un incendio asoló el altar donde se encontraba esta Virgen en la iglesia de San Jacinto. Por ello, Gumersindo Jiménez de Astorga intervino en el rostro y las manos de la dolorosa. El imaginero José Ordóñez en el año 1913 actúa en el rostro de la imagen otorgándole los rasgos actuales y haciendo de esta dolorosa el primer ejemplo de "virgen castiza" que tanto se popularizó posteriormente en los años 20 del pasado siglo. En el ático se localiza un relieve de Dios Padre y, en la puerta del sagrario, un Cristo Redentor.
Al lado de la nave del evangelio hay una nave más pequeña donde se encuentra la capilla del Sagrario. En este lugar hay un retablo de ebanistería neobarroca que acoge la imagen del Santísimo Cristo de las Tres Caídas, obra atribuida a Marcos Cabrera fechada en el primer tercio del siglo XVII.
En el lado de la epístola se abre otra nave, en cuyo testero se levanta un nuevo retablo neobarroco con San Juan Evangelista, obra de Luis Álvarez Duarte. Otros dos retablos en esta nave están dedicados a las Ánimas del Purgatorio, con pintura de 1964 debida a José Antonio Rodríguez, y a Jesús de la Humildad y Paciencia, del siglo XVIII.
En el mes de diciembre del 2012 se colocó el azulejo de la Esperanza de Triana, de la década de 1940, en el lado derecho de la capilla. Antes estaban en la Casa de los Artistas en la calle Covadonga. Fue realizado por la Fábrica El Carmen. El 31 de mayo de 2013 fue bendecido el nuevo azulejo del Cristo de las Tres Caídas en el lado izquierdo de la fachada de la capilla, con un marco similar al de la Esperanza. El azulejo del Cristo fue realizado por Emilio Sánchez Palacios.
Una vez visitada la iglesia continuamos nuestro caminar por la calle Pureza y en su margen derecha a la altura del número 72 podemos contemplar el edificio de la Casa Quemá. Se trata de una casa palacio que a lo largo de su historia ha perdido su uso original hasta convertirse en casa o corral de vecinos. La leyenda vincula su fundación al Inquisidor Mayor Tomás de Torquemada. La relación con Tribunal es posible habida cuenta de la cercanía de su sede en el Castillo de San Jorge; si bien algunas de sus dependencias se abrían trasladado a la Calle Pureza, en concreto una de sus secretarías estuvo situada en la esquina con Rosario a lo largo del siglo XVI.
Formalmente, el edificio responde a la tipología de casa-patio, con dos plantas. Ocupa una parcela estrecha y alargada, con un desarrollo perpendicular a la calle Pureza. Esta característica está prácticamente compartida por la gran mayoría de los inmuebles de esta zona del barrio, configurándose un callejero de trama ortogonal, cuyos ejes principales se orientan norte-sur, en sentido paralelo al Guadalquivir. De esta organización se derivan unas manzanas rectangulares marcadas por una medianería más o menos regular que separa parcelas con salida a los lados este y oeste respectivamente.
En su fachada se abren tres vanos de acceso, de los cuáles uno se sitúa en eje directo con el patio, siendo el principal excéntrico al mismo, pese a no presentar el clásico codo previo. La planta se organiza en función de un patio, de tres frentes columnados. Las distintas habitaciones se distribuyen alrededor del mismo, mientras que en el fondo de la parcela se ubican dos patinillos aislados en cierta medida del núcleo central. Esta diversificación obedece a las modificaciones que acarreó su uso como casa de vecinos.
Unos metros más arriba, en su margen derecho de la calle Pureza, y frente al ábside de la iglesia de Santa Ana, podemos contemplar y visitar el edificio de la Casa de las Columnas. Debe emplazarse aproximadamente sobre el espacio de la desaparecida capilla de la Virgen del Buen Aire; además de la tradición general puede apoyar la aseveración el hecho de que el presbítero Fernando Narbona, cuando levantó hacia 1780 la Casa de las Columnas, colocó en el jardín una cruz de madera en el lugar que ocupó el sagrario.
Tras la desamortización, la casa fue adquirida junto con otras viviendas de la calle Betis por el cubano Rafael González Abreu, promotor de la creación del Instituto Hispano Cubano de Historia de América. En nuestro siglo pasó a ser casa o corral de vecinos, siendo declarado el edificio en 1973 en estado de «ruina total», ordenándose el desalojo del mismo. En 1984 el Ayuntamiento compra al Instituto Hispano Cubano de Historia de América los restos de la Casa de las Columnas por 12 millones de pesetas y en marzo de 1987 se adjudican las obras de rehabilitación del edificio, finalizándose en el verano de 1989. Actualmente el edificio alberga un Centro Cívico del Ayuntamiento de Sevilla en cuyo interior se albergan varias dependencias municipales además de una biblioteca pública.
