ARJONILLA
Arjonilla es un municipio situado en la parte centro-sur de la comarca de la Campiña de Jaén, en la provincia de Jaén dentro de la Comunidad de Andalucia. La localidad se encuentra a 53 km al noreste de la ciudad de Jaén, capital de la provincia y Limita con los términos municipales de Arjona, Andújar y Marmolejo. Entre un mar de olivos y rodeados de montes, encontramos Arjonilla, Villa del Trovador Macías, en el que destaca su castillo medieval, lugar donde tuvo lugar los amores imposibles de este Trovador y su amada Doña Elvira. Sobresale su imponente torre y sus calles, invitando a pasar al visitante y conocer su singular arquitectura. Una localidad que labra el barro en sus entrañas, a través de su rica artesanía ceramista y una gastronomía que pervive desde tiempos ancestrales. Toda una población que ha sabido conjugar la tradición con la modernidad, haciendo de ella un lugar de visita obligada en la Campiña jienense. Su principal fuente de ingresos es la recolección de la aceituna, la producción de aceite de oliva, que ha desarrollado una industria almazarera importante y la cerámica artesanal decorativa de gran calidad, variedad y estilo.
La altitud media del municipio es de 315 m. y se encuentra en el entorno del cauce de río Guadalquivir y del río Jándula. El arroyo Salado de Arjona representa el límite del término municipal con la ciudad de Andújar por el noreste. La vegetación en la localidad está influenciada por el uso agrícola, lo que ha dado lugar a que encinares y matorrales originarios fuesen paulatinamente remplazados por olivos, o por otros cultivos como el trigo o la cebada. Por tanto, la vegetación de origen natural ha quedado relegada a cunetas de carreteras y a caminos. En los arroyos podemos encontrar restos de vegetación de ribera como cañas, taráis y álamos.
Arjonilla está enclavada en una zona arqueológica de primer nivel, cuna de la civilización íbera. Prueba de ello son los múltiples asentamientos íberos y núcleos funerarios, como el cercano Cerro Venate.
Las villas de Arjona y Arjonilla, en la etapa medieval, estuvieron muy ligadas a la Orden de Calatrava en la zona, desde que Fernando III, en 1228, otorga a la Orden las fortaleza de Martos con todos sus términos, incluidas las villas de Porcuna y Vívoras, si como veinte yugadas de heredad en la villa de Arjona.
Sin embargo, la toma de Arjona no se produjo hasta 1244, año en el que la villa se encontraba totalmente rodeada por territorio cristiano tras la toma de Porcuna en 1240. En principio la Arjona fue realenga, hasta que en 1254 Alfonso X la otorga al Consejo de Jaén junto con Porcuna.
En 1282 Sancho IV revocó esta concesión hecha por su padre y Arjona pasó de nuevo a convertirse en realengo, aunque la localidad de Arjonilla fue entregada al archidiácono de Úbeda, Gonzalo Pérez, formando un señorío que duró tan sólo hasta 1331, año en el que la localidad fue vendida por el propio arcediano a la villa de Arjona por ocho mil maravedís y doscientos cahíces de sal.
En 1371 y 1390 la independencia del consejo de Arjona es ratificada por los monarcas castellanos Enrique II y Enrique III. A pesar de esto, a principios del siglo XV, el propio Enrique III, bien Juan II, entregó la villa de Arjona al condestable de Castilla Ruy López Dávalos por sus méritos. La figura del condestable caerá en desgracia y antes de su muerte en 1423 Juan II repartirá sus posesiones otorgando Arjona junto el título de Duque a Fadrique Enríquez de Castilla. Este fue el primer ducado concedido en Castilla. La concesión incluía las villas de Jimena, Recena, Ibros, La Figuera y otras.
Fadrique jugó entre los intereses del monarca castellano Juan II y de los Infantes de Aragón hasta que en 1429 jugó la baza definitiva de los infantes intentando capturar a Enrique heredero al trono de Castilla. Su tentativa fracasó y en 1430 fue apresado y muerto por Juan II. Las posesiones de la villa de Arjona y el lugar de Arjonilla pasaron a Fadrique de Luna. Éste era hijo de Martín el Joven aspirante a la corona de Aragón, por lo que huyó a Castilla perseguido por el rey Alfonso V el Magnánimo en 1430. No tardará mucho en caer en desgracia y en 1434 fue apresado por Juan II y sus posesiones de Arjona y Arjonilla pasaron al nuevo condestable de Castilla, Álvaro de Luna.
No tardó la villa de Arjona en cambiar de manos y en ese mismo año fue permutada por la villa de Maqueda y el castillo y la aldea de San Silvestre, que estaban en manos de Luis González de Guzmán, maestre de la Orden de Calatrava. Pero el rey Juan II de Castilla obligó a la Orden de Calatrava reconstruir y defender el castillo por Real Orden en 1434.
Finalmente, en 1553 Carlos I concedió el título de villa y la independencia jurisdiccional a Arjonilla, llegándose a un largo litigio por el deslinde territorial con Arjona.
Durante el siglo XVIII la villa participó en la Guerra de Sucesión con la aportación de cuarenta hombres a favor del bando de Felipe V. También tuvo protagonismo la zona en la Guerra de la Independencia, ya en el siglo XIX, al producirse una escaramuza en Amarguillos contra los franceses. La actividad industrial comenzó en Arjonilla a principios del siglo XX, favorecida por la llegada del ferrocarril, la población llegó a contar con una estación de ferrocarril propia.
La primera palabra que me vino a la mente al pasear por las calles de Arjonilla fue "elegancia". Arjonilla es un pueblo elegante, y esa cualidad no se la han dado otros que sus propios habitantes. Ladrillo, piedra, cerámica y teja árabe son los elementos con los que los arjonilleros hicieron y hacen sus casas y monumentos, y el resultado, puedo asegurárselo, causa muy grata impresión. Arjonilla nació de la arcilla, que rima y todo, y esta materia ha sido su esencia misma, modelando su historia a lo largo de los siglos. Y las manos que, a su vez, han modelado esa arcilla por los tiempos, son las manos de un pueblo trabajador, educado y respetuoso.
Comenzamos nuestro recorrido por la villa del Trovador Macias en la peatonal Avenida de Andalucia donde al inicio de la misma nos encontramos con el edificio del Palacio del Marques de la Merced.
Esta casa conocida popularmente como Casa del Marqués, o Cuartel viejo estuvo habitada a finales del siglo XVIII por el matrimonio formado por D. Bernardo Jiménez Cano y Doña Leonor Pérez de Vargas y Zambrana. Durante este tiempo y buena parte del siglo XIX, la casa palaciega estuvo ricamente amueblada, con interesantes cuadros devocionales e históricos. Asimismo poseían una carta manuscrita de Santa Teresa, una reliquia de la misma Santa y una interesante biblioteca.
