LUCAINENA DE LAS TORRES (Almeria)

 



LUCAINENA DE LAS TORRES

Lucainena de las Torres es una localidad situada en la parte suroriental de la comarca de Los Filabres-Tabernas, en la provincia de Almería dentro comunidad autónoma de Andalucía. El relieve está caracterizado por la zona oriental de Sierra Alhamilla, al sur y al oeste, la cuerda montañosa que hace de límite con Sorbas, al noreste y al este, la zona colindante con el Campo de Níjar, al sureste, y una zona más llana antes de Sierra Bermeja, al noroeste, cercana al llamado Desierto de Tabernas. Los puntos más elevados son el Peñón de Lucainena (1004 m), Cantona (755 m) y La Moraila (689 m). La rambla de los Morales y la rambla de Lucainena, son algunas de las más destacables que cruzan el territorio desde las montañas.
El municipio está afectado por la Zona especial de conservación "Sierra de Cabrera-Bédar", donde destacan diversos hábitats de interés comunitario, tales como estepas subdesérticas de gramíneas, estepas salinas mediterráneas, etc. Asimismo en el municipio se encuentra el Lugar de Interés Geológico "Minas de hierro de Lucainena", que ocupa 116,98 hectáreas, cuyo interés geológico principal es el minero-metalogenético.
Cuenta con una poblacion de poco mas de 700 habitantes en un pueblo de casas blancas, intrincado trazado medieval y calles estrechas llenas de flores, enclavado entre cerros y atalayas… ¿Cuántas localidades se pueden describir así en Andalucía? Por fortuna son bastantes y es la idiosincrasia de muchos de los puntos de esta tierra. Sin embargo, Lucainena de las Torres es de los que mejor conservada tienen toda su estructura, con esa ascendencia árabe que le da su personalidad y que, pese a ser muy pequeño, le ha hecho formar parte de la Asociacion de los Pueblos mas Bonitos de España desde el año 2013.



Los primeros pobladores se remontan al Neolítico, ya que se han encontrado varios yacimientos, atraídos por los metales de las montañas cercanas.​
Posteriormente se encuentran restos del periodo hispanorromano y hallazgos de abundante sigillata, probablemente de la que fueron algunas villas en las que habitaba un "Lucanius", de donde parece provenir el término del municipio.
Del periodo árabe, destacar que era una pequeña villa con su mezquita, y que su nombre era "Locaynena", adscrita a la Cora de Bayyana y posteriormente al Reino de Granada, entregada a los Reyes Católicos en el año 1488. Por aquellos años a la villa le rodeaba una muralla, probablemente árabe con seis torres que guardaban a una torre principal en la que se refugiaban los habitantes en los asedios. De ahí el nombre de "Lucainena de las Siete Torres", simplificado en nuestros días a "Lucainena de las Torres".
Solamente los documentos oficiales de la creación de parroquias en los años de 1505 y 1514 dan el nombre de Lucainena, y se llama de las Torres por el castillo y las torres que la defendían durante la Edad Media; aunque en el siglo XIX, Madoz específica Lucainena de las Siete Torres. El origen de este pueblo situado en Sierra Alhamilla es de época hispanorromana, constatado por los restos arqueológicos encontrados en los alrededores del lugar, posiblemente donde se ubicaba la villa del patricio Lucainus, nombre que define y origina el topónimo actual.

