ESPEJO
Espejo es un municipio de la provincia de Córdoba dentro de la comunidad de Andalucía que cuenta con una población de poco mas de 3200 habitantes y que se encuentra integrado en la comarca de la Campiña Este-Guadajoz a unos 36 kilómetros al sur de la capital provincial.
El relieve del municipio está definido por la campiña cordobesa, una llanura con cerros dispersos, entre los que destaca el Cerro de la Carrascosa. El río Guadajoz hace de límite con Castro del Río por el noreste y el pueblo se alza a 418 metros sobre el nivel del mar.
Espejo luce esplendente como una joya milenaria engarzada en la cima de una elevada colina que la hacen ser denominada la Atalaya de la Campiña. Su excelente situación geográfica, el singular trazado de sus calles impuesto por la morfología del terreno, su riqueza histórico-artística y la ocasión de degustar su exquisita gastronomía, son razones más que suficientes para detenerse en esta milenaria Villa y gozar de su visita.
La elegancia de su trazado y la presencia de antiguas casas señoriales recabarán enseguida el interés desde este magnífico «salón», donde el visitante puede iniciar a pie una atractiva e inolvidable ruta turística. Es esta la mejor manera de disfrutar de las callejas, plazas y rincones de este pueblo y saborear la profundidad histórica que atesora, mientras conoce in situ el eco cuasi mágico de su latido actual.
En el solar de Espejo se asentó, durante las épocas íbero-turdetana y romana, la ciudad de Ucubi, de gran importancia debido a su emplazamiento estratégico. Se ha tenido conocimiento recientemente de la existencia de un recinto fortificado, ubicado en el Cerro de la Pontanilla.
La población íbera asentada en estas tierras con el nombre de Ucubi fue ocupada por los romanos, que le cambiaron el nombre por el de Attubi. Desde el siglo XVI los arqueólogos vienen interesándose por tan glorioso pasado romano, a partir de las inscripciones descubiertas en su término. Durante la batalla de Munda, entre Julio César y Pompeyo, prestó su apoyo a César, que la recompensó haciéndola colonia inmune y añadiendo al nombre de la colonia su propio nombre anteponiéndole Claritas Julia. De Ucubi, Espejo, procedía la familia paterna del emperador romano Marco Aurelio, nacido el 26 de abril del año 121.
El legado patrimonial que dejaron la civilizacion Ibera y Romana en Espejo lo podemos comprobar en el Puente Romano de la Pontanilla de un solo arco de medio punto, en fase de restauración; hasta hace escaso tiempo estuvo parcialmente enterrado por los aluviones depositados por el arroyo El Chorro y sobre el cual discurria la vía que unía Ategua con Spalis (Monturque), en el Yacimiento arquelogico del Cerro de la Pontanilla o en el abastecimiento hidráulico de la colonia que se lograba mediante un acueducto cuyos vestigios se localizan en terrenos de Nueva Carteya, Castro del Río y Espejo.
Partiendo de la Pontanilla, y coronando el cerro del mismo nombre, cerro de “La Pontanilla”, a la izquierda del camino, aún se conservan restos de una antigua fortificación ibérica, una torre annibálica, que nos remite a la época prerromana de esta población. Se trata de una torre de planta rectangular, cuyo muro norte es el más completo con una sola hilada de bloques en altura. Se puede apreciar que en el sector central del muro algunos bloques están desplazados de su lugar originario, al igual que en el extremo oeste, aunque faltan algunos bloques en el extremo sur (aquí da la impresión de que posee doble línea de muralla). Los muros sur y este son los más deteriorados aunque su trazado se puede seguir con claridad. En cualquier caso, los restos mejor conservados están en la esquina noreste con dos hiladas de bloques y en la esquina noroeste. Desde este enclave, la visibilidad es muy amplia. Hacia el este tiene relación directa con Espejo, hacia el sur pueden verse las localidades de Montilla y Montemayor y al oeste Bujalance.
Es muy probable que la torre del Cerro de la Pontanilla jugase un papel destacado en la contienda militar que enfrentó a cesarianos y pompeyanos a mediados del siglo I a.C. Precisamente por el lugar que ocupa este recinto pasaba la vía que comunicaba el oppidum de Ategua con Spalis (quizás Monturque) pasando lógicamente por Ucubi, vía que discurría por el actual camino del cortijo de Montefrío. Aunque no quedan restos de la calzada propiamente dicha, se conservan dos obras de fábrica, concretamente dos puentes, uno sobre el Guadajoz y otro, ya citado, el de la Pontanilla, entre el cerro homónimo y Espejo. Por esta vía debieron moverse los ejércitos de César y Gneo Pompeyo en su marcha desde Ategua y Ucubi a Ventippo.
También se localizan numerosas cisternas o depósitos en algunos puntos de la actual ciudad. Mencionar la construcción romana en sillería de El Aljibe de carácter cultual a poco más de un kilómetro de Espejo. Recientemente se ha encontrado otra Aljibe en perfectas condiciones junto a la Fuente de la Fuensanta, donde hubo una ermita-santuario a la misma advocación mariana, por lo que cabe pensar que fue la continuación de un antiguo santuario romano. Dado el gran número de fuentes similares alrededor de la población, cabe pensar que podrían encontrarse más monumentos de este tipo.
Sabido es por todos que el agua como fuente de vida ha desempeñado un papel relevante para el hombre a lo largo de la historia. Rendir culto al agua al igual que al resto de fuerzas de la naturaleza es algo intrínseco al hombre y a la necesidad de éste de sentirse protegido por una fuerza superior, el agua como fuente de vida, salvación y símbolo de fertilidad.
Desde la antigüedad distintas culturas y civilizaciones han sacralizado el agua considerándola objeto de culto y veneración. Los recursos hídricos, sobre todo en aquellas zonas en las que el agua escasea y en las que las sequias se hacen endémicas, adquieren un papel relevante hasta el punto de llegar a ser sacralizados adoptando un carácter divino.
El aljibe-ninfeo de Espejo se localiza en el Camino Viejo de Espejo a Bujalance, dentro del término municipal de Espejo y su origen se remonta al 45 a. C. en lo que fue un gesto de agradecimiento por parte de los partidarios de Julio César hacia los turdetanos de la zona tras apoyar su causa durante la guerra civil contra Pompeyo.
La ubicación escogida para levantar tan singular obra de ingeniería hidráulica fue un antiguo santuario de esta población prerromana en el que rendían culto al agua y a sus propiedades medicinales. Sobre aquel santuario turdetano, los romanos construyeron un recinto ciertamente más monumental precedido de un atrio y dedicado al culta a las ninfas.
El agua está presente en los mitos de casi todas las culturas, la mayoría de las veces como factor purificante pero también con un alto contenido curativo y protector.
Grandes sillares de calcarenita (opus quadratum) moldean tan singular edificio de inmejorable factura, se trata de una pequeña estructura realizada en sillería y cubierta con bóveda de cañón. Los sillares fueron traídos, posiblemente, desde las canteras de la cercana Ategua, algunos de los cuales presentas marcas de cantero propias de las legiones cesarianas.
Este aljibe-cayó en desuso a partir del siglo III d.C. para retomar otra vez su uso en época musulmana. Fue en este momento cuando se modificaron los dos óculos originales que se abrían en la bóveda para desde ellos disponer de un sistema de polea simple para extraer el agua desde el interior más fácilmente. Ya en época moderna, los lugareños fueron más proclives a usar la fuente para la obtención del agua en lugar de hacer uso del propio aljibe.
Las fuentes, lavaderos y abrevaderos tradicionalmente han formado parte de la cotidianeidad de los espejeños participando de su cultura y tradiciones más arraigadas.
