ALBARRACIN (Teruel)

 



ALBARRACIN

Albarracín es un municipio del suroeste de la provincia de Teruel dentro de la comunidad autónoma de Aragón y cuenta con una población de 1006 habitantes. La localidad es Monumento Nacional desde 1961; posee la Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes de 1996, y se encuentra propuesta por la Unesco para ser declarada Patrimonio de la Humanidad por la belleza e importancia de su patrimonio histórico. Albarracín también es miembro de Los Pueblos Más Bonitos de España desde su creación.
Se encuentra situada cerca de la antigua ciudad romana de Lobetum. En época visigoda se denominó Santa María de Oriente y posteriormente los árabes llamaron al lugar Alcartam que se derivaría del antiguo topónimo de Ercávida, y lo más probable es que pasara a denominarse más tarde Aben Razin, nombre de una familia bereber de donde se derivaría su nombre actual. El topónimo procedería de Ibn (ben) hijo de Razin, reyes taifas de Albarracín desde la guerra civil de al-Ándalus hasta Ibn Mardanís, rey Lobo de Murcia. Es decir, 'el lugar de los hijos de Razin', aunque hasta el siglo xix su nombre oficial es Ciudad de Santa María de Albarracín.
El casco antiguo se encuentra construido sobre las faldas de una montaña, rodeada casi en su totalidad por el río Guadalaviar. Al norte se encuentra la sierra de Albarracín, y al sur los montes Universales. Parte de su término municipal está ocupado por el Paisaje protegido de los Pinares de Rodeno.
Su término municipal es, por razones históricas, uno de los más grandes de la provincia de Teruel y en él se encuentran las localidades de: Albarracín (capital del municipio), El Cañigral, Las Casillas de Bezas, Collado de la Grulla, Valle Cabriel, El Membrillo, San Pedro y Valdevécar.
El pueblo está encaramado en un peñón y rodeado por el Guadalaviar. Por este lado y mirando hacia el río se hallan edificadas las casas colgadas. Dentro del pueblo sus calles son empinadas y estrechas, con rincones muy pintorescos. La construcción ofrece la original arquitectura popular con la forja propia de la provincia además de tener el color rojizo característico llamado rodeno.
La localidad se divide en dos zonas: la parte antigua, la Ciudad, con sus casas colgadas sobre la hoz del río; y el Arrabal, situado en la vega del Guadalaviar.
Albarracín instalada en el interior de un meandro, es una ciudad de tipo espolón dentro de los tipos urbanos esenciales de al-Andalus. La puerta de la ciudad se abre sobre la vertiente menos abrupta donde eventualmente puede desarrollarse un arrabal. El espolón tiene la mayoría de las veces forma alargada, como en Mértola, Cuenca, Ronda o Albarracín y condiciona la extensión de la ciudad. Estamos ante ciudades pequeñas, cuya superficie reducida, sobrepasa raramente las 10 hectáreas. El punto más elevado del lugar soporta un reducto fortificado de extensión modesta, que es en general inferior a 0,5 hectáreas. Vista desde el exterior , la ciudad parece formada por un recinto único en el que una parte del trazado puede estar ausente cuando el relieve la reemplaza, pero el arrabal fortificado sigue siendo excepcional.



Albarracín y su Sierra se pueblan durante el Epipaleolítico, hace más de 8.000 años donde grupos de nómadas que se refugiaban en abrigos y cuevas practicaban una economía cazadora y recolectora.
Los abrigos de la Cocinilla del Obispo y Doña Clotilde, muy cerca de la ciudad, en el Paisaje Protegido del Rodeno, con diversas figuras de ciervos, grandes toros pintados en blanco y guerreros, son la mejor expresión del arte prehistórico levantino.
Las falcatas, monedas, inscripciones en alfabeto ibérico y lengua celtibérica, nos dan cuenta de una ciudad que pudiera tratarse de Lobetum, citada por Ptolomeo. Estos celtíberos son principalmente ganaderos, y combinan esta actividad con la metalurgia y la agricultura. Viven en poblados bien defendidos, en cerros estratégicos, y las tribus que las habitan tenían, entre los romanos, una bien merecida fama de guerreros sanguinarios y peligrosos. No fue fácil la conquista de estas montañas, y cuando se produjo, tras la guerras celtibéricas que acabaron en el 133 a.C con la toma de Numancia, hizo que perviviera un sustrato cultural que se mantuvo durante siglos.
En el año 711 se produce la invasión musulmana de la Península Ibérica y desaparece la monarquía visigoda, que no ha dejado ningún resto en Albarracín. Según el arabista Jacinto Bosch, un grupo berberisco de la tribu Hawara, llamado Ibn Razin, se estableció en estas tierras, haciendo de la ciudad, llamada en las fuentes árabes Santa María de Levante, o Santa María de Ibn Razin, gobernando un amplio territorio como gobernadores dependientes del Califato de Córdoba. Cuando el Califato se disolvió entre 1009 y 1013, los Ib Razin proclamaron una Taifa, o reino independiente.
Abu Mohamed Hudail ben Jalaf ben Lubb, con veinte años de edad, fue proclamado rey en 1013. A él se debe la primera estructura urbana del Albarracín actual. Famoso por su crueldad y refinamiento (llegó a matar a su madre), cuentan las crónicas que pagó 3.000 dinares de oro por la esclava más hermosa de Córdoba para traerla a Albarracín: “nadie vio en su tiempo mujer de andar más gracioso, de movimiento más vivos, silueta más fina, de voz más dulce, sabiendo cantar mejor, excelente en el arte de escribir, en la caligrafía, de una dicción más pura….”
Su hijo Abdel Melic llegó a extender sus dominios hasta Sagunto, y combatió junto al Cid y contra él, También fue conocido por su crueldad, llegando a mandar cortar las manos, los pies y sacar los ojos a su cuñado antes de crucificarlo por sospechar que conspiraba contra él.
El reinado de Abdel Melic se nos ha conservado un esenciero de plata, una joya que se hizo labrar para su esposa Zahr, y en el está grabada esta inscripción con letras de oro: “bendición perenne, bienestar general, prosperidad continuada, rango elevado, honor, asistencia, ayuda divina y buena dirección hacia el bien y la equidad”.
Según el “Cantar del Mío Cid”, en septiembre de 1093 el Cid se presentó en Albarracín con 200 hombres a caballo, fortificando su campamento cerca de la ciudad y asolando la comarca. Cuando se acercó, con solo tres hombres de escolta, por un portillo de la muralla salieron doce caballeros musulmanes, entablando una lucha de la que el Cid quedó gravemente herido.



Un siglo más tarde, un caballero navarro llamado Pedro Ruiz de Azagra, consiguió, según cuenta la tradición, que el rey Lobo de Murcia, que gobernaba entonces Albarracín, le cediera el reino de Albarracín en agradecimiento a su ayuda. Don Pedro se declaró vasallo de Santa María y señor de Albarracín, y se inicia así el dominio cristiano de la ciudad, independiente de Castilla y Aragón durante casi un siglo.
Para atraer a vecinos que quisieran venir a vivir a Albarracín, la familia Azagra otorgó un fuero que garantiza libertad, no pagar impuestos, y tener una parte del botín que se conquistase a los musulmanes. Muchos aragoneses, castellanos y navarros, buscando fortuna, decidieron instalarse en Albarracín. Sus escudos heráldicos todavía se conservan en los portales de sus casas. Además, los señores de Albarracín les permitieron elegir a sus representantes para gobernar la ciudad y su territorio, que con el tiempo se convirtió en la Comunidad de Albarracín. Este fuero se mantuvo hasta 1598, en que la ciudad pasó a regirse por el Fuero de Aragón. Los reyes, antes de iniciar su mandato, juraban cumplir y respetar el fuero y los privilegios de Albarracín.
La casa del consejo, hoy del ayuntamiento, en la plaza mayor, tenía una sala principal, llamada del rey don Jaime, donde se reunían los vecinos, presididos por el juez y los jurados (los actuales concejales), para discutir sobre cualquier asunto de interés común.
El último señor feudal de Albarracín, Juan Núñez de Laza, se enfrentó con el rey de Aragón Pedro III, que en 1284 puso sitio con su ejército a Albarracín. Destruyó los molinos y colocó máquinas de asedio para destruir e incendiar la ciudad. El campamento real se instaló fuera de las murallas, en el barrio que hoy se conoce como de Los Palacios. Tras varios meses de asedio, sin alimentos y a pesar de una salida desesperada de los infantes y caballeros de Albarracín, en la que murió el gobernador, finalmente Albarracín se rindió y finalmente en el año 1300 hizo homenaje al rey de Aragón.



El rey Felipe II quiso acabar con el foralismo de las ciudades de Teruel y Albarracín, e inició un grave conflicto que sólo acabó tras la sublevación en 1592, la decapitación del Justicia de Aragón y la abolición de los fueros. A partir de 1598 Albarracín quedó formalmente incorporada a los Fueros de Aragón, perdiendo sus leyes propias.
En 1689 las aldeas de Albarracín consiguieron, previo pago de un importante donativo de 4.500 reales, la separación jurisdiccional de la ciudad, consolidando una Comunidad diferenciada, con ordinaciones particulares, y sin dependencia, salvo en cuestiones eclesiásticas, de Albarracín. Pero con la llegada de los borbones en el siglo XVIII un corregidor real gobernó el territorio, de acuerdo con las leyes y costumbres de Castilla. La unificación territorial de España iba avanzando.
La instauración de la dinastía borbónica tras la guerra de Sucesión provocó la transformación de las instituciones políticas existentes hasta el momento, con el fin de colocar bajo leyes comunes los distintos territorios de Aragón. La reforma de la Comunidad de Albarracín se hizo según el modelo de las ya existentes en Castilla mediante un Auto Real de 1708. Albarracín se convierte en cabeza de un corregimiento hasta la división provincial de 1833.
A finales del siglo XVIII se crea la Real Junta de Industria Popular en Albarracín, a partir de la cual se impulsó la industria textil en la ciudad, y se empleó en ella a la mayor parte de la población.
El ejército francés de Napoleón entró en la ciudad el 26 de diciembre de 1809. Se destruyeron las fábricas de textiles, se arrasaron los campos y se confiscaron ganados. Se movilizó a la mayoría de la población y se arruinaron haciendas.
Del 1833 al 1840, durante las Guerras Carlistas, las partidas de El Royo de Alcañiz, Carnicer, Quílez, Marconell, Tena o el Organista, asolan la ciudad y su comarca. En su persecución, Albarracín será ocupado por las tropas liberales. El pueblo se manifiesta mayoritariamente carlista.
En el Concordato de 1851 entre el Estado español y la Santa Sede, en su artículo cinco, se produce una importante reorganización eclesiástica. La Diócesis de Albarracín quedó unida a la de Teruel. Se acaban así siete siglos de obispos en la sede de la diócesis. Desde 1878 fue gobernada por los obispos de Teruel como administradores apostólicos.
Durante la guerra civil española tuvieron lugar en la localidad combates entre las tropas republicanas y las sublevadas, cambiando varias veces el control de la población entre ambos bandos. En julio de 1937 tuvo lugar una ofensiva republicana sobre la localidad, constituyendo el mayor enfrentamiento bélico habido en la localidad durante la guerra. En un rápido ataque, el 8 de julio los republicanos se hicieron con el control de la localidad a excepción del ayuntamiento y la catedral, en los que permanecieron sitiados militares y civiles que se habían refugiado previamente. Los sublevados reaccionaron enviando refuerzos y el 13 de julio lograron reconquistar la localidad y expulsar a las tropas republicanas.


Albarracín es un lugar único. Pasear por sus calles, recorrer su muralla y adentrarse en sus monumentos es como hacer un viaje al medievo. Admirarás cada rincón, sus casas de color rojizo, sus puertas y llamadores, sus diminutas ventanas con visillos de encaje o sus balcones corridos en rica forja y de madera tallada. El precioso legado arquitectónico y urbanístico de Albarracín transpira encanto y sosiego. Por no hablar de las maravillosas vistas que obtendrás desde su envidiable emplazamiento.
En sus inmediaciones se extiende uno de los conjuntos paisajísticos y culturales más sorprendentes de Aragón: el Paisaje Protegido de los Pinares de Rodeno. Los contrastes cromáticos entre el verde del pinar y el rojo de la piedra de rodeno crean un espacio de gran colorido, fuerza y belleza. En sus abrigos rocosos se conservan excelentes muestras de arte rupestre levantino, declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Pasear por el casco histórico de esta población turolense te transportará a la antigua Edad Media al mismo tiempo que descubres los secretos de sus callejuelas. Eso sí, equípate con calzado cómodo y prepárate para subir y bajar por sus empinadas cuestas. Aprovecha para recuperar fuerzas en alguno de los muchos bares y restaurantes que encontrarás por sus calles o en la Plaza Mayor.



Durante el paseo podrás contemplar los numerosos edificios históricos como la Catedral del Salvador, la iglesia de Santa María, el Palacio Episcopal, la Casa de la Julianeta, la calle Azagra, la Torre Blanca o el Museo Diocesano, lugares a través de los cuales podrás conocer mejor la zona. No te pierdas el Museo de Albarracín, ubicado en un antiguo hospital, es el mejor punto para acercarse a la historia de la localidad. Una de las visitas imprescindible si visitas Albarracín, son las murallas de la época árabe que aún se conservan en muy buen estado. Situadas en la parte alta de la ciudad, ofrecen unas impresionantes vistas. El acceso debe hacerse caminando y si vas en familia, cuidado con los niños pequeños, pues el camino es bastante pedregoso. Y por ultimo disfrutar de su entorno natural realizando la ruta del Paseo Fluvial de baja dificultad de 1 o 2 horas de duración que te permitirá descubrir la zona menos conocida de la localidad, pero no por ello menos bonita. Nuestra recomendación es que hagas la ruta en sentido inverso. De esta forma, finalizarás el recorrido en los jardines ubicados en la parte baja de la localidad, donde encontrarás un espacio con mesas donde hacer un picnic o descansar. Aprovecha para mojar los pies en el agua del río Guadalaviar y refrescarte.




Más allá de ser una de las postales rurales más icónicas de la provincia, este pueblo merece un completo paseo tras todos sus secretos. A Albarracín nadie le discute su belleza en medio del meandro del Guadalaviar. A algo más de media hora desde la capital turolense, Albarracín merece ser tridimensionalizada como algo más que una postal idílica, algo que permite hacer el turismo slow: más allá de mirar con otra óptica a destinos cercanos, los redescubre para ahondar en sus singularidades y disfrutarlas en plenitud. 
No hace falta asomarse al mirador que hay a los pies de la catedral, donde se obtienen postales con la muralla de Albarracín coronando el roquedo de enfrente, para constatar que gran parte de su encanto está en ese color tan característico con el que se tiñen la mayoría de sus construcciones. Porque sí, la piedra está presente. Y sí, la madera también asoma en los entramados exteriores, pero la coherencia cromática es sorprendente e inesperada en un país tan alegre y anárquico (en lo estético) como España. La razón no está muy lejos. De hecho, se encuentra en el yeso rojo que se obtiene en la sierra que rodea esta localidad. Se trata de una mezcla entre yeso normal y óxido de hierro que no solo tiñe de un rojo pálido todas las postales, sino que 'agarra' mejor y tiene mayor perdurabilidad al ser un material más sólido y resistente.