Durante la Edad Media, estando Almería islamizada, el pueblo se integra en la llamada Tierra de Níjar, la cual se extendía como un triángulo entre cabo de Gata, Agua Amarga y Lucainena de las Torres, y compuesta por cinco lugares: Níjar, Huebro, Inox, Tarbal y Lucainena, con cabecera en Níjar que dio nombre a la zona. El castillo y las torres que siempre han rodeado a Lucainena constatan su presencia a lo largo de siglos y completan su topónimo. La alquería musulmana surgida en un lugar privilegiado por sus aguas verá desaparecer su población, comenzando un nuevo período de su historia. Tras la victoria de los Reyes Católicos en 1489, se conceden estas tierras en régimen de señorío a don Enrique Enríquez, tío de Fernando el Católico. Este señorío se llamará Estado de Tahal, del cual formaba parte Lucainena junto con otros trece lugares ubicados en la Sierra de los Filabres, excepto Lucainena, situado en Sierra Alhamilla.
El siglo XVI se caracterizará por conflictos sociales y políticos que provocarán una crisis económica y demográfica importante. Lucainena queda despoblada tras la expulsión de los moriscos en 1570 y, según el visitador, que viene en 1574 a organizar la comarca, apunta que antes de la rebelión había en el pueblo 436 habitantes moriscos. Aunque el libro de Apeo y Población que se realiza en ese año contiene pocos datos útiles del siglo XVI, se indica que el pueblo fue repoblado por diecinueve colonos, sin precisar su procedencia. En este siglo se lleva a cabo la construcción de la primera iglesia, en 1505, utilizando la antigua mezquita, que será abandonada después de la rebelión de los moriscos.
Una prueba de estos conflictos con la población musulmana fue la invasión de Lucainena, en 1566 por el famoso pirata berberisco Omar al-Askenn, el cual desembarcó en Las Negras, atravesó las montañas hasta llegar a Lucainena y una vez allí saqueó la población, tomando como rehenes a más de cien cristianos. Estos fueron llevados hasta Argel donde se negoció el rescate. El encargado de negociar dicho rescate fue el Conde Juan de Caparrós.
En el siglo XVII se erige un nuevo templo bajo la advocación de Santa María, aunque su patrona es la Virgen de Montesión. Durante el siglo XVII el señorío de Tahal pasa, por enlace matrimonial o venta, al Marqués de Aguilafuente, también Duque de Abrantes, y pertenece al partido de Baza.


A lo largo de este siglo y del siguiente, la escasa población se irá equilibrando, alcanzando según el Censo de Ensenada, de 1752, una población de 429 habitantes, y se recogen siete núcleos, de los cuales aún quedan cuatro: Los Olivillos, Polopos, La Rambla Honda y El Saltador. El siglo XIX se presenta con grandes cambios, la abolición de los señoríos y el auge de la minería, que aportarán un nuevo régimen municipal y un aumento económico que aún se aprecia en las construcciones llevadas a cabo en este época; al margen de las relacionadas con la minería, se realiza también la construcción del nuevo cementerio en 1837.
Esta dinámica se verá reflejada también en la población, con un aumento de 1 205 habitantes en 1849, teniendo el máximo poblacional de su historia en 1900 con 2.455 habitantes. Según el estadista Madoz, hacia 1846, Lucainena pertenece al partido judicial de Sorbas, audiencia territorial de Granada, y caracteriza al pueblo como un lugar de 240 casas, con un terreno de buena calidad y fuentes y manantiales de buena agua potable y ferruginosa, pues abunda el terreno en minerales, siendo el principal el azufre, al sur, en Sierra Alhamilla, donde se encuentran antiguas minas.
La vida se encaminó, desde la segunda mitad del siglo XIX, hacia una sociedad plural que vio su mejor reflejo en la amplia variedad de profesiones y oficios que proliferaron en la villa: abogados, procuradores, notarios, médicos, farmacéuticos, se simultaneaban con la principal actividad ancestral, la agrícola, aunque por estas fechas se cuenta con una amplia variedad de oficios por la existencia constatada de telares, molinos de aceite y harina, fábricas de jabón y aguardiente, alfarerías, además de un floreciente comercio: llegan a nombrarse hasta quince tiendas de géneros diversos: especies, semillas, paños y ropa en general.


Un paseo por la plaza del Pueblo permite empaparse de la historia y cultura de la zona. Visita los antiguos lavaderos públicos, donde los vecinos se reunían para lavar la ropa, llenar los cántaros de agua o dar de beber a los animales. Y no te olvides de la iglesia Nuestra Señora de Montesión, destruida y saqueada por el pirata Omar-Al Askenn y, más tarde, reconstruida en el siglo XVII.
Desde lo alto, el pueblo se extiende por el valle como un lienzo salpicado de pequeñas motas blancas. Las mejores vistas se obtienen desde el mirador del Poyo de la Cruz, un cuidado balcón con bancos donde sentarse a contemplar la vista panorámica de Lucainena. Otra interesante perspectiva, que también permite apreciar los pliegues montañosos de esta hermosa sierra, es el mirador del Garruchete.
Sin duda alguna, uno de los principales atractivos del lugar es su pasado minero. Éste se puede conocer paseando por la Vía verde, un camino que acoge los principales edificios y construcciones mineras que hicieron prosperar a la población. El sendero lineal, de unos 5 kilómetros, era una antigua línea férrea que se utilizaba para transportar materiales. Hoy día se puede recorrer a pie o en bici. Uno de los vestigios arquitectónicos más importantes de la época son los 8 hornos de calcinación, medían unos 20 metros y tenían capacidad para unas 50 toneladas de mineral al día.




