MEDINA SIDONIA
Medina Sidonia es un municipio de la provincia de Cádiz dentro de la comunidad autónoma de Andalucía. Pertenece a la comarca de La Janda, de la que es su capital y cuenta con una población de casi 12.000 habitantes. Se encuentra situada a una altitud de 337 metros y esta declarada Conjunto Histórico-Artístico. La montaña sobre la que se ubica se llama el Cerro del Castillo, la cual constituye la mayor elevación de todo el tercio occidental de la provincia, desde las últimas estribaciones de la Sierra de Cádiz hasta la línea costera atlántica, lo que le permite ser divisada desde una parte importante de la provincia, ofreciendo, a la vez, la extraordinaria panorámica de la superficie provincial. La ciudad se orienta hacia la bahía de Cádiz, motivo por el cual se la conoce como el Balcón de la Bahía.
Una pequeña parte del término municipal asidonense pertenece al parque natural de Los Alcornocales, una de las áreas más preciadas en cuanto a riqueza natural y paisajística se refiere de toda Andalucía. El término acoge además gran parte del recorrido del Corredor verde de las dos Bahías, que es una vía verde que une la bahía de Cádiz y la bahía de Algeciras.
La ciudad posee un vasto legado histórico que se esconde entre sus calles. Todas y cada una de las civilizaciones que han pasado por sus tierras han dejado, en menor o mayor medida, su huella en la ciudad. Medina Sidonia cuenta con una importante densidad de monumentos de un gran valor histórico, arqueológico y artístico. Son de especial importancia los monumentos del periodo romano que corresponden con la antigua Asido Cesaerina, así como también todos aquellos que pertenecen al periodo andalusí. El Casco Histórico de la ciudad fue declarado Bien de Interés Cultural lo cual no ha impedido que la ciudad se beneficie de un adecuado crecimiento urbanístico. El nombre Madinat Saduna o Abu Salim, se deriva del árabe al-madinat, que significa "la ciudad" o centro urbano de una ciudad musulmana.
Los primeros asentamientos poblacionales en la zona de los cuales tenemos indicios, datan de la Edad del Bronce Final. Se ha encontrado en el Cerro de las Madres una gran cantidad de fragmentos de materiales cerámicos realizados a mano y algunos útiles líticos. Parece ser que estos habitantes estaban en relación con la cultura tartésica.
Aunque tradicionalmente se tiene la creencia de la llegada de colonos fenicios procedentes de Sidón, que fundaron un municipio con el mismo nombre que el de su ciudad de procedencia sobre la base de la ocupación indígena anterior, no hay argumentos históricos sólidos para ello. Es solo una hipótesis basada en la semejanza del topónimo con la denominación de Sidón.
En el siglo III a. C. los romanos ocuparon todo el territorio peninsular, anteriormente en manos de los cartagineses. En torno al siglo I se construyó un nuevo núcleo urbano que ocupó todo el espacio de lo que hoy es el Conjunto Histórico. Por concesión de César Augusto, la ciudad promocionó su anterior estatus municipal y se convirtió en colonia con derecho romano (civitas optimo jure). Era conocida por el nombre de Asido (heredera de un nombre turdetano), Caesarina, o, de forma completa, como Asido Caesarina Augusta. Estaba situada en la Provincia Ulterior Betica y pertenecía al convento jurídico Hispalensis, con capital en Hispalis.
En la Hispania visigoda fue capital de provincia y también sede episcopal de la Iglesia católica, entonces conocida como Asidona, sufragánea de la archidiócesis de Sevilla que comprendía la antigua provincia romana de Bética en la diócesis de Hispania.
En el año 712 la ciudad fue conquistada por Musa ibn Nusair, general del Califato Omeya, a comienzos de la conquista musulmana de la península ibérica. Fue capital de la cora musulmana denominada Cora de Sidonia (también conocida como de Saduna) hasta el saqueo normando de la ciudad.
Alfonso X el Sabio conquistó la ciudad el 22 de septiembre de 1264, pasando a ocupar la línea fronteriza contra el Reino nazarí de Granada, motivo por el cual aparece en algún documento medieval con la denominación de la Frontera.
En 1440 pasó al señorío de la Casa de Guzmán, convertido cinco años más tarde en el Ducado de Medina Sidonia, viviendo otro período de esplendor social y urbano.
De los siglos XIX y XX se puede destacar la ocupación de tropas napoleónicas entre los años 1810 y 1812 como retaguardia del asedio a Cádiz, la proclamación como cantón independiente en 1873 y los Sucesos de Casas Viejas, aldea entonces perteneciente a Medina Sidonia, entre los días 10 y 12 del mes de enero de 1933.
Conocida como la "Atenas de la provincia", Medina Sidonia es famosa por su patrimonio cultural y arquitectónico. Sus calles empedradas y estrechas están llenas de encanto, y cada esquina revela un pedazo de historia. Sus edificios históricos, como el Castillo de Medina Sidonia y la Iglesia de Santa María la Coronada, son testigos silenciosos de los siglos de historia que han pasado por esta ciudad. El Castillo de Medina Sidonia es uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad y ofrece una visión fascinante de la historia militar de la región. Desde lo alto de sus torres, se puede disfrutar de unas vistas panorámicas impresionantes de la ciudad y los campos circundantes. La Iglesia de Santa María la Coronada es otro lugar de interés destacado en Medina Sidonia. Esta iglesia gótica es conocida por su impresionante fachada y su interior decorado con hermosas obras de arte religioso. Además, la iglesia alberga la Capilla de los Guzmanes, donde descansan los restos de la familia Guzmán, una de las más influyentes en la historia de la ciudad. Pasear por las calles de Medina Sidonia es como retroceder en el tiempo. Sus casas blancas con balcones llenos de flores y sus plazas tranquilas invitan a perderse y disfrutar de la tranquilidad de esta encantadora ciudad. Además, la gastronomía de Medina Sidonia es otro de sus atractivos. La ciudad es conocida por sus productos locales, como el queso de cabra payoya y los vinos de la región, que se pueden degustar en los numerosos bares y restaurantes de la ciudad. Además de su patrimonio histórico y su deliciosa gastronomía, Medina Sidonia también es un punto de partida ideal para explorar los alrededores. La ciudad se encuentra cerca de las playas de la Costa de la Luz, famosas por su belleza natural y sus aguas cristalinas. También está cerca del Parque Natural de los Alcornocales, un paraíso para los amantes de la naturaleza, donde se pueden realizar actividades al aire libre como senderismo y observación de aves. En resumen, Medina Sidonia es una joya escondida en la provincia de Cádiz. Con su rica historia, su encanto arquitectónico y su deliciosa gastronomía, esta ciudad ofrece una experiencia única a sus visitantes. Ya sea que estés interesado en la historia, la cultura o simplemente en disfrutar de la belleza natural de la región, Medina Sidonia es un destino que no puedes dejar de visitar.
Medina-Sidonia reúne un inmenso patrimonio cultural de diverso tipo y
procedencia, resultado de sus muchos siglos de historia y de las diferentes culturas
que la habitaron y dejaron en ella huella de su colonización. Pero sin duda, es el conjunto de su Centro Histórico lo que más destaca al visitar
Medina-Sidonia, al unir de forma natural patrimonio cultural y etnográfico, lo que
convierte el paseo por sus calles en un recorrido por la historia desde sus primeros
pobladores (Cerro del Castillo), recorriendo vestigios de diferentes culturas hasta la
actual, que en muchos casos, todavía mantienen formas de vida tradicionales de
alto gran valor etnográfico. Las posteriores colonizaciones que por aquí pasaron (fenicias, romanas,
bizantinas, islámica, cristiana, etc.) dejaron todas su huella y su impronta,
plasmada en monumentos, restos arqueológicos o incluso en formas de ser y de
vivir.
El núcleo urbano tiene una acusada forma alargada en la dirección norte-sur, con 1,8 km., y un estrechamiento casi a la mitad, en "El Punto", lugar de confluencia de las carreteras de Arcos y Jerez con la de Chiclana/Cádiz, y donde se encontraba una de las entradas, posiblemente la principal, a la ciudad del siglo XVIII. El Casco Antiguo se compone de dos zonas claramente diferenciadas: Sector al Sur del Parque del Caminillo, la parte más antigua, con el antiguo recinto amurallado en su parte más alta (Barrio de Santa María), y el Sector al Norte, Barrio de San Juan de Dios. Trama irregular, calles de sección variable y estrechas, algunas con fuertes pendientes. Manzanas sensiblemente trapezoidales, con parcelario irregular, de mayor tamaño en el exterior del antiguo recinto amurallado. El conjunto se compone de manzanas de formas variadas e irregulares, aunque en general de grandes dimensiones. Estas son mayores en el exterior del antiguo recinto amurallado que en él, entre las que dominan las formas rectangulares y alargadas
La edificación ocupa parcelas medianas y pequeñas. Posee alturas de 1 y 2 plantas, con algún edificio de 3 plantas, patios de parcela, y en zonas de borde, huertos y otros terrenos no edificados en las traseras. Casas típicas de fachadas blancas, cubiertas de tejas y demás características de los pueblos gaditanos.
El núcleo urbano se desarrolla a partir de un Castillo-Fortaleza existente en la cumbre, alrededor del cual se fueron trazando concéntricamente las calles del casco antiguo. Estas calles, que siguen las curvas de nivel, a su vez se enlazan entre sí por otras calles secundarias, que son las que han de salvar las mayores pendientes uniendo vías circulares básicas que discurren a niveles diferentes. presenta una arquitectura de notable calidad arquitectónica caracterizada por viviendas con profusión de portadas y cierros en su exterior y con patios interiores con galerías sustentadas en pies de madera. en la actualidad, el caso antiguo mantiene su estructura urbana, perceptible armónicamente desde el exterior especialmente en cuanto a invariantes constructivos.
Los elementos que contribuyen a valorar el núcleo urbano de Medina Sidonia, y en especial su casco histórico, están sustentados principalmente en la valoración histórica del proceso de formación de la ciudad, que permite identificar suficientemente las estructuras arquitectónicas y la morfología urbana que caracteriza a este núcleo. La estructura arquitectónica y urbana desarrollada a lo largo del tiempo y que aún pervive, en parte, es representativa de la evolución y los valores culturales desarrollados en la Baja Andalucía a lo largo de casi tres milenios de historia.
Centrándonos en el núcleo, de fundación fenicia, fue además la antigua Assido Caesarina romana. Los vestigios romanos son abundantísimos, desde estatuas, columnas, sepulcros, monedas, hasta el descubrimiento más reciente de las cloacas, que corresponden a construcciones hidráulicas del siglo I después de Cristo, que abarcan 30 m de galerías subterráneas similares a las cloacas descubiertas en Italia, junto a tres grandes estructuras abovedadas criptopórticos o sótanos de gran edificación de la misma época. Recientemente, han aparecido restos de una calzada romana lindando con la calle Álamos. El núcleo urbano de Medina Sidonia forma parte de uno de los sistemas de ciudades más antiguos del área mediterránea, siendo su origen y seña de identidad la topografía de su localización y el valor estratégico de su situación en el territorio en relación con las rutas próximas al estrecho de Gibraltar. Adquirió gran esplendor como Cora Musulmana, época en la que se construyó la fortaleza defensiva enclavada en la cota superior del emplazamiento, de la que se conservan restos de sus muros, que establecen un fuerte desnivel entre la cota superior de la fortaleza y la inferior -antiguos adarves en todo su perímetro-. Constituyó la sede de renombradas órdenes militares, como la Orden de Santiago o la de Santa María de España. Recibió durante años favores reales de Alfonso X, y los reyes que le continuaron, como lo demuestran las Cartas Pueblas, Privilegios Rodados y Cartas Dispositivas que datan desde el siglo XIII. Sirvió y acogió a los Duques de Medina Sidonia desde el año 1440, cuando, de manos del Rey Juan II, entregó la Villa a don Juan de Guzmán, tercer Conde de Niebla y primer Duque de Medina Sidonia, y se tituló Ciudad a la Villa en 1472 mediante Carta Privilegio del Rey Don Enrique IV. El núcleo urbano se desarrolla a partir de un Castillo-Fortaleza existente en la cumbre, alrededor del cual se fueron trazando concéntricamente las calles del casco antiguo. Estas calles, que siguen las curvas de nivel, a su vez se enlazan entre sí por otras calles secundarias, que son las que han de salvar las mayores pendientes uniendo vías circulares básicas que discurren a niveles diferentes. La implantación de la Iglesia junto al acceso a la fortaleza crea un hito que aporta una singularidad escenográfica originada por la secuencia espacial y el fuerte desnivel topográfico que singulariza el espacio urbano. La pervivencia de restos de construcciones señoriales generadas tras la Reconquista definitiva por Alfonso X y el asentamiento del ducado de Medina Sidonia con casa propia una vez reconquistada la Villa por los cristianos, se sitúan dentro de un recinto amurallado, del que perduran varios tramos y elementos, como la Torre de Doña Blanca. Entre ellos destacan tres de las cuatro puertas primitivas: El Arco de la Pastora, el Arco de Belén y la Puerta del Sol, así como algunos edificios públicos: Iglesia de Santa María.
