PASTRANA
Pastrana es un municipio situado al sur de la provincia de Guadalajara, dentro de la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha. El término cuenta con una población de 850 habitantes y se encuentra ubicada en la comarca de La Alcarria teniendo la localidad su auge entre los siglos XVI y XVII. En la vega del río Arlés, entre el Tajo y el Tajuña, nos recibe la Villa Ducal de Pastrana. Sus múltiples muestras de patrimonio artístico y cultural le han otorgado el título de Conjunto Histórico Artístico. En mitad del reseco paisaje alcarreño, sorprende el verdor que envuelve a esta localidad, en particular en la vaguada atravesada por el río Arlés, cubierta de árboles y cultivos.
Destacan en ella la colegiata, el Palacio Ducal donde residió la princesa de Éboli, los tapices flamencos de Alfonso V, la fuente de los cuatro caños y los conventos fundados por Santa Teresa de Jesús; todo ello configura un ambiente medieval-renacentista entre recuerdos y leyendas que le mereció la calificación de «instantánea del tiempo pasado».
Y aunque otras ciudades históricas de la meseta castellana gozan de más renombre, el ingente patrimonio de Pastrana difícilmente dejará indiferente al viajero. Sin embargo, no pocas de las casonas más antiguas de la villa arrastran profundas cicatrices, no solo debidas al paso del tiempo sino también al despoblamiento y a la falta de inversión. A pesar de todo, Pastrana posee uno de los centros históricos más hermosos del centro de España.
Pastrana es considerada la capital de la Alcarria, destino ideal para el viajero que busca rincones auténticos dotados de un pasado con historia, un bello pueblo que mantiene una gran tradición literaria, sus conventos carmelitas fueron fundados por Santa Teresa y San Juan de la Cruz y Camilo José Cela la inmortalizó retratándola en su Viaje a la Alcarria.
Los romanos la denominaron Paterniana y su nombre actual se debe a los árabes. El pretor romano Tiberio Sempronio Graco destruyó la ciudadela carpetana durante la conquista en el año 180 antes de Cristo. Cien años después fue reconstruida por orden del cónsul Paterno Paterniano, de quien tomó el nombre.
En el año 1174, el rey Alfonso VIII de Castilla concedió la entonces aldea de Pastrana, junto con Zorita de los Canes a la Orden de Calatrava, de quienes obtendría importantes privilegios. Más adelante, el rey Enrique II de Castilla a propuesta del maestre calatravo le concedió el privilegio de villazgo en 1369. En este mismo periodo se construye su muralla y su iglesia primitiva. Pastrana creció a partir de entonces en detrimento de Zorita. La villa perteneció a la orden de Calatrava hasta 1541.
En 1541, con fuerte oposición de los pastraneros que no querían perder el estatus de realengo, el emperador Carlos V la vendió a la viuda de Diego Hurtado de Mendoza, Ana de la Cerda, abuela de la célebre Ana de Mendoza de la Cerda (Princesa de Éboli). Ana de Mendoza casó con Ruy Gómez de Silva, secretario real de Felipe II, quienes obtuvieron del rey los títulos de duques de Pastrana y Príncipes de Éboli.
Con el ducado comenzó una época de esplendor para Pastrana. Los duques fundaron la colegiata y, ayudando a santa Teresa de Jesús, dos conventos de carmelitas descalzos en 1569. La primitiva iglesia es ahora cuando no solo sigue ampliándose en tamaño, sino en importancia, convirtiéndose en colegiata y atesorando numerosas obras artísticas bajo el patrocinio de la Casa Ducal. Uno de los hechos que más hicieron crecer la Villa fue la llegada a Pastrana, traído por Ruy Gómez de Silva, de un grupo de familias moriscas de las Alpujarras para trabajar en la recién creada y próspera industria sedera y tapicera que en el nuevo barrio del Albaicín se estableció. En 1573 murió el duque Ruy Gómez, y su viuda, la princesa de Éboli, decidió meterse a monja en la Concepción, causando numerosos escándalos en el convento, razón que impulsó a Teresa de Jesús a llevarse a las monjas de la población.
En julio de 1579, al conocer el rey Felipe II, las intrigas de la princesa de Éboli y su secretario Antonio Pérez, ordena el encarcelamiento de Ana de Mendoza. La princesa de Éboli permaneció encerrada sus últimos años en su propio Palacio Ducal hasta su muerte en 1592.
Desde finales del siglo XVII Pastrana perdió esa importancia y época dorada como cabeza del Estado de una de las ramas de la familia Mendoza, pero hasta la actualidad ha sabido mantenerse como epicentro de la comarca de la Alcarria, siendo un referente histórico, cultural y patrimonial.
En el siglo XVIII los duques trasladaron su residencia a Madrid, con lo que se inició la decadencia de la villa. A mediados del siglo XIX, el lugar contaba con una población censada de 2193 habitantes y un total de 514 casas.
Pastrana es uno de los municipios de La Alcarria con más historia a sus espaldas, un lugar que nos sorprenderá por la tranquilidad que emana de sus calles y por la cantidad de rincones con encanto que podemos visitar. Es un lugar fantástico en el que, además, se puede descubrir la historia de la Princesa de Éboli. Ana de Mendoza y La Cerda nace en 1540, es la hija de Diego de Mendoza, Príncipe de Mélito y nieto del Cardenal Mendoza. Fue una persona altiva, dominante y muy rebelde que se casó muy joven con un noble portugués muchísimo mayor que ella. El matrimonio adquirió el reino napolitano de Éboli y después la villa de Pastrana, por lo que Ana se convirtió en la primera Princesa de Éboli y la primera Duquesa de Pastrana.
No se sabe a ciencia cierta por qué la Princesa de Éboli llevaba un parche en el ojo. Algunos cuentan que perdió el ojo en una clase de esgrima, mientras que otros estiman que no era tuerta, sino bizca, y que llevaba el parche para tapar su defecto. Aun así, los libros de historia siempre han hecho referencia a la belleza de la Princesa.
Cuentan que la Princesa de Éboli fue amante de Antonio Pérez, secretario del Rey, y que juntos urdieron conspiraciones en contra del monarca. Cuando Felipe II descubrió todo, mandó desterrar a Ana al Palacio Ducal de Pastrana y la encerró en la torre de levante. Tan solo se le permitía salir una hora a la reja del balcón que da a la Plaza Mayor, que desde entonces se le conoce como la Plaza de la Hora. Murió encerrada, y sus restos descansan en la Colegiata de Pastrana.
Su magnífico patrimonio histórico-artístico, nos demuestra que fue testigo de momentos de gran opulencia, por lo cual se convierte en el destino ideal para todo aquel que busca cultura y arquitectura. Pastrana fue residencia de nobles linajes y sede de conventos fundados por la mística Santa Teresa de Jesús. Su casco antiguo está declarado Bien de Interés Cultural porque conserva un nutrido grupo de bellos edificios que os vamos a mostrar en nuestro recorrido por esta maravillosa villa ducal. Caminar por sus calles estrechas y sinuosas es transportarse a la Edad Media, poco han cambiado desde entonces: apenas los cables del tendido eléctrico y las farolas nos indican que estamos en el siglo XXI.
Comenzamos nuestro viaje visitando el edificio del Convento del Carmen que se situa a las afueras de la villa en una de las carreteras de entrada al pueblo.
El convento de la Concepción Francisca, comúnmente llamado convento del Carmen, es un convento y hospedería siendo uno de los primeros ejemplares de la Orden de los Carmelitas que sigue los cánones de austeridad que marcó Teresa de Jesús.
Santa Teresa llegó a Pastrana el 10 de junio de 1569 desde Toledo, llamada por la princesa de Éboli, Ana de Mendoza, para fundar un convento de monjas carmelitas descalzas. Santa Teresa se encontró con dos ermitaños, Mariano Azzaro y Juan Narduch, que querían conocerla. Santa Teresa les propuso que fueran los primeros frailes carmelitas descalzos.
El 9 de julio de 1569 fray Ambrosio Mariano y fray Juan de la Miseria tomaron el hábito de los carmelitas descalzos en la capilla del palacio Ducal, convirtiéndose ası́ en los dos primeros frailes de esta nueva congregación fundada por Santa Teresa. En esos primeros años san Juan de la Cruz estuvo durante unos meses como maestro de novicios.
Los frailes se instalaron en una ermita, la de San Pedro, y en unos terrenos cedidos por el príncipe de Éboli, Ruy Gómez.
La fundación original constaba de la ermita, de un palomar y de las cuevas donde se hospedaban los frailes. No fue hasta entre finales del siglo XVI y principios del XVII cuando se construyó el convento y su iglesia.
La iglesia fue inaugurada el 20 de enero de 1600. A principios del siglo XVII una tormenta acabó con el edificio primitivo y los frailes decidieron levantar uno nuevo en las cercanías. La ermita de San Pedro también fue reedificada en el siglo XVIII.
Estuvo ocupado por los carmelitas descalzos hasta la desmortización de Mendizábal en 1836. En 1855 fue ocupado por religiosas franciscanas concepcionistas, que lo han utilizado como seminario de misioneros, primero, y, actualmente, como convento propio, hotel y museo teresiano. Actualmente los PP. Franciscanos han cedido la iglesia y el claustro del convento al municipio de Pastrana para custodiar las magníficas obras que forman parte del museo del “V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa”. Encontramos entre muchas, obras de Luca Giordano, Juan Antonio de Frı́as Escalante, Paolo de Matteis y Juan Carreño de Miranda, sin olvidar la imponente talla del Cristo de la Verdad de Gregorio Fernández. En el mismo convento del Carmen se encuentra el Museo de Ciencias Naturales, que ocupa el claustro superior del edificio conventual, se podrá deleitar con una rica variedad de fauna de las islas Filipinas. Destaca la magnífica colección de conchas de moluscos, con más de 1500 especies distintas expuestas; la de aves cuenta con más de 400 ejemplares. Pueden verse también espectaculares especímenes de mamíferos y reptiles, peces, crustáceos, esponjas, corales, etc.