No es una población muy grande, pero da para perderse, para disfrutar de cada rincón, de cada piedra, de cada casa, de la vida sosegada a la que invita; y también para disfrutar de alguno de los encantadores locales que tiene.
La Plaza principal del pueblo es la Plaza del Ayuntamiento que es donde tiene lugar el mercadillo semanal de los sábados, pero también, como en muchos pueblos, es el centro de reunión de la localidad. Allí se encuentra el Ayuntamiento, una antigua fuente, un árbol centenario, un mesón… No es una plaza muy grande, como no lo es tampoco el pueblo, y va en consonancia con la estructura y blancura de sus calles. 


Dentro de los lugares de interes que podemos visitar en Lucainena destaca entre otros la iglesia de Nuestra Señora Virgen de Monte-Sion. Situada en una de las partes mas altas del pueblo junto al Mirador del Poyo de la Cruz, data del año 1505 y fue construida en el lugar de una antigua mezquita. En la época de la rebelión árabe del mismo siglo, la zona fue invadida por el pirata Omar-Al Askenn, que saqueó la población en 1566. Durante el siglo XVII se levantó la nueva iglesia, y aunque se construyó bajo la advocación de Santa María, la verdadera patrona es Nuestra Señora la Virgen de Monte-Sión. Viendo su arquitectura, fachada y decoración exterior podríamos considerar que está desafinado de su época. Mientras que otras iglesias de la zona reflejan la moda barroca de la época, ésta es bastante austera de estilo neoclasico y planta romanica de cruz latina de una sola nave abovedada y cúpula sobre el crucero con ventanas de escaso tamaño, lo que ayuda al recogimiento e incluso podríamos decir fortificada con un aire que recuerda viejas fortificaciones coloniales. Presenta dos portadas de esquema dintelado, la lateral, con dos florones y el relieve de una cruz sobre la cornisa que remata el vano, y la principal, cuyo paramento se rompe mediante dos hornacinas y dos arcos de descarga sobre la puerta. En el interior se pueden contemplar diversas imágenes, entre ellas las de la Virgen de Fátima o la del Carmen. Coronando el altar, la imagen de la patrona de Lucainena de Las Torres, Nuestra Señora la Virgen de Monte-Sión. Adosada a la cabecera se encuentra una torre cuadrangular que domina todo el pueblo.



Otro lugar de interes es el Lavadero de la Fuente que data del año 1923, como consta en su fachada, aunque hoy en día lo podemos encontrar totalmente rehabilitado. Se trata de un antiguo conjunto formado por un abrevadero para bebedero de animales y lavadero para antiguas labores de lavado de ropa. Su agua emana de forma natural del nacimiento del Peñon y esta va soltando de pila en pila gracias a los desniveles con los que está construido. El enclave donde se ubican el lavadero ofrece una bonita imagen del pueblo así como excelentes panorámicas paisajísticas.




Ademas del mirador que hemos descrito anteriormente junto a la iglesia, el pueblo ofrece otro denominado del Garruchete que está en la parte alta y desde donde tenemos una vista cercana y privilegiada para observar todo lo que ofrece Lucainena de las Torres. Se trata de una obra de embellecimiento dentro del plan turistico Filabres-Alhamilla con objeto de mejorar la estetica de la zona. Los lavaderos son lugares donde se puede comprobar la cultura del agua de nuestros antepasados donde el aprovechamiento de esta, por su escasez, se hace patente, primero para consumo humano, luego consumo animal, la higiene y por ultimo para el riego de los campos.