Todo este legado patrimonial fruto de su milenaria historia os lo vamos a mostrar mas detalladamente en nuestra ruta de viaje por Medina Sidonia. Comenzamos nuestro recorrido en la Plaza del Punto, la cual se situa en el centro que divide el Casco Historico con la expansion urbanistica que ha sufrido la ciudad. Situada entre la Calle Fuente Salada y el parque el Caminillo, adquiere la categoría de plaza y el nombre oficial a partir de la resolución tomada por los ediles municipales en febrero de 1990. Con anterioridad era ya conocida con este nombre, según el decir popular, "El Punto" de encuentro de varios caminos, pues en él convergen las avenidas: Pascual Cervera, del Mar y Balcón de la bahía. En ella recientemente se ha construido una fuente, en cuyo centro aparece un togado romano sobre un pedestal con distintos símbolos de la cuidad y rodeado por cuatro columnas simbolo de su pasado romano.
Junto a la plaza se ubican dos de los pulmones verdes que posee Medina Sidonia como son el Parque El Caminillo y el Caminillo Alto. Este parque urbano es la principal zona verde de Medina Sidonia, un pequeño bosque dentro del pueblo. Ocupa el espacio limitado por las avenidas Pascual Cervera y del Mar. Se accede a él por ambas avenidas y por la plaza del Punto. Dentro existen diferentes caminos, entre ellos uno paralelo a la avenida del Mar y un paseo central que estaba flanqueado por palmeras canarias de gran belleza. En el centro de este paseo hay una antigua farola, que antes estubo en la Alameda cuya base la forman tres leones.
Era un amplio espacio privado, dentro del cual se hallaba un "camino" que unía al casco antiguo de la población con el barrio de San Juan de Dios.
Como parque o jardín se comenzó a formar en 1842, participando estrechamente en este proyecto y en del Caminillo Chico (de 1852) la Sociedad de Amigos del País, existente en Medina Sidonia desde 1785, compuesta por personas principales del clero y la nobleza local.
El 28 de febrero de 1937, se pasará a llamar Parque del Generalísimo Franco, aunque el pueblo siempre continuó llamándolo como El Caminillo. El día 30 de Mayo 1979, por acuerdo plenario, recobra su nombre de siempre.
A lo largo del año 1991, se procedió a su total remodelación pasando a cobrar su aspecto actual. En la década de los noventa tuvo un quiosco-bar al inicio del paseo central, que lo hacía un lugar de encuentro para jóvenes y familias, sobre todo en las noches de verano.
El Caminillo Alto es un parque urbano creado sobre un desnivel del terreno e integrado restos de otras construcciones que han sido convenientemente rehabilitadas.
Recientemente, y precisamente gracias al excelente aprovechamiento del espacio, este parque ha sido distinguido con el "Premio Andaluz de Jardinería y Paisajismo Joaquín Romero Murube" por la Fundación Forja XXI.
Ofrece unas vistas inmejorables de la Bahía de Cádiz. Destaca la belleza de sus palmeras de troncos curvados. Siempre se había conocido este espacio como el "Huero Moreno", por formar parte del jardín de una finca perteneciente a esta familia.
Desde la plaza cogemos la calle Salada y a escasos metros de esta nos encontramos con uno de los rincones mas bellos de Medina Sidonia como es el Arco de la Pastora.
El Arco de la Pastora es una puerta árabe del más puro estilo musulmán, con un arco de herradura y una gran escalinata en su conjunto. Se trata de una de las puertas de acceso al recinto amurallado y el más representativo de los símbolos de Medina Sidonia. Su construcción data de la época califal, en torno al siglo X. Presenta dos arcos de herradura apuntados, uno de los cuales se apoya sobre columnas reaprovechadas que pertenecieron al templo de Hércules. El conjunto está elaborado con sillares de muy cuidada elaboración a partir de piedras de canteras que se hallaron en el término municipal. En el lateral podemos advertir una torre que tuvo por misión la guarda y defensa de esta entrada. La diferencia de niveles entre uno y otro lado del arco se salva con una rambla escalonada.
El nombre más antiguo es el de Puerta de la Salada, tomando de la cercana fuente del mismo nombre; y el de Arco de la Pastora, por el que actualmente se le conoce, se debe a una imagen que se encuentra en la hornacina que se conserva en uno de los lados internos del arco.
Junto a la puerta podemos contemplar un gran lienzo de la antigua muralla de la ciudad. Medina Sidonia cuenta con un recinto amurallado urbano que data de la Edad Media islámica, que en la actualidad coincide con el Barrio de Santa María, en la zona más elevada de la ciudad. De sus murallas, torres y puertas aún se conservan importantes vestigios. Junto con la Villa Vieja y el Castillo, unido a la altura en la que se encuentra, formaba un complejo defensivo casi inexpugnable.
Los tramos de murallas y puertas del complejo defensivo urbano visibles actualmente coinciden, con matizaciones, con el trazado del perímetro amurallado de época musulmana. Prácticamente desde su construcción, el cinturón defensivo va sufriendo continuas modificaciones. En unas ocasiones será por restauración de lienzos que sufren las consecuencias de diversos asedios, bien por las revueltas internas en el territorio islámico o por invasiones externas, como la de los normandos del siglo IX; en otras, se realizarán modificaciones de diseño al ritmo de los cambios, como por ejemplo la introducción de la puerta en recodo en torno al siglo XII.
En la Baja Edad Media, tras conquistar definitivamente Medina Sidonia el rey Alfonso X y producirse la expulsión de la ya seguramente escasa población musulmana, creemos que la muralla que envolvía al núcleo urbano entra en un proceso de deterioro y ruina, ya que los contados repobladores cristianos se asentarían en el Cerro del Castillo, manteniéndose con muchas dificultades entre los muros de la Villa Vieja, el recinto del Alcázar y el mismo Castillo, estando el resto del hábitat tradicional prácticamente deshabitado.
En el siglo XV, fundamentalmente, se produce un aumento de población, que irá ocupando el espacio intramuros hasta entonces deshabitado, siendo necesaria la reparación de la 'muralla urbana', aunque no siempre debió contarse con los medios económicos, el tiempo y los materiales necesarios para hacerlo con la solidez que tuvo en origen.
Así, desde que el rey Juan II entregó la villa asidonense en 1440 a Juan de Guzmán, conde de Niebla, éste y los que le sucedieron con el título de duques de Medina Sidonia mostraron una especial preocupación por la reparación y mantenimiento de las murallas, aplicando buena parte de los esfuerzos humanos y económicos a tal fin. Y lo harían en un principio por pura necesidad de supervivencia del vecindario, pues no hay que olvidar que ésta era tierra fronteriza con el reino nazarí de Granada, hasta donde llegaban las incursiones de acoso de los musulmanes.
Todavía a finales de este siglo, aún habiendo desaparecido ya el peligro que suponía el reino islámico nazarí, al ser tomada Granada por los Reyes Católicos en 1492, sigue manteniéndose la preocupación ducal por la conservación de las murallas, pero ya claramente con un sentido simbólico e ideológico, no estrictamente defensivo, pues las murallas otorgan a la ciudad un estatus de nobleza y preeminencia como núcleo urbano.
En el siglo XVI proseguirá este despunte poblacional y, habiendo quedando obsoletas las murallas, las nuevas edificaciones irán adosándose a ellas, tanto intra como extramuros, a la vez que los materiales de algunos tramos se desmontarán y reutilizarán en dichas construcciones, mientras otros mantienen su trazado pero pierden parte del grosor de sus muros; aunque, a mediados de este siglo, era todavía claramente perceptible tanto el trazado como los diferentes elementos que componían la muralla, puertas, torres y muros almenados.
En los siglos posteriores continuará el lento proceso de degradación de estas estructuras -involuntaria o premeditada-, hasta que sólo exista el interés público por conservar algunas puertas y varios metros de muro a ambos lados de las mismas, desdibujándose por completo el trazado. A pesar de lo dicho, el perímetro amurallado de la ciudad puede decirse que se conserva casi intacto en las traseras de las viviendas actuales, si bien ha perdido en todos los casos la altura, grosor y, naturalmente, la coronación almenada original; mientras que de otros tramos pueden rastrearse sus cimientos. Del gran número de torres que jalonaban su recorrido, tan sólo han llegado hasta nosotros muy desmochadas tres o cuatro de ellas, aunque pudieran localizarse vestigios de algunas otras.
El circuito amurallado medieval forma un rectángulo irregular, con una importante diferencia de cota entre la zona más baja, situada en la Fuente Salada y la más alta del Cerro del Castillo. En origen se abrieron cuatro puertas de acceso: la Puerta de la Salada, en el vértice noroccidental; la de Belén, en el extremo meridional, dando acceso a la zona neurálgica de la ciudad, si bien el paso que existe hoy no es más que un hueco abierto en la muralla en torno al siglo XVI o XVII, estando la verdadera puerta enmascarada en la vivienda situada a la derecha del lienzo extramuros, junto a una de las torres que la defendía; la del Sol, en el este, llamada así por ser la orientada hacia el levante, con una forma que arranca de la remodelación efectuada en el siglo XIX y restauración de finales del siglo XX; y la de Jerez, en el extremo norte, de la que sólo queda restos de una de las jambas. Además existieron, al menos, dos postiguillos o accesos secundarios, uno en la calle Postiguillo junto a la Puerta del Sol, y otro a medio camino entre la Puerta de la Salada y el Arco de Belén, llamado Puerta de la Carnicería. Únicamente anexos a las puertas mencionadas se han conservado visibles lienzos de la muralla de la ciudad, otros, o bien tienen viviendas adosadas por ambas caras y se confunden con los muros de los edificios, o bien han desparecido con el paso de los años.
La Muralla de la Fuente Salada forma parte del conjunto del lienzo de Medina Sidonia, con una longitud frontal de 63 m. y unos 7 m. de altura, recientemente restaurada. Su extremo oeste lo conforma la Torre Noroeste y el este, el Arco de la Pastora. La muralla de la Fuente Salada cuenta en su parte baja y central con un pilón o abrevadero adosado al muro, del que se desconoce la fecha de su construcción. Es la única fuente (con abrevaderos para el ganado) de Medina que está en el casco antiguo, concretamente en la calle del mismo nombre, sus aguas discurren encañadas a través de un largo túnel. Son muchas las fuentes documentales que nos hacen pensar que esta fuente abastecía a los primeros pobladores de la ciudad. Bajo la muralla se desarrollan galerías subterráneas de conducción de agua.
Cruzamos el arco y nos encontramos con la Plazuela de la Pastora que nos adentra en la Medina musulmana y esta situada detrás del Arco de la Pastora, y en ella confluyen las calles Muro, Correos y Resbala. Tiene este nombre a partir de 1810, cuando comienza a aparecer así en los padrones. Su nombre se debe a la imagen en la hornacina de la Puerta de la Salada (actual Arco de la Pastora). Dicha imagen fue colocada en este sitio a raíz de la creación de la Hermandad de la Divina Pastora, a mediados del siglo XVIII.