A principios del siglo XX, la casa pertenece a la familia Parras Jiménez, habitando en ella el célebre cura Parras, y con posterioridad, los últimos propietarios la venderán al Ayuntamiento de la localidad.
A finales del siglo XVIII, la familia de los Jiménez en Arjonilla, se afianza en el consistorio local, presencia que puede ser rastreada hasta el reinado de Isabel II, en el que termina el tránsito del Antiguo Régimen hacia unas instituciones municipales constitucionales.
Si en el siglo XVII los Jiménez de Arjonilla se habían unido matrimonialmente con la hidalguía local, lograron emprender en la segunda mitad del XVIII un sistema de alianzas con el fin de ligarse familiarmente con la más destacada nobleza jiennense, tal vez por el renombre que el título de marqués de Santa Rosa otorgó al linaje.
En primer lugar lo hicieron con los Pérez de Vargas de Andújar, quienes reciben varios títulos, entre ellos el marquesado de la Merced que se unirá a mediados del XIX al de Santa Rosa de los Jiménez de Arjonilla. Posteriormente varios miembros de los Jiménez de Soto emparentan con el apellido Del Río de la ciudad de Jaén.
Esto permitirá afianzar su primacía entre la sociedad local de la época al verse beneficiados por el poder regio, que los legitimaba por encima de los hijosdalgo de la Villa, para constituirse en representantes notables de la autoridad real en el cabildo municipal.
La manifestación de ese poder en el urbanismo, quedó patente en las principales casas palaciegas situadas en los más importantes enclaves de la población y con singularidad, junto a la fortaleza de la Villa, transformada en el XIX para el solaz de sus nobles moradores.
Se trata de un edificio de estilo barroco de finales del siglo XVII, cuya fachada se compone de dos cuerpos adintelados; en el superior se abre un balcón de forja que aparece coronado por un frontón partido y un primoroso patio rectangular en el interior de tres plantas a partir del cual se organiza la estructura de la casa. El Palacio del Marqués de la Merced es la sede de las Colecciones Museísticas de Arjonilla. Un proyecto fraguado en el año 2014 y que vio la luz con la inauguración de las mismas en Agosto de 2018. El edificio se encuentra en las inmediaciones del castillo, en el principal enclave histórico-arqueológico del municipio. El museo contiene una sala dedicada a la arqueología del municipio, ya que éste cuenta con vestigios prehistóricos que se remontan a la Edad del Cobre, además de restos iberorromanos, visigodos, medievales etc. En esta sala se podrá hacer un recorrido histórico que dará a conocer el proceso de formación del municipio de Arjonilla desde sus orígenes hasta la actualidad.
Siendo la cerámica uno de los pilares fundamentales del municipio, no podía faltar en este museo una sala dedicada a este oficio; por ello el museo contiene la Sala de Reproducciones de cerámica histórica del alfarero Manuel Bejarano, la cual contiene reproducciones de cerámica griega, ibérica, romana e hispanomusulmana procedente de yacimientos arqueológicos de toda la geografía jiennense. La calidad presente en estas reproducciones hace que la exposición sea una de las más importantes y solicitadas en toda la provincia de Jaén.
Además el edificio una sala dedicada a las tradiciones de Arjonilla como es la Sala de Artes y Costumbres populares, y el despacho de un importante personaje ilustre del municipio, Antonio de Jaén. Así como una exposción permanente de Fotografías históricas y una colección de obras pictóricas contemporáneas.
Tanto el edificio como los vestigios que contiene en su interior se unifican para mostrarnos la rica historia del municipio de Arjonilla, una historia llena de cultura, de personajes ilustres y de tradiciones, que hacen de Arjonilla una población única.
Las Colecciones Museísticas municipales de Arjonilla es un espacio dinámico, vivo que acoge periódicamente exposiciones temporales de fotografía, pintura, artesanía…., así como distintos eventos culturales e históricos como conciertos musicales o charlas – conferencias a través del programa Conoce tu histórica, conoce tu pueblo.
Paseando por esta avenida nos encontramos numerosos edificios de estilo regionalista de principios del siglo XX donde destacan en su construccion el ladrillo y sobre todo la ceramica tipica de la localidad como los de la Casa de la Cultura y el antiguo Mercado de Abastos que hoy en dia alberga el Hogar de Jubilados que fue construido en 1926 y cuya fachada es achaflanada dividiéndose en dos cuerpos con vanos de medio punto y rematando el conjunto un cuerpo de reloj con campana.
La arquitectura regionalista es una corriente arquitectónica que aparece en España en un periodo que comprende finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Corre pareja a otras corrientes historicistas en las que se emplean, a modo de recuerdo evocador, modelos arquitectónicos del pasado. En muchos casos es entendido como un historicismo localista. Se caracteriza por plasmar arquitectónicamente una característica estética de un lugar. A comienzos de siglo XX la arquitectura española se encontraba en pleno debate de elegir un estilo arquitectónico que diera una identidad nacional. Entre estos debates existían ejemplos de arquitecturas que buscaban igualmente la identidad de las regiones de España.
La idea era la de plasmar arquitectónicamente la esencia artística de las regiones. Uno de sus promotores iniciales fue el arquitecto e historiador de la arquitectura Vicente Lampérez y Romea, presidente de la Academia de Arquitectos Españoles. Surge como rechazo al modernismo arquitectónico. La acepción tuvo diferente difusión en las regiones españolas. En cada caso se adoptan estilos populares arquitectónicos, bien sea inspirándose en la estética lugareña o regional (bien sea en el estilo constructivo como en la ornamentación), bien sea mediante el empleo de los materiales constructivos. La Exposición Universal de París de 1900 expuso en el Pabellón Español (diseñado por José Urioste) lo que sería un primer intento nacional de marcar una tendencia estilística. Dando lugar a un neoplateresco inspirado en elementos constructivos de palacios salmantinos.
Alcanza su punto álgido en la exposiciones internacionales de 1929: la exposición Iberoamericana de Sevilla, y la internacional de Barcelona. El primero dio lugar a un ensalzamiento del regionalismo historicista en Andalucía, así como de otras regiones españolas.
En Andalucía consiste en la renovación de un pasado artístico, inspirándose especialmente el mudéjar y el barroco, considerado como glorioso. En función de las provincias se desarrollaron diferentes tendencias dentro del regionalismo: en Sevilla y Córdoba se dio el neomudéjar en su corriente andaluza, característico por el abundante uso del azulejo, liderado fundamentalmente por arquitectos como Aníbal González, Juan Talavera y Heredia y José Espiau y Muñoz, en Cádiz y Huelva el neocolonialismo y en las provincias de Almería, Granada, Málaga y Jaén el historicismo ecléctico.
