ARENAS DE SAN PEDRO
Arenas de San Pedro es un municipio situado en el sur de la provincia de Ávila, dentro de la comunidad autónoma de Castilla y León. Es la capital de la comarca del mismo nombre y cuenta con una población de algo mas de 6300 habitantes, lo que lo convierte en la tercera población en número de habitantes de la provincia, tras Ávila y Arévalo. Los núcleos de población de Ramacastañas, La Parra y Hontanares pertenecen al municipio bajo la forma de pedanías. Buena parte del municipio pertenece al espacio protegido del parque regional de la Sierra de Gredos, siendo el municipio más poblado del entorno del parque. El Sistema Central al que pertenece la sierra de Gredos, que se conformó tal como es ahora en el plegamiento alpino, está formado por rocas plutónicas. Arenas de San Pedro se encuentra enclavada en una zona de metamorfismo de material sedimentario que se remonta al periodo cámbrico inferior y de afloramientos graníticos hercinianos. Existen algunos terrenos calizos en la parte sur del municipio. Los materiales sedimentarios terciarios se concentran en el valle del Tiétar mientras que los depósitos cuaternarios, principalmente de tipo periglaciar y torrencial, se dan principalmente en la zona de sierra y las terrazas del Tiétar. Por el municipio discurren el río Tiétar y varios de sus afluentes, que descienden rápidamente desde la sierra de Gredos; también otros tributarios menores como el río Pelayos, el arroyo Avellaneda o el río Riocuevas. Todos estos cursos de agua pertenecen a la Cuenca Hidrográfica del Tajo, constituyendo la sierra de Gredos uno de los mayores aportadores de caudal a la cuenca, consecuencia de una escorrentía importante de la vertiente sur de esta sierra en el contexto del Tajo.
El origen del topónimo Arenas se remonta por lo menos al momento de la fundación de la población, la Edad Media. Arenas hace referencia a la formación de arenales en los cauces de las corrientes de agua. Inicialmente la localidad se denominó Arenas de las Ferrerías de Ávila, debido a la cercanía con la antigua mina de hierro de La Tablada, que dio nombre en su tiempo a la comarca de Las Ferrerías de Ávila. El patronazgo del santo Fray Pedro de Alcántara en la nomenclatura fue un añadido del siglo XVII, a raíz de la canonización del santo, que vivió en la localidad. Existen algunos topónimos similares en la zona: el Río Arenal que atraviesa la localidad y el municipio de El Arenal.
A lo largo de la historia la localidad ha sido saqueada en numerosas ocasiones, durante la guerra de Independencia y la Primera Guerra Carlista. Esa es la razón por la que el escudo del municipio incorpora el castillo incendiado de Arenas de San Pedro y el lema Siempre Incendiada y Siempre Fiel.
El valle del Tiétar tiene un largo historial de presencia humana a pesar de no haber sido objeto de una fuerte investigación arqueológica. En el término municipal de Arenas de San Pedro, en la cueva del Castañarejo, cerca de las Cuevas del Águila de Ramacastañas, se ha encontrado un yacimiento neolítico con fragmentos de cerámica decorados.
Existen indicios de un asentamiento vettón en el yacimiento de El Berrocal. Tras la conquista y pacificación definitiva de la zona por parte de los romanos en el año 59 a.C. los habitantes de ambas vertientes de la sierra de Gredos fueron obligados a abandonar los castros fortificados. En el enclave de los Llanos han sido encontradas varias monedas y fragmentos de cerámica de origen romano. También se sospecha que un balsamario de bronce zoomorfo, que se conserva en el Museo Arqueológico Nacional, encontrado a finales del siglo XIX en la localidad, es procedente de esta área. La zona a partir de esta época se desocupa, entrando en decadencia hasta el siglo V.
No existen en el término municipal indicios de la presencia visigoda, a pesar de otros hallazgos de esta época en el sur de la provincia de Ávila, como Mijares, Postoloboso (Candeleda) o El Tiemblo.
Según el cronista local del primer tercio del siglo XX José Serrano Cabo el emplazamiento actual de Arenas de San Pedro dataría del siglo XI. Anteriormente habría existido otro núcleo de población en el enclave actual de los Llanos, entonces zona minera. Según cuenta la leyenda el cambio de un lugar a otro «se produjo tras la aparición de la Virgen en 1054, cuando una plaga de termitas arrasó gran parte de las viviendas levantadas en el núcleo antiguo y obligó a sus habitantes a trasladarse hacia el lugar conocido como Ojo de la Jara, lugar boscoso y abrupto, lleno de manantiales y enclave de la localidad actual». Esta fundación, mezclada con la leyenda, tan temprana en el tiempo relativa a los acontecimientos de la Reconquista no está tan clara. La aparición de imágenes marianas es uno de los tropos favoritos de la imaginería popular cristiana, y se puede contextualizar toda la situación en general dentro del tratamiento poco científico o difuso basado en mitos y tradiciones populares de los orígenes de las poblaciones en la Alta Edad Media.
Otros autores más modernos como Carmelo Luis López y de manera lateral Troitiño Vinuesa, concerniendo a la descripción de la repoblación cristiana del valle del Tiétar, establecen unas fechas más tardías para la fundación de los primeros asentamientos cristianos.
Durante el primer milenio el entorno comarcal habría tenido únicamente importancia por las explotaciones mineras en las cercanías del río Tiétar. Es esa la razón por la cual, más adelante, mientras avanzaba la Reconquista, se habría empezado a conocer a la comarca de Arenas en la vertiente sur de la sierra de Gredos con el nombre de Las Ferrerías de Ávila, la mención a Ávila por pertenecer en esos siglos todo el Valle del Tiétar al alfoz abulense.
Luis López y Troitiño Vinuesa mencionan además la relativa poca importancia previa dada a la zona por los musulmanes del distrito islámico de Talavera, perteneciente a la Marca Media de al-Andalus, del que habría formado parte la vertiente sur de la sierra de Gredos. Durante este periodo posterior a la caída del califato de Córdoba toda la sierra de Gredos, territorio escasamente poblado, constituyó una tierra de nadie que operaba como una zona de seguridad. El principal interés musulmán eran los diversos pasos montañosos, puertos del Pico y Tornavacas, por los cuales enviaban expediciones militares al norte.
Existieron sin embargo en la zona algunos núcleos previos como el de El Colmenar, actual Mombeltrán de población tanto mozárabe como musulmana dedicados al pastoreo. Luis López no solo no detalla ninguna fundación cristiana relevante antes de la conquista de Toledo por Alfonso VI en 1085, sino que se ha de esperar hasta ya entrados los siglos XII y XIII para la evidencia de los diversos núcleos de repoblación. Tras la conquista de Toledo, el concejo o tierra de Ávila se expandió mucho hacia el sur, ocupando además de la provincia contemporánea partes de las actuales provincias de Cáceres y Toledo, entre las que se incluían los importantes núcleos de Plasencia y Béjar. Sin embargo, más adelante, durante el reinado de Alfonso VIII, se configuraron mediante diferentes disgregaciones unos límites del concejo abulense más pequeños y similares a los de la provincia actual, a los que se sumaban la comarca del Campo Arañuelo (esta última principalmente en la provincia de Toledo). La ocupación del territorio no fue firme: esta débil repoblación se vio reforzada por la incertidumbre provocada por la toma musulmana de Talavera en 1109. La situación de la zona, tras pasar esta última un pico de despoblación máxima después del resultado de la batalla de Alarcos en 1195, cambió de manera definitiva a raíz de la victoria cristiana en la batalla de Las Navas de Tolosa en 1212, a partir de la cual el, hasta este momento relativamente débil y lleno de altibajos, esfuerzo repoblador se consolidó, al no existir amenaza externa ni constituir el valle del Tiétar frontera con territorios musulmanes. Así la zona quedó libre para el desarrollo. En 1250 se menciona de manera explícita el nombre de la aldea de Arenas junto al de otros núcleos. En 1274 el concejo de Ávila otorgó terrenos al de Arenas. En este nuevo contexto, en el siglo XIII el valle del Tiétar se convirtió en una comarca agrícola-ganadera-forestal muy próspera de la Corona de Castilla a la par que se produjo una importante deforestación de la comarca y en última instancia la señoralización del valle del Tiétar en los siglos XIII y XIV.