Sin duda, la mejor manera de conocer Albarracín es perderse por sus calles empedradas, disfrutando de los rincones con encanto y los miradores que nos ofrece la ciudad. Su belleza indiscutible es herencia de su pasado visigodo, árabe y cristiano, del legado de la nobleza aquí instalada durante siglos y del respeto que sus habitantes han sentido siempre por esta impresionante localidad.
Sus calles empinadas, adaptándose a la accidentada orografía del terreno, el cauce del río enmarcando el casco urbano, la singular arquitectura local y las formas de sus casonas y edificios más antiguos, que parecen desafiar las leyes de la gravedad, han inspirado a poetas y artistas en múltiples ocasiones.
En esta guía de Albarracín nos ocuparemos de su recinto amurallado, las casas nobles y la arquitectura tradicional, la Plaza Mayor, el Palacio Episcopal, sus principales iglesias: catedral y templos de Santa María y Santiago, etc.
Albarracín nace de la misma roca, salpicando ese peñasco gigante de ladrillos que parecen meandros rojos y grises sobre los que se erigen orgullosos un castillo y una muralla. Casi parece que la ciudad se levantó para parecer que era impenetrable. La peculiaridad de su alzamiento hace que desde cualquier punto desde el exterior de la muralla se pueda hacer la mejor fotografía del recuerdo. No hay lugar desde donde no se vea Albarracín precioso desde el exterior. En el interior de Albarracín, la sobriedad de centenarias casas medievales dibujan callejuelas de trazados imposibles, empedrados que en otro tiempo tronaban al paso de un caballo y un envolvente silencio que se torna misterioso cuando el día muere y el sol desaparece. Pasear por las calles de Albarracín es sentir el aliento de los siglos de historia que han esculpido las diferentes dinastías, desde la Casa de los Lara hasta la misma corona de Aragón.





Con la publicación en el BOA de la Orden por la que se delimitaba el Conjunto Histórico de Albarracín y su entorno de protección, se establecieron las medidas de tutela, tanto para el Conjunto Histórico, a través de su Plan Especial, como para su Entorno de Protección.
La nueva delimitación (bien a proteger) del Conjunto Histórico recoge tanto el casco histórico situado dentro del recinto de las murallas así como los barrios de los Palacios y de Jesús. El conjunto protegido abarca cuatro zonas:
El extremo sur del meandro es el que se supone se adapta al trazado que hipotéticamente debía tener la muralla en esa zona atendiendo a las características orográficas de la misma, la documentación existente y el estudio de la zona.
El extremo oeste del barrios de los Palacios está readaptado a las edificaciones que existen en el momento de la Orden.
El límite norte añade el foso que rodea todas las murallas, así como la torre del Andador.
El extremo norte del barrio del Jesús, al igual que ocurría co el oeste del de los Palacios, se adapta a las edificaciones existentes.
Este conjunto se caracteriza por presentar calles estrechas y empinadas callejuelas en las que se disponen casas de irregulares muros de fábrica de mampostería y entramados de madera, utilizándose tabicones de escayola (en su mayoría de color rojo), para hacer tanto tabiques interiores de las casas o divisiones interior en las mismas, como soportes para la colocación de tejas, pizarras así como de otros elementos.
El núcleo más primitivo del conjunto histórico se centraría en la zona en la que en el siglo IX los Banu Razin habrían construido un hisn, en la peña en la que se sitúa en la actualidad la alcazaba, alrededor del cual se establece un caserío, que da lugar a un núcleo poblacional que se denomina Santa María de Levante, conservando de este modo el nombre del antiguo poblado visigodo y la iglesia que existiría en los alrededores del mismo.
Este núcleo inicial se expande dando lugar a la formación de una medina (protegida por una murallas que recorrían el borde superior del meandro, y que se completaban con la conocidas como Torre del Andador y de la Muela, esta última en ruinas actualmente; de manera que se formaba con la Alcazaba, un triángulo inexpugnable) que ocupó la totalidad del meandro y que estructuraba su urbanismo en un eje principal en el que se disponía la alcazaba, la mezquita y el zoco, que es la actual plaza Mayor.
Con la aparición del Reino de Taifa de Albarracín en el siglo XI, Santa María de Levante pasa a denominarse Santa María de los Banu Razín, nombrándose finalmente Albarracín. Durante este siglo el recinto amurallado se amplía añadiendo en su interior el primer arrabal extramuros que surgió alrededor de los caminos que salían del zoco, que coincidirían con las calles Azagra (donde se disponen las conocidas como casas colgantes, en la que pueden observarse espléndidos ejemplos de casas señoriales como la casa de los Dolz de Espejo, el palacio de los Navarro de Arzuriaga y la casa de la Brigadiera (que actualmente es un hotel), y Portal de Molina, añadiéndose además una gran zona que se utilizaba para el pastoreo y refugio del ganado ante cualquier peligro.
Con la estabilidad económica y política que se alcanza en el siglo XVI se produce una extensión de la ciudad, apareciendo barrios extramuros como Palacios o el Arrabal de la Vega, este último ya entre los siglos XVII-XVIII. Mientras intramuros se construían casas de mayor tamaño. Es en este momento cuando se construye la catedral, el Palacio Episcopal, el Ayuntamiento, las iglesias de Santiago y Santa María, la ermita de San Juan, el Hospital así como el Colegio e iglesia de los escolapios.
Las características urbanísticas de Albarracín dificultaban el paso de vehículos por la carretera que debía atravesar el núcleo histórico. Es por ello que en el siglo XIX se construye un túnel en la roca sobre la que se asienta Albarracín, lo que dio lugar a la aparición de un nuevo barrio al norte del casco antiguo llamado barrio del Jesús.







Comenzamos nuestro recorrido por Albarracin estacionando nuestro vehiculo en uno de los varios parkings que hay habilitados en la villa. En concreto en el de la calle San Antonio junto a la oficina de turismo. Desde ahi cogemos la Cuesta de Teruel donde a mitad de la misma nos encontramos con el primero de los monumentos que vamos a contemplar como es el antiguo Convento y Colegio de Escolapios que fue construido a finales del siglo XVII y que hoy en dia es el Hotel Arabia donde comparte instalaciones con “Apartamentos El Recreo”.
En 1731, los Padres Escolapios se establecen en el municipio, comenzando a construir el colegio en 1742. De planta cuadrada, tiene un patio de luces interior. Su fábrica es de mampostería, con decoración en ladrillo alrededor de las ventanas. En el último piso, vemos un alero de ladrillo como remate. El interior se asemeja a las casas señoriales que salpican la villa, destacando su escalera, que queda rematada por una torre-lucernario con el escudo del obispo D. Juan Francisco Navarro Salvador y Gilaberte en el techo de la misma, siendo él quien promovió la construcción de este colegio. 
Por su parte, la iglesia se encuentra adosada al edificio por su parte este. Su construcción, en el siglo XVIII, se debe al mecenazgo del obispo D. José Molina Lario. Del exterior, destaca la sobriedad de su fachada, con grandes muros ciegos de mampostería con una portada sencilla en el lado Este. En el interior, se encuentra organizada en torno a tres naves y un crucero, con cúpula sin tambor. Destacan especialmente los retablos, sobre todo el del altar mayor, de estilo barroco.




Al final de la cuesta llegamos al inicio de la calle Azagra. Una curiosa calle donde los tejados están prácticamente superpuestos e incluso llegan a tocarse, lo que hace que casi no entre la luz del sol. Esta calle nos recuerda el pasado de origen musulmán de la ciudad y su posterior traza medieval.
Caminar por esta calle es como pasear por el misterio. Un lugar estrecho, sombrío, repleto de claroscuros pero de una belleza sorprendente. Pasamos de tonos anaranjados a marrones profundos y toques de grises plateados. Albarracín es así una increíble paleta de colores tierra. En la calle Azagra encuentran algunas de las construcciones nobles más interesantes de la ciudad y es una de las arterias principales a la hora de deambular por Albarracín ya que a su paso encontramos rincones muy interesantes para fotografía y disfrutar.
Una de esas construcciones es la Casa de la Brigadiera que fue construida a finales del siglo XVI donde su parte trasera está sobre las rocas que circundan la ciudad por su parte oriental. Pertenecía a la familia Asensio de Ocón y de Marcilla y en ella vivió el brigadier José María Asensio. Al morir éste, la casa pasó a pertenecer a su esposa, conocida como "la Brigadiera". Cuenta la historia que, durante la Guerra de la Independencia, un oficial francés intentó abusar de ella. A raíz de ello, el pueblo y su familia buscó al francés y, cuando le cogieron, lo tiraron al vacío desde la parte de la casa que da al abismo. Desde entonces, el edificio es conocido como la Casa de la Brigadiera. En la actualidad, ha sido convertido en un hotel. Es un edificio de mampostería de tres pisos. En la parte inferior se abre la portada, de piedra, en arco de medio punto dovelado. En el segundo piso un balcón rectangular, y a la derecha un pequeño vano adintelado. En el tercero se abre la típica galería de arquillos de medio punto bajo un gran alero de madera.
En la fachada lateral se abren varias ventanas cuadradas y una pequeña portada adintelada con forja, que correspondía a un oratorio que, bajo la advocación de Santa Ana, se ubicaba en el edificio. Hoy en día, en el interior, aún se conservan restos de las pinturas que cubrían esta capilla. Sobre la portada se puede ver un azulejo con la imagen de la Inmaculada Concepción. La parte posterior de la casa asienta sus fundamentos en los escarpes rocosos que delimitan la parte oriental de la ciudad. Son las llamadas Casas Colgantes que jalonan esta zona de Albarracín.
Otra de las construcciones señoriales es la Casa Dolz del Espejo o tambien conocida como Casa de los Angulo, un palacio señorial que data del siglo XVII con ampliaciones posteriores. Propiedad de la familia Ángulo es una ilustre casa de buena fábrica, en piedra con balcones decorados con rejas de hierro y maravilloso escudo familiar conservado intacto por la familia en la fachada. Es la típica casona aragonesa con un amplio patio interior decorado al estilo y una regia escalera de varios tramos que dan a cada uno de los pisos. En el hueco de la escalera aparece, en la tercera planta un escudo tallado en madera. La escalera fue rehecha en los setenta y pese a los destrozos que ocasionó la Guerra Civil se conservaron gran parte del mobiliario y las pinturas. La amplia superficie que ocupa su fachada hace un conjunto perfecto con Casa de la Brigadiera u Hotel Azagra, al que tiene enfrente. Tiene tres alturas con portada adintelada y buena rejería de forja.
Y finalmente la Casa de los Navarro Arzuriaga o conocida vulgarmente como la Casa Azul levantada en el siglo XVII. Ya en el XVIII, esta familia se convierte en la más influyente de Albarracín. Será entonces cuando remodelen la casa y decoren su fachada con elementos neoclásicos propios de la época. Cuenta la leyenda que un miembro de la familia Navarro se casó con una joven andaluza que, para tener en Albarracín recuerdos de su tierra, hizo pintar la fachada de este color. Por otro lado, también se dice que estos colores son reminiscencias que han llegado hasta nosotros debido a las relaciones de trashumancia que había entre estas tierras y Andalucía. Sin embargo, no se sabe con certeza si esto es más fantasía romántica que realidad. Del edificio, lo que más destaca es su torre-lucernario y sus escaleras.








Continuamos nuestro paseo por Albarracin ascendiendo por las escalinatas de la calle del Chorro donde podemos contemplar unas vistas espectaculares de la villa desde el Mirador del Cuartel, que recibe su nombre del cuartel de la Guardia Civil que se instaló hasta los años 70, en la casa que hay a nuestra espalda y que se distingue por poseer una bonita ventana geminada en arcos de rodeno. Desde este mirador descubrimos una bonita panorámica con la iglesia de Santa María al fondo, la judería que discurre bajo el Castillo, la Catedral presidiendo la Ciudad encima del cortado del río, y debajo de nosotros, la calle AzagraYa descendiendo y cerca de las inmediaciones de la fuente (la cual esta  realizada en piedra con caño metálico para la salida del agua albergado bajo arco de medio punto realizado en ladrillo, adovelado y con despiece), y en la confluencia de las calles de El Chorro y Santiago, se halla una casa que por su retorcimiento es modelo de fotógrafos y pintores, y que el visitante no debe perderse en Albarracín. Se trata de una casa, que como la de la Julianeta, se ubica en la intersección de dos vías (un callejón y una calle), lo que hace que una de sus fachadas muestre un ángulo como la popa de un barco.
Es, por tanto, una casa que no pasa inadvertida por su originalidad, volumetría, inclinación y sus materiales constructivos típicos de Albarracín -piedra, madera y yeso-; y, a su vez, por su torcimiento con tabicones de yeso propios de siglos pasados. Puede parecer que el desplome de sus fachadas cuestione la estabilidad del inmueble pero nada más lejos de la realidad. Para observar bien su inclinación, debemos situarnos en la puerta del restaurante que hay enfrente. Al final de dicha calle llegamos a uno de los puntos nuralgicos de la villa como es la Plaza Mayor donde en su arranque inicial se ubica la casa que posee el balcón esquinero. A mitad de la cuesta y a nuestra derecha, se observan unas casas reconstruidas tras su derrumbe durante la Guerra Civil que pasan desapercibidas en el conjunto al utilizarse los mismos materiales y técnicas constructivas de antaño. 









A pesar de la irregularidad del casco urbano, se puede considerar esta plaza como el centro geográfico de la ciudad  y sirve de hilo conductor del entramado de calles y callejuelasSe asienta sobre un primitivo foso natural de la muralla que se rellenó en el siglo XI, época en la que los musulmanes ampliaron la ciudad.
El carácter de plaza de la ciudad lo adquiere a partir del siglo XIII, denominándose plaza de Santa María. El cobertizo mayor del siglo XIV se ubicaba debajo del actual Ayuntamiento, atribuyéndole la función de lugar de reunión de la Ciudad y aldeas. En 1654 es nombrado con el mismo nombre, pero se le da ya una función de mercado, lonja o pescadería, carácter comercial que siempre tuvo el cobertizo antiguo o mayor. Los edificios que la rodean presentan soportales y balcones corridos, generalmente protegidos por barandillas de forja. El más destacado de todos ellos es el del Ayuntamiento, construcción del siglo XIV que obtuvo su presente imagen tras una reforma efectuada en el siglo XVI. Ocupa buena parte de tres laterales de la plaza y está soportado por arcos de medio punto salvo en su tramo central, donde éstos son reemplazados por columnas. De los actuales edificios de la plaza Mayor sólo comentaremos detenidamente la casa del balcón esquinero y la casa consistorial.