Al final del tramo peatonal de la avenida llegamos a un cruce de calles donde al principio de una de ellas, en concreto la Plaza Pio XII, nos encontramos con el edificio de la Casa del Juzgado. Tambien conocida como Ayuntamiento viejo, es el edificio civil mas interesante de la localidad. Presenta un estrecha fachada de silleria de estilo manierista de 1617 con tres cuerpos: en el bajo esta la puerta en dintel con anchas pilastras toscanas; en el segundo piso hay un gran balcon flanqueado por dos figuras clasicas de corte manierista, apoyadas sobre mensulas y conocidas popularmente commo las sotas de abastos; y en el tercer cuerpo aparece el escudo de los Austrias flanqueado por el de la villa y otro local. Corona la fachada un fronton triangular con remates piraminales que la verticalizan aun mas vertical. La fachada se ajusta a los modelos derivados de una arquitectura religiosa, travesados a un edificio publico, de caracter civil. Destaca el fronton triangular, elemento tipico de las construcciones religiosas, en cuyo centro se situa una cruz de relieve. Los remates piramidales acentuan la verticalidad de la fachada.
Continuamos por la avenida hasta que llegamos a lo que posiblemente pudiera ser el centro nuralgico de la vida social de Arjonilla como es la Plaza de la Encarnacion donde vamos a contemplar y visita la iglesia del mismo nombre, la Ermita de Jesus Nazareno, la casa natal de Don Manuel Garcia Morente y una de las entradas al antiguo Refugio Antiaereo de Arjonilla.
Se trata de una plaza de traza triangular cuyo lado mas mas estrecho lo ocupa la fachada principal de la iglesia y los laterales estan repletos de edifcios que nos muestran a traves de escudos lo más característico de los linajes de las casas nobiliarias más significantes de la historia de Arjonilla.
La iglesia esta consagrada a la Virgen de la Encarnacion o de la Anunciacion y esta orientada de este a oeste alzandose elegantemente sobre una escalinata en la cabecera de la plaza del mismo nombre. Se empezo a construir siguiendo la lexicografia gotica de principios del siglo XVI. Su planta consta de cabecera plana cubierta por terceletes y tres naves separadas por pilares cruciformes cubiertas por techumbre mudejar que en el siglo XVIII se clamufo con falsa bovedas de cruceria. Se accede a la sacristia por una interesante portada plateresca. entre los siglos XVII y XVIII se construyeron capillas laterales y un panteon. El coro y el retablo manierista, obra de Blas de Figueredo y Cristobal Tellez, fueron destruidos en el 1936 y restaurados en la posguerra. La primera referencia es la de su consagración en 1554, un año después de la independencia jurisdiccional de Arjonilla respecto a Arjona, siendo la construcción paralela a la consolidación del poder municipal en la localidad.
Lo mas notable es su prominente torre levantada a los pies de la iglesia a principios del siglo XVII, de traza manierista. La portada de la iglesia con pilastras cajeadas, hornacinas, arco triunfal, casetones en el intrados y entablamento con friso dorico se descubre tras un gran arco de medio punto de silleria en el arranque de la torre. El segundo cuerpo es de aparejo almohadillado de ladrillo, con dos balcones, uno adintelado y otro de medio punto, que subrayan la verticalidad. Las campanas estan ubicadas en un tercer piso decrecido sobre el que se coloco, a finales del siglo XIX, un esbelto remate piramidal. Despues de la guerra civil, la iglesia ha sido progresivamente restaurada.
La Ermita de Jesus Nazareno se debe a una fundación llevada a cabo durante el siglo XVII por Dña. María de Morales y Ardales, según se plasma en 1641 a través de un protocolo notarial. Este oratorio particular, pasó a ser usado por la cofradía de Jesús Nazareno junto al hospital del mismo nombre que también fundó la mencionada Dña. María de Morales. Esta construcción ha sido testigo de los diversos avatares históricos acontecidos en Arjonilla debido al emplazamiento privilegiado en el que se encuentra: la Plaza de la Encarnación, un espacio público neurálgico de la Villa.
La ermita también ha tenido un uso civil en diferentes momentos de la historia local, por ejemplo como distrito electoral durante el siglo XIX, cuando se habilita la primera división de los distritos electorales, siendo uno de ellos la Casa de Cabildo y el otro la ermita de Jesús Nazareno.
Como curiosidad el esquilón que encontramos en el edificio procede de la espadaña que se halla en las dependencias de la sacristía de la iglesia parroquial de la Encarnación, que fue llevado hasta la ermita durante la década de los 70 por petición que fue trasladada por D. Manuel Cuesta Hernández al párroco D. Francisco Padilla. En la actualidad la ermita sirve como sede para las cofradías de Jesús Nazareno y Jesús de la Humildad, acogiendo sus imágenes y enseres.
Situada en el costado norte de la plaza la ermita posee una sencilla fachada del siglo XVIII, cuya fábrica está realizada íntegramente de ladrillo mediante el que se recrean los diversos elementos arquitectónicos, y donde se juega con los claroscuros a través de elementos entrantes y salientes, algo muy del gusto barroco. Queda de manifiesto el enorme sentido geométrico de la fachada así como su gran verticalidad, acentuada por la doble pareja de pilastras que flanquean la puerta de entrada al edificio, único acceso al mismo, que se abre mediante un arco de medio punto sobre jambas.
Aparecen sobrepuestos a las enjutas y clave del arco tres rosetones de arcilla cocida, dispuestos geométricamente; el rosetón central, algo mayor en tamaño, encierra una cruz de malta; y flanqueando a éste, dispuestos sobre el eje vertical de las jambas, aparecen otros dos de menores dimensiones que contienen elementos alusivos a la pasión de Cristo, como la corona de espinas (a la izquierda) y los tres clavos de la Crucifixión (a la derecha).
Encima de la puerta de acceso encontramos un frontón triangular partido sobre el que se ubican cinco placas rectangulares dispuestas en forma de cruz griega, al que se sobrepone un pequeño óculo que otorga a la construcción iluminación natural.
La fachada está coronada por una espadaña clasicista dividida en dos cuerpos; en el inferior cuenta con otro resalte cuadrangular que contiene un rosetón de arcilla cocida, y que encierra en su interior el elemento universal alusivo a la Pasión de Jesús: la cruz. Por otro lado, en el cuerpo superior, aparece el arco de medio punto donde se alberga “el esquilón”, flanqueado por dos pilastras en arista que sostienen un frontón recto en cuyo interior encontramos una placa lisa que nos hace sospechar la presencia antaño de algún elemento, (quizá heráldico), alusivo tal vez a la finalización de las obras del edificio. Corona la espadaña una sencilla cruz de forja, con diseño de Julio Gavilán, que fue llevada a cabo durante el curso de forja impartido por el maestro herrero arjonillero Fernando Bejarano.