Desde la plazuela continuamos por la calle Correos y Maestro de Guevara que nos lleva a la calle San Agustin donde vamos a contemplar los restos del convento que da nombre a la calle, el Convento de San Agustin. En 1575 los religiosos Agustinos Calzados fundaron en Medina Sidonia el convento con el título de Nuestra Señora de la Paz, por tener este mismo nombre la ermita hospital que hasta entonces había ocupado ese lugar. En 1596 se dan por iniciados los trabajos, se labra la capilla mayor, prolongándose los del templo hasta 1653. Tras la desamortización de Mendizábal, en otoño de 1835, la iglesia y convento serán abandonados, quedando el convento convertido en casa de vecinos y la iglesia en ruinas; trasladándose la imagen de Nuestra Señora de la Paz al actual sagrario de la iglesia Santa María la Mayor la Coronada. Posteriormente con donativos particulares, la iglesia se abrió de nuevo al culto. Hoy en dia se encuentra en proceso de rehabilitacion debido al derrumbe que sufrio parte de la iglesia.
Continuamos por la calle San Agustin para la final de la misma llegar a la Plazuela de la Descalzas donde se encuentra el Monasterio de Jesus, Maria y Jose. Este fue fundado bajo la protección de Don Diego de Iparraguirre, marino y cargador de indias se funda el convento en el solar donde se encontraban las ruinas de la ermita de la consolación. La construcción de la iglesia y convento fue encargada al maestro Juan bautista de la Rica ejecutándose las obras entre 1688 hasta 1692. Un hecho singular es la llegada en 1801 de Simi Cohen Levi, joven judía que llega desde Gibraltar para tomar los hábitos de la orden. Hasta 1887, fecha de su muerte, sus acciones piadosas y su dedicación a los demás que la han envuelto en un halo de santidad. Es por ello que sigue siendo venerada en la iglesia en una hornacina. El convento ha mantenido su funcionalidad hasta la actualidad en la que sigue regentado por las hermanas Agustinas Recoletas que además, tienen un obrador de dulces artesanales y licor rompope para su venta al público.
El exterior del Convento de Jesús María y José se caracteriza por su sobriedad, formada por dos portadas que dan acceso a la iglesia y al convento y otra por la que se accede a la iglesia franqueada por cañones de la armada española. Las tres portadas son adinteladas rematadas por un frontón, la parte superior está formada por vanos que hacen de ventanas con escasa o inexistente decoración. Sobresale en el tejado una estructura de planta octogonal y ventanales rematados por un frontón, dicha estructura alberga la cúpula que podemos ver en el interior.
Por último el edificio cuenta con una torre campanario de planta cuadrada realizada en el siglo XVIII por Fernando Cebada que se remata con un tambor ortogonal decorado con azulejos.
La vida en el interior del convento gira en torno al claustro, de planta cuadrada y dos pisos. El primero de los cuerpos está formado por columnas toscanas de mármol mientras que el segundo, tiene simples vanos rectangulares.
La iglesia tiene una planta formada por un octógono cubierta por una cúpula visualmente entre la media naranja y la elipse. Los tramos rectos se hacen con bóveda de cañón con lunetos. La decoración de la bóveda realizada al fresco representa la vida de san Agustín, armonizando representaciones arquitectónicas con figuras.
El retablo mayor realizado en madera sobredorada fue confeccionado por Francisco de Bartolomé y Medina, dorándose por Juan Bautista Severino entre finales del XVII y principios del XVIII ocupa la hornacina central un conjunto de la Sagrada Familia. Por otro lado en las naves laterales aparecen diferentes retablos en madera policromada y de estilo barroco que rinden culto a diferentes deidades.
Por ultimo es necesario hacer referencia a la existencia de un cuadro que representa a la Sagrada Familia, obra del pintor asidonense Juan Simón Gutiérrez de la escuela de Murillo y la talla de la Virgen de la Galeona obra del siglo XVII que acompañaba al fundador del convento en sus viajes de ultramar.
Visitado el convento, desde la plazuela nos desviamos un momento de nuestro recorrido para dirigirnos por la calle Alarcon donde al final de la misma vamos a contemplar la Puerta del Sol. Se trata de una de las varias puertas que componian el recinto amurallado y se le conoce así por estar orientada hacia el este, por donde despunta el sol todas las mañanas. Tradicionalmente ha sido el mejor paso de entrada y salida desde las huertas del perímetro de Medina.
Inmediato a esta puerta se encontraba el palacio de los duques de Medina Sidonia, que se mantuvo en pie hasta los años treinta del siglo XX, y la también desparecida casa natal del almirante Pascual Cervera. Parece haber constancia de la restauración de los muros y puertas de la villa en algún momento. Existe también la posibilidad de que se haya mantenido, con algunas reformas a lo largo de siete siglos.
Volvemos de nuevo a la plazuela para desde esta continuar hasta llegar a la Plaza de la Iglesia Mayor donde vamos a contemplar y visitar la iglesia de Santa Maria la Mayor Coronada. Esta plaza es de forma rectangular y debe su nombre a la Iglesia que ocupa uno de sus laterales. En ella encontramos el Centro Artesanal (dependencias municipales que suele albergar exposiciones), una tienda de artesanía y un bar-restaurante y alojamiento rural, la Vista de Medina.
Tiene este nombre desde el siglo XVI, a lo largo del cual se está construyendo la iglesia de Santa Maria la Mayor Coronada. Tan sólo en el padrón de 1815 se la nombra como Plazuela de Santa María. Anteriormente se encontraba en el mismo solar de ésta, otra iglesia llamada de Santa María, que aprovechó a su vez el lugar de la mezquita mayor de la villa musulmana.
Y volviendo a la plaza, en ellas se celebraba mercado todos los jueves, desde que Alfonso X otorgó este privilegio a los moradores de Medina Sidonia, por su carta plomada de 1268.
La iglesia de Santa María La Mayor Coronada es de estilo gótico, fue construida entre la primera mitad del siglo XVI y el primer tercio del siglo XVII y está considerada bien de interés cultural. Su construcción debió iniciarse en 1518 a instancias de don Juan Alonso Pérez de Guzmán, VI duque de Medina Sidonia, acabándose en 1615 en tiempos de don Alonso Pérez de Guzmán el Bueno, el VII duque.
A excepción del claustro, que parece anterior por su estilo gótico mudéjar, el resto del templo se ubica sobre el solar de otra antigua iglesia, probablemente de estilo mudéjar, que a su vez se asentaría sobre el espacio dejado por la primitiva mezquita mayor de la ciudad musulmana, aunque de ninguna de ellas se han encontrado hallazgos.
El templo comienza a levantarse por los pies, como la catedral de Sevilla, referente para todas las iglesias tardogóticas que se construyen luego en la provincia de Cádiz. Tiene el título de Iglesia Mayor y Matriz por Real Cédula de Carlos III de 6 de marzo de 1788, siendo consagrada por fray Domingo de Silos Moreno, obispo de Cádiz, el 14 de octubre de 1827. Fue declarada Monumento Histórico-Artístico Nacional el 3 de junio de 1931.
Consta de tres naves con alzado y ensanche en la central, así como en el crucero y en la capilla mayor, que se cubre con una bóveda plateresca finamente labrada. Sin fuentes documentales muy precisas, se atribuyen a Francisco Rodríguez Cumplido sus trazas y primeras direcciones de obra, al que seguirían arquitectos y maestros mayores como Ginés Martín de Aranda y Bartolomé Sánchez, entre otros artistas, en general asociados a los círculos constructivos de Sevilla y Jerez de la Frontera.
La estructura gótica de la iglesia se manifiesta claramente al exterior a través de la espléndida crestería superior, que oculta los arbotantes. los contrafuertes, y la fachada de los pies, de mediados del siglo XVI.
La fachada frontal, correspondiendo a la organización interior de tres naves y aun siendo eminentemente plana, presenta un cuerpo central más alto (nave central) y dos cuerpos laterales y simétricos, más bajos. Es una fachada con predominio de elementos ciegos, rematada por una importante crestería de piedra calada. En la zona central se distingue: la portada principal, de estilo plateresco, de cantería, pequeña y muy elegante y en la parte superior un gran rosetón con elementos labrados de cantería. Las jambas de las ventanas se resuelven con recercados de pilarcillos o baquetones de cantería.
La portada lateral, de estilo herreriano, se compone de dos cuerpos con superposición de órdenes; siendo el inferior de columnas pareadas de tipo dórico, enmarcando el arco de la puerta y dejando entre ellas espacio para decoración de estatuas; y el superior de dos columnas de orden jónico sosteniendo un frontón triangular con imagen de mármol de su titular, Santa María Coronada.
La torre, con más de 40 metros de altura, se adosa a la fachada norte en el ángulo que forma esta con el claustro, y se compone de tres cuerpos, coronado el último de templete y cúpula. Se terminó en 1623 y su sobrio estilo escurialense se atribuye a Agustín de Argüello, Maestro Mayor de las fábricas de Medina Sidonia y Vejer de la Frontera, donde trabajaba hacia el año 1596.
Al interior de la iglesia se accede a traves de el Claustro construido a finales del siglo XV, de estilo gótico-mudéjar, es una de las piezas más importantes del edificio. Su datación ha sido posible gracias al escudo conservado en la portada exterior, perteneciente al Obispo Fernández de Solís. El Claustro es de planta cuadrada y presenta galería perimetral cubierta con bóveda de arista, soportada por arcos peraltados, trabados en potentes contrafuertes; todo ejecutado con fábrica de ladrillo, lo que acentúa su estética mudéjar. Destinado a la meditación y al recogimiento, pudo haber formado parte del patio de abluciones de la primitiva mezquita.
Interiormente de planta de salón con orientación litúrgica (este-oeste), de tres naves y cabecera poligonal saliente, de estilo gótico final con elementos mudéjares y renacentistas, cuenta con el clásico coro que se disponía en todas las iglesias importantes, este con basamento de piedra sobre el que se asienta una doble sillería de cedro y caoba, que tal como se conserva hoy, es obra de Juan de Gatica, inaugurada en 1732, sustituyendo a otra anterior que se conserva en la parroquia de Santiago. La capilla bautismal, de bella bóveda estrellada renacentista, conserva una pila de alabastro con inscripción del obispo Oliverio Carafa, que dirigió la diócesis entre 1501 y 1509.
Los retablos en esta época y sucesivas se utilizaban para una finalidad catequética, y viéndose en él los misterios principales de la vida de Jesús y de la Virgen María. Está presidido por la titular de la iglesia, Sta. María la Coronada. Es de estilo plateresco en su arquitectura y manierista en sus imágenes, se compone de 22 historias. Mide 15 m. de altura por 6.80 de ancho y consta de 168 imágenes, de ellas 80 de cuerpo entero, 29 más pequeñas y el resto de medio relieve, tiene 40 columnas que sostienen las diferentes historias. En 1.774 intentando limpiarlo el propio organista de la iglesia lo oscurece todo el dorado original.
Se tardan en construirlo 51 años ya que se empieza a construir en 1.533 y se termina en 1584. Sus autores fueron Andrés López del Castillo y Nicolás León que realizan la arquitectura plateresca, Roque Bolduque que aplica un estilo Gótico arcaizante en el calvario, Juan Bautista Vázquez y Melchor Turín que aplican el estilo manierista de Berruguete, y lo termina Miguel Vallés.
Se eleva sobre ocho gradas y rellanos. Esta es una pieza la más bien acabada que hay en su género en la provincia. Tiene la misma elevación que la Iglesia, rebajándole la altura de ocho gradas que hay para subir a presbiterio y pie de altar.
