CAÑETE DE LAS TORRES (Cordoba)

 



CAÑETE DE LAS TORRES


Cañete de las Torres es un municipio de la provincia de Córdoba dentro de la comunidad de Andalucía y que cuenta con poco mas de 2800 habitantes. Se encuentra situado en la comarca del Alto Guadalquivir, a una altitud de 320 metros y a 49 kilómetros de la capital de provincia, Córdoba. El pueblo es atravesado de norte a sur por el Arroyo del Cañetejo, afluente del Guadalquivir.
Se llega a esta bella poblacion atravesando suaves desniveles todos llenos de olivos, que son su principal fuente de riqueza. Y es que Cañete, como la mayoria de los pueblos del Alto Guadalquivir, basa su economia en la agricultura (son famosos los garbanzos que en tiempo no muy lejano se cultivaban por estas fertiles tierras). 
Un paisaje verdigrís de buenos olivares, balcón sobre las cercanas tierras jaeneras, acuna a este pueblo de modesta apariencia que sorprende al viajero con atractivos varios, como la emblemática torre del viejo castillo, la renacentista portada de la parroquia, la decorada cúpula de la ermita patronal, los floridos jardines que amenizan los espacios abiertos y las casas solariegas de hidalga distinción.
Su oferta turística es una alternativa excelente al turismo comercial, ya que se basa en actividades propias de las zonas rurales que permiten a los visitantes tener un contacto más estrecho con la naturaleza, historia y cultura del lugar elegido, disfrutando de la tranquilidad y serenidad que ofrecen.
En el caso de Cañete de las Torres, su excelente patrimonio combinado con su entorno rural, hace que sea un lugar idóneo para practicar este tipo de turismo, ya que en cada rincón están presentes aspectos como la autenticidad, la identidad cultural y las raíces.



Las primeras noticias sobre la actividad humana en el término de esta villa comienzan con la revolución neolítica, cuya economía estaba representada por agricultores, agrupados en poblados. Bastante significativos de la Edad del Bronce son los hallazgos obtenidos en superficie en Puentes Viejos, El Vilano, El Hornillo, Cabeza Lavada y, sobre todo, en el rico yacimiento de la Haza de la Virgen. Por su proximidad a Obulco (actual Porcuna), la civilización ibérica ha dejado constancia de su paso por Cañete.
Aquí se encontraron animales esculpidos en piedra, monedas y cerámicas típicas de esta cultura, e incluso un recinto fortificado, el Cortijo Real. Poblada en la época romana, y anteriormente por los iberos, se cree que se trata de Calpurniana, ciudad fundada por Calpurnio Pisón, aunque no hay certeza clara de ello. Otras teorías aseguran que fue fundada por César en el 45 a. C., aunque tampoco hay certeza de ello.
Aquí se preparó la batalla de Munda contra los hijos de Pompeyo. Una buena muestra de la etapa romana de Cañete de las Torres se encuentra en La Haza de la Virgen, donde, según los más viejos del lugar, estuvo la ciudad antes mencionada de Calpurriana, en el Callejón de los Moros, en la que varias esculturas talladas en la roca quedaron sepultadas con materiales de relleno arrojados por los vecinos, y en el Cortijo El Alamillo, que proporcionó una tabla de bronce con inscripciones en latín.
En otros lugares aparecen restos de tuberías de plomo, vestigios de construcciones, tumbas, monedas, molinos, útiles de labranza y cerámicas comunes y de lujo, tanto hispánicas como de importación, decoradas a molde y lisas.
La presencia visigoda en Cañete de las Torres se constata por la presencia de ladrillos con relieves de rosetas o inscripciones en los bordes, mientras que del tiempo de los musulmanes, que es cuando afloran los documentos de este pueblo con mayor profusión, sobre todo a partir del siglo X, quedan restos repartidos por distintas zonas del término municipal.
Durante la reconquista fue perdida y recuperada varias veces por los cristianos debido a su situación fronteriza. Finalmente la conquistó Fernando III dejándola bajo la jurisdicción de la ciudad de Córdoba;
El rey Sancho IV de Castilla solicitó a la ciudad de Córdoba que concediera alguna heredad de su término a Alfonso Fernández de Córdoba, que era por entonces alguacil mayor de dicha ciudad, como recompensa por sus servicios al rey y a la propia Córdoba,​ aunque Vázquez Campos añadió que fue en recompensa por haber participado en las conquistas de Baena, Luque y Zuheros.​ Y el día 9 de junio de 1293 la mencionada ciudad de Córdoba, en respuesta a la carta del rey, le cedió a Alfonso Fernández el señorío de Cañete de las Torres con todos sus términos y dehesas, pastos, aguas y fuentes​ para que la poblase,​ siendo posteriormente confirmada esa donación «perpetua y hereditaria» por el rey Sancho IV en Burgos el día 8 de julio de 1293. Y algunos autores han señalado que esa donación de la villa de Cañete constituyó «el germen del extenso patrimonio territorial y jurisdiccional de su linaje».


Se constituía así en base fundacional de los señoríos de esa familia poderosa cordobesa, aunque su posesión no fue completa en un principio, ya que Córdoba se reservó una serie de privilegios especialmente los relacionados con el ejercicio de la justicia. Un nuevo hito en el proceso de la formación del dominio señorial lo encontramos en el privilegio otorgado por Fernando IV en julio de 1306 por el que concedía al titular del señorío facultad para juzgar todos los pleitos que acontecieran en sus términos sin necesidad de acudir ante los tribunales de Córdoba.
El régimen jurisdiccional completo se logró cuando Enrique II, en julio de 1370, confirmó a Gonzalo Fernández de Córdoba la autoridad señorial completa sobre Cañete. Desde entonces Cañete quedaría incorporada a la amplia demarcación jurisdiccional del Señorío de Aguilar que a fines de la Edad Media se convirtió en el de mayor extensión del reino de Córdoba y en el mayor poblado.
Bajo el gobierno de los Fernández de Córdoba, Cañete de las Torres pasó de ser una simple torre y aldea a una villa bien poblada y dotada a comienzos de la Edad Moderna de una interesante normativa municipal, a lo que habría que sumar determinadas garantías y protección que ofrecía esa sujeción al poder señorial entre las que incluían ciertas ventajas fiscales que no disfrutaban otras localidades de realengo. El desarrollo económico fue notable y estaba basado fundamentalmente en una rica agricultura y un activo comercio, favorecido por el marco institucional de dos ferias anuales, así como una floreciente explotación ganadera protegida por la mesta local.