La Casa del Balcon Esquinero se conoce desde 1601, más tarde fue transformada para adaptarla a fonda o casa de hospedaje, teniendo en los bajos las cuadras para las caballerías, donde hoy encontramos el Banco Santander. Se abre a la Plaza por medio de arquerías, que todavía podemos observar cegadas en su fachada junto a un grabado de un índalo en un sillar de su esquina.
Su rasgo más característico es el balcón esquinero, vano en ángulo que no es único en España, puesto que conocemos otros de la misma fecha en Valladolid, Soria, Úbeda… En los días lluviosos, cuando la fachada está húmeda, puede apreciarse el complejo sistema de maderas que soportan el peso, para poder liberar la esquina de la necesaria pared.
El Ayuntamiento o Casa Consistorial sobresale por su importancia y magnitud. La referencia documental más antigua es del siglo XIV. Desde el siglo XVII tiene una sala llamada del rey Don Jaime; nombre que se conserva en la actualidad y donde el Concejo realizaba sus reuniones o sesiones. Se sitúa sobre el porche viejo (ala izquierda). Su denominación se debe a Jaime II quien, en 1300, anexionó transitoriamente Albarracín y sus tierras a la Corona de Aragón y le concedió el título de Ciudad. En la parte baja de las “casas de la ciudad” (fachada central), se situaron hasta tiempos muy recientes las cárceles.
En la actualidad su estructura se dispone en tres alas (que toman las direcciones norte, sur y este) sobre pórticos. La planta baja tiene en su tramo central, soportales arquitrabados, mientras que en el lateral izquierdo son arcos de medio punto, y el ala derecha es una réplica construida en los años 40 a imitación de los porches de la izquierda. La planta superior presenta fachada de balcón corrido con baranda de forja y canes de cemento pintado. El centro lo presiden las armas de la ciudad, que en su origen se componían únicamente de corona y la imagen de la Virgen María sedente con el Niño Dios en brazos. Anexionada la Ciudad y su tierra a la Corona de Aragón, se incorporan al escudo las barras aragonesas a los pies de la Virgen. Actualmente, el escudo se divide en dos cuarteles: a la izquierda la Virgen sedente con el Niño en brazos y a la derecha las barras aragonesas, y sobre él una orla con la inscripción: M. N. L. F. y Vdra. (Muy Noble, Leal, Fidelísima y Vencedora) Ciudad de Albarracín (realizado en 1957).
Por las referencias históricas sabemos que hasta 1843 sólo ostentaba los títulos de La Muy Noble y Siempre Fidelísima, por lo que los títulos de Leal y Vencedora deben corresponder a concesiones del Estado con motivo de la última guerra civil.
Sólo nos falta destacar del aspecto exterior del Ayuntamiento los enormes contrafuertes que sujetan el edificio en la fachada que mira al río, y que M. Almagro atribuye a Pierres Vedel (siglo XVI).
En su interior, se guarda el Archivo Histórico Municipal, uno de cuyos principales documentos es el fuero, otorgado a la ciudad por don Pedro Fernández de Azagra en el siglo XIII. También conserva el estandarte de la ciudad bordado en oro y plata, con flecos de hilos en color amarillo, rojo y azul (colores de la actual bandera que fue rehabilitada en 1989). Representa a la Virgen sedente con el Niño Dios en brazos, añadiéndose de forma insignificante y desproporcionada las barras aragonesas a sus pies, fechadas en el siglo XVI.
Aparte de su valor histórico artístico, la plaza es escenario de los acontecimientos más importantes de la ciudad; en ella se celebran las corridas de toros y para ello se cierra con troncos de pinos formando una estructura peculiar. No debemos olvidar la procesión del Corpus Christi, las hogueras de San Antón y, entre otras manifestaciones, el baile de la «jota hurtada» (robo de la pareja) y los Mayos.




Desde la plaza continuamos nuestro recorrido por la calle Catedral. En esta vía, la más importante durante el siglo X, se encontraba el único acceso en la muralla para entrar a la ciudad. Algunos de los sitios más emblemáticos de este poblado medieval se encuentran en este pasaje, como la casa de los Monterde, el Palacio Episcopal y la Catedral. También cuenta con un mirador para apreciar las mejores vistas de la localidad y en particular, de la muralla.
Al inicio de la misma podemos contemplar tambien el edificio de la Casa de la Enseñanza sede de la oficina comarcal agroambiental. Es un edificio del siglo XVIII de líneas muy sencillas en el que destaca la sobriedad de su fachada. Con ventanas enrejadas, en una de las cuales se puede leer su nombre y su fecha de construcción: 1778. En el interior, se puede ver su escalera, que queda rematada con una torre-lucernario, además del escudo de Albarracín en el techo. Hasta no hace mucho, en la casa estuvieron las escuelas públicas de la ciudad, siendo más tarde sede del juzgado y en la actualidad, es sede de la Comarca de la Sierra de Albarracín.
Justo al lado del anterior edificio descrito se ubica la Casa de los Monterde cuya construcción es posterior a 1638 y perteneció a la familia de los Monterde y Antillón, siendo sin duda, una de las casas más notables de la ciudad. Destaca su alzado, la fachada, su rejería, el patio interior y su escalera.
La fachada destaca por el sillarejo de su primer piso, alternando con la mampostería del superior, decorado con estrías curvas siendo De especial interés es el alero con canecillos de madera tallada con motivos de cabezas femeninas y hojas de acanto. La portada es adintelada, de grandes proporciones y coronada por un escudo de armas. Sobre la fachada destaca el cuerpo de iluminación de la escalera, a modo de linterna. Es cuadrado con dos huecos rectangulares por cada lado y una cornisa de molduras de estilo barroco teniendo los balcones de hierro forjado.




En la misma plazuela podemos contemplar el edificio del Palacio Episcopal. El obispo de Albarracín disponía de una residencia junto a la catedral, hoy restaurado como sede la Fundación Santa María de Albarracín como sede de cursos y congresos, con obras muy notables, como la capilla del palacio, del obispo Fray Jerónimo Fombuena en el siglo XVII, la biblioteca y archivo, las dependencias exclusivas del obispo, o la portada, rematada por el escudo del obispo Juan Navarro Gilaberte. Es un estupendo ejemplo de la vida palaciega del siglo XVIII, donde está ubicado el museo diocesano, en el que destacan, entre otras colecciones, los tapices flamencos del siglo XVI que relatan la vida de Gedeón.
El Palacio del Obispo o Palacio Episcopal, anexo a la Catedral a través del sobrio claustro, constituye el edificio residencial más importante de la ciudad de Albarracín. Su configuración y diseño actual dieciochescos se atribuyen a los mandatos de los obispos Juan Navarro Gilaberte, Juan Francisco Navarro Salvador y Gilaberte y José Molina Lario. Los espacios y ambientes del Palacio Episcopal son un interesante y admirable ejemplo de la arquitectura doméstica del siglo XVIII y evocan, a su vez, la forma de vida de quienes gobernaron uno de los obispados más modestos de España en el siglo de la Ilustración.
Los materiales utilizados en su construcción fueron los proporcionados por el medio natural circundante; esto es, piedra caliza del Jurásico y arenisca roja del Rodeno, mortero de cal, yesos de diferentes tonalidades (ocres, grises azulados y rojos intensos; siendo los últimos los más utilizados y que imprimen el color característico de la ciudad), madera (pino silvestre o albar, fundamentalmente), hierro forjado y cerámica. En cualquier caso, debe subrayarse que tanto el yeso como la madera son los componentes fundamentales de la arquitectura de la ciudad.
Su fachada principal se abría a la placeta y mostraba una portada de cuidada cantería de piedra caliza con un bello portón al uso con herrajes, llamadores y clavos de forja que comunicaba con un pequeño patio. En el mismo, dos arcos de cantería dan paso al zaguán ocupado en casi tu totalidad por unas amplias escaleras con pasamanos de madera y barandilla de forja que concluyen en una típica torre-lucernario en cuyo techo lucen las armas o el escudo del obispo Juan Francisco Navarro Salvador Gilaberte, al igual que en el pórtico de la entrada del Palacio.



En la planta primera del conjunto episcopal se alojaba un gran salón y las dependencias privadas del Vicario General. Estas estancias son en la actualidad el salón de actos principal y otros recintos habilitados para encuentros, tertulias, jornadas técnicas y eventos culturales del Palacio de Reuniones y Congresos de la Fundación Santa María de Albarracín que se erige como el principal motor cultural de la comarca; sin menoscabo, de la extraordinaria labor de restauración de patrimonio cultural -material e inmaterial- que lleva a cabo y que, en definitiva, la proyecta como referente nacional en la materia.
La planta noble de este emblemático edificio con remembranzas del siglo XVIII alojaba las habitaciones privadas del obispo o prelado y las dependencias administrativas diocesanas. La distribución, detalle y planeo de las habitaciones privadas, la capilla, estancias comunes, cocina, almacenes de grano, etc. se asemejaban al de las casas palaciegas de época.
Debe precisarse que en el piso alto del palacio -y cota más alta de la ciudad-, se conservan los salones y estancias que servían de residencia al obispo y que, en la actualidad, albergan el Museo Diocesano.
A su vez, hallamos allí la capilla principal a la que se accede por una doble puerta orlada con motivos arquitectónicos donde sorprende sobremanera el barroquismo provinciano de la decoración de sus paredes y bóveda; así como, lo recargado de su retablo dorado y policromado. La atmósfera barroca y la teatralidad del conjunto impresionan donde destacan, en particular, algunas pinturas con figuras clericales intrigantes que se asoman tras celosías y cortinajes y que, en definitiva, parecen custodiar el entorno.
El Museo Diocesano exhibe unas interesantes piezas de orfebrería, imaginería, pinturas y otros objetos de culto y ornato (tapices flamencos del siglo XVI de la fábrica de Bruselas-Bravante, etc.) procedentes, principalmente, de la Catedral y de otras iglesias de la diócesis.
Finalmente, indicaremos que los espacios no dedicados al Museo Diocesano se destinan al Palacio de Reuniones y Congresos de Albarracín y a la sede de la Fundación Santa María de Albarracín, dedicada a múltiples actividades culturales y de restauración del patrimonio en la Ciudad de Albarracín y su Comunidad; así como, en otras delimitaciones territoriales de la provincia y Comunidad Autónoma.




Como hemos referido anteriormente junto al palacio espiscopal se ubica la Catedral del Salvador de Albarracin. La catedral se asienta sobre los restos de un antiguo templo románico construido a finales del siglo XII donde posteriormente sobre lo que sería la mezquita musulmana, en el siglo XIII se construyó la primitiva catedral​. Albarracín tiene Iglesia Catedral desde 1172, fecha en que se erigió la diócesis. Este monumento eclesiástico es el más emblemático de la ciudad. Esta primera Catedral se ubicó muy probablemente sobre la primigenia mezquita aljama (o principal) y no fue más que el templo de Santa María que los cristianos subieron a la zona alta en el siglo XIII (16 de agosto de 1200), fecha en la que se inaugura la segunda Catedral que aprovechó los restos de la anterior y que debió tener una torre de un solo cuerpo, hasta el arbotante de la nave central. La tercera Catedral y actual se comenzó a construir por los obispos Gilabert Martín y Gaspar Jofre de Borja (entre 1530-1532) y el coro se realizó en 1538 (necesitando robustos contrafuertes) y la ampliación de la torre, debido a dificultades económicas, se construyó en dos fases, terminándose en 1598. Indicar, a su vez, que en la base de la torre se conservan restos romanos incrustados.
El edificio se encuentra en el centro de la población, entre cuyo caserío destaca poderosamente. La difícil orografía de Albarracín, asentada en una elevación rodeada por la hoz del río Guadalaviar, influye en la configuración del edificio, cuya planta se organiza en una sola nave con capillas laterales, gran capilla mayor ligeramente más alta con ábside poligonal, coro a los pies, y claustro y otras dependencias alrededor.
Es un templo de una sola nave, cubierta con bóvedas de crucería policromadas y estrelladas de tradición gótica tardía. Fueron realizadas entre 1556 y 1560 por el francés residente en Albarracín, Quinto Pierres Vedel aunque parece ser que las obras en las mismas ya habían comenzado. Dispone la nave central de capillas entre los contrafuertes que se abren al interior del templo a través de arcos de medio punto que descansan en pilastras adosadas al muro. Entre los maestros de obras de los que tenemos noticias destacan Martín de Castañeda que realizó la cabecera y el coro bajo.
El último elemento en ser construido fue la torre campanario, realizada en 1595 con planta cuadrangular y tres cuerpos. Los dos primeros cuerpos son macizos mientras que el tercero donde se ubica el cuerpo de campanas, abre al exterior dos ventanas en arco de medio punto sobre cada uno de sus lados. Sobre la terraza de este tercer cuerpo, un cuarto cuerpo, más pequeño y de planta octogonal, con chapitel piramidal cubierto con tejado de cerámica mudéjar. El campanario se atribuye al maestro de obras Alonso de Barrio Dajo, durante el obispado de Martín Terrer Valenzuela cuyo escudo se ve en el primer tramo de la torre. Martín Terrer había nacido en Daroca en 1549 y murió en Zaragoza en 1631 tras haber sido obispo de Teruel, Tarazona y de Zaragoza poco antes de su muerte. Su escudo está formado por un ajedrezado de quince casillas, el Agnus Dei y una torre.
En el piso inferior de la torre podemos ver tres sillares de piedra reutilizados de alguna construcción o memorial romano de las inmediaciones. Son sillares alusivos a los dioses, homenajes a la majestad imperial y memorias sepulcrales. En ellas destaca un sillar conocido como la sartén y la aceitera que por el dibujo que lleva así parecen, pero que en realidad debe corresponder a una pátera y a un prefirículo usado por los romanos en los sacrificios.
La catedral dispone de dos portadas de similares características pero completamente diferentes. Construidas con formas clasicistas, la habitual de entrada a la iglesia se realiza por la calle de la Catedral. Está formada por un arco de medio punto en cuyas enjutas encontramos dos escudos iguales y en la parte superior un frontón con una pequeña hornacina vacía. Flanquean el frontón dos esculturas de San Pedro y San Pablo. Para acceder a esta portada es necesario ascender por una escalinata de varios tramos que sirve para salvar el gran desnivel del terreno. Frente a esta escalinata encontramos un bellísimo y amplio mirador desde donde se puede observar gran parte de Albarracín y sus murallas. Por esta portada se accede al claustro y desde aquí al interior del templo, al museo diocesano y a la Capilla de la Inmaculada. La portada se encuentra protegida por un porche de obra cubierto.
Los escudos que podemos ver en la portada corresponden a Gaspar Jofré de Borja, obispo de Segorbe-Albarracín entre 1531 y 1556. Nacido en Valencia, es descendiente de la familia papal de los Borja. Sus armas es una vaca pastando correspondiente a la familia Borja y seis fajas horizontales por la familia D'Oms a cuyo linaje también pertenecía. Gaspar Jofré de Borja fue el iniciador de las obras de la Catedral en su actual estructura. La segunda portada que también dispone de porche cubierto, está formada por una sencilla puerta adintelada y sobre ella un nicho con una imagen de bulto redondo. Ambas puertas están pintadas con los mismos colores (blancos, amarillos y grises). Esta portada se abre a una recoleta plaza llamada de la Seo.






Nada más entrar, por la puerta del Claustro y a nuestra derecha, se encuentra la Parroquieta o capilla de la Inmaculada Concepción. Esta posee una sencilla portada plateresca y la cubierta es de crucería estrellada en sus tres tramos. La imagen de la titular, que se encuentra en el centro, es del siglo XVII. La pequeña nave lateral, que se cubre con bóveda de medio cañón con lunetos, y el coro son del siglo XVIII. La capilla perteneció a la familia de los Ruesta y en su interior se encuentra la lauda sepulcral de Pedro de Ruesta canónigo que fue de la Catedral. Esta capilla también conocida como "la Parroquieta", destaca porque en su interior se redescubrieron unas pinturas murales, fechadas en el siglo XVI. La entrada está formada por un arco de medio punto flanqueada por dos columnas estriadas que se alzan sobre un zócalo. Estas sostienen un entablamento en cuya parte superior encontramos un lienzo de la Inmaculada Concepción en un marco de obra.
Saliendo de la capilla nos encontramos con un Claustro, de una sencillez casi irritante, que más que elegancia refleja pobreza. Se decora con dos retablillos del siglo XVII: el de la Sagrada Familia y otro que se dedica a la Virgen y el Niño. También podemos ver en el claustro el Vía Crucis de lienzo, que posee cierto interés artístico y curiosamente, diez y seis estaciones. Adopta planta rectangular, cuatro crujías en sus lados más largos y tres en sus lados más cortos, más los cuatro de los ángulos. Se cubren con bóvedas de medio cañón con lunetos y bóvedas vaidas. El claustro está completamente cerrado al patio interior, solo practicable por una puerta que accede al mismo. Fue realizado en el siglo XVIII por Quinto Pierres Vedel y sirve como punto de unión entre el templo y el Palacio del Obispo. Está construido sobre otro anterior del que desconocemos su estructura.
Nada más entrar, a nuestra izquierda, encontramos una pequeña puerta que da paso a una pequeña habitación que a su vez tiene comunicación visual con la Capilla Mayor a través de una reja y que servía para que el obispo pudiera seguir el oficio divino, sin tener que entrar al interior de la Catedral. La reja y ventana es visible desde el interior del templo.