El edificio es de planta rectangular algo escorada hacia la izquierda y ocupa la zona derecha de la manzana formada por las calles Pureza, Duarte, Betis y Juan de Lugo. Tiene fachada a dos calles, Pureza y Betis, estando la entrada principal en la primera de ellas. Se trata de una Casa Patio de finales del siglo XVIII en estilo barroco sevillano. Las estancias se distribuyen en torno a dos patios situados ambos en el eje longitudinal que, desde la portada de la calle Pureza atraviesa el edificio. La crujía de fachada alberga tres estancias, el zaguán que da paso al patio de mayores dimensiones, y dos salas, una a cada lado del eje. Este patio es de planta cuadrada, con arquerías sobre columnas y pilares. Las columnas son toscanas y los pilares de sección rectangular. Estos últimos sostienen un arco carpanel, mientras que los restantes arcos son de medio punto. Desde aquí se accede a la zona central del edificio donde, flanqueando siempre el eje longitudinal de entrada, se disponen varias estancias. En el lado derecho arranca la escalera, de tipo imperial, encuadrada por dos pilares con dos pilastras a los extremos que sostienen tres arcos de rosca irregular; el central rebajado y los laterales escarzanos. En el piso alto, el desembarco de la escalera se organiza de forma similar al arranque. La zona posterior del edificio se organiza en torno a un patio de pequeñas dimensiones y planta cuadrada, con cuatro pilares achaflanados de ladrillo en limpio que soportan arcos muy rebajados que dan paso a un sencillo cuerpo superior horadado por ventanas rectangulares. La fachada principal de la calle Pureza se articula a través de grandes pilastras toscanas, cajeadas, sobre pedestales. En el centro se abre la portada, encuadrada por columnas toscanas también sobre pedestales de fábrica de ladrillo enfoscada. Sobre esta portada, fragmentos de entablamento con artísticos canecillos soportan el balcón principal. La puerta de ingreso y el balcón se enmarcan por molduras mixtilíneas y sobre el arco muy rebajado de la puerta se lee la fecha de construcción: 1780. En el primer piso, a ambos lados del balcón, se sitúan sendos balcones con tejaroz situados también sobre trozos de entablamento similares a los del balcón. Remata la fachada un potente entablamento en el que destacan gruesos modillones que sostienen la cornisa que soporta a su vez el alero del tejado. La fachada posterior a la calle Betis es de carácter secundario y menor empaque. Se organiza en tres plantas, existiendo esta tercera planta o ático sólo en la crujía de fachada. La portada está ejecutada en piedra y su diseño es sencillo, a base de dos pilastras toscanas que encuadran un vano adintelado sobre el que se sitúa un entablamento con canecillos, sobre el que se sitúa el balcón. El ático se articula por medio de pilastrillas toscanas entre las que se disponen ventanales de medio punto y dos espacios vacíos más estrechos. Una cornisa con canecillos sostiene el alero del tejado. La fábrica del edificio es de ladrillo enfoscado, excepto la portada de la calle Betis ejecutada en sillería. La cubierta del inmueble es de armadura de madera con cubrición de teja cerámica.
Como hemos referido anteriormente enfrente de la Casa de las Columnas podemos contemplar el ábside de la Parroquia de Santa Ana cuya fachada principal se ubica en la plazuela del mismo nombre. Es una iglesia parroquial de estilo gótico-mudéjar, declarada Bien de Interés Cultural, cuya construcción se inició a finales del siglo XIII y es conocida popularmente como la Catedral de Triana.
Comenzó a construirse en el año 1266, por orden del rey Alfonso X. Su origen se debe, según reza la inscripción de uno de sus muros, a la curación del monarca de una enfermedad que padecía en los ojos, mediante la intervención milagrosa de Santa Ana.
Tras la conquista de la ciudad, Alfonso X creó un pequeño pueblo a raíz de un núcleo de población que existía alrededor del Castillo de San Jorge, en el barrio de Triana, donde se fundaría la Parroquia de Santa Ana.
En un principio esta iglesia debió estar fortificada, ya que fue la primera que se levantó extramuros de la ciudad tras su reconquista, conservándose los característicos remates almenados sobre las cubiertas de sus terrazas. La construcción debió quedar terminada a principios del siglo XIV, cuando se colocó la inscripción mencionada anteriormente. Durante la primera mitad del mismo siglo se levantó la torre. A finales del siglo XIV se reedificó el templo, probablemente deteriorado por los daños ocasionados por el terremoto de 1356.
En el siglo XV se continuó el proceso constructivo, levantándose en la nave de la izquierda, la denominada Capilla del capitán Monte Bernardo constituida por dos tramos cubiertos con bóvedas estrelladas. A mediados del siglo xvi se erigió La Capilla Sacramental, más cercana a la cabecera y de planta cuadrada, y a principios del siglo xvii se acomete la Capilla Bautismal, también de planta cuadrada y cubierta con una bóveda semiesférica, en 1680 se cubre también la capilla Sacramental con una bóveda del mismo tipo.
El Terremoto de Lisboa de 1755 dañó seriamente el edificio, que fue remodelado por el arquitecto Pedro de Silva, momento en que se modificó sensiblemente la imagen de las portadas y la cabecera. Sobre el año 1920 se restauró la portada gótica de la nave de la izquierda, donde aparece al exterior una pequeña lápida de un antiguo cementerio parroquial, y en 1972 fue objeto de una completa restauración que llevó a cabo el entonces arquitecto conservador del Alcázar, Rafael Manzano, en la que hizo desaparecer la decoración interior de carácter barroco.
La Iglesia de Santa Ana está declarada Bien de Interés Cultural y fue catalogada como Monumento en 1931. En el año 2010 se terminó la restauración del retablo de la iglesia, devolviéndole todo su esplendor.
La iglesia tiene tres portadas al exterior, la que mejor conserva su aspecto original es la lateral, correspondiente a la nave del evangelio, compuesta por un arco abocinado de forma ojival, con siete pares de columnillas rematadas con capiteles decorados con elementos vegetales, con sus correspondientes arquivoltas; la exterior acabada en una perfecta línea de puntas de diamantes más un baquetón en zigzag. Toda la portada, realizada en piedra, se enmarca bajo un gablete apuntado sobre el que aparece el escudo de Castilla.