En la huerta del convento que le rodea por su costado, aún se conserva la vieja ermita de San Pedro, un edificio pequeño y sencillo; el más antiguo del conjunto dado que fue esta ermita el origen de toda la fundación carmelita.
La parte más destacable de todo el conjunto conventual es la iglesia. La planta y el alzado de los muros se debieron a las obras carmelitas, lo que justifica la sencillez de las mismas. Consta de una sola nave y planta de salón. A los pies está el sotocoro, sobre el que se sitúan las ventanas y rejas de clausura. Los muros son de mampostería con sillares en las esquinas y en la cornisa superior.
La nave se cubrió con bóveda de medio cañón algo rebajada con lunetos para la ventanas y dividida en tres tramos por dos arcos fajones que descansan sobre pilastras en la zona del altar y sobre ménsulas colgadas hacia los pies. La bóveda arranca de un entablamiento bien compuesto sobre cuyo friso corre el letrero fundacional. El ábside está cubierto por una venera de charnela alta. Los tramos de la nave ofrecen decoración a base de fajas de yeso que encadenan con poco relieve óvalos y recuadros. En el centro de cada uno, una calota o clave pinjante de madera pintada.
Las obras de la iglesia se finalizaron estando ocupado ya el convento por las concepcionistas, limitándose a dar mayor riqueza al interior, sin modificar el exterior.
En el exterior, la fachada es de tipo carmelita de principios del siglo XVII, Atrio con tres arcos de medio punto y bóvedas de arista, mayor el central con hornacina; dos escudos de los carmelitas, ventana rectangular con frontón resto y óculo central. Los materiales empleados fueron piedra, ladrillo y mampostería.
Una vez visitado el convento, cogemos de nuevo nuestro vehiculo para dirigirnos por una estrecha carretera hacia uno de sus cerros conocido como la Peña Matea donde vamos a contemplar el Monumento al Sagrado Corazon, la ermita de la Inmaculada Concepcion erigidos en 1954 para conmemorar el centenario de dicho dogma y donde disfrutar desde uno de sus miradores unas vistas ,no solo de Pastrana y su casco histórico, sino del Valle de Valdeconcha y su vega del río Arlés hasta su unión con el Tajo.
Volvemos de nuevo al pueblo para estacionar nuestro coche en un parking junto a la Plaza del Moco cercano a nuestro lugar de estancia en la villa junto a la Casa de Moratin que sera el siguiente de los lugares de interes que vamos a visitar en Pastrana.
El afamado literato Leandro Fernández de Moratı́n conocı́a Pastrana gracias a su abuela paterna quien era pastranera. Además, su padre pasaba largas temporadas en la villa y es muy posible que Leandro la visitara desde la infancia.
En 1789 Moratı́n compró una casa vieja y un amplio terreno extramuros de la población con la intención de construirse una casa con jardı́n y huerta con estanque, dentro del estilo de huertas ajardinadas que los moriscos habı́an introducido en Pastrana. La casa se ejecutó bajo la dirección del arquitecto Silvestre Pérez, ı́ntimo amigo de Moratı́n y más adelante, nombrado arquitecto real. En 1800 la obra estaba terminada.
Durante los próximos ocho años en ella descansó el grupo de amigos más cercano al dramaturgo, un eminente foco de ilustrados que tomarı́a parte activa en el gobierno de José I. El estallido de la guerra de la Independencia española (1808-1812) le sorprendió a Moratı́n en Pastrana, siendo esta su última estancia en esta casa. Cuando los franceses perdieron la guerra, Moratı́n inició una vida errante que le llevó al exilio en Parı́s. Al final desde su exilio donó la casa de Pastrana a la Inclusa de Madrid, pero con la desamortización de bienes civiles, la casa pasó al Estado y fue subastada en 1859. Al final, llegó a manos de las Hermanas Carmelitas de la Caridad para establecer un colegio de niñas.
En las temporadas de verano y otoño que pasaba en Pastrana Moratı́n escribió alguna de sus obras, como ‘La mojigata’, y se inspiraba en la posada de Alcalá, parada obligada en su viaje a Pastrana desde Madrid, espacio donde se desarrolló la obra teatral ‘El sı́ de las niñas’.
Ascendemos por la calle Moratin hasta que llegamos a la Plaza del Dean donde vamos a contemplar nuestros siguientes lugares de interes por la villa. Se trata de una plaza monumental que se completa con el antiguo Convento de San Francisco, la Casa del Dean y la Ermita de Santa Ana.
El edificio de la Casa del Dean fue construido sobre el solar de dos casas en el año 1647 por el IV Duque de Pastrana como hospital de San Miguel. A finales del siglo XVIII dejó de ser utilizado como hospital y el duque se lo cedió al deán para su residencia personal. Su estructura palaciega permitió que en varias ocasiones fuera el alojamiento del duque ante la incomodidad que suponı́a alojarse, por unos dı́as, en el desatendido palacio ducal. Su nombre viene de haber sido residencia del deán de la colegiata, máxima autoridad en el cabildo eclesiástico de una colegiata.
Su arquitectura desarrolla el tı́pico modelo palaciego con patio central de columnas de madera y zapatas, dos alturas y fachada con portada adintelada de sillares almohadillados, gran balcón central y un reloj de sol que atestigua el paso del tiempo.
Hoy en dı́a en el interior de la Casa del Deán encontramos el Centro de Salud. Junto a este edificio se levanta la ermita de Santa Ana, oratorio particular del deán, que en la actualidad alberga un centro cultural dedicado a la música.
El convento fue fundado por una comunidad de franciscanos liderados por fray Juan de Peñalver que, buscando la vuelta a la primitiva regla (retiro, oración mental, pobreza, austeridad), se instalaron en 1437 en un paraje cercano llamado Valdemorales. El lugar elegido era insano, insalubre e incómodo y en 1460 se trasladaron a esta ubicación, extramuros de Pastrana
Tanto los maestres de la Orden de Calatrava a la que pertenecı́an los territorios como Doña Ana de la Cerda, primera señora de Pastrana, apoyaron la construcción del convento. Fue reformado y ampliado en los siglos XVII y XVIII usándose el ladrillo como principal elemento constructivo. El convento reunió una biblioteca extensiva dado que era casa de estudio Franciscano Observante de Castilla y contaba con dos cátedras; las de Latinidad y Gramática.
Los I Duques de Pastrana también acogieron el patronato del convento, dotando ricamente su iglesia. Esta es una iglesia gótica de una sola nave y planta en cruz latina cubierta de bóvedas de crucerı́a en estilo gótico, capiteles simples con decoración vegetal y escudos heráldicos de los Mendoza.
La fundación desempeñó un papel importante en los movimientos reformistas que sucedieron en los siglos XV y XVI surgiendo una desviación herética, los llamados ‘iluminados’ o ‘alumbrados’. Fue ocupado sin interrupción hasta la desamortización de Mendizábal en 1836. A partir de ese momento tenı́a diferentes funciones civiles y administrativas, hasta que fue destinado a utilidad pública en 1846.
Una parte fue adquirida por el Ayuntamiento para instalar en ella el cuartel de la Guardia Civil, desde octubre de 1845 hay Guardia Civil en Pastrana, mientras que la otra fue adjudicada y comprada por los pueblos del partido para disponer la cárcel. La huerta del convento fue utilizada como cementerio y la zona denominada el Colegio fue ocupada por un hospital, que fue habilitado ante la gran epidemia de cólera que asoló la zona en 1855.
En 2019 se iniciaron las obras para la restauración de la iglesia y se finalizaron en 2020, inaugurándose como centro para uso cultural y turístico.
Se trata de un gran edificio monasterial realizado en sillarejo e hiladas de ladrillo con ventanales enrejados. La fachada ofrece un atrio de 5 altos arcos y en lo alto se levanta la gran espadaña de tres arcos.
Enfrente de la plaza se situa el Arco de San Francisco y un lienzo de la antigua muralla de Pastrana que seran nuestro siguiente punto de visita en nuestro viaje por la villa. La primera muralla de Pastrana data del siglo XIV, construida bajo el gobierno de la orden Militar de Calatrava, a la que pertenecı́a el territorio. Fue consecuencia, por una parte, de los disturbios caracterı́sticos de esta época de crisis y, por otra y de forma fundamental, de los disturbios dentro de la propia Orden y las luchas mantenidas por ostentar el maestrazgo.
Sin duda, la muralla fue un elemento de seguridad. Fue el elemento fı́sico que determinó el perı́metro de la ciudad medieval, pero también fue el factor jurı́dico, económico y psicológico que delimitaba qué era la villa de Pastrana y qué no. Sus puertas, que se cerraban por la noche, servı́an de lugar de tránsito para recaudar impuestos a los comerciantes que acudı́an a ellas y de lı́mite del espacio donde se disfrutaba de privilegios especiales propios y privativos de la villa.
En aquel momento existı́an ocho puertas de las que actualmente quedan dos. De las ocho puertas, unas eran verdaderos arcos de entrada y otras eran pequeños portillos que daban paso al área circundante. Solamente se conserva la Puerta de Zorita en su ubicación original entre la plaza de la Hora y la calle Mayor, aunque ya es conocida como Arco de la calle Mayor.
La Puerta de San Francisco es un arco de medio punto que tenı́a otra ubicación en la primitiva muralla medieval; se trasladó a la posición actual en el siglo XVII cuando se hizo una reedificación de la muralla para salvaguardar a la población de una epidemia de peste en 1650. Recibe su nombre del convento de franciscanos instalado extramuros frente a ella. Sobre su arco hay un cuadradito con la efigie de la Santa Faz que en la noche ilumina un farolillo.
Cruzamos el arco y descendemos por la calle San Francisco donde al final de las misma y en un cruce de calles nos encontramos con una de las muchas casas señoriales que posee la villa, en concreto se trata del Palacio de los Burgo. Este palacio fue construido a principios del siglo XVII, intramuros de Pastrana antes de la reedificación de la muralla en 1650. Se trató de una sobria construcción de la noble familia de la que toma el nombre, los Burgos. Al igual que el resto de casones del barrio, cuenta con sus jardines y patios, sin llegar a imaginarnos, desde el exterior, las dimensiones de los edificios. Este modelo de casa noble siguió la estela introducida por el diseño del Colegio de San Buenaventura.