Se ven en él los misterios principales de la vida de Jesucristo y María Santísima, presidiendo la coronación de esta Señora como titular de la Iglesia. Contiene pues, para más perfecta e individual noticia la Concepción, un coloquio entre San Joaquín y Santa Ana en presencia de su familia, la Natividad de María Santísima, su presentación en el templo, otro pasaje de la vida de esta Señora siendo niña, con sus padre, la encarnación del Verbo Eterno, la Visitación de Nuestra Señora a Santa Isabel, el nacimiento del Redentor, la Circuncisión, la Adoración de los Santos Reyes, la Purificación de la Madre Virgen, Jesús en la Cruz con tropa de soldados a caballo, el Descendimiento, Jesucristo Nuestro Señor, difunto en los brazos de su Santísima Madre, el Santo Entierro, la Resurrección del Señor, la Aparición a la Magdalena, la Ascensión, la Venida del Espíritu Santo, Transito de Nuestra Señora y Coronación. Igualmente existen cinco tarjetas de madera embutidas en el mismo retablo que forman todo el ancho de la primera línea y que podemos contemplar: la Oración del Huerto, El Prendimiento, los Azotes, la Crucifixión y los Ministros a Caballo.
El Cristo del Perdón es una escultura de Pedro Roldán, padre de La Roldana, cuya cronología data del año 1667. Su formato es de bulto redondo y dimensiones de 143 x 95 x 136 cm. representa a Jesús arrodillado sobre una bola del mundo en actitud de imploración de perdón por el pecado de los hombres. Su único punto de apoyo es la rodilla izquierda, sostenida por la esfera terrestre. Se trata de una imagen de talla en madera policromada, tipo de cedro y policromada al óleo, recientemente restaurada.
El Altar de Nuestra Señora de la Antigua es de estilo rococó, fue tallado durante el último tercio del siglo XVIII por el maestro escultor Andrés Acosta. Se integran 15 pinturas, 5 esculturas, incluyendo la cruz arbórea del ático y una pieza de platería. Mide 2.60 x 1.50 metros. Sobre la mesa del altar se ubica un óleo sobre cobre de la Santa Faz. A ambos lados figuran la Virgen con el Niño, y San José con el Niño, respectivamente, sobre piedra de ágata mediante una técnica típicamente napolitana. A cada lado del banco se disponen otras dos ágatas con San Francisco de Asís y San Francisco de Paula, y por encima del Sagrario tres hornacinas con esculturas de siglo XVIII. La central contiene un Niño Jesús Pasionario de madera con brazos articulados y postizos. La de la izquierda el Arcángel San Rafael, y la de la derecha una figura en cera de San Pedro de Alcántara.Originalmente el lienzo, además de la figura de la Virgen, se completaba con el retrato de señor Espínola en el lado derecho. Las calles laterales están estructuradas por cuatro estípites de talla bastante plana con las figuras de La Adoración de los Pastores, La Adoración de los Reyes, y que según el profesor Valdivieso es atribuido al maestro murciano Pedro de Orrente, a mediados del siglo XVII y los apóstoles San Pedro y San Pablo, atribuidos a Rivera del mismo siglo. En la parte alta del retablo aparecen dos tablas del siglo XVI, en la que se observan dos santos Obispos-Papas: San León Magno y San Gregorio, atribuidos al maestro alemán Alberto Durero. Sobre estas pinturas precediendo el ático, se enmarcan dos escudos de armas simétricos de la familia Novela y Espínola, talladas en madera y pintados, quedando coronados por un águila imperial.
Al lado de la iglesia podemos contemplar la Torre de Doña Blanca. Se trata de una torre albarrana que pertenecia al recinto amurallado de Medina Sidonia de planta cuadrada, de estilo mudéjar y sencilla arquitectura, labrada en piedra tosca y desprovista de ornamentación. Según la tradición, en esta torre permaneció presa y fue ejecutada doña Blanca de Borbón, hija de Pedro de Borbón y esposa de Pedro I de Castilla, apodado el Cruel, que murió por mandato de su marido a manos del ballestero Juan Pérez de Rebolledo. Sea leyenda o historia, la visión de la torre transmite cierta inquietud.
Al lado de la torre y de la parte trasera de la iglesia podemos contemplar el Yacimiento Arqueologico de la Villa Vieja. Se trata de un recinto donde se puede observar la superposición de restos arqueológicos pertenecientes a diferentes momentos de la historia de la ciudad. Fue uno de los cuatro recintos fortificados con los que contó Medina Sidonia en la Edad Media, junto con el castillo, el alcázar y los muros de la villa y posterior ciudad. Rodeada por una muralla y torres, contó con una entrada en recodo, defendida por la conocida Torre de Doña Blanca. Aunque se han encontrado restos defensivos de época romana tardía, el origen de este recinto es musulmán, con reconstrucciones y reparaciones de la Baja Edad Media cristiana y Moderna. En su interior son aún visibles restos de viviendas del siglo XVI y el trazado de una calle empedrada.
Desde aqui cogemos un camino que nos lleva hasta la parte mas alta del pueblo donde se encuentra el Yacimiento Arqueologico del Castillo. Los estudios y actuaciones arqueológicos realizadas sobre el sitio señalan la existencia de tres fortificaciones superpuestas temporalmente: Restos del castellum militar romano, Restos del alcázar árabe y Restos del castillo medieval.
Del Conjunto Histórico-Arqueológico existen una buena cantidad de vestigios materiales que retrotraen la presencia humana en la cumbre del cerro de la actual Medina Sidonia al Bronce Final, compuesto de diversas tipologías de cerámicas a mano que , por lo general, presentan una factura muy cuidada, junto a la que, en menor medida, encontramos piezas líticas pulimentadas (hachas-azuelas y manos de mortero) y talladas (diente de hoz); aunque muy escasos, asociados a éstos se encuentran en ocasiones otros restos cerámicos a torno con engobe rojo y fragmentos de ánforas, que dejan patente, todavía de manera testimonial, la presencia fenicio-púnica, tal como recoge la historiografía tradicional. Se entiende que en estos momentos, como ocurrirá en todos los períodos de ocupación de esta altura, la presencia indígena responde a motivos estratégico-defensivos y de control del vasto territorio que desde aquí se domina.
A lo largo de los siglos posteriores nos encontramos con la utilización de la cumbre del Cerro del Castillo como espacio destinado, especialmente, a la defensa de la ciudad, además de control del territorio dada su estratégica situación y altura, habiendo contado a lo largo de la historia con varios recintos fortificados, como deja entrever las fuentes documentales y bibliográficas manejadas y, de manera incontestable, los datos arqueológicos.
Desde el mismo momento de la llegada de los romanos, o poco después, se cree que se inicia la construcción de lo que se ha venido en identificar como un castellum militar. De éste se ha sacado a la luz la mayor parte de su perímetro amurallado, que se conserva con un alzado que supera en ocasiones los 2 metros de altura. El lado mayor Este, de una longitud cercana a los 60 metros, presenta seis pequeñas torres-contrafuertes macizas distribuidas a tramos regulares; al Sur, dos torres huecas cuadrangulares de unos 10 metros de lado en sus extremos Sureste y Suroeste (el lado Oeste sólo se conoce aún de manera parcial). Como hipótesis de trabajo se plantea que el foso situado en la cara Norte, cuyos escarpes están tallados sobre el terreno geológico del cerro, de casi 10 metros de luz y mas de 8 metros de profundidad, hay que asociarlo a este edifico defensivo romano.
Este Castellum romano siguió en uso a lo largo del Alto Imperio, si bien hay que suponer que con una función más simbólica que real como construcción, militar, pasando a convertirse en reflejo del poder de Roma en el territorio. Se trata, a la luz de los datos que manejan los técnicos encargados del proyecto, hasta ahora del único referente de estas características en España.
Del alcázar árabe, del que se conservan varios tramos de murallas construidas con tapial, cuya fábrica se realizaba con una mezcla prensada de tierra, pequeños guijarros, trozos de cerámicas y algo de cal, que a juzgar por los materiales que se han sacado de su fosa de cimentación podría ser del siglo XI, de época almorávide. El perímetro de este nuevo castillo es sensiblemente mayor que el anterior.
Hacia mediados del siglo XV se va a iniciar la construcción de un nuevo castillo, por voluntad del Primer Duque de Medina Sidonia, en el deseo de mejorar la defensa de esta población y en el de convertirla con ésta y otras acciones en la cabecera de su señorío. La nueva fortaleza, de muros de sillarejos, mampuestos y alambor en su primer tramo, como novedad poliorcética tras la aparición de las armas de fuego, se adosará a los restos del castillo de tapial musulmán.
Entre finales del siglo XVI y bien avanzado el siglo XX el castillo y su entorno sirvieron de cantera para extraer piedras que se utilizaron en nuevas construcciones de la ciudad, como la iglesia Mayor de Santa María la Coronada y el Ayuntamiento, dejando a la fortaleza en las ruinas que han llegado hasta nosotros.
En el siglo XIX el castillo se convierte en cuartel general de las tropas francesas durante el asedio de Cádiz y San Fernando. En el periodo de ocupación francés, entre 1810 y 1812, se volvieron a levantar las murallas y se construyeron dependencias en su interior, como barracones para la tropa, cuadras, cocinas, etc.
La entrada a los tres castillos fue la misma a lo largo del tiempo. A día de hoy no se conserva una entrada en sí misma, sino el lugar y restos de construcciones que dan a entender que ese era el acceso principal a las distintas fortalezas.
Un ejemplo es el foso, de época romana, que en la siguiente foto se ve claramente a uno de los lados de lo que sería la entrada al castillo, con paredes inclinadas a cada lado que dificultasen la invasión, que de hecho no se solía dar por la dificultad, sino que en su lugar se sitiaban y se esperaba a que se quedasen sin recursos en el interior.
Además de la iglesia de Santiago del Castillo, de la que solo quedan ruinas, se construyeron entre los siglos XIV y XV otras defensas preparadas para el uso de artillería. En la siguiente foto podemos ver los restos del puesto de una pieza de artillería, con un hueco en el muro llamado tronera por el que asomar el cañón.
En la misma época el castillo fue adaptado tanto para usar la artillería de pólvora con fines ofensivos como también defensivos, aumentando el grosor de los muros para poder aguantar bien los embites de los ataques enemigos con el mismo sistema.
En las distintas investigaciones llevadas a cabo en el castillo no se han encontrado señales de pozos para obtener agua que llegaran al nivel freático, y sin agua mal asunto para sobrevivir en un castillo.
En los alrededores había algunas fuentes para la población civil pero en el interior el sistema de tener agua fue mediante cisternas romanas y aljibes medievales, construidos para almacenar el agua de la lluvia para poder tener cuando hiciese falta.
Una de las zonas mejor conservadas del castillo es la de época romana, de casi una hectárea, de la que se han conservado el foso, dos torres y el perímetro amurallado. Estas murallas conservan una anchura en torno a 1,3 metros.
También se encontraron durante unas excavaciones los restos de una catapulta tipo escorpio que servía para lanzar flechas de pequeño tamaño y que podía atacar a 500 metros perforando fácilmente las armaduras del enemigo.
Una vez visitado el castillo bajamos de nuevo hacia la plaza para desde esta dirigirnos por la calle Cilla donde vamos a contemplar el edificio de las Caballerizas del Duque y el Arco de Belen junto a un lienzo de la antigua muralla urbana de Medina Sidonia.
La calle Cilla es una cuesta empinada que une la plaza de la iglesia Mayor con el arco de Belen y en la cual podemos contemplar unos bellos jardines asi como una pequeña plazuela presidida por la estatua dedicada a Pascual Cervera Topete natural de Medina que ademas de ministro de guerra fue un destacado almirante y tuvo un protagonismo destacado en la guerra de Cuba en 1898.
Datado en el siglo XVI, las Caballerizas del Duque es un sencillo edificio de planta rectangular de muros de mampostería de piedra, con una fachada carente de decoración a excepción del arco de medio punto que sirve como entrada y cuatro pequeños ventanales, al interior destaca su cubierta de bóveda de medio cañón corrido, construida con ladrillos toscos macizos. Uno de sus lados menores se adosa al exterior de la muralla urbana, próximo a la trasera de la torre que defendía la Puerta del arco de Belén, que cuenta por este lado con un vano por el que se accede al interior hueco de esta torre.