La portada de la nave de la epístola se encuentra muy reformada, está construida en ladrillo y se compone de tres arcos apuntados que arrancan de una imposta sin decoración alguna.
La torre se encuentra algo desplazada del cuerpo de la iglesia y puede fecharse hacia la primera mitad del siglo XIV, como prueban sus arcos poli lobulados enmarcados en alfices. Es del tipo de torre mudéjar, rehecha en el siglo XVI. A partir de 1629, Martín Izquierdo, conforme a los diseños de Diego López Bueno, levantó el segundo cuerpo y un chapitel revestido con cerámica vidriada en colores blanco y azul. En el siglo XVIII se consolidan los cuerpos superiores y el chapitel, también afectados por el terremoto de Lisboa de 1755, adoptando la torre el aspecto barroco que permanece en la actualidad.
Es una iglesia con planta rectangular, sin crucero y cuyo interior cuenta con tres naves. La nave central es más alta y ancha que las laterales. Las tres tienen un techo de forma ojival o de lanceta, muy usual en el gótico del siglo XIII. Esos techos tienen una serie de nervaduras que sostienen las bóvedas. Las columnas que sostienen los techos tienen en su parte superior ménsulas decoradas con cabezas humanas, leones, castillos y hojas de vid. Toda la construcción de la iglesia se realizó en ladrillo, quedando relegada la piedra solo a las nervaduras y a los arcos, a la portada, a las columnillas y a las ménsulas.
El retablo mayor, situado al final de la nave central, se adapta a la forma poligonal del ábside donde se encuentra. Está compuesto por tres cuerpos, siete calles y ático. En 1542 se contrató la construcción del retablo mayor con el artista Nufro Ortega, que subcontrató labores técnicas para su realización con Nicolás Jurate.
En 1557 se encargó su pintura y dorado a Antón Pérez, Andrés Ramírez, Andrés Morín, Antón Sánchez de Guadalupe, Pedro Ximénez, Pedro de Campaña y Luis Hernández. En 1564 consta que la obra no estaba terminada y que los artistas, con excepción de un artista que había muerto y de Pedro de Campaña, que ya había regresado a Bruselas, se comprometían a finalizarla el año siguiente. El retablo contiene escenas de la vida de santa Ana, san Joaquín y de la Virgen María hasta el Nacimiento de Cristo.
En el centro de todo el conjunto hay una hornacina con las imágenes de su titular, santa Ana, con la Virgen y el niño, obra de la segunda mitad del siglo xiii, restauradas a principios del siglo XVII por Francisco de Ocampo.
En el año 2010 se terminó la restauración del retablo de la iglesia. La intervención fue acometida durante dos años por el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico. El retablo de la capilla colateral izquierda fue realizado alrededor de 1710, por Miguel Franco. Se encuentra compuesto por banco, un cuerpo de tres calles divididas por columnas de carácter salomónico y ático. En la hornacina central se halla una imagen de la virgen del Rosario.
El retablo de la capilla sacramental también fue realizado por Miguel Franco entre 1709 y 1713. En el centro del mismo se encuentra la imagen de una Inmaculada del siglo xvii. En la capilla cuelga un lienzo de la Resurrección, original de Alonso Vázquez.
Como hemos mencionado anteriormente en una de las fachadas de la iglesia se sitúa la Plazuela de Santa Ana que es atravesada por la calle Pelay Correa, la cual toma su nombre del célebre militar portugués Pelayo Pérez Correa, que al servicio del rey Fernando III el Santo estuvo encargado de dirigir el cerco del arrabal de Triana durante la reconquista de Sevilla, en el año 1248.
Con casi 400 metros de longitud, enlaza las calles Rodrigo de Triana y Victoria, que es su continuación, donde tiene su inicio, con la calle Troya en donde acaba, siguiendo una trayectoria que tras un recodo inicial es paralela al antiguo curso del río Guadalquivir, del que le separan sólo dos manzanas. En dicho sentido por la derecha le acometen el pasaje Bernal Vidal y la plazuela de Santa Ana; y por la izquierda las calles Torrijos, Vázquez de Leca y Bernardo Guerra.
Con edificios muy heterogéneos tanto en estilo como en altura, es una calle con un predominante carácter residencial, que, no obstante, cuenta con algunos establecimientos comerciales destinados a la hostelería concentrados en las proximidades de la plazuela de Santa Ana, hacia la mitad de su recorrido.
Entre sus establecimientos podemos encontrar una freiduría, un comercio de almentación, una peña bética, una bodega del siglo XVIII y tres bares, uno de 1932 y una taberna junto a la plazuela de la Señora Santa Ana y otro al final de la calle.
Entre sus elementos decorativos presenta un retablo cerámico de la Virgen del Rocío al inicio de la calle y otro de la Divina Pastora en la fachada de la iglesia, frente al cual también existe un azulejo conmemorativo.