Sobre su fachada principal podemos ver el imponente escudo de armas de esta familia, timbrado por la celada que señalaba su hidalguía. En los primeros años del siglo XXI, se ha reedificado como pisos y apartamentos, pero todavía se conserva la estructura del gran portón arquitrabado, los sillares esquineros y la rejería.
El edificio de planta rectangular, consta de tres alturas y conserva gran parte de su fachada original; portada adintelada de sillares almohadillados, un gran balcón central, ventanales enrejados, y la maravillosa calma de sus patios interiores.
Desde este punto nos desviamos un momento por la calle Adolfo Martin Gamero donde vamos a contemplar la silueta del edificio del Colegio San Buenaventura. Su construcción y fundación en 1628 se debe al Arzobispo don Pedro González de Mendoza, hijo de los prı́ncipes de Éboli, como colegio y residencia de los niños cantores que debı́an participar en las ceremonias de la iglesia-colegiata. La colegiata era un lugar de grandes celebraciones y Fray Pedro, fundando el colegio, no solo ejercı́a una labor de mecenazgo y patrocinio, sino que dotaba al templo con un coro de niños que daban mayor solemnidad a los cultos.
En el colegio se daban lecciones de solfeo, instrumentos, latı́n y otras disciplinas como letras, números y ciencias. Fue uno de los primeros colegios donde se daba una educación reglada de música que hasta ese momento se enseñaba en capillas e iglesias.
Las trazas del edificio fueron dadas por el propio Fray Pedro que lo diseña con planta rectangular, varias alturas, capilla particular y jardı́n posterior. Tenı́a intención de vivir en él: su disposición responde a la idea de palacio o vivienda noble más que a la de una institución pedagógica, pese a que fuera destinado para colegio. La propia existencia de un jardı́n de gran desarrollo lo confirma. El jardı́n es uno de los ejemplos más singulares del legado morisco en Pastrana: recoge la tradición hispanomusulmana del jardı́n-huerto y está realizado en terrazas ascendentes.
En la fachada reconocemos el escudo de fray Pedro González de Mendoza con los atributos propios de su posición eclesiástica, arzobispo y en la parte superior se ve la Virgen de la Salceda, convento franciscano cerca de Tendilla donde Fray Pedro profesó.
Volvemos sobre nuestros pasos para continuar nuestro recorrido por la calle Palma, una calle muy pequeña, pero al mismo tiempo es una de las más interesantes si la analizamos desde el punto de vista histórico. Aquí hay muchos edificios de valor arquitectónico, aunque algunos de ellos están muy mal conservados. La mayoría de las casas se construyeron en el siglo XVII y pertenecían a agricultores, oficinistas y nobles.
La primera casa de interes historico que nos encontramos es con el edificio de la Antigua Sinagoga. Se tiene la fundada creencia de que este antiguo caserón albergara en su día la sinagoga judía. Ello lo certifican los detalles ornamentales, que en su fachada contemplamos, grabados sobre estuco y con evidentes señales de mudejarismo. En este grabado aparece la denominada estrella de David, de seis puntas, de origen judío. Es extraño encontrar esgrafiados en esta parte de Castilla, más siendo un ornamento típico de comienzos del renacimiento, época en la que los judíos tenían que habitar obligatoriamente fuera de los núcleos urbanos y separados. tras la promulgación de las Leyes de Ayllón.
Esto es algo notablemente extraño puesto que en las sinagogas no solían tener símbolos en la fachada, puesto que lo habitual es encontrar este tipo de ornamentación mudéjar en el interior de los templos. Por este motivo, no existen estudios que verifiquen la existencia de culto judío en este edificio, más aún, estando tan céntrico y con tan baja población judía en Pastrana con anterioridad al siglo XIV.
Metros mas abajo podemos contemplar el edificio de la Casa del Caballero Calatravo. En el 1174 el rey Alfonso VIII donó el alfoz de Zorita de los Canes y su comarca a la Orden Militar de Calatrava para repoblar la zona. Tras la conquista de Cuenca en 1177, la Orden de Calatrava, segura en su nueva posesión, organizó el control de su territorios mediante la fundación de pequeñas aldeas entre las que se encontraba Pastrana.
La calle de La Palma, antiguamente calle Mayor antes de que lo fuera la actual, albergaba las casas pertenecientes a las principales familias de la villa, probablemente también familias judías. Cuando los judíos fueron expulsados por orden de los Reyes Católicos en 1492, se expropiaron estas viviendas. En ese momento Pastrana seguía bajo la jurisdicción de la Orden Calatrava y se cree que el gobernador aprovechó para venir a residir en esta antigua casona.
La arquitectura sigue ejemplo/tendencia de otras casas del barrio, destacando el arco de medio punto de su puerta principal, ası́ como el escudo de su fachada, cuya cruz de Calatrava atestigua la influencia de esta orden.
Y finalmente podemos contemplar la Casa de la Inquisicion. La primera casa que encontramos al llegar a la calle de La Palma desde la plaza de los Cuatro Caños es la llamada Casa de la Inquisición, por haber pertenecido a dicha institución. Pastrana no tuvo tribunal de la Inquisición – los más cercanos estaban en Cuenca y Toledo – pero sı́ tenı́a una sede donde los llamados familiares llevaban los trámites burocráticos y la vigilancia de los vecinos. Y mucho era el trabajo que tenı́an por la gran población que Pastrana alcanzó en el siglo XVII.
Se trata de una gran construcción de tres alturas, en la que nos llama la atención su balcón esquinero y, en la sobriedad de sus fachada, el escudo del Santo Oficio. Este cuenta con una cruz, una espada (sı́mbolo del trato a los herejes) y una palma (la rama de olivo que nos recuerda la reconciliación de los arrepentidos). Es de esta palma de donde toma su nombre la calle.
Al final de la calle Palma llegamos a uno de los lugares mas bellos de la villa como es la Plaza de los Cuatro Caños la cual se encontraba soportalada y en tiempos medievales fue el centro neurálgico de la villa donde se establecía el mercado y donde podemos contemplar una pintoresca fuente que le da nombre a la plaza.
Situada en lo que fue, en la época medieval, el centro de la villa: donde estaba el Concejo, donde se hacían el mercado, las danzas del Corpus y hasta las corridas de toros en el siglo XVI. Fue el punto de confluencia de largas calles radiales que partían de las principales puertas del recinto murado. La plaza era conocida entonces como la plaza del Mercado o la plaza de Arriba.
Esta fuente monumental es uno de los símbolos de los pastraneros, con el que más se identifican. Su pilón es octogonal, con pilar y capitel, que sustentan media esfera a modo de copa y, como diría Cela, “rematada por un peón de ajedrez”. De la copa, se encuentran tallados cuatro mascarones alineados con los cuatro puntos cardinales, representando las cuatro etapas del hombre, de donde nacen los cuatro caños.
Fue Ruy Gómez de Silva quien en 1567, antes de comprar Pastrana, invirtió en la villa y donó al concejo 1000 reales para sustituir una fuente adosada a un pilón rectangular por una fuente monumental. No fue hasta 1588 cuando se construyó la fuente bajo las trazas del maestro de obras Francisco de Tuy y el trabajo de un cantero y un escultor.
En 1731 la fuente fue remodelada y decorada aún más; en esta ocasión Francisco Ruiz fue el maestro de obras. No fue hasta el año 2002 que Carlos Clemente, uno de los arquitectos encargados de la rehabilitación del Palacio Ducal por parte de la Universidad de Alcalá, realizó otra restauración. En 2022 fue limpiado profesionalmente por el restaurador pastranero Alejandro Pajares Gutiérrez.
Una zona desgastada en la fuente nos recuerda el uso como punto de reunión; las huellas de los cántaros que han quedado así lo atestiguan.
Desde la plaza continuamos por la calle Fray Lorenzo Perez hasta que llegamos a la Plaza del Ayuntamiento donde vamos a contemplar y visitar varios de los monumentos que atesora esta preciosa villa medieval. Uno de esos edificios de interes es la Casa del Concejo que se encuentra en la plaza del Ayuntamiento desde mediados del siglo XVII. Su ubicación anterior fue la plaza de los Cuatro Caños debido a su carácter comercial como lugar del mercado. Es probable que el traslado fuera debido a la falta de notoriedad del edificio anterior.
El nuevo edificio es un amplio caserón. La primera planta fue construida con mampostería de piedra con sillares en los esquinas y en la puerta de acceso. La segunda planta se levantó con fábrica de ladrillo, material introducido en la villa por los moriscos.
En fachada podemos ver tallado en piedra el escudo de Pastrana: en el primer cuartel aparece una letra P cruzada de una banda y escoltada por dos flores de lis, en el segundo cuartel una cruz, una espada y una calavera. Este escudo simboliza la leyenda que dice ‘Pastrana defenderá la Cruz con la espada hasta la muerte’.
Restaurada en los años noventa, sigue siendo sede del Ayuntamiento; en su planta baja están las oficinas municipales y en la planta superior el salón de plenos y archivo.
Otro de los monumentos que podemos contemplar es la Casa de los Canonigos. Esta gran casa construida principalmente en ladrillo y con alta galería abierta fue mandada construir en el siglo XVII por fray Pedro González de Mendoza, Obispo de Sigüenza y hijo de los príncipes de Éboli, para que sirviera de residencia a la comunidad de clérigos de la Colegiata de Pastrana. En este edificio vivıán en comunidad, aunque no sujetos a una regla conventual.
La estructura del edificio responde a la idea de patio central en torno al cual se distribuyen las dependencias. Su fachada, realizada en ladrillo, nos recuerda a la fachada del convento de San Francisco, utilizando una arquitectura sobria, desornamentada, casi racionalista, donde sólo destaca la rica moldura de sus ventanales. Esta semejanza pone de manifiesto la existencia de un mismo arquitecto para los dos edificios, quien también pudo realizar las trazas del Ayuntamiento.
Nos da idea de la importancia religiosa de la Colegiata de Pastrana que en tiempos de máximo esplendor daba cabida a cuarenta y ocho canónigos, solo superado en número por la Catedral Primada de Toledo.