En la segunda parte del siglo XIV el valle del Tiétar y La Vera extremeña, tras la guerra Civil Castellana, se convirtieron en parte del tablero de ajedrez de la nobleza de la época y el condestable Ruy López Dávalos fijó su atención en la zona, buscando su control. Consiguió una autorización real para proceder a la segregación de las aldeas más importantes del valle del Tiétar del alfoz de Ávila, cuyos límites ya se parecían bastante a los de la actual provincia abulense, mediante la obtención del título de villa por parte de estas poblaciones en las Cortes de Madrid de 1393. Dos años más tarde el condestable logró que el rey Enrique III las pusiera bajo su poder señorial. Entre los siglos XIV y XV se dio lugar a la construcción de los edificios más antiguos de Arenas de San Pedro que hoy día continúan en pie: el castillo de la Triste Condesa, la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y el puente romano o de Aquelcabos.
Tras la caída del condestable López Dávalos el señorío pasó, en 1423, al segundo conde de Benavente, Rodrigo Alonso Pimentel. Este último se lo donó a su hija Juana Pimentel con motivo de su matrimonio con Álvaro de Luna. Tras la muerte del condestable Luna la condesa se refugió en el castillo de Arenas en 1460. Desde allí inició procesos para recuperar bienes propios y de su difunto marido, muchos de los cuales les fueron incautados por el rey Enrique IV. Antes de morir Juana Pimentel consiguió autorización para fundar el mayorazgo y donó el señorío de la ciudad a su hija María de Luna, que previamente había contraído su segundas nupcias con Íñigo López de Mendoza y Luna, heredero de los Hurtado de Mendoza, por lo que Arenas de San Pedro pasó a incorporarse al grupo de concejos que estaban bajo el señorío del duque del Infantado. Es durante este siglo cuando las comunidades judías en el valle del Tiétar alcanzaron su apogeo. Sin embargo las aljamas hebreas del sur de la provincia no llegaron a tener la misma importancia que las del norte. Aparentemente, la pequeña comunidad judía, dedicada principalmente al negocio de la seda, que habitaba alrededor de la calle de la Sinagoga (actual barrio de Fuente Arriba) debió de depender de la de Mombeltrán. No se tiene certeza sobre si llegó obtener la categoría de aljama.
Durante el siglo XVI se terminó tanto la edificación de la ermita del Cristo de los Regajales como la de la torre renacentista adosada a la iglesia (cerrándose la puerta de la nave central de esta última). El fraile franciscano Pedro de Alcántara moró durante algún tiempo en la localidad a mediados de este siglo y también se produjo la construcción de un pequeño convento franciscano sobre la pequeña ermita de San Andrés del Monte. Fray Pedro de Alcántara murió en la Enfermería en 1562. En una relación de villas del Obispado de Ávila se censaba en 1571 a la población de la villa en cuatrocientos vecinos. El señorío de Arenas de San Pedro, que formó parte de los territorios adscritos al poderoso duque del Infantado desde finales de la Edad Media, se encontraba coyunturalmente como perteneciente la provincia de Guadalajara en 1587, sobre la base de los avatares del poder señorial y no del criterio geográfico.
En el año 1622 se culminó la beatificación de fray Pedro de Alcántara. Arenas de San Pedro se colocó bajo la protección del Beato y lo proclamó su patrón ese mismo año incorporándole en el nombre del municipio. Fray Pedro de Alcántara fue canonizado en el año 1669.
Durante los siglos XVII y XVIII varias de las aldeas que conformaban el señorío de Arenas, Poyales, Guisando, El Arenal y El Hornillo, se fueron independizando obteniendo la condición de villas. Ramacastañas, Hontanares y La Parra permanecieron dentro del Señorío. Durante el reinado de Fernando VI, el señorío pasó a formar parte del partido de Talavera en el año 1752 con motivo de la división administrativa propiciada por el «Repertorio de la Renta del Tabaco». Curiosamente, aproximadamente en las mismas fechas, el catastro del Marqués de la Ensenada establecía unos límites provinciales distintos dentro de la actual comarca del Valle del Tiétar. Sin embargo esta anomalía no afectó a la historia de la localidad, pues Arenas de San Pedro permanecía en el partido de Talavera en ambos casos.
Entre 1772 y 1776 se realizaron las obras de la capilla real de San Pedro de Alcántara sobre planos de Ventura Rodríguez. También en este último tercio del siglo se instaló en la ciudad el infante Luis Antonio de Borbón y Farnesio. Este último supervisó la construcción de una parte del proyecto del palacio de la Mosquera, diseñado también con planos de Ventura Rodríguez, en terrenos cedidos por el municipio. El palacio se convirtió en una pequeña corte a la que acudían artistas notables tanto en el plano de la música, con el músico de cámara italiano Luigi Boccherini, como en el de la pintura, con la presencia de Francisco de Goya durante dos veranos con motivo de pintar a la familia del infante Luis. Se produjo en este siglo la canalización del arroyo Guisete, hoy corredera de la Triste Condesa, así como la construcción del nuevo convento y el puente sobre el río Tiétar.
En el año 1809, en plena guerra de Independencia, los franceses incendiaron la población como represalia por la ejecución y mutilación por parte de unos aldeanos llegando a arrancar extremidades y genitales, de 24 dragones westfalianos capturados mientras realizaban una expedición en busca de víveres enviados por el mariscal Víctor. Los informes del párroco de la represalia por parte los franceses al mando del general Leval anotan 31 víctimas mortales, quema de archivos, del ayuntamiento, el pósito, cárcel, escuela, notaría, más de trescientas viviendas así como los conventos de los agustinos calzados y de las agustinas recoletas.
En la nueva organización territorial de provincias del ministro Javier de Burgos de 1833, Arenas de San Pedro pasó a pertenecer de nuevo a Ávila y a formar la cabeza de uno de los partidos judiciales de dicha provincia. Previamente había dependido de Toledo y del partido de Talavera. Fue entonces cuando La Parra se independizó y adquirió el título de municipio, categoría que perdió cuando volvió a ser anexionada a Arenas de San Pedro en 1934.
La población fue de nuevo incendiada con motivo de la Primera Guerra Carlista en 1838 por un grupo de 550 guerrilleros capitaneados por Blas García, apodado «el Perdiz». La desamortización de Mendizábal ocasionó el abandono del convento de San Pedro de Alcántara por parte de los frailes franciscanos, al que pudieron volver años más tarde.
Durante el siglo XX se dio comienzo al proceso de construcción de carreteras y a la electrificación de las vías públicas. Durante la guerra Civil el pueblo pasó definitivamente a manos del bando sublevado el 9 de septiembre de 1936, cuando José Monasterio Ituarte, militar del bando rebelde, logró con la toma de Arenas de San Pedro el enlace del Ejército del Norte con el Ejército del Sur. A partir del mes de octubre de ese mismo año y hasta el fin de la contienda, la localidad y el resto del Valle del Tiétar dejaron de estar en primera línea de combate. Al acabar la Guerra Civil la villa de Arenas de San Pedro obtuvo el título de ciudad en diciembre de 1946 y comenzó a desarrollar su potencial turístico. En 1962, con motivo de la celebración del III Centenario de la muerte de San Pedro de Alcántara, se convocó un concurso nacional con motivo de erigir una estatua al santo, siendo premiado el proyecto presentado por José Navarro Gabaldón. Su escultura fue colocada frente al castillo de la Triste Condesa. El 24 de diciembre de 1963 fueron descubiertas las cuevas del Águila cerca de la pedanía de Ramacastañas. Fueron abiertas al público un año más tarde, en 1964. A lo largo de este siglo tuvo también lugar la reconstrucción del ayuntamiento junto con la creación de numerosos edificios institucionales.