La casa de Aguilar se verá recompensada con la concesión del título de marqueses de Priego, otorgado por los Reyes Católicos el 9 de diciembre de 1501, que recayó por primera vez en la figura de Pedro Fernández de Córdoba II. La máxima autoridad en la villa era el señor, derivada de sus facultades jurisdiccionales y de la posesión de la tierra. Dichas facultades le permitían ordenar la recopilación y redacción de ordenanzas municipales como las realizadas entre 1520 y 1532, nombrar a los oficiales concejiles, a sus alcaides, ser juez supremo y poseer la fortaleza de la villa.
Las ordenanzas de Cañete la Real, fueron redactadas en 1520 por orden de Lorenzo Suárez de Córdoba y Figueroa, marqués de Priego, ponen de relieve la importancia que el sector agropecuario adquirió en esta población. Al margen de numerosas disposiciones sobre ganados y tierras (entre las que cabe citar las sanciones impuestas a quienes entraran en las viñas a coger uvas, higos y otros frutos; la obligación que tenían los dueños de heredades de cultivar los eriales; las sanciones para quienes segaran y robaran la cebada ajena; la regulación sobre comida de las diferentes especies animales en los rastrojos; o la prohibición de entrar en los cultivos a diversos tipos de ganado), destaca en ellas un cuerpo de normas sobre la mesta de los ganados de la villa, donde se tratan asuntos como la obligación de celebrar tres mestas o reuniones anuales, la de contar con una relación de las marcas de todos los ganados de Cañete o la que tenían los pastores de apartar de sus rebaños las reses enfermas a fin de que no pudiesen contagiar a los demás.
Pero en Cañete, lo más significativo es que el señor poseía 12.156 fanegas de tierra en el término municipal, distribuidas en 40 cortijos y algunas hazas sueltas en el ruedo de la villa, lo que supone el 79% del total del término. Estas tierras eran explotadas a través de arrendamientos, renovables cada 3 o 6 años. El marqués de Priego obtenía, además de otros ingresos en Cañete de las Torres derivados de la fiscalidad y los monopolios señoriales.

El gobierno municipal estaba a cargo de un concejo presidido por un alcalde mayor, con título de corregidor a partir de 1732, que podía ser al mismo tiempo alcaide de la fortaleza. Lo formaban un número variable de regidores, que osciló entre 7 y 11 su número bajo a 2 y 4; dos jurados, aunque en ocasiones hubo tres; un alguacil mayor, un fiel ejecutor y un alférez mayo. Todos tenían voz y voto en cabildo y eran nombrados por el marqués de Priego. En esto hay que hacer la excepción de los alcaldes ordinarios, elegidos hasta mediados del siglo XVII mediante sorteo entre los cuantiosos de la villa. A partir de ese momento el concejo elegía cuatro y la propuesta se enviaba al marqués de Priego, que de ellos, nombraba dos. Todos los oficiales concejiles pertenecían a la elite local.
En Cañete de las Torres hay que destacar la celebración de cabildos abiertos. A estas reuniones convocadas por el alcalde mayor y pregonadas en la plaza pública, se llamaba a todos los vecinos a toque de campana; en ellas se decidía todo lo relacionado con la administración de los bienes comunales, especialmente la Dehesa común, de cuyo arrendamiento se obtenían los ingresos para hacer frente a los gastos de la hacienda local, tanto los derivados de la presión fiscal ejercida por la hacienda real y del reino como de los derivados de la vida económico local, que los bienes propios no podían costear porque eran pocos y estaban continuamente embargados.
La economía de Cañete de las Torres en la época moderna fue predominantemente agraria, basada en el cultivo de cereales de secano, seguido aunque en mucha menor escala por el olivo, la vid y algunas huertas.
De la importancia de la ganadería de Cañete de las Torres da fe la presencia de una mesta local, regulada en las ordenanzas municipales. Parece ser que el ganado más numeroso era el lanar, seguido por los de cerda y labor.
Durante los siglos modernos Cañete atravesó períodos de bienestar y de crisis. A fines del siglo XVI la villa tenia 1.468 vecinos; en 1679 unos 1008; en 1694 sólo 585 y en 1752 unos 725. Aunque estas cifras solo se refieren a cabezas de familia, evidencian un fuerte descenso de población durante el siglo XVII, del que la villa comienza a recuperarse lentamente a mediados del siglo XVIII.
En este brusco descenso de la población influyeron las malas cosechas; las epidemias de peste especialmente, la de 1601-1602; la expulsión de los moriscos entre 1610-1612, que supuso para la villa una pérdida de 216 habitantes; la emigración a América y las levas para las continuas guerras de la monarquía española.
Todo esto, unido a una fuerte presión fiscal y una desequilibrada estructura de la propiedad de la tierra la mayoría, en poder del marqués de Priego y de eclesiásticos forasteros, explican que la villa viviese a partir de fines del siglo XVI una crisis permanente en todos los aspectos de la que sólo se recuperaría, y muy lentamente, en el siglo XVIII.​
Cambió de manos hasta llegar al ducado de Medinaceli, que ostentó el marquesado hasta la extinción de los señoríos en el siglo XIX.