Finalmente llegamos a la calle Troya para al final de la misma girar a la izquierda y seguir nuestro paseo por otra de las calles emblemáticas de Triana como es la calle Betis. Decir Calle Betis es decir Triana. Porque esta calle no solo es la vía más conocida y popular de ese barrio, también es el gran y colorista escaparate de una de las zonas más populares y castizas de Sevilla. Las fachadas de sus casas hacen frente, Guadalquivir mediante, a algunos de los principales monumentos del casco histórico de Sevilla (Torre del Oro, Plaza de Toros y Teatro de la Maestranza, la Catedral y la Giralda y, algo más allá, las torres de la Plaza de España). Una soberbia panorámica que se puede disfrutar, copa de vino o cerveza en mano, desde alguno de los muchos bares y restaurantes que caracterizan también a esta calle.
Por tanto, la Calle Betis discurre paralela al curso del río Guadalquivir, frente al casco histórico de la ciudad. Toma su nombre del río, al que llamaron así los romanos, y enlaza la plaza de Cuba con la del Altozano. Ambas son espacios importantes en la vida del barrio, pues suponen el enlace con el resto de la ciudad a través de los puentes de San Telmo y de Isabel II. Éste es más conocido, simplemente, como el Puente de Triana.
Un alto muro (zapata de fábrica) sobre eleva esta calle respecto al río, preservándola de posibles inundaciones, no tan habituales en la actualidad, pero sí en el pasado. Respecto a los edificios que jalonan la calle no existe una uniformidad urbanística, aunque predominan las casas estrechas de, como mucho, cinco alturas, cada una pintada con un color diferente. Esto configura un alegre collage que supone una de las estampas más típicas de la ciudad.
La mayor parte de las plantas bajas de esas casas las ocupan locales comerciales, fundamentalmente bares y restaurantes. Muchos de ellos, además, ofrecen terrazas junto al río que, con el buen tiempo, se convierten en el mejor mirador al resto de la ciudad. Sobre todo, durante esos mágicos atardeceres dorados con que suele regalar Sevilla a sus vecinos y visitantes.
La tradición “barista” de esta ribera del Guadalquivir viene de lejos. En concreto de la época en que la Sevilla actual estaba conformada por dos municipios diferentes separados por el río. Por un lado, la Isbiliya puramente musulmana y, por otro, Madinat al Taryana, donde se asentaban las tabernas cristianas. Cuentan las leyendas de aquella época que el barquero que ayudaba a la comunicación entre ambas localidades multiplicaba su trabajo en cuanto llegaba la noche.
Otra curiosidad de la Calle Betis: el urbanismo actual de esta vía tiene su origen a mediados del siglo XIX, cuando se “levantó” de la ribera del río mediante la construcción de la citada zapata de fábrica (un muro de contención). De esta forma, se conjuró el peligro de las frecuentes inundaciones y también se ganó en salubridad. Pero es que, además, ese muro frente al río convirtió a la calle en el mejor anfiteatro para contemplar la zona más escenográfica de la ciudad.
Por su enclave privilegiado en la ciudad, muchos escritores han hablado de esta vía en sus obras, como Cervantes, Camilo José Cela, Luis Montoto o Antonio Burgos. Rafael Laffón en la obra Sevilla del buen recuerdo, describe detalles de la vía en el año 1900. Ha servido también como escenario literario eventual en algunas ocasiones.
En la esquina de la calle Troya con Betis, existía una casa destruida por la explosión del Molino de la Pólvora, en la que Miguel de Cervantes, localiza a principios del siglo XVII, en su novela ejemplar Rinconete y Cortadillo, el denominado patio de Monipodio, desde donde este personaje gobernaba el mundo del hampa sevillana.
En el siglo XIX, el escritor francés Prosper Mérimée sitúa en esta calle el domicilio de Carmen, la gitana cigarrera, protagonista de su novela del mismo nombre y de la popular ópera compuesta por Bizet.
A finales del mes julio, se celebra en esta calle en su zona más próxima al Altozano, la denominada velá de Santiago y Santa Ana, fiesta declarada de Interés Turístico de Andalucía, que puede datar del siglo XIII, en la que se levantan casetas junto al río y que ilumina y llena de color las noches del barrio de Triana.
Al final de la calle Betis llegamos de nuevo a la Plaza del Altozano donde junto a ella, como hemos referido anteriormente, se sitúa la Capilla del Carmen y uno de los símbolos del barrio, si no el que mas, como es el Puente de Isabel II o como es conocido popularmente como el Puente de Triana.
La capilla Está ubicada en el lado oeste del Puente de Triana y fue construida diseñada por el arquitecto Aníbal González y su construcción finalizó en 1928.
En 1918 se construyó un nuevo tablero más ancho y robusto para el puente de Triana y eso trajo consigo el ensanche de las calles que desembocaban en él. La ampliación de la calle por el lado de Triana produjo que la entrada del puente se acercara más a la puerta del mercado de abastos. Por esto se construyó una escalera frente a la entrada del mercado para poder acceder al puente. Esta obra también trajo consigo la destrucción de la antigua capilla existente. La devoción de los vecinos por la Virgen del Carmen llevó al Ayuntamiento a encargar una nueva capilla al arquitecto Aníbal González, que se finalizó en 1928.Se trata de un edificio de pequeñas dimensiones y está realizada de ladrillo visto y cerámica de Triana, obra de Emilio García García, que colaboró en el proyecto junto a Aníbal González.
La construcción consta de dos cuerpos unidos por otro rectangular. Uno es un edificio bajo con una cúpula recubierta de cerámica. En la cúpula se encuentra el escudo de la Orden del Carmen. Sobre la cúpula hay un pequeño templete con columnas verdes y dentro del mismo unas esculturas de Santa Justa y Rufina que escudan a la Giralda. El segundo cuerpo de planta octogonal, es una torre más esbelta y alta a modo de campanario. Por sus pequeñas dimensiones, ha sido comparado con un templete o humilladero.