El 28 de julio de 2009 tuvo lugar en el término municipal el origen de un severo incendio forestal que se propagó posteriormente a los municipios vecinos de El Arenal, Cuevas del Valle, Mombeltrán, Navarredonda de Gredos, San Martín del Pimpollar y Villarejo del Valle, dejando un saldo de dos víctimas mortales y 4197,24 ha calcinadas.
Al sur del macizo de Gredos, Arenas de San Pedro es la cabecera de la comarca del Tiétar debe su nombre a su río y a un santo y conserva su antiguo señorío. A pesar de que Arenas de San Pedro sufrió unos de los devastadores incendios de una localidad de España durante las guerras del siglo XIX, la localidad conserva unos interesantes monumentos, reflejo de un pasado importante, que completa sus valores paisajísticos y hace muy atractiva su visita. Quizá el más representativo sea el castillo, llamado de «la Triste Condesa» por haber pasado en él su viudedad doña Juana de Pimentel después de que fuera ejecutado su marido y desposeídos sus herederos de la enorme cantidad de prebendas que le había otorgado el rey y las que había conseguido por su cuenta. ¿Te animas a descubrir qué ver en Arenas de San Pedro?
Comenzamos en la Plaza del Condestable Davalos donde se ubica el Castillo del Condestable Davalos o el monumento a San Pedro de Alcantara. Tambien en una esquina de la misma al inicio de la calle Triste Condesa se ubica el edificio de la oficina de Turismo de la villa, antiguo Mercado de Abastos, que ha sido rehabilitado para uso cultural y museistico.
El castillo de Arenas de San Pedro o de la Triste Condesa es una fortificación de estilo gótico emplazada en pleno casco urbano de la localidad. Fue declarado Monumento Histórico-Artístico y se trata de uno de los símbolos de la villa de Arenas de San Pedro, apareciendo en el escudo heráldico de esta, en llamas, aunque probablemente el castillo no sufriera los incendios a los que alude el lema de «Siempre incendiada y siempre fiel».
El castillo fue ordenado construir en el año 1400 por el Condestable Ruy López Dávalos, para plasmar su dominio sobre los territorios que le fueron entregados por Enrique III tras obtener Arenas la carta de villazgo en 1393, además de la posterior independencia del Concejo de Ávila. En un principio el noble sopesó la posibilidad de construirlo en el Colmenar, actual Mombeltrán, por tratarse de una localidad mejor comunicada, gracias a su cercanía al paso del puerto del Pico, pero se encontró con la oposición de los habitantes de la villa, que interpretaban la construcción del castillo como un signo de opresión y provocación, por lo que se vio en la necesidad de optar por la alternativa arenense.
La situación del castillo contrasta con la de muchas otras fortificaciones de la época, al no hallarse sobre terreno elevado sino en una de las zonas más bajas de la villa. Esto pudo deberse a una construcción apresurada y poco planificada por parte del condestable, tras recibir la negativa de Mombeltrán. Su construcción se financió a través de una serie de impuestos exigidos a los habitantes de las villas y aldeas del señorío, entre las que se encontraban La Adrada, el Colmenar, Candeleda, Castillo de Bayuela, Puebla de Naciados, hoy en ruinas, en la actual provincia de Cáceres y la propia Arenas. En 1422 su construcción parecía haber finalizado, año en el cual Rodrigo Alonso Pimentel, segundo conde de Benavente, se hizo con el castillo tras el destierro de López Dávalos.
En 1430 el conde entregó el castillo como dote nupcial a su hija Juana Pimentel, tras su matrimonio con Álvaro de Luna, quien residiría puntualmente en el castillo. Álvaro fue una figura de gran importancia en aquella época, en la que alcanzó grandes cuotas de poder, terminó siendo víctima de una confabulación de la nobleza castellana, siendo finalmente decapitado en Valladolid el 2 de junio de 1453. Su esposa Juana a partir de entonces se ganaría el sobrenombre de «la Triste Condesa», denominación con la que se conoce al castillo en la actualidad. En 1460 María de Luna, hija de los anteriores, sería casada en el castillo con Íñigo López de Mendoza, II duque del Infantado, con el objetivo de evitar su boda con Diego López Pacheco, favorito del monarca Enrique IV, con lo que la fortaleza y la villa pasaron a formar parte del ducado del primero. En 1461 nació en el castillo don Diego Hurtado de Mendoza.
A lo largo de los siglos XVI y XVII el castillo continuó ejerciendo sus funciones, a pesar de la progresiva ruina y deterioro a la que se veían sometidos los castillos señoriales en aquellos siglos, acogiendo a diversas generaciones de los duques del Infantado. Cuando a finales del siglo XVIII el Infante Don Luis llega a la ciudad se considera que el castillo ya no era habitable. En el siglo XIX la villa sufrió incendios tanto en la guerra de Independencia como durante la primera guerra carlista, aunque es muy posible que el castillo no se viera involucrado. Durante este siglo se proyectó que su patio fuera convertido en cárcel, en 1849, así como se llevó a cabo su transformación en cementerio, en 1812, situación esta última ante la que protestaría el entonces propietario, el duque don Pedro de Alcántara. En 1853 fue cedido al ayuntamiento de Arenas de San Pedro por Manuel Álvarez de Toledo, XII duque de Pastrana, hijo del mencionado Pedro. En la década de 1960 se estudió su conversión en Parador de Turismo, proyecto que no se llevaría a cabo. A partir de los años 70 y hasta la actualidad se ha usado como espacio cultural para actividades al aire libre, con actuaciones de música, teatro y danza, proyecciones y conferencias, habiendo sido escenario varios años del festival de música indie Ecopop. En 2007 la bióloga estadounidense Lynn Margulis inauguró las nuevas instalaciones del castillo, tras el proceso de rehabilitación que experimentó. Fueron restaurados tanto el adarve como el interior de la torre del homenaje, en la actualidad abierta a visitas del público y que alberga distintas salas de exposiciones.
El castillo es de notable tamaño, teniendo planta cuadrada con elevados muros de mampostería más o menos concertada con sillares en las esquinas. Dichos muros son almenados. En las cuatro esquinas posee torreones circulares y el centro de tres de sus caras hay torres rectangulares macizas. Junto a la entrada principal, está la gran torre del Homenaje, de planta rectangular. Y en torno a un patio interior se estructuran todas las dependencias. Tiene dos puertas de arcos apuntados que permiten el acceso al patio de armas que tenia dependencias adosadas a los muros con doble piso. Todavía se pueden apreciar loe huecos o mechinales en los muros donde se insertaban las vigas. Casi todo ha desaparecido cuando dicho patio pasó a ser cementerio local. Sus ventanas geminadas, enmarcadas por un ajimez y los arcos de las crujías, hacen pensar que se trata de una obra de transición entre el románico y el gótico. Exteriormente está muy bien conservado, gracias a las continuas rehabilitaciones que ha sufrido. Su foso, que en épocas anteriores tuvo otra utilidad, actualmente es un jardín con césped, rodeado de palmeras y aligustre. El interior de la Torre del Homenaje es una maravilla, por su aprovechamiento del espacio y por su decoración. Las paredes son de piedra vista en tonos claros y la madera embellece los techos y la escalera. La visita incluye un paseo por la zona más elevada del castillo, desde donde poder contemplar Arenas de San Pedro y comprobar cómo lo que resalta entre los torreones almenados es la afilada Sierra de Gredos.