Una de las cosas más llamativas de Lucainena de las Torres son sus casas blancas con tejados de teja árabe. Estas casas, construidas en su mayoría en el siglo XIX, tienen una arquitectura típica de la zona, con muros de piedra, balcones de hierro forjado y pequeños patios interiores. Además, muchas de ellas conservan su estructura original, lo que las convierte en un verdadero tesoro arquitectónico. Además de las casas típicas, en Lucainena de las Torres también puedes encontrar casas cueva, excavadas en la roca de la montaña. Estas casas, utilizadas tradicionalmente como viviendas, se caracterizan por mantener una temperatura constante durante todo el año, lo que las hace perfectas para el clima caluroso de la zona. Hoy en día, muchas de estas casas cueva se han convertido en alojamientos turísticos, ofreciendo una experiencia única y diferente.
La ubicación del pueblo, acostado a la ladera de la montaña, resulta sugerente. Nos encontramos ante un pueblo con personalidad; sus estrechas calles y callejuelas alzándose hasta la parte más alta que ocupa la iglesia, respiran sabor a tradición de arquitectura rural. La perla blanca tapizada de flores. Las fachadas de las humildes edificaciones encaladas de cubierta plana conforman un entramado irregular de calles estrechas gustosas de pasear por la riqueza de sus perspectivas. Destaca por el buen estado de conservación de sus arquitectura tradicional, así como por los importantes vestigios de su pasado minero del siglo XIX. Las celosías que embellecen las calles a la par que las nombran, el cariño de los vecinos para cuidar sus geranios y el sonido del agua al manar de la fuente hacen de este casco histórico un fresco paseo por los sentidos.
Las estrechas calles de Lucainena de las Torres ocultan hermosas casas antiguas de impolutas fachadas blancas. No hay rincón en todo el pueblo donde no haya una maceta con flores, ya sea colgando de las paredes o apoyadas en suelos y ventanas. Los vecinos de la localidad cuidan a diario de las miles de flores que adornan cada recoveco del casco, y es que los diversos colores de sus pétalos alegran las despobladas y tranquilas calles de la localidad.







El municipio cuenta también con una importante tradición minera que hicieron que Lucainena viviera una época de esplendor desde mediados del siglo XIX a los años 40 del pasado siglo XX. Es una época en la que el pueblo crece gracias a las personas que llegan para trabajar en los cercanos yacimientos de hierro y con su poblado minero supera los 3.000 habitantes. En aquella época llegó a tener hospital, teatro, estafeta de correos, telégrafo y hasta tren.
Hoy día sólo quedan ruinas de lo que fue, pero también un patrimonio que completa la oferta turística de este precioso pueblo y también muestra cosas diferentes que ver, derivadas de las explotaciones, en los alrededores de Lucainena de las Torres. y todavía conserva algunos de los antiguos hornos de calcinación que puedes visitar en las afueras asi como edificios relacionados con esta tradicion como la Antigua Estacion del tren hoy en dia convertida en punto de informacion turistica del pueblo e inicio de la Via Verde o la Casa de la Compañia Minera que en la actualidad esta destinada a Colegio.
El colegio publico Diego Ropero Es un edificio de Piedra, de planta cuadrada y dos pisos de altura. Es un edificio austero, pero muy armónico e integrado en el espacio urbano. Fue casa dirección de la Compañía Minera de Sierra Alhamilla, donde se ubicaban las oficinas de la compañía Soya y Aznar. Aquí estaba situada la estación de la que partía el ferrocarril minero que llegaba hasta Agua Amarga. En 1949 comenzó a utilizarse como escuela pública y sigue ejerciendo el mismo uso a día de hoy. Junto a él se levanta una bonita chimenea de piedra. Son los testimonios mejor conservados de la actividad minera de estos parajes.