A lo largo de la historia ha sido usada como cuartel de la guardia real, casa de comedias durante el siglo XVIII y reñidero de gallos. Fue comprando por Juan Ortega Olmo a su anterior propietario, la casa ducal de Medina Sidonia que lo tenía en propiedad en el siglo XIX. En 1938 es comprado por el ayuntamiento, que lo rehabilita en 1994 como salón de actos y exposiciones.
El arco de Belén fue construido entre el siglo X y XIII y es una de las tres antiguas puertas del recinto amurallado del municipio de Medina Sidonia,
La Puerta de Belén es de origen musulmán, y su nombre actual se debe a que en la parte superior interna del arco existe un altar con una imagen de María Santísima de Belén. En el siglo XVIII era conocida por Arco de los Gitanos. El arco tiene distintos tonos de marrón siendo el arco más pequeño pero el más bonito, ademas junto a este se conservan lienzos de muralla en ambos lados, aunque sin el almenado superior,
Una hipótesis es que esta no forma parte del contexto de la villa medieval sino que se construyó muy posteriormente. La verdadera puerta, que reúne las características de la islámica sería la que hoy se encuentra enmascarada en la vivienda existente a la derecha del arco, que fue inutilizada por no permitir un tránsito cómodo de vehículos, dado que por necesidades defensivas hacía un recodo en su camino hacia el otro lado de la muralla.
El Arco se halla abierto en el ángulo meridional de la cerca del antiguo recinto murado de la ciudad, del cual aún se conserva adosado por el lado izquierdo del frente exterior un fragmento de lienzo de sillería y mampuestos de arenisca enripiados de unos 30 metros de longitud, posiblemente labrado en época musulmana sobre fundamentos romanos y posteriormente reparados en repetidas ocasiones durante el periodo bajo medieval. El arco, que ha perdido el almenado primitivo, es de trazado escarzano volteado con roscas de ladrillos apeadas en sillerías areniscas enripiadas con restos de ladrillos macizos. Sobre la clave del frente interior, presenta una hornacina votiva de traza trebolada, tal vez perteneciente a la última etapa gótica del siglo XV, época en la cual, posiblemente, se procedió a su reconstrucción. Recayente a la Calle Arrieros, aún subsiste adosada al lado derecho del propio arco una torre defensiva albarrana originalmente de 12 metros de altura, rebajada en 1771 a 10 metros por iniciativa de los Religiosos de San José del Cuervo, a cuyo vecino hospicio podía causar daño la amenaza de hundimiento. De planta cuadrilonga, conserva aún esta torre en su interior una mazmorra o estancia baja, sin ventanas, cubierta con una bóveda aparejada con dovelas de sillerías y adobes. Sus muros, labrados con sillares de cantería alternados con verdugadas de ladrillos, coronados en sus ángulos por unas almenas piramidales, remitan su posible construcción a la época almohade. Junto al arco, se conservan una torre albarrana y un lienzo de muralla.
Desde el arco nos dirigimos por la empinada calle Tintoreros hasta que llegamos a la Plaza del Llanete donde vamos a visitar el edificio del Hotel Medina Sidonia. Antigua Casa Palacio del siglo XVIII perteneciente a una familia de la nobleza local, su construcción responde a la arquitectura asidonense, con una casa de campo aneja cuyas dependencias discurren en torno a un patio central porticado y una galería superior. La peculiaridad del edificio está en la inclusión de restos evidentes del antiguo recinto amurallado del siglo X.
Justo al lado de un lateral del hotel y al inicio de la calle Altamirano se encuentra el edificio que alberga el Museo Etnografico. Situado en un antiguo palacete, se trata de un museo costumbrista en el que podemos ver cómo y de que vivían los ciudadanos en Medina Sidonia hace unos 120 años. Se estructura en cuatro salas en las que se desarrollan tres temáticas: las actividades agropecuarias, vida cotidiana y los oficios artesanales. El objetivo principal es mostrar y difundir la forma de vida, costumbres y economía de los habitantes de Medina Sidonia y su entorno en los últimos siglos.
Muestra materiales procedentes de adquisiciones y donaciones, constituidos por diferentes piezas relacionadas con las actividades agrícolas y ganaderas como principales ejes de la economía tradicional de esta zona.
Actividades diarias como el uso de la fuerza animal para el trabajo de la tierra, la carga y transporte de mercancías, la medida y almacenamiento de sólidos y líquidos, los primeros pasos de industrialización de las actividades agrícolas, la cría de ganado, la explotación maderera y otras actividades como son las relacionadas con la transformación de la uva y la posterior elaboración de vino, que nos descubre una actividad vitivinícola que existió en esta ciudad, pendiente de una investigación más exhaustiva, son la principales generadoras de este conjunto de piezas, así como de unos usos y costumbres muy particulares que conformaban la vida de los antepasados.
Igualmente el actual fondo contiene una colección importante de muebles y enseres relacionados con el ámbito doméstico, al que constantemente se están incorporando nuevas donaciones procedentes de vecinos que permitirán abarcar el estudio de nuevos aspectos de esta cultura tradicional.
Visitado el museo, desde el llanete descendemos hacia la Plaza de la Cruz donde se ubica el edificio de la iglesia de la Victoria. Se levantó a finales del siglo XVII y estuvo habitada por dos congregaciones religiosas distintas: los hospitalarios y los victorios, siendo de estos últimos de quienes toma el nombre la iglesia. Los victorios llegan a Medina Sidonia en 1579, ubicándose en un principio en la antigua ermita de San Sebastián, actual iglesia de San Juan de Dios; de ahí su vinculación con ella. La iglesia resulta incendiada en 1873, abriéndose de nuevo al culto en 1875. Ya en el siglo XIX se convierte en escuela y viviendas para maestros. Destaca el exterior por la sobriedad típica asidonense en sus obras conventuales. Formada por una puerta principal adintelada con moldura como única decoración, encontramos en la parte superior vanos a modo de ventanales adintelados decorados por un frontón simple. La torre campanario de planta cuadrada dividida en cuatro cuerpos; el primero liso, el segundo con un azulejo de la Virgen de la Paz, el tercero formado por dos vanos es el campanario y el último cuerpo está formado por una estructura octogonal que hace de remate.
La planta se compone de tres naves, con cúpula central sobre pechinas frente al altar mayor y nave central cubierta por bóveda de cañón y arcos fajones sustentados por gruesos pilares, teniendo el primer piso dividido por tribunas y el coro. Es importante destacar las imágenes del retablo principal, con la Virgen de la Victoria, San José obra de Juan Martínez Montañés, San Antonio y San Fernando.
En los demás altares se pueden ver imágenes que procesionan en la Semana Santa Asidonense, como María Santísima del Mayor Dolor (Reina de Medina, denominada por muchos asidonenses), preciosa talla atribuida a Diego Roldán. Es una talla de candelero, de vestir, con expresión de dolor, con su mirada hacia el cielo. Procesiona el Domingo de Ramos por su barrio de Santa María, una cita en la que todos acuden a verla. Otras tallas son Ntro. Padre Jesús de la Columna (autoría anónima del siglo XVI), Stmo. Cristo de la Sangre, imagen atribuida al famoso imaginero Alonso Cano y San Juan Evangelista. Al igual que las demás iglesias de esta ciudad, esta sufrió la desamortización de aquella época, perdiendo así parte de su riqueza.
Continuamos por la calle San Juan, una de las arterias principales de Medina que nos lleva hasta la Plaza de España. En nuestro caminar por ella podemos contemplar el Monasterio de San Cristobal y Santa Rita y el Mercado de Abastos.
El convento de San Cristóbal y Santa Rita, de Medina-Sidonia recibe su nombre de la Orden de San Agustín, beatas que llegaron a esta localidad a principios del Siglo XVI y que se instalan en un primer momento en el edificio que se conoce como Cristo de la Sangre. Sin embargo en 1646 se ven obligadas a trasladarse, tal vez por la aparición de grietas y deslizamientos del terreno, al lugar que ocupan hoy en el centro de la ciudad.
Este conjunto comienza a levantarse a principios del Siglo XVII acabándose en el año 1651, y cuenta con una iglesia de pequeñas dimensiones, un amplio coro, varios patios -siendo el principal cuadrado de claustro cerrado-, un huerto, un obrador -donde se elaboran los dulces caracteristicos de esta zona-, y otras distintas dependencias domésticas de las religiosas.
El interior del convento gira en torno al claustro central cuadrado y cerrado. Dado el carácter reservado de la orden que regenta el convento, es difícil conocer con exactitud el valor patrimonial de las dependencias.
El exterior destaca por su austeridad y el contraste entre los parámetros lisos y blancos. El vano de entrada está formado por un arco de medio punto y en el tímpano un azulejo con la imagen de la Virgen María. Sobre la puerta se abren dos ventanas una de las cuales esta rematada por un frontón. En la parte lateral se levanta una torre campanario con dos arcos de medio punto adosados.
El interior de pequeñas dimensiones está formado por una planta de cruz latina en una sola nave, con cabecera cubierta con cúpula de media naranja sobre pechinas en el crucero y bóveda de cañón en la sala flanqueadas por lunetos. La cornisa corrida sirve de arranque para las bóvedas adornándose el crucero con un nuevo saliente. Destaca el contraste de espacio entre el coro, reservado para las hermanas y las dimensiones del resto de la iglesia.
De entre el patrimonio escultórico son reseñables el altar mayor, obra del siglo XVIII en cuyo hornacina central se encuentra la virgen de los remedios con el niño Jesús, la capilla de Santa Rita, imagen procedente del desaparecido convento de la Candelaria de Cádiz y en el coro un cristo de formas tardogóticas del siglo XVI.
En la Baja Edad Media el mercado de la villa de Medina se realizaba todos los jueves en la plaza de la iglesia Mayor, por concesión del rey Alfonso X, y hasta bien entrado el siglo XIX, la Plaza de la Muela, hoy Plaza de España y conocida como la Alameda, ha sido escenario del trato de ganado, corridas de toros y paso hacia el matadero y carnicería que se encontraba en un lateral de esta plaza. Hasta que en 1866 se urbaniza y enlosa, planteando el cabildo municipal la necesidad de contar con un mercado estable, para lo que solicita y obtiene del obispado de Cádiz la zona de huerta del convento de San Cristóbal, para construir ahí el mercado de abastos.
Las obras comenzaron en 1867, finalizando en 1871. Su frente principal consta de tres entradas, la central abre a un patio rodeado por pilares y arcos rebajados en piedra blanca local y en torno al cual discurre un pasillo perimetral donde se encuentran los puestos. Su estilo mudejar-plateresco que recuerda a una plaza mayor está relacionado con Juan de la Vega, el mismo arquitecto que remodeló poco antes la Alameda.
En tiempos recientes ha sido reformado para dotar al edificio de una segunda planta, manteniéndose el uso como mercado de la parte inferior, donde se pueden adquirir productos de artesanía, pescadería, carnicería y frutería, ubicándose igualmente una de las oficinas de Turismo de la ciudad.
La primera referencia histórica de la Plaza de España data del siglo XVI, aunque podemos aventurar que durante el Imperio Romano el foro de Medina podría situarse en el lugar que actualmente ocupa la Alameda.
Tras la llegada del Islam, el cuerpo de la ciudad se situó en el interior de las murallas y se abandonó la ciudad romana de extramuros.
En el siglo XVIII se conoce como plaza de la Muela, construyéndose las Casas Capitulares, procediéndose a su cerramiento total, y a la que sólo se accedía a través del arco del Ayuntamiento y otro arco similar que unía la plaza con una calle que correspondería a la actual calle San Juan.
Entre 1837 y 1868, la Alameda sufre importantes remodelaciones para adecuarla a su nueva función de zona de recreo. Entre el siglo XIX y XX tomará diversos nombres.
Además de acoger multitud de eventos culturales, esta plaza es famosa por su ambiente y es parada obligada para degustar la rica gastronomía de Medina Sidonia. Es la plaza principal de la población, bastante original ya que no es como la mayoría de las plazas, es rectangular con casas en los dos lados mayores y árboles a ambos lados.