La capillita actual es la tercera (al menos que sepamos), dedicada a la devoción del Carmen en Triana y está ligada históricamente al cuadro de la Virgen con el Niño que en ella se venera. La pintura es un óleo sobre lienzo, anónimo del siglo XVIII. Nos muestra a la Virgen sedente, con el Niño sentado sobre su pierna izquierda. La Virgen viste el hábito carmelita, porta en su mano derecha el escapulario de la advocación y ambas figuras portan coronas de plata en relieve sobre sus cabezas.
El Puente de Isabel II, conocido popularmente como Puente de Triana une el centro de la ciudad con el barrio de Triana, cruzando el río Guadalquivir. Sustituyó en el siglo XIX a un viejo puente de barcas que existía en su lugar, constituyendo el puente de hierro más antiguo conservado en España. Su construcción finalizó en 1852, bajo el reinado de Isabel II, motivo por el que ostenta dicho nombre.
La construcción de un puente sobre el río Guadalquivir no ha sido una empresa fácil a lo largo de la historia y, como prueba de esta dificultad, se encuentra el hecho de que hasta el siglo XIX nadie había completado la construcción de un puente fijo a lo largo de la ribera del río comprendida entre Córdoba y Sanlúcar de Barrameda. A la altura de la ciudad de Sevilla, los romanos desecharon la idea de unir las dos orillas mediante la construcción de un puente estable, posiblemente por problemas de cimentación de las tierras próximas al río, que eran demasiado blandas y arenosas.
Los árabes optaron por la solución de un puente de pontones y, así, en el año 1171, bajo gobierno del califa almohade Abu Yacub Yusuf, se construyó un puente de barcas que constaba de trece barcas amarradas con cadenas sobre las que se apoyaban fuertes tablones de madera. Su emplazamiento coincidía con el del actual Puente de Isabel II, a la altura del castillo que había en el lado de Triana y a la altura de la puerta de la muralla en el lado de la ciudad. Solo en 1845, cuando se iniciaron las obras de construcción del actual puente, se trasladó su emplazamiento a la altura de la Plaza de Toros de la Maestranza. El conocido como Puente de Barcas se mantuvo tras la conquista cristiana de la ciudad y perduró hasta la construcción del actual, del siglo XIX. Las abundantes crecidas y el fuerte tránsito existente entre las zonas de Triana y Sevilla, hacían necesario un constante mantenimiento de este puente de barcas. En tiempos de Felipe II se dictaron varias ordenanzas municipales acerca de su mantenimiento. Entre ellas había una que advertía de la prohibición de amarrar barcos al mismo.
La importancia estratégica de este enclave ha dado lugar a que tuvieran lugar en el antiguo puente de barcas dos batallas fundamentales cuando se ha intentado tomar la ciudad. En primer lugar, durante la conquista de Sevilla, en el 1248, cuando la flota de Bonifaz rompió las cadenas del puente, y en segundo lugar en la batalla del Puente de Triana en 1812, durante la Guerra de la Independencia.
En el siglo xvi, especialmente en su segunda mitad, en un momento en que los recursos económicos parecían estar disponibles, el cabildo municipal estudió varios proyectos para ejecutar un puente. A título de ejemplo se cita el proyecto elaborado en 1563 por Fabricio Mondente, en el que se ofrecía a realizar un puente de madera y hierro. Ante este ofrecimiento el Cabildo propuso reunir una comisión para estudiar la propuesta, incluyéndose la construcción de una maqueta que ilustrase el proyecto.
En 1578, el conde de Barajas también promovió ante el cabildo, la construcción de un puente, para ello argumentaba el alto coste anual que representaban las reparaciones del puente de tablas, las personas ahogadas y los graves perjuicios ocasionados durante la ruptura del puente hasta su reparación, labores que llegaban a ocupar un mes, durante el cual las mercancías no podían atravesar el río.
En 1629 el entonces asistente de la ciudad, Diego Hurtado de Mendoza y Guevara, vizconde la Corzana, promovió el proyecto de la construcción de un puente de piedra, que fue diseñado por Andrés de Oviedo. A finales del siglo xvii, Ginés y Pedro de San Martín concibieron otro proyecto de un puente de piedra.
En el siglo XIX el puente de barcas seguía presentando inconvenientes derivados de estar sujeto por pontones de madera, que estaban a merced de las corrientes del río. En alguna ocasión las barcas se habían soltado generando un problema de costosa reparación. Tras uno de estos accidentes, el teniente general Tomás Muñoz redacta un informe en 1803 en el que sugiere que las barcas deberían anclarse siguiendo una trayectoria curva y que se debería de desviar parte de la corriente del río por otros cauces antiguos. La desviación del cauce del río sería llevada a cabo por la Junta de Obras del Puerto a principios del siglo xx con el Plan de Delgado Brackenbury.
Con la ayuda de la una Real Orden de 1824, el asistente José Manuel de Arjona favoreció la construcción de un puente fijo. Ese año se realiza un informe para la construcción de un puente de piedra o colgante. Con posterioridad se suceden varios planos: el puente de piedra de Silvestre Pérez (1825), el de Bellevue (1827), y dos de José Agustín Larramendi (uno de un puente de hierro y otro de un puente colgante). El consistorio redactó otro documento sobre el tema el 20 de diciembre de 1831. En dicho documento, se proponía un puente singular en Europa, sin pilares, y sostenido por un gran arco de piedra rebajado de 453 pies. Como no había una piedra adecuada para ello en Andalucía, se propuso traerla en barco de lugares del norte, como La Coruña, Ferrol, Asturias, Santander, Castro-Urdiales o Bilbao.