Al interior, construido en el siglo XVII, la ermita posee una planta rectangular cubierta por una bóveda de medio cañón con lunetos, en los que observamos la huella inconfundible de la presencia, en otra época, de lienzos o tablas que formaban parte del patrimonio mueble desaparecido de la ermita. Del mismo modo podemos intuir que, bajo las capas de cal, existen pinturas murales en las que se representan motivos vegetales y geométricos. Estas pinturas, que recubren toda la superficie de la ermita, se hicieron visibles a través de los deterioros del revestimiento de las paredes. Por sus características estas pinturas contarían con una cronología del siglo XVIII.
Preside el edificio el camarín de Jesús, cuya construcción se llevará a cabo ya en durante el siglo XVIII. En este aposento se cobija la imagen del Nazareno de Arjonilla, que cuenta con una gran devoción entre los arjonilleros. El camarín se cubre con una cúpula de media naranja en la que encontramos pinturas murales (que cuentan con una cronología similar a las existentes en los muros de la nave de la ermita). En ella encontramos representada arquitectura fingida a modo de trampantojo, en la que se simulan elementos estructurales de la cúpula, que se decoran con motivos vegetales. Observamos también algunos elementos figurativos presentes en estas pinturas tales como el Espíritu Santo rompiendo el cielo y rodeado de cabezas de putti, que aparecen en el centro de la cúpula, o los elementos alusivos a la Pasión de Cristo que existen en las enjutas de la cúpula, donde se representan: la cruz; el gallo, (que simboliza las Negaciones de Pedro); los clavos o el mazo; la escalera, la lanza de Longinos y la caña con el vinagre.
Bajo el altar existe una cripta donde yacen sepultados algunos presbíteros que fueron hermanos de la cofradía del Nazareno, y que a ellos se debe el gran impulso devocional que recibió esta cofradía durante el siglo XVIII. Hace algo más de una década, durante las obras para la reposición del pavimento de la ermita, salieron a la luz algunos escalones que descendían hasta esta cripta, cuya entrada estaba sellada por arena y escombro.
En la fachada sur, de la plaza de la Encarnación, se sitúa la casa de Jimenez Morales en la que nació el 22 de abril de 1886 don Manuel García Morente, catedrático de la Universidad de Madrid y presbítero. Enfrente de la casa podemos contemplar un busto realizado en bronce sobre piedra que fue colocado en 1992 y que representa la figura de este ilustre arjonillero.
La portada principal de esta casa-palacio, de severa composición, es del siglo XVII, está realizada en ladrillo y se articula en dos cuerpos y un ático. A un arco de medio punto entre columnas toscanas se superpone un balcón de forja con un vano, también de medio punto y enmarcándolo, un dintel partido.
Luce dos escudos de un linaje de la orden de Calatrava.
Finalmente en la plaza visitamos el Refugio Antiaereo el cual se trata de uno de los 6 refugios de la guerra civil española que tiene la localidad localizados y se encuentra a los pies de la Iglesia de la Encarnación. La situación del mismo no es casual, puesto que se construyó cerca de la iglesia con la creencia de que la aviación nacional no bombardeaba iglesias (creencia que después se mostró errónea). Como podréis suponer, Arjonilla durante la Guerra Civil estuvo en el lado Republicano durante toda la guerra, aunque su situación era muy próxima al frente que se encontraba en la cercana localidad de Lopera, en manos de los nacionales y a las trincheras republicanas construidas en la vecina Marmolejo.
Además se encuentra muy próxima a Andújar, uno de los municipios fundamentales para la defensa del frente de Jaén donde se encontraba uno de los aeródromos republicanos más activos de la provincia. Este hecho condujo a que Arjonilla, pese a su escaso tamaño y limitada población, sufriera los ataques de la aviación nacional provenientes de Córdoba. Además estos aviones contaban con cierta ayuda, sobre todo en los primeros meses de la guerra puesto que Arjonilla se encuentra semioculta entre varios cerros de olivares, pero tiene en su haber un elemento que la hace visible desde muchos kilómetros de distancia como es el alto campanario de la Iglesia de la Encarnación, que sirvió como orientación para los aviadores nacionales y tuvo que ser desmontado durante la guerra.
Arjonilla sufrió al menos 5 ataques aéreos durante la guerra y la población recibía el aviso de alarma por ataque aéreo al toque de las campanas. Este refugio se construyó gracias al ayuntamiento de la época, ante la inexistencia de refugios en las pobres viviendas de la mayoría de los arjonilleros.El refugio fue descubierto en 1998 y fue el primero de toda la provincia en ser recuperado y musealizado. Tiene más de 100 metros de longitud y se encuentra adecuado con materiales de época, tanto en la iluminación, como en barandas y asientos. Las paredes de este refugio están formadas por el propio subsuelo de la localidad, reforzado en algunos lugares con hierro y cemento. El refugio está plagado de huecos dedicados al almacenamiento de enseres y también de comida en previsión de largos ataques de la aviación. También existen pasadizos cegados, que antaño comunicaron con las viviendas de personas acaudaladas que podían financiarse una entrada propia a los refugios. También llaman la atención la aparición de numerosas firmas labradas en las paredes que bien podrían pertenecer a las personas que se ocultaron en dicho refugio, o que muy probablemente pertenecerían a los obreros que trabajaron en el mismo.
Una vez visitado el refugio desde la plaza continuamos por la avenida hasta que al final de la misma nos encontramos en una pequeña plazoleta con la Cruz del Oeste. Ubicada dentro de una fuente de ladrillo, se trata de una cruz de hierro labrado sobre una columna de ladrillo rojo, rodeada de unos farolillos.
Seguimos recto por la Carrera de San Roque donde al final de la misma nos encontramos con el edificio de la Ermita de San Roque. Aunque este templo data de la segunda mitad del siglo XVI, de esa época solo queda la fachada norte. En 1990 sufrió una remodelación casi completa convirtiéndola en un homenaje al regionalismo sevillano de principios del XX, tanto por la composicion y ornamentacion de la fachada, como por el tiple arco de ladrillo y azulejo que la antecede. Su interior acoge al patrono de la población, San Roque. En la Ermita de San Roque también podemos contemplar la imágen de la patrona Virgen de las Batallas.