Los Hornos de Calcinacion se construyeron con el objetivo de calcinar los carbonatos del hierro antes de su comercialización. Entre 1898 y 1899 se instalan los dos primeros hornos de calcinación, en 1900 se construyen dos hornos más, próximos a la estación de Lucainena y un año más tarde se emplazan 6 hornos más junto a los dos anteriores debido a la supremacía de los carbonatos en la producción de las minas.
Los hornos fueron lugar de bullicio y ajetreo laboral ya que la explotación de las minas de hierro supuso el despegue económico del pueblo de Lucainena. Los hornos tienen sección circular y tenían una capacidad de 50 toneladas por horno al día, de carbonato cálcico. Estos hornos tienen aspecto de torreones de vigilancia y se yerguen al margen izquierdo de la carretera comarcal que une Lucainena con Turrillas. Una vez calcinado el material se sacaba por la parte inferior del horno, sufría una nueva limpieza y era transportado en carrillos hasta unos pequeños muelles en los que eran transbordados a los vagones del ferrocarril. Los hornos utilizaban carbón y para elevar los vagones cargados con carbón y maderas para las minas, existía un plano accionado por un generador eléctrico.
Actualmente se conservan los ocho hornos juntos y otro más alejado situado más arriba y cercano a Colmenillas. De los ocho hornos que quedan, uno de ellos se restauró hace unos años para que los visitantes pudieran conocer cómo era originariamente. Los otros siete, aunque no estén tan bien conservados, sí han tenido obras de mantenimiento que les permiten pervivir en el tiempo. Tras los hornos continúa la senda minera, que pasa por un túnel y por la que también se llega a los restos de las antiguas viviendas de los mineros, la central eléctrica y las minas propiamente dichas.




Finalmente otro de los atractivos turisticos que podemos disfrutar por Lucainena es de la Via Verde. Esta comienza su periplo junto a la antigua estación del ferrocarril, siguiendo su recorrido en dirección al mar, donde pronto tendrá su final, junto al cargadero de mineral de Aguamarga. Hoy la vía verde nos lleva hasta la Venta del Pobre, tras el paso por lugares como los Antiguos Baños Medicinales de Lucainena de las Torres, Cortijo de la Tejas, Noria del Saltador, restos de las Baldas de Peralejos, el túnel de Piedra y el espectacular puente del Molinillo.
La historia de cualquier ferrocarril minero es harto sencilla y repetitiva. El de Lucainena es acorde a este modelo repetido hasta la saciedad. Es la historia de una mina, situada a una distancia respetable de un ferrocarril o de un cargadero marítimo y, para hacer rentable el negocio, el empresario minero se ve obligado a construir una línea férrea que ponga sus minerales en un punto de consumo o de transporte a larga distancia. Un buen día la mina se agota o se torna más costosa la extracción de minerales que el valor de su venta en mercado. Entonces la mina se cierra y, lógicamente, el ferrocarril que la servía. Ahora vamos a concretar este modelo en este caso almeriense. Año 1893, la sierra Alhamilla, situada al noreste de la capital provincial, era asiento de varias explotaciones mineras férricas. En 1893 la Compañía Minera Sierra Alhamilla comienza a explotar unos criaderos situados sobre el casco urbano de la localidad de Lucainena de las Torres. A pesar de que en un primer momento se había contemplado enlazar con el ferrocarril minero que bajaba desde Baños hasta Almería, la ruptura de acuerdos con el propietario de aquellas minas hizo que la CMSA abordara la construcción de su propio ferrocarril. Éste se tendería desde la base de las minas hasta un la cala de Agua Amarga, a 36 km. En este se planteó construir un cargadero en una zona acantilada y de pendientes escarpadas, lo cual exigiría un complejo y espectacular diseño de planos inclinados, depósitos de mineral y la propia estructura metálica del cargadero.
Entre los dueños de esta mina estaba Ramón de la Sota, magnate vasco con vasta experiencia minera en Cantabria y Vizcaya. Las obras se concluyen en apenas dos años, y desde 1896 el ferrocarril y las minas se explotaron con una estrategia perfecta, dando unos rendimientos excelentes. Esta bonanza acaba con el final de la Primera Guerra Mundial. La crisis siderúrgica europea arrastró en su caída algunas explotaciones mineras, entre ellas ésta almeriense. La vida de minas y ferrocarril se mantuvo de manera lánguida hasta la guerra civil. Tras la contienda, el ferrocarril es sometido a una intensa reforma pero, terminada ésta, se descubre que las minas estaban agotadas. De esta manera, en el remoto año de 1942 el ferrocarril y las minas se abandonan definitivamente, siendo desmantelada toda su parte metálica (vías, puentes, cargaderos) al poco.


La ruta tiene su comienzo junto a la antigua oficina de las minas, un edificio de planta cuadrada, de piedra de cantería justo a su lado la chimenea de las fraguas de la antigua estación de ferrocarril, que es en la actualidad un centro turístico. El inicio de la Vía Verde de Lucainena de las Torres tiene su acceso en el km 4,5 de la carretera AL 3107, donde nos encontramos cartelería indicativa de lo que nos encontraremos en el camino y de su historia. Justo 100 m más adelante, aparece un pequeño punto de información con apariencia de estación de ferrocarril, donde se da servicios de atención turística y alquiler de bicicletas.
Iniciaremos nuestro paseo por la Vía Verde de Lucainena de las Torres entre olivos, huertas pasando por pasarelas de madera para salvar los puentes que en su día vieron pasar el tren. En el km 1,2 nos encontraremos con el área de descanso del Algarrobo, reviviendo este nombre por la presencia de un majestuoso ejemplar de esta especie. Aquí podemos observar lo que queda de los antiguos baños medicinales de Lucainena de las Torres cuyo esplendor fue al tiempo con el de las minas de esta localidad.
Continuaremos rodeados de huertas y trincheras construidas para el paso del ferrocarril minero abriéndose a su salida un valle lleno de olivares y espartales propios de la zona llegando al km 2,5 donde nos encontraremos con el área de descanso de la Cerradilla, provista de bancos, mesas y un punto de agua, así como de sombra artificial para poder descansar.
Desde ahí continuaremos nuestro recorrido por el valle dirección el mar. Ese es el objetivo a conseguir: que la Vía Verde de Lucainena de las Torres llegue al Cargadero de Mineral en Aguamarga, en pleno Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar, Mientras tanto, y por el camino observaremos durante el trayecto elementos como un badén de piedra y algunos cortijos aislados de construcción tradicional.




Continuando el recorrido en el km 5 veremos una Noria de Sangre o de Tiro, es decir, de tracción humana o animal y justo detrás en cerro del castillo donde se han encontrado restos de cerámica de época romana, y tras pasar la pasarela que salva la Rambla Honda, nos encontramos con otra pequeña área de descanso. Desde aquí iniciaremos un recorrido por un tramo compartido con muy poco tránsito, (hay que destacar que es vía de ferrocarril), pero aun así aconsejamos un poco más de prudencia. De esta guisa y en nuestro calmo discurrir encontraremos barriadas como la de Los Olivillos, y apenas a 1,5 km el puente de la Rafaela, un interesante elemento en proyecto de recuperación, por donde antaño transitaba el tren en su camino hacia el mar.
Un poco más adelante nos iremos encontrando otras barriadas como Los Ramos, Los Munueras, Los Franciscos y algo más allá en el km 8 del recorrido los restos de las balsas de la estación de Peralejos, donde las locomotoras repostaban agua para proseguir camino. Continuaremos por el margen izquierdo de la rambla Alias hasta llegar a un túnel excavado en la roca (¡ el primer y único túnel de esta ruta!) donde si nos fijamos, veremos en la parte superior derecha que se conservan los anclajes para los cables que un día le dieron luz.
A la salida de esta curiosa galería ferroviaria nos topamos con una zona donde la rambla se estrecha y donde a ambos lados podemos ver arrecifes fosilizados. Sin duda, las vías verdes son una clase de geología a cielo abierto maravillosa e inigualable. Eso sí, hará que ir con atención para localizarlos. Un poco más adelante y si llevamos nuestra vista a la derecha en la parte baja observamos una estructura, se trata de un antiguo molino harinero de agua que da nombre a la zona y al espectacular puente que nos espera, el Puente del Molinillo, espectáculo para los sentidos situado en el punto más estrecho de la rambla y que nos acerca a los arrecifes fósiles, donde el eco de nuestra voz será devuelto por la montaña.
Este es el punto donde arranca el nuevo tramo de la Vía Verde de Lucainena de las Torres. En el km 10 del recorrido justo al pasar el puente cruzamos al lado derecho de la rambla para seguir nuestro camino, donde el paisaje inicia un cambio y empieza abrirse. Avanzaremos por pequeñas trincheras que nos tienen preparadas sorpresas inesperadas, como esos restos del mar que un día inundaron estas tierras…Un kilómetro más adelante continuaremos bajando junto a explotaciones agrícolas, llegando a la Venta del Pobre, Nijar donde tras 15 km alcanzaremos el fin de lo que por ahora es la Vía Verde de Lucainena de las Torres.
Aunque en el empeño y objetivo está unir la “Comarca del Desierto” y uno de los pueblos más bonitos de España con el Parque Natural Cabo de Gata-Nijar, y con el mar en la localidad Nijareña de Aguamarga. Un sueño de futura vía verde que más pronto que tarde veremos cómo se hará realidad.