Presidiendo la plaza nos encontramos con el edificio del ayuntamiento de Medina Sidonia. Construido en el siglo XVII de estilo manierista, obra de Andrés Cárdenas, en donde se encuentra el archivo histórico Municipal. La planta baja es de estilo barroco, con portada de arcos apoyados sobre columnas en su parte baja.
El segundo piso, de estilo neoclásico, presenta en su fachada un balcón que lo recorre de extremo a extremo y ventanas coronadas por frontones triangulares, separadas por pilastras.
El último piso es obra del siglo XIX. El edificio se encuentra coronado con el escudo en piedra de la ciudad y el reloj de campana.
El edificio se encuentra coronado con el escudo en piedra de la ciudad y el reloj de campana. Se ha rehabilitado un edificio anexo como nuevo ayuntamiento donde se encuentra el Archivo Municipal, quedando el edificio del siglo XVIII para plenos y actos solemnes.
Desde la plaza descendemos por la calle Varos y La Loba hasta que llegamos a la Plaza de Santiago donde vamos a visitar la iglesia de Santiago el Mayor. Primitiva ermita en el arrabal. Edificado a extramuros de la cuidad, sus orígenes datan del 1384. Su tipología responde al mudéjar andaluz, mezclado al primer gótico. Se trata de una iglesia columnaria cuya tipología estructural responde al estilo mudéjar, con tres naves que aparecen techadas por cubiertas de vigas de madera: la central más ancha y alta de aljarfe con pendiente a dos aguas, y con pendiente a un agua y de colgadizo cada una de las dos laterales. Presenta planta basilical rectangular cuyas naves se encuentran separadas por columnas de fustes romanos reaprovechados, que se apoyan en altos pedestales y se rematan por capiteles ochavados tardogóticos. El aspecto del exterior es fundamentalmente barroco dieciochesco, con muretes mixtilíneos, vanos ovalados o rectangulares con frontones triangulares y remates cerámicos de procedencia sevillana. Su retablo mayor es de gran vistosidad. De forma rectangular, se estructura a través de cinco calles verticales y tres pisos horizontales que forman cuadros perfectamente organizados mediante columnas y entablamentos que dividen el espacio en tramos iguales. Cuenta con una serie de pinturas de temática religiosa en todas las calles menos en la central, ocupada por imágenes y relieves. La torre de la iglesia, situada tras el testero junto a la cabecera, es el primitivo alminar de la mezquita existente en este lugar, luego reformada.
El retablo Mayor lo forman quince oleos que denotan ser obras de mediados del siglo XVII. El ensamblaje es madera estofada y pintada imitando el nogal y cedro con un tenue jaspeado, pero bárbaramente retocado. Los mejores lienzos son los cuatro Apóstoles, de un solo plano y manierismo escurialense.
La imagen de la Inmaculada perteneció al extinguido convento de Franciscanos Descalzos, de donde pasaría aquí tras la desamortización. La arquitectura del altar y la imagen a la que acompañan cinco pequeños oleos tenebristas con motivos de la letanías de la Virgen, llevan la impronta del taller de Felipe de Rivas, colaborador de Alonso Cano, su maestro. El frontal de jaspe rosa e incisiones clásicas de este altar probablemente sea la parte del sarcófago de Clodia Lucera que estaba incrustado en la pared de la sacristía de San Francisco.
Otros altares en la nave de la Epístola son los de la Capilla de San José, que era la entrada a la antigua sacristía, y el de la Virgen de la Paz (en su inscripción se lee que es de 1656) con el motivo de la entrega de la casulla a San Idelfonso por la Virgen.
Cristo de la Buena Muerte (Vera Cruz). Es imagen procesional y talla antigua, muy retocada. Su patetismo puede ser del arcaísmo gótico imperante aún bien entrada el siglo XVI.
El altar del Carmen es de 1714-1718. La bóveda de la capilla esta pintada. Es imagen procesional de gran fervor y devoción por el pueblo.
Altares de la nave del Evangelio:
Santa Lucia, la imagen es de talla excelente. La talla es en realidad Santa Catalina de Alejandría, patrona de los filósofos. Esta imagen es un enigma en cuanto a su atribución, época y procedencia.
Altar de San Antonio. Es solo imagen vestible de tamaño normal, procedente de convento de San Francisco.
Altar de Animas. En el altar se contempla las ánimas, altar acabado y bendecido en 1744.
El sagrario y capilla del Nazareno conserva aún la nervatura de su anterior crucería mudéjar; se labra como capilla y altar para el Nazareno hacia 1630, próximo a la constitución de la Hermandad, pero respetando la estructura original de la misma como ábside colateral. En 1780 fue elegida capilla para el Santísimo. El Nazareno obra documentada hacia 1615, es una talla entera, anatómicamente completísima, vestible y procesional. Su estilo es de la escuela sevillana y tiene la serenidad y gravedad expresiva de manierismo de principios del siglo XVII. Le acompañan en el altar María Santísima de los Dolores y el Evangelista San Juan, ambas vestibles del siglo XVII.
El baptisterio actual se estrenó en 1720, quedando enterrada la pila anterior, de piedra, puesta en 1699, fecha en que se empezó a bautizar en Santiago.
El coro es de la misma época que la Sacristía. La sillería es de cedro con dibujos geométricos, todos diferentes y tallados no superpuestos; el escudo del sillón principal es el de San Agustín.
La Sacristía es un cuadrado con columna central dórico-Toscana de la que arrancan cuatro grandes arcos rebajados dando lugar a bóvedas vaídas de lunetos. Respecto a su época, final del siglo XVII o principios del XVIII. La cajonería es de caoba y cedro, muy buena; según inscripción que existe en sus espejos se hizo siendo vicario Francisco José Medina y Salvatierra, en 1761.
Dentro de la iglesia hay que detenerse aún en el púlpito; su factura es de hierro forjado del siglo XVII es admirable como trabajo y como arte.
Una vez visitada la iglesia continuamos nuestro caminar desde la plazuela por la calle Ortega donde vamos a visitar el Conjunto Arqueologico Romano de Medina. En el Conjunto Arqueológico encontramos construcciones hidráulicas del siglo I d.C. con un total de 20 metros de galerías subterráneas cuya función era de sistema de alcantarillado en la época romana que nos indica el grado de urbanización de la ciudad Assido-Caesarina. Fueron descubiertas en el año 1969. Se vaciaron entonces sin ninguna metodología arqueológica para ser luego abandonadas. No será hasta 1991 cuando, por iniciativa municipal y de la Consejería de Cultura, se canaliza su investigación y puesta en valor. Se pueden apreciar restos de una vivienda, una calle pavimentada y lo que serían los sótanos de una gran edificación. De especial importancia son los tramos de cloacas existentes. Además de estas, pueden encontrarse partes de hornos alfareros de época musulmana.
La gran cantidad de hallazgos arqueológicos que se han venido produciendo a lo largo de los siglos en Medina Sidonia, así como las excavaciones sistemáticas realizadas en los últimos años, nos descubre que la ciudad romana que se levantó en este cerro hace más de dos mil años, y a la que se llamó Asido Caesarina, alcanzó un esplendor urbanístico extraordinario, acorde con sus estatus jurídicos como Colonia de Derecho Romano.
Las cloacas máximas se encuentran en la periférica de la ciudad, donde desemboca todo el entramado de cloacas más pequeñas que se extendían por la cuidad. Los muros están hechos de sillares de piedra arenisca y las bóvedas son de medio cañón corrido.
El suelo es el original y está impermeabilizado por una capa formada por una mezcla de cerámica triturada de cal. Se aprecia a ambos lados unos acordonamientos que impedirían la filtración de las aguas sucias a través de los muros. En las bóvedas encontramos unos registros circulares que conectaban directamente con las casas.
Además de este conjunto arqueológico se encuentra aquí el Museo Arqueológico que hace un recorrido por la historia de Medina Sidonia, desde los fenicios hasta las tropas francesas.
Una vez visitado el yacimiento arqueologico nos dirigimos hacia la cercana calle Sacramento donde vamos a contemplar uno de los impresionantes legados que dejo la civilizacion romana en Medina Sidonia como es la Calzada Romana. La gran cantidad de hallazgos arqueológicos que se han venido produciendo a lo largo de los siglos en Medina Sidonia, nos descubren que la ciudad romana que se levantó en este cerro hace más de dos mil años, llamada ASIDO CAESARINA, alcanzó un esplendor urbanístico extraordinario, acorde con su estatus jurídico como Colonia de Derecho Romano.
La verdadera dimensión del urbanismo asidonense en la antigüedad está presente en las obras públicas hasta ahora localizadas, de las que es ejemplo singular este tramo de vía romana descubierta en 1997 y que discurre en parte a cuatro metros por debajo de la calle Álamo.
Construida con grandes losas de piedra, se compone de dos aceras y una calzada que tiene cinco metros de ancho, capaz de permitir el paso de dos vehículos a la vez. A lo largo de la línea central de la calle, por debajo del enlosado, se halla una cloaca de casi un metro de altura, que canalizaba las aguas de lluvias y las residuales de edificios y fuentes de la ciudad.
Se han encontrado también un par de tableros de juego grabados sobre las losas de una de las aceras, a los que eran muy aficionados tanto niños como adultos romanos.
Con la visita a la calzada romana terminamos nuestro recorrido por el casco historico de Medina Sidonia, pero aqui no termina la oferta monumental que ofrece esta preciosa ciudad gaditana, ya que fuera de su recinto amurallado podemos visitar la iglesia de San Juan de Dios, la Ermita de los Santos Martires, los restos de la Ermita del Cristo de la Sangre y de Santa Ana y dentro de su termino municipal podemos contemplar sus numerosas Fuentes, los Puentes Romanos, los restos del Castillo de Torrestrella y el Area Recreativa de la Canaleja.
La Iglesia de San Juan de Dios se asienta sobre el terreno de una antigua ermita dedicada a San Sebastián, donde estaba el cementerio de apestados, extramuros de Medina Sidonia. Antiguo convento de la Orden de los Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios, fue fundado por San Juan Grande en 1579, con el nombre de Casa-Hospital de Jesús. En 1650 los hospitalarios establecen un hospital dedicado al santo nombre de Jesús y en torno a él surge el barrio de San Juan de Dios, popularmente conocido como "El Barrio".
A fines del siglo XVII, el Presbítero y Canónigo de la Catedral de Cádiz, natural de Medina Sidonia, D. Cristóbal Patricio de la Gasca, costea la remodelación del convento y dotándolo de más enfermerías y dormitorios.
En 1835 se produce su exclaustración, con motivo del proceso de Desamortización, vendiéndose el hospital y el convento. En 1875 pasó a ser casa de vecinos, y en 1878 el conjunto se convierte en Asilo de Ancianos, atendido por las Hermanitas de los Pobres, que por dificultades económicas lo tuvieron que abandonar en 1926.
En 1928 se traslada al antiguo Hospital el Cuartel de la Guardia Civil. Hacia el año 1963 San Juan de Dios se transforma en Colegio Libre de Enseñanza Media Adoptado. En 1980 se creó el Instituto de Formación Profesional San Juan de Dios en el terreno en el que estaba el Hospital, manteniéndose la Iglesia dependiente de la Iglesia de Santiago, hasta que pasa a ser parroquia.
La Iglesia, tal y como la contemplamos hoy, fue lo último en construirse. Se trata de un conjunto dedicado a la vida conventual, con claustro y dependencias que acogían a los enfermos y la Iglesia, de proporción armónica y muy bella en su conjunto. Es de planta de salón, de una sola nave que ensancha en un antecrucero de planta execrada y con crucero que no sobresale del plano. Bóveda de cañón con lunetos y hermosa cúpula rebajada sobre pechinas que ocupa prácticamente la mitad de la Iglesia, descansando el resto sobre cuatro contrafuertes adosados a manera de altas columna. En el crucero existen cuatro capillas y en los muros laterales dos hornacinas.