Uno de sus principales atractivos turísticos es el llamado Huerto Francés, un barrio típico cordobés que se caracteriza por estrechas callejuelas y pequeñas plazuelitas.
Especialmente durante los meses de la primavera, en el Huerto Francés plantas y flores forman un armónico contraste con el blanco de las paredes. Por su encanto y su extraordinaria belleza, este rincón emblemático ha recibido numerosos premios y reconocimientos.
Desde el año 2018, el primer fin de semana de mayo está marcado por la celebración del festival de flores "Calles en Flor" donde los visitantes han podido disfrutar de creaciones florales temáticas de artistas nacionales e internacionales que han compartido protagonismo con otras intervenciones de colectivos y particulares de esta localidad.
Cabe destacar que en la actualidad se está llevando a cabo un ambicioso proyecto para convertir a Cañete de las Torres en la primera Villa botánica de España.

Cuenta la leyenda que esta zona recibe el nombre de Huerto del Francés porque fue un galo quien lo puso en pie a través del cultivo de diferentes productos. Décadas después, la zona adquirió cierto carácter urbano con la construcción de pequeñas viviendas muy modestas. La historia del municipio cuenta, además, que esta zona siempre se caracterizó por dar cobijo a familias muy humildes.
El paso de los años fue malogrando el barrio. Sin embargo, fue en año 2015 cuando el Ayuntamiento del municipio decidió cambiar la historia de este barrio, ponerlo en valor y hacerlo resurgir de sus cenizas a través de un proyecto de remodelación que implicó directamente a los vecinos que vivían allí.
La iniciativa comenzó con una renovación tanto de la solería como de las redes de saneamiento de agua, que se encontraban deterioradas por el paso del tiempo. Para mejorar el trasiego de los vecinos se eliminaron los escalones de la calle principal de este barrio, que desemboca en una plaza completamente remodelada y presidida por un pozo de forja elaborado por un cañetero.
La reparación de todas las pareces hizo que el blanco y el azul se convirtieran en los colores característicos del barrio. Sólo faltaba un detalle: plagarlo de macetas para convertir la zona un patio cordobés de la capital. Pero con una diferencia: la esencia de la comunidad, el compartir entre vecinos, sigue impregnada en la decena de familias que viven en él. Entre ellas no existe limitación de obligaciones para que el barrio luzca como lo hace. La responsabilidad de que esta zona siga creciendo como atractivo turístico es de todos.
En poco tiempo, el Huerto del Francés ha recibido dos terceros premio y un segundo premio del Concurso Provincial de Patios, Rincones y Rejas de Córdoba, organizado por la Diputación y el reconocimiento por parte de todos los vecinos con el galardón Patrimonio Humano del municipio.







El proyecto «Villa Botánica» se fundamenta en la idea de poder recorrer Cañete de las Torres y que esta experiencia sea como visitar un jardín botánico, pero con vida también para comercios y bares, facilitando una economía circular donde el turismo familiar genere una nueva fuente de riqueza. Para ejecutar el proyecto, el Ayuntamimeto cuenta como profesionales de gran prestigio como el arquitecto paisajista Ricardo Librero, un equipo de jardinería del Consistorio y para su desarrollo, cuenta con la colaboración de la Diputación Provincial y la Universidad de Córdoba.
Las grandes referencias son el FESTIVAL CALLES EN FLOR que en los últimos años ha puesto al municipio en el mapa cada mes de mayo, el FESTIVAL FOTOSÍNTESIS, festival otoñal nocturno de artes lúminica y vegetación, y sobre todo el Huerto del Francés, un pequeño barrio que ha vivido una verdadera regeneración urbana y social desde que en 2015 fue sometido a una rehabilitación integral en la que se implicaron los propios vecinos. Objeto ahora de un turismo tranquilo y equilibrado, la idea es que quien llegue a la localidad, y por supuesto los propios cañeteros se beneficien de una experiencia cambiante. Y que pasear por Cañete deje siempre un regusto diferente, dependiendo del momento del año.
Ya se percibe el cambio de la localidad en la calle Mártires, Calle Arco o Calle Villa del Río al lucir espléndidas con los rosales sevillanos florecidos, salvia y lavándul, laureles arbóreos, cipreses italianos azules, crapemyrtle, granados, encinas, olivos y pinos. En Huerta de Santa Ana, las cannas exhiben su exotismo rojizo frente a las puertas de las casas y las aves del paraíso les tomarán el relevo en la próxima floración. En la calle Séneca hay un árbol del amor y una espléndida lantana amarilla, y el parque de Andalucía, ejemplo de paisajismo inglés, coloreado por los tonos ocres del otoño.
La Villa Botánica tardará años en construirse, e incluso puede que nunca se complete totalmente porque así es la naturaleza y así son los ciclos, siempre mutables, pero el Ayuntamiento quiere compartir el proceso de transformación desde el principio y que se visibilice. Habrá un antes y un después de esta idea. Cañete de las Torres será un municipio más saludable y habitable, porque la vegetación ayuda a limpiar la atmósfera de dióxido de carbono, al mismo tiempo que influye en los estados de ánimo y permitirá recibir un flujo continuo de turismo desde enero hasta diciembre.
No se trata de algo meramente estético. Villa Botánica se fundamenta en una base científica y experimental enmarca dentro de las directrices más avanzadas de Europa. Por ello, medir el nivel de polen o calcular la absorción de dióxido de carbono por la masa arbórea serán parámetros a tener en cuenta para mejorar la calidad de vida de las personas.
Aquí confluyen la economía circular, la economía verde, el desarrollo sostenible, el turismo saludable, la ecología o el medio ambiente como fuentes de riqueza. Los beneficios saludables y terapéuticos serán un aliciente para sus habitantes y para los visitantes.
El proyecto incluye la construcción de un vivero municipal, donde en un futuro no muy lejano se criarán las plantas, y un sistema de compostaje para transformar los restos de poda en fertilizante y que de esta manera se complete el ciclo a la manera de lo que ahora dicta la economía circular.
Los parterres y las distintas especies botánicas de la villa quedarán rotuladas y paneladas, y la idea es trazar un recorrido para guiar a los visitantes, aunque cada cual tendrá la posibilidad de buscar tal o cual planta o de vagar a su antojo tras los olores y los colores de cada estación. A pie de calle, el proyecto empieza a tomar forma, y hasta el campo de fútbol se ha llenado de vegetación. Hay una parra virgen que en otoño se torna rojiza, callistemon o escobillones, ficus y cipreses. La rotonda de la cooperativa se llena poco a poco de mirto, en la calle Antonio Machado se expande la lippia y en la calle Glorieta verdean las aptenias. Madreselvas, yedras tepradoras o laureles robustos y brillantes empiezan a reinventar Cañete de las Torres.
Esta iniciativa, artífice del alcalde de Cañete de las Torres, Félix Romero, empieza a dejar su impronta en las calles de la localidad. En los últimos años, los vecinos están siendo testigos de cómo los parterres crecen de tamaño, se hacen nuevas plantaciones y el aromas que desprenden las flores llegan a las puertas mismas de las casas.











La mayoria del patrimonio monumental que atesora el pueblo se encuentra en la Plaza de España y en las calles y plazas aledañas donde destaca entre todos la Torre del Castillo. 
El origen del castillo de Cañete se remonta a la época musulmana, momento en el que los documentos hablan de la existencia de una torre aunque hoy no queda rastro alguno de ella. La planta de la fortaleza que nace tras la conquista cristiana resulta más bien pequeña, de planta cuadrangular, con torres en sus esquinas. Los primeros restos se han datado en el primer tercio del siglo XIV y se refieren a una puerta, situada bajo la actual torre del homenaje y al muro sur del recinto.
La puerta visible define un acceso directo, sencillo, de unos 2,5 m de luz por 2 m. de profundidad. El vano está cerrado por un arco escarzano, bastante rebajado, a su vez enmarcado por un arco superior, aparentemente de medio punto. El arco del vano de ingreso está realizado con dovelas estrechas y alargadas, en las que, como recurso decorativo, se da una alternancia cromática con dovelas amarillas y rojas al utilizar piezas de calcarenita de color amarillento y piedra de molinaza rojiza. El arco superior, de medio punto, está compuesto por pequeñas dovelas, en este caso con un cuidado almohadillado que las rodea por completo. El espacio intermedio entre los dos arcos se rellena con piezas curvas y alargadas. Sobre el arco superior, el muro se recrece con sillares de calcarenita de una cuidada cantería, del que se aprecian, al menos tres hiladas. En la parte superior del muro en el que se sitúa la puerta, dispuestas con una separación menor a la luz del vano de ingreso, se abren sendas aspilleras estrechas y muy alargadas, que alcanzan 1,9 m de altura, abocinadas, con una acusada deriva interior y, aparentemente, convergentes hacia el centro de la puerta. Se trataría, en consecuencia, de un recurso defensivo localizado en el punto más débil de la fortaleza desde el que repeler el ocasional forzamiento de la puerta.
Pero sería durante el tercer tercio del siglo XIV cuando el castillo lograra su fisonomía actual destacando como pieza clave la torre del homenaje que está situada en el ángulo SE. donde se ubicaba la puerta primigenia. Presenta una planta rectangular de unos 6,22×10,80 m de lado exterior, orientado en sentido NO-SE. y dispone de dos pisos habitables en su interior, con unas dimensiones de 3,14×7,35 m. En sus pisos superiores presenta ostensibles recrecidos de ladrillo, en particular en su parte central, como consecuencia de las reparaciones efectuadas para contrarrestar los desastrosos efectos provocados por el famoso terremoto de Lisboa acaecido en el año 1755. El arco de herradura que remata el nuevo vano de ingreso enmarcado por un alfiz rehundido, alterna dovelas de piedra caliza con otras de ladrillo. Curiosamente, se advierte el mismo recurso decorativo del arco de la puerta donde alternaban dovelas de color rojizo (molinaza) con otras de arenisca amarilla; en este caso alternan dovelas de arenisca amarilla con otras realizadas con ladrillos de color rojo. La clave del arco de herradura está decorada con un pequeño escudo que presenta las tres fajas horizontales de los Fernández de Córdoba en su día pintadas de color rojo. La última de las plantas estaba dotada de sendos vanos con ajimeces en los costados E. y O. El occidental ha sido completamente reconstruido con piezas de cemento, poco afortunadas, durante una restauración contemporánea. La ventana oriental se conserva en buenas condiciones, en cuya cara exterior se aprecia un ajimez compuesto por dos arcos polilobulados rematados en nudos de tradición almohade.
Los otros elementos que podemos adscribir al castillo se encuentran muy transformados y enmascarados por reformas modernas y contemporáneas. Se trata de los restos de las dos torres septentrionales del castillo cuyos paramentos presentan unos materiales y aparejos similares a aquellos con los que se construyó el homenaje. La primera de ellas, la oriental, conserva sólo los paramentos exteriores, pues su interior, que no debió estar macizo, ha sido completamente transformado y actualmente alberga un bar. Presenta unas dimensiones incompletas de 8,30×8 m sin que sea posible completar íntegramente su planta. La segunda, al O. de la anterior, parece haber sido menos alterada en su estructura original, aunque se han realizado rebajes en el terreno que han dejado a la luz parte de la cimentación. Sus dimensiones visibles son 6,90×4,05 m, ya que sólo son visibles sus lados N. y O. y es completamente maciza.
La gran torre del homenaje presenta toda una serie de dispositivos de defensa activa destinados a controlar y hostigar los posibles intentos de forzamiento de la puerta. De entre estos elementos destacan los de hostigamiento vertical como ladroneras y buhederas y los de flanqueo horizontal, caso de las saeteras existentes en las dos plantas del interior de la torre. El pasaje de ingreso está provisto de tres huecos de funcionalidad complementaria: dos aberturas alargadas situadas en los extremos del intradós del arco y dispuestas en sentido transversal al pasaje de acceso y, entre ambas, aproximadamente en el centro de la bóveda, se abre un pequeño orificio de sección cuadrangular de 10×12 cm. De estos huecos, el primero, dispuesto al exterior, podría tratarse de una buhedera o quizás más bien de la ranura para encajar un rastrillo. Al interior, junto a la puerta original, se sitúa una buhedera con una ranura de 30 cm de anchura, que complementaba la efectividad defensiva de la anterior. La interpretación como buhedera del tercer orificio, situado en el centro de la bóveda, no es tan clara como las anteriores por su pequeño tamaño, pero pensamos que debió actuar como tal.
El otro dispositivo de defensa de la vertical, que caracteriza la imagen exterior de la torre del homenaje del castillo de Cañete, consiste en la colocación de ladroneras en las esquinas. Cuenta con cuatro de estas obras voladizas: tres de esquina –dispuestas en los ángulos NE., SE. y SO.– y una cuarta dispuesta en el muro N. de la esquina NO. destinada a hostigar la vertical del acceso a la torre desde el adarve N. Cada una de las ladroneras de esquina está apoyada sobre cinco modillones de triple ménsula de calcarenita, mientras que la de la puerta Norte sólo cuenta con tres canes de doble bocel. En cuanto a los dispositivos de hostigamiento horizontal, cada una de las dos salas interiores de la torre del homenaje cuenta con varias aspilleras abiertas en sus muros para el flanqueo de los aproches. Pese a no contar con ningún testimonio documental directo que permita aquilatar con mayor precisión el momento en el que se llevó a cabo la construcción de la torre del homenaje del castillo de Cañete, la lectura arqueológica inicial que hemos llevado a cabo nos permite reunir varios argumentos complementarios para proponer una cronología de mediados del siglo XIV quizás durante el mandato de D. Gonzalo Fernández de Córdoba.
Otras reformas se llevaron a cabo durante los siglos XVI y XVII y en el siglo XVIII. Durante la Edad Moderna se procedió a una ampliación del recinto fortificado hacia el sur abriéndose una gran puerta en el paramento sur del recinto fortificado primigenio junto a la cual se colocaron dos esculturas romanas que fueron traídas de la vecina Porcuna (la antigua Obulco). Se creó así un segundo patio sin galerías y de dimensiones similares al antiguo. En estos momentos el castillo ya había perdido su función militar quedando sólo testigo del poder señorial, convirtiéndose en vivienda esporádica de sus titulares y de ciertos cargos como mayordomos y alcaides, y destinándose gran parte del mismo para almacén de productos agrícolas. A mediados del siglo XVIII, como consecuencia del terremoto de Lisboa, se acometieron nuevas obras, sobre todo, en la parte superior de la torre del homenaje. En 1907 el castillo fue vendido a un particular quien lo adaptó como vivienda y a comienzos del siglo XXI el Ayuntamiento de Cañete adquirió la torre del homenaje para destinarla a usos culturales. El interior de la Torre del Homenaje acoge al Museo Etnográfico Rocío Caracuel Moyano, donde se expone una colección de más de 650 objetos como mobiliario, instrumentos, antiguas fotografías y otros enseres donados por los vecinos. La parte más alta de la torre cumple la función de mirador.



A las espaldas de la plaza y cuya fachada lateral da a la Avenida de Jaen nos encontramos con la iglesia de Nuestra Señora de la Asuncion. Mandada construir por el obispo D. Fernando de Mesa en 1260, aunque el aspecto actual es de época más tardía, siglo XVII. Es una Iglesia de tres naves con arcos apuntados sobre pilares cuadrangulares de piedra. Durante el siglo XVII el templo se reformó para vestirlo a la romana, los arcos apuntados se cierran en arcos de medio punto, las naves se cubrieron con bóvedas de yesería quedando oculto el artesanado mudéjar. Destaca la portada principal, del siglo XVI y de estilo renacentista, realizada por el arquitecto Cristóbal de Rojas, amigo y colaborador del afamado arquitecto Vandelvira. Iglesia recientemente incluida en el estudio de la denominada Arquitectura del Sol. Se puede admirar la imagen de un Cristo yacente realizado por el escultor sevillano Antonio Castillo Lastrucci y la imagen de Nuestro Señor de los Reyes en su entrada triunfal en Jerusalén (La Borriquita), realizado por el escultor cordobés Miguel Arjona.






Muy cerca de la iglesia, bajando por la calle Jacinto Benavente, nos encontramos con uno de los edificios mas especial del pueblo como es la Tercia. Construido en el siglo XVIII representa uno de los mas importantes ejemplos de arquitectura civil de la provincia de Cordoba. Uniendo el funcionamiento propio de su uso como granero a una cuidad construccion de austera grandiosidad. Segun lo usual esta clase de edificios se componen de un amplio bloque de ladrillo montado en tres pisos y un patio delantero al que se accede por una portada de pilastras. Su función era reunir los diezmos eclesiásticos así como otras rentas de la Corona.


Cerca de la Iglesia y en la Avenida de la Constitución, paseando podemos ver grandes Casas Señoriales, de los siglos XIX y XX, salvo la casa que se encuentra junto al Arco que es del siglo XVIII. Estas casas presentan características comunes; fachadas con escudos de armas o nobiliarios, estructura con puerta y balcón enmarcados entre pilastras, balcón coronado por frontón partido y material de construcción es la priedra.







Desde la plaza de España nos podemos encaminar por la Avenida de la Constitucion hasta la Plaza de la Paz, la plaza de Santa Ana en cuyo lugar hay una fuente donde los vecinos compraban el agua con cántaros y el Parque de Andalucia, un gran boulevar construido sobre un tramo soterrado del arroyo Cañetejo. Reformado en el año 2016, es uno de los principales lugares de esparcimiento de la localidad.
Dentro del parque podemos contemplar la Piedra de la violencia de género, un monumento creado en 2014 en memoria de todas las mujeres muertas por violencia de género.




Dentro de la arquitectura religiosa, ademas de la iglesia de la Asuncion, podemos visitar varias ermitas deseminadas por el casco urbano de la localidad como la Ermita de Jesus Nazareno, la Ermita Madre de Dios y el Convento de las Esclavas.
La Ermita de Jesus Nazareno se situa al final de la calle de Jesus, a la cual se puede acceder desde la Plaza, y es de una sola nave con puerta a los pies. Según un documento de 1877 era conocida como la ermita de Nuestra Señora de la Concepción. De aspecto sencillo, está realizada en mampostería encalada, excepto la portada tallada en piedra y compuesta de un arco rematado en frontón quebrado y espadaña.
Interiormente muestra una planta de cajón con un presbiterio sin diferenciar de la nave, salvo por las gradas y la forma ochavada de la techumbre en la cabecera.
Destacar la cubierta que es de artesonado mudéjar sin policromar. Toda la nave está cubierta por esta techumbre de par y nudillo de tres faldones y ochavada en la cabecera mediante cuadrantes, que es de jaldetas lisas, los nudillos se hallan decorados con sogueado aunque unos lo llevan pintado y otros grabado.


Otra ermita para visitar en Cañete es la Ermita de Madre de Dios situada en un extremo del pueblo a la cual se accede subiendo desde el Parque de Andalucia por la calle Calzda de la Patrona.
Esta ermita bajo la advocación de Nuestra Señora del Campo, se construyo en el siglo XIII con motivo de su aparición, aunque data del siglo XVII se reedificó durante el siglo XVIII, en torno a 1728. la documentación existente recoge que se celebraron dos corridas de toros con el fin de financiar las obras y que Agustín Olmedo las organizó ofreciendo 3000 reales por cada una. En 1735 aún estaba en obras, pero ya se iba a colocar la Virgen. A mediados de siglo estaba aún por terminar la labor de yesería de la bóveda de la capilla mayor.
Construcción del siglo XVIII, el exterior es de grandes muros lisos blancos, con una portada sencilla de piedra, formada por un arco de medio punto y frontón partido. Es de una sola nave rectangular conformando tres volúmenes, el mayor corresponde a la nave central y coro, el segundo volúmen corresponde a la zona de cúpula de media naranja decorada con yeserías de filiación barroca. El tercero más pequeño adosado al segundo que es el Camarín y Sacristía. Existe adosada la casa de la santera, edificación en dos plantas con acceso independiente e intercomunicada con la Sacristía y con una pequeña espadaña de una sola campana. Cúpula de preludio al camarín con decoración barroca con fajas radiales y casquetes separadas con molduras, interesante la cornisa de arranque. Decoración interior de bóvedas de la nave con pintura imitando mármol. Tres tramos de bóvedas por arista. Portada principal en fachada lateral con arco de medio punto, jambas apilastradas y frontón recto partido en su coronación. Ventanas rectangulares abocinadas en fachadas laterales, en la principal circular con vidriera.
Las cubiertas de naves se cubren con teja cerámica a dos aguas en la central, a cuatro en la de la cúpula y a tres aguas la de Camarín y Sacristía. Resaltes de zócalo perimetral, portada, cornisa y canteados de esquinas son de piedra.





Y finalmente podemos contemplar el Convento de las Esclavas que se encuentra muy cercano a la ermita de Jesus Nazareno y contiguo al colegio Ramon Hernandez Martinez en la calle de Seneca.
Tambien conocido como Convento de la Esperanza estuvo bajo la advocación de la congregación de las Esclavas del Sagrado Corazón hasta 1998 y es de estilo neobarroco. En la entrada hay un monumento que hace referencia a la madre abadesa Santa Rafaela María S.C. En la capilla se encuentra la talla de la Virgen María Santísima de la Esperanza de la Hermandad Resucitado, celebrándose en agosto una procesión en su honor. 


Para el ulltimo de los lugares que vamos a visitar en nuestro viaje por esta preciosa localidad cordobesa, tenemos que coger nuestro vehiculo para dirigirnos hacia el cementerio del pueblo donde se encuentra una espectacular escultura denominada Escalera al Cielo que ha sido elegida como el mejor monumento de todos los camposantos de España en el concurso que convoca la publicación especializada Adiós Cultural. La idea surgió en 2013 al detectar "la necesidad de generar un espacio de paz, de descanso y de reflexión en el interior del cementerio de San Rafael". Este monumento es una metáfora y un homenaje al diálogo permanente entre los vecinos presentes y los ausentes.
El monumento, que forma una estructura metálica de 5,5 metros de longitud, en forma de pirámide, con 2 metros de ancho en su base, se materializó en el año 2014, «elaborándose en Talleres Tapia, empresa de Cañete de las Torres». Está situado en una placita ubicada en el cementerio municipal, hasta el cual el Ayuntamiento también ha construido un paso elevado sobre la carretera A-306 para que los vecinos pueden acceder a él con mayor facilidad.
El monumento crea un efecto óptico que, en los días de nubes, da la sensación de unir el cielo y la tierra a través de la infinidad de la escalera.


Con la visita al cementerio y a este enigmatico y precioso monumento terminamos nuestro recorrido por la preciosa villa botanica de Cañete de las Torres. Un pueblo de la comarca del Alto Guadalquivir que guarda en el interior de sus calles y plazas la esencia de los pueblos cordobeses y andaluces de casas blancas engalanadas de macetas en flor que le dan una belleza unica junto con el encanto de sus gentes. Un pueblo de calles llenas de macetas que han hecho detonar la belleza intrínseca de este pequeño municipio convertido en un paraíso floral. 
Una mágica localidad rodeada por extensos olivares, campos de trigo y girasoles, es patrimonio, cultura, historia, naturaleza, museos, edificios religiosos y civiles, rutas urbanas, parajes naturales de ensueño, gastronomía local, fiestas y tradiciones, pero ante todo es… su gente.