Pasaremos ahora, a la nave principal y única, para comenzar el recorrido de las capillas. La Catedral distribuye su interior en una amplia cabecera, cuatro tramos y coro bajo a los pies. La cabecera formada por un ábside poligonal le precede un tramo recto, apoya al exterior sobre altos y grandes contrafuertes que ayudan a salvar el profundo desnivel del terreno sobre el que se asienta el edificio. En uno de esos contrafuerte podemos ver un escudo rodeado por una corona de laurel, es el escudo del obispo de Segorbe-Albarracín, don Pedro Baldó. Este nacido en Albarracín, además de obispo fue abad del Monasterio de Santa María de la Valldigna entre 1448 y 1460. Falleció en Albarracín en 1473. Las armas que aparecen en el escudo aunque muy estropeado son un ajedrezado, un árbol y un ala. El interior del templo y el propio claustro fueron modificados en el siglo XVIII con una fuerte reforma que hizo cambiar su fisonomía gótica al estilo barroco de la época. En el interior del templo se incluyeron pilastras y cornisas dándole el aspecto que hoy podemos observar. Nos encontramos pues ante un templo de origen gótico con una fisonomía barroca. En el siglo XIX el interior del templo fue modificado repintando todo su interior en color gris. Con la rehabilitación del templo habida en este siglo XXI se ha eliminado este repintado y se han devuelto los colores originales que tuvo en el siglo XVIII. El ingreso al templo se realiza a través de puerta en arco de medio punto con dovelas muy trabajadas. Aunque la visita turística da comienzo en otra puerta que permite el acceso a una pequeña sala, en origen sacristía de la Capilla de las Animas. 


Empezaremos por nuestra derecha y la primera que encontramos es la capilla de Santa Catalina. Esta capilla era muy importante pues allí se realizaban actos Capitulares. Hoy en día ha perdido la categoría de capilla.
Enfrente de ésta vemos la capilla del Transfijo. En ella se fundó en 1558 la cofradía del Transfijo, a la que sólo podían acceder los sacerdotes que tuvieran beneficio o capellanías en la Catedral y que además residieran en Albarracín. Pertenecían a la cofradía desde el Obispo a los capellanes.
A la derecha se abre la capilla de las Ánimas. Esta capilla es producto de una reforma posterior a la fábrica de la iglesia. Se cubre con una bóveda vaida circular, decorada en estuco, esta decoración es obra de Juan de Ezpeleta y Juan López. Es una gran capilla abierta en el muro y que hace frontera con el claustro. Por detrás de esta sala encontramos una habitación actualmente sin uso pero que bien pudiera ser la sacristía de la capilla. Esta pequeña habitación tiene comunicación con el claustro y habitualmente es utilizada como punto de entrada al interior del templo para las visitas turísticas. La capilla está fechada en el siglo XVII mientras que la sacristía lo está en el siglo XVI. Una pequeña puerta comunica ambas salas que se encuentran a distinto nivel.
En la actualidad encontramos un retablo de corte clásico formado por predela, un cuerpo de tres calles y ático. En el centro del cuerpo, una hornacina en la actualidad vacía y junto a ella, dos lienzos. Bajo el altar un imagen de la Virgen yacente, aquí conocida como Virgen de la cama pero que en realidad representa el misterio de la Asunción de la Virgen.
En la sacristía contigua, la sala se cubre con bóvedas nervadas de crucería con terceletes y claves decoradas con escudos y que apoyan directamente en los muros, cuyos puntos de unión lucen escudos. Preside la sala un Retablo de la circuncisión de Jesús. Los muros están decoradas con pinturas murales de tonalidades monocromas que hasta el presente momento eran completamente desconocidas, habiéndose redescubierto en las últimas obras de rehabilitación.


Siguiendo nuestro recorrido por la Catedral, pasaremos ahora a visitar la capilla de la Virgen del Pilar, pronto reconocible por la antiestética cristalera que se le colocó recientemente. Sin duda lo más interesante es su altar mayor, que para Santiago Sebastián está «…inspirado en el retablo de la Inmaculada, de la Catedral de Teruel, y en el mayor de San Miguel, de la misma ciudad». La imagen de la titular se encuentra en el centro, en una profunda hornacina, y se fecha en el siglo XVII. En la actualidad y después de la última fase de restauración de la Catedral, llevada a cabo por la Fundación Santa María de Albarracín, podemos observar la decoración gótica original, que hace de esta capilla el mejor ejemplo de lo que fue la segunda Catedral.
Volviendo de nuevo a la nave central y continuando nuestro recorrido por el lado de la Epístola -es decir, a nuestra derecha- nos encontraremos la capilla de Santa Ana ( la primera a la derecha del altar mayor). La importancia de esta capilla radica en que, durante los siglo XV-XVI, en ella se celebraban los actos capitulares y desde el siglo XVII a nuestros días se coloca el Monumento de Semana Santa. Este monumento de plata lo podemos ver hoy en el Museo Diocesano.


Continuando la visita, y enfrente de nosotros, encontramos la capilla de San Antonio Abad y San Sebastián, siendo la primera que hay en el lado del Evangelio a continuación de la capilla mayor. En este caso, Santiago Sebastián documenta que en el siglo XVII se realizó el retablo, que hoy vemos, y que él califica como barroco de escaso valor y tosca talla provinciana.
Seguidamente, y en el lado del Evangelio, se halla la capilla de Santa María Magdalena. A fines del siglo pasado, D. Juan Comes y Vidal, Administrador Apostólico de Albarracín, mandó trasladar el retablo de San Pedro desde la iglesia de Santa María a esta capilla de la Magdalena y el retablo de ésta a Santa María. El retablo de San Pedro pertenecía a la cofradía de su nombre, que era la más antigua y rica de la iglesia de Santa María. Recomendamos la visita al altar de San Pedro por ser el mejor de todas las iglesias de Albarracín en su estilo, aunque se encuentre sin policromar.


Pasaremos a ocuparnos ahora de la capilla mayor y de la fábrica catedralicia. La nueva fábrica catedralicia con ábside pentagonal y capilla mayor se acabó de construir en 1533, corriendo los gastos a cargo de la Ciudad, que además costeó la pintura, claraboyas y molduras. Los hijos de Pierres Vedel afirmaron que entre las obras heroicas de su padre figuraba la Catedral de Albarracín. Una vez concluida la cubierta, se procedió a buscar maestro que realizase el retablo de ésta. Debido a la pobreza de la diócesis de Albarracín y el agravamiento de ésta tras la separación de la de Segorbe, el retablo no pudo acabarse hasta los tiempos del obispo fray Pedro Tris quien mandó dorarlo, a sus expensas, al maestro Rillo en 1680. En 1681 el trabajo ya había concluido y el Cabildo, agradecido con el dorador y con el Obispo Tris, ordenó que se colocasen sus armas a ambos lados del altar.
En el centro del retablo podemos ver la representación de la Transfiguración del Salvador en el Monte Tabor, a sus pies San Pedro, San Juan y Santiago y Elías y Moisés junto a él. En las calles laterales dos pares de hornacinas entre columnas estriadas con su parte inferior decoradas con grutescos. Ocupan las mismas San Pedro y San Pablo en la parte inferior y en la parte superior la Anunciación con una figura a cada lado. Desde nuestro punto de vista, el Arcángel San Gabriel a la derecha y la Virgen María a la izquierda. En los guardapolvos y en bajorrelieve los cuatro evangelistas con sus figuras simbólicas. En el ático la Crucifixión con San Juan y la Virgen. Flanqueando la escena de la crucifixión dos pequeñas hornacinas con frontones triangulares albergan las imágenes de Jeremías a la derecha e Isaías a la izquierda. Remata el conjunto el Padre Eterno en un frontón triangular. En la predela dos altorrelieves que representan la Adoración de los Pastores (La Natividad) y la Adoración de los Magos (La Epifanía).
El sagrario lo costeó el obispo Martín de Funes Lafiguera en 1647. También debemos destacar la presencia de un gran florón multicolor en la clave de la boveda de la capilla.
En el suelo frente al Altar Mayor se encuentra la lauda sepulcral del obispo de Albarracín Bernardino Gómez Miedes obispo entre 1586 y 1589.
A la izquierda del presbiterio (lado del evangelio) podemos ver el sepulcro del obispo de Albarracín Gabriel de Sora Arregui, prelado entre 1618 y 1622. En el interior de un nicho abierto en el muro, vemos al obispo de rodillas frente a un reclinatorio en posición orante mirando al Altar. En la parte superior podemos ver el escudo del prelado con sus armas: siete abetos, un brazo en movimiento con el puño cerrado y un escudete con bordura y dos lobos pasantes. Junto al sepulcro del obispo Sora podemos ver una ventana enrejada que se corresponde con el cuarto que comunica con el claustro y que permitía al obispo quedar oculto mientras escuchaba misa.


Saliendo hacia la plaza de la Seo (por la puerta opuesta a la que hemos entrado) encontramos la capilla de San Juan Bautista y el altar de San Vicente, junto a la pila del agua bendita. La capilla consta de un retablo del siglo XVIII que representa a San Juan en la calle central del cuerpo medio y a sus dos lados a Santiago y San Pedro. Enfrente se encuentra el altar de San Vicente, que fue colocado aquí al desaparecer su propia capilla con el engrandecimiento de la de las Ánimas en el siglo XVII.
Finalmente, y para concluir la visita a la Catedral, pasaremos dos puertas de madera que pertenecen a la cancela, de muy buena calidad (siglo XVIII), para encontrarnos frente a la salida a la plaza de la Seo, y a la derecha con la entrada a la nueva sala Capitular construida en 1711-1712.
La catedral tambien dispone de un claustro de escaso valor artístico a través del cual se puede pasar al Palacio Episcopal que se encuentra junto a él. El claustro realizado por Quinto Pierres Vedel en el siglo XVI sería remodelado totalmente al igual que el resto del templo en el siglo XVIII. Este se encuentra cerrado en sus cuatro pandas y cubierto en su totalidad dejando un pequeño patio interior en el centro. En principio este claustro servía de paso y unión entre el Palacio Episcopal y la Catedral, lo que permitía al obispo acudir a los oficios religiosos sin tener que salir al exterior.


Una visitada la catedral continuamos nuestro recorrido por la calle del mismo nombre hasta que llegamos a la Explanada de Doña Blanca situada en la parte alta de Albarracin donde vamos a contemplar varios de los monumentos que atesora la villa. El primero de los monumentos a destacar es la Ermita de San Juan que data del siglo XVII y es de estilo mudéjar tardío. Pudiera estar construida sobre otro anterior que se correspondería con la sinagoga del antiguo barrio judío de Albarracín en el que se haya ubicada. La construcción es de mampostería con sillares de rodeno en las esquinas. Compuesta por nave con presbiterio poligonal y dos tramos cubiertos con bóveda de medio cañón con lunetos y coro alto a los pies. Portada de carácter civil con arco de medio punto de grandes dovelas y escudo. Atrio abierto sobre columnas y con bancadas protegiendo la entrada. Espadaña de doble vano con una sola campana a los pies de la nave. En esta fachada, diversas ventanas con rejería, completan la composición. En su interior tres capillas, pulpito y coro alto a los pies. Destacan sencillas y coloristas reproducciones de marmolizados en zócalos y maderas, en torno a las ventanas y en alguna barandilla y decoraciones de guirnaldas circulares en la bóveda y en el techo del atrio. Destaca su retablo principal del siglo XVIII, con singulares cabezas de ángeles. Entre las guirnaldas de sus columnas salomónicas, una imagen moderna del titular y una figura de Dios Padre en su remate frontal. El lienzo de la culminación del retablo, dedicado a la Virgen del Pilar, está datado en el siglo XVII.




Enfrente de la ermita podemos contemplar y visitar el Museo de Albarracin que está ubicado en lo que fue el antiguo hospital, un edificio construido en 1789 cuya construcción fue fomentada por el obispo D. Francisco Navarro y Gilaberte. Más tarde, funcionó como cárcel del distrito y después de la Guerra Civil, se convirtió en un almacén municipal. Tras realizarse una restauración y remodelación del edificio, respondiendo a un proyecto museístico concreto el edificio se convirtió, en 1990, en el Museo Municipal Martín Almagro, pasando a ocupar las salas originales del hospital. Expone fundamentalmente los objetos procedentes de las excavaciones arqueológicas realizadas en el castillo de la ciudad. El Museo permite hacer un recorrido por la rica historia de la ciudad a partir de sus colecciones, que abarcan desde la prehistoria hasta la época medieval, destacando los fondos de esta última.
La colección de época medieval está ubicada en la planta principal del edificio. Se trata de los materieles hallados en las excavaciones arqueológicas realizadas en la ciudad. Estos restos permiten acercarse al pasado medieval, musulmán y cristiano de Albarracín. La colección contiene piezas extraídas del castillo principal y de su entorno. De la época islámica destacan los materiales cerámicos del siglo XI, y de la época cristiana el Museo alberga el fuero de la ciudad del sigo XIII, la colección de sellos episcopales, cerámicas de diferentes tipos y monedas.
La segunda sala del Museo presenta la historia moderna y contemporánea de Albarracín. Entre otros, contiene cerámicas y distintos elementos como el estandarte de la ciudad del siglo XVI o un despacho del siglo XIX, sin embargo, lo que sobresale es la referencia al ámbito textil del territorio, albergando el telar de Tramacastilla y otras piezas textiles.
Además de sus exposiciones permanentes cuenta también con exposiciones temporales, alrededor de cuatro o cinco cada año. Los paneles explicativos junto con los audiovisuales te permiten conocer y acercarte al pasado histórico de Albarracín. El Museo puede visitarse dentro de un recorrido organizado por la Fundación Santa María de Albarracín denominado Espacios y Tesoros, manifestando la importancia histórica de Albarracín.