El Altar Mayor se levanta sobre el rellano y presenta retablo barroco de madera dorada con tres calles y ático. Representa el prototipo de altar propio, en su iconografía, de la Orden Hospitalaria, siendo su autor Villegas. En la calle central, en camarín amplio y proporcionado, la imagen de Ntra. Sra. de la Salud, del siglo XVI y de autor anónimo. Traída por los religiosos y entronizada en este lugar, fue venerada como remedio de enfermedades. Es de candelero con niño en brazos del siglo XVIII y de tamaño académico. Luce corona y cetro de plata del siglo XVIII. En las calles laterales, entre hermosas columnas, los arcángeles San Rafael y San Miguel, barrocos y de fina policromía. Sobre ellos San José y San Antonio de la misma época y en el ático, el tránsito de San Juan de Dios. En el centro del retablo se abre un manifestador con la imagen del Niño Jesús en plomo, titular del primitivo Convento. En la pared derecha del Altar Mayor se aprecia un cuadro del siglo XVIII que representa a San Juan Nepomuceno. Junto a la mesa de Altar, crucifijo de finales del siglo XVI, atribuido a Miguel Adán. En hornacina a la izquierda del Altar Mayor, la primitiva imagen de San Sebastián, del siglo XVI, cuya cofradía existía en 1581 y cuya talla tiene el manierismo del de Berruguete. En hornacina a la derecha del Altar Mayor imagen de San Nicolás de Bari contemporánea.
Las capillas
Capilla del Santísimo, situada en la primera capilla del crucero a la derecha del Altar Mayor. Presenta retablo y sagrario todo en mármol y jaspe con pilastras dóricas, de principios del siglo XVII. En la hornacina central se venera la imagen de Santa Rosalía, de talla, del siglo XVIII, abogada de los enfermos. En esta capilla esta reservado para la adoración de los fieles el Santísimo Sacramento.
Capilla de la Dolorosa: en la primera capilla del crucero a la izquierda del Altar Mayor. Presenta un retablo de fines del siglo XVIII de cedro y caoba, en su color. Presenta tres calles y ático. Las imágenes que lo integran son San José, San Francisco de Paula y la Inmaculada. En el camarín central, imagen de Ntra. Sra. de los Dolores, de candelero, del siglo XVIII, de tamaño natural y que actualmente es cotitular de la Hermandad de la Reconciliación. La Capilla de Stmo. Cristo de la Reconciliación se encuentra en la segunda capilla del crucero a la derecha del Altar Mayor. Es lo que queda de la primitiva ermita, del siglo XVI, dedicada a San Sebastián, y que fue integrada en el conjunto de la Iglesia cuando se construye en 1689.
Es de proporciones reducidas y se corona con una pequeña cúpula sobre pechinas donde se insertan los escudos de San Sebastián. Se venera en esta capilla la imagen del Santísimo Cristo de la Reconciliación, titular de la Hermandad del mismo nombre. Es un crucificado del imaginero Juan Bautista Vázquez “el viejo”, de principios del siglo XVI, armonioso y muy bellos en su anatomía. Procesiona el Miércoles Santo.
Dos grandes lienzos con motivos de la vida de San Juan de Dios (su nacimiento y su vida como pastor) a ambos lados del coro; son de exquisito colorido y nada podemos decir de su autor ni escuela, aunque de factura del siglo XVII.
Sobre la imagen de San Nicolás de Bari, óleo de la Inmaculada, inspirado en Murillo, dedicado a las Hermanitas de los pobres por M. Rocafull, año de 1878. Digno de mención es también un pequeño icono de Ntra. Sra. de Montenegro, de factura bizantino italiana, del siglo XVII, y que representa coronas de plata del siglo XVIII superpuestas.
La Sacristía es rectangular con bóveda de cañón con lunetos. Presenta una cajonera de pino con tapa de caoba. Sobre ella, en una hornacina, imagen tallada, policromada y estofada de Ntra. Sra. de la Salud. Es de factura cercana al taller de Villegas y es digna de Alonso Cano.
La ermita de los Santos Mártires situada a los pies de una ladera es especialmente interesante; es la iglesia más antigua de Andalucía, data del año 403 y, sin embargo, no se construyó en un principio para un fin eclesiástico. Sus cimientos corresponden a una casa romana que constaba de varias habitaciones una de las cuales comunicaba a una torre y donada por el patricio Lepero para congratularse con Dios.
La ermita fue reedificada y bendecida por el obispo de Assido Pimenio, el 16 de diciembre del 630, como constata una lápida que sirve de umbral a la actual puerta de la sacristía.
Con la llegada de los árabes, la iglesia Asidonense se retiró con sus vasos sagrados a esta ermita para celebrar los oficios divinos. Con la llegada de los reyes de Castilla se amplió, formándose tres naves y pasando a ser el antiguo altar a la actual sacristía. A día de hoy, todavía las columnas relatan esta historia donde se puede encontrar tallado "Lepero re vonit sed sacrv" (Lepero la renovó y se la ofreció a Dios). Parte de la magia de esta iglesia reside en sus numerosas incursiones culturales en las que podemos observar la mano romana, visigoda y musulmana, tanto en sus columnas como en sus artesonados. Además, en sus muros, el olor de los años no ha sido retocado, aunque restaurada en varias ocasiones, todavía podemos atisbar en este templo numerosas partes que datan del Siglo V. Su 'fidelidad' a la antigüedad sorprenderá al espectador y, al igual que Medina-Sidonia, lo evocará a un pasado donde los muros hablan y el crisol cultural inunda todos los sentidos.
Ya en el interior, la iglesia presenta tres naves separadas por columnas de diferentes épocas y estilos sobre las que descansan arcos de ladrillo peraltados, y se cubre con un interesante artesonado de madera con tirantes.
El torreón cuenta con dos cuerpos adosados en ángulo: el primero realizado con sillares y técnica romana, y el segundo, más alto, ejecutado con sillarejo y rematado por un almenado árabe.
La variedad de las columnas y capiteles correspondería a un peristilo romano y las propiamente visigodas y el artesonado, de carácter mudéjar, a otras épocas posteriores.
En el altar mayor se venera a la Virgen de Loreto, imagen traída desde Italia por el ermitaño Juan de Viera en 1666. En otros altares se veneran imágenes como San Isidro Labrador, Santa Ana, San Antonio Abad y una Piedad, entre otras.
La Ermita del Cristo de la Sangre, conocida en un primer momento como ermita y convento de San Cristóbal, se encuentra situada en el cerro del mismo nombre a las afueras de la localidad fue construida en el siglo XV y su entorno, en su tiempo albergaron el antiguo convento de las monjas Agustinas Descalzas. El convento de San Cristóbal llegó a tener 80 monjas en el siglo XVI además del personal del servicio; actualmente solo se conserva lo que es la ermita propiamente dicha con los restos de las distintas intervenciones de que ha sido objeto a lo largo de los tiempos, unas ruinas en el lado norte (junto a la muralla) con alguna característica similar a la ermita, y unas edificaciones más bien contemporáneas en el lado suroeste.
A pesar de su estado ruinoso aún pueden reconocerse elementos arquitectónicos mudéjares, que delatan la antigüedad del edificio. Desamortizada en los años 30 del siglo XIX, la ermita pasó a ser propiedad privada, sirviendo como vivienda y almacén hasta que fue abandonada en la segunda mitad del siglo XX.
La Ermita de Santa Ana es lo que se conoce como una ermita extramuros, situada a las afueras de la ciudad, en un entorno conocido como Hoyo de Santa Ana, que se caracteriza por ser rico en huertas, frutales y agua, próxima a la fuente de los Naranjos. La ermita fue utilizada como lugar de culto por las personas que vivían en las huertas de la zona, no teniendo así que desplazarse al pueblo para oír misa.
Está situada al pie del Cerro del Castillo y orientada en dirección sureste. Localizada a extramuros de Medina Sidonia, precedida por un atrio ajardinado en la entrada. Su estructura es de una sola nave con dos capillas laterales y techada con un alfarje, fue construida a principios del siglo XVI.
No hay datos concretos del motivo que llevó a su edificación, pero algunas fuentes la vinculan a la casa Ducal de Medina Sidonia. Fue un lugar de culto, peregrinaje y verbenas; un punto de referencia para la población de Medina Sidonia.
En los alrededores de la ciudad existen numerosas fuentes naturales, cuyas aguas poseen propiedades medicinales: Fuente Grande se encuentra al pie del "Cerro de las Madres", emplazamiento en el que se tienen vestigios que sugieren un asentamiento humano ya en la Prehistoria y que, previsiblemente, ya se abastecerían del agua de este manantial. Antiguas fuentes que abastecieron a Medina Sidonia desde tiempos remotos y que esconden historias maravillosas de aguadores y lavanderas.
Fuente del Comendador popularmente es conocida como "Fuente Chica", la Fuente del Comendador debe su nombre a su descubridor, D. Cristóbal de Soria, comendador de la Orden de Calatrava, que se afincó en esta ciudad.
De los Naranjos es una cueva socavada al pie de un gran peñasco, cubierta de árboles. Sus aguas son de buena calidad. En esta zona podemos disfrutar de la vegetación típica de esta zona: acebuches, álamos negros, pitas, chumberas, zarzas, cañas, arbustos y todo tipo de frutales de las huertas de la zona. También podremos disfrutar de una magnífica vista panorámica, que alcanza hasta el Castillo de Torrestrella y zonas de pasto de las reses de la ganadería que lleva este mismo nombre.
Del Azocarrem con nomenclatura de origen árabe, en el siglo XIX también fue objeto de remodelación, al igual que la Fuente Grande, motivada por la Feria de Ganado. Se añadieron abrevaderos y lavaderos para el uso de animales y feriantes, si bien cabe destacar la permanencia de un lavadero origen árabe usado prácticamente hasta la actualidad.
De la Canaleja está situada en una zona recreativa a la que se accede por la carretera CA-203 y por un sendero que discurre por detrás del cerro de los Molinos. Conecta con la cañada de Algeciras y su obra data de 1558, si bien su uso es probablemente más antiguo..
Dulce está situada al final de un camino que parte de la carretera CA-203. Sus aguas son de buena calidad, cuyo uso principalmente es rural y ganadero.
Los Puentes Romanos de Medina Sidonia forman parte de la antigua calzada que comunicaba Baesipo con Hispalis y son conocidos popularmente por el número de sus vanos: el de uno y el de tres ojos.
El primero de ellos salva el arroyo de la Canaleta y el segundo el arroyo de Yeso. Estos puentes presentan una estructura con arcos y están construidos por hormigón romano, y se trata de una obra hecha de mortero y piedra que se combina con paladas de mortero y guijarros. Estos puentes se sitúan en el corredor Verde Dos Bahías, en la vía pecuaria de la Cañada Real de Algeciras que une doce vías y atraviesan gran parte de la Provincia de Cádiz.
El castillo de Torrestrella es una fortificación del siglo XIII que se encuentra dentro de la finca de Torrestrella, finca ajena a los Alburejos y propiedad de María Luisa Picardo y Carranza, condesa de Pries. La fortaleza se alza sobre un florecimiento rocoso. En los siglo XVIII y siglo XIX sirvió de refugio a bandoleros que después de cada asalto se escondían entre sus paredes. Su nombre se debe al símbolo que identificaba la Orden de Santa María de España, a la que perteneció por cesión de Alfonso X, y que también se encuentra representado en el escudo de Medina Sidonia, pero la opinión más generalizada se decanta por aceptar que se trata de una fortaleza de construcción árabe, de estilo mudéjar, reformada posteriormente a la reconquista de la zona por las Huestes Cristianas para defensa de la banda morisca.