Enfrente de un lateral del castillo, en plena plaza, podemos contemplar rodeado de jardines y con dos fuentes como la de la Libertad y Victimas de la Covid-19, se situa el edificio de la Casa de los Picos antigua Carcel Municipal en cuyo interior se ubican las oficinas de correos y juzgados de la localidad.
Junto al anterior edificio y encima de una glorieta podemos contemplar la Cruz del Mentidero. Esta cruz está levantada desde una base, un fuste de 1 ’60 metros y un capitel de origen renacentista con una cruz flordelisa. Data del siglo XVI y fue juradera y testigo mudo de contratos en las jornadas de ferias ganaderas que se celebraban el último domingo del mes de agosto.
Desde aqui continuamos nuestro recorrido paseando paralelo al cauce del rio Arenal hasta que llegamos a un punto de gran belleza donde se ubica el Puente Medieval de Aquelcabo. El Puente Aquelcabos es comúnmente llamado puente romano, pero lo cierto es que el puente es de origen medieval, levantado en el siglo XIV y fue muy usado por viajeros y pastores trashumantes previo pago del pontazgo que llenaba los bolsillos del señor de la villa, consta de 3 arcos, siendo el central el más grande e impresionante de todos, el tablero está totalmente restaurado con un empedrado imitando a su origen, a ambos lados hay un pretil de piedras de un metro de altura y en varias partes de su trazado se ha reparado con cemento. Desde el Puente Aquelcalbos se ve el otro puente que se levantó para soportar el peso de vehículos más pesados, donde empieza la carretera que conduce hasta el bello pueblo de Candeleda, en las inmediaciones de este puente comienza el Paseo Fluvial de Arenas de San Pedro, un paseo que ha recuperado la ribera del río para el disfrute de todos, se han acondicionado unas estructuras de madera para recorrer buena parte del trazado del río que discurre por el casco urbano de Arenas de San Pedro, unos paneles informativos con información de la flora y la fauna que hay en la ribera, un paseo agradable, fácil, con unas vistas inmejorables y divertido para hacer con niños y que no todo el mundo conoce. Aqui comienza una ruta muy interesante, la senda de los pescadores, que discurre por buena parte del caprichoso trazado del río Arenal, nosotros cruzamos el puente hasta llegar a la Plaza de las Victimas, así llamada en memoria de los civiles masacrados por la furia napoleónica durante la guerra de Independencia, cuyos cuerpos fueron depositadas aquí en improvisado tanatorio, allí hay un mirador de madera donde disfrutar de las vistas que ofrece la garganta del Arenal.
En dicha plaza de las Victimas se ubica una de las muchas fuentes que podemos contemplar por la villa como es la Fuente de las Victimas. Es una fusión de dos antiguas fuentes: la Fuente Chica y la Fuente de la Tía Patricia, situadas en los alrededores de ésta. Su agua procede de una de estas antiguas fuentes, así como sus piedras. Fuente de pilón rectangular alto con un solo caño de bronce ubicado en un pequeño frontal de una sola pieza de piedra con sus aristas ornamentadas en forma lobulada.
Desde la plaza nos adentramos en el Casco Antiguo de Arenas. Barrio de tradicion arabe o musulman que tendriamos que situarlo en los actuales barrios de La Nava y el Canchal, donde se encuentra la mayor concentracion de arquitectura tradicional.
El Barrio de la Nava se caracteriza por ser uno de los barrios más antiguos de Arenas. ‘Nava’ significa terreno llano y sin árboles, hondonada. Su propio nombre describe a la perfección su ubicación en la villa, a las afueras de esta y al margen del río.
Barrio pintoresco en el que destaca, entre otras cosas, su fuente. Además, es el barrio donde nació el pintor arenense de cobertura internacional, Victorio Rodríguez Gómez. La Nava ha sido fuente de inspiración para muchos artistas y cantares populares.
El Barrio del Canchal, como su propio nombre indica, es una pendiente llena de canchos o cantos. Conserva su excepcional arquitectura tradicional de casas de piedra y cal, y balconadas y vigas de madera. Generalmente son viviendas de estructura en bloque, en la que la zona de vivienda y las estancias destinadas al ganado estan unidas formando un unico conjunto.
Fueron gentes que se dedicaron en gran parte al trabajo de constructores, alfareros, artesanos, arrieros o curtidores, de ahí, su emplazamiento junto al río, para aprovechar sus aguas.
No queda en la ciudad de Arenas muchos vestigios de la presencia de estos árabes y moriscos, a parte de la influencia de las ventanas con alfiz mudéjar en la segunda planta de la Torre del Homenaje del castillo, alguna estructura de casa antigua o el nombre de alguna calle que hace referencia a esta condición de barriada musulmana (como la Calle de la Media Luna, calle de Solomando o la calle y travesía de los Hornos recordándonos los antiguos alfares moriscos).
En la villa de Arenas existia una comunidad hebrea con categoria de aljama, es decir, que contaba con todas las instalaciones necesarias para desarrollar una vida plenamente judia: sinagoga, rabino, cementerio, carniceria, escuela talmudica....
La concesion de la carta de villazgo en 1393 hizo que se propiciara el traslado de nuevos pobladores y entre ellos las comunidad hebrea. En la actualidad se situarian en los barrios del la Fuente Arriba, la calle de la Sinagoga y Niña Perdida.
Dicha comunidad se ocupaba del comercio, recaudación, préstamo del dinero con usura y actividades relacionadas con la mesta. Aunque también se ocupaban de oficios humildes como el de tenderos, herreros o pescadores. La comunidad hebrea era la encargada del cobro del montazgo en Ramacastañas y se sabe incluso que, Abrahán Senior, rabino mayor de las aljamas de Castilla se personó en dicha población para recuperar el citado montazgo.
Despues de pasear por estos tipicos barrios del casco antiguo de Arenas de San Pedro, continuamos nuestro recorrido que nos llevara hacia la Plaza del Ayuntamiento donde vamos a contemplar y visitar la iglesia de Nuestra Señora de la Asuncion, donde junto a ella y en una pequeña plazuela se situa el edificio del Antiguo Hospital de San Bartolome que fue financiado por la reina Isabel la Catolica para que los lugareños no estuvieran expuestos a los peligros de las carreteras y los fríos invernales, y pudieran recibir la asistencia sanitaria que buscaban en la capital, pero para ello antes pasamos por la plaza del Doctor Adolfo Cejudo donde en una esquina de la misma podemos visualizar la casa donde vivieron dos ilustres medicos de la villa como fueron Adolfo Larrarte y Federico Larrarte.
La iglesia de Nuestra Señora de la Asunción es un buen ejemplar de las denominadas iglesias de salón: iluminación lateral y sustitución de los gruesos pilares cruciformes por soportes cilíndricos de mínimo grosor que permiten ver mejor el altar y oír mejor los sermones. En ella se encuentra la imagen de Nuestra Señora del Pilar, a la que tienen gran devoción los arenenses.
El templo parroquial es una amplia iglesia situada en el centro del municipio, junto a la plaza del Ayuntamiento. Se levantó por orden de Don Ruy López Dávalos, primer señor de Arenas, a finales del siglo XIV en estilo gótico, aunque posteriores intervenciones fueron modificando a la vez que enriqueciendo su estructura inicial.