GASTRONOMIA:

Los gazpachos cañeteros ajos, sal, miga de pan y aceite crudo con adición posterior de vinagre y agua eran el resultado final de un lento majado que se solía realizar en dornillos (recipiente de madera parecidos a las cazuelas de barro). Sin el proceso del agua eran llamados salmorejos. Y con éstos de base, se realizaban unos platos llamados carneretes, en cuya composición no entraba para nada el carnero, como pudiera deducirse de su nombre. El carnerete era un salmorejo de lujo en el que la molla de pan se ponía frita y, además, acogían una adición de rebanaditas de pan y huevos batidos, friéndose luego todo junto en una sartén.
Las migas no son diferentes de las de otros lugares andaluces, pero cuando había posibilidades, recibían un añadido de chorizos cortados a rodajas o de pequeños pájaros fritos que se entremetían entre ellas.
Un plato indiscutible lo constituyen los albondigones a la cañetera, que se confeccionan mediante un picado de carne de cerdo con tocino gordo, perejil, pan rallado, azafrán y ajos verdes.
El domingo más próximo a la festividad de Santa Cecilia, que es el 22 de noviembre, es muy clásico de Cañete de las Torres que, al amanecer, se tomen las migas, antes aludidas, con acompañamiento de rábanos. Por eso se le llama “lucero miguero” a la estrella matutina.
En el primer tercio del siglo XX, un culto agricultor de Cañete de las Torres, llamado D. Antonio Galán Polo, recopiló recetas tradicionales de su pueblo y las hizo llegar a Dionisio Pérez Post- Thebussem, a fin de que las incluyera en su libro Guía del buen comer español.
En la mencionada obra se enumeran los platos cortijeros o camperos, es decir, los guisos que solían preparar las familias que vivían aisladas en los cortijos y casas de labor. También se califica la cocina cañetera de breve y humilde, con cuyo motivo se habla de ollas, salmorejos, carneretes, migas y gazpachos. La humildad de la estimación puede dar idea de bajas calidades o de poca variedad en cuanto a los platos. Ambas cosas, con respecto a Cañete de las Torres, son inexactas.
Es digna de que se transcriba textualmente la fórmula de uno de sus famosos cocidos, llamados ollas por su relación con el recipiente donde se elaboraba. Dice Post-Thebussem: “La candela como allí se llama a la lumbre se hace con paja de los cereales y gárgolas de las leguminosas que se recolectaron. De sobrenoche se pusieron los garbanzos en agua. Antes de echarlos, llegada la mañana, dentro del puchero que ya hierve, se los rocía con agua hirviendo, dejándolos así unos minutos y echándolos luego en el puchero, procurando que no dejen de hervir. Pasada una hora de cocción se le agrega el tocino. Media hora antes de comerlo se le une la berza. No se parece esta olla a ninguno de los cocidos castellanos ni andaluces que encontraremos en nuestra excursión gastronómica por las provincias de España”

FIESTAS Y TRADICIONES:

Semana santa: Suele ser desde el primer domingo de cuaresma se comienza a presentar los carteles de cada hermandad. Programación (hora de salida): Domingo de Ramos: 11:30 “La borriquita”, Hermandad Resucitado. Lunes Santo: 21:30 “Calvario” Hermandad Resucitado. Martes Santo: 21:30 “Orando en el huerto” Hermandad del Santo Sepulcro. Miércoles Santo: 21:30 “Señor Amarrado a la columna” Hermandad Nuestro Padre Jesús Nazareno. Jueves Santo: 21:30 “Nuestra Señora de la Piedad” Hermandad del Santo Sepulcro; es la única procesión que es llevada por mujeres. Viernes Santo: 06:00 “Salida de Nuestro Cristo Yacente” Hermandad del Santo Sepulcro. 09:00 “Nuestro Padre Jesús Nazareno y la Santa Faz” Hermandad Nuestro Padre Jesús Nazareno. 19:30 “Virgen de los Dolores y Santo Sepulcro” Hermandad del Santo Sepulcro. Sábado de Gloria: 00:00 (madrugada del viernes al sábado) “Virgen de la soledad” Hermandad Nuestro Padre Jesús Nazareno. Domingo de Resurrección: 00:30 (madrugada del sábado al domingo) “Señor resucitado” Hermandad Resucitado. La Semana Santa de Cañete de las Torres es una devoción, pero quizás también sea la metáfora de una forma de ser de un pueblo que tras muchísimos avatares es capaz de hacer caer lo construido una y mil veces. 
Cruces de mayo: Suele ser el primer fin de semana de mayo. Las Cruces de Mayo tiene una finalidad, es potenciar el embellecimiento y la tradición de este pueblo; se suelen inscribir un total de cinco cruces de mayo que se dispersan por todo el pueblo. Dentro del festival de Cruces de Mayo, el Ayuntamiento de Cañete de las Torres ha convocado el Concurso de Calles en Flor.
Calles en flor: Suele ser el primer fin de semana de mayo.
En 2018 nació con el festival Calles en Flor una nueva iniciativa cultural que convertirá por unos días a la localidad cordobesa de Cañete de las Torres en la capital de la flor, ya que sus calles albergan numerosas intervenciones artísticas. Con el título “Érase una vez... Cañete de las Torres”, la tercera edición de este festival de flores en Cañete de las Torres.
Carnaval: Suele ser el fin de semana antes del miércoles de ceniza.​ Año tras año, los vecinos de Cañete de las Torres demuestran su capacidad creativa para disfrazarse y envolverse de magia en la fiesta del carnaval. Las calles se llenan de música, color y alegría protagonizado por disfraces originales, baile, charangas y coplas de carnaval. Es una fiesta muy importante para cañete, ya que se hace desde hace muchos años. El domingo por la mañana se llevará a cabo otro desfile donde pueden presentarse todo tipo de edades con premios para adultos y niños; y al final de la tarde se les entrega un premio de cada disfraz y artesanía.
Romería San Isidro Labrador: Suele ser el tercer fin de semana de mayo. La romería, que suele realizarse el 15 de mayo, se suele realizar en coche decorado para lograr el camino de Cañete a Hera, y luego se da una cierta recompensa a la mejor carroza, mejor decorada y la mejor música...​ En la panorámica de las actividades religiosas populares de Cañete de las Torres, es muy importante la advocación a San Isidro Labrador, especialmente la romería que se celebra durante su festividad. estado. Por el contrario, la fiesta de San Isidro tiene ventajas sobre las mencionadas costumbres marianas, su ventaja radica en la riqueza y colorido de la romería que se realiza cada año desde su fundación. Estas peregrinaciones se han reflejado en miles de fotografías.
Feria de San Miguel: Suele ser última semana de septiembre y la primera de octubre. La localidad de Cañete de las Torres está disponible, desde el día de San Miguel hasta principios de octubre, para disfrutar de una de sus fiestas anuales más características: la Real Feria de San Miguel. Son días para el reencuentro, el disfrute de las calles que durante estos días muestran un efecto especial tanto al visitante como al habitante. Son días en los que los cañeteros se toman un respiro de su quehacer diario y pernoctan para disfrutar del buen ambiente en el polígono industrial Los Ruedos y en la calle Feria, donde su caseta municipal acoge la mayoría de las actividades musicales, cada cofradía también cuenta con casetas propias y cada uno con funciones distintas, unas más comida y otras más de noche. Y en fiestas como estas, muchos más vienen a compartir momentos inolvidables, disfrutando de la rica gastronomía y paseando por sus calles decoradas, limpias y preparadas para la gran ocasión.
Cañeteando: Suele ser el último fin de semana de junio, para comenzar el verano. Ocurre en varios lugares del municipio. La función comienza aproximadamente a las 8:00 pm, 9:00 pm, 10:30 pm, 00:30 am y 2:30 am. El concierto es completamente gratuito, con más de diez horas de música organizadas por Iltre. Ayuntamiento de Cañete de las Torres. Un gran encuentro de cultura, tradición y gastronomía. Personas de todos los pueblos de los alrededores participaron en este festival de música.​
Ruta de la tapa: Suele ser todos los fines de semana de cuaresma. Si entrega su pasaporte sellado luego de degustar 15 tipos de botanas en la ruta, el participante será incluido en el viaje. El Ayuntamiento de Cañete de las Torres convocó la Ruta de la Tapa, y también participarán seis bares y restaurantes de la ciudad. Su objetivo es proporcionar dos bocadillos para todos, y cada taza de bocadillo y cerveza cuesta 2 euros. Los participantes que participen en este refrigerio deben detenerse en cada restaurante participante y pasar cada uno de ellos. También recuerde que deben votar por los más complejos de los probados.​
Belén viviente: Suele ser el fin de semana antes de Navidad. Es una representación que hacen los alumnos del CEIP Ramón Hernandez Martínez, estos alumnos se visten con ropas de aquella época e imitan a los personajes de la Virgen María, San José…. Se estudia un papel y se hace la representación. También se ponen puestos para que la gente antes de que empiece la representación, pueda comprar dulces o incluso ropa... La Virgen María, como en aquella época, iba subida en una borriquita, quien sea la Virgen María aquí, hay una borriquita para que se suba, que se llama margarita. Acude todo tipo de gente de los pueblos de alrededor a ver esta gran representación.
Virgen del Campo: Suele ser el día 8 de septiembre. La Virgen del Campo es una advocación de la Virgen María venerada en la iglesia católica. Saint Campo es el patriotismo del alcalde permanente y la madre de todos los productores de caña de azúcar existentes y no existentes. Para conmemorar, la celebración suele comenzar el último domingo de agosto, que es el linaje tradicional de la Virgen, desde la ermita hasta la Iglesia de la Asunción. El 8 de septiembre tuvo lugar la procesión de regreso y la procesión de la Asunción hasta su ermita, la gente que llegaba se enorgullece de ella y esperaba con ansias el espectáculo de fuegos artificiales. Al día siguiente, 9 de septiembre, por la mañana, en el jardín de la ermita, comenzaron las misas solemnes. Allí, el alcalde reiteró su juramento al alcalde permanente de Canet de las Torres y prestó juramento en el Campo sagrado.
Cagada de la Burra Margarita. Consiste en que la hermandad del resucitado, el fin de semana después de la feria San Miguel, hace una rifa a la cual hay 1000 números de parcelas, que es donde la burra se pasea hasta que expulsa sus heces en una de las parcelas y gana la persona que haya comprado esa parcela 1000€. Después de todo eso, en el recinto donde se hace te puedes quedar a tomar algo y a comer.
Vuelta ciclista a Cañete de las Torres Cada año en Cañete de las torres hay un día en el que algunos habitantes de Cañete de las Torres salen a dar un paseo con la bicicleta por el pueblo de Cañete de las Torres. En esta ruta organizada por la peña ciclista de Cañete de las Torres se van haciendo paradas en distintas zonas del pueblo para beber agua y también para sortear algunas cosas como por ejemplo: candados para la bicicleta , sillines , etc… también se para en algunos bares para tomar un refresco Al final del paseo en bici se va a la caseta municipal donde se prepara una paella de arroz para todos los participantes , también en la caseta municipal se preparan algunos juegos de bicicletas para los niños y se sortean varias bicicletas y más objetos para bicicleta.
Ajedrez viviente Consistía en hacer un ajedrez grande al cual podía participar toda las personas que quisieran hasta completar los puestos del ajedrez. El juego es el mismo que el ajedrez normal pero mucho más grande.


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