La planta es de traza rectangular alargada, con el eje longitudinal orientado de levante a poniente. El acceso se realizó por el lado derecho del flanco sur de la cerca, donde la pendiente de ladera es menos escarpada, a través de un doble arco apuntado protegido por un rastrillo. Tras este se encuentra un pequeño patio de armas al que se abre, cubriendo el corto flanco este, una estancia alargada de la que todavía restan los muros y los arranques de una bóveda apuntada de cañón. En el centro del recinto y apoyada en el flanco norte de la cortina, asentada en la propia roca madre, se eleva la torre principal o del homenaje, de planta rectangular, que cobija dos cámaras intercomunicadas por un arco apuntado, cubiertas por bóvedas vaídas, aparejadas en ladrillo. Por el lado sur, encajonado entre las cercas y las torres del homenaje, transcurre un empinado pasadizo por el que se accede, Tras franquear un arco, hoy derruido, se llega a un segundo patio de armas y a la puerta de entrada a la torre del homenaje, en cuya fachada campea un arco de herradura apuntado, ciego, trasdosado de lóbulos enmarcados por un alfiz. Dando frente a la fachada principal del homenaje ocupando el flanco oeste de la fortaleza, se hallan los restos de una estancia cuadrada. De su cubrición sólo quedan en las esquinas los arranques ochavados de unas trompas diédricas de parejos latericios, propios de las rábitas, lo que lleva a pensar en su posible uso como capilla. Entre ambas construcciones, cerrando los otros dos lados de este segundo patio, existen dos estrechas estancias volteadas con bóvedas de cañón apuntados.
Medina Sidonia es una ciudad de profundo pasado histórico como asentamiento: desde momentos prerromanos
de turdetanos y púnicos, hasta romanos, visigodos, árabes, cristianos, etc. De todo su pasado ha quedado la
impronta en sus calles, casas y patios. Son estos elementos -caserío, murallas, disposición del viario y emplazamiento en alto sobre la campiña- los referentes más
destacados del patrimonio paisajístico de Medina Sidonia,
a los que habría que añadir en su entorno el fuerte
arraigo de la cultura ganadera y el mantenimiento de una
larga tradición en la elaboración de repostería artesana.
El paisaje de Medina Sidonia ejemplifica sobre todo la
presencia urbana histórica en el corazón de una rica
campiña agroganadera. La localidad es mirador, fue defensa, refugio y guardiana de las vías de comunicación
entre el Estrecho y el Guadalete, y constituye hoy un
referente actual del urbanismo tradicional de alto valor
patrimonial en la campiña gaditana.
Su casco histórico, su amplio y variado ciclo festivo, la
gastronomía local y los espacios naturales protegidos de
su entorno constituyen los referentes clave en la imagen
turística. El emplazamiento en colina genera un viario particular
y característico, con escenarios urbanos de gran pintoresquismo y calidad. El caserío tradicional se encuentra
relativamente bien conservado y los grandes edificios
religiosos y civiles componen uno de los centros
históricos más interesantes de esta provincia.
La localidad de Medina Sidonia es una de las de mayor riqueza histórica de la provincia de Cádiz. Enclavada al sur de la ruta de los pueblos blancos, a caballo entre la campiña y la sierra, sus calles contemplan más de 3.000 años de historia. Es reconocida por la belleza sus casas encaladas, el enrejado de sus balcones y por sus dulces artesanos. Ha sido galardonada con el premio al Embellecimiento de los Pueblos Andaluces y en 2001 fue declarada Conjunto Histórico Artístico y Bien de Interés Cultural. Desde Medina Sidonia se disfruta de una vista panorámica de un amplio territorio, incluida la Bahía de Cádiz, lo que le ha valido el sobrenombre del "Balcón de la Bahía".
GASTRONOMIA:
Entre los productos utilizados para sus platos típicos están el cabrito, el cerdo, el conejo, la liebre, el venado como caza, y productos temporeros como espárragos, caracoles, cabrillas, además de verduras y hortalizas.
Medina Sidonia es la capital repostera de la provincia, tradición que comienza en la época árabe, en la que ya se elaboraban excelentes dulces como los alfajores, amarguillos (mazapán a base de almendras, incluyendo alguna almendra amarga y azúcar), tortas pardas (canastillas de pasta de almendras rellenas de cabello de ángel), patitas de gacela, yemas, pastas, piñonates, etc.
FIESTAS:
Feria del Ganado Vacuno y Caballar (junio): es una de las más antiguas ferias de ganado de Andalucía (siglo XIII).
Fiesta patronal (24 de enero): en honor a Nuestra Señora de la Paz. La imagen de la Virgen (1738) ostenta el título de Patrona de Medina desde 1802, aunque es venerada desde hace mucho más tiempo (siglo XVIII). Su sede se encuentra en la Iglesia de Santa María y posee una hermandad en su nombre. Se celebra una novena (La Novena de la Virgen de la Paz), a donde la gente acude a presentar ante la Virgen los niños nacidos en el año. Cada día se celebra un culto diferente: a las familias, a los catequistas, a los jóvenes, etc. El día 27 de enero se celebra la Función del Voto, en la cual se renueva el Voto como Alcaldesa Perpetua de la ciudad. La novena concluye con la Santa Misa presidida por Antonio Ceballos (Obispo de Cádiz y Ceuta).
Carnaval de Medina Sidonia (febrero): Se celebran múltiples y variados eventos durante la semana de carnavales, como por ejemplo: pasacalles infantiles, piñatas, degustaciones gastronómicas, etc. Entre ellos destaca la quema de la Bruja Piti, acto típico en muchos municipios gaditanos. También tienen lugar la actuación de distintas agrupaciones pertenecientes al concurso de agrupaciones de Carnaval de Cádiz. Durante el fin de semana se celebra la Gran Cabalgata del Humor, que recorre toda la ciudad, partiendo desde el Pabellón Polideportivo y llegando hasta la Plaza de España. Tras la Cabalgata se puede disfrutar del Baile de Disfraces en la céntrica Plaza de España y la entrega de premios. Para el carnaval de 2008 la carpa destinada al baile, pregón y demás eventos carnavalescos se ha instalado en el Parque El Caminillo. Es una fiesta donde la participación del pueblo es muy numerosa. El Carnaval da comienzo con el Pregón el sábado por la noche en la carpa instalada en la céntrica Alameda donde se disfrutan de las actuaciones locales y gaditanas del falla. El domingo siguiente tiene lugar el pasacalles infantil por las calles del centro, animado por charangas, muñecos Disney... Durante toda la semana hay pasacalles de los distintos colegios, tanto por la mañana como por la tarde. El Miércoles de Ceniza es un día esperado, ya que tiene lugar la quema de tradicional Bruja Piti (anunciadora del Cartel del Carnaval 2010) y el espectáculo de fuegos artificiales. Desde el viernes hay distintas actividades en la Carpa: talleres, fiestas para jóvenes, grupos musicales, payasos, etc. El sábado tiene lugar desde el pabellón polideportivo hasta la Alameda la gran cabalgata del humor, que cuenta aproximadamente con ocho carrozas, animación y un sinfín de grupos con los disfraces más variados y el humor más gaditano. Tras la cabalgata tiene lugar la entrega de premios y el Gran Baile de Disfraces. Al día siguiente podemos disfrutar de los primeros premios de grupos por las calles, los grupos (chirigotas, comparsas, cuartetos...)cantando por las callejuelas o los bares. También tenemos una cita en el Barrio de Santa María, donde en la Plaza del Llanete tienen lugar actuaciones carnavaleras, la tradicional cucaña, en sí, un barrio donde se vive el Carnaval muy fuerte y el arte está presente en sus calles. Por la tarde tenemos las actuaciones en la Carpa de numerosas agrupaciones, sobre todo primeros premios del Concurso del Falla y de las agrupaciones locales, dando por finalizado el Carnaval asidonense, durando las actuaciones hasta altas horas de la tarde-noche.
Semana Santa: Se trata de una celebración muy arraigada a la cultura asidonense. Destaca la valiosa imaginería de la que dispone, con obras tan importantes como el Cristo del Perdón (siglo XVII) perteneciente al escultor Pedro Roldán. De entre las salidas procesionales, sobresale la del Nazareno (imagen fechada en 1616) de la Iglesia de Santiago, que en 2012 cumplirá su IV centenario. También destaca la salida procesional de Ntro. Padre Jesús de la Columna que es cargado por una cuadrilla de mujeres costaleras y es la imagen más antigua de cuantas procesionan por las calles de Medina.
Corpus Christi (junio): Salida procesional de la custodia de plata (siglo XVI) y del paso de Nuestra Señora de la Paz. En el cortejo procesional van los niños que han realizado su Primera comunión y por todo el suelo de las calles del recorrido hay arrojado romero. Los balcones se engalanan con mantillas y mantos y se confeccionan alfombras de sales de colores en las calles principales.
Procesiones de Gloria: Salida de Ntra. Sra. del Carmen (16 de julio) Salida de Ntra. Sra. de la Victoria (15 de agosto)
Velada de Santiago (25 de julio)
Romería de San Isidro Labrador (mayo): en el núcleo rural de San José de Malcocinado.
Romería de San Fermín (julio): en el núcleo rural de Los Badalejos.
Jornadas de Puertas Abiertas (diciembre): Su duración es de varios días, a principios del mes de diciembre coincidiendo con el día de la Constitución y con el día de la Inmaculada. Las jornadas se componen de la Ruta de los Monumentos, la Ruta de los Patios, y la Ruta de las Exposiciones. Además, durante las jornadas se instala un Mercado Artesanal en la Plaza de Abastos, lugar donde también se realiza la Buñuelada Navideña. Otras actividades que se realizan durante estos días son: teatros, conciertos, actividades infantiles, fiestas para los jóvenes, etc. En la Ruta de los Monumentos destacan las iglesias, los conventos, el Conjunto Arqueológico Romano y la Calzada Romana. En la III Edición (2007), como novedad, se abrió al público la visita a las ruinas del castillo de Medina Sidonia, en su primera fase de consolidación y puesta en valor. La visita guiada se acompañó con explicaciones sobre las actuaciones arqueológicas y los hallazgos realizados. Con respecto a la Ruta de los Patios pueden visitarse cerca de 25 inmuebles particulares entre casas de vecinos asidonenses y patios de establecimientos hosteleros. En este paseo por los patios podremos encontrarnos con patios de Casas Señoriales, con el típico patio andaluz, con los patios de vecinos ornamentados hasta la saturación, con patios que son museos en sí mismos o con patios restaurados respetando hasta el más mínimo detalle para conservar su originalidad.
ExpoMedina (diciembre): feria de muestras multisectorial.
Belén Viviente (diciembre): Más de 600 figurantes, compuestos por vecinos de todas las edades, se encargan de dar vida con el mayor realismo posible a las 66 escenas que forman el Belén: el Nacimiento, el campamento de los Reyes Magos, la oficina de empadronamiento romano, talleres artesanos, campo de labranza, labores de pastoreo, mercaderes, barbería, carnicería, obradores, etc. Desde su IV edición (2007) el Belén se desarrolla a lo largo del barrio Santa María, por las calles y plazas más típicas del Conjunto Histórico-Artístico: calle San Francisco de Paula, la plaza del Llanete, la calle Bohórquez, la calle San José, la plaza de la Iglesia Mayor, la calle Vicario Martínez y la calle Victoria. El número de visitantes que reúne va en aumento cada año, llegando en la IV Edición a reunir entre 30.000 y 40.000 personas. En su VI edición (2009), el recorrido se planteó en todo el Barrio de Santa María, dando comienzo en el milenario Arco de la Pastora, transcurriendo por la calle Muro, Plaza del Llanete de los Herederos, Siñigo, Correo, Alonso Picazo, Ntra. Sra de la Paz (Calle Ancha), la Plazuela, Convento de las Monjas de Arriba, Plaza Iglesia Santa María, Plaza Arco de Belén y, como puerta de cierre, el Arco de Belén. No obstante, y debido a un fuerte temporal que azotó la provincia de Cádiz durante esta fecha, el Belén tuvo que ser suspendido definitivamente.
Noches Blancas, con diversos espectáculos durante agosto.
Durante el verano se celebran distintas fiestas como son: la fiesta del pimiento, la caracolá, la chicharroná, la fiesta del gazpacho, la quema del Juanillo, etc.
PLANO TURISTICO DE MEDINA SIDONIA: https://www.turismomedinasidonia.es/images/Plano_de_Medina_Sidonia1.pdf

















































































































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