Otro de los monumentos que podemos contemplar junto a la explanada es el edificio de la iglesia de Santa Maria que formaba parte del recinto defensivo de las murallas de Albarracín. El templo original era en su origen una iglesia visigótica y siempre formó parte del sistema defensivo de la ciudad. El actual templo viene a sustituir al original que quedó destruido en un incendio en el siglo XV. Al exterior es una construcción de estilo claramente mudéjar con un gran alero que cobija la portada con un arco de medio punto de gran dovelaje entre contrafuertes. A un nivel superior al de estos contrafuertes corre una típica galería aragonesa de arcos de medio punto, tipo bastante frecuente en el siglo XVI. En el interior tenemos una amplia nave de tres tramos con capillas hornacinas entre los contrafuertes y cabecera poligonal al interior y plana al exterior. Todo el conjunto se cubre con bóvedas de crucería estrellada. La actual fábrica de estructura mudéjar fue diseñada por Quinto Pierres Vedel, que la dejó inconclusa al morir en 1567.
La fachada principal se puede dividir en altura en tres zonas bien delimitadas. La inferior en mampostería que llega hasta la altura de las capillas laterales, aunque en los contrafuertes es variable. La portada de ingreso al interior abre en esta zona en sencillo arco de medio punto cobijado por un sencillo rafe de madera. Es en la zona central de la fachada donde se concentra la decoración mudéjar. Construida enteramente en ladrillo, en cada tramo entre contrafuertes se disponen dos ventanas superpuestas dobladas en arco de medio punto, más corta la superior, con sendos paños de rombos a ambos lados de esta última.
Los cinco contrafuertes presentan una dispar decoración en ladrillo resaltado. Comenzando por el más próximo a la cabecera, y de arriba abajo, se decora al frente y en laterales, con dos bandas de esquinillas, simples la superior y al tresbolillo la inferior, para continuar con un paño que encierra un rombo encima de otra banda de esquinillas simples, para terminar con una última solamente al frente.
El segundo contrafuerte comienza con las mismas dos bandas de esquinillas simples y al tresbolillo seguidas del paño con un rombo, que aquí encierra en su centro otra fina línea de esquinillas; termina con otras dos bandas de esquinillas, también simples y al tresbolillo.
Los dos contrafuertes siguientes son los que concentran mayor decoración. En el tercero comienza con un rombo sencillo al frente y un paño con un rombo y dos medios en los laterales; sigue una banda de esquinillas al tresbolillo y otro paño con rombo y medio en vertical al frente y otros con dos rombos y dos medios también en vertical en los laterales, para terminar con esquinillas al tresbolillo solo al frente.
El cuarto contrafuerte sigue la misma disposición de paños en la parte alta, para continuar aquí con dos bandas de esquinillas al tresbolillo y simple encima de un paño de rombo y medio en vertical solamente al frente, al igual que la banda al tresbolillo inferior.
El contrafuerte más cercano a los pies del templo lleva igualmente paños de rombos, sencillo al frente y con dos medios en los laterales, para continuar con una banda al tresbolillo, una de esquinillas simples solo al frente y otro igual en los tres lados.
Remata la iglesia con una galería de arquillos de medio punto de construcción algo tosca, parecidos a los que cierran las fachadas de la Catedral, y que podría ser la parte que se realizó tras la muerte de Pierres Vedel.



Junto a la iglesia podemos contemplar un pequeño nevero asi como de unas espectaculares vistas panoramicas de la villa donde se visualiza la disposicion del entramado urbano, las murallas asi como la ribera del rio Guadaliviar a su paso por Albarracin.



El siguiente monumento que contemplamos es la Torre de Doña Blanca que al igual que la anterior iglesia forma parte del recinto defensivo de las murallas de Albarracín. La Torre Blanca se levanta sobre el extremo sur del meandro escarpado del río Guadalaviar y formaba parte del triángulo defensivo de la ciudad junto con el Alcázar y la Torre del Andador. Se supone construida sobre una antigua torre musulmana ya que en las últimas excavaciones arqueológicas se encontraron restos cerámicos de origen árabe. La presente torre aparece referenciada en el siglo XIII durante la época del señorío de Albarracín. En el siglo XVII se transformó en biblioteca del convento de dominicos que ocupaba el actual cementerio, y del que también formaba parte la contigua Iglesia de Santa María. En el año 2001 es restaurada por la Fundación Santa María de Albarracín, recuperando su fisonomía defensiva original para dedicarla en la actualidad a sala de exposiciones.
Es una impresionante torre de unos 18 metros de altura, de planta cuadrada, y gruesos muros de mampostería, rejuntada en almohadillado y con incrustaciones de pequeñas escorias de hierro. La puerta se abre en la cara norte, a más de ocho metros de altura sobre el suelo exterior, para garantizar así la defensa en caso de asedio. El interior se divide en cuatro plantas, con forjados de madera que se acomodan a las discontinuidades de los muros en altura, originadas por la disminución de su grosor. Desde la última planta se accede a una espectacular terraza superior, que es otro de los miradores de la ciudad.
Cuenta la leyenda... que cuando el hermano de la infanta de Aragón Doña Blanca subió al trono, le recomendaron a ésta huir de la cercanía de la mujer de su hermano que estaba celosa de su belleza y virtudes. Con una brillante comitiva fue hasta la ciudad de Albarracín que pertenecía al señor de Azagra, se hospedó en la torre que hoy lleva su nombre y nunca nadie la volvió a ver ni supo de ella. Su comitiva partió de nuevo a Aragón, pero sin la infanta. Dicen que Doña Blanca murió de melancolía y cuentan los del lugar, que las noches de luna llena, se la ve bajar de la torre con etéreos vestidos para bañarse en las aguas del río Guadalaviar. Es la sombra de Doña Blanca.



Como hemos referido anteriormente la torre era parte del recinto amurallado de la villa. Cerca de la torre podemos contemplar uno de los postigos que tenia la muralla que pertenecia al primero de los recintos, que corresponde a la medina o primitiva ciudad musulmana que estaba rodeada por una muralla sin torres y con una sola puerta (Puerta de Hierro) situada en las inmediaciones de la plaza Mayor. No obstante, se conoce la existencia de, al menos tres postigos (de la Escalera, de la Judería y de la Morería) que permitían el acceso al río y a sus huertas. 


Volvemos sobre nuestro pasos hacia la zona del museo de Albarracin para desde ahi continuar nestro recorrido por la calle El Salvador que es un paseo que discurre paralelo al lienzo de muralla que se situa sobre el cauce del rio desde donde podemos disfrutar, antes de visitar el castillo,  de unas visitas del cauce del rio a su paso por la villa. 





El castillo o alcazaba se erige sobre un grandioso peñasco de forma triangular, que junto con la torre de la Muela y la del Andador constituía el núcleo defensivo más importante de la ciudad. Sus restos, datados a partir del siglo X, tenían la consideración de Medina; es decir, de ciudadela en la que habitaba el señor. Además de las torres defensivas y los aljibes de abastecimiento de agua, destacan las excavaciones de varias viviendas que evocan lo que debió ser una corte palacial de lujo y riqueza, baños y perfumes, en fiestas donde la música, la danza y la sensualidad deleitaban a los Ibn Razin y su corte.
Si bien se ha recuperado algún material suelto de época protohistórica y romana, la primera ocupación constatada hay que situarla a partir del siglo X. Las fuentes árabes indican que durante el califato, el clan de los Banu Razín se hicieron con el control de un pequeño distrito de la Marca Superior, denominado as-Sahla o el llano, que correspondería con los cursos del Guadalaviar y Jiloca. Las estructuras más antiguas documentadas se fechan en la segunda mitad del siglo X.
Con la disgregación del califato, y la proclamación del nuevo soberano de la taifa, el castillo es transformado en la alcazaba del nuevo soberano de la Taifa de Albarracín. Las excavaciones arqueológicas han permitido descubrir en la parte alta del castillo un edificio de grandes dimensiones con patio central que correspondería a la residencia principal de la alcazaba taifa. El elemento urbanístico más interesante de este ámbito corresponde con el hammam o baño caliente, dotado de una cámara inferior para la circulación del aire caliente y una sala sobreelevada sostenida por pilarcillos. El conjunto se completa con la sala de fuego y la letrina. Su presencia dentro de la vivienda es un indicativo claro, no solo del estatus social de los inquilinos, sino del propio aparato social de la corte taifa, en el que el agua tenía una gran importancia simbólica.​ Durante la segunda mitad del siglo XI se erige un complejo de viviendas palatinas en la ladera sur de la alcazaba, formado por tres viviendas y una alhóndiga. Todas las viviendas cuentan con patio central enlosado y andenes, aunque destaca sobremanera la casa II, dotada de un pórtico con tres arcos. La fortaleza siguió ocupada hasta mediados del siglo XII, aunque de modo residual, habiéndose hallado indicios de abandono.
A partir de finales del siglo XII, las viviendas en la ladera sur son reocupadas, llevándose a cabo una amplia transformación el uso de los espacios, lo que pone de manifiesto un cambio social en los inquilinos. Esta modificación se relaciona claramente con la llegada de los feudales, aragoneses y navarros, que a partir de 1170 comienzan a colonizar la ciudad.​ Los ajuares cerámicos ponen de manifiesto una dependencia de los centros alfareros almohades levantinos.
Tras el asedio al que sometió Pedro III de Aragón a la ciudad de Albarracín, el castillo será reconstruido y transformado, arrasándose todas las construcciones existentes en el interior. El nuevo alcázar, sede del nuevo poder real, se dota de dos nuevos edificios de planta rectangular junto a la muralla oeste y sur destinados a albergar la pequeña guarnición.
La última ocupación del castillo está perfectamente atestiguada documental y arqueológicamente durante el último tercio del siglo XVI, cuando se instala un destacamento militar de Felipe II. Los documentos escritos testimonian la realización de obras albañilería en el castillo, el cual había quedado abandonado. Tras este último episodio, la fortaleza fue objeto de un profundo expolio y ruina.
Si bien la gran parte de la superficie del castillo permanece intacta, o, al menos, sin identificar, actualmente es posible hacerse una buena idea de la morfología urbanística, si bien hay que tener en cuenta la superposición de estructuras pertenecientes a diferentes épocas. En la parte alta se han identificado tres ámbitos urbanísticos: la residencia principal, el edificio oriental y el recinto interior.​ La residencia principal corresponde a un gran edificio de planta ligeramente trapezoidal con patio central, bajo el cual se extienden dos aljibes gemelos de planta rectangular, con cuatro alas alrededor, una de las cuales alberga el hammam ya citado. Permaneció en uso desde el siglo XI hasta el XVI. El edificio oriental tiene planta rectangular y cuenta con potentes muros. En la ladera sureste se pueden reconocer dos ámbitos: el complejo palatino formado por tres viviendas con patio central y los barracones militares junto a la torre.





Continuamos una ve visitado paseando por el adarve de las muralla hasta que finalmente llegamos a la Plaza de la Seo donde se ubica una de las puertas de entrada a la catedral y el edificio de la Casa de Santa Maria, una espléndida casa palacio del siglo XVIII, que fue restaurada por el programa de restauración arquitectónica de la Fundación Santa Maria de Albarracin, como residencia cultural. 


Desde la plaza volvemos a rodear la catedral hasta llegar de nuevo a la Plaza del Palacio donde en una esquina de la misma se encuentra una pequeña apertura que bien podia ser un antiguo postigo de la muralla que tras bajar por unas escaleras nos lleva a uno de los rincones mas bellos de la villa como es el Portal del Agua, una de las puertas que da acceso al recinto defensivo de las murallas de Albarracín.
El portal del agua se abrió inicialmente con la intención de poder tener acceso al suministro de agua en caso de asedio. Frente a este portal, en la otra orilla del río se encontraba la "Torre de la Muela" que servía de protección para posibles descubiertas y que hoy en día no se conserva. El portal se sitúa semioculto entre los torreones de la muralla​ y adosado a uno de ellos al que se tiene acceso a través del cuerpo de guardia. Dado su destino semiclandestino no se trata de una puerta monumental, sino de un sencillo arco de sillería de medio punto hacia el exterior y rebajado en la parte interior para albergar los portones . Sobre el arco existe una pequeña construcción destinada a ser el cuerpo de guardia y que hoy en día presenta un balcón hacia el exterior y una galería con escaleras entre los muros. En la actualidad se encuentra restaurado. Antes de llegar al Portal, a la derecha hay una pequeña calle que nos lleva a un pequeño jardín-mirador desde el que se divisa la parte posterior de la catedral y el castillo.







Una vez atravesamos la puerta nos adentramos en uno de los rincones mas bellos de Albarracin como es el Rincon del Abanico, un lugar magico donde al ser el espacio muy limitado en la localidad y las calles no tener al anchura suficiente, se tuvo que edificar de esta forma: que las plantas superiores de los edificios salieran hacia la calle y así ganar espacio en cada planta. Podréis ver como los tejados de los edificios casi se tocan unos con otros. Cerca de este rincon y del portal del agua se ubica la Casa de la Comunidad, tambien denominada la "Casa del Abanico", por la forma que adoptan las diferentes alturas de los pisos cortándose y unidas como las aspas de un abanico.
El edificio fué sede de la Comunidad de Santa María y tiene cinco plantas, las tres últimas se superponen en orden creciente, creando los voladizos que la hacen singular. Entre los espacios interiores, destacan, en la planta noble, el despacho y las alcobas del juez y la capilla, todos ellos decorados con pinturas murales.


Desde aqui nos dirigimos hacia la calle del Meson, una pequeña plazuela que se encuentra situada junto al Adarve del Fondon desde dónde podemos admirar una vista panorámica de la ciudad con el Río Guadalaviar como telón de fondo. 





Desde la plazuela ascendemos por unas escalinatas que nos llevan hacia otro de los puntos mas emblematicos de la villa y seguramente de los mas fotografiados donde vamos a contemplar el Portal de Molina, la Casa-Museo de los Perez y Toyuela y la archiconocida Casa de la Julianeta. La casa museo es un edificio noble del siglo XVII en la que podrás trasladarte a otra época recorriendo todas sus estancias. Conserva la planta noble, cuadra, bodega excavada en roca, alcobas, óleos, cocina de carbón, enseres de la época o una curiosa colección de fotografía antigua de Albarracín. Si el exterior ya nos hace pensar en su singularidad, gracias a su impresionante arco de rodeno, las aldabas en su portada, el trabajado escudo y la bella celosía,…el interior no tiene nada que envidiarle; totalmente acondicionada, desde la planta noble hasta la bodega o la cuadra, nos va a sorprender tanto por su arquitectura señorial como por su mobiliario, que esconde algunos secretos que no debes perderte. 
Los Pérez Toyuela llegaron a Albarracín con las repoblaciones castellanas de los Señores de Lara. En 1273 recibió de Don Juan Núñez de Lara, la dehesa de Toyuela y asentaron un enclave muy destacado.
Algunos cargos que desempeñaron fueron constantes. De este modo, caben destacar los de Dean de Albarracín por parte de Gil Pérez de Toyuela, alcalde de Albarracín por Don Juan Pérez de Toyuela, canónigo de Albarracín en 1562 -entre muchos y variados ejemplos-.
Este inmueble, fue adquirido en propiedad en el año 2010 por ANDADOR Visitas Guiadas con el objetivo de recuperarla para hacerla visitable como Casa Museo. Una gran iniciativa personal de abrir las puertas al público de la que fue morada de tan insigne familia.
La Casona consta de 3 plantas visitables. Una planta baja donde se conservan las caballerizas, un zaguán y una bodega. Aún se conservan pesebres, que fueron restaurados y recuperados; una curiosa pila excavada en piedra centenaria o una fuente donde se recogen aguas pluviales que se filtran a través de los lisos rocosos. Una poza fechada a mediados del siglo pasado, pero con presencia de aprovechamientos muy anteriores. Así como, enseres propios como un trillo, monturas de caballo, herraduras, aladros, toneles…
Accediendo a la planta superior, y antes de comenzar a subir las escaleras, nos encontramos numerosos fósiles marinos como ammonites y trilobites muy propios del pasado biológico y geológico de la zona. Fueron colocados por los anteriores propietarios adheridos a la pared. Una escalera nos lleva a la parte superior con bellos y grandes óleos engalanando el acceso a la que fue la entreplanta o planta de servicio.
En esta planta, consta de un habitáculo con utensilios y útiles para el aseo (bañera de zinc, sillón Don Pedro, bidet francés o palanganero), una sala de oficios con herramientas propias que eran de uso común (afilador de piedra de arena, gran fuelle de herrero, rueca, devanadora, desgranadora, criba, quesera…) y una alcoba de uso del servicio.
Mención especial a la curiosa bodega, con más 5 metros de longitud y excavada en roca viva. La presencia de piedra dañada por combustión, hace creer la presencia de una cocina primigenia de la vivienda. Lo curioso de esta planta, es la “celosía”. Una influencia árabe destinada a salvaguardar la intimidad del habitante. La misión era ver y no ser visto. Muy útil para ver a quien abrir o no las puertas de la morada.
En la tercera planta, y subiendo por la escalera principal decorada con óleos, tapices y reposteros (desde el XVII al XIX), llegamos a la planta noble y los lujos propios de las familias nobles de la época. Una planta con cocinas, salón principal y tres alcobas de gran atractivo e influencias tan diferentes como llamativas. En esta planta admiraremos la diferencia de estatus que marcaban la familia. Su altura y metros útiles destacan sobre el resto. De igual modo, son innumerables los detalles que podríamos destacar: cocina y su rehalda con su escaño o cadiera, el salón con sus trincheros de bello tallaje, alcobas con sus vestimentas tradicionales… dignas de ser visitadas.