Y finalmente vamos a contemplar y visitar la Iglesia Colegiata de Nuestra Señora de la Asuncion y que alberga en su interior un museo con una importante colección de tapices y un gran número de obras de arte de todo tipo como cuadros, altares, elementos de orfebrería y relicarios, entre otros.
La iglesia colegiata de la Asunción tiene sus orígenes en una primitiva iglesia románica del siglo XIII construida por los caballeros calatravos, de la que aún se conservan algunos elementos. Fue reformada completamente en los siglos XVI y XVII, aunque ya existen reformas de la iglesia románica en el siglo XIV o XV en la zona de lo que actualmente es el coro. También sobre el muro norte se realiza una nueva portada, el actual acceso, de tradición gótica que incluye un arco conopial con dos pilastras laterales rematadas con pináculos y florones.
Sin embargo, la primera gran trasformación se produce a partir de 1569 cuando el primer duque de Pastrana, Ruy Gómez de Silva, obtiene la bula pontificia que permite convertir el templo en colegiata. Para adaptar el inmueble a su nueva categoría canóniga construye una amplia cabecera de estilo gótico, conservando las naves, de lo que ahora mismo es el coro, sin ser alteradas.
La segunda gran transformación se realiza entre 1626 y 1639 cuando el arzobispo Pedro González de Mendoza reedifica y amplía el edificio. Se encargó la obra al arquitecto carmelita Alberto de la Madre de Dios. Se sustituye entonces la cabecera del templo por otra de mayores dimensiones con cripta y crucero, siguiendo el estilo clasicista esculariense. También se mantiene la diferencia de altura de la cabecera con el resto de la iglesia, detalle característico del templo y resultado de la reforma del siglo XVII. El coro actual, al comedio de la nave central, es la esencia de la primitiva iglesia de transición, conservando hermosos capiteles medievales.
La cripta es de planta de cruz latina y cuenta con grandes urnas funerarias, seis de las cuales son de mármol rosado procedentes del panteón ducal del monasterio de San Francisco de Guadalajara, y el resto de granito realizadas con la cripta. Ésta es la última reforma reseñable del templo y la que configura su apariencia actual, salvo por el campanario, al que se añadió un desafortunado reloj en la Edad Moderna.
El resultado es un templo de tres naves muy anchas, que se abren en la cabecera en un gran crucero, rematado por un breve presbiterio o capilla mayor. Varios altares, capillas y dependencias completan el conjunto. Es reseñable el órgano, construido en 1704 por Domingo de Mendoza, maestro de la Capilla Real en tiempos de Felipe V. Gracias a una laboriosa restauración en junio de 1999, está en muy buen estado de conservación y sigue sonando hoy en dı́a.
En el interior de la colegiata destaca el retablo del altar mayor, de 1637, pintado por Matı́as Jimeno. El cuadro central de san Francisco de Ası́s, está rodeado por diez lienzos representando santas, vı́rgenes y mártires, al gusto manierista. La gran joya de este retablo es una pintura sobre alabastro de Nuestra Sra. de la Asunción, patrona de la parroquia, original del pintor francés Jacques Stella. Fue regalo del papa Urbano VIII al III Duque de Pastrana.
El viajero puede contemplar, cuando se acerca a la iglesia Colegiata de Pastrana, un informe edificio de altos y cerrados muros, fabricados en sillarejo con esquinas de sillar, y escasos vanos, grandes y de proporciones cuadradas. En torno a la estructura eclesial propiamente dicha se añaden otros edificios auxiliares, incluso viviendas, y solamente descuella sobre las cubiertas de teja árabe la torrecilla en que remata la bóveda del crucero y la torre para el reloj y las campanas, de un solo cuerpo, puesta sobre la bóveda del tramo inicial de la nave central. El ingreso principal lo tiene en el muro del norte, a través de una puerta de estilo gótico anteriormente descrita, a la que precede un patiecillo ó atrio descubierto embaldosado con losas de piedra, algunas de las cuales aún muestra, fragmentado, el cenotafio de cualquier antiguo pastranero. Fue cementerio del lugar este atrio, y hoy es todo un símbolo de la Pastrana sentimental y literaria, pues en su ámbito cayó muerto, en julio de 1973, mientras recitaba sus versos en loor de la Alcarria, el poeta José Antonio Ochaita. Un crucero de piedra y la vegetación que trepa por el muro de la capilla del Santísimo que le sirve de fondo, es la decoración que le da misterio y belleza a este entorno.
Aún queda otra puerta de ingreso al templo, oculta en un patio interior, que no se usa desde hace siglos. Está sobre el muro meridional y consiste en un simple vano semicircular cobijado por arco de sillares de piedra, sin el más mínimo elemento artístico. Nada más cabe reseñar respecto al componente exterior de esta iglesia Colegiata, sino es insistir en su categoría de bandera y contrapunto al resto de tejados y edificaciones de la villa, sobre los que emerge con serenidad y fuerza.
El interior del templo es amplio y magnífico. Consta de tres naves muy anchas, que se abren, en la cabecera, en un gran crucero rematado por breve presbiterio ó capilla mayor. Numerosos altares, capillas adyacentes, dependencias varias y una sacristía completan el abigarrado conjunto. A los pies del templo, a la derecha según entra el visitante, se encuentran dos capillas añadidas. La primera está dedicada al Santísimo Sacramento, y en ella se contienen, colgados por sus muros, diversos lienzos de gran tamaño, entre los que destaca el de Santa Teresa doctora predicando.
A los pies del templo se abre la Capilla de las Reliquias, cuyo fondo está ocupado por unas grandes puertas de madera que al abrirse muestran, en gran hornacina, una enorme cantidad de relicarios barrocos, de los siglos XVII y XVIII, conteniendo reliquias muy diversas y numerosas (ronda su número las trescientas) y en las paredes laterales de esta capilla se conservan los sepulcros de dos personajes que forman parte de la historia de Pastrana. A la derecha, don Francisco de Contreras, y a la izquierda su esposa doña María de la Gasca. Ambos ofrecen sendos frontales, en cuyo centro aparecen los respectivos escudos de armas, con leyendas alusivas a su vida. Proceden estos sepulcros de la iglesia del que fuera convento reformado ó desiertocarmelita de Bolarque, a cuya fundación y construcción colaboraron decisivamente estos señores, que pasaron en vida largas temporadas en aquella soledad retirados junto a los frailes pardos.
El coro central del templo, que ocupa la nave principal de la vieja iglesia calatrava, alberga la vieja sillería coral que sirvió, en sus tiempos, como lugar de reunión y ceremonia para el grupo de clérigos que formaban el capítulo colegial de este templo y que le dio su nombre más habitual de Colegiata.
Las naves laterales, anchas y altas, se cubren de bóvedas de crucería, sin apenas decoración. Albergan múltiples altares y pinturas, la mayoría procedentes de los exclaustrados conventos de Bolarque y de la villa (los de franciscanos y carmelitas). De entre todos ellos destacaría especialmente, en la nave del evangelio, el altar dedicado a Santa Teresa, procedente de la iglesia de San Francisco, y en cuya predela aparecen dos pequeñas tablas, con los retratos de los oferentes (Juan de Miranda y Ana Hernández) pintados por Juan Bautista Maino.
Llegados finalmente al crucero del templo y a su cabecera, admiramos en este lugar la grandiosidad de proporciones, la luminosidad y el buen gusto arquitectónico que le impuso su creador, el arquitecto carmelita fray Alberto de la Madre de Dios. Esta cabecera de la Colegiata de Pastrana ofrece tres naves que se abren al crucero, el cual remata en estrecho presbiterio. Las naves laterales son de menor altura que la central, y se cubren por bóvedas de arista decoradas con placas lisas de yeso; la nave central está cubierta de dos grandes casquetes ó bóvedas semiesféricas, rebajadas, apoyadas sobre pechinas, sin tambores; y la capilla mayor ó presbiterio, así como los dos brazos del crucero, rematan en bóvedas de cañón con lunetos. Los pilares que sostienen el conjunto son grandes pilastrones de orden toscano cuyas sencillas líneas se unen, apenas sin solución de continuidad, con la cornisa del entablamento.
También cubre una de las paredes de la nave central, y colocado en alto, el gran órgano parroquial, obra realizada por el organero Domingo de Mendoza, maestro de capilla de Felipe V, en 1704, tal y como reza una cartela puesta en la parte superior del cuadro del teclado.
Ocupando el fondo de la capilla mayor o breve presbiterio, aparece el magnífico altar mayor de la Colegiata, obra extraordinaria del manierismo castellano, cuajada de pinturas y algunas pequeñas esculturas en su parte baja. Este retablo fue realizado hacia 1637, siendo el autor de sus pinturas Matías Jimeno. Al parecer, el cuadro central con la figura de San Francisco de Asís, y el resto de los lienzos, en un total de diez, representando santas mártires, fueron enviados desde Sigüenza, en 1635, por el Obispo don Pedro González. Presenta el retablo dos cuerpos y un gran remate. Las columnas que separan entre sí los lienzos, y sus coronamientos, están hechas en los diversos órdenes arquitectónicos, con alternancia de frontones curvos, rectos y rotos. En el primer cuerpo aparecen las imágenes de Santa Catalina, Santa Bárbara, y otras dos, y en el segundo cuerpo Santa Casilda, Santa Margarita, Santa Inés y Santa Águeda. En el centro de ese segundo cuerpo vemos una magnífica pintura representando a San Francisco de Asís, en pie, sosteniendo una cruz roja de doble travesaño, y con la leyenda adjunta: LA VERDADERA IMAGEN DE NUESTRO PADRE SAN FRANCISCO. Sobre las pinturas del primer cuerpo aparecen algunos cobres con escenas de la vida de Cristo, y en el centro del primer cuerpo, sobre el Tabernáculo y Sagrario, una extraordinaria pintura representando a Nuestra Señora de la Asunción, sobre piedra de ágata, original del pintor francés Jacques Stella. Se la regaló el Papa Urbano VIII al tercer duque de Pastrana, Ruy Gómez de Silva, cuando fue embajador de España ante la Santa Sede. El retablo se remata con una lienzo representando el Calvario, escoltado de otras dos mártires, y fuera de él, sobre el muro, al fresco dos pinturas con las armas heráldicas del Obispo Mendoza.