Volvemos sobre nuestro pasos hasta la anterior cruz descrita para desde esta continuar por las calles Reyes Catolicos, Batalla de Bailen y Vera Cruz hasta que llegamos a un parque donde vamos a contemplar el edificio de la Ermita de la Soledad. Esta construcción es el edificio religioso más antiguo que “se mantiene en pie” en la localidad de Arjonilla, ya que aparece citado por primera vez en las fuentes documentales durante la visita de la Orden de Calatrava del año 1499, donde se la menciona como “iglesia Mayor” bajo la advocación de “Santa María de Valrico”. Es este dato primordial para datar este templo, que cuenta con una cronología que, al menos, se remonta al siglo XV, y tratar así de enmendar la datación errónea del edificio, del que se ha dicho, e incluso se mantiene en diversas publicaciones digitales, que cuenta con una cronología del siglo XVI y XVII.
La ermita que se conserva en la actualidad es una construcción al estilo gótico-mudéjar, realizada en ladrillo. Posee una sencilla pero elegante fachada en cuyo centro se abre la puerta de acceso mediante un arco de medio punto, que se enmarca por sendas pilastras sobre las que se apoya un elemento adintelado que corona la portada, y que nos recuerda al entablamento del orden arquitectónico clásico.
A ambos lados de la puerta de acceso encontramos dos grandes pilastras que recorren verticalmente la fachada. Sobre una ventana adintelada, que enmascara un arco rebajado al interior, corona el edificio en su parte frontal una sencilla espadaña en la que se alberga una campana.
Alrededor de la antigua iglesia de Ntra. Sra. de Valrico se ubicó durante siglos, (suponemos que desde la construcción del templo en algún momento del siglo XV), el cementerio municipal, que se siguió utilizando como lugar de enterramiento durante siglos, e incluso durante los primeros años del siglo XX, hasta que debido a las malas condiciones higiénicas que presentaba la zona, así como la insuficiencia para cubrir las necesidades de enterramiento de los vecinos de la localidad, se realizan las obras para el nuevo cementerio municipal de Arjonilla en 1915, siendo finalmente inaugurado el 1 de octubre de ese mismo año.
Para acceder desde la antigua iglesia hasta el camposanto o a la inversa, existía una puerta lateral, hoy sellada, que se encontraba situada en el muro sur del edificio, y cuyo rastro es aún visible en la actualidad, coincidiendo su ubicación en la actualidad con la capilla que alberga a San Juan Evangelista.
El aspecto que podemos apreciar actualmente de la que fue primera iglesia mayor de Arjonilla, es el resultado de diversas intervenciones o restauraciones (de mayor o menor relevancia) que se han llevado a cabo sobre el templo primigenio a lo largo de sus más de cinco siglos de historia.
Al interior, la construcción posee una planta de salón cubierta por bóveda de lunetos (tipo de bóveda resultante del cruce perpendicular de bóvedas de cañón que tienen diferente altura), sostenida por unos arcos fajones a los que se le adosan arcos formeros que habilitan una serie de capillas en las que se les da cobijo a parte de la imaginería propiedad de las cofradías de Arjonilla.
En la cabecera, desprovista de retablo, se abre un vano que da vista al camarín de la virgen que, con toda seguridad, se construyó en fechas muy posteriores al levantamiento del edificio, coincidiendo probablemente con la proliferación de este tipo de aposento presente en la arquitectura religiosa de la edad Moderna, y que en la actualidad está presidido por la imagen de Ntra. Sra. de la Soledad, obra que no hace muchas fechas se ha atribuido al imaginero valenciano Amadeo Ruiz Olmos. Además, flanqueando la cabecera, existen sendos mascarones que se han insertado casi en el arranque de los nervios de la bóveda.
Desde aqui continuamos por la calle Vera Cruz y General Castaños hasta que al final de la misma llegamos a una plazuela donde vamos a contemplar el edificio de la Ermita de la Virgen de la Cabeza. Antigua ermita de Santiago, estaba dedicada a esa advocación, pero con motivo de la desaparición de esta imagen y el fervor existente en la localidad por la Virgen de la Cabeza, el nombre de la ermita se hace más popular como Ermita de la Virgen de la Cabeza. Fue construida en el Siglo XVI, de sencilla fachada con de 2 cuerpos, se puede apreciar en su interior un artesonado mudéjar de par y nudillo; un trabajo artesanal de gran belleza, siendo de los mejores conservados de la zona de este estilo. Remodelado el arco de entrada en 1978, aún se conserva su primitiva y sencilla morfología mudéjar, en la que se destaca su parte central que se adorna con dos pilastrillas de modo de alfil, ventana y espadaña de un solo cuerpo. En ella podemos encontrar la imagen de la Morenita, la Virgen de la Cabeza, patrona de la Diócesis de Jaén, siendo ésta una de las imágenes más antiguas de esta advocación existentes en la actualidad.
Adjunto a la ermita se encontraba el Hospital de Santiago, que era una fundación pía que atendía los enfermos. Desaparecido éste, se convirtió en Casa de Caridad. Hace ya años fue derruida para construir en su lugar el edificio que acoge a una escuela infantil.
En 1769 se sabe que las imágenes existentes en la ermita eran las de San Blas, San Antón, Santiago y Ntra. Sra. de la Cabeza. Con la destrucción de la ermita de San Sebastián ó Santa Ana (recibía ambas denominaciones), sus imágenes son trasladadas a la ermita de Santiago.
Durante la contienda civil se produjo la destrucción de estas imágenes y como la de la Virgen de la Cabeza fue recuperada pronto por ser la imagen que había sido retirada del culto al ser donada una nueva, fue colocada en el centro del altar presidiendo el mismo. Esto unido a la gran devoción que se tiene en Arjonilla a Ntra.Sra. de la Cabeza, hace que hoy la denominación más usada sea la de ermita de la Virgen de la Cabeza.
Desde la plaza y ascendiendo por la calle a la que da nombre visitamos el monumento mas emblematico de la localidad como es el Castillo del Trovador Macias. Su elemento más destacado y antiguo, del siglo XIII construido sobre una anterior fortaleza árabe del siglo VIII, es la torre del homenaje. El resto del recinto parece datar del siglo XV y ser obra de la Orden de Calatrava.
Las primeras referencias documentales de esta población datan del año 1282, cuando Sancho IV la entregó al arcediano de Úbeda, don Gonzalo Pérez. La independencia de Arjonilla como señorío duró poco, pues en el año 1331, el mismo arcediano la vendió a la villa de Arjona. En el año 1434, Juan II, por Orden Real obligó a la Orden de Calatrava a morar y a reconstruir el castillo. Sobre las ruinas de la primitiva fortaleza, construida por los árabes en el siglo VIII, se edificó la torre de alquería en el siglo XIII, y el recinto del castillo en entre los siglos XIV y XV. En esta época tuvo lugar el episodio de los famosos amores imposibles y desgraciados de Macías y Elvira, que inspiraron obras de Lope de Vega y Larra. Macías, el Enamorado, vivió encarcelado en su torre del homenaje y murió asesinado.