En su exterior lo más llamativo es la Torre, de planta cuadrangular, de carácter renacentista; situada a los pies de la iglesia está formada por varios cuerpos de diversas proporciones, toda ella de piedra labrada. Sus autores fueron Lucas Giraldo y Juan Rodríguez quienes dieron vivacidad a una construcción anterior.
Junto a la torre, hasta la mitad de ella, se eleva un cuerpo circular por el que se accede a ella por una escalera de caracol; ésta luego se incrusta en los cuerpos superiores y se manifiesta en una graciosa media circunferencia exenta en el lateral del poniente que asciende hasta el tejado. En cada cuerpo hay tres vanos laterales, de arco de medio punto abocinado. En el cuerpo superior, en cambio, hay, en cada lateral, dos vanos mucho mayores que los de los cuerpos inferiores, excepto en el que emerge la escalera que sólo tiene uno; su misión es la de servir para anclar las campanas. El tejado está rematado en su parte exterior por una balaustrada con pináculos en las esquinas y en el centro; todos ellos están rematados por cuerpos piramidales.
Sus muros de piedra labrada encierran, con su adusta austeridad, un espacio de tres naves góticas sostenidas por pilastras góticas, seis exentas en el centro y seis adosadas a los muros. En la parte superior se unen, en un capitel de bolas, los nervios que soportan las bóvedas ojivales.
Los muros de piedra labrada de carácter austero del exterior encierran un espacio de tres naves sostenidas por pilares góticos con nervios, seis exentos en el centro, y seis adosados a los muros. Los nervios se unen en capiteles de bolas, que ascienden formando bóvedas ojivales.
La nave central cuenta con la capilla mayor, la que corona la nave central, no es muy grande, pero es de carácter abovedado. Destacan la talla de la patrona de la localidad, la Virgen del Pilar de Arenas, del siglo XIV; una custodia de plata realizada en el siglo XVI; un crucifijo del XVI. En la cabecera hay un friso de cerámica de Juan Ruiz de Luna mandado hacer en el siglo XX por el párraco don Marcelo Gómez Matías en el que se representa el santoral abulense. En el lado de la Epístola están los Confesores -como San Pedro de Alcántara, Santa Teresa, San Juan de la cruz...- y en el del Evangelio los Mártires, entre los que destacan San Segundo, Vicente, Cristeta y San Pedro Bautista, natural del cercano San Esteban del Valle.
El frontis está cubierto por una pintura mural obra del insigne Martínez Vázquez en la que se representa la aparición de la Virgen del Pilar, patrona del pueblo, a Santiago Apóstol. Por estar la iglesia dedicada a Ntra. Sra. de la Asunción hay un lienzo en el altar mayor que entronca con la escuela de Murillo. También es de corte renacentista la sillería de esta capilla y un crucifijo del siglo XVI. Sin embargo, hay un templete que es de carácter isabelino. En las cabeceras de las naves laterales, cerradas por lienzos rectangulares, hay sendos altares, uno dedicado a S. Pedro de Alcántara y otro a la Virgen del Pilar; en cada uno de ellos sobresalen los frescos del frontispicio, que fueron pintados por el dominico P. Ibáñez, en 1966. En uno de ellos aparece la Transverberación de Santa Teresa y en el otro se representa la impresión de las llagas de San Francisco de Asís.
En la iglesia sobresale, además, un artístico púlpito de carácter renacentista. En la parte de atrás hay coro alto y bajo, cerrado el inferior por rica verja. El órgano aparece enmarcado por un par de ángeles.
Desde lal plaza continuamos por la calle Martin Bermudez hasta que llegamos a la calle Sinagoga donde al principio de la misma nos topamos con la Fuente de Arriba y al final de la calle la Cueva de la Sinagoga. Las fuentes han sido un lugar en donde los vecinos de Arenas coincidian en muchos momentos del dia porque necesitaban de este recurso para su vida cotidiana, en la mayoria de los barrios de Arenas habia una fuente que daba caracter y singularidad a sus vecinos. Las fuentes, en definitiva, son parte y testigos de la historia de Arenas de San Pedro. Las fuentes como elementos arquitectónicos de un espacio urbano, son ingenios hidráulicos compuestos por caños, grifos o surtidores de agua con uno o varios pilones.
Esta de la Fuente de Arriba es un pilón rectangular y de poca altura. Con caño ancho y robusto, se cree que realmente procede de un cañón de artillería. Su nacimiento no debe de estar muy profundo, pues en grandes lluvias su caño rebosa para luego ir paulatinamente menguando su caudal.
La cueva de la Sinagoga se localiza en el antiguo barrio judío de Arenas de San Pedro, donde en las inmediaciones existió una sinagoga, que da nombre a la calle. Por lo tanto, su origen se remonta probablemente a la época judía alrededor del siglo XV.
En su interior se pueden visualizar túneles excavados en la propia roca, así como arcos y ladrillos de adobe formando bóvedas, con una profundidad descubierta de 25 metros, con nichos a cada lado de 2,80 metros de altura. Fue utilizada como fresquera y de vía de escape en las diferentes guerras. Según la tradición oral, esta cueva da paso a un salón, del cual saldrían dos ramificaciones, uno hacía San Agustín y otro hacia el barrio de La Nava.
La Cueva de la Sinagoga puede visitarse desde el exterior, a través de la puerta de forja que se ha instalado, ya que toda la gruta se encuentra iluminada y se puede divisar su longitud y su trazado, así como los detalles descubiertos gracias a las luces y sombras. En el fondo de la misma, en una vitrina de cristal, se pueden observar los objetos y enseres que se han encontrado en su interior durante los trabajos de excavación.
Desde la cueva bajamos callejeando hasta que finalmente llegamos ala Plaza de las Monjas Agustinas donde podemos contemplar la Fuente de la Plazuela y la iglesia de Nuestra Señora del Amor Hermoso. Es la fuente más céntrica del municipio y disfruta en todo su esplendor al hallarse en una gran plaza. Es de tres caños individuales colocados en columnas cilíndricas, rematadas con borla. Con pilón circular y fuste en el centro con peana en forma de plato de concha en su parte elevada. Delante de los caños y sumergidos por el agua, se encuentran tres mojones de piedra para el apoyo de botijos o cántaros.
La Iglesia de Nuestra Señora del Amor Hermoso, en sus inicios, estuvo integrada en el Convento de San Juan Bautista de Carmelitas Descalzas. Este convento fue construido entre los años 1591 y 1594 por orden testamentar de Doña Magdalena de Frías y de Arias, pese a la negativa de Santa Teresa al tener que depender del convento ordinario, y, por tanto, del Obispo Diocesano. El convento fue construido por Don García de Frías, clérigo y por Don Fernando de Arias Valderrama, siguiendo la regla primitiva sujeta a la dependencia del Ordinario de la Diócesis.
Alegando poca renta, penuria económica, y la lejanía con respecto a conventos de la jerarquía Carmelita Masculina, la comunidad de Carmelitas Descalzas se traslada al convento de Guadalajara en el 1615. En el año 1623 las Madres Agustinas Recoletas junto con religiosas provenientes del Convento de Salamanca, lo ocupan de nuevo durante los siglos XVII y XVIII.
La comunidad cae en decadencia con la invasión francesa y con la quema del convento por las tropas invasoras en el 1809. Fue abandonado en 1822 y la comunidad se trasladó a Colmenar de la Oreja en aras de subsistencia. En 1836 fue ligado a la Parroquia, de tal manera que, desde entonces, esta pequeña iglesia es el templo arenense más importante después de la Parroquia.
La Iglesia es de planta rectangular, y está rematada por una gran cúpula de estilo renacentista en la capilla del Altar Mayor.