El Portal de Molina debe su nombre a que en él se abría el camino que iba a la ciudad de Molina. Está formado por dos sólidos torreones cuadrados y un arco de medio punto con dovelas de sillería. Una vez pasado el portal se aprecia el sistema defensivo de la muralla con torres y lienzos de muralla que escalonan la muralla y en el convergen las dos calles que dan a la Plaza Mayor: la de Santiago, que nos conduce desde la “Casa Julianeta” hasta el mismo pie de la iglesia y la del “Mesón de la comunidad”. El Portal esta ocupado hoy en dia, así como algunos lienzos de la muralla, por viviendas, que se han ido adosando a los robustos muros defensivos.


Un pasado de raíces árabes, donde los primeros pobladores, supieron aprovechar la geografía para crear uno de los pueblos medievales más bonitos de España. Un presente de pequeñas callecitas, surcadas por casitas bajas de color rojizo, donde los pasadizos y las escalinatas le brindan al pueblo un encanto particular. Dentro de este encantador paisaje, ella, La Julianeta, no pasa desapercibida, por su historia, su extraña fisonomía y por su eterno corazón de artista. A diferencia de otros edificios de algunas ciudades de España, que llaman la atención por los detalles arquitectónicos y dimensiones, la Casa de la Julianeta, es un claro ejemplo de las casas modestas de la región. Fue construida en el siglo XIV, en una parcela absolutamente irregular, sobre un ángulo agudo que forma la calle del Portal de Molina y la calle de Santiago. Tiene tres pisos de altura, visibles únicamente en la fachada, pues el desnivel de la calle provoca que por la parte trasera solo sean visibles las dos plantas superiores.
Está construida con yeso, revocado con el mortero rojizo característico de la arquitectura popular de la zona, y cuenta con vigas verticales de refuerzo, que quedan vistas en los pisos superiores. La cubierta es de teja árabe, dispuesta a un agua.
Al exterior, además de su peculiar e irregular aspecto, destaca la galería cerrada de la última planta, saliente respecto al resto de la fachada y apoyada en un forjado de vigas de madera y vigas de revoltón. A la misma altura, la casa gana espacio a la calle por la parte trasera, prolongándose en su parte superior mediante un forjado de vigas. Los restantes vanos son sencillas y pequeñas ventanitas adinteladas. Su interior es tan llamativo como su exterior, pues cada una de las habitaciones se conecta por escalinatas de un muy complejo desarrollo. La casa lleva el nombre de quien en algún momento fuera su dueña, y posteriormente también vivió Joaquina, nieta de Julianeta.


Desde el Portal de Molina comienza la calle del Carmen, la cual caminando por ella nos lleva hacia el inicio de un sendero donde al final del mismo se encuentra la Ermita de Nuestra Señora del Carmen. Esta junto a la calle Palacios nos transporta a uno de los barrios construidos fuera de la proteccion del recinto amurallado de la villa. En ellas podemos contemplar la fisonomia de la arquitectura popular asi como de su entramado urbano de calles estrechas, empinadas y repletas de escalinatas.
La ermita del Carmen fue Construida en el siglo XIII es posiblemente la ermita más antigua de la Comarca aunque ha sido reformada varias veces. Es de estilo gótico y consta de nave única, prolongada por la sacristía, sobre la cual se apoya el campanario de dos vanos con sendas campanas forjadas en 1906. En el vértice del tejado tiene una cruz de forja con volutas. El acceso mediante puerta adintelada está resguardada por un atrio semiabierto con techumbre teja árabe a 4 vertientes. El recinto de la ermita es rectangular y de dimensiones modestas destacando en la cabecera una cúpula semiesférica sobre la capilla mayor. El retablo del altar es de estilo barroco y en las festividades alberga una bonita figura de la virgen Carmen de normal custodiada en la catedral. Adosado en las paredes de la nave, destaca también un viacrucis en bajo relieve.



Desde la ermita volvemos hacia el Portal de Molina para desde el mismo ascender por una empinada escalinata empedrada hacia el punto mas alto de la villa donde vamos a visitar el impresionante recinto amurallado de Albarracin. 
En torno a una aldea preislámica, cuyo núcleo era la iglesia de Santa María, se desarrolla en el siglo X el primer recinto defensivo, que comprendía la citada iglesia, el alcázar, una torre albarrana (Torre del Andador) y la puerta de entrada (Portal de Hierro). La dinastía de los Banu Razín, de origen bereber, se estableció en la zona en torno al año 965 en tiempos del califa Alhakan II. En el siglo X se menciona el castillo pero en los siglos XI y XII la población ya tenía categoría de medina encuadrada en la Marca Media del califato.
En el siglo XI se produce una ampliación del perímetro amurallado, quedando la fortificación anterior intramuros del nuevo recinto, en el que se abrieron tres portales: el de Teruel, hoy desaparecido, el de Molina y el del Agua.
Tras la descomposición del califato, en 1104 fue ocupada por los almorávides y en 1145 pasó a depender de la taifa de Valencia. En 1169 por acuerdo del rey Lobo de Valencia o por acuerdo de los reyes Alfonso de Aragón y Sancho IV de Navarra pasó al señor de Estella, Pedro Ruiz de Azagra. Los Azagra mantuvieron la posesión de Albarracín hasta 1284 en que Pedro III la conquistó. Es a partir de esta fecha, sobre todo en el siglo XIV cuando se llevan a cabo las principales obras de rehabilitación del conjunto, especialmente de la muralla.
Su importancia defensiva se perdió en el siglo XVIII, cuando Felipe V desmanteló la fortaleza. Felipe V abolió los fueros de Aragón y mandó desmantelar el castillo, aunque no las murallas y las torres principales, como la del Andador o la de Doña Blanca.
En 1984 el Gobierno de Aragón inicia trabajos de restauración en el lienzo norte de la muralla y se recuperan por completo los muros oeste y sur. En el lienzo norte se remataron los coronamientos; en el lienzo occidental se repararon los remates y una esquina interior de la primera torre que se encontraba derrumbada; en la torre de la puerta de Molina se sustituyó la cubierta y se abrieron las almenas. El paño más meridional del liezo se encontraba enterrado y se procedió a su desescombro.
El Recinto Fortificado de Albarracín está incluido dentro de la relación de castillos considerados Bienes de Interés Cultural en virtud de lo dispuesto en la disposición adicional segunda de la Ley 3/1999, de 10 de marzo, del Patrimonio Cultural Aragonés.





En realidad, el sistema defensivo de Albarracín, lo componían tres fortalezas: el castillo Principal, el del Andador y el Torreón de Doña Blanca, a los que se sumaban dos recintos cerrados por las murallas. El recinto amurallado de menor tamaño se correspondería con el poblamiento musulmán, mientras que el segundo recinto amurallado es posterior, incluyendo en su interior parte del monte de la localidad.
Las murallas de Albarracín son un formidable recinto, fruto de diversas ampliaciones, que rodea completamente el casco histórico de la localidad. La muralla que se extiende en el cerro frente al pueblo sería construida en el siglo XII y en ella podemos destacar la Torre del Andador, del siglo X. No es más que una torre albarrana que más tarde se vio insertada en la muralla tras las reformas llevadas a cabo en el siglo XI, al ampliarse la población. Está situada en el punto más alto de Albarracín y destaca por su forma, tamaño y situación visible desde cualquier ángulo. Se halla defendida por un foso artificial, excavado en la roca. La torre es obra de construcción califal, formando siendo junto con el Alcázar y la Torre de la Muela parte del triángulo estratégico que hacía a esta ciudad difícil de tomar. Esta torre tenía que resistir las primeras embestidas de los ejércitos enemigos. Tiene forma cuadrangular, con base de 10 metros por siete, carece de almenas y es del tipo de aparejo que encontramos en otros monumentos de fábrica musulmana. Al ampliar el recinto amurallado se incluyeron tres nuevas puertas de acceso. Ya en el siglo XIV Pedro IV reforzará las murallas existentes y las ampliará. Para ello se construyen los torreones con planta rectangular, de unos 16 metros de altura y separados entre sí por unos 40 metros de lienzo de muralla fabricada en mampostería. 






Sin lugar a dudas desde la torre del Andador podemos obtener las vistas mas espectaculares de la zona donde nos encontramos. Pero lo que más nos llamo la atención de esta bellísima localidad turolense, desde este inmejorable mirador, es su propio paisaje urbano, donde se puede visualizar perfectamente el trazado de sus calles adaptadas a la ladera de la montaña. La extraña distribución de las viviendas ofrece una inolvidable imagen de edificios apiñados en el interior del recinto amurallado, con los tejados casi unidos por la limitación del espacio, con escalinatas y pasadizos, muros irregulares de color rojizo, con entramados de madera, en delicado equilibrio.
A diferencia del resto de los pueblos de la Sierra, Albarracín se identifica por su formación defensiva y la falta de espacio, que determinaron los estrechos callejones y la silueta de las casas que debían ganar su amplitud en función de la altura donde predominan las estructuras con entramado de madera y tabicones de yeso rojizo que dotan su característica tonalidad.
"CADA RINCÓN, CADA CALLE, BALCÓN O VENTANA, ES DIGNO DE CONTEMPLACIÓN, ESTO HACE QUE LA CIUDAD EN SI MISMA SEA SU MONUMENTO PRINCIPAL. EL DEAMBULAR POR SUS CALLES, SU ENCANTO POPULAR Y LA GRATITUD DE SUS MORADORES SERÁ EL MEJOR RECUERDO QUE LLEVARÁ EL VIAJERO A SU LUGAR DE ORIGEN"




Una vez visitada la muralla descendemos hacia el pueblo por un sendero que nos lleva hacia la calle Subida a las Torres para llegar al final de la misma donde nos encontramos una escalinata que nos dirige a una placeta donde emerge la Iglesia de Santiago y la antigua casa parroquial de Santiago anexa hoy reconvertida en un hotel. Desconocemos su origen, pero existen evidencias que indican que esta iglesia se construyó sobre una antigua mezquita de barrio (oratorio o masyid) y estuvo vinculada a la Orden religiosa y militar de Santiago que tuvo una gran relevancia en el medioevo albarracinense.
Sabemos que el templo actual de Santiago comenzó su reforma a comienzos del siglo XVII por el arquitecto y maestro cantero Alonso del Barrio de Ajo, quien se hizo cargo de la obra del convento de los dominicos en 1599, fecha en la que estaba levantando la torre de Santiago y ultimando la torre de la Catedral, así como el denominado puente de “Rodilla” (que es obra de este autor y no de época romana, como popularmente se cree).
La Iglesia de Santiago se terminó con arreglo al proyecto inicial de Alonso Barrio de Ajo, formada por “una espaciosa nave dividida en tramos rectangulares, con capillas alojadas entre los contrafuertes y cabecera poligonal, todo ello cubierto con bóvedas de crucería estrellada, a excepción de las dos primeras que ostentan bóvedas baídas”.
En cuanto a la torre campanario, obra también de Alonso Barrio de Ajo, destacaremos la reforma de 1726, que le añade dos cuerpos de ladrillo, realzando su figura en la panorámica de Albarracín. Ello precisó del tapiado de sus ventanas laterales y la desaparición de su último cuerpo de planta octogonal. En cuanto a su exterior diremos que se presenta como un volumen de paredes lisas, resaltando ojos de buey y contrafuertes sin valor artístico.
Por lo que respecta a la calidad artística del interior de la iglesia, nos detendremos en el comentario de la primera capilla del lado de la Epístola o capilla de San Pedro y San Andrés. De mayor calidad e interés artístico es el retablo renacentista de San Sebastián, que ocupa el lateral izquierdo de esta capilla. Está compuesto por tres calles: en la central San Sebastián y sobre él un lienzo barroco dedicado a la Virgen, que se remata por una Santísima Trinidad de corte medieval. En la calle de la izquierda San Roque y en la derecha San Blas, que junto a San Sebastián protegen de la peste y otros males contagiosos.
El retablo mayor del siglo XVII consta de dos cuerpos y tres calles, más el ático. El programa iconográfico se articula entorno al relieve de Santiago, siglo XVIII, bajo la advocación de “Matamoros”, apóstol evangelizador de España. Otras obras de este siglo XVII son los retablos de la Dolorosa, la Sagrada Familia y la Santísima Trinidad, así como la talla de la Virgen del Rosario.
A su vez, llama la atención al visitante las estatuas de tamaño natural del siglo XVIII, ubicadas en los frentes de las pilastras, que hacen referencia a los Siete Varones Apostólicos o también denominados Siete Convertidos por Santiago. Se apoyan en ménsulas, se coronan con doseles de madera y en las peanas se leen sus nombres y cargos.
Para terminar, diremos que la parroquia de Santiago fue una de las tres que tuvo la Ciudad, ocupándose de los feligreses de este barrio, hasta que en el 30 de abril de 1842 un Decreto del Ministerio de Gracia y Justicia, a petición del diocesano de Albarracín, unificó las parroquias de Santiago y Santa María, dejando un coadjutor en la ermita de Santa Bárbara, (dependiente de Santiago), pasando ahora a ser la parroquia tanto del barrio de Santiago como del Arrabal de la Ciudad.