La primera referencia documental del castillo aparece a principios del siglo XV, cuando Juan II (1407-1454) parece obligar a la orden de Calatrava a habitarlo y a reconstruirlo, ya que, como parte integrante del sector sudoeste del Alto Guadalquivir, estaba bajo el control administrativo de esta orden, desde que, en 1246, constituyera la Encomienda de Martos.
Por los libros de visita de la Orden de 1492 y 1495, sabemos que las propiedades evaluadas en especies del haza de la Orden en Arjonilla, en pan por mitad, eran de 5 cahíces.
El sínodo de 1551 nos da la noticia de la existencia, en el interior amurallado del castillo, de la ermita de Santa Catalina, advocación que gozó de gran popularidad en el mundo medieval, en especial en la provincia de Jaén, debido a su vinculación con la conquista de la capital jiennense por Fernando III.
La documentación arqueológica refuerza esta noticia, ya que, en la excavación de urgencia, dirigida por Francisco Nocete en 1988, apareció un cementerio, y sobre él, materiales cerámicos del siglo XVII. Éste ha sido asociado a la ermita, puesto que, en el siglo XVI los cementerios se situaban, por lo general, junto a las ermitas.
En el siglo XVII fue demolido el muro sur, y el castillo perdió su carácter defensivo para servir como patio de la casa del Marqués de la Merced, con portada principal a la avenida de Andalucía.
Entre las diversas remodelaciones que sufrió el interior, es muy interesante la que se hizo para extraer el aceite de oliva, con un sistema que se articula junto a los restos del antiguo muro sur. El tipo de prensa utilizado es anterior al siglo XVIII, ya que no se documenta en esta zona, uno similar con posterioridad a esta fecha, aunque los vestigios encontrados guardan bastante similitud con los sistemas que aparecen, actualmente, en el norte de África.
A principios del siglo XX fue comprado por el Ayuntamiento junto con la casa del marqués, perdiendo su carácter privado. En 1962 fue edificado en este lugar un colegio de enseñanza primaria y cuya demolición dio lugar a la intervención arqueológica de urgencia.
El castillo de Arjonilla es obra de mampostería cristiana. La base del castillo es un polígono irregular, en tres de cuyos ángulos se ubicaron pequeñas torres circulares macizas. En sus muros tuvo adarves y almenas como atestiguan restos que aún se conservan.
El elemento más característicos de este pequeño castillo rural es la torre, levantada sobre zócalo de piedra por los cristianos en el siglo XIII, en la que confluyen tres lienzos de murallas.
La torre no presenta gran envergadura: la planta es cuadrada de cinco metros y medio de lado y diecisiete de altura. Su fábrica es de sillarejo, con cadenas de sillar y ladrillos, y consta de dos estancias superpuestas, cubiertas de bóvedas, a las que se añadió, en el siglo XV, una amplia ventana en el piso superior. El piso inferior, hoy casi soterrado por la elevación del nivel del suelo, se accedía a través de arco de medio punto de ladrillo; al superior, a través de arco similar pero dovelado en piedra, que deja apenas un estrecho postigo.
En el lado norte, se abrió una puerta con arco apuntado de ladrillo con entrada en forma de codo. Es posible que contara con otra torre del Homenaje, ya desaparecida, de mayores dimensiones dedicada al almacenaje y a la vivienda de los señores del castillo.
El castillo lleva el nombre de la leyenda de Macias el Enamorado que fue llevada a la literatura por obra y gracia de Lope de Vega o de Jose Maria de Larra.
Macías nació a principios del siglo XV en Padrón y murió trágicamente en Arjonilla. Aunque pobre, su ascendencia era de noble y antiguo linaje. Dejó su tierra natal para convertirse en doncel de Don Enrique de Aragón, marqués de Villena, maestre de Calatrava. Fue en el palacio de Don Enrique, en donde conoció a la que sería su amada Doña Elvira.
Hay muchas versiones de la leyenda de los amores arriesgados de Macías y Elvira, pero uno de los más conocidos dice que desde que Macías vio a Doña Elvira fue herido por la flecha de Cupido. Ambos se enamoraron, pero mantuvieron su amor en secreto. Quiso la desgracia que Macías tuviera que integrarse con las fuerzas que iban a luchar a Granada, y en su ausencia su señor casó a la dama con un hidalgo muy rico de Porcuna, Hernán Pérez de Vadillo.
A su vuelta, Macías se enteró de la triste noticia, pero siguió carteándose con su amada, y sabiendo por sus respuestas que vivía siempre en ella la memoria de los amores pasados, la siguió y la sirvió con la misma confianza y aliento que la había servido antes que mudara su estado. Pero el esposo notó el cortejo del amante trovador. Pero en vez de matarlo, como entonces era corriente en estos casos, informó al maestre Don Enrique del ilícito amor de Macías y aconsejándole éste que olvidara esos amores imposibles. Aunque Macías no obedeció a su señor y siguió cortejándola. El maestre colérico por la actitud del trovador, mandó encarcelar a Macías en la torre de Arjonilla, lo dedicó a cantar sus amores con Doña Elvira, esposa de Hernán Pérez de Vadillo. Y además procuraba que sus amorosas poesías llegaran a las manos complicadas de su amante. Y esto fue lo que le costó la vida.
La tradición dice que Hernán Pérez de Vadillo mató al trovador arronjándole un venablo a la ventana del castillo, mientras el prisionero plañía sus amorosas cuitas. Y otra historia cuenta que el marido se puso de acuerdo con los carceleros para asesinarle en la penumbra del calabozo.
Con la visita al castillo terminamos nuestro recorrido por la localidad, pero el viajero puede disfrutar de otros bellos rincones y lugares como pueden ser la Cruz de la Entrada, una cruz de forja sobre un pilar de ladrillo, rodeada de jardines y con una fuente a su espalda. La Fuente del Pozo Nuevo que se sitúa a la entrada de Arjonilla y que trata de una fuente de estilo neo-mudéjar de planta hexagonal realizada en ladrillo visto con decoración de arcos de herradura. Está rodeada de pequeña piletas y abrevaderos.
Entre las calles de Arjonilla destacan otros elementos como las hornacinas dedicadas a devociones religiosas. Una de ellas es esta hornacina monumental de la Santa Cruz en la Calle Comisarios, en la que según la tradición oral, se dio muerte al hijo de un alcalde. La realidad de los hechos, se encuentra bien documentada, ya que la persona cuya muerte conmemora esta cruz es el nieto de D. Luis Díaz de Aguilera, fundador del Convento franciscano de Santa Rosa de Viterbo. Precisamente fue la muerte de este personaje y la falta de herederos directos de la Hacienda de D. Luis, la que motivaron la fundación conventual.
Según las Crónicas Franciscanas. “Uno de los más principales en calidad y hacienda de la Villa de Arjonilla era Don Luis Díaz de Aguilera, regidor perpetuo de dicha Villa, Alcalde Mayor de Rondas y Familiar del Santo Oficio de la Inquisición. Nació heredero de su lucido caudal un hijo llamado Don Luis de Aguilera y Perales, que casado con Doña Isabel Antonia de Benavides Valenzuela y Carvajal, tuvo por feliz sucesor otro varón a quien en lo florido de sus años, y sin tomar estado mataron de un balazo, sin poderse averiguar el agresor. A esta fatalidad acompañó la del padre, que estando en la Iglesia de Arjonilla, se cayó muerto sin poder hacer diligencia alguna; y de uno y otro sepulcro dispuso Dios nuestro Señor saliese la rosa de ese monasterio, que se funda con el título de Santa Rosa, pues por sus muertes se aplicó para la fundación toda la hacienda”.
La muerte de D. Luis de Aguilera Valenzuela, acaecida en 1.671, está signada en el basamento que sostiene la cruz. La sabia tradición popular mantenía la opinión que en el lugar se había dado muerte al hijo de un alcalde, y en efecto, el hijo de Don Luis Díaz de Aguilera, y padre del difunto, desempeñó en vida el oficio de regidor del concejo municipal y la vara de alcalde por el estado noble. En la sección de causas criminales del Archivo Diocesano, se encuentra el inicio de procesamiento contra los dos principales inculpados en el asesinato, los presuntos clérigos de menores órdenes D. Jorge de Contreras Torres y Francisco de Torres.
Bajo un arco de medio punto realizado en sillería de piedra en la que se alterna el ladrillo, aparece esta cruz. Una reforma del año 1882, añadió a la composición unos pequeños pináculos en los que se grabó equivocadamente la fecha que muestra el pilar. Por error fue interpretada la fecha de 1.611, si bien el año que figura en el basamento es el de 1671.
Tomando el "Camino de la Fuente del Escribano", al que se puede acceder desde la prolongación de la C/ Juan Ramón Jiménez, la C/ Majuelo o desde la C/ Sierra Morena y, una vez que hemos dejado atrás, a la izquierda, el Cortijo de El Majuelo, nos adentramos en un paraje denominado el Carrizal, situado al suroeste de Arjonilla. Allí, a un kilómetro y medio del casco urbano de la población, nos encontramos un enclave natural donde se alberga "La Fuente del Escribano". Un elemento patrimonial que forma parte de la cultura tradicional arjonillera.
No conocemos el origen del nombre con el que se denomina a esta fuente, aunque lo cierto es que a menudo, la toponimia, nos indica que los nombres de los lugares se deben a cosas realmente simples, como por ejemplo sucesos históricos, costumbres, personajes... por lo que es muy posible que la designación d este bien patrimonial tenga relación con la figura de un escribano (funcionario público que servía como notario, y que antaño era frecuentemente que llevara a cabo su labor en diferentes cabildos municipales a la vez). Puestos a suponer, quien sabe si quizá un escribano pudo ser el mecenas de esta construcción, o simplemente se servía de la fuente para llenar su cantimplora y como abrevadero para su caballería antes o durante sus viajes...
A la izquierda según bajamos por el camino mencionado, y a poca distancia de este, nos encontramos con la fuente, cuya fábrica está realizada de ladrillo visto. Según se podía leer la inscripción de la lápida de mármol blanco que estaba colocada en el centro de la construcción, esta fuente fue reconstruida en noviembre de 1947 gracias a la subvención de la Cámara Agraria Provincial con la colaboración de la Hermandad de Labradores y Ganaderos (institución previa a la posterior Cámara Agraria de Arjonilla).
En su estructura podemos diferenciar dos compartimentos exteriores, existiendo en el de la derecha un pequeño pilar. Además, detrás del arco rebajado que existe en el centro de la fuente, se guarece un pequeño aljibe interno. Este manantial se nutre del Arroyo de la Fuente del Escribano, un caudal subterráneo cuyo cauce transcurre a través de rocas detríticas, graníticas y calcarenitas.
La Fuente del Escribano posee un caudal muy bajo aunque raramente se agota. El uso del agua de este manantial en la actualidad es rural y ganadero. Hoy el agua del manantial se usa muy poco, pero antaño, durante el siglo pasado, era una fuente muy frecuentada por los arjonilleros, utilizándose una parte de ella como abrevadero para las caballerías y el resto de ganado, y otra parte para abastecimiento humano. En la fuente los arjonilleros recogían agua, en cántaros y botijos, que utilizaban para su uso doméstico, para refrescarse en las labores agrícolas...
No cabe duda de que la estampa que presentaba la Fuente del Escribano antaño, según los testimonios que nos llegan de boca de los más mayores, debía ser entrañable. Hombres y mujeres con el cántaro a cuestas, o burros y animales de carga que portaban en los serones los cántaros y botijos.
También cabe destacar una serie de valores que posee la Fuente del Escribano como patrimonio arjonillero. Además de su valor arquitectónico como construcción, la fuente también posee un carácter histórico-cultural. Igualmente es destacable el valor paisajístico y pintoresco, así como el valor medioambiental del enclave donde se ubica la Fuente del Escribano; que se presenta como "un pequeño oasis", suponiendo un breve paréntesis en medio del monótono paisaje del olivar.
Arjonilla, la villa del trovador Macías, es un coqueto pueblo insertado en un paisaje ondulado y sin apenas relieves de la campiña jiennense cargado de historia y monumentos donde el ladrillo y la ceramica cobra gran importancia en muchos de sus edificios regionalistas.
GASTRONOMIA:
La cocina tradicional de Arjonilla se encuentra estrechamente identificada con las costumbres de la comarca y la región en la que se encuentra inmersa, sin que por ello deje de contar con algunas peculiaridades gastronómicas como es el caso del popular "potaje de habas con berenjenas", que los arjonilleros suelen tomar cada 16 de agosto, festividad de su patrón San Roque. Tal costumbre cuenta ya con casi cuatro siglos de vigencia ya que data del 20 de mayo de 1602, fecha en la que el Concejo de la villa acordó tener como patrón con carácter especial a San Roque, encomendándose a él para que el pueblo se viera libre de una epidemia de peste, el cólera morbo, que andaba haciendo estragos por la comarca. En justa compensación piadosa, las gentes de Arjonilla, para ganarse los favores del santo, hicieron solemne voto de ayunar y abstenerse de comer carne el día del patrón, así como de ser tenido por todos los del lugar dicho día como de fiesta mayor, y aquellos que incumplieran lo por todos prometido, no sólo incurrirían en pecado mortal, sino que sería dignos de ser castigados con el padecimiento de la peste. Este voto fue renovado en 1654 y ratificado el 14 de agosto de 1834, cuando reinaba Isabel II, lo que nos da idea del arraigo que este potaje de habas con berenjenas tiene en la tradición culinaria de las gentes de Arjonilla.