En 1790 fue restaurada por el obispo de Ávila Fray Julián de Gascueña. De esta fecha datan los cuatro medallones en pintura que, bajo la cornisa de la cúpula, embellecen las cuatro pechinas de la capilla mayor. Los dos medallones que están en la cabecera representan a San Agustín (lado izquierdo) y a San Domingo de Guzmán (lado derecho); los otros dos personajes no son identificables, ya que no se ha seguido la norma habitual de representación.
Detrás del altar, se encuentra un retablo clasicista del siglo XVIII, que consta de doble banco-predela, tres calles y ático. Separando las tres calles, se encuentran cuatro columnas romanas, de capiteles compuestos. En el centro del retablo se encuentra la hornacina que alberga la talla de Nuestra Señora del Amor Hermoso. A los lados, hornacinas de menor tamaño albergando, a San Juan Bautista, a quien está advocada la iglesia, y a un santo agustino. El retablo se remata con friso, cornisa y frontispicio, en el que se observa un gran medallón con escudo de la familia fundadora, igual, al que se encuentra tallado en piedra a la entrada del templo.
Contemplamos dos retablos colaterales de similares características al retablo central. En el de la izquierda nos encontramos a una santa monja Agustina y a Santa Gema, y en el retablo de la derecha a un santo mártir agustino y Santa Rita.
En la misma nave del templo nos encontramos púlpito realizado en granito del siglo XVIII donde se encuentra Nuestro Padre Jesús de Medinaceli, custodiado por la Hermandad que lleva su nombre y que procesiona todos los miércoles santos. Una imagen de 1954 de tamaño natural con las manos atadas por delante y abiertas. Con barba oscura, pelo negro y natural, coronado de espinas. El aspecto de su rostro es bello, con la mirada hacia el suelo en actitud de sumisión, la boca entreabierta y un pecho hinchado en un suspiro de dolor, descalzo y sangrante, cubierto por una túnica morada y ceñido con cordón dorado. Frente a este, un Cristo de espinos realizado en hierro y madera por el escultor José Espinos Alonso. Donado por la familia Sánchez Martín de Lanzahíta. Se colocaron dos vidrieras en los dos ventanales de la fachada oeste, luciendo en la parte exterior de la misma un mosaico de azulejo que representa a San Agustín.
Desde la plaza nos dirigimos hacia la parte mas alta de la villa donde se ubica el Palacio de la Mosquera o del Infante Don Luis de Borbon. Se trata de un palacio neoclásico de finales del siglo XVIII que fue construido por el Infante Don Luis Antonio de Borbón y Farnesio, sexto hijo de Felipe V y hermano de Carlos III que, desterrado de la corte madrileña tras contraer matrimonio morganático con María Teresa Vallabriga, trasladó su residencia del Palacio de Boadilla del Monte en Madrid a la villa de Arenas de San Pedro.
El infante llegó con su familia a Arenas de San Pedro en 1778, y decidió instalarse en un primer momento en la casa Lletget, luego en el Palacio Viejo, el Palacio de las Damas, además de realizar las obras para encauzar el arroyo Guisete. En 1779 encargó el proyecto de un nuevo palacio al renombrado arquitecto Ventura Rodríguez. El arquitecto madrileño supervisaría la realización del proyecto, pero delegó su ejecución en cuatro colaboradores: el arquitecto Mateo Guill, el maestro de obras del Infante Alfonso Regalado, y los hermanos Ignacio y Domingo Tomás. La envergadura del proyecto y la avanzada edad de don Luis hicieron que el proyecto nunca llegara a concluirse.
Los ocho años que el Infante vivió en este Palacio fueron la época de mayor esplendor cultural de la villa. El Infante, gran amante del arte, de la historia y de la ciencia y considerado uno de los más importantes mecenas y coleccionistas del reino, contribuyó de forma importante al arte nacional y al desarrollo de Arenas de San Pedro, convocando a viajeros europeos ilustres y a numerosos artistas: compositores como Luigi Boccherini, arquitectos como Ventura Rodríguez y pintores como Francisco de Goya, quien inmortalizaría en sus cuadros el magnífico entorno de la sierra de Gredos. Don Luis reunió en el palacio de Arenas una rica, original y variada colección de pinturas, estampas, dibujos y esculturas. Amante de la historia y de la ciencia, creó un completo Gabinete de Historia Natural y una espléndida biblioteca, que sin duda debieron causar gran impresión al visitante de la época.
El infante falleció en Arenas de San Pedro el 7 de agosto de 1785. Vaciado el palacio de todo su contenido entre 1785 y 1796, ocupado por las tropas napoleónicas en 1809 durante la Guerra de la Independencia Española y convertido en seminario menor entre 1868 y 1869, fue vendido por sus herederos y destinado a seminario hasta 1972, período durante el cual fue objeto de importantes modificaciones en su distribución interna. El palacio fue finalmente comprado en 1988 por el Ayuntamiento de Arenas de San Pedro, que procedió a la rehabilitación y puesta en valor de todo el conjunto. En fechas recientes el palacio y su entorno han sido utilizados como galería de exposiciones, pasarela para desfiles de moda o como escenario de festivales de danza y conciertos.
El edificio, construido entre los años 1780 y 1783, se caracteriza por su disposición neoclásica. Siguiendo el orden característico de la arquitectura palaciega presenta una planta cerrada, articulada en torno a un patio interior cuyo centro está ocupado una fuente piramidal. La planta se ordena en cinco crujías paralelas a la fachada principal, siendo la central donde se ubican la escalinata y los patios. A su vez estas crujías se cortan mediante otras perpendiculares, ordenando y dividiendo la planta en estancias cuadriláteras bien proporcionadas, de total regularidad, donde el eje se convierte en el protagonista. La fachada muestra las huellas evidentes de un edificio inacabado que utiliza materiales característicos de su entorno como el granito gris y los revocos de arena del Tiétar.
Al exterior el palacio destaca por sus elegantes proporciones, ordenando sus tres niveles con unas líneas horizontales claramente palaciegas. Los torreones que se elevan sobre la cubierta y rematan las esquinas dotan al palacio de un aspecto escurialense, que recuerda al proyectado por Ventura Rodríguez en su palacio de Boadilla del Monte. Inicialmente estaban previstos cuatro torreones, uno en cada esquina, pero finalmente sólo pudieron ejecutarse dos de ellos. Este carácter sobrio y ordenado caracteriza su exterior, donde destaca por su monumentalidad el pórtico. La entrada principal del palacio se realiza a través de este bello pórtico de proporciones clásicas diseñado por Ignacio Tomás en piedra granítica, concebido como un arco de triunfo formado por tres arcos con seis columnas dóricas y un balcón con balaustrada y que da acceso al zaguán. El zaguán permite el acceso al espacio de la escalera, espacio cuadrado en doble altura cubierto mediante bóveda y delimitado mediante una arquería perimetral con balcones, que se configura por sus elegantes proporciones como una de las piezas fundamentales del palacio.
El palacio limita al oeste con la Casa de Oficios y las caballerizas. La Casa de Oficios, destinada a la servidumbre del Infante, se inspira en el proyecto diseñado por Ventura Rodríguez para la Casa de Correos de la Puerta del Sol de Madrid. Construida en mampostería y ladrillo, dividida inicialmente en trece departamentos, este paralelogramo comprende una planta baja y otra alta. El piso inferior se articula alrededor de un patio central. En los bajos de la Casa, se encontraban las caballerizas del palacio, donde también estaba prevista una sencilla fuente diseñada por Ventura Rodríguez.
Una parte importante del proyecto la constituían los jardines, cuyo diseño presentaba una tipología cercana a los jardines ornamentales de la Granja, plantados de parterres en «broderie», articulados alrededor de fuentes circulares de tipología muy elaborada, como la fuente de los delfines, en parte conservada, diseñada por Ventura Rodríguez.
Cerca del palacio podemos contemplar en una pequeña plazuela el Rollo Jurisdicional. Otorgado a Arenas de San Pedro en el 1393 por el rey de Castilla, Enrique III de Trastámara, el ‘Rollo’ representaba la categoría administrativa del lugar. Únicamente se levantaba en villazgos que tenían plena jurisdicción, indicando el régimen al que estaba sometido. Además de esto, marcaba el límite territorial y, a veces, era un monumento conmemorativo de la concesión de villazgo.
Es una columna de piedra cilíndrica con collarino en grada cuadrada y un capitel con caras con un remate redondeado. En algunos pueblos con alcalde, y, por tanto, con potestad para juzgar y condenar a muerte, además servía para castigar y pagar las penas de los delincuentes menores, que, tras ser azotados, eran expuestos a vergüenza pública.
Bajamos de nuevo hacia la otra parte del pueblo para contemplar los ultimos monumentos o lugares de interes por el casco urbano. Para ello nos dirigimos hacia la Plaza de la Carellana donde vamos a contemplar la fuente del mismo nombre y la Cueva de San Agustin.
Desde hace muchos años está en un enclave especial, ya que en él convergían todos los labradores y agricultores que iban con sus caballerías a las labores de siembra o recogidas de frutos del campo especialmente a la Dehesa de los Llanos o en la época de recolección de la aceituna. Era parada obligada para dar de beber a los burros, mulas o caballos y llenar las grandes calabazas u otros recipientes para su uso personal. Es una fuente de pilón circular y alto realizado en piedra. En su centro hay fuste con cuatro largos caños. Antiguamente, no estaba debajo de la calle, sino a la altura de esta, desembocando en la misma plaza.
Según el Consistorio arénense la Cueva de San Agustin es uno de los "tesoros etnográficos" de la localidad, que se encontraba “semi-olvidado”, pese a que su origen se remonta probablemente a finales del siglo XV.
La cueva de San Agustín es una "fresquera" en la que los arenenses guardaban, en siglos pasados, sus alimentos perecederos, así como aceite y vino de sus cosechas. Esta gruta estaba probablemente ligada al convento de San Agustín de la Virgen del Pilar de Arenas o pertenecía "al común" de los vecinos.
Muy cerca de la cueva, en plena calle Carrellana, podemos contemplar la Ermita del Cristo de los Regajales. El humilladero se encuentra situado en el arranque del antiguo camino de Sabina que conducía a Ramacastañas y Talavera. Fue restaurado en 1981 y se trata del único humilladero superviviente de los cinco oratorios con que contaba Arenas de San Pedro.
Su construcción original era románica, pero posteriormente se le unieron elementos góticos, con cuatro chapiteles rematados con pináculos y los arcos helicoidales. En tiempos se levantaron muros para cerrarla y convertirla en ermita y se le incluyó un arco que acabó reinstalado a la entrada del Parque de la Carrellana. En aquellos tiempos la imagen que se veneraba era de San Sebastián. En la actualidad el espacio está abierto por los laterales y los pies, aunque delimitado por verjas. Esta apertura permite ver la imagen de un Cristo Crucificado que se guarda en ella.
Aqui ponemos nuestro punto y aparte de nuestro viaje por Arenas de San Pedro ya que para visitar los ultimos monumentos que posee tenemos que desplazarnos en nuestro vehiculo. El primero de ellos sera el Santuario de San Pedro de Alcantara que se encuentra a unos 2 kilometros de la villa siguiendo el cauce del arroyo Avellaneda se encuentra el Santuario. Antes de llegar, a 250 metros aproximadamente, una cruz de piedra señala, según la leyenda, la impronta dejada por la mano de San Pedro, tras un alto en el camino.
La fe en el Santo ha sido tal que, desde su construcción, el santuario ha sido centro de peregrinación tanto de los nobles como de la gente sencilla. El 19 de octubre acuden hombres, mujeres, niños y niñas, tanto de Arenas como de toda la comarca, incluyendo a aquellos que se desplazan desde La Vera y, de la campana de Oropesa, donde también residió San Pedro. Acuden al santuario para cantar las alabanzas del Santo y sacar su estatua en procesión por el campillo. Actualmente, la gente también conoce sus milagros y acude cada día a invocar su ayuda.
Después de la procesión y, para conocer mejor la vida del Santo, muchos peregrinos visitan el Museo Sacro Alcantarino en el que se guardan una serie de documentos de diverso carácter relacionados con la vida y la época en la que vivió San Pedro de Alcántara.
En un sitio apartado del término arenense, donde se encontraba una ermita dedicada a San Andrés del Monte, fray Pedro de Alcántara mandó edificar un pequeño convento para que los frailes se dedicasen a la contemplación y a la vida de penitencia dentro de la línea de ascetismo que él propugnaba entre los miembros de su Orden.
La pronta muerte del fundador, que ocurrió en la Enfermería que entonces existía en Arenas, hoy residencia de ancianos, cambió el destino que el fraile extremeño había trazado para este convento y lo convirtió en centro de devoción, no sólo de los naturales del Valle del Tiétar, sino de personas de muy distinta clase social que acudían de los lugares más apartados de España.
En el siglo XVIII, con la ayuda de Carlos III y sobre planos de Ventura Rodríguez, se levanta el complejo alcantarino que ha llegado hasta nuestros días. Fue el último convento que erigió el Santo. En 1617 el Ayuntamiento de Arenas de San Pedro reconoció a Pedro de Alcántara como su patrón. Unos años después, 18 de abril de 1622 es beatificado y reconocido oficialmente como patrón.
La Capilla Real del santuario fue edificada por el arquitecto real Ventura Rodríguez entre 1757-1775, y dirigida por Fray Vicente Extremera. El interior de la capilla, de estilo barroco romano, es de planta octogonal. Unas pilastras de mármol sostienen una cornisa sobre la que descansa una majestuosa cúpula con linterna. En su exterior, la capilla se presenta en estructura cuadrangular de estilo cercano al neoclasicismo.
Además de los cuatro ventanales de la linterna, cuatro ojos de buey situados en la parte inferior contribuyen a la iluminación del sacro espacio rompiendo la solidez de la cúpula. Para que ésta adquiera mayor gracia, el artista diseñó cuatro franjas de rosetones en relieve con motivos vegetales simétricos en sentido decreciente. Para cada uno de ellos el artista ideó una forma distinta. La generosidad de los fieles ha permitido una riqueza tanto en lo ornamental como en lo constructivo.
Detrás del sepulcro se representa la apoteosis del Santo en su ascensión a los cielos. Es un bajo relieve realizado en estuco, de grandes dimensiones (6,50m de alto por 3m de ancho) que fue realizado por el arevalense Francisco Gutiérrez en 1773. A la altura del altar se sitúa una urna de mármol que guarda los restos de San Pedro.
Parecen protegidos por dos grandes figuras vigilantes de alabastro que simbolizan la Fe y la Esperanza, obra de Ricardo Font Estors en 1948 siguiendo el modelo de Ventura Rodríguez, pero que no se pudieron colocar en el momento de la construcción de la Capilla. El Rey Carlos III la declaró de Patronato Real el 18 de abril de 1771.
Una vez visitado el santuario volvemos a coger nuestro coche para dirigirnos hacia la vecina pedania de Ramacastañas donde vamos a visitar uno de los monumentos mas impresionantes y enigmaticos que hemos podido conocer en nuestro viaje por Arenas como es la Cueva del Aguila. Situada bajo el cerro de Romperropas en la Sierra del Águila, su descubrimiento se produjo en la tarde del 24 de diciembre de 1963, por cinco chavales que merodeaban cazando por la zona, al observar que de un agujero salía vaho. El vaho se producía por la diferencia de temperatura existente en el interior, unos 20 °C y el exterior, mucho más frío.