Hasta la llegada del agua corriente a los domicilios espejeños los hábitos de higiene eran muy laxos y ocupaban un lugar secundario en el día a día, mientras que conseguir agua para beber y cocinar era una actividad prioritaria a la que las familias dedicaban mucho tiempo y energía, yendo diariamente con sus cántaros a las fuentes y abrevaderos en busca de agua para el consumo personal y de los animales.
La fuente abrevadero de la Fuensanta es un claro ejemplo de la importancia de estas fuentes en la vida cotidiana de los espejeños. Localizada a escasos 2 km. de Espejo en el paraje del mismo nombre a esta fuente se le han atribuido propiedades curativas, no en vano aprovecha las aguas sobrantes de un antiguo aljibe romano sobre el que los espejeños del siglo XVI erigieron una ermita donde rendían culto a su patrona, la Virgen de la Fuensanta y en el que sin lugar a dudas se rindió culto al agua desde la antigüedad.
Durante la Edad Moderna el paraje del pilar de Nuestra Señora de la Fuensanta pasa a ser uno de los más populares y concurridos por los habitantes de Espejo. Convertido desde el siglo XVI en lugar de ocio y esparcimiento, los vecinos de Espejo acudían a este paraje, en romería, cada 8 de septiembre para conmemorar el nacimiento de la Virgen.
Tras el dominio visigodo, muda Ucubi su nombre por el de Alcalat, topónimo árabe alusivo a la fortaleza que coronaba este asentamiento bajo el poder musulmán. Este segundo nombre deriva de Kaláa, o sea, fortaleza de gran importancia donde solían residir los jefes militares. Con el tiempo el lugar queda despoblado y convertido en una heredad particular, que hacia 1260 pertenecía a los Castro. En ella existían unas torres derruidas conocidas como Torres de Pay Arias, a partir de las cuales se levanta el castillo actual. La erección de esta fortaleza constituye el primer peldaño de un muy bien calculado plan de señorialización de esta zona de la Campiña cordobesa por parte de Pay Arias de Castro, caballero frontero avezado en las luchas fronterizas entre musulmanes y cristianos.
La presencia del castillo juega un papel importante en la defensa de sus tierras particulares, pero también en la defensa del Reino, por lo que Pay Arias espera y consigue ser recompensado. Así, el 12 de enero de 1303, en Benavente (Zamora), el monarca castellano Fernando IV otorga a sus moradores medios de subsistencia «para que el castillo fuera mejor poblado», y además, el privilegio de poder andar libremente por todo el reino y pastar y gozar de cuantos aprovechamientos precisaran para su conservación. Dos días más tarde, también desde Benavente, el rey concede a Pay Arias de Castro merced para repoblar aquel lugar, y franquezas a sus pobladores. Asimismo, por voluntad real, la antigua Alcalat pasará a denominarse Espeio. A la sombra y amparo del castillo, del que toma su nombre, nacería el poblado, lugar y luego villa de Espejo, denominación que deriva de Specula en su significado de atalaya, torre vigía o lugar de observación.
Tras la extinción de la saga de los Pay Arias, la titularidad del señorío pasaría a ramas colaterales hasta su vinculación definitiva al linaje de la Casa de los Alcaides de los Donceles, posteriormente marqueses de Comares, bajo cuya jurisdicción vive la villa el resto de la Baja Edad Media.
Dos hechos significativos podemos entresacar de esta época. Uno, la ayuda que en la primavera de 1333 la villa cercana de Castro del Río recibe del castillo de Espejo, de donde parte Martín Alfonso, futuro señor de Montemayor, al frente de 60 caballeros y unos pocos peones cuya presencia en la vecina villa del Guadajoz fue decisiva para que Muhammad IV levantara el asedio a que la tenía sometida y se retirara camino de Cabra. Relevante fue asimismo el papel estratégico que juega la villa durante la guerra civil entre el monarca Enrique IV y el infante D. Alfonso (1465–1468), así como en los diversos enfrentamientos entre ambas facciones de la nobleza cordobesa hasta los primeros años del reinado de los Reyes Católicos.
A partir de las últimas décadas del siglo XVII, el marquesado de Comares se une a la casa de Medinaceli, convirtiéndose desde entonces en dueña de la villa y rectora de sus destinos a lo largo de la Edad Moderna.
El proceso desamortizador que se inicia en la primera mitad del siglo XIX, no afecta, o afecta muy poco, a la villa de Espejo, perpetuándose la propiedad de la tierra en manos de la nobleza local. No es de extrañar, por consiguiente, que con el paso del tiempo tuviera lugar el florecimiento de organizaciones obreras, de obediencia anarquista, convirtiéndose esta población en uno de los focos más dinámicos del movimiento campesino campiñés.
En 1947, luego de la tragedia de la guerra civil, se lleva a cabo un proceso de expropiación forzosa, parcelación y reparto de tierras. Este hecho introduce una dinámica nueva en la distribución de la propiedad agraria, de cuyos resultados hoy se beneficia gran parte de sus gentes.
En junio de 2009 se certificó que la fotografía «Muerte de un miliciano» realizada por Robert Capa, en la que se muestra a un miliciano supuestamente alcanzado por una bala, fue tomada en la localidad de Espejo, en un camino público que atraviesa una finca privada denominada 'La Loma de las Dehesillas', hoy dedicada al cultivo del olivar y antaño, al del cereal. Esta fotografía está considerada como una imagen icónica del siglo XX. Calificada por los expertos como una fotografía “imperfectamente perfecta”, presenta una significativa carga simbólica acompañada de gran fuerza y dinamismo.
Conocida la foto también en idioma inglés como Loyalist Soldier, Falling Soldier o Loyalist Militia, la fotografía mostraba la muerte de Federico Borrell García, un miliciano anarquista, durante la Guerra Civil española. El soldado fue captado por la cámara en el momento mismo en que le golpea una bala. Está vestido con ropas de civil pero con un cinturón de municiones de cuero.
“El miliciano muerto” muestra el momento del desplome de un soldado ante el “supuesto” impacto de una bala enemiga. Este instante fugaz queda detenido en el preciso momento en que el miliciano, con los pies sobre el terreno inclinado de una colina y sus largas piernas en escorzo, se desprende de su fusil. El protagonista que tiene los ojos cerrados y su rostro difuminado ofrece una expresión serena enmarcada sobre un paisaje rural en el que podemos apreciar al fondo hasta dos cadenas montañosas. Tomada en 1936 en el frente de Córdoba, la fotografía que muestra al soldado de camisa blanca cayendo hacia atrás supuso fama inmediata para el fotógrafo húngaro quien se convirtió en un símbolo de la lucha contra el fascismo. Sin embargo, a lo largo de los años han aparecido dudas sobre su veracidad y algunas voces sugieren que estaba preparada. El propio Capa dio pocas pistas sobre las circunstancias en las que se tomó.
Para conmemorar dicho relato el ayuntamiento situo en el mirador Robert Cappa ubicado en el Haza del Reloj, lugar donde ocurrio, un monumento que simboliza dicha fotografia. El autor de la obra es el escultor José María Serrano Carriel, que ha optado por el bronce para la realizacion de la escultura a tamaño real.
Espejo luce esplendente como una joya milenaria engarzada en la cima de una elevada colina. La recortada figura de este pueblo-fortaleza se divisa atractiva y misteriosa desde cualquiera de las rutas que confluyen en él. Retablo de cal y piedra proyectándose, soberbio, a los cuatro vientos. Poderoso imán que atrae la mirada del viajero, extasiado ante la presencia de un armonioso castillo en maridaje fidelísimo con la vecina torre de la parroquial, que hablan de Estado e Iglesia, evocadores, uno y otra, del pasado que dio a luz a tan entrañable pueblo campiñés.