Espectacular pueblo de estampa blanca e inmaculada amenizada por el calor y cercanía que desprenden sus vecinos al hablar con ellos. Nada más entrar en el pueblo llama la atención, sin duda alguna, el exquisito cuidado con el que se mantienen sus calles y fachadas de las casas así como la delicadeza con el que sus vecinos adornan sus viviendas con flores. Flores que pintan la estampa del pueblo con colores vivos como si de un lienzo se tratase e infunden en el ambiente un aroma que hace del paseo por sus calles una experiencia inolvidable. Lucainena de las Torres es sin duda una joya a descubrir.


GASTRONOMIA:

Entre sus platos más destacados están los gurullos de conejo, las pelotas de maíz, la perdiz en guiso, el potaje de calabazas, el potaje de trigo, los jormigones, el potaje de tortas de bacalao, el caldo de pescado con aletría, el choto al ajillo, los embutidos, la sopa de ajo almeriense, el caldo de pimentón o caldo colorao (especie de zarzuela de pescado), la olla de trigo, el gazpachuelo a lo pobre, el cocido en morcilla, los gurullos, las migas de pan mojadas, y fritas en manteca de cerdo con ajos, chorizo y tocino.​
De entre los dulces destacan los roscos, los bollos de nata, los hojaldres, las empanadillas, los alfajores de almendra y el cuajao de almendras. Y mostos, claretes y tintos de producción familiar.
La producción vinícola se beneficia de la amplitud térmica de la zona y pertenece a la Indicación Geográfica Protegida del ‘Desierto de Almería’. Este vino es elaborado con las variedades de uva garnacha tinta, monastrell, syrah, cabernet Sauvignon, merlot, chardonnay, moscatel, macabeo y sauvignon blanc. Sus vinos tintos se caracterizan por una gran potencia aromática, frutos negros maduros, pasas, toques balsámicos, confituras y notas lácticas y florales.


FIESTAS:

Día de las flores

Es una festividad reciente, cuyos orígenes datan en 1998, con los "Premios del Embellecimiento de los pueblos de Almería", cuando se desarrolló esta actividad. Desde el año 2004, se celebra el 9 de mayo. El evento consiste en bailes típicos como Fandango (baile) y verdiales, donde se bailan con los tradicionales trajes de refajona. Asimismo hay muetsras de gastronomía de la zona, así como la elaboración de una Cruz de Mayo de flores.​

Fiesta de San Sebastián

Tercer fin de semana de enero. Sábado: actuación de un conjunto en el salón cultural. Domingo: procesión de San Sebastián y ofrenda de roscas a este, a su paso por el pueblo los vecinos tiran roscos.​

Feria de la Virgen de Montesión

Tercera semana de septiembre. El viernes, el sábado y el domingo se realiza la procesión de la Virgen.​

Romería de Santiago y la Virgen de Montesión

Cuarta semana de julio: La Virgen visita la pedanía de Rambla Honda.​

Otras festividades

Cabalgata de los Reyes Magos, 5 de enero​
Cristo del Consuelo, 14 de enero​
Semana Santa​
San Marcos, 25 de abril ​
San Sebastián patrón de Pólipos, 24 y 25 de junio​
Santiago Apóstol, patrón de Rambla Honda, 25 de julio​
Santo Cristo del Consuelo y la Virgen María 14-15 agosto


PLANO TURISTICO DE LUCAINENA DE LAS TORRES:




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