Los chicos, ayudados de cuerdas y linternas se adentraron por lo que parecía una gatera de no más de 60 cm de ancho. Durante un buen rato, recorrieron unos 50 o 60 metros agachados hasta llegar a la gran sala principal. Después estuvieron perdidos por su interior casi cinco horas, hasta que lograron encontrar de nuevo la salida.
Tras muchos duros trabajos de acondicionamiento, se abrió al público el 18 de julio de 1964. Es transitable prácticamente en su totalidad, estando muy bien acondicionada y señalizada, y no entraña ningún peligro su recorrido.
La cueva se localiza en un karst situado entre afloramientos de calizas del cámbrico y de dolomías. Tanto el de las calizas -donde se abre la cueva- como el de rocas carbonatadas son los únicos afloramientos de estos materiales en toda la provincia de Ávila.
La circulación de agua subterránea relacionada con los ríos Avellaneda y Arenas formó una serie de cavidades en torno al nivel freático del subsuelo. El ensanchamiento de estas cavidades produjo una serie de colapsos de la roca caja, dando lugar a las salas que forman las Cuevas del Águila. Los últimos colapsos significativos ocurrieron hace más de 75 mil años.
El terreno, el tiempo y la abundancia de agua, han modelado el paisaje y socavado las entrañas de la tierra. El agua, en dos etapas, una destructora y otra constructora, primero disolvió la roca soluble ensanchando fracturas y formando huecos. Y después con la ayuda de otros factores ambientales precipitó el carbonato cálcico creando las diversas formaciones calcáreas o espeleotemas.
Existen estalactitas tubulares y cortinas (colgantes), estalagmitas y concreciones de salpicadura (casos en el que el agua llega a suelo), por circulación de agua, están las coladas, gours y microgours. Excéntricas por presión hidrostática, porosidad, capilaridad, interviniendo también las corrientes de aire (antoditas y helictitas). Finalmente por depósitos subacuáticos están las pisolitas o perlas. De las formaciones destacan: El Águila, La Virgen del Pilar, Ramo de Azahar, Mazorca, Columna Partida, La Tortuga.
Más de un kilómetro de recorrido ha sido pavimentado salvando los desniveles con escalones y, aquí y allá, en puntos estratégicos, se ha colocado una iluminación que, con diversas tonalidades, en contraste de luces y sombras, realza ese conjunto de estalactitas y estalagmitas que forman grupos escultóricos.
Si en los siglos anteriores la caliginosa oscuridad de las cuevas era el símbolo de lo horroroso, la aportación de la electricidad convierte a esta gruta del Bajo Tiétar en una de las más sorprendentes maravillas de España, ya que en ella se puede ver el milagro de la transformación de la piedra en húmeda estatua y, además, con una variedad de tonos en las caprichosas figuras que no se advierte, quizás, en ninguna otra gruta de nuestra geografía.
Cabe resaltar la diversidad de colores: siendo predominante el blanco (por el carbonato cálcico en estado puro), aunque en muchas ocasiones esté contaminado por la presencia de otras sales, rastros de minerales, e incluso la presencia de sustancias orgánicas, pueden dar lugar a concreciones y tonalidades increíbles. El hierro las tiñe de amarillo, naranja rojo y marrón; el manganeso de gris, gris azulado o negro. Y finalmente la arcilla y el barro dan pie a coloraciones rojizas.
La cavidad se ha desarrollado sobre calizas paleozoicas del cámbrico inferior, hace aproximadamente 540 millones de años. Desde la boca de entrada de la gruta, descenderemos unos 20 metros de desnivel, hasta llegar a la gran Sala (cavidad cárstica). Ésta tiene una superficie aproximada de 10.000 metros cuadrados. La temperatura interior es constante y de unos 17 grados.
Con la visita a la cueva terminamos nuestro recorrido por esta preciosa villa abulense situada en plena Sierra de Gredos. Pero aqui no termina la oferta turistica de la localidad ya que su ubicacion permite a los amantes de la naturaleza la realizacion de numerosas rutas de senderismo asi como en epoca estival disfrutar de un refrescante baño en alguna de sus piscinas naturales como la que forman el rio Pelayos o la del rio Arenal que se encuentra muy cerca del casco urbano de Arenas. Las aguas del río Arenal son retenidas por una pequeña presa regulada por una placa de madera, se forman dos divididas por un pequeño puente de cemento, una consigue ganar una profundidad considerable, unos dos metros y la otra es apta para los más pequeños, pues apenas se llega a medio metro de profundidad. La piscina principal dispone de duchas, escalerillas e incluso un trampolín, es en esta zona donde la piscina gana su mayor profundidad.
El pueblo de Arenas de San Pedro es conocido dentro de la provincia de Ávila por sus espectaculares parajes naturales y sus famosas cuevas del Águila. Sin duda, Arenas de San Pedro es un pueblo de cultura y tradición. La capital del Valle del Tiétar, en la provincia de Ávila, merece una visita por su castillo y por su palacio, pero también por su rica gastronomía y uno de los mejores cielos de España para ver las estrellas.
GASTRONOMIA:
La gastronomía local es muy similar a la de la comarca del Valle del Tiétar siendo la restauración gastronómica uno de los atractivos turísticos relacionados con el ocio y la cultura. Se mantienen platos típicos como las calderetas, las migas, sopas castellanas, pero entre los más demandados son las carnes de terneras avileñas, los corderos y cabritos de la comarca y los cochinillos, bien sean preparados en asados, a la parrilla o en guisos variados. En la actualidad hay una buena oferta de restaurantes y bares de tapas donde degustar exquisitas propuestas gastronómica.
FIESTAS:
San Pedro de Alcántara. Patrón de Arenas, es el 19 de Octubre el día principal de esta fiesta . Además de los actos típicos de las fiestas, se realiza una peregrinación al Santuario con afluencia de gente durante todo el día, llegando el momento de mayor participación a la hora de la Procesión por el Campillo del Santo.
Virgen del Pilar. Patrona de Arenas, se celebra el 8 de Septiembre, siendo éste el día principal, destaca la quema de fuegos artificiales, los gigantes y cabezudos y los toros de fuego.
Ferias de Arenas. Se celebran el último fin de semana de Agosto, siendo éstas las que congregan a más público. Antiguamente era el mercado de ganado el que atraía a los visitantes, costumbre que se ha perdido, pero no así la parte más festiva. Son los tradicionales encierros junto con los festejos taurinos uno de sus mayores atractivos.
Navidades. Desde el 24 de Diciembre, Nochebuena, donde los más pequeños de la casa salen a pedir el tradicional aguinaldo por las calles, alegrando la noche con sus villancicos, acompañados de los típicos instrumentos musicales, pasando por la noche más vieja y más nueva del año, la del 31 de Diciembre.
Carnaval. Se celebra el fin de semana y el martes con un pasacalles, así como carnaval nocturno por todos los locales de la localidad, en los que se dan cita todos aquellos que hacen de ésta una de las noches más divertidas del año.
Semana Santa. Con las tradicionales Procesiones y Actos Litúrgicos. La del Miércoles Santo es una de las más participativas, la "Procesión del Silencio" con el paso del Cristo de Medinaceli; tradición recuperada con sus cofrades encapuchados y las damas vestidas de negro con peineta y mantilla.
PLANO TURISTICO DE ARENAS DE SAN PEDRO:




























































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