Desde la cumbre hasta el pie de sus laderas, Espejo despliega un casco urbano de plano concéntrico, revelador de su expansión a partir del germen del castillo. En la parte más elevada se desarrolla, entre fragmentos de murallas y torres, el sector más antiguo. Contiene una apretada trama irregular de calles sinuosas y cuestas pronunciadas que delatan su origen medieval: Carril de las Cruces, calle San Bartolomé, que se desliza hacia la plaza de España, las enrevesadas callejas del Barrionuevo, la plaza de la Constitución, hasta el Paseo de Andalucía, centro ya de vías más largas y niveladas fruto del crecimiento de la población a partir del siglo XVIII.
La eclosión de calles angostas y empinadas que configuran el entramado urbanístico del pueblo contrasta con el enorme espacio abierto, arriñonado, poblado de forja y naranjos, donde, a partir del siglo XVII, la alta sociedad espejeña levanta sus moradas: Las Calleras: «He llegado a la calle de las Eras, escribía el anónimo cantor, a las Eras del asfalto, fresco dominio de los dulces vientos de Poniente, y he libado en los bares de una y otra acera, donde se puede comprar tabaco y cerillas a horas avanzadas de la noche». Eran otros tiempos.
Este nombre, las Calleras, con que es conocido el actual Paseo de Andalucía, alude, en efecto, a la más antigua de sus denominaciones, calle de las Eras, así conocida desde, al menos, mediado el siglo XVI. Con el paso del tiempo, esta designación ha sido reemplazada por otras impuestas por las corrientes políticas en cada momento. Del rótulo de esta calle tomaron el suyo las traseras de la misma: Eras Postigos y Eras Carril, como, de manera abreviada, Postigos y Carril, se las conoce en la actualidad.
En este enorme «salón» de las Calleras, en uno de sus flancos, se yergue una cruz de piedra, la Cruz blanca, que lo preside y señala como uno de los ámbitos más sacralizados de esta localidad. A lo largo del tiempo, la cruz de piedra que ya existía al menos desde la segunda mitad del siglo XVIII, ha sido fuente de conflictos entre las potestades civil y eclesiástica de este pueblo, lo que ha provocado diversos derribos y restituciones. El último de estos escenarios tuvo lugar con motivo de la desdichada y dolorosa contienda civil.
Se trata de una plaza arriñonada, donde ya en las postrimerías del siglo XVIII comienza a detectarse como espacio urbano donde las clases sociales de mayor rango establecen sus residencias y cuyas portadas reflejan el status social de quienes las levantaron. En el tramo central, antiguas y blasonadas mansiones señoriales levantadas en los siglos XVII y XVIII festonean este espléndido paseo y lo ennoblecen. Entre otras la de D. Antonio María Melgarejo y Moro–Dávalos, marqués de Lendínez, o la de Dª. Antonia Feliciana de Lucena y Castroviejo, vizcondesa de la Montesina, que heredaría su hija, la igualmente vizcondesa del mismo título Dª Francisca de Aguayo Concha y Lucena, familias nobiliarias relevantes en Espejo durante la época moderna.
En un extremo del paseo, junto al inicio de la calle Frasquito Frasco, se encuentra la capilla barroca de San Miguel, aneja al antiguo colegio de educandas del mismo nombre, que el presbítero espejeño D. Miguel de Castro y Leiva mandó levantar a sus expensas en 1758 para atender gratuitamente la formación de la infancia femenina más desfavorecida.
La iglesia actual fue sufragada por la superiora de dicho colegio, Ana de Jesús Gracia Ruz, natural y vecina de esta villa, siendo bendecida el 11 de julio de 1790 con la autorización de Baltasar de Yusta Navarro.
En torno a 1880 se acomete una nueva remodelación en esta iglesia cuando la hermana San José la enriquece con una verja de hierro abalaustrada que cierra el presbiterio y el púlpito, obra del arquitecto Antonio López Carrillo.
Se trata de una iglesia de reducidas dimensiones que presenta un agradable juego de líneas rectas y curvas tanto en planta como en alzado. Su infrecuente planta octogonal se cubre con cúpula decorada con dos fajas que se cruzan en el centro. Su fachada es de gran interés por la axialidad y verticalidad de su composición. Por su parte, el frontón curvo se rompe para dar cabida a la elegante espadaña cuyo primer cuerpo se incluye en el paramento de la fachada propiamente dicha. La puerta de entrada a esta capilla es de medio punto y sobre la clave del arco aparece una lápida de la fecha de su erección el nombre del fundador del colegio.
El edificio aún conserva su fachada original y un patio interior de columnas y arcos de medio punto que a día de hoy forman parte de la sede de la Peña “Los Amigos”, asociación recreativo cultural y propietaria de la susodicha iglesia.
En el otro del paseo se situa la centenaria ermita de Nuestra Señora de la Cabeza, donde, a finales del Ochocientos, se establece igualmente una escuela católica elemental, gracias al mecenazgo del también sacerdote D. Trinidad Comas y Castro, cuyo nombre rotula una de las calles que la bordean. Esta ermita es un sitio de gran tradición y devoción, donde los fieles acuden para rendir homenaje a la Virgen y pedirle protección y ayuda en sus vidas.
La Ermita de la Virgen de la Cabeza tiene sus orígenes en el siglo XVIII, cuando se construyó en el lugar donde se encontró una imagen de la Virgen María. Desde entonces, ha sido un lugar de peregrinación para los fieles que acuden en busca de consuelo y fe.
La ermita ha sido objeto de diversas restauraciones a lo largo de los años, pero ha mantenido su estructura original y su encanto histórico. En su interior, se pueden encontrar numerosas obras de arte religioso y detalles arquitectónicos que dan cuenta de su importancia para la comunidad local. Su sobria fachada blanquísima de cal, tocada de una leve y ennegrecida cruz de hierro, forma parte indisoluble de ese hermoso y remansado paisaje urbano local.
Frente a la cruz, anteriormente mencionada, nos encontramos con otra iglesia conocida como «Hogar Parroquial», que actualmente preside la imagen del Santísimo Cristo del Amor. En realidad se trata de la antigua iglesia de Santa Teresa, aneja al convento que durante algo más de una centuria (1733–1835) mantuvo el Carmelo descalzo en este rincón campiñés. Hacia los años sesenta del pasado siglo la iglesia conventual sufrió una desafortunada remodelación. Lamentablemente, ni del convento ni de su iglesia original quedan vestigios materiales, los últimos de los cuales, no hace mucho tiempo, también han desaparecido.
Cuenta con un salón largo y estrecho, al que da acceso una sencilla portada con hornacina sobre su dintel, rematada en una sencilla espadaña. A día de hoy, de su altar mayor sólo se conserva la mesa, sin resto de retablo y con la imagen pasionista del Santísimo Cristo del Amor. presidiendola. Se conservan, sin embargo, unas pinturas que sirven de fondo a este altar principal y a los otros seis de los que quedan vestigios en ambos hostiales de la pequeña iglesia.
Desde la plaza y caminando por la calle Trinidad Comas llegamos a la Plaza de la Villa, hoy llamada Plaza de la Constitución, núcleo neurálgico y vital del pueblo a lo largo de su historia. En ella podemos contemplar edificios como el Ayuntamiento que le confiere a este espacio cierta monumentalidad, el Mercado de Abastos o la Casa de las Cadenas.
El edificio del Ayuntamiento es fruto del programa de restauración llevado a cabo por la Dirección General de Regiones Devastadas, y está datado en el año 1946. El Ayuntamiento había sido proyectado para oficinas de Correos y Telégrafos, sin embargo, a partir de 1948 fue utilizado provisionalmente como Casa Consistorial de esta Villa, prolongándose este uso hasta nuestros días. Está erigido en el mismo lugar donde tradicionalmente tuvo su emplazamiento la sede del Cabildo Municipal. La reciente adaptación de su interior a las necesidades actuales ha dado su funcionalidad y estética modernas, compatibles con su arquitectura original.
Frente al ayuntamiento se encuentra el Mercado de Abastos, este edificio simboliza un lugar de encuentro entre espejeños. Vendedores de hortalizas, pescados y carne acudían a diario a este lugar de encuentro para vender su mercancía. Aquí no solo se podían comprar productos alimenticios sino conversar y tener contacto con los demás habitantes de la localidad, incluso los jornaleros esperaban a ser contratados por quienes necesitaban mano de obra (albañiles, jornaleros del campo, transportistas…). Fruto del programa de restauración llevado a cabo por la Dirección General de Regiones Devastadas entre los años 1944 y 1946 cuenta con una fachada coronado con molduras pintadas en amarillo y azulejos con letras azules añiles. Junto con el Ayuntamiento (que antes fue la oficina de correos y telégrafos durante dos años), en 1946, engrandecieron urbanísticamente la plaza y la consolidaron con un eje fundamental en la vida de los espejeños, reuniendo administración, mercado, comercio, servicios y tabernas. En la actualidad el edificio alberga la oficina de turismo de la localidad.
Finalmente en la plaza nos encontramos con la Casa de las Cadenas, un excelente ejemplo de la arquitectura barroca del siglo XVIII. Fue construida por la familia de los Tafur y Leiva. En el catastro del Marqués de la Ensenada aparecen las posesiones territoriales de D. Luis Tafur de Leiva, que no son de una gran cuantía, sin embargo, es propietario de una importante cabaña ganadera. Por otra parte, sabemos que es Caballero de la Orden de Santiago, lo cual nos induce a pensar que D. Luis Tafur y Leiva tendría un cargo en la administración de la casa ducal e incluso podría ser arrendatario de algunas de sus numerosas propiedades.
La casa es del más puro estilo barroco con un par de columnas, con acanaladuras, exentas y adelantadas, sobre pedestales lisos que flanquean la puerta de ingreso, y otro par de estípites adosados que decoran el cuerpo superior. En el dintel del cuerpo superior se coloca el escudo nobiliario, rematando con elementos decorativos. En ella llama la atención la existencia de una cadena vertical que pende del balcón. La cadena simboliza el denominado “privilegio de cadenas”, que se concedía a quienes habían albergado a los reyes en su mansión. Tal suceso ocurrió en el caso de D. Luis de Tafur y Leiva, al haber proporcionado hospedaje en esta casa de su propiedad al Infante D. Carlos de Borbón, el futuro Carlos III. Tal hecho tuvo lugar el 24 de octubre de 1731 cuando el infante procedente de Sevilla y dirigiéndose a Madrid, se vio obligado a hospedarse en dicha casa ante la epidemia de viruela que se había desencadenado en la ciudad de Córdoba, consecuencia de lo cual se desvía la comitiva real hasta la Rambla y Espejo.
El “privilegio de cadenas” consiste en que el propietario de esas casas disfrutaba del derecho de asilo a los perseguidos por la justicia, lo que les permitía acoger bajo su potestad a cualquier prófugo de la ley, ponerlos a resguardo de la justicia ordinaria y por tanto ponerlo a salvo provisionalmente.
Cercana a la plaza podemos contemplar en la calle del mismo nombre otra de las casas señoriales que alberga la villa como es la Casa de Anton Gomez. Situada en el Barrio Nuevo fruto de la expansión urbana correspondiente al siglo XVI, hoy Plaza de España, nos encontramos con la casa señorial más antigua de Espejo. Es un ejemplo de las numerosas casas señoriales que aquí abundan y que certifican la existencia en esta villa de un número considerable de miembros de la baja nobleza. La más antigua de las conservadas se levanta en el número 10 de la calle de Antón Gómez, que destaca por la antigüedad de su portada y, sobre todo, por la particularidad de su estilo. El encuadre de la puerta y el de la ventana superior se decoran con almohadillados facetados, muy propios del estilo de finales del siglo XVI.
En esta época la villa de Espejo es un señorío jurisdiccional perteneciente al duque de Medinaceli, marqués de Comares y señor de Lucena. Antón Gómez estaba emparentado con los marqueses de Comares por lo que cabe pensar que dicho personaje pudo tener un cargo importante dentro del señorío de Espejo bien de tipo judicial, político o económico. En suma, tuvo que ser un representante del poder señorial en la villa y como tal se hace construir una vivienda que representa su relevancia social y económica. A este edificio, también se le reconoce por tener una serie de leyendas de duendes y brujas. También por haber sido habitada por los martiricos, unos religiosos encargados de hacer cumplir las leyes de un lugar.
Frente a dicha casa vemos unos restos de muralla que pueden corresponder a la etapa anterior de dicha expansión, tal vez corresponda a la muralla de la época medieval.
Desde la plaza el viajero ascendiendo por la empinada calle de San Bartolome llega al punto mas alto de la villa donde rodeado de varios miradores se ubican los dos monumentos mas emblematicos de Espejo como son su Castillo Ducal y la Parroquia de San Bartolome.
Junto a la subida de acceso se ubica el mirador del castillo desde donde podemos contemplar unas espectaculares vistas del pueblo y del mar de olivos de la campiña cordobesa. En el otro lado del cerro podemos disfrutar en el Mirador del Carril de las Cruces de unas vistas de la campiña y del castillo.
Cercano al mirador del castillo y en la misma calle San Bartolome podemos visitar el edificio donde se ubica el Centro de Interpretacion del Patrimonio Hidraulico de la Colonia "Claritas Iulia Ucubi", CASA DEL AGUA, que nace con el objetivo de dar a conocer y poner en valor la singular vinculación de la Villa de Espejo con el Agua a lo largo de su historia.
El espacio expositivo se encuentra en el antiguo depósito del agua del pueblo. La idea principal ha sido adaptar los paneles informativos y la zona de piezas a la circularidad del edificio aprovechando el espacio reducido del mismo y creando un conjunto equilibrado, accesible y de fácil compresión.
La zona de paneles informativos se complementa con una zona central donde se exponen distintos tipos de útiles para el almacenamiento del agua y unos motores antiguos.
La iglesia parroquial de San Bartolomé fue construida a finales del siglo XV con una ampliación hacia los pies que dobló el tamaño del templo en 1579, siendo un ejemplar de arquitectura gótica-mudéjar que alberga algunas notables obras de arte, como el retablo de San Andrés con sus pinturas de los primeros años del siglo XVI y una importante colección de platería, donde destaca su gran custodia procesional.
Se trata de un templo de tres naves, la central más ancha, con cinco tramos y coro alto a los pies. Las naves terminan en la cabecera en sendas capillas, comunicadas entre sí por grandes arcos ojivales y cubiertas por bóvedas estrelladas, especialmente rica de nervaduras la de la capilla mayor. Las naves se separan por arcos apuntados de amplia luz sostenidos por pilares compuestos por un machón prismático en cuyas cuatro caras se adosan semicolumnas alternadamente lisas y estriadas o solo estriadas, en el caso de los seis pilares más próximos a los pies, fruto de la ampliación de 1579.
La nave central se cubre actualmente con bóvedas de arista y las laterales con otras de cañón con lunetos, que sustituyeron en el siglo XVIII a las primitivas armaduras de madera con decoración de lazo, habitual en los artesonados mudéjares.
A los pies de la nave central se encuentra la sillería del Coro Bajo, que solo conserva la parte frontal, aunque poseía también sus dos laterales, y coro alto, sobre lo que fue el vestíbulo de la entrada principal del templo, hoy tapiada, y que ahora sirve de almacén. Sobre el lateral del lado del Evangelio de la sillería se levantaba una tribuna donde se asentaron los consecutivos órganos con los que contó el templo hasta la Guerra Civil. En el altar mayor, levantado sobre graderío de mármol negro, se encuentra el célebre Retablo de San Andrés.
Por último, del exterior cabe mencionar la torre, de época barroca, compuesta de un fuste macizo en el que se alberga la escalera de caracol que permite alcanzar el cuerpo de campanas que se abre en sus cuatro lados por vanos de medio punto muy esbeltos con sendos balcones curvos.
El retablo de San Andrés es, por la calidad de sus pinturas, uno de los más sobresalientes retablos cordobeses de principios del siglo XVI. Se halla situado en la actualidad en la capilla mayor de la iglesia lugar al que fue trasladado después de 1939 en sustitución del retablo mayor que la presidía, destruido en la Guerra Civil. Su primitivo emplazamiento estaba en esta misma iglesia en la denominada capilla de San Andrés, construida hacia 1504 para servir de enterramiento a D. Gonzalo Ruiz de Lucena.
Está compuesto por una estructura arquitectónica en madera en la que se insertan cinco tablas pintadas al óleo: el Nacimiento de Jesús, la Adoración de los Reyes Magos, San Andrés conducido al martirio, la Crucifixión de San Andrés y el Calvario. El retablo estaba presidido por una imagen de San Andrés, hoy desaparecida. En los baquetones que separan las calles se sitúan ménsulas sobre las que se asientan seis pequeñas esculturas polícromas, que representan a otros tantos santos apóstoles, realizadas en madera, a excepción de dos hechas en escayola e incorporadas en época reciente al retablo. Solo aparece firmada la tabla de la Adoración de los Magos, por el pintor Pedro Romana.
El banco del retablo, realizado en madera dorada, no es original, sino un añadido que data de cuando fue trasladado a su emplazamiento actual. La sombra de la tabla central delata la falta de la imagen titular de San Andrés, que fue arrancada y destruida en la Guerra Civil.
Tras el ábside del lado del Evangelio, se sitúa una pequeña capilla (antes dedicada a la Purísima y hoy a Nuestra Señora de las Mercedes) con cubierta de nervios decorados con ovas y portada con arco de medio punto flanqueado por pilastras estriadas, sobre el que descansan dos trozos de frontón curvo rizado y un medallón central con un relieve policromado de la Purísima Concepción. El retablo procede de la antigua Iglesia de Nuestra Señora de Gracia, que perduró en ruinas hasta los años 70.
Le sigue la antigua capilla de San Marcos o de San Antonio, con portada con frontón curvo partido y enrollado y relieve del Evangelista en el centro y cúpula con florón central del que parten nervios. El gran cuadro de San Antonio que presidía su altar, preside actualmente la Sacristía. Actualmente la usa la Hermandad de la Borriquita. A continuación nos encontramos con la gran Capilla del Sagrario.
Muy importante es la Capilla del Sagrario (antes dedicada a la Virgen de la Fuensanta, patrona de la localidad, cuya antigua y extinta cofradía la construyó), del tercer cuarto del siglo XVIII, en estilo barroco, que por sus grandes dimensiones constituye una iglesia completa en sí misma, con su nave de tres tramos articuladas por pilastras entre las que se disponen altares y capillas, crucero cubierto por cúpula, camarín (que actualmente preside Nuestro Padre Jesús Nazareno) tras el retablo mayor, sacristía, etc. A ella se abre la Capilla de Ánimas, de mayor tamaño que las que dan al cuerpo de la Iglesia, que también posee tres tramos y sacristía propia. Los restantes altares y retablos de la Capilla del Sagrario son los de San Bartolomé, San Isidro, Perpetuo Socorro, Sagrado Corazón, Altar Mayor del Sagrario (con la imagen de Jesús Nazareno presidiendo el camarín), Virgen del Rosario, la comentada Capilla de Ánimas (con la Vera Cruz, Cristo de la Buena Muerte, Señor del Santo Sepulcro y Virgen de la Soledad en el retablo-camarín), San Miguel Arcángel y San José. Tiene puerta lateral al exterior que se encuentra tapiada prácticamente desde la finalización de la capilla, pues tras ella, en el interior, se encontraba un órgano barroco sobre su tribuna. Solo el retablo mayor y los dos gemelos del crucero, los tres barrocos, además del retablo principal de la Capilla de Ánimas, de estilo neoclásico con rocallas, son los antiguos que se conservan, pues los demás, algunos muy valiosos, fueron destruidos o sustraídos durante la Guerra Civil.
Tras salir de la Capilla del Sagrario, hay tres capillas más en el lado del Evangelio (Rosario, Inmaculada y Baptisterio) , entre las que destaca la central, gótica, de planta cuadrada con bóveda de terceletes y cerrada por reja de hierro, ocupada actualmente por la Virgen de la Amargura de la Cofradía del Amor. La primera, antigua del Rosario, la preside la Virgen de los Dolores de la Hermandad del Nazareno y se trata de una reconstrucción de la antigua capilla de la hermandad que tras la Guerra Civil fue transformada en puerta de entrada. También contiene las imágenes de San Juan Evangelista y la Santa Mujer Verónica, imágenes como la Virgen de los Dolores de Juan Martínez Cerrillo, que también restauró-reconstruyó al Nazareno. La central, antigua de la Inmaculada Concepción, la preside la Virgen de la Amargura de la Cofradía del Amor, una antigua imagen cordobesa del XVII excesivamente modificada desde su llegada a Espejo en 1985 por diferentes imagineros. La tercera capilla, del Baptisterio, además de la pila bautismal, sirve de capilla para el Señor Resucitado y la Virgen del Rocío y Gloria, obras de Alfonso Castellano, Titulares de la Agrupación de Cofradías. La interesante verja de madera del XVII que cerraba esta capilla ha desaparecido en la reciente restauración del templo.
En el lado de la Epístola se encuentran la antesacristía, espacio cubierto por dos bóvedas de crucería, y la sacristía, adosada a la estancia anterior, y una serie de capillas. Esta nave es presidida por una hornacina con la Virgen de la Candelaria. La capilla más próxima al presbiterio, que estuvo dedicada a San Andrés, se fecha en los primeros años del siglo XVI. Se accede a ella por un vano de arco apuntado cerrado con reja gótica, que hasta la Guerra Civil estuvo coronada por un interesante calvario gótico, y en su interior, de planta cuadrada cubierta con bóveda de terceletes que arrancan de ménsulas con cardina, hay varios elementos a destacar como un rosetón gótico y los azulejos sevillanos del XVI que revisten la mesa del altar sobre el que estuvo situado el retablo de San Andrés que hoy preside el templo. Actualmente la usa la Hermandad del Cautivo, la Virgen de la Paz y Esperanza y Nuestra Señora de la Fuensanta, copatrona de Espejo, que la preside.
Después está la antigua Capilla de san Ildefonso, hoy dedicada a la Virgen del Carmen. La siguiente capilla en realidad era el pórtico de la entrada lateral de la Iglesia, pero que se cerró y techó con bóveda de crucería en 1942 para conformar una capilla antes inexistente. Su espacio actualmente alberga el Museo Tesoro de Orfebrería Parroquial. Por dentro aún se puede ver la fachada gótico-plateresca que antiguamente daba al exterior. El arco de acceso a la nave es carpanel, fasciculado, con capitelillos lisos y la bóveda de terceletes con nervios muy delgados que arrancan de ménsulas en esquina.
En dicha capilla, creada en la que fuera puerta lateral del templo, desde el principio se expuso la Custodia Procesional, enseres de orfebrería y diversos cuadros, pero a finales de los años 70 del siglo XX, una vez fundada la Agrupación de Cofradías y ante el robo de diversas obras de arte del templo, se vio la necesidad de transformar la capilla en una "caja fuerte"-museo para custodiar, convenientemente inventariadas, todas las valiosísimas piezas de orfebrería que conservaba la Parroquia y, de esta forma, la Agrupación de Cofradías realizó diversas actividades para sufragar el coste del blindado de la puerta y cristales de la capilla y su musealización como Museo Tesoro Parroquial de Orfebrería.
Entre las numerosas piezas, podemos encontrar la exquisita Cruz Parroquial de Diego Fernández, diversos cálices, como uno gótico magnífico, portapaces y otros enseres del XVI y XVII, el magnífico ajuar rococó de Damián de Castro de la antigua imagen de la Virgen de la Fuensanta (media luna, rostrillo, coronas y cetros), ostensorios, sacras, relicarios, atriles, hacheros, varales de palio, incensarios y todo tipo de enseres litúrgicos del barroco y rococó cordobés, la cumbre de la afamada platería cordobesa, varios cálices y custodia de altar del xix y así hasta el Sagrario de Plata de los años 50 del siglo xx, pero la joya del patrimonio en orfebrería en Espejo es sin duda la Custodia Procesional, comenzada por Tomás Jerónimo de Pedrajas y Alonso de Aguilar, pero finalmente realizada casi al completo por Bernabé García de los Reyes, estrenándose en 1725. Consta de dos cuerpos con columna salomónicas y estípites churriguerescos, imágenes de ángeles y evangelistas, una Inmaculada en el cuerpo bajo, ostensorio en el alto y San Bartolomé en la cúspide, todo ello, exornado con frontones partidos y meticuloso labrado, así como ánforas con florecillas que le dan movimiento al conjunto. En diversos tratados de orfebrería se la considera una de las mejores custodias de España.
Consecuencia también de esas obras de 1942 fue la transformación de la que era la última capilla de este lado, dedicada a Jesús Nazareno, fechada en 1765 por una inscripción que figura en su cúpula de forma oval, con un florón central de hojarascas desde el que parten fajas radiales que segmentan espacios entre los que se intercalan símbolos de la pasión. Se abrió para servir de entrada principal al templo colocando hacia el exterior una portada de 1679 procedente de la desaparecida Ermita de Nuestra Señora de las Angustias que se encontraba en la Plaza de la Constitución.
Otros altares y retablos, como el de San Francisco Javier, el de San Francisco de Asís, el de San Pedro, San Miguel... y numerosos cuadros se perdieron mayoritariamente en el asalto y ataques durante la Guerra civil, pero también durante la restauración de Regiones Devastadas en la que se hicieron numerosos cambios, como los ya comentados de varias capillas y también la desaparición de los lados laterales de la sillería del coro bajo, así como las tribunas y los órganos de la nave central y de la capilla del Sagrario. Décadas después se produjeron robos y desapariciones de otras importantes piezas pictóricas y de orfebrería.
El Castillo Ducal de Espejo es una fortificación del siglo XIII ubicada en la cima del municipio a una cota de 418 metros, la más alta de la campiña que lo rodea siendo en la actualidad propiedad del Ducado de Osuna, aunque es visitable con reserva previa.
Aunque los orígenes del castillo datan de época medieval, anteriormente en esta zona se encontraba el oppidum íbero de Ucubi que participó en la Segunda guerra civil de la República romana entre Julio César y Pompeyo. Según el Bellum hispaniense, Pompeyo incendió Ucubi tras la batalla de Soricaria, enmarcada en la campaña de Munda, el 7 de marzo de 45 a. C., debido a su apoyo al bando de Julio César. La ciudad fue reconstruida tras la contienda y su nombre se latinizó a Attubi, construyéndose probablemente una primera fortaleza, mientras que en época islámica se denominó Alcalat, «la fortaleza», por el castillo que coronaría la ciudad.
Tras la conquista cristiana, Pay Arias de Castro, alcaide de los Reales Alcázares de Córdoba y portero mayor de Andalucía, construyó una fortaleza sobre la anterior romana especialmente por su cercanía a la frontera con el Reino nazarí de Granada. El nuevo señorío quedó consolidado gracias al apoyo de la Corona, ya que en 1303 el rey Fernando IV de Castilla lo reconoció como señorío y le procuró el nuevo nombre a la población, Espejo, que es una mala traducción del latín specula, que significa fortaleza o castillo. En 1366 adquirió la fortaleza Pedro Muñiz de Godoy, maestre de la Orden de Calatrava, quien al fallecer, la fortaleza pasó a su hija, quien contrajo matrimonio con Martín Fernández de Córdoba, II duque de Chillón y III alcaide de los Donceles, entroncando de esta manera con la poderosa Casa de Córdoba.
En 1867 la condesa de Espejo Ángela María Fernández de Córdoba contrajo matrimonio en la iglesia de San Sebastián de Madrid con Francisco de Borja Téllez-Girón, XVI duque de Escalona, cuyo primogénito Luis Téllez-Girón y Fernández de Córdoba se convirtió en el XIV duque de Osuna por herencia de su tío abuelo, una de las dinastías más antiguas de Castilla, Grande de España y una de las que más títulos nobiliarios posee. Luis María falleció en 1909 sin descendencia masculina, por lo que su hermano menor Mariano Téllez-Girón y Fernández de Córdoba se convirtió en XV duque de Osuna.
El XV duque de Osuna contrajo matrimonio con la sevillana Petra Duque de Estrada y Moreno, con quien tuvo a su única hija Ángela María, XVI duquesa de Osuna, quien contrajo matrimonio en la capilla del castillo de Espejo y en la cercana iglesia de San Bartolomé en 1946 con Pedro de Solís-Beaumont, evento que abrió el noticiario franquista NO-DO. En 1985 falleció la condesa viuda Petra Duque en el castillo de Espejo, siendo enterrada en el panteón familiar de la Colegiata de Osuna.
Su planta es casi cuadrada y está flanqueada por cuatro torres esquineras unidas por el paseo de ronda que conserva el adarve almenado con merlones cúbicos de mampuesto y ladrillo terminados en pirámides. Las torres están también almenadas; las del este y el oeste son macizas y las del norte y el sur poseen habitáculos en su interior. A superior altura del conjunto arquitectónico, sobresale la Torre del Homenaje, de planta rectangular con gruesos mensulones de un antiguo matacán. A la cúspide de esta torre se asciende por una estrecha y empinada escalera de piedra en caracol que data sin duda desde su construcción. A diversos niveles de su ascensión se abren dos amplias cámaras cuyo destino se ignora. El acceso al castillo se realiza por una rampa lateral que termina en una cancela que comunica con un jardín cerrado. La plaza de armas se ha convertido en un patio porticado rodeado de galerías. Frente al bloque principal del castillo, en el extremo opuesto del albacar, también utilizado como patio de armas, aparece una torre albarrana de menor altura y asimismo almenada, conocida como Torre del Caballero. Dicha torre fue concebida probablemente como lugar de vigía y una defensa exterior más por el flanco sur, donde la roca, como afirma Ramírez de Arellano debió ser bastante escarpada y de difícil acceso. En la actualidad, la fachada que da entrada a la fortaleza está profusamente decorada con ventanas geminadas de elegante traza. Sobre el dintel de la puerta de acceso al interior del edificio aparece en azulejos la imagen del Sagrado Corazón, sin duda en el lugar que en principio debió estar ocupado por el escudo de armas en piedra, acorde con el contexto de la edificación. Exenta del núcleo principal, emerge la torre Caballero, concebida como una defensa más. El conjunto está rodeado de una sólida muralla que comunica con la iglesia parroquial de posterior fecha.
Una vez en el interior, se pueden observar una serie de armas utilizadas durante la guerra civil española encontradas en el aljibe y unos sombreros de la época napoleónica. La sala a la derecha de la entrada es conocida como salón del Sagrado Corazón por un óleo del Sagrado Corazón de Jesús, regalo de bodas de Petra Duque de Estrada, 14.ª duquesa consorte, que se retiró al castillo. De hecho, esta duquesa construyó unos colegios denominados del Sagrado Corazón junto al castillo, actualmente derruidos. En esta sala se encuentran numerosos retratos y fotografías de la familia, además del archivo que alberga documentos desde el siglo XV.
En esta misma planta encontramos la capilla, probablemente el primer templo cristiano consagrado de Espejo, cuyo oratorio está presidido por un Cristo del siglo XVIII y una Virgen de la Fuensanta, patrona de Espejo, tallada en piedra, además de un belén barroco del siglo XVIII. Asimismo, se visita la antigua mazmorra utilizada desde época medieval hasta la Guerra civil española, actualmente reconvertida en salón con una exposición de sables de la Orden de Santiago, donde se ven las erosiones provocadas por una granada que estalló en esta habitación durante la Guerra civil; y un patio cuyo subsuelo alberga el aljibe. El salón de caza alberga trofeos de caza, el más reciente de 2013, donde únicamente los hombres iban a beber brandi y jugar a las cartas después de una cacería; está pavimentada con losas hidráulicas del siglo XIX, como la mayoría del castillo.
En la segunda planta se puede encontrar la biblioteca y el mirador de la reina Juana, donde la leyenda cuenta que la reina Juana I de Castilla pernoctó en el castillo debido a un fuerte temporal en su viaje hacia Granada o Sevilla, según la versión. Al haber acogido a un miembro de la familia real hizo que el castillo poseyera el privilegio de cadenas, que daba refugio a una persona perseguida por la justicia.
Cercana a la parroquia, en el final de la calle San Bartolome, podemos visitar una de las casas señoriales mas bonitas de la villa como es la Casa de Justina Luque. Construida en 1798 y marcada con el número 64 de la calle, constituye un excelente ejemplo de casa solariega cuya estructura responde a las necesidades de los que allí habitaban conformando a su vez un espacio monumentalizado acorde al estatus de sus moradores. Se localiza la más significativa casa solariega de Espejo en un punto estratégico y privilegiado junto al Castillo Ducal y la Iglesia de San Bartolomé.
Su monumental fachada, típica de las casas señoriales del sur peninsular, cuenta con elaborados elementos decorativos distribuidos por sus tres plantas de las cuales las dos inferiores corresponden a la parte noble de la vivienda y la tercera, más elevada, dotada de pequeños ventanucos se dedicaba a zona de almacén.
Luce una hermosa portada de piedra, a base de pilastras bien ordenadas, con los huecos armoniosamente dispuestos en arcos escarzanos y rejas con guardapolvos curvos. La parte superior de la portada la corona un frontón partido con una cruz en el centro. Bajo el balcón en el dintel del segundo cuerpo aparece el monograma de la Virgen con la A y la M invertidas, en el tímpano aparece representado el símbolo del Monte Calvario y la Cruz.
A la casa se accede por un impresionante vestíbulo que cuenta con una puerta de esmerada y preciosista carpintería que nos anticipa a la espléndida belleza del interior. En su interior, pasando el vestíbulo, una amplia y elegante galería da acceso a un majestuoso patio porticado con arcos de medio punto sobre columnas de fuste liso y capitel toscano, trasunto de la “domus” romana.
Otros edificios de arquitectura religiosa que podemos visitar en Espejo son las ermitas de Santo Domingo de Guzman y de San Sebastian y Santa Rita.
La de Santo Domingo se localiza en el extremo SE de la localidad. Fundada casi con total seguridad en la primera mitad del siglo XVI debió dejar huella entre la feligresía quienes fundan en ella una capellanía para sufragar misas e impartir enseñanza de la doctrina cristiana.
Esta ermita preside una conocida plaza a la que da nombre, en la que antaño se celebraba una más que concurrida verbena popular. Hasta bien entrada la modernidad, a esta ermita concurrían viandantes y vecinos a la parroquia a cumplir con el precepto dominical. De dicha iglesia, tan sólo su sobria y descarnada fachada, y su puerta de entrada con arco de medio punto conservan su originalidad.
Además de para funciones religiosas, la ermita fue utilizada a partir del siglo XIX como local donde impartir enseñanza. Se sabe que a partir de la segunda mitad del siglo XVIII servía para escuela, al frente de la cual había un maestro.
La de San Sebastian y Santa Rita se trata de un edificio de una sola nave, hoy cerrado al culto, con cúpula rebajada, sobre pechinas, en la capilla Mayor. Erigida en el siglo XVII, fue ampliada en 1784 gracias a don Manuel de Gracia que costeó su ampliación por medio de una capilla lateral de grandes dimensiones donde estaba entronizada la imagen de santa Rita. Se accede al interior de esta capilla bajo un arco de medio punto sobre semicolumnas toscanas.
La puerta de ingreso es simple, adintelada, con jambas y dintel de piedra y rematada por una cornisa de arranques de frontón en los extremos. Está bellamente rematada por una típica espadaña, hoy sin esquila.
Ademas de todo lo que hemos mostrado existen otros lugares de interes que se pueden visitar tanto en el pueblo como en el termino municipal de Espejo. Estos sitios son: Antiguo Matadero actual sede de la Peña cultural flamenca "La Albuhera" donde Junto a la puerta de acceso al matadero se aloja una discreta fuente erigida en 2016 de cuyo caño brotan las aguas que manan del inagotable manantial del Cerro de la Añora, Fuente Nueva, Calle de las Flores, Pilar Salado, Pozo Marmol o zonas verdes como el Parque de los Ruedos, el Jardin de Europa o el Parque del Borbollon.
Históricamente los asentamientos humanos se han establecido influenciados por la presencia de puntos de agua, ya corrieran por la superficie o fueran extraídas del subsuelo. Estas condiciones garantizaban y facilitaban la vida cotidiana de la gente, de ahí que su presencia animara a nuestros antepasados a construir sus casas y a cultivar los campos de su entorno.
En la actualidad este patrimonio natural se encuentra en franco retroceso debido a varios factores entre los que destacan su abandono por pérdida de uso o el desconocimiento de la importancia de los recursos acuáticos que sí existía siglos atrás.
La fuente abrevadero de la “Fuente Nueva” se localiza en el conocido paraje del Alcaparral, junto a la N-432, en la entrada al pueblo de Espejo. Se trata de un pilar de planta trapezoidal adosado por su lado este a un muro de contención de reciente construcción de unos 3 m. de altura edificado en mampostería, el cual carece de pilastra propiamente dicha y hace las veces una estructura de cemento en forma de T adosada al citado muro. En la parte inferior de dicha T un caño vierte sobre el pilar de mampostería.
Con unas dimensiones de 5 m. es mencionada por Ramírez de las Casas-Deza en su Corografía como una de las fuentes que abastecía de agua a la población espejeña durante el pasado siglo.
Históricamente esta fuente, al igual que el resto de fuentes del municipio, ha cumplido un servicio de abastecimiento a la población, lavadero de ropa y abrevaje de caballos y ganado.
La Fuente del Pilar Salado, de aguas salobres como su propio nombre indica, se localiza en la parte norte de la población de Espejo, en la calle del mismo nombre. Presenta una altura de más de 2 m. adosado a una pared contigua, y cuenta con un único caño que se sitúa en la parte baja y vierte casi a ras el agua al pilar. Este pilar de bajo pretil se encuentra elevado del suelo apenas 35 cm. En los comedios del siglo XVII esta fuente sufrió una urgente reparación con motivo de una etapa de grave sequía.