En 1833 un ingeniero de la Dirección General de Caminos, Pedro Miranda, proyectó un puente colgante sobre el Guadalquivir en Sevilla que era similar al que él mismo había construido en Aranjuez.
En junio de 1842 la Dirección General de Caminos, Canales y Puertos encarga un informe al Ayuntamiento de Sevilla en el que se especifica que el puente estaba formado por 10 barcas de 7 varas de manga, con vanos entre ellas de igual medida. La longitud total del puente era de 157 varas y los accesos medían 38 varas. En aquel entonces era preciso reponer una barca al año y realizar labores de mantenimiento en todas ellas, lo que suponía un gran gasto de mantenimiento.
En septiembre de 1842 el ayuntamiento acordó por unanimidad llevar al Regente la necesidad de la financiación de un puente. Se escogió un proyecto de puente de M. Jules Seguin, que entonces llevaba a cabo la construcción de varios puentes colgantes por España. El ayuntamiento también acordó pedir al Estado la imposición de una tasa (pontazgo) para los caballos y los carruajes que hicieran uso de esa infraestructura.
Los ingenieros franceses Fernando Bernadet y Gustavo Steinacher trabajaban en El Puerto de Santa María en la construcción de dos puentes, llamados de San Pedro y San Alejandro. Los dos puentes sustituirían a dos puentes de barcas en la carretera de Sevilla-Cádiz y se inauguraron en 1846.
En marzo de 1844 Bernadet y Steinacher presentaron al Ayuntamiento sevillano tres propuestas de puentes: de piedra, colgado de alambres y de hierro colado con dos pilastras centrales. Explicaron las características y ventajas de cada modelo a la Comisión de Puente del Municipio y mencionaron también la experiencia adquirida por los franceses con el Puente de Austerlitz de París y el Puente del Carrousel de la misma ciudad. En abril de 1844 la Comisión dio su aprobación a la edificación del puente con arcos de hierro y dos pilares en el río, por su solidez y belleza. El puente costaría 12 millones de reales, que se pagarían durante 25 años.
El Ayuntamiento había solicitado al Estado el derecho de imponer un pontazgo (tasa para pasar por el puente) durante diez años para financiar el puente. En abril de 1844 el Ayuntamiento recibió la autorización para instaurar dicho pontazgo. No obstante, en noviembre el ayuntamiento solicitó una autorización para sustituir el pontazgo por dos portazgos (tasa por pasar por una determinada zona). La autorización le fue concedida. Los portazgos se pagaban en El Tardón y en el Patrocinio. El dinero recaudado iría para pagar la construcción del puente, pero, mientras esta construcción no empezase, se destinarían los fondos a la Diputación Provincial para costear la carretera de Huelva.
El concurso público para la obra fue anunciado en el Boletín de la Provincia el 14 de diciembre de 1844, con la esperanza de adjudicar la construcción el 15 de febrero. Entre otras condiciones, se impuso que las piezas de fundición fueran hechas en España y el plazo de ejecución fue fijado en tres años.
El 15 de febrero se presentaron seis proposiciones, con diferentes plazos para el cobro. Antonio del Valle ofreció ejecutar la obra con un plazo de cobro de 29 años y 6 meses; Benito Ferrer con 16 años; Calixto Barbouza, con 23 años y 11 meses; y Bernadet y Steinacher por 17 años, 10 meses y 9 días.
Los escogidos fueron los franceses Berdarder y Steinacher, a los que también se les contrató para trasladar el Puente de Barcas más al sur para poder construir el nuevo en su lugar.
El diseño escogido era análogo al del Puente de los Santos Padres o Puente del Carrousel sobre el río Sena, que había sido ejecutado en 1834 por el ingeniero francés Polonceau. El puente parisino fue demolido a comienzos del siglo XX y sustituido por uno de hormigón. El Puente de Triana sería más grande que el francés, ya que la anchura del Sena en aquel lugar era solamente dos tercios de la del Guadalquivir a su paso por Sevilla.
A finales de abril de 1844 la Junta Consultiva de Caminos y Canales aprobó el proyecto del puente que presentaron los ingenieros franceses, no sin añadir cuatro prescripciones técnicas adicionales. La cuarta de estas prescripciones era que la piedra de la Isla de San Fernando, prevista para todos los elementos pétreos de la infraestructura, debería sustituirse por piedra de otro lugar por motivos estéticos, al menos, en los paramentos. El traslado del Puente de Barcas se llevó a cabo el 30 de junio de 1845 y costó 70 000 reales.
En agosto la Comisión de Puente Municipal dio su aprobación a la sustitución de la piedra de la Isla de San Fernando, en la provincia de Cádiz, por piedra de zona de Matasanos, en la provincia de Badajoz. La primera piedra del nuevo puente se colocó el 12 de diciembre de 1845 en el lado este.
En abril de 1846 Bernadet dejó la construcción y quedó Steinacher como contratista único. En 1848 Steinacher solicitó a la Comisión de Puente un año de prórroga para terminar el puente, aduciendo inconvenientes ajenos a su responsabilidad. Tras algunas reticencias y condiciones, la Comisión aceptó.