Todavía queda por visitar en este templo la cripta que se encuentra bajo el altar mayor, y que fue construida con objeto de contener los restos mortuorios de todos los duques de Pastrana. En un intento de remedar los grandes enterramientos subterráneos que los reyes de España habían hecho en El Escorial, ó los propios Mendoza cabeza de la familia, los duques del Infantado, acababan de construir en la iglesia de San Francisco de Guadalajara, don Pedro González de Mendoza mandó excavar esta cripta que, obviamente, quedó como una hermana pequeña de las anteriores, aunque no falta de grandiosidad y belleza. Por sus escaleras que se abren en el lateral del altar, se baja a la cripta, espacio estrecho y alargado en cuyas paredes se abren nichos que albergan urnas de mármol y títulos del difunto. Tiene planta de cruz latina, y en su cabecera se ve un sencillo altar de piedra, con hornacinas rectangulares en sus muros donde se alojan varias urnas funerarias de mármol rosado, o de sencilla piedra caliza, en las que se alojan los restos de los duques. Es de anotar que hoy en Pastrana, en esta cripta mortuoria, se acogen los restos de todos los grandes Mendoza alcarreños, y no solamente de los duques de Pastrana. Aquí están, en teoría, los huesos del primer marqués de Santillana, don Iñigo López de Mendoza; de su padre el gran Almirante de Castilla, don Diego Hurtado de Mendoza, o de sus sucesores los diversos duques del Infantado que ostentaron la capitanía de la casa hasta el siglo XIX. Ello es porque sus restos, albergados en la cripta de San Francisco de Guadalajara, fueron sacados de sus tumbas, profanados y revueltos cuando los franceses invadieron la capital de la Alcarria, siendo recogidos luego y traídos a este panteón, más pequeño, pero mejor cuidado y más seguro, donde ya solamente se pudo decir que estaban todos, sin posibilidad de especificar más nada.
El Museo Parroquial de Tapices de Pastrana se inauguró el 16 de julio de 1950 en lo que fuera la Sacristía Mayor de la Colegiata de Nuestra Señora de la Asunción. Tras una profunda remodelación a cargo del Obispado de Sigüenza-Guadalajara y de la propia parroquia, fue nuevamente abierto al público el 10 de octubre de 2014 para acoger la serie de tapices gótico-flamencos de Alfonso V de Portugal, que narran las conquistas de Arcila y Tánger protagonizadas por el mencionado monarca en 1471.
Tan significativa colección de tapices, considerada una de las más importantes del mundo de finales del S. XV, fueron restaurados gracias a la Fundación Carlos de Amberes en la Real Manufactura de Wit, en la ciudad belga de Malinas. En el 2013 regresan a Pastrana, su casa desde el siglo XVII, tras un itinerario por destacadas pinacotecas de Europa y Estados Unidos, para ser expuestos de manera permanente en un espacio museístico propio.
El museo incluye otras dos salas en las que se exponen obras de pintura, escultura y orfebrería de diversa autoría y época, entre las que destacan obras de Juan de Borgoña, Juan Carreño de Miranda o Juan Bautista Maíno, pintor nacido en Pastrana. Así como tallas atribuidas a Francisco Salzillo, Alonso Cano y otras del siglo XVII de la Escuela Castellana.
La primera sala acoge cuatro tapices gótico-flamencos de finales del siglo XV. Estos paños fueron encargados por Alfonso V de Portugal para conmemorar las conquistas de Arcila y Tánger en el norte de África, hazañas por las que fue apodado «el africano».
En la segunda sala se pueden admirar dos tapices que representan la conquista de Alcázar Seguer, también por Alfonso V. Esta colección es considerada por los expertos como una de las más importantes del mundo, no solo por sus enormes dimensiones, la riqueza de sus materiales y su complejidad compositiva, sino por narrar hechos contemporáneos a su manufactura.
Los tapices de Pastrana fueron tejidos en Flandes, concretamente en la ciudad belga de Tournai, en el prestigioso taller Passchier Grenier, hacia el año 1473 por encargo de la Casa Real portuguesa. Fueron tomados como botín, según unos, en la batalla de Toro; según otras fuentes fueron un obsequio personal del rey portugués al Cardenal Mendoza. Al no disponer en palacio de un sitio con las dimensiones necesarias para colgarlos, este los legó a la colegiata con la condición de que se sacaran cada año a las calles para embellecer la villa con motivo de la procesión del Corpus Christi, condición que Pastrana cumplió durante muchos siglos.
Los seis tapices que forman la colección tienen, cada uno de ellos, unas medidas aproximadas de diez-once metros de largo por cuatro de alto. La temática cuenta las hazañas guerreras del rey Alfonso V de Portugal en sus campañas de África durante la segunda mitad del siglo XV. Sorprende su colorido, la composición y su riqueza iconográfica (armamento, armaduras, vestidos, estandartes y material de guerra), así como el detalle de los rostros de sus protagonistas, caras que reflejan sorpresa, dolor, miedo...
También en la sala segunda, además de los dos tapices anteriormente mencionados, podemos contemplar pinturas y esculturas de carácter religioso de artistas como Juan de Borgoña o Juan Carreño de Miranda, así como la antigua cajonera que guarda una sorprendente colección de ornamentos litúrgicos y vestidos para celebrar los actos religiosos (casullas, dalmáticas y capas pluviales).
La sala tercera o sala capitular es la más rica en cuanto a variedad artística se refiere: piezas de orfebrería, escultura y pintura llenan el espacio de la sala. Son piezas de pequeño tamaño, pero de gran valor artístico. Para apreciar esta colección hay que tomarse un tiempo y si es posible que el párroco o uno de los dos guías oficiales les acompañe en la visita mucho mejor, ya que gracias a sus explicaciones podrán apreciar mejor el valor y la singularidad de las piezas expuestas. Es difícil destacar alguna de las obras, pero quizás haya que hacer mención especial al pequeño lienzo de Ecce-Homo de autor desconocido, o al retablillo del siglo XVII de La Piedad firmado por Hans Keller y realizado en marfil; la cruz procesional de mediados del siglo XV (una maravilla de la orfebrería); la pequeña arqueta de Limoges, un pequeño relicario en bronce con esmaltes del siglo XII; o la bellísima escultura que representa a La Divina Pastora, realizada por Francisco Salzillo en el siglo XVIII.
Una vez visitada la Colegiata nos disponemos a continuar nuestro recorrido por un entramado de calles angostas y estrechas que nos trasladan a su pasado medieval. De sus primeros tiempos queda la planta de la iglesia románica, primera construcción que
forma parte de lo que actualmente es la Colegiata y que sufrió variaciones considerables a lo
largo de su historia. La villa fue creciendo desde la parte más alta, donde se construyó la iglesia y, en torno a ella, todo el entramado de casas hacia la parte más baja, configurando un entramado urbano sólido, acorde con la topografía. Una vez que se construyó la muralla medieval
en el siglo XIV, y con la delimitación del espacio del casco, las casas se adosaron unas con otras
siguiendo el desnivel del terreno, consolidándose, por tanto, un trazado sinuoso e irregular que
ha permanecido hasta nuestros días.
Al final de nuestro paseo llegamos a la parte baja del pueblo donde se ubica el Barrio de la Plaza de Abajo donde se ubica el Convento de San Jose. En la Pastrana medieval aquı́ se encontraba ‘la puerta del Ganado’, una entrada de la muralla que tenía espacio suficiente para ser lugar de concentración del ganado. Sin embargo, esta puerta debió durar poco dado que no encontramos ni noticias ni memoria de ella desde el siglo XVII. Existían también un molino de aceite y un antiguo hospital denominado de Moncayo.
El barrio de la plaza de Abajo y las manzanas anexas, con su pronunciado entramado de calles particularmente estrechas y empinadas, hacen de este barrio el lugar ideal para perderse y sentirse en el pasado. Se trata de uno de los primeros barrios medievales de la población, y en él encontramos curiosas fuentes que aún conservan el suministro de manantiales cercanos. Cuando llegamos a la plaza de Abajo vemos en su centro una fuente dedicada a la Marina Española con un ancla sobre el pilón.
El convento de San Jose o de la Concepcion fue fundado en origen por Teresa de Jesus para ser ocupado por una comunidad de carmelitas descalzas. Lo hizo por petición de los Príncipes de Éboli, Ana de Mendoza y de la Cerda y Ruy Gómez, secretario de Felipe II, en el año 1569.
Desde el inicio del proyecto hubo conflictos entre las dos mujeres que lograría contener Ruy Gómez pero al fallecer él en 1573, su viuda, la Princesa de Éboli, decide ingresar en el convento como religiosa. De nuevo surgen conflictos importantes ya que la princesa no se adaptó a la vida en clausura e impedia que el resto de religiosas lo hicieran. Con restricciones por su condición de viuda, doña Ana siguió haciendo vida normal aún dentro del convento.
Teresa de Jesus llegaría a escribir a la princesa para manifestarle los problemas que su actitud generaba a la comunidad de religiosas pero sus quejas fueron ignoradas ya que la noble ejercía de su condición social y no se sentía obligada a seguir las normas de la nueva orden.
Así las cosas, el mismo año de 1573 y solo cuatro después de haber hecho la fundación, Teresa de Jesus ordena a las religiosas de San José de Pastrana que abandonen la casa dejando sola a la fundadora.
En ese momento la Princesa de Éboli abandona el convento coincidiendo con la llamada que le hace Felipe II para que deje su retiro y se haga cargo de la administración de sus posesiones y rentas. En cualquier caso, Ana de Mendoza, molesta por el desprecio que habia suspuesto el abandono del convento por parte de las religiosas carmelitas, llegaría a denunciar a Teresa de Jesus ante la Inquisición.
Pasado un sólo año, Ana de Mendoza ya esta instalada en la corte de Madrid desde donde gestiona su patrimonio del que gran parte se encuentra en Pastrana. Al haber quedado vacío el convento y teniendo en cuenta el testamento de su esposo en el que se establecía que se rezara por él en el convento del Nuestra San José, doña Ana decide hacer una nueva fundación. Entrega la casa a las franciscanas concepcionistas.