En el mismo lugar donde desde el siglo XVI se levantaba la ermita de Nuestra Señora del Rosario junto al antiguo camino de Córdoba se ubica el Parque de los Ruedos donde el amante de la naturaleza puede gozar también de una amplia zona de jardines, desde la cual se divisa una espléndida estampa del castillo ducal. Muy cerca del parque un pozo, un manantial que proporcionaba el agua para las necesidades de la ermita, y el riego a la Huerta del Rosario, que da nombre a este ámbito cuasi sacral.
Con la instalación del parque desaparecieron los últimos vestigios de un edificio más de cuatro veces centenario, adonde acudían los devotos de una advocación mariana, que el dominico fray Pedro Mesía, con la fundación de la cofradía del Rosario, se había encargado de propalar. Como también se borró la última huella del «viejo» camposanto, instalado junto a los muros de la ermita en 1885, que desempeñó sus funciones hasta los años cuarenta de la pasada centuria, cuando se funda el actual.
Espejo cuenta con un parque urbano que ofrece al visitante una zona inmejorable para recreo, descanso y solaz. Tras su reciente ampliación y remodelación, fue inaugurado en 1998, el parque está integrado en la excelente Piscina Municipal, como zona de merendero, dotado de mesas y barbacoas que multiplica su versatilidad. La amplia zona de césped y la densidad de su arboleda hace de ella un lugar reconfortante y acogedor. La plaza central del parque la ocupa un mosaico en acero que representa el mapa de Europa, alegórico a su nombre.
Su privilegiada situación, junto a una especie de bulevar en la zona conocida como «Cafetín», lo convierte en un atractivo lugar de encuentro para los vecinos que acuden regularmente a dialogar y pasear. O a reunirse en un café–bar y restaurante de primoroso servicio, que brinda al cliente lo mejor de la gastronomía espejeña. En los aledaños del parque se levantan las instalaciones del estadio de fútbol «San Bartolomé», digno igualmente de una visita.
A 4 kilómetros de la población, por la carretera que une Espejo y Nueva Carteya, perfectamente señalizado, se encuentra el parque Periurbano El Borbollón. Rodeado de olivares y la existencia de manantiales de agua potable, este paraje ha sido dotado con todos los medios necesarios para disfrutar de una jornada de convivencia en plena naturaleza.
Desde época prehistórica este enclave ha sido un lugar de asentamiento humano. Restos líticos, sobre todo hachas de piedra pulimentada, lo atestiguan. Un lugar atractivo y privilegiado que el espejeño ha sabido escoger para la celebración de festejos como la Romería en honor a San Isidro Labrador.
Años atrás nos hallábamos ante uno de los manantiales más caudalosos de toda la provincia, su abundante caudal no se secaba nunca y sus cuatro caños vertían de continuo un enorme golpe de agua.
El manantial del Borbollón ha abastecido al pueblo durante varias décadas, hasta que desde hace unos años la población espejeña se surte de las aguas del pantano de Iznájar.
Cuenta el conjunto arquitectónico con un extenso frontón de factura barroca. De la parte inferior de su cara norte salen tres gruesos caños circulares, repartidos dos en los extremos y uno en el centro, y además hay un cuarto caño que sale de la cara sur, en el extremo oriental del frontón y que vierte a una arqueta trasera. Los tres caños frontales caen en un pilar de planta rectangular, con los lados menores redondeados, que está edificado en mampostería y enlucido y cuyas dimensiones alcanzan los 8 x 1.50 m. y 35 cm. de altura desde el nivel del pavimento actual, sin duda muy recrecido respecto a lo que debió ser el original de la fuente. La evacuación del agua sobrante se realiza por medio de un rebaje ubicado en el extremo oeste que da sobre una arqueta y, de ahí, directamente al cauce situado en el costado occidental de la fuente que da origen al denominado arroyo del Borbollón, formado por las aguas de este manantial.
Sobre la cresta de un cerro aislado en la cuenca del Guadajoz, el afluente del Guadalquivir que estructura la campiña meridional de Córdoba y abre una vía natural de penetración hacia el sudeste, aparece Espejo, como un centinela ante la inmensidad del paisaje. Salta a la vista que ocupa un emplazamiento de excepcional valor estratégico, aprovechado desde fechas muy tempranas a tenor de su copiosa aportación arqueológica. Hoy, este pequeño pueblo blanco que se ve coronado por una imponente fortaleza en el trayecto entre la capital cordobesa y Granada, forma parte de la Ruta del Califato y del Camino Mozárabe de Santiago.
GASTRONOMIA:
La gastronomía espejeña es rica y variada. Una gastronomía que comparte con las poblaciones vecinas la esencia del sabor de los productos de una tierra bañada por las aguas del Guadajoz. A ella, el espejeño y espejeña han sabido impregnar de cierta originalidad confiriendo a sus platos un sabor único capaz de conquistar paladares. Esta gana fama en torno a su popular chorizo y la morcilla. Varias industrias cárnicas elaboran estos y otros productos, que pueden degustarse también en los bares de la localidad. Además de los embutidos, se pueden saborear los guisos de caracoles, su aceite de oliva y numerosa repostería, como bollos de leche, perrunas, pestiños, magdalenas, bichitos, torrijas, mostachones, torticas y el cuajado. Tampoco pueden faltar platos como las migas, el salmorejo y los flamenquines caseros.
FIESTAS:
Fiesta Tradicional de la Matanza: Se celebra en el fin de semana de los Santos este evento que se ha convertido en fecha clave en el calendario festivo de la localidad y la provincia, en el que se unen la promoción turística de Espejo y la puesta en valor de los productos relacionados con el cerdo y su elaboración.
Los Carnavales: En el mes de Febrero, son tradicionalmente, una fiesta muy celebrada en Espejo.
El día 28 de Febrero: Tiene lugar la celebración del Día de Andalucía.
La Semana Santa: Esta cobra cada vez más un inusitado protagonismo entre la población espejeña. Artísticas imágenes pasionistas, son procesionadas por calles angostas, quebradas y lorquianas, en un inverosímil recorrido cuasi mágico, de un encanto singular.
Cruces de Mayo: Se celebran durante el primer fin de semana de dicho mes.
Romeria de San Isidro: Se celebra el día 15 de mayo, con vistoso desfile de carrozas tras la imagen del Labrador hasta recalar en el paraje del Borbollón. Todo el pueblo y muchos visitantes de localidades vecinas se congregan ese día en tan frondoso lugar, para gozar de una jornada de convivencia e implorar del Patrón la protección del campo.
Specula: El primer fín de semana de julio se celebra Specula, un apasionante encuentro con las tradiciones y la gastronomía de nuestro pueblo, y que pretende mostrar el rico legado cultural, arquitectónico y gastronómico de Espejo.
La Verbena de Santiago: Esta se celebra a finales de julio, durante el fin de semana más cercano al día 25 de este mes.
Verbena de Santo Domingo: A principios de agosto, el sábado más cercano al día 8, tiene lugar la celebración de esta Verbena.
Feria Real: Se celebra en torno al día 24 de agosto, en honor de San Bartolomé y representa el paradigma del carácter festivo espejeño. Son afamados sus bailes que se celebran durante cuatro noches consecutivas, prolongándose con frecuencia hasta bien entrada la mañana.
Verbena de la Fuensanta: La verbena popular en honor de Nuestra Señora de la Fuensanta, Patrona de la Villa, se celebra el día 8 de septiembre.
Navidad: Espejo se engalana para la celebración de la Navidad, Fin de Año y Reyes Magos, con su popular cabalgata.
PLANO TURISTICO: https://turismo.espejo.es/trsmespsite/wp-content/uploads/2021/10/mapa_turistico_espejo.pdf


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Espejo, allí nació mi abuelo y mi mamá, tuve oportunidad de conocerlo en el 2016, deseo volver. Es mi raíz,mi sangre. Amo éste pueblo andaluz.
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