Aparte de los tradicionales gazpachos que comparte con la cocina de toda la provincia, cuenta con el denominado "salmorejo antiguo", de clara influencia cordobesa, y que no es otra cosa que un gazpacho espesado con yemas de huevos duros y adornado con las claras de los mismos. No menos arjonilleros son los "boquerones escarchados", ni las tradicionales "migas con tropezones", ni de menor solera culinaria es el "guiso de castañas" que se toma para la festividad de los Santos.
FIESTAS Y COSTUMBRES:
Las candelas de San Antón. En la noche del día 16 de enero, vísperas de San Antón, se encendían candelas para que el santo protegiera a los animales de labranza, guardianes, etc. Todo el pueblo salía tocando con esquilas, cencerros y caracolas, y se saltaban las candelas.
Los piticos de barro. En el mes de abril, tiempo de romería, para salir hacia el Santuario de la Virgen de la Cabeza, el pueblo esperaba la llegada de la Cofradía de Rute. Al día siguiente, tras hospedarse en la posada de Juan A. Ramírez, la cofradía de Rute se unía a la del pueblo para subir al cerro. A la vuelta, traían, estadales, caña de azúcar y tiraban “a roña”, los piticos de barro, a todas las personas que les esperaban en el camino de Andújar.
La aurora: eran cantos que se realizaban de madrugada en los días: 15 de agosto y 8 de septiembre, por la cofradía de Ntra. Sra. Del Rosario. En un principio, se realizaban sólo en las puertas de la Iglesia, de los clérigos y de las ermitas. Más tarde, en las de los cofrades. Actualmente, se siguen cantando muchas de las letrillas por las calles del pueblo, en la madrugada del 14 a 15 de agosto.
Tomar el ponche: Otra tradición referida al voto a San Roque, el 16 de Agosto, día de su festividad. En este día, la Corporación municipal tiene también la costumbre de invitar a todo el pueblo a “tomar el ponche”. En dicha invitación, los asistentes cantan emocionados el himno a Arjonilla. Este acto sirve de reencuentro de los arjonilleros residentes con los que habitualmente están ausentes.
El cañarrasca: Era un personaje típico que aparecía todos los años, a las 5 de la tarde del 24 de diciembre. Venía del cortijo de Anita Lara. Era uno de los trabajadores de aquella casa y venía todo pintado de negro con la tizne de la sartén, y en su cuerpo, trozos de cañas que sonaban al correr. Niños y niñas salían a recibirlo a la cruz de la calle Santa Ana. Tras recorrer algunas calles y haber cumplimentado a sus amos y señores en el pueblo, iba a la Santa Iglesia Parroquial para postrarse, con profunda devoción, ante el nacimiento del Niños Jesús.
Las Candelas de San Antón: la noche del 16 de enero, víspera de San Antón, se encienden hogueras para que el Santo proteja a los animales domésticos.
Semana Santa: Los pasos de la Semana Santa de Arjonilla son muy vistosos. Hay que destacar algunos eventos como el Domingo de Ramos con la exhibición de las palmas, realizadas por gente del pueblo y el Viernes Santo el acto de “desenclavamiento” de Cristo, procesión del Santo Entierro y pregones.
El Corpus Christi: Los vecinos decoran algunas de sus calles con motivos vegetales y con reposteros (tapices heráldicos) y levantan altares bellamente adornados para este día. La noche anterior es tradición pasear por esas calles…
Romería de la Virgen de la Cabeza: sienten los arjonilleros especial devoción por La Virgen de la Cabeza a cuya romería acuden con cofradía propia.
Fiesta de San Roque, el 16 de agosto: Se celebra fiesta en honor de San Roque, patrón de Arjonilla desde el siglo XVII. Durante estos días se suceden las actividades lúdicas, destacando las verbenas populares en las que se puede degustar el típico “ponche”. En la madrugada del día 15, la Cofradía de la Virgen del Rosario, despierta a sus vecinos con cánticos de aurora. Es una tradición que se remonta al siglo XVI. Es tradición comer este día “potaje de habas con berenjenas”. Tradición que data de 1602, cuando las gentes de Arjonilla, para ganarse los favores del Santo, prometieron abstenerse de comer carne el día de su festividad.
Fiestas de la Virgen de las Batallas el segundo domingo de octubre: Está organizada por tres familias de la localidad. EL acto más importante es el sorteo de “Los Cargos”, bandera, cetro y bastón, de la Virgen de las Batallas, que es la patrona de Arjonilla, recibe culto en la ermita de San Roque.
Fiestas Medievales de Macías, último fin de semana de septiembre. Mercado medieval que se realiza alrededor del Castillo, con multitud de puestos de venta y multitud de actividades, como exhibición de combates, cetrería, tiro con arco, animación callejera, talleres creativos
ARTESANIA:
Parece que el subsuelo de Arjonilla oculta evidencias de su remota tradición alfarera. Su actual cerámica artística, no obstante, comienza de la mano de un oriental Alfredo Mathia, de nacionalidad china en la década de los sesenta del siglo XX, como una extensión de naturaleza geográfica que procede de los modelos de Andujar. Se interrumpirá quince años después, en 1974, reanudando su andadura a partir de 1984 con fondos de la Consejería de Industria y Fomento y la tenacidad de su alcalde y pleno municipal. Ambos hechos son los que permiten la rehabilitación de la antes extinguida Escuela de Cerámica, que amplía su anterior condición a Casa de Oficios en 1988. En sus locales se imparten desde entonces, entre otras actividades, cursos de modelado y pintura.
Con tan corta andadura Arjonilla se ha convertido en los últimos años en un centro que ha sabido potenciar su tradición alfarera, transformándola en una concepción cerámica actual y en una fuente de ingresos que ocupa uno de los primeros puestos en la economía de este pueblo rodeado de olivar. La Asociación de Alfareros ha editado recientemente un cuidado catálogo en el que figuran doce firmas comerciales dedicadas a una tenaz actividad de cerámica artística, en la que podemos ver una simbiosis entre lo granadino y atisbos sevillano-talaveranos, todo ello tratado con certera intención, acentos que van alcanzando entidad propia y formas muy gratas de reflejos metálicos.
PLANO TURISTICO DE ARJONILLA:

































.jpg)


























No hay comentarios:
Publicar un comentario