Antes de hacerlo acaba definitivamente las obras y mejora las condiciones de vida del convento ampliando las celdas y donando unas casas de su propiedad en la parte trasera para componer un huerto mayor. Les hace donaciones y les dota para asegurar la permanencia de la casa.
De este modo, en 1574 ya estan en el pueblo de Pastrana las monjas concepcionistas y al año siguiente entran en el convento. La iglesia del convento se levantó en 1582, costeada por la princesa, de una sola nave cubierta con bóveda de cañón. El ábside es semicircular y a sus pies surge el gran sotocoro separado por las tradicionales rejas. El espléndido retablo barroco fue obra de Juan Bautista Mayno, natural de Pastrana. La imagen procesional de Nuestro Padre Jesús Nazareno, muy venerada en Pastrana, es cuidada por las franciscanas.
La hija de la fundadora, doña Ana de Mendoza acabaría ingresando en el convento años después, en 1592, tras haber atendido y acompañado a su madre durante su encierro en el Palacio Ducal de Pastrana y tras su fallecimiento.
Desde su segunda fundación hasta la actualidad el convento siempre ha estado habitado por una comunidad de monjas concepcionistas franciscanas. En los últimos años, las monjas han vendido una parte del solar para la apertura de un restaurante que ocupa el ala oeste del edificio y se mantienen gracias a ese escaso patrimonio y las donaciones.
Una vez visitado el convento, el viajero se puede adentrar en un laberinto de callejuelas angostas y empinadas hasta llegar a la calle Mayor. Esta es la calle principal del pueblo donde se encuentran la mayor parte de restaurantes y tiendas de la villa. De trazado casi rectilinio conecta las dos plazas principales del pueblo como son la Plaza del Ayuntamiento y la Plaza de la Hora a la cual se accede a traves de un arco. La villa de Pastrana, fruto de su riqueza arquitectónica y artística, ha sido siempre un lugar que ha ejercido un magnetismo relevante en algunas de nuestras mejores figuras. Quizá también por su situación geográfica, un tanto apartada de los caminos principales de la meseta, y por la singularidad, la magia que encierran las callejas estrechas, cuestudas y pedregosas de su entramado urbano y rural a un tiempo.
Antes de cruzar el arco que nos llevara a la Plaza de la Hora, nos paramos un momento para contemplar el Callejon de los Toros, cuyo nombre viene ya que por el es por donde se hacían correr los toros en los encierros. Se trata de un estrecho y empinado callejon que conecta la calle Mayor con el Arco de San Francisco y que se encuentra tapado por una especie de portal al inicio del mismo.
Cuando el viajero se asoma a la plaza de la Hora, entra de verdad y para su uso, en Pastrana, y la primera sensación que tiene es la de encontrarse en una ciudad medieval, en una gran ciudad medieval. La plaza de la Hora es una plaza cuadrada, grande, despejada, con mucho aire.” Esto nos cuenta Camilo José Cela en su Viaje a la Alcarria.
La plaza es un gran espacio cuadrado de 150 metros por cada lado, donde al norte encontramos la magnífica fachada del Palacio Ducal y al sur podemos asomarnos al valle verde de las huertas. Volviendo a las palabras de Cela: “Es también una plaza curiosa, una plaza con sólo tres fachadas, una plaza abierta a uno de sus lados por un largo balcón que cae sobre la vega, sobre una de las dos vegas del Arlés.”
Fue diseñada dentro de un conjunto palacial como plaza de armas por el gran arquitecto Alonso de Covarrubias en 1541, a petición de Ana de la Cerda, la abuela de la princesa de Éboli. Cuando el príncipe de Éboli, Ruy Gómez de Silva, tomó posesión de la villa, mandó construir soportales de piedra en los dos lados enfrentados para transformarla en plaza del mercado. Los moriscos traídos a Pastrana en 1570 por el príncipe de Éboli eran maestros en horticultura y consiguieron acondicionar el terreno al sur de la plaza para crear huertas e introducir frutales.
Más adelante, la plaza fue lugar de espectáculos públicos, incluso para corridas de toros; se añadió el gran balcón al palacio para disfrutar de ellos. Hoy en día es el centro neurálgico de la villa, su plaza mayor, aunque no se llame así. Debe su nombre a una historia curiosa:
La Princesa de Éboli fue encarcelada en su palacio durante años por orden de Felipe II. La leyenda dice que en los últimos dos años de su vida estaba confinada en su habitación y sólo le permitían salir una hora al día al balcón.
El Palacio Ducal fue construido por orden de Doña Ana de Mendoza y de la Cerda; se le encargó en 1541 la redacción del proyecto al arquitecto Alonso de Covarrubias quien entregó las trazas en 1542, momento en que se iniciaron las demoliciones y estudios previos del solar.
Su construcción fue accidentada por los pleitos de vecinos y Concejos al derribarse parte de las murallas y casas aledañas; finalizó en el año 1572, aunque quedaron sin construir el patio claustrado y los torreones interiores al Sur o jardín (el torreón Este no se remató en su cuarta planta y cubierta, y el Oeste llegó hasta la planta principal como demuestran sus puertas de acceso desde la zona de la Capilla del Palacio y desde la crujía Sur).
Después de la muerte de la Princesa de Éboli, los sucesivos duques de Pastrana ocuparon ocasionalmente el palacio, donándolo en el Siglo XVIII a la Compañía de Jesús. El edificio fue compartimentado en una serie de viviendas que fueron ocupadas por gentes modestas de la Villa.
Con la expulsión de los Jesuitas en 1767, el Palacio pasó a manos del Arzobispado de Toledo quien mantuvo la política de utilizarlo como vivienda y taller.
La edificación se encuentra ubicada hacia el este de la muralla medieval y limitada por los ejes principales de las calles Mayor y carretera de Guadalajara, esta localización obliga a salvar un fuerte desnivel desde la carretera hacia la calle Mayor. El espacio exterior que organiza la Plaza de la Hora o Plaza Mayor fue realizado al mismo tiempo que el Palacio como complemento del mismo, aunque hoy está muy modificada en su aspecto.
Presenta una organización simétrica al exterior, mientras que la asimetría interior responde a la forma del solar. La fachada es renacentista, de sillería labrada, flanqueada por dos torres y con portada centrada entre dos columnas corintias con arco de medio punto; en las enjutas del arco se sitúan dos medallones con bustos de un hombre y una mujer. Sobre un frontón con el escudo familiar se sitúa un friso con la leyenda "DE MENDOÇA Y DE LA CERDA". El edificio fue utilizado como silo, taller almacén y vivienda desde 1940; en 1956 pasó a propiedad de la Mitra de Sigüenza, dependiendo de su jurisdicción. Fue declarado Monumento Nacional en 1941, y en 1966 Conjunto Artístico.
Años después de la construcción del palacio se abrió el balcón que rompe con la decoración superior de la portada principal para que los señores duques pudieran disfrutar de las corridas de toros que en el siglo XVII se celebraban en la plaza. Al mirar a la torre de levante, el balcón enrejado del dormitorio de Ana de Mendoza y de la Cerda, princesa de Éboli, nos recuerda que en ella estuvo prisionera durante años hasta su muerte en 1592. Se dice que tan solo la dejaban asomarse al balcón durante una hora al día. Unos artesonados espectaculares de estilo plateresco diseñados por Covarrubias así como unos azulejos toledanos de estilo mudéjar adornan el interior de las estancias principales del palacio.
Se ha mantenido hasta la entrega a la Universidad de Alcala de Henares en 1996 con el alquiler de sus dos torreones de fachada y las plantas bajas de las alas laterales (Este y Oeste). Sus usos han sido múltiples durante el siglo XX: silo, taller, garaje, almacén, viviendas, etc. El abandono que sus fábricas han sufrido, lo inacabado de sus trazas primitivas y alguna de las intervenciones parciales para consolidar sus ruinas presentaban al edificio como un dramático testimonio del abandono en que se encontraba gran parte de nuestro Patrimonio Arquitectónico. Anexo al Palacio Ducal se encuentra la Casa del Arco, inmueble que tradicionalmente ha formado parte del conjunto monumental que forman las edificaciones vinculadas al palacio ducal. Fue construida en 1598 por la segunda duquesa de Pastrana, siendo transferida junto con el Palacio a la Compañía de Jesús en 1890 (sin que quede constancia de titularidad por parte de la citada Compañía), quienes en 1919 la vendieron al Conde de Romanones; en 1953 la entonces duquesa de Pastrana cedió la casa a una sociedad agrícola pecuniaria
La edificación consta de tres zonas diferenciadas :la casa medianera con el torreón derecho del Palacio , que es contemporánea a la construcción del mismo; el arco de entrada a la plaza de la Hora que es el único resto arquitectónico de la plaza proyectada por Alonso de Covarrubias; y la casa de la Calle, construida en el siglo XVII.
El proyecto planteado por la Universidad de Alcalá, que en la actualidad se está llevando a cabo, tiene como objetivo la restauración del conjunto del edificio, sus jardines y patio central para Centro Universitario de Alcalá en Pastrana que permita apoyar los trabajos y cursos que desde aquí se lleven a cabo, aportando a la región de la Alcarria y a Pastrana sus valores económicos, naturales y artísticos de los que este Palacio Ducal es referencia obligada. El objetivo fundamental que la propuesta plantea es lograr en la edificación, una integración de las funciones universitarias y los recintos museográficos, junto con la realización de diversas actividades culturales.
Como Hospedería Universitaria complemento de la edificación palaciega se ha considerado además la restauración de la Casa del Arco antes mencionada, permitiendo con este programa de usos completar la función residencial ya contemplada en el Palacio.
Cruzamos el arco de la plaza para seguir nuestro caminar por la calle Princesa de Eboli donde en su margen derecho nos encontramos a mitad de la misma con la fachada del edificio del Palacio Viejo. Situado extramuros de la Pastrana medieval, fue una hospedería de caballeros calatravos. En 1184 Alfonso VIII donó Zorita de los Canes y todo el territorio circundante a la Orden Militar de Calatrava para repoblar y traer riqueza a la zona. Más adelante, en el siglo XVI, Doña Ana de la Cerda, condesa de Melito y primera señora de Pastrana, vivió en el edificio mientras estaban construyendo a escasos metros el Palacio Ducal.
En su fachada destacan los arcos o arquivoltas que se conservan de su portada original de traza gó tica. Son muy similares a los que encontramos en la portada de la iglesia-colegiata y no serıá extraño que fueran de la misma é poca y realizados por los mismos canteros.
En la actualidad el palacio está dividido en dos casas cuyo interior, aunque reformado, mantiene la esencia de una gran casa noble y señorial. En su parte posterior disfrutan de un jardín morisco que se le añadió al edificio en el siglo XVII.
Al final de la calle y una vez cruzada la carretera nos adentramos a traves de la calle Pilar en el Barrio del Albaicin de Pastrana donde se ubica su Plaza de Toros. En 1570 con el levantamiento de los moriscos y luego su dispersión por España, Ruy Gómez de Silva llevó a Pastrana a más de 1000 moriscos para trabajar en la reciente creada industria sedera y tapicera. El barrio que Ruy creó para ellos debe su nombre a que la mayor parte de ellos procedían del Albaicín de Granada.
Se instaló junto al único paso posible de entrada y salida de mercanciás a la villa, estableciendo una fácil unión con la plaza del mercado y desplazando el centro neurálgico a la nueva plaza del mercado. Aquı́ el Palacio Ducal se posicionaba como el centro de la nueva estructura urbanísica con un claro eje de unión con la plaza de la iglesia. El Albaicín era un barrio diseñado con un trazado cuadriculado y una calle principal llamada del Pilar, por la ermita que mandó allı́ construir la Princesa de Eboli que le era muy devota.
Su importancia radica en que es el único ejemplo de ensanche industrial urbanizado en el siglo XVI; su dedicación como centro industrial sedero es clara, a pesar de combinar igualmente una función comercial y de vivienda. Sus casas eran en origen de ladrillo, material introducido por los propios moriscos, conservándose todavía alguna de esas casas originarias.
Bajo la dirección del maestro tapicero Francisco Tons, de este barrio salieron importantes trabajos textiles y tapices. Algunos se encuentran en los grandes museos europeos.
Pastrana construyó su plaza de toros en el sitio denominado de los Rastros, en el barrio morisco del Albaicı́n, una antigua plazuela donde se habı́a asentado desde el siglo XVI un floreciente mercado. En él existı́a un desnivel de terreno que fue aprovechado para la realización de las gradas.
En 1825 se celebró en este lugar una novillada con dos novillos, pero no fue hasta 1854 que de manera humilde y con el trabajo voluntario de los pastraneros cuando se construyó. Se celebró una corrida inaugural el 15 de agosto de 1862 y desde entonces no ha cambiado de ubicación. Gestionada en un principio por los mozos de la localidad, fue en 1884 cuando se empezó a arrendar la plaza a empresarios taurinos y después de una restauración, el 5 de junio de 1885 tuvo su inauguración oficial. Esta es la plaza especializada más antigua de la provincia de Guadalajara que ha mantenido el mismo lugar en que fue fundada.
La tradición por los toros viene de lejos. Don Nicolas Fernández de Moratı́n (gran poeta y autor teatral) en su ‘Carta histórica sobre el origen y progreso de la fiesta de los toros’, publicada en 1776, para apoyar su teorı́a sobre la antigüedad de la fiesta decı́a que ya “en 1695 sus abuelos mataron toros en las fiestas patronales de Pastrana”. En la actualidad, durante las fiestas de agosto se celebran diversos festejos taurinos en la plaza.
Para visitar el ultimo de los monumentos que vamos a contemplar en nuestro viaje por la villa ducal de Pastrana, nos dirigimos hacia las afueras del pueblo para coger un empinado camino jalonado por un via crucis que nos lleva hacia la Ermita del Calvario y sus cipreses en la coronación de una colina cercana.
Partiendo desde Pastrana puedes visitar algunos de los pueblos y lugares más ajenos al tiempo, tal y como los describió el escritor Camilo José Cela, y de paso recorrer los típicos paisajes de la Alcarria, que tanta fama le dan. Dejando atrás las huellas del ser humano, te pierdes en plena naturaleza, disfrutando de panoramas como los impresionantes cerros margosos, o bien los pinares de la Sierra de Altomira.
La meseta alcarreña, y los valles que caen de ella con fuertes pendientes, lleva sus arroyos al río Tajo, que tras el rocoso Salto de Bolarque, ya más tranquilo, nos deja acompañarle pedaleando por sus caminos naturales.
El contorno de Pastrana ofrece un abanico de rutas de diferentes niveles, para todos los gustos de todo tipo de cicloturista y tambien para los amantes del senderismo.
El viajero que visite Pastrana puede disfrutar de varios merenderos para tomarse un rato de relax durante su estancia como el de la Virgen del Val junto a la carretera CM200 de dirección Guadalajara antes de llegar a la gasolinera; se encuentra en la Ruta de la Eras. Es un merendero pequeño rodeado de chopos que dan sombra en verano. Tiene una fuente y hay un pequeño arroyo que sale a zona de huertos. Cuenta con dos mesas, cada una con capacidad de cuatro personas.
El merendero de San Anton situado junto a la carretera CM200 de dirección Guadalajara antes de llegar a la gasolinera. Este merendero es el más grande del pueblo y cuenta con seis mesas, cada una con capacidad de seis personas. Aquí se ubica la ermita de San Antón, donde se celebra la bendición de animales en esta fiesta local de enero.
El merendero del Altozano que se encuentra al final de la Calle Altozano. Se puede aparcar en la báscula en la entrada del pueblo y bajar andando. Desde aquí el turista disfruta de bonitas vistas hacia los huertos y la ermita de San Agustín. Por debajo pasa el arroyo y en verano hay sombra. Cuenta con tres mesas, cada una con capacidad de ocho personas.
Y finalmente el merendero del Camino del Hocino que se encuentra a poca distancia del parking público del cementerio. Tiene fuente y barbacoas. Da a los huertos y la Casa de Moratín. Cuenta con tres mesas de diez personas y una de cuatro.
En la vega del río Arlés, entre el Tajo y el Tajuña, nos recibe la Villa Ducal de Pastrana. Sus múltiples muestras de patrimonio artístico y cultural le han otorgado el título de Conjunto Histórico Artístico ademas de pertenecer a la Asociacion de los Pueblos mas Bonitos de España.
Pastrana se enriquece con figuras y relatos literarios; así, sus conventos carmelitas fueron fundados por Santa Teresa y San Juan de la Cruz. Más tarde Moratín se instaló en la villa durante largas temporadas y, más cerca de nuestros días, Camilo José Cela la inmortalizó retratándola en su Viaje a la Alcarria.
GASTRONOMIA:
Pastrana está enclavada en plena Alcarria y debe su gastronomía a las tradiciones de esta zona. Tradición de rebaño, y como resultado el cordero y el cabrito asado. El cordero asado fue reconocido por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha en 2009, otorgándole el distintivo ‘Marca de Calidad Diferenciada’, Figura de Calidad Agroalimentaria de Castilla-La Mancha.
Tradición de platos fuertes, como las gachas y las migas, alimento de pastores para aguantar largas jornadas en el campo. Las gachas se elaboran a base de harina de almortas, un tipo de legumbre, y se comen con cuchara o mojando pan. En la actualidad suelen ir acompañadas por chorizo, morcilla o panceta. La receta de migas varia más, según el gusto del cocinero, pero en esencia consiste en pequeños trozos de pan duro sofritos en aceite de oliva, junto con ajos, pimentón y carne de cerdo. Este sencillo plato era el desayuno típico de los pastores. Hoy en día en los restaurantes de Pastrana encontrarás las migas elaboradas al estilo pastranero, añadiendo uvas y huevo frito.
Tradición derivada del campo alcarreño: la Alcarria tiene una gran variedad de flores y como resultado, una gran tradición de apicultura. La miel no sólo la encontramos a la venta en Pastrana, sino como ingrediente en diferentes platos de los restaurantes. En marzo se vuelve el producto estrella de la Feria Apícola, un homenaje bien merecido a este apreciado néctar. Otro producto de que estamos orgullosos es el aceite de oliva; de hecho, el aceite de oliva de la Alcarria ha conseguido La Denominación de Origen Protegida (DOP) como sello de calidad.
Sin olvidarnos de los golosos, Pastrana ofrece dulces bocados como el dobladillo, las yemas de Santa Teresa y los bizcochos borrachos. A todo esto añadimos el elemento gastronómico de los festivos. En las celebraciones de San Antón, en enero, los vecinos se reúnen en la ermita a comer panecillos con chorizo, naranjas y de postre, los bollos conocidos como ´caridades´. El día de San Sebastian, el patrón de Pastrana, se celebra con una comida popular de migas y gachas, preparada por un grupo de pastraneros. Más adelante, en Semana Santa, igual que en otros sitios, se come el hornazo de Pascua, un roscón en cuyo centro se encuentra un huevo cocido.
FIESTAS:
Festividad Ducal: Declarada Fiesta de Interés Turístico Provincial, el festival nació en el año 2001 con el propósito de promocionar el turismo de Pastrana y fomentar sus actividades culturales, con recreaciones históricas y artísticas en los espacios arquitectónicos más emblemáticos y significativos de la Villa Ducal, rememorando el periodo histórico de mayor esplendor de Pastrana, el Siglo de Oro Español. El Festival Ducal de Pastrana aglutina actividades culturales, teatros, pasacalles, títeres, conciertos de órgano en su iglesia-colegiata, mercadillos, conferencias sobre la historia de la villa, jornadas gastronómicas, intercambios culturales, etc., siendo sus recreaciones históricas y sus desfiles de trajes renacentistas y barrocos los eventos principales y diferenciadoras del Festival Ducal.
Las recreaciones históricas que se desarrollan se tratan de espectáculos audiovisuales y teatrales que narran hechos históricos relacionados con Pastrana y sus principales personajes durante los siglos XVI y XVII. Aparecen en estas representaciones la célebre Ana de Mendoza y de la Cerda, princesa de Éboli, y su esposo Ruy Gómez de Silva, privado del rey Felipe II. Junto a los primeros duques de Pastrana, pueden verse por Pastrana en los diferentes espectáculos y desfiles al propio rey, a santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz, junto a otros muchos personajes que han escrito la historia de Pastrana con sus vivencias por sus calles y plazas.
Uno de los eventos con mayor interés es el desfile de trajes, tratándose este de un cortejo propio de la corte con la presencia de reyes, príncipes, la más alta nobleza, clérigos, caballeros, músicos y plebeyos. La confección de todos los trajes se realiza íntegramente en Pastrana por obra de la Asociación de Damas y Caballeros y los vecinos del pueblo.
El tercer fin de semana de julio, Pastrana vuelve a sus siglos más glorioso y toda la villa y sus vecinos se engalanan y transforman a tiempos pasados, convirtiéndose durante esos días en una auténtica estampa del pasado.
Feria apicola internacional: Siempre en la segunda semana del mes de marzo se celebra la Feria Apícola de Pastrana. El lugar: la Plaza de la Hora y el Palacio Ducal.
Es una de las ferias más antiguas de España dedicada a la miel, a sus productoras las abejas, a sus derivados y a la maquinaria necesaria para su extracción. Siendo una feria internacional reúne a expositores que vienen desde Europa hasta Iberoamérica siendo foro de comunicación y reunión para todos los profesionales y amantes de la apicultura.
Se organizan actividades como conferencias, ponencias sobre investigaciones y últimos avances, la venta de todos los productos apícolas imaginables; miel de diferentes tipos y regiones, polen, jalea real, propóleos, cera y la tendencia actual de productos de cosmética y dietética.
La fiesta de los Mayos es Fiesta de Interés Turístico Provincial. La devoción a la cruz viene de principios del siglo IV. Dicen que Santa Elena, madre del emperador Constantino, descubrió el sepulcro de Cristo y cerca de éste tres cruces. Al no saber cuál era la de Jesús, el obispo de Jerusalén, San Macario, mandó llevar las tres cruces a casa de una matrona romana que estaba muriéndose y en presencia del pueblo y de Santa Elena hizo que a la moribunda se le posasen las cruces, sanando milagrosamente al imponerle la tercera cruz. Esta fiesta empezó a celebrarse en Oriente y pronto se extendió a todas partes, en cada lugar añadiendo costumbres particulares.
En el caso de Pastrana hay en el pueblo siete cruces, las cuales tienen cada una el nombre del lugar donde se sitúa: la de la Plaza del Heruelo, sigue por la de la calle de las Monjas, Plazuela del Altozano, Plaza del Pilarejo, calles del Viento, Albaicín y Fuenperemnal. Son cruces de madera, colocadas en fachadas durante todo el año pero que se adornan para la ocasión con flores, hojas, estampas e imágenes a modo de altares.
La fiesta empieza el 30 de abril a medianoche en la plaza del Ayuntamiento. Se reúnen vecinos, amigos y visitantes para escuchar a la Ronda de Pastrana, una ronda dotada de guitarras, bandurrias, laúdes y panderetas que ponen música a las voces que interpretan estos cantos a María. Son poesías y alabanzas a María Santísima, composiciones en estrofas de versos octosílabos. Tras el canto a la Virgen, la ronda sigue con jotas y seguidillas que el Ayuntamiento acompaña con pastas y limonada. A eso de la una se inicia el recorrido por todas las cruces, siempre encontrando a los vecinos rodeando una buena hoguera a la cruz de mayo de su barrio. Si por allí pasas, te agasajarán con dulces y vino y te cepillarán el atuendo, pero no olvides que es costumbre dar un donativo para la Cruz de Mayo.
Fiesta de San Anton: Tal y como reza el refranero ´El veinte de enero San Sebastián el primero; detente bruto que primero es San Canuto; detente varón que primero es San Antón´.
Tiene su ermita a la entrada del pueblo y a ella acuden por la tarde el 17 de enero animales y dueños para recibir la bendición de su santo. Los vecinos encienden hogueras y preparan comida que luego se disfruta en el merendero que tiene la ermita. Se comen chorizos y unos dulces especiales llamados “Caridades” que también son bendecidos.
Fiesta de San Sebastian: El 20 de enero, con una misa y procesión empieza el día de San Sebastián, patrón de Pastrana.
Eligiendo el fin de semana más cercano, para garantizar la asistencia de todos, una gran comida popular compuesta por migas y gachas elaboradas al estilo pastranero y amenizada por dulzaina y tamboril hace que se celebre como se debe el día del patrón.
Esa misma noche, alrededor de las diez de la noche, la ronda de Pastrana con jotas y seguidillas ´echa la primera´ en casa del alcalde y siguen recorriendo las casas de los quintos; mozos y mozas que cumplen la mayoría de edad en el año. Es orgullo para estas familias la llegada de la ronda y poder agasajar con dulces y licores a toda la comitiva. No es difícil oír coplas como: ´El Palacio de Pastrana, es de piedra y pesa mucho, y el que no quiera creerlo, que venga y lo coja a pulso´. La Ronda de los Quintos está declarada Fiesta de Interés Turístico Provincial.
Corpus Christi: Sesenta días después del Domingo de Resurrección se celebra el Corpus Christi.
La procesión es el acto más importante y el más vistoso. Desde la donación de los afamados tapices góticos en 1667 por el cuarto duque de Pastrana a la iglesia-colegiata, estos ya se colgaban por las calles al paso de la procesión, además de toda la colección de paños y reposteros con las armas de la Casa Ducal. Hoy en día, después de la misa, una carroza dorada que porta el conjunto de templete y custodia de plata de los siglos XVII y XVIII, sale en procesión por la Villa Ducal. La custodia y templete de plata del Corpus Christi se pueden contemplar en el Museo Parroquial de Tapices.
Por delante la acompañan las hermandades y cofradías de Pastrana, que portan orgullosas sus estandartes y entre ellas la conocida popularmente como la del Cirio Verde, la Hermandad del Santísimo Sacramente (Corpus Christi), una de las más antiguas en Pastrana; se creó en 1433 para dar culto al santísimo sacramento en las solemnidades. Acompañan también los niños y niñas que ese año han tomado la Primera Comunión y la Banda de Música de Pastrana.
Los vecinos de Pastrana han preparado los altares para la ocasión, algunos alfombrados de flores. En el recorrido de la iglesia-Colegiata a la Plaza de la Hora, la procesión se detendrá frente a ellos. Desde los balcones de la calle Mayor llueven pétalos de flores.
Fiesta de Santa Teresa: El 15 de octubre se celebra en Pastrana el día de la patrona, Santa Teresa de Jesús.
Muchos recuerdos se conservan de la santa a su paso por Pastrana: los dos conventos que ha fundado, uno para mujeres y otro para hombres, las tiranteces con la Princesa de Éboli, el busto relicario que se encuentra en la colegiata, imágenes de la santa en el Museo del V Centenario de su nacimiento…
El día de la patrona se celebra la Santa Misa en la iglesia-Colegiata y una procesión en honor a ella que recorre las calles del casco histórico.
Semana Santa: La devoción, la fe y el recogimiento se siente no sólo en la Iglesia-colegiata, el convento de San José o la ermita del Calvario, sino en cada rincón de la villa y en el corazón de los pastraneros. En estas fechas el pueblo se llena de pastraneros alejados de su pueblo por trabajo, además de amigos y visitantes admiradores de la belleza de las procesiones. De las imágenes y pasos que procesionan es Nuestro Padre Jesús Nazareno quien más fieles cuenta.
Las celebraciones empiezan el Jueves Santo por la tarde. Las imágenes de Nuestro Padre Jesús Nazareno, la imagen con mayor devoción en Pastrana, y la Virgen del Regazo, son trasladadas desde el convento de San José hasta la iglesia-colegiata donde se celebra Santa Misa con lavatorio de pies. Después se inicia una solemne procesión con la Hermandad del Santísimo Cristo acompañando a las imágenes de Jesús en la Oración en el Huerto, Jesús Atado a la Columna o “el Amarrao”, Nuestro Padre Jesús Nazareno y la Virgen del Regazo. La Banda de Música de Pastrana y la Banda de Tambores de la hermandad acompañan con los sonidos de la Semana Santa.
En la madrugada del Jueves al Viernes Santo, los devotos suben en procesión hasta el cerro del Calvario, rezando el Viacrucis con sus velas encendidas y algunos con sus pies descalzos por la promesa ofrecida y arropando a Jesús Nazareno y la imagen de Cristo Crucificado. El silencio solo es roto por los rezos, los sonidos de cornetas.
En el anochecer del Viernes Santo y tras los oficios, se inicia la Procesión del Santo Entierro; la Hermandad del Santo Entierro acompaña a las imágenes del Santo Sepulcro y la Virgen de la Soledad.
El domingo de Resurrección, la Procesión del Encuentro pone fin a la Semana de Pasión, con una imagen de la Virgen, que cambia su manto negro por uno blanco, al ver al hijo resucitado. La fachada del palacio es testigo de ese encuentro.
Fiestas Populares: Es la fiesta que esperan los pastraneros durante todo el año. Llega la diversión y el poderse reunir con amigos y familiares en peñas y bares.
La afición a los toros viene muy de lejos en Pastrana; ya en el siglo XVI se hacían corridas de toros en la Plaza de los Cuatro Caños y hoy en día los encierros por las calles del casco histórico son famosos en toda la provincia. Espectáculos taurinos en la plaza de toros, verbenas en la Plaza de la Hora, ambiente de fiesta en las calles y el día de la Asunción de la Virgen María, procesión y misa.
PLANO TURISTICO DE PASTRANA: https://turismo.pastrana.org/wp-content/uploads/2022/12/PLANO-TURISTICO_nov22.pdf

















































































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