Bajamos por la calle Santiago hasta que llegamos de nuevo a la Plaza Mayor, desde esta continuamos por la calle Diputacion Provincial donde vamos a disfrutar de un bello rincon de la villa donde podemos contemplar la fisonomia de la parte trasera de los edificios con la fachada principal a la calle Catedral. Estos edificios nos dan una muestra de donde se han construido y el desnivel de los mismos donde se puede apreciar las varias plantas que poseen. 
Toda la zona mantiene la misma estética tradicional de casas construidas en piedra -en la parte inferior-, yeso rojizo, que se extrae de una cantera muy próxima a la parte moderna de la población, y acabados de madera en puertas y ventanas. Las construcciones señoriales se remataban además con rejas de forja. Los tejados están revestidos de teja árabe.
En Albarracín no está permitido pintar las fachadas. Todas las casas recurren a ese pigmento que aporta el yeso de la zona. Este material tiene partículas de hierro que oxidan y con el efecto de la meteorología produce esas tonalidades que van del naranja, al ocre y casi marrón, en función de la antigüedad del edificio. Se producen muchos matices diferentes.
La compleja orografía y el río envolviéndolo todo fueron los responsables de una disposición urbanística muy peculiar, de calles estrechas y serpenteantes y pendientes considerables por las que hoy da gusto pasear y recrearse. Cuentan que la referencia para establecer la medida de las calles debía ser o bien un carruaje que pudiera pasar holgadamente o dos animales -caballo o burro- cruzándose.
Lo que en su día fue una ventaja, la frontera natural del río, manteniendo la población como un fuerte inexpugnable, con el tiempo se convirtió en un hándicap que impedía el crecimiento. Así que a los habitantes no les quedó otra que el ingenio. Ya que el río acotaba el crecimiento del pueblo en extensión no quedaba otra que crecer hacia arriba. Y así empezaron a surgir las construcciones con recovecos y formas imposibles a medida que se elevaban en altura. De este modo, no solo se ganaba espacio donde casi no había sino que la propia arquitectura, con tendencia a unirse en la parte superior, constituía un refugio para combatir los heladores inviernos y las tórridas temperaturas en verano.





Finalmente llegamos a la parte mas baja del pueblo donde se encuentra un parque junto al cauce del rio Guadaliviar. Aqui ademas de disfrutar de un descanso podemos comenzar un Paseo Fluvial por Albarracin. Se trata de una fantástica ruta circular a los pies de Albarracín. Un recorrido sencillo pero divertido con tramos de sendas de piedra, escaleras, puentes colgantes y pasarelas. La ruta bordea la ciudad por las orillas del río Guadalaviar, en el recorrido se contempla una vista diferente de Albarracín, las murallas y contrafuertes, la Torre de Doña Blanca, las casas, así como sus huertas, norias y el Molino del Rey. 
El río Guadalaviar forma parte de la imagen de la ciudad de Albarracín, el cual recorre el cañón del mismo río, una zona donde no resulta rara la presencia de rapaces como el águila real, el alimoche y el buitre leonado. La ruta puede completarse saliendo del cauce para recorrer la parte superior una espectacular garganta que recorre más de 5 kilómetros hasta llegar al cruce de Royuela y Torres de Albarracín.
El inicio del Camino Natural se encuentra al lado de la oficina de turismo junto a la huerta de los Escolapios, en una explanada donde hay un panel informativo desde donde tambien se puede empezar la ruta. Caminaremos por una senda paralela al río, donde enfrente de la misma, antes de cruzar el primer puente, podemos ver las murallas, con la Torre del Andador arriba que nos guiará durante todo el recorrido, y justo debajo el antiguo Edificio de los Escolapios.
Seguimos por el puente, y empezamos las primera subida por la senda, al fondo vamos viendo la catedral con sus tejas de color estilo mudéjar, se distinguen las primeras casas colgantes y el Parque Municipal de Albarracín. Un poco más adelante mientras el camino hace zig-zag, podemos subir a un fantástico mirador donde hay un panel para poder identificar las distintas partes del conjunto histórico. Un poco más arriba hay unos muros que se emplearon en la contienda de la Guerra Civil, seguimos por el camino principal, y vamos viendo todo el meandro del rio y parte de la defensa de Albarracín.






Abajo vamos viendo la primera noria que riega el parque municipal por las acequias, al lateral desciende un pequeño sendero que bajaría al mismo parque, seguimos por el sendero original y un poco más adelante vamos está el puente de los Carneros este puente se ha reconstruido completamente, antiguamente era el puente para conectar el convento de los Dominicos (destruido en el siglo XVIII) y la Iglesia de Santa María patrona de Albarracín. De ahí salen dos bifurcaciones una hacia la Iglesia de Santa María, y la antigua nevera de Albarracín. Desde el otro sendero sale el camino enclavado en piedra y varias pasarelas. Podremos ver la Noria conocida como de Gorila y Kili junto a los restos de un antiguo batan. El camino transcurre por la piedra caliza tenemos que tener cuidado de no resbalar el camino va sobre la montaña, después ira suspendido por las pasarelas con las impresionantes vistas del cauce del rio. Continuamos por las pasarelas, a continuación nos adentramos a lo que llamamos comúnmente la Huerta Vieja. En el río Guadalaviar habitan muchas especies animales y, si somos pacientes y estamos atentos, podremos ver truchas y muchísimas libélulas.
También especies de gran valor como el águila real y el alimoche. Los cortados existentes a ambos lados del río son áreas de descanso y dormideros de buitres leonados. Fácilmente observables resultan el vencejo real, la chova piquirroja y el cuervo. El espacio existente junto al río ha permitido el desarrollo de una vegetación de ribera densa con buenos ejemplares de chopos, sauces, fresnos y olmos. La verticalidad de las paredes apenas mantiene una vegetación dispersa de aliagas, romero y tomillo.


Descenderemos por todas las Pasarelas y luego ya nos adentramos por el rio Guadalaviar, tenemos varias subidas por si nos queremos salir de la ruta para subir al casco antiguo de la ciudad de Albarracín hacia El Barrio de San Juan. Continuamos por el sendero y contemplaremos varios puentes que van a fincas particulares que aun cultivan. Después podremos contemplar el antiguo Molino de Rey este molino es el más antiguo de Albarracín antiguamente fue central hidroeléctrica para proveer a la ciudad de energía eléctrica, ahora es una pequeña piscifactoría la primera ecológica de España. Llegaremos al final del sendero donde podemos subir por el Portal del Agua.





Una vez terminado el paseo fluvial volvemos de nuevo al pueblo para dirigirnos hacia el parking donde estacionamos nuestro vehiculo y dirigirnos con este hacia nuestros ultimos destinos de visita por esta preciosa villa turolense. Para ello nos trasladamos hacia el barrio del Arrabal una vez cruzado el puente del barrio sobre el cauce del rio Guadaliviar, que une el casco urbano de Albarracín con el Arrabal y fue reconstruido hacia los años 60-70. Un gran pilar central de piedra sillar con remate semicircular situado a la altura de la barandilla metálica sostiene el peso de la calzada de cemento, creando dos ojos adintelados que apoyan sobre los estribos laterales, de perfil igualmente recto y realizados igualmente en piedra. El barrio se encuentra en la parte baja de la poblacion junto a la vega del rio y fue construido entorno a los siglos XVII y XVIII. En el podemos visitar la Ermita de Santa Barbara y el Museo de Juguetes de Albarracin. 
La ermita que fue mandada construir por el obispo Jose Molina Lario en 1766 para facilitar la asistencia religiosa a los habitantes del barrio del Arrabal, tiene muros de mampostería y una corta nave cubierta con bóveda de cañón con lunetos. Destaca el balcón volado con tres ambones del coro. Hacia el exterior, presenta sobria fábrica de mampostería y sillería en las esquinas y en la portada; ésta es adintelada y está flanqueada por dos pequeños huecos rectangulares y coronada por un óculo. Una línea de imposta divide las dos alturas y una pequeña espadaña culmina la simétrica composición.
En su interior presentaba nave única con capillas poco profundas, presbiterio entre dos espacios destinados a sacristías y coro alto a los pies, donde destaca su balcon volado. Se cubrió con bóveda de cañón con lunetos. La pieza mas antigua es la talla del Calvario, resto de algún retablo desaparecido de la escuela hispano-flamenca realizado por el maestro de la Florida que podría datar del siglo XV, destacan también los grandes lienzos alusivos a la coronación de la Virgen y Venida del Espíritu Santo. Se conserva en el presbiterio Santa Rosa y Santo Domingo y en el Altar de San Miguel. La talla policromada del siglo XVII es el más interesante de los retablos de la ermita. También hay que mencionar el retablillo de San Antonio Abad y de San Pascual Bailón.


El Museo del Juguete de Albarracín es uno de esos lugares de visita imprescindible en nuestro viaje, tanto para niños (por su valor educativo) como para mayores (ya que nos hará revivir aquellos juguetes de nuestra infancia o de la infancia de nuestros abuelos).
El Museo de Juguetes nació por el amor de un hombre, Eustaquio Castellano, hacia esos pequeños y no tan pequeños objetos, nacidos de un capricho, el ingenio de la imaginación, y sobre todo el arte de imitar no sólo la naturaleza, sino también la vida humana con sus hechos históricos y personajes.
Para hablar de este museo hay que remontarse a una época de más de cinco décadas en las que Eustaquio comenzó a coleccionar juguetes, que en la actualidad son más de doce mil piezas. La necesidad de conservar todo ese precioso material y poder brindar a la gente la oportunidad de reencontrarse con sus primeros sueños, es lo que impulsó la creación de la Fundación Eustaquio Castellano, para dar a conocer esta labor.
El museo se ubica una casa típica de Albarracín, que ha conseguido crear su propio espacio tiempo para un mundo de ensueño. El museo se divide en tres plantas; la planta baja, destinada antiguamente a corrales, alberga la sala de exposiciones temporales, y dependencias propias del museo. La primera planta y la superior, antiguamente el granero, albergan cientos de juguetes: recortables, casitas de muñecas, maquetas de trenes eléctricos, caballitos, un zoótropo de 1920, teatros en miniatura… Como piezas excepcionales deben destacarse la presencia de un hipódromo, juegos neolíticos, juegos de tabas, etc.
El visitante no sólo verá juguetes, sino también ese pedazo de historia que se conoce a través de esos pequeños relatos que hemos forjado.
La Fundación también desarrolla cada año ponencias sobre diferentes temáticas del juguete, que bajo el título “Juegos, juguetes y actividades educativas para la igualdad” organiza junto con otros museos. Dichas jornadas son famosas y tienen un gran arraigo en nuestra ciudad y cuentan con la colaboración del Ayuntamiento de Albarracín y la Comarca de la Sierra de Albarracín.
El programa de ponencias promueve, a su vez, experiencias dirigidas a potenciar actitudes inclusivas y de igualdad a través del juego y del juguete; y, por otra parte, también se hace hincapié en las posibilidades didácticas que ofrecen los juguetes tradicionales en los ámbitos anteriores.


Una vez visitado el museo desde este nos dirigimos por el Camino del Cristo hacia el barrio de Jesus donde vamos a contemplar edificios como la Ermita del Cristo de la Vega y el Convento de Dominicas. La ermita fue construida entre 1632 y 1640 de estilo barroco por impulso del dominico Fray Tomás Gómez. Antes estuvo dedicada a la Virgen de la Vega, pero a principios del siglo XVII cambió su advocación por la de Cristo. Los orígenes de esta ermita parecen remontarse a la Edad Media. Obras del siglo XVIII son la capilla mayor y el coro. En 1782 sufrió un incendio que destruyó la venerada imagen del Cristo que fue sustituida por la actual, obra del escultor valenciano Modesto Pastor.
Nave única de tres tramos con ábside poligonal de falsos nervios separado de la nave mediante arco triunfal y dos pequeñas capillas en los lados. Fábrica de mampostería y sillares de rodeno en las esquinas. Coro alto a los pies. Bóvedas de crucería estrellada y tres tramos con bóveda vaída y cúpula. Portada cobijada con soportal de arco de medio punto. Destaca en la cubierta una linterna octogonal rematada con cruz de forja y una espadaña de un solo vano con campana y rematada con pináculos, veleta y cruz de forja.
La imagen más antigua es la de la Virgen de la Vega, románica, tal vez del siglo XIII, muy restaurada. Un lienzo del Ecce homo, del siglo XVI. Retablos de la Dolorosa y de la Sagrada Familia, así como el púlpito del siglo XVII. El Cristo de la Vega es obra de Modesto Pastor del siglo XIX.
Considerada por algunos como un santuario, es una de las ermitas con mayor veneración de la Sierra a la que acuden vecinos de todos los municipios el día 14 de Septiembre durante las fiestas patronales de Albarracín en honor del Santo Cristo de la Vega y Santa María. Ese día, se celebra una romería llevando a la virgen en procesión desde la Catedral hasta la ermita donde se celebra una solemne misa para luego regresar a la catedral.


El convento de San Bruno y San Esteban de las Dominicas fue fundación del deán Antonio Sánchez de Moscardón en 1607 formando un núcleo independiente del resto de la población, que tal vez se acentúa más por su carácter de convento de clausura. Construido en los primeros años de 1600, según los planos Fray Tomás Gómez, pudo estar concluido en 1621 teniendo la edificación una bella silueta que presenta planta de L.
La iglesia del monasterio consta de una nave con tres tramos, tiene cubierta de medio cañón con lunetos y capilla con cúpula. Queda del recinto monástico, además de la Iglesia, el otro ala en el ángulo recto, que es una construcción de tres alturas de mampostería, en parte revocada, con huecos rectangulares de pequeña magnitud.


Términamos nuestro recorrido por Albarracin dirigiendonos hacia el Camino de Gea donde vamos a visitar Mar Nummus. Hace 150 millones de años, la Sierra de Albarracín estaba cubierta por el Mar de Tethys, precursor del actual Mediterráneo. El Mar de Tethys fue una luminosa lámina de agua que cubrió hace millones de años el territorio donde hoy se levanta la escarpada Sierra de Albarracín, un extraordinario mar en el que distintas especies de fabulosos y temibles reptiles marinos, hicieron de esta preciosa región su territorio.
En este mismo lugar se levanta una de las subsedes de Dinópolis con el nombre de "Mar Nummus. En este centro contemplarás una variada muestra de fósiles de los seres que vivieron en este inmenso mar: cocodrilos, esponjas, ammonites... y aprenderás cómo se forma un fósil, la herramienta que sirve a los paleontólogos para estudiar cómo fue la vida hace millones de años. Y podrás ver además un ejemplar del mayor depredador conocido, el impresionante Liopleurodon. Un gigantesco reptil que vivió en los mares jurásicos.


Con la visita a este centro tematico terminamos nuestro viaje por este maravilloso pueblo turolense, pero la oferta turistica que ofrece al viajero no termina aqui. Gracias a su entrono los amantes de la naturaleza pueden disfrutar de rutas de senderismo, de deportes de aventura asi como de uno de los Paisajes Protegidos como son los Pinares del Rodeno, un inigualable espacio, caracterizado por la multitud de formas geológicas que alberga, además de por su relación entre geología, flora, fauna y actividades tradicionales del hombre.
Sin embargo, el hecho que realmente le otorga una singularidad a este paisaje es el del hallazgo de importantes murales de arte rupestre. Por este motivo, en 1995, la Diputación General de Aragón creó el Paisaje Protegido de los Pinares de Rodeno, un título otorgado por la importancia de sus valores naturales, pero también por la ubicación de varios espacios con pinturas de arte rupestre levantino.

Albarracín es un lugar único. Pasear por sus calles, recorrer su muralla y adentrarse en sus monumentos es como hacer un viaje al medievo. El precioso legado arquitectónico y urbanístico de Albarracín transpira encanto y sosiego. Admirarás cada rincón, sus casas de color rojizo, sus puertas y llamadores, sus diminutas ventanas con visillos de encaje, sus balcones corridos en rica forja y de madera tallada. Por no hablar de las maravillosas vistas que obtendrás desde su envidiable emplazamiento. "PIÉRDETE POR LAS EMPINADAS CALLES DE ESTA LOCALIDAD CUYA BELLEZA ATRAPA A TODO EL QUE LA VISITA. POR ALGO AZORÍN LA DEFINIÓ COMO UNA DE LAS CIUDADES MÁS BONITAS DE ESPAÑA".