Los materiales utilizados en el puente de Triana fueron pilares de piedra y hierro, sin utilización de madera. En la orilla de Triana se estableció una gran rampa de contención que llega hasta la calle de San Jorge. Las 27.248 piezas de metal, de 19000 quintales de peso, fueron realizadas por la fundición de San Antonio. Esta fundición fue creada por Narciso Bonaplata en el Convento de San Antonio, que había sido exclaustrado en la desamortización de 1835. El hierro de las piezas fundidas procedía de Guriezo y el hierro dulce maleable, para las forjadas, procedía de las siderurgias del Pedroso, Marbella, Vizcaya y Escocia.
A partir de 1848 Steinacher tuvo algunos conflictos administrativos con el banquero Francisco Javier de Albert, que estaba financiando la obra. Estos conflictos llevaron a la paralización temporal de la obra y, en enero de 1849, la Comisión de Obras Públicas propuso al alcalde que se retirara a Steinacher del proyecto por incumplir el contrato. El Ministro de Comercio, Instrucción y Obras Públicas aprobó el cese del contrato y Steinacher tuvo que entregar la obra y los materiales. En 1851 se hizo cargo de la obra el ingeniero Canuto Corroza, que realizó algunas modificaciones leves.
La construcción terminó en 1852. El 29 de enero de 1852 se llevaron a cabo las pruebas de carga. La inauguración se realizó el 23 de febrero de 1852. La inauguración tuvo lugar con una procesión que empezó en la parroquia trianera de Santa Ana. En la procesión iban el arzobispo, el gobernador civil Francisco Iribarren, maceros, la banda municipal y un desfile militar presidido por el capitán general de Sevilla. El arzobispo bendijo el puente en su mitad con el nombre de Isabel II. Ese mismo día hubo fiestas municipales, como cucañas, concursos de natación y conciertos de bandas de música. Para su apertura al público se esperó a una ordenanza que regulase el tráfico. La apertura al público tuvo lugar el 30 de junio de 1852. El 9 de mayo de 1852 el Capitán del Puerto dio normas para la navegación en los alrededores del puente.
El antiguo puente de barcas se subastó (para el aprovechamiento de sus materiales) en 1852 y fue adjudicado por 77 070 reales de vellón.
Durante los años 50 del siglo XIX se construyeron los muros que hay a los lados del puente para facilitar el acceso. Durante los años 50 y 60 del siglo XIX el ayuntamiento estudió la posibilidad y el coste de decorar el puente con una estatua de metal de la reina Isabel II o con un par de leones con los escudos de España y Sevilla, pero el proyecto no se llevó a cabo.
El ingeniero Pedro Nolasco de Soto Colom, primero de su promoción, descubrió durante unas obras en 1871 que los cimientos del puente tenían socavones. En 1872 redactó un informe donde proponía "asegurar el estado actual de los macizos de hormigón, defendiéndolos de nuevas socavaciones" y "rellenar las socavaciones producidas". En 1873 llevó a cabo un estudio del tema y redactó un proyecto para solucionar el problema, que estimaba el coste en 243.189 pesetas. Este estudio-proyecto, presentado el 1 de junio, fue aprobado por la Junta Consultiva el 19 de agosto. En dicha Junta se encontraba el ingeniero Canuto Corroza.
En 1874 el barco de vapor Adela, con bandera inglesa, chocó contra el puente provocando algunos daños. El accidente no fue responsabilidad del propietario del buque, ya que en ese momento estaba siendo pilotado por un operario del Puerto de Sevilla. El ingeniero encargado de reparar el puente fue Nolasco de Soto y la obra costó 762,23 pesetas.
Las grandes obras efectuadas en el Guadalquivir por el Puerto de Sevilla a partir de la segunda mitad del siglo xix provocaron una disminución de sedimentación en el río a su paso por la ciudad, y comenzó un proceso de erosión en la base del puente. Los ingenieros encargados del puente descubrieron el estrago de este proceso de erosión en 1880. El ingeniero Enrique Riquelme Lain Calvo elaboró un proyecto para arreglar el problema que fue aprobado el 20 de abril de 1881. El proyecto de Riquelme era muy similar al que había realizado De Soto en 1874.
El ingeniero Luis Moliní y Ulibarri, encargado de la Junta de Obras del Puerto, redactó un proyecto de mantenimiento del Puente de Triana fechado el 14 de agosto de 1884. Estas costarían 17.504,19 pesetas. Las obras se realizaron en 1887.
La Dirección General de Obras Públicas aprobó el 21 de octubre de 1888 el proyecto para la instalación de los raíles de un tranvía por el puente. Esa línea de tranvía se inauguró el 3 de mayo de 1889. Al principio el tranvía era de tracción animal, pero posteriormente la sociedad The Seville Trainways Company, Ld. decidió poner tranvías eléctricos y, en 1897, el ingeniero Juan Manuel Zafra llevó a cabo la instalación de los postes para que pudieran pasar por el puente.
En 1889, al paso de un cilindro a vapor del Ayuntamiento para prensar las calles de tierra de Triana, se produjo la rotura de una vigueta y un larguero del puente. Como estaba claro que el puente no resistía el paso de maquinaria pesada se tomó la decisión de apuntalarlo. El proyecto para el apuntalamiento lo realizó el ingeniero Antonio de la Cámara el 14 de agosto de 1889. Finalmente, se decidió fortalecer el tablero. El proyecto fue elaborado por el ingeniero Salvador Benjumea Burin en julio de 1900. Estaba presupuestada en unas 34.327,9 pesetas. La Jefatura de Obras Públicas de Sevilla autorizó su construcción el 26 de abril de 1901. No obstante, aunque esto solucionaba el problema del peso de los tranvías, no era una solución definitiva al aumento de tráfico y de peso por el puente.
El 25 de julio de 1901 la Dirección General de Obras Públicas aprobó la sustitución completa del tablero para tener uno con un firme más ligero, más resistente, con más espacio para el tránsito de carruajes y con dos aceras. Se encargó un estudio al ingeniero José María Castrillo, que finalizó en 1903. El proyecto definitivo fue encargado en 1916 al ingeniero Félix Rodríguez Doreste. El proyecto de Félix Rodríguez tenía algunas diferencias con respecto al de José María Castrillo, como el de unos voladizos para las aceras más pequeños y un canto más fino, lo que produjo que la rasante del puente bajase 40 centímetros. En 1914, Juan Conradi realizó una reparación de las tablestacas de la cimentación. La sustitución del tablero tuvo lugar en 1918.
En el margen occidental del puente se inauguró en 1924 una estación de pasajeros y almacén de la ruta fluvial Sanlúcar de Barrameda-Sevilla, promovida por la compañía San Lúcar-Mar. Tras el cierre de la estación, pasó a convertirse en el restaurante El Faro.
En los años 50 la Jefatura de Obras Públicas encargó un informe al ingeniero Carlos Fernández Casado, encargado de la Jefatura de Puentes y Estructuras, sobre el estado del Puente de Triana. Tras la lectura del informe, el 18 de octubre de 1958 se decidió cerrar el puente al tráfico de vehículos pesados. Entonces el ministro Vigón creyó que el puente debía ser sustituido por otro, pero esto no se llevó a cabo. En 1964 el ministerio insistió en el tema y se redactó un anteproyecto para un puente de hormigón con tres vanos sobre el río, pero tampoco se llevó a cabo.
En 1961 se empleó 1.254.865 ptas. de la "Ayuda Americana a España" para sustituir los elementos metálicos en mal estado, renovar la losa de hormigón del tablero y poner un nuevo pavimento. Esta obra fue realizada por la empresa Construcciones Hidráulicas y Civiles con un proyecto del ingeniero Luis Candau y Parias.
La circulación de vehículos por el puente se prohibió el 10 de agosto de 1974. El Ministerio de Obras Públicas encargó un proyecto para un tablero nuevo al ingeniero onubense Juan Batanero, que colaboró con un equipo en el que estaban también Ramiro Rodríguez Borlado y Rafael y Carlos Martínez Lasheras. La dirección de la obra correspondía a la Jefatura Provincial de Obras Públicas, a cuyo cargo se encontraba Rafael Candau Parias. La empresa Cimentaciones Especiales S.A. llevó a cabo los estudios necesarios en enero de 1975. Tras un largo proceso administrativo para la adjudicación de la obra, esta comenzó en marzo de 1976. La Jefatura de Obras Públicas puso al frente de la obra al ingeniero sevillano Manuel Ríos Pérez.
El puente fue declarado Monumento Histórico Nacional el 13 de abril de 1976. El propio Juan Batanero declaró "no se trata de la construcción de un puente, sino de la restauración de un monumento". El puente fue re-inaugurado el 13 de junio de 1977.
Con la autonomía andaluza, la gestión del puente pasó a la Junta de Andalucía. El 27 de abril de 1994 la Junta entregó titularidad del puente al Ayuntamiento de Sevilla.
En ente emblemático rincon terminamos nuestro viaje por el maravilloso barrio de Triana, el cual dejamos a nuestras espaldas una vez cruzado el puente. Cuando llegamos a la otra orilla del Guadalquivir comprendemos por qué Triana es algo especial.
Triana sigue conservando parte de su esencia, la esencia de un arrabal nacido y criado en la margen opuesta a Sevilla, a la que mira, pero de la que quiere diferenciarse, como hermanas que se quieren y a la vez se envidian mutuamente, separadas por un río en la que ambas se miran y que a ambas dio la vida. Triana aún nos muestra su personalidad y sus encantos, muchos aún por descubrir y que debemos conservar para que siga siendo lo que es, el barrio más carismático de Sevilla.
Triana no es un barrio de Sevilla. Triana es otra ciudad y otro mundo. Aquí reside lo auténtico de los altares, del flamenco, de los toreros, de los carpinteros de ribera, de los menestrales, del baile auténtico, del pescaíto frito y del desgarro popular en corrales de vecinos, muros de cal, arriates de jazmín, dompedro y dama de noche, latas de geranios, fiestas vecinales, la velá de julio, que es su feria propia, algarabía de comadres en el lavadero… Uno de los lugares turísticos de Sevilla con identidad propia, magia y encanto a partes iguales, con una historia que de por sí querrían muchos pueblos y grandes ciudades.





_xoptimizadax-kidF--1350x900@abc.jpg)









































































.jpg)




















































































No hay comentarios:
Publicar un comentario