GASTRONOMIA:

La gastronomía de Albarracin ha girado en torno a los productos que ha proporcionado el medio en el que viven, ya sea cultivando la tierra y criando animales, o recogiendo lo que les ofrece directamente la naturaleza: caza, setas, truchas, frutos silvestres, hierbas aromáticas…
La dureza del clima, con un largo invierno, y un verano corto templado, hace de las pequeñas huertas un gran tesoro, a las cuales se les saca el máximo partido con imaginación.
Las novedosas tendencias de cocina están configurando un nuevo panorama, con las nuevas generaciones de cocineros en Albarracín y toda la Serranía, innovación, pero combinando productos locales y reinventando los productos tradicionales, que gestan nuevos platos y formas de entender la cocina.
La Gastronomía de Albarracín, constituye un magnífico atractivo para visitar la ciudad, y puede degustarse en cualquiera de sus restaurantes y tapeando por un gran número de tascas y de bares donde podrás compartir esas pequeñas joyas de nuestra cocina.
Algunos de sus platos más reconocidos son las gachas, la sopas de ajo al perolico, el gazpacho serrano, judías con morro, potajes de garbanzos… Platos surgidos de una elaboración fundamental para sobrevivir a largas jornadas de trabajo y a los duros inviernos.
Y hablando de trigo, no podían faltar las migas, otra maravillosa comida de supervivencia, que a veces se acompañada con uvas o con conejo. Hablando de comida saludable, no podemos olvidar la borraja y el cardo, dos verduras maravillosas, preparadas con patatas o con salsa de almendras. Y por supuesto los rebollones, las colmenillas o los boletus edulis de toda la sierra.
También los embutidos; jamón, longanizas, morcillas, chorizos, cecinas o somarros, platos que nos ha dejado la historia gastronómica, como el Frito, una conserva de carne y embutido de cerdo que crece en sabor y aroma guardando en la orza.
La elaboración de los deliciosos quesos de oveja y cabra, sin olvidar además las carnes en caldereta (cordero), los escabeches, estofados de ciervo, o el pollo al chilindrón, y por supuesto el famoso conejo al ajillo además de las truchas del río Guadalaviar, río que abraza la población y sus huertas.
Y para el final, los ilustres Dulces de Albarracín, que gozan de una reconocida fama, en especial las Almojábanas, cuya receta es un legado histórico de época musulmana. Las roscas, pan dormido, torta-finas, torrijas, mermeladas con frutos de la zona, así como las mieles tanto de romero como de mil flores y un largo etcétera para endulzar los paladares más exquisitos.


FIESTAS Y TRADICIONES:

San Antonio Abad (17 de enero)

San Antón, patrón de los animales, se celebra con la bendición de éstos. Era costumbre bendecir un lechón que se soltaba por las calles; obligación de todos era darle de comer y recogerlo en su cochinera por la noche. Sobre la fecha del sacrificio y el beneficio de éste varían los datos recogidos. Por la noche se encienden hogueras en todos los barrios de la Ciudad, con leña que han recogido los jóvenes de la ribera del río y donaciones particulares. La gente se reúne alrededor de la hoguera, en la que se asan patatas, «somarro», morro de cerdo,… Estaba muy arraigado el hecho de que cada uno se calentase y asase sus viandas en la hoguera de su barrio; el saltarse la norma era castigado con palos hasta hace bien poco.
En la actualidad, el viajero puede acercarse a cualquier hoguera de los diversos barrios, para asarse su carne u otras viandas. Las gentes de Albarracín suelen ser muy amables con los visitantes y por lo general, les ofrecen parte de su comida y un buen trago de la bota de vino.
La hoguera más grande y concurrida por los albarracinenses es la que se hace en el llano del Arrabal, llegando a superar sus llamas los 10 metros de altura en su máximo esplendor, mientras que la más concurrida por los foráneos es la de la plaza Mayor.
Por motivos relacionados con el calendario laboral, ya no se hacen las hogueras el día de San Antón, trasladándose esta tradición al sábado más próximo al día 17 de enero.

Los Mayos (30 de abril)

La fiesta de los Mayos todavía podía verse casi en total pureza hace veinte años. Hoy se ha convertido en una congregación de los más diversos tipos de gentes, con el fin de divertirse; hasta el punto de que podemos hablar de una actuación para los visitantes.
Era una celebración privada, de cuadrillas, que cantaban a las «mozas» del lugar, con coplas que adornaban el cuerpo a la vez que lo describían. El día 30 de abril los «mozos» se reunían en una casa o taberna, donde merendaban platos fuertes; tras la merienda, se procedía a la subasta de las «mayas», consistente en pujar por la maya elegida. A quien más dinero pujaba, se le adjudicaba. En la subasta también entraba la Virgen María. Precisamente con el canto de los “Mayos” a Ella en el portal de alguna iglesia comenzaba la fiesta. Las coplas de los «Mayos» se introducen por medio de una jota, acompañada de guitarras y bandurrias, a continuación un número variable de estrofas (según el cantor y cuadrilla) y se termina con una jota de despedida. No cabe la grosería dentro de los «Mayos» ya que las estrofas son las mismas para la Virgen que para las «mozas», pero alguna vez se han cantado para castigar a aquella «maya» que no aceptó a su «mayo» o que no dio la docena de huevos obligada.

Corpus Christis

La solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo tiene por finalidad proclamar la presencia real de Jesucristo en el Santísimo Sacramento, dándole públicamente el culto de adoración. Específicamente, el Corpus Christi es el jueves que sigue al noveno domingo después de la primera luna llena de primavera del hemisferio norte. En el caso de Albarracín, ha sido trasladada al domingo siguiente, para adaptarse al calendario laboral.
Antiguamente, y hasta hace unos 50 años, todavía participaban las cofradías y gremios de la ciudad con la presencia de todo el Cabildo catedralicio y los párrocos y beneficiados de todas las parroquias, siendo todo un espectáculo el ondeo de banderas y estandartes.
En la actualidad, y siguiendo una tradición centenaria, durante el transcurso de la procesión del Corpus se instala un altar portátil en el lugar en que se ubicaba la Puerta de Hierro (sin que la mayor parte de los albarracinenses sepa este motivo). Las recientes investigaciones arqueológicas nos han ayudado a entender porqué se coloca este altar en este punto, que no tiene otro significado que hacerlo coincidir con la entrada a la Ciudad por la puerta de Hierro.
Esta puerta debió de servir de entrada principal y única de la ciudad reconstruida y ampliada por Hudail Ibn Razín (siglo XI). Pensamos que tuvo un papel de importancia superior al de los otros portales, pues todavía en el siglo XVIII se daba en esta puerta la bienvenida al nuevo Prelado que venía a tomar posesión de la diócesis.
En el cruce de la calle del Chorro con la calle Azagra podemos ver una cruz de madera sobre el farol, que recuerda el asesinato de un sacerdote durante la procesión del Corpus Christi. Como consecuencia del crimen, el pueblo borró la mitad del escudo del caserón que hoy pertenece a la Cooperativa Católica del Campo.
En la actualidad sólo participa la cofradía del Santísimo Cristo de la Vega, acompañada por los niños que han recibido en el año la primera comunión y la corporación municipal bajo mazas, que rinde honores a la Hostia Consagrada, con un singular cruce de filas. Merece la pena observar el traje histórico de origen Borbón de los maceros de la Ciudad, con sus medias casullas con el escudo de la Ciudad y sus birretes con pluma de avestruz.

La Virgen del Carmen (4 al 16 de julio)

La procesión de la Virgen del Carmen comienza en la iglesia de Santiago, para bajar a la Plaza Mayor de donde se parte hacia el Portal de Molina; antes pararemos en la placeta de la Comunidad, que está adornada en esta ocasión para recoger en su centro a la imagen de la Virgen y efectuar allí un breve rezo. La procesión continúa calle arriba, pasa el Portal de Molina y descansa ante la fuente, en la confluencia de calles, donde los habitantes del barrio del Portal preparan un altar para guardar la imagen, mientras sacerdote y acompañantes rezan. Seguiremos después por la calle de la Virgen del Carmen, que comienza en un arco de hiedra construido expresamente para este día y en el que se puede leer «Viva la Virgen del Carmen». Sin detenernos hasta llegar a la ermita, la procesión continúa su caminar ascendente que pronto abandona la calle empedrada para proseguir por un camino de tierra que en tiempos se llamó camino de Molina de Aragón, de Torres, de la Sierra y actualmente de la Virgen del Carmen. Mientras la procesión asciende, las campanas de la Iglesia de Santiago y de la ermita tañen o voltean y los peregrinos cantan y rezan a intervalos.
Un poco más arriba hay un “peirón” casi en ruinas, donde los caminantes depositan lajas de piedra (costumbre pagana romana), en señal de ofrenda mientras se reza un Padre Nuestro o un Ave María; este acto no suele hacerse el día de la Virgen del Carmen, sino cualquier otro día, cuando alguien emprendía un viaje a pie por esta zona o simplemente llega hasta aquí para rezar en el atrio de la ermita.
Estamos ya al final del recorrido, atrás quedan la ciudad y el sonido de las campanas de Santiago, para comenzar a oír con claridad las de la ermita que anuncian la llegada de la procesión al Templo. La imagen de la Virgen entra, como el sacerdote y todos los peregrinos que puedan, ya que la ermita es muy pequeña; a falta de unas oraciones, la ceremonia se da por acabada. Se guardará aquí la Virgen durante todo el año hasta que unos días antes de la próxima procesión, la “santera” de turno o cofrade y sus acompañantes, bajen la imagen de nuevo a la iglesia de Santiago para que se reproduzca el acto otro año más.

Fiestas Patronales (8 y 14 septiembre)

Albarracín celebra a su «Patrona» Santa María el día 8 de septiembre y a su «Patrón» El Cristo de la Vega el día 14 de septiembre, uniendo casi las dos festividades.
Las fiestas de Albarracín tienen fama de ser las mejores de toda la comarca y a ellas vienen casi la totalidad de los serranos. Se componen de verbenas nocturnas con conjuntos musicales de calidad media y alta, conciertos, pasacalles, charangas, novilladas, «cabezudos» acompañados por dulzainas… Albarracín cambia de color, ya que su Plaza Mayor se cierra con troncos de pinos y su suelo se cubre de arena para el festejo taurino; con ello, parece todavía más que estamos en una Ciudad medieval. Por su calidad son recomendables a aquel que guste de trasnochar y, sobre todo, de correr los toros, pues Albarracín posee uno de los «encierros» más peligrosos de España, al soltarse los toros en calles estrechas, todas ellas en pendiente hasta llegar a la Plaza.
El día 7 de septiembre (víspera de la patrona) suele ser un día de verbena en la plaza Mayor; el día 8 (la patrona) un día de espectáculo un poco más serio.
Antiguamente se celebraba la subasta del cerramiento de la plaza con troncos de pinos, la extensión de la arena para el festejo taurino, (que normalmente recaía en los mozos de la localidad), la salida de los cabezudos (en la que pujaban adolescentes y mozos) y los palcos o entablados que se ubican entre los arcos del ayuntamiento.
Hoy, por la complejidad del cierre de la plaza para los festejos taurino y el montaje de gradas, no se puede subastar, pero merece la pena asistir a la puja y subasta por su peculiaridad.
El día 13 (vísperas del patrón) suele hacerse una verbena popular, lo mismo que el 14 (día del patrón); al finalizar ésta, sobre las 5 o 6 de la madrugada, se extienden las arenas para convertir la plaza en una plaza de toros un tanto peculiar. Para ello se tiran unos cientos de cohetes borrachos, que ayudan a que los mozos extiendan la arena.
Normalmente, sobre las 0,00 horas, las peñas vestidas de blanco, con pañuelos y fajas rojas o verdes vienen a la plaza Mayor, acompañadas de la charanga, para escuchar el chupinazo y dar por iniciadas las fiestas. Hay que decir a las personas que busquen tranquilidad en Albarracín, que se abstengan de visitarnos del 13 al 17 de septiembre.
Los días 15, 16 y 17 son días de desenfreno, con encierros de novillos y becerros, charangas, verbenas y multitud de gente en la calle celebrando sus fiestas, que en la mayor parte de las ocasiones tienen por referencia la plaza Mayor.

Semana Santa

La Semana Santa de Albarracín se engloba dentro las Semanas Santas Aragonesas, caracterizada por su sobriedad, austeridad y el silencio respetuoso en sus procesiones, únicamente interrumpido por los tambores y bombos. El comienzo de la Semana Santa en un principio, está marcado por la Cuaresma, que empieza 40 días antes del Domingo de Resurrección y finaliza el Domingo de Ramos. Es en este día es cuando comienza oficialmente la Semana Santa, que finaliza en el Domingo de Pascua.
Entre las diferentes actuaciones que se desarrollan en esos días, más allá de las puramente religiosas, se celebran 2 días convivencia en alguno de los municipios que pertenecen a la ruta del tambor y el bombo de las comarcas de la Sierra de Albarracín y la zona del Jiloca, con lo que son unas fechas de convivencia y muy concurridas
El Jueves Santo se hace la procesión desde la Iglesia de Santa María recorriendo las calles del conjunto histórico con Tambores, bombos con el toque de exhibición en la Plaza Mayor.
El Viernes Santo los componentes del Tambor y el Bombo rompen al hora a las 12.00 del mediodía, este acto comprende determinados toques del tambor y el bombo, suelen acompañar, otras asociaciones de la provincia de Teruel. Por la tarde se hace la procesión del Vía Crucis desde La Iglesia de Santa María.
El Sábado de Vigilia por la noche, en la Catedral del Salvador, se realiza el toque de Gloria por la Asociación Tambores y Bombos de Albarracín.
El Domingo Santo, celebración en la Iglesia de Santiago de la Pascua del Señor.

El Yeso Rojo

En Albarracín se encuentra la única producción de yeso tradicional. La fabricación se realiza de un modo artesano con piedras locales, dando lugar a un producto de color rojo asalmonado. Los revestimientos realizados con este material tienen un comportamiento satisfactorio tanto en la puesta en obra como en la durabilidad, siendo el material especialmente adecuado para obras de restauración de paramentos de yeso.
Los yesos se formaron a partir de la evaporación de pequeños lagos someros en llanuras mareales, muy afectados geología resulta un paisaje de bancos calcáreos competentes sobre los que se asienta la ciudad y unos terrenos más blandos en los arrabales: arenas, arcillas, margas y yesos. Todo en masas relativamente desordenadas de colores gris y rojo.
Para la rehabilitación en el conjunto histórico de Albarracín, se realiza mediante la experiencia de construir un horno tradicional de yeso para la obtención del material necesario para la obra. Se llevaba elaborando artesanalmente pero con la industrialización se estaba perdiendo, así que la familia de Antonio Meda fabricó yeso de un modo artesano hasta la década de 1960, en la que el yeso industrial, procedente de Teruel, se impuso entre los albañiles de Albarracín.
En los años 90 se impulsaron varias escuelas taller, y tuvo éxito, se restauró con un material muy parecido al original, completamente compatible y sin problemas ni de ejecución ni de fisuración. La Diputación General de Aragón decide apoyar la aplicación de este material tradicional en las fachadas de los edificios en rehabilitación, subvencionando el 100% del coste del material, creyendo en la importancia de mantener la tonalidad rojo-salmón predominante en la mayoría de los edificios.







1 comentario: