PORTILLO
Portillo es un municipio de la provincia de Valladolid dentro de la comunidad autónoma de Castilla y León. El municipio pertenece a la comarca vallisoletana de Tierra de Pinares y está formado por dos distritos, Portillo y Arrabal. El primero se encuentra en lo alto de un cerro y el segundo a la falda del mismo. Del municipio destaca su excepcional castillo del siglo XV, más recordado por sus nobles prisioneros, como Álvaro de Luna, que por su participación en acciones de guerra. Junto a él, el «mirador de Portillo» permite obtener una buena panorámica de los distintos pueblos del entorno, del Cerro de San Cristóbal, de parte de la ciudad de Valladolid, del inmenso mar de pinares del valle del Duero y del castillo de Íscar que se distingue como un pequeño cubo que sobresale del páramo hacia el sur. Además, Portillo cuenta con parte de lo que fueron sus «murallas» de piedra del siglo XIII que aún conserva una de sus puertas de entrada, denominada popularmente como «Arco grande».
Portillo cuenta aún con tres de las siete iglesias que llegó a tener. La de Santa María, actual parroquia de Portillo, es del siglo XVI y en ella destaca una escultura de la Piedad de la escuela de Juan de Juni, así como el retablo mayor de principios del XIV. Las otras son la de San Esteban, de época medieval aunque reedificada en el siglo XVIII, y la de San Juan Bautista, del siglo XVI y actualmente convertida en bar. En Arrabal de Portillo, podremos contemplar la iglesia de San Juan Evangelista, construida en piedra en el siglo XVI y actualmente parroquia del barrio. Al lado de esta última, se encuentra la ermita del Ecce Homo y, a las afueras de Arrabal, en dirección a Valladolid, existe otra ermita, la del Santo Cristo, en piedra y de una sola nave, con una Cruz de piedra frente a la puerta de entrada.
Portillo resulta un pueblo acogedor, en el que poder pasar varios días disfrutando de su arte, su cultura y su entorno, ya que existen varios lugares de alojamiento y restauración en los que degustar los buenos platos de la cocina castellana. Mención aparte tienen los dulces artesanales elaborados en este municipio, entre los que destacan los mantecados de Portillo, los bollos blancos y las ciegas.
El ayuntamiento de Portillo es propietario de grandes extensiones de pinares que no solo se encuentran en su término municipal y que son una parte importante de su riqueza e ingresos.
Sobre el nombre de Portillo hay varias hipótesis distintas. Una de ellas hace referencia a una de las cuatro puertas de acceso que tuvo el pueblo, la llamada "porta augusta". Otra hace referencia a «Nivaria» nombre de origen vacceo. A los habitantes del distrito primero, se los denomina «Portillanos», así como a los del segundo distrito «Arrabaleros».
El municipio de Portillo está constituido por dos núcleos de población, Portillo y Arrabal. De ellos, la primera es la villa histórica, en la que han acaecido los principales acontecimientos del municipio. Sin embargo, Arrabal ha asumido en la actualidad un mayor peso específico por su mayor población y mejor comunicación, siendo por ejemplo la sede de la Casa Consistorial del municipio.
Portillo en la cima del páramo y Arrabal de Portillo a los pies del mismo, se encuentran situados a unos 25 kilómetros de la ciudad de Valladolid por la CL-601. Esta carretera, que une Valladolid con Segovia, atraviesa Arrabal y desde esta última, tras un kilómetro de subida, se llega a Portillo por la denominada "cuesta empedrada".
Con aproximadamente 2.500 habitantes cuenta con una gran historia, pero además es famoso por tener el mejor ajo blanco de España, unos mantecados de escándalo y una mozzarella que nada tiene que envidiar a la italiana.
Portillo grande tierra de reyes y altas torres. Con este dicho popular ya se demuestra la gran riqueza patrimonial con la que contó el municipio a lo largo de su historia. Y es que, Portillo puede presumir de haber constituido uno de los pueblos más prósperos de la provincia desde su origen, el cual se remonta documentalmente al siglo XI, cuando doña Sancha otorgó el lugar al obispo Ponce y los canónigos de Palencia. Ya en 1460, Enrique IV de Castilla donó la villa al conde Benavente Alonso Pimentel.
A partir del reinado de Ramiro I tiene lugar la repoblación
de Castilla, lentamente, con avances y retrocesos. En la
crónica de Alfonso III se enumeran treinta y dos localidades tomadas a los sarracenos, entre ellas, Zamora, Salamanca, Simancas, Ávila, Segovia, Sepúlveda, Clunia y
Osma.
Se puede afirmar que, hacia el año 900 los cristianos no sólo
habían alcanzado el Duero, sino que se extendían al sur de
dicho río, hasta las proximidades de la vertiente septentrional de la Cordillera Central.
Fue un proceso lento. El monarca o un hombre de su confianza, generalmente un conde, junto con los componentes
de sus mesnadas, comenzaban fortificando un montículo o
cabezo de fácil defensa, como Amaya o el propio Portillo, y
se construía, muy rápidamente, dentro de dicha fortificación un castillo o torre de defensa. El conde distribuía las
tierras limítrofes entre los hombres que le habían acompañado en la empresa. Este tipo de colonización recibió el
nombre de presura.
Esta empresa repobladora no estaba exenta de riesgos, ya
que el poder musulmán, una vez afianzado el emirato cordobés, se oponía mediante sus eficacísimas expediciones
militares a la colonización de la meseta del Duero, por los
reinos cristianos.
Ya, en el año 939 aparece citada la villa de Portillo, en las
fuentes musulmanas, con motivo de una campaña militar
que dirigió personalmente el primer califa cordobés. Abderraman III, en el año mencionado, organizó la Campaña de
la Omnipotencia. Es posible que los planes de Abderraman
fueran tomar León capital de lo que ya era el reino astur
leonés. Por esta razón, la expedición fue preparada meticulosamente, dando ordenes desde Córdoba a todos los
generales de la frontera para que acudieran, con sus tropas, a engrosar el ya de por sí importante cuerpo expedicionario.
Los vecinos de Portillo
se defendieron con valentía ante un ejército muy numeroso y hasta entonces invicto. Mientras Portillo resistía, Ramiro II ordenaba sus tropas en Simancas, en donde se produjo el enfrentamiento definitivo. Esta victoria cristiana permitió un avance territorial a lo largo de la frontera del Duero, no solo en el sector del condado de Castilla sino también en el sector de Zamora.
Portillo no se libró de los ataques del el Almanzor ( el Victorioso), y así, sufrió el acoso de las tropas musulmanas en
la campaña de Almanzor del año 983, dirigida contra
Simancas, Rueda, Salamanca y Sacramenia. La toma de
Simancas fue tan trágica, que las aguas del río se tiñeron de
rojo con la sangre cristiana derramada. En el año 988 volvió Almanzor a conquistar Portillo, y al año
siguiente (989), en su trigésima segunda campaña, Almanzor golpeó sobre Toro y Portillo ( Burbil).
Indiscutiblemente nadie puede negar la tenacidad y la valentía de los habitantes de Portillo que en siete años fueron capaces de enfrentarse más de una vez con el gran caudillo cordobés. En tiempos de Alfonso VI, será Pedro Ansurez el conde de Mozón. Este caballero, fundador de la villa de Valladolid, gozará de la confianza del rey, hasta tal punto que es nombrado tutor de su hija que reinará más tarde como Urraca, reina de Castilla y León. Doña Urraca, el 9 de octubre del año 1110 concede a su hermana Teresa una serie de lugares, y entre ellos aparece Portillo. La infanta se comprometía ante la reina a poblarlos y defenderlos de sus enemigos. En el año 1139 surge un conflicto por la posesión de Portillo. Reinaba Alfonso Vil el Emperador con su hermana la Infanta Doña Sancha, hijos ambos de la reina Urraca y de Raimundo Conde de Borgoña. En este mismo año había tomado posesión de la diócesis palentina Pedro II que era sobrino del obispo de Segovia Pedro de Agen. Tío y sobrino debían ser de carácter un tanto altivo y pendenciero porque nada más posesionarse de la Mitra, el sobrino le planteó un pleito a su tío y protector sobre la jurisdicción de Penafiel y Portillo, que según él, creía pertenecer a su Silla, con mejor derecho que a la de Segovia.
En tiempos de Alfonso VIII de Castilla el triunfador de la
batalla Las Navas de Tolosa, regentaba Portillo
Don Alfonso Téllez de Meneses, en nombre de su pariente el
Conde Armengol de Urgel. Era Don Alfonso el hijo mayor de
Don Pedro Téllez de Meneses y de Doña Mayor Ansurez, hija
de Pedro Ansurez. En el año 1210 Alfonso VIII confirmaba la división de los términos entre Valladolid y Portillo. El 26 de enero del año de 1221 Fernando III, desde Estepar,
confirmó las posesiones que tenia en la villa de Portillo el
Monasterio de Retuerta.
Este privilegio fue confirmado posteriormente, tanto por su
nieto Sancho IV como por Pedro I.
Don Alfonso Téllez, señor de la villa de Palazuelos, y en la
Transierra de la de Montalbán, firmaba una escritura el 17 de
marzo de ese mismo año, 1221, como Sr. De Valladolid, Cabezón Tudela y Portillo. Don Alfonso Téllez fue uno de los ricos
hombres del reinado de Alfonso VIII, de Enrique I y de Fernando III el Santo. Casado en primeras nupcias con Elvira Ruiz
de Girón fue ascendiente de la reina María de Molina. Fundó
la villa de Alburquerque, y a la muerte de su primera mujer se
casó con Doña Teresa, hija de Sancho I de Portugal.
Alfonso X otorgó a Portillo el Fuero Real el 27 de agosto de
1255 incorporando la villa y sus aldeas (Revilla Compasquillo. Cardici, La Pedraja, la Torre, Aldea de San Miguel, el Campo, laAldehuela, Espardelas, Aldeamayor, Coferader, el Cornejo, Aynares, la Parrilla, Basçonanes, Renedo, Camporredondo y
Recoyo) al Concejo de Valladolid.
Por privilegio concedido por Enrique III de Trastámara en el
año1398, se otorgó a la Universidad de Valladolid las tercias
de los Arciprestazgos de Portillo y Cevico, privilegio que confirmó su hijo Juan II de Castilla en 1497. Es evidente pues,
que Portillo estaba ligado a la Universidad vallisoletana desde bastante antes, de que don Pío le donara su castillo. En
tiempos del último rey mencionado, Juan II, padre de Isabel
la Católica el castillo actual de Portillo alcanzo gran relevancia, ya que sirvió algunas veces como plaza fuerte y otras
como prisión durante este turbulento reinado. En el año 1429 el castillo de Portillo pertenecía a Diego
Gómez de Sandoval, tercer conde de Benavente, pero este
caballero se subleva contra el rey, apoyando a los infantes
de Aragón. El rey declara desobediente y rebelde
a Sandoval y cede el castillo de Portillo a Ruy Díaz de Mendoza, siendo Sandoval encerrado en su propio castillo. Sandoval pudo ser liberado por medio del soborno de uno de sus
guardianes, .Antón León, que abrió las puertas del castillo a
treinta caballeros, fieles al conde, a las ordenes del capitán
Pedro de Losada. El alcaide de la fortaleza estaba en ese
momento jugando al ajedrez con el prisionero. El conde
huyó a Benavente donde le esperaba su primera mujer Doña
María de Quiñones. Después, halló hospitalidad en Portugal.
En Burgos se formó, en torno al heredero, un nuevo partido, al que se unieron el Condestable, el
obispo de Ávila, el arzobispo de Toledo, D. Gutierre, los condes de Alba, Haro, Plasencia, Castañeda y otros. La hueste
formada por estos Señores era superior a la que mandaba el
Infante Don Juan, por entonces ya rey consorte de Navarra,
que optó por retirarse a Falencia y mandar a su prisionero,
Juan II rey de Castilla, al castillo de Portillo, que volvía a
estar en manos de Don Diego Gómez de Sandoval. Pero unos
caballeros de Valladolid liberaron al rey, que se reunió en
Dueñas con su hijo el príncipe Enrique, y con su condestable, Don Álvaro de Luna.
A comienzos de 1445 los tercios de los infantes de Aragón,
volvieron a Castilla y llegaron a Olmedo en donde se les
unieron los nobles de Castilla que eran se su parcialidad,
entre ellos el conde de Castro. El rey estaba reforzado por
Don Álvaro, el príncipe, el conde de Alba, Iñigo López de
Mendoza, Juan Pacheco, el obispo de Cuenca , el conde de
Haro, y el maestre de Alcántara. La batalla de Olmedo se
libró junto a las murallas de dicha villa el día 19 de mayo de
1445. El triunfo fue del rey de Castilla, el Infante de Aragón
D. Enrique, murió en Calatayud como consecuencia de las
heridas recibidas en la batalla. D Diego Gómez de Sandoval
y su hijo, quedaron prisioneros del rey.
Durante la Pascua del año 1453, estando Don Álvaro en Burgos en casa de Pedro de Cartagena, llego D. Álvaro de
Estuñiga, hijo del conde de Plasencia, con órdenes del rey
de prenderle. Después de una lucha entre sitiadores y sitiados D. Álvaro se rindió a Rui Díaz de Mendoza, mayordomo
del rey.
Fue conducido prisionero, al castillo de Portillo que él había
recibido del rey después de la batalla de Olmedo. D. Álvaro
estuvo encarcelado en este castillo hasta que el día 2 de
junio de 1453 fue decapitado en Valladolid, por orden del
Rey Juan II de Castilla, al que el propio D. Álvaro había llegado a salvar físicamente la vida en el sitio de Palenzuela.
El castillo fue encomendado nuevamente a Rui Díaz de
Mendoza, Juan II murió en la misma ciudad de Valladolid el
20 de julio de 1454. En su testamento cedió, a su hijo, el
infante D. Alfonso, el castillo de Portillo.
Enrique IV de Castilla que empezó su reinado el año 1454,
con veintinueve años de edad, no respetó el testamento de
su padre, y retuvo el castillo de Portillo en su poder.
Don Alfonso recibe entonces el castillo de Portillo.
Las tropas de los conjurados hacen frente al rey nuevamente en los campos de la villa de Olmedo y como ocurrió en el reinado anterior, las tropas reales ganaron la rota, el día 20 de agosto de 1467. El conde de Benavente, Don Rodrigo Pimentel, que mandaba en el
castillo de Portillo, por cesión del infante Don Alfonso, después de la batalla de Olmedo se pasó al bando del rey, recibiendo de éste en compensación no solo el castillo, sino
también la villa de Portillo.
Durante la guerra que enfrentó a los defensores de la causa de Doña Juana la Beltraneja y su marido Alfonso de Portugal, con los Reyes Católicos, el castillo de Portillo fue ocupado por las tropas portuguesas, en 1475, como trueque por
el rescate del conde que estaba preso. Con el triunfo de los Reyes Católicos en Peleagonzalo y en
Albuera, el castillo de Portillo volvió a la posesión de Don
Rodrigo de Pimentel. Posteriormente el castillo pasaría a la
casa de Osuna, pero esto ya sobrepasa la historia medieval
de Portillo.
En el siglo XVIII Portillo continuaba bajo la órbita de la familia Pimentel, como se reconocía en las Respuestas Generales del Catastro de la Ensenada: "este lugar es de señorío perteneciente a la casa de los Condes de Benavente, que pone justicias en ellas y las rentas que percibe son las alcabalas".
En 1751 la población de la villa y su arrabal comprendía 440 vecinos "entre buenos y malos". El casco urbano contaba con 350 casas habitables y 50 inhabitables o arruinadas. Había además un total de tres hospitales: "Hay dos hospitales en la villa, uno para hombres y otro para mujeres, y otro en el arrabal para hombres solos". Se menciona también un convento extramuros de la población que era de Agustinos Recoletos y se componía de hasta cuarenta religiosos.
El Ayuntamiento de PORTILLO tiene dos distritos: Portillo y su Arrabal. Éste último nació como un ensanche natural del primero y que, en la actualidad, por estar en la carretera que va de Valladolid a Segovia, ha adquirido mayor preponderancia comercial, tanto por su industria como por estar muchos más poblado. Arrabal se llamó en un principio: Reoyo. La última vez que se le designa con este nombre es en 1889, año en el que se sustituye por el actual Arrabal, pero con dependencia de Portillo.
Cuando fue destruida Porta-Augusta, durante las invasiones «francas», cobra importancia de nuevo, en la edad Media, la antigua Nivaria, que ahora adopta la denominación de PORTILLO, diminutivo derivado de Porta-Augusta, lo que parece probar que los restos indígenas de la destruida ciudad-colonia romana de la parte baja de Portillo conservaron la supervivencia en el recinto fortificado. A la vez continuaron las explotaciones agrarias de los alrededores, formando el poblado de «Reoyo» (estaba situado en las inmediaciones de lo que fue la ermita del «Corpus»), que desapareció posteriormente «como consecuencia de las epidemias derivadas de la zona húmeda y pantanosa sobre la que se asentaba». En la baja edad Media dio lugar a la formación del núcleo del actual distrito (Arrabal), en el emplazamiento aproximado que ocupó la Porta-Augusta Romana.
Comenzamos nuestro recorrido en la villa medieval de Portillo y el primero de nuestro lugares de visita es el Arco Grande o postigo de Escuevas. Es una de las dos puertas de entrada que se conservan de la antigua muralla del siglo XIII que rodeaba la villa de Portillo. Mide más de cuatro metros de alto y más de tres de ancho, y está coronada por un matacán defensivo formado por nueve diez ménsulas del mismo perfil que las de la torre del Homenaje y de la puerta del lado sur del castillo.
Cruzamos el arco y nos desviamos a la izquierda hacia la Plaza Pimentel donde vamos a contemplar entre otros monumentos el que puede ser insignia de la villa como es su castillo o tambien conocido como Castillo de los Condes de Benavente. El edificio que se contempla es el resultado final de la restauración requerida por el rey Enrique IV de Castilla en 1465 sobre una fábrica anterior del siglo XIV. Más tarde Alonso Pimentel, conde de Benavente levantó el adarve, abrió un foso y cavó un pozo. En la historia del castillo figura como tema importante y recurrente el arresto y prisión de Álvaro de Luna que pasó un tiempo recluido entre estas paredes antes de ser trasladado a Valladolid para su ejecución.
Pertenece al tipo de fortificaciones señoriales de la escuela de Valladolid del siglo XV que fueron levantados con intención de demostrar el poder y la riqueza de sus señores, vanagloriándose ante sus súbditos para contrarrestar la inestabilidad y guerras civiles del momento.
Es un edificio de planta cuadrada con la torre del homenaje en un ángulo; tiene barbacana y su recinto fue dotado de tres puertas defendidas por cubos amatacanados. Consta también de patio de armas en cuyo centro se conserva un pozo de más de 30 m de profundidad al que se accede por una escalera de caracol.
Actualmente, está considerado como Bien de Interés Cultural (fue declarado Monumento histórico-artístico perteneciente al Tesoro Artístico Nacional mediante decreto de 3 de junio de 1931) y está bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español.
No hay mención escrita sobre la existencia de un castillo o torre de vigía en Portillo hasta los tiempos de las luchas internas entre Pedro I de Castilla y su hermanastro Enrique de Trastamara. Algunos historiadores del pasado han hecho alusión a la existencia de una pequeña fortaleza construida por los árabes, pero sin referencias ni sustentación científica que puedan avalar.
Las crónicas no dan indicación alguna sobre la existencia de un castillo en tiempos de las revueltas de la minoría de edad de Alfonso XI, que habría sido el momento oportuno para hablar de ello pues la villa de Portillo se vio disputada por los dos tutores del rey niño, don Juan Manuel y el infante Felipe, hijo de Sancho IV de Castilla y de María de Molina. Más tarde, en 1325 mayoría de edad del rey, Alfonso XI confirmó la donación de la villa y de su alfoz, donación que había sido hecha anteriormente por el rey Alfonso X, al consejo de Valladolid. En estas declaraciones tampoco consta ni se da cuenta explícita de la existencia de un castillo. Pese a ser Portillo una donación real otorgada al consejo de Valladolid, el rey Alfonso XI se reservó el privilegio de regalar la villa a su hijo el infante Tello. Tras un paréntesis en que la villa de Portillo se vio confiscada por la guerra civil entre Pedro I y su hermano Enrique, el infante Tello la recuperó y, a la vista de las fechas y su propio testamento otorgado en 1370, los historiadores han sacado la conclusión de que fue ese el momento de la construcción del primer castillo como fortaleza importante.
La cuestión está en el testamento citado, según el cual Tello de Castilla dona la villa de Portillo a sus cuatro hijos en mancomunidad, testamento que su hermano Enrique II modifica para que sea «solo uno de ellos el que reciba la villa y la fortaleza». Por primera vez y hasta la fecha se ve escrito en un documento la referencia a un castillo.
En 1378 volvió a intervenir el rey, Tello había muerto en 1370, otorgando el gobierno de la villa a su hijo Enrique de Castilla, duque de Medina Sidonia. A la muerte del duque en 1404, la villa de Portillo, su alfoz y su castillo revirtieron a la Corona de Castilla. En 1409 se sumó a la dote de la infanta María de Trastamara, hija de Enrique III, quien a su vez la vendió en 1415 a su hermano Juan II de Castilla.
Durante el reinado de Juan II la fortaleza de Portillo fue pasando como propiedad de unos señores a otros, dependiendo en gran medida del devenir de las luchas internas, especialmente de las luchas entre el bando de Álvaro de Luna (partidario del rey) y el de los Infantes de Aragón (en contra del rey).
El 21 de septiembre de 1423, Juan II otorgó la villa de Portillo y fortaleza como premio por los servicios prestados en la guerra contra los moros, a Diego Gómez de Sandoval y Rojas, conde de Castrogeriz, hijo de Hernán Gutiérrez de Sandoval y de Inés de Roxas (o Rojas). En 1429, Sandoval se amotinó en Peñafiel apoyando la causa de los Infantes de Aragón por lo que el propio rey le confiscó a modo de castigo todos sus señoríos, incluido el de Portillo.
El 11 de septiembre de 1438, Juan II confió el castillo a su mayordomo Ruy Díaz de Mendoza, pero en 1441, siguiendo el curso de la guerra civil con los Infantes de Aragón, estos hicieron prisionero al rey Juan II y a continuación anularon las concesiones hechas por el monarca posteriores al 1 de septiembre de 1438, en virtud de lo cual Diego Gómez de Sandoval recuperó el castillo de Portillo confiscado anteriormente y además el propio rey Juan II fue encarcelado en dicha fortaleza, de la que pudo escaparse con ayuda de sus incondicionales. A continuación de estos hechos, el 19 de mayo de 1445, tuvo lugar la batalla de Olmedo entre los Infantes de Aragón y Juan II apoyado por Álvaro de Luna, con el resultado de una rápida victoria de los castellanos. Juan II donó la villa de Portillo con su castillo a Álvaro de Luna como recompensa a las últimas hazañas.
Pero Álvaro de Luna, hasta el momento favorito del rey, cayó en desgracia y fue hecho prisionero y recluido en el castillo de Portillo en 1453. Tras dos meses de prisión le condujeron a Valladolid donde fue ejecutado en la plaza Mayor.
En 1454 murió Juan II. En su testamento otorgaba y dejaba como herencia diversas villas así como el señorío de la villa de Portillo y su castillo a su hijo el príncipe Alfonso que nunca llegó a ser rey. El hermano de Alfonso, Enrique IV, incumpliendo el testamento de Juan II le arrebató todos los legados. Eran los tiempos de revueltas de gran parte de la nobleza contra el rey Enrique IV a favor de su hermanastro el príncipe Alfonso. Es el momento en que Enrique IV hizo obras de renovación en el castillo, mandando ejecutar los cambios y ampliaciones pertinentes elevación de la torre y construcción del cuerpo palacial que dieron lugar a una nueva moda en la construcción de castillos, que los historiadores llamaron «escuela de Valladolid».
La liga de nobles obligó a Enrique IV a reconocer a Alfonso como heredero y a restituir todas las villas usurpadas. Hasta la fecha el IV conde de Benavente, Rodrigo Alonso Pimentel había formado parte de la liga de nobles, pero en 1468 tras la muerte del príncipe Alfonso se cambió de bando y acató la causa de Enrique IV consiguiendo que este le hiciera donación de la villa de Portillo y su castillo en 1471, otorgándole también la merced de que fuera incluido en el mayorazgo del conde.
Rodrigo Alonso Pimentel hizo importantes obras en el castillo. Mandó construir la muralla circundante con sus fosos, el patio de armas que subsiste y el pozo que se halla en este espacio, con escaleras de acceso y salas subterráneas. Siguió apoyando la causa del rey Enrique IV hasta la muerte de este en 1474; a partir de ese momento cambió otra vez de bando defendiendo el partido de Isabel la Católica contra la princesa Juana y su marido Alfonso V de Portugal y en 1475 era prisionero de los portugueses, así que se les entregó Portillo y su fortaleza como trueque para su liberación. Más tarde Fernando el Católico le ayudó a recuperarlo todo, asegurándole además título y propiedad para él y sus descendientes. Desde entonces el castillo estuvo siempre en manos de esta familia.
El último de los Benavente que habitó la fortaleza falleció a principios del siglo XVII. El castillo quedó entonces bajo la administración y cuidado de los servidores y albaceas de la casa de Benavente; más tarde pasó a ser propiedad de la casa de Osuna, cuando ambos linajes se unieron por matrimonio.
Según los documentos fechados en 1865, el castillo fue tasado en 735.221 reales y capitalizado en 14. 400 reales para pública subasta como finca propiedad del ramo de Guerra que la posee quieta y pacíficamente desde que el Estado se incautó de la misma. El juez de primera instancia de Olmedo adjudicó la finca a Bonifacio Taboada, párroco de Arrabal de Portillo, en 15.000 reales a pagar en 10 plazos. Así lo aprobó el 21 de abril de 1865 la Junta Superior de Ventas de Bienes Nacionales.
Tras la muerte del párroco, los testamentarios sacaron otra vez a subasta la finca, esta vez como finca urbana dividida en 17 partes, de las cuales Victoriano Chicote compró 8 el 18 de enero de 1899 por valor de 700 pts. Más tarde consiguió comprar a sus condueños otras 4 partes, quedando 2 partes sin poderse adicionar.
En algún momento de finales del siglo XIX o principios del siglo XX, el castillo pasó a ser propiedad de Juan del Río, labrador y rico hacendado, padre de Pío del Río Hortega investigador, histólogo y médico, personaje importante en el mundo de la medicina. Del Río Hortega fue también propietario del castillo y a su muerte lo dejó en herencia a la Facultad de Filosofía y Letras, por lo que el castillo ha pasado a ser propiedad de la Universidad de Valladolid. Está parcialmente restaurado y es visitable.
El edificio tiene planta cuadrada, con torre del homenaje en el ángulo suroeste, mirando al pueblo. Consta de barbacana o recinto exterior también de planta cuadrada, con cubos en las esquinas y en el centro de los lienzos. Los dos recintos están coronados por almenas cuyos merlones alcanzan la altura de 2 m sobre el camino de ronda.
Tuvo tres puertas, norte, sur y oeste, todas flanqueadas por cubos. La puerta norte está frontera al campo, por la parte escarpada. La puerta principal, la del oeste está bien custodiada por la torre del homenaje. Es una puerta desenfilada (o puerta en codo), propia de las entradas defensivas. Su arco exterior es de medio punto y el interior es apuntado, con una garita semicircular volada en la parte superior. Esta puerta da entrada al segundo recinto o castillo propiamente dicho, atravesando primero un pequeño patio que supone un impedimento más de defensa contra los enemigos. Desde este espacio se llega a otra puerta en codo por la que se entra al patio grande de armas.
Las aspilleras de los muros son rectilíneas y cruciformes, pensadas para tiro de arco y de ballesta; hay algunas circulares para arcabuces; estas fueron abiertas en el siglo XV, momento en que comenzó el uso de las armas de fuego. También pueden verse matacanes de piedra sobre ménsulas formadas por canecillos.
La parte más antigua es toda la planta baja del recinto interior que data del siglo xiv, construido con arcos apuntados y bóvedas góticas que apoyan sobre arcos fajones. Es la parte que se atribuye a las obras del infante Tello (hijo bastardo del rey Alfonso XI).
La siguiente reforma fue la de Enrique IV; con esta reforma el castillo adquirió el aspecto de la escuela de Valladolid. Se elevó la altura de la torre.
En 1470 tuvieron lugar las modificaciones del conde de Benavente, Rodrigo Alonso Pimentel. Mandó edificar la barrera exterior o barbacana con fosos profundos ya desaparecidos, salvo en el lado norte que al ser escarpado no eran necesarios; modificó el patio de armas donde mandó hacer un profundo pozo, accesible por escaleras, que todavía se conservan.
La Torre del Homenaje es de gran altura: 13 m de lado x 28 de alto. Al exterior es sobria y sin apenas ornamentación, salvo los adornos correspondientes a una ventana gótica conopial y los escudos con las armas del conde de Benavente que decoran el dintel de las otras cuatro. Hay tres escudos repetidos por cada ventana.
Se entra a la torre por una escalera de caracol que comienza en el segundo piso y desde el adarve, como es habitual en las torres de los castillos como táctica para impedir el acceso al enemigo. Dicha escalera va avanzando hacia su derecha, siendo esta otra táctica militar pues si el enemigo lograra llegar a ella y subir, encontraría siempre el nabo de la escalera que le impediría sacar con rapidez su espada y atacar o defenderse. Sube por el ángulo NE hasta la azotea sin tener acceso al primer piso ni al tercero. Los habitantes de la torre se comunicaban de un piso a otro a través de escaleras interiores, bien de obra o bien movibles.
Lo más antiguo de la torre es la estancia del piso bajo, con bóvedas de crucería y arcos de piedra que descansan en una corrida imposta. Es la sala baja llamada cámara de don Álvaro o sala real, con una aspillera que proporcionaba algo de luz. Hay otra sala con bóveda de arista. La torre estuvo rematada con almenas.
Desde la puerta principal -la puerta oeste- se llega al camino de liza y de allí a la segunda puerta perteneciente al segundo recinto, desenfilada respecto a la primera. Esta segunda puerta –que conserva los restos del rastrillo- da acceso a un pequeño patio que servía como trampa al enemigo que hubiera logrado llegar hasta allí; desde este lugar se llega al patio central o patio de armas.
Estaba rodeado de galerías con arcadas de arcos carpaneles de las que queda una muestra en el lado este. En este patio estaban las dependencias del castillo, a excepción del lado oeste desde el que se podía acceder a las plantas superiores por una escalera de caracol. La arquería consta de cinco columnas de fuste octogonal, de poco más de 4 m de altura y basas muy simples.
En los lados del patio estuvieron distribuidos los salones y las estancias del castillo así como una capilla de la que no queda vestigio alguno ni se sabe el lugar exacto donde estuvo
Existe un pozo en el centro del patio que fue mandado excavar y organizar por Alonso Pimentel. Tiene una profundidad de más de 30 m. El acceso a su interior comienza en un extremo del patio, en el ala norte, cuyos escalones hacen de inmediato un ángulo recto hacia la derecha hasta llegar al centro donde comienza la escalera de caracol que va rodeando el hueco. Esta escalera tiene alrededor de 113 escalones y va conduciendo a tres cámaras abovedadas dispuestas en distintos niveles en cuyas paredes se encuentran sendos nichos de utilidad dudosa. En la última restauración que se llevó a cabo en el castillo se recuperó y rehabilitó también el pozo y su acceso; puede visitarse.
Una vez visitado el castillo continuamos nuestro caminar por la Avenida del Castillo para girar a la derecha por la calle Aljibe donde vamos a visitar la iglesia de Santa Maria la Mayor y Los Aljibes.
Para quienes no conocen este tipo de construcciones, indicamos que son antiguos depósitos de agua que servían para almacenar agua de lluvia, y que en Portillo eran utilizados para el consumo humano y animal.
Según los datos existentes, parecen datar de finales de la Edad Media o principios de la Edad Moderna. En su construcción se observa una sala de aproximadamente 92 metros cuadrados de planta enlosada, arcadas de sujeción y bonitos mosaicos que los decoran en forma de espiga y con una capacidad de 290 metros cúbicos.
Suele estar construido con ladrillos unidos con argamasa. Las paredes internas suelen estar recubiertas de una mezcla de cal, arena, óxido de hierro, arcilla roja y resina de lentisco, para impedir filtraciones y la putrefacción del agua que contiene.
La cubierta es una bóveda de cañón en cuyos extremos en la parte inferior se encuentran las dos aberturas de entrada del agua, formadas por dos gárgolas con forma de cabeza de león.
Durante mucho tiempo permanecieron tapados. Están a unos 8 metros de profundidad y han permanecido cubiertos con grandes losas circulares de piedra y únicamente se podía acceder a los mismos “mediante una escala y bien aferrados a un cinturón de seguridad”, lo que hacía que no fueran visitados. Hoy en dia se pueden visitar desde la oficina de turismo de la localidad.
Santa Maria la Mayor es la iglesia parroquial de Portillo. De estilo renacentista, fue construida en el siglo XVI y reedificada a finales del siglo XVII. Se encuentra en un buen estado de conservación.
De aspecto austero en su exterior, presenta una torre cuadrada de tres cuerpos, estando perforado el último por dos huecos gemelos en cada uno de sus frentes. Sobre la puerta, adintelada, luce en el centro una Virgen gótica dentro de una hornacina. Su planta está dividida en tres naves entre pilares y arcos de medio punto, con cuatro tramos. La nave central está cubierta con bóveda de arista con yeserías del siglo XVII y las laterales con bóvedas de cañón con lunetos y arista. Por su parte, el crucero se cubre con bóveda de crucería estrellada, la capilla mayor con cúpula y la sacristía con bóveda de arista con yeserías. La iglesia presenta, igualmente, un coro alto a los pies. Además, su interior es importante por las esculturas que contiene: el retablo barroco del Altar Mayor, Piedad del siglo XVI, Cristo resucitado, Cruz Parroquial rococó del siglo XVIII.
Desde la Plaza de Santa Maria podemos seguir recto por la calle Castilla y Leon y Balcon de Castilla hasta llegar a un mirador desde podemos contemplar unas preciosa vistas panoramicas de Portillo, su Arrabal y del entorno donde se ubica.
Continuamos por la calle Angulo hasta llegar de nuevo al Arco Grande para desde este proseguir nuestro caminar por la Ronda Excuevas donde nos encontramos con otra de las puertas de acceso a la villa medieval como es el Arco Pequeño. De construcción bastante austera en comparación con el Póstigo de Escuevas, se sospecha que por ella accedían a la ciudad personas o cargamentos con menor notoriedad que por el “Arco Grande”. Recientemente restaurado, es un interesantísimo postigo cuyo hueco, de arco semicircular y coronado por dos merlones, mide dos metros de ancho y tres de altura.
Al final de la ronda llegamos a un pequeño parque que posiblemente antaño podria haber sido un espolon del recinto amurallado de Portillo, donde hay un mirador para poder disfrutar de unas espectaculares vistas de la comarca de Tierra de Pinares. Junto a ella nos encontramos con el inicio de la Calzada Romana conocida localmente como "La Empedrada", hoy día broche del recorrido de sus encierros por el campo. La llamada "Ronda" (vial al borde del páramo), tiene el potencial de ser un recorrido peatonal con
un gran atractivo y calidad espacial, planteándose como sistema público estructurante de todo el borde urbano
del núcleo de Portillo.
Antigua calzada, parcialmente conservada, por la cual se subía a la villa de Portillo. Aunque no existe ninguna prueba documental que acredite en qué época fue construida, parece que la calzada es anterior al siglo XI y que en su morfología se aprecian influencias de las construidas en época romana.
Desde este punto continuamos por la calle Fortaleza hasta que llegamos a la Plaza Noriega donde vamos a contemplar el edificio de la iglesia de San Juan Bautista. Esta iglesia fue construida en el siglo XIII dentro del estilo gótico-mudéjar y fue reformada en los siglos XVI y XVII.
Presenta lucillos sepulcrales con arco conopial y muros de piedra y ladrillo. En su interior se contemplan dos naves entre pilares y arcos de medio punto que se cubren con bóveda de arista con yeserías de siglo XVIII. La capilla mayor presenta bóveda de cañón apuntado con arcos fajones, mientras que en la sacristía se utiliza una cubrición con bóveda de crucería estrellada. Tiene espadaña, de dos cuerpos, hecha en ladrillo. Por otra parte, en su exterior se distinguen dos portadas: de medio punto en el lado del Evangelio y de arquivolta apuntalada en el de la Epístola. Hoy en dia se encuentra desacralizada y en su interior se ubica un establecimiento de hosteleria.
El núcleo urbano, que en su mayor parte se corresponde con el núcleo histórico, en su mayor parte
conviven las viviendas tradicionales molineras de una o dos plantas, y de significada raigambre, con nuevas
construcciones, realizadas por reposición de las existentes, que mantienen la configuración de parcela y
fachada estrecha, que suelen tener dos plantas, agregadas al núcleo compacto a partir de los años 80
del siglo XX. En el centro histórico, la mayor parte de la tipología residencial es vivienda unifamiliar adosada que cuenta con
una única altura (casa molinera), presentando, en la mayoría de los casos, un avanzado estado de
envejecimiento. Junto a estas viviendas conviven las nuevas intervenciones que por regla general son
edificaciones de dos plantas y pequeños establecimientos comerciales; dedicados al sector de servicios
primarios y a la hostelería.
Conviven con estas casas molineras otras edificaciones también de carácter tradicional pero de origen más
pudiente. Suponen un testimonio de una arquitectura vernácula propia de la zona de tipo “mudéjar” con una
organización de la fachada mediante elementos estructurales de sillería y ladrillo de tejar y entrepaños de
adobe o mampuesto revocados.
Proseguimos nuestro caminar por la calle Colegio hasta que llegamos a la Plaza de la Villa con sus tres arcos de medio punto de ladrillo de entrada y que posee el ayuntamiento de la localidad, la iglesia de San Esteban o la casa natal de Pio del Rio Hortega. De traza rectangular es el centro nuralgico de la villa medieval de Portillo. Para conocer un pueblo en profundidad es necesario pasear por sus calles y contemplar cada uno de sus rincones. Portillo no es una excepción para esta regla. Por eso, recorrer todos sus recovecos nos permite descubrir otros monumentos, como Los Tres Arcos, una estructura arquitectónica compuesta por un trío de arcos de medio punto realizados en ladrillo. Antiguamente, constituyó una puerta de acceso a la plaza, abierta en el siglo XVIII. La puerta une, por un lado, la Iglesia de San Esteban y, por otro, una de las casas inscritas en la plaza, la casa familiar del científico relevante en el campo de la neurohistología Pio del Rio Hortega, delante de la cual se sitúa un busto conmemorativo. La villa conserva algunas casas nobles con viejos escudos de piedra, adornados huecos, aleros salientes, ventanas de escasa luz y fuertes rejas y sillares ennoblecidos por los siglos.
Esta iglesia fue construida en época medieval y reedificada en el siglo XVIII. Dedicada en su día a San Esteban, fue la antigua parroquia de Portillo. En la actualidad, y por lo que a su interior se refiere, está desprovista de imágenes, altares, cuadros, retablos y de todo aquello que significa religión o arte.
En su exterior, sin embargo, se conserva aún la figura de San Esteban en alto relieve enmarcado dentro de una hornacina. Este edificio, situado en la Plaza Mayor del Distrito Primero, es conocido popularmente con «El Juego de Pelota» y se utiliza para albergar obras de teatro, actuaciones folclóricas, festivales poéticos o musicales, etc. El retablo de esta iglesia se encuentra en el palacio arzobispal de Valladolid.
Otro de los edificios que podemos contemplar dentro de la plaza es la Casa de la Villa que en la actualidad es el Centro de Arte Municipal.
Continuamos por la calle Colegio hasta que llegamos a la Plaza de la Constitucion o tambien conocida como Plaza de Toros donde se encuentra las Antiguas Escuelas. Se trata de un antiguo edificio de mediados del siglo XX donde se impartian las clases a los niños del pueblo y que hoy en dia han sido reformadas para albergar en su interior un Centro Municipal de Idiomas.
Proseguimos por la calle Colegio para al final de la misma llegar a una zona reacreativa donde se situa el area de parking de autocaravanas y el inicio del Sendero que nos llevara al Mirador del Pico del Calvario. Es un mirador paisajístico construido con elementos de arquitectura sostenible que integran innovación, estética, seguridad y funcionalidad. Desde este mirador se puede contemplar una panorámica de gran belleza entre inmensos páramos y un mar de pinares.
Una vez visitado el mirador nos disponemos a visitar la zona del Arrabal de Portillo y para ello nos dirigimos por la Cuesta Empedrada hasta que llegamos a la Plaza del San Juan Evangelista donde vamos a visitar los monumentos de la iglesia del mismo nombre y la Ermita del Ecce Homo del Arrabal.
La Iglesia Parroquial San Juan Evangelista es un edificio de estilo renacentista con cabecera gótica y dos retablos, uno mayor de Francisco Giralte, y otro plateresco construido en piedra en el siglo XVII. La iglesia presenta diferentes etapas constructivas, la más antigua, de principios del siglo XVI, a la que corresponde la cabecera y primer tramo de las naves, con estructuras góticas y leves introducciones renacentistas. Todo el conjunto está cobijado por un gran arco de medio punto con placas en su intradós.
Al exterior, la iglesia presenta con claridad sus diferentes etapas constructivas, la más antigua, de principios del siglo XVI, a la que corresponde la cabecera y primer tramo de las naves, con estructuras góticas y leves introducciones renacentistas.
De esta etapa son los contrafuertes angulares, huecos de ventanas alargadas de medio punto y una fábrica de sillería más irregular que en el resto de la nave. Los tres tramos restantes, presentan mayor altura, una sillería más regular y constituyen el cuerpo principal del edificio caracterizado por patrones post-herrerianos, con huecos de ventana rectangulares rematados por imposta de placa y contrafuertes más elaboradas que terminan en perfil cóncavo.
Los accesos se realizan mediante sendas portadas situadas en el tercer tramo de la nave del evangelio y de la Epístola. Esta última es la más sencilla, se abre entre contrafuertes, mediante arco de medio punto de ancho dovelaje, que reposa en las jambas a través de una imposta a modo de entablamento de friso liso y rematada en imposta de similares características.
En el lado del evangelio, se encuentra la portada principal. Consta de dos cuerpos, el inferior lleva jambas cajeadas sobre las que se levanta arco de medio punto decorado con casetones con cabezas de ángeles y rosetas, y el busto de Cristo en la clave con cartela indicativa de la fecha de ejecución 1570. En las enjutas, dentro de marcos ovalados bajorrelieves del Arcángel San Gabriel y la Anunciación. El segundo cuerpo, separado por imposta, presenta hornacina rematada en frontón triangular con la imagen del santo titular. Todo el conjunto se cobija por un gran arco de medio punto con placas en su intrado. A los pies de la iglesia se sitúa la torre de tres cuerpos, el superior con dobles huecos alargados de medio punto por cada lado.
En su interior presenta tres naves separadas por pilares y columnas sobre arcos de medio punto, cabecera rectangular y coro a los pies. El crucero, capilla mayor y sacristía se cubren con bóveda de crucería con terceletes, los tres últimos tramos de las naves con bóveda de aristas con yeserías del siglo XVII.
La Ermita del Ecce Homo situada justo al lado de la iglesia de San Juan Evangelista, es una pequeña capilla de estilo barroco construida en el siglo XVIII con una sola nave, arco triunfal de medio punto y cúpula en la capilla mayor. En su interior se encuentran las obras de la ermita del Santísimo Sacramento, hoy desaparecida y que estaba situada a unos trescientos metros al sur de ésta, al lado del arroyo. Son de especial interés la talla de un Cristo resucitado, un Cristo yacente y un par de imágenes (de vestir) de la virgen. Actualmente se utiliza en dos ocasiones al año, en el corpus y el lunes después de Pascua.
Los ultimos lugares de interes que podemos visitar en la zona del Arrabal de Portillo nos los encontramos a las afueras del mismo justo en la carretera que une esta con Valladolid. En este caso se tratan de la Ermita del Santo Cristo o del Humilladero y la Cruz del Pelicano.
La ermita está construida en piedra y de una sola nave, con un crucero de piedra a su entrada que da la bienvenida al visitante y que sirvió, junto con otras cruces ya desaparecidas, para la celebración del vía crucis.
La ermita es de arte barroco del siglo XVII. Muros de piedra. Una nave cubierta de arista con yeserías. La portada da a la carretera de Segovia con arco de medio punto. En su interior se encuentra un Cristo de fines del siglo XVI.
La Cruz de Pelicano, aunque sin prueba documental, parece datar del siglo XV , de estilo gótico, y responde a la tradición de nuestros antepasados de colocarlas a la entrada de nuestros pueblos y llamada así por un pelícano que supuestamente la coronaba, y del que en la actualidad nada queda. Su estructura está formada por: Un basamento con tres escalones, de forma primero cuadrada y después octogonal. Un fuste monolítico terminado en un capitel con molduras, que muestra cuatro cabezas de querubines. Una cruz, que presenta al Este en bajo relieve a la Virgen y al Niño y en el lado opuesto en alto relieve a Jesús Crucificado.
Otro lugar de interes que podemos visitar en Portillo es la Fuente Vieja situada en las afueras del Distrito Segundo de Portillo, cerca de la carretera que conduce a Íscar. Su enclave está rodeado de lo que antiguamente eran parte de las eras del pueblo, donde los agricultores desarrollaban la actividad de la trilla en época estival. La fuente estuvo en uso hasta los años treinta o cuarenta del siglo pasado. Perdió el mismo cuando se llevó a cabo la acometida de agua en la localidad. Era un manantial natural donde en tiempos acudían los vecinos a recoger agua con cántaros y cantarillas (piezas de la alfarería portillana de la época) para hacer uso de ella en labores propias del hogar. Su ubicación está muy próxima al arroyo del Masegar que atraviesa longitudinalmente el segundo distrito, si bien en la localidad se conoce al mismo como arroyo de Santa María.
Data del siglo XIX, en concreto se construyo en el año en el año 1854, como consecuencia de graves problemas de sequía por los que habían atravesado los pueblos de la zona. Su construcción se encargó a dos «albañiles peonados»: Carlos Vaca y Anselmo Cesteros. Recientemente ha sido restaurada en su totalidad debido al mal estado de conservación en el que se encontraba.
Portillo esta enmarcado en la denominada Tierra de Pinares que presenta unas características claramente definidas y que han influido en la situación socioeconómica de la población. El territorio del municipio de Portillo está compartimentado en tres tipos de unidades fisiográficas muy bien definidas: el páramo, la campiña y las cuestas. Páramo y campiñas son las que más desarrollo superficial alcanzan y donde tienen lugar las principales actividades económicas y productivas del municipio, es decir, son los espacios útiles por excelencia. Las cuestas, por su parte, que constituye el nexo de unión entre las dos anteriores, tiene un aprovechamiento más difícil y una extensión menor, aunque posean una importante proyección espacial y paisajística.
Y es que hablar de Portillo es hablar de pinares, en diferentes variedades como piñonero, resinero o pinus halepensis. La tradición oral cuenta que estos pinos fueron concedidos por Felipe II como premio a las proezas de guerra, lo cual nos da una idea de la antigüedad de estos pinares, que sustituyeron el bosque de especies quercíneas, que había constituido hasta entonces la vegetación original de la zona. Lo cierto es que son desconocidos los motivos por los que desaparecieron estas especies, aunque aún hoy se pueden encontrar, entre algunos pinos, variedades de encina, quejigo o sabina albar, y algunas especies arbustivas como tomillo, lino, lavanda, espliego, etc. Además de todo ello, existen vestigios de bosque mediterráneo en el llamado Llano de san Marugán y tomillares y aljerezales en los suelos yesosos de las cuestas. Asociados a los arroyos o humedales pueden verse pequeñas agrupaciones de chopos. Por último, tanto sobre determinados sectores de páramo, como en cuestas y fondos del valle, abundan los árboles frutales, particularmente los almendros. Los de las cuestas, más visibles, ponen una nota de color en el paisaje de enorme atractivo, sobre todo en época de floración.
Toda esta morfologia y entorno natural permite al viajero la realizacion de rutas de senderismo o de lugares donde disfrutar del medio ambiente con areas recreativas como la Fuente Minguez y el Llano de San Marugan.
GASTRONOMIA:
La gastronomía de Portillo te sorprenderá con sus deliciosos platos tradicionales. No puedes perderte la oportunidad de probar el cordero asado, los embutidos caseros y los vinos de la región. Los Mantecados de Portillo son una de las pastas más famosas de la provincia. Tienen forma elíptica y se presentan recubiertos de una capa de azúcar, lo que les aporta su color blanco característico. Son harinosos, y muy dulces y suaves en el paladar.
FIESTAS:
Las fiestas patronales del municipio en honor a Santa María la Mayor de Portillo, tienen lugar del 7 al 14 de septiembre, aunque los primeros días es en Portillo y los últimos en Arrabal. Aparte de los tradicionales actos religiosos en honor de la Virgen de Santa María la Mayor, son famosos sus encierros campo a través, encierros por las calles y capeas, todo ello amenizado por las peñas de ambos distritos, que convierten estos días en un ambiente de máxima alegría y diversión.
Especial mención hay que hacer a los encierros del campo, ya que además de ser unos de los más antiguos de España su recorrido permite visionarlos casi íntegramente desde la salida de los toros del corral, pudiendo seguirlo desde lo alto sin correr riesgos a la vez que se disfruta del espectáculo.
Otras fiestas importantes son la del Corpus en Portillo y la del Domingo de Ánimas en Arrabal, además de fiestas campestres en la semana de Pascua, donde junto con los amigos, se pasa un día desenfadado en los pinares de la zona; pinares donde se encuentran núcleos recreativos con barbacoas y mesas para hacer la estancia más acogedora, como el de "Fuente Mínguez" en la carretera de La Parrilla, o el de "Llano de San Marugán" en la de Cogeces de Íscar.
El 27 de diciembre se celebra la festividad de San Juan Evangelista, en la que se celebra una misa en conmemoración del Santo bajo cuya advocación se construyó la iglesia parroquial del distrito segundo.
La Feria de Artesanía y el Ajo de Portillo se ha convertido en una excusa para muchos turistas que se acercan a esta localidad vallisoletana el último fin de semana de junio, que es cuando tiene lugar la feria. Esta iniciativa parte de la asociación que engloba a artesanos, alfareros, confiteros y ajeros que durante dos días dan a probar sus productos.
El ajo blanco autóctono tiene un lugar destacado y para divulgarlo se degustan diversos guisos elaborados a partir de este producto como torreznos fritos con ajos o sopas de ajo. En los puestos, que toman como escenario los alrededores del castillo, se puede observar el modo de enhorcar los ajos, cómo se realizan las cerámicas o conocer el modo de bañar los mantecados de Portillo, el rey de la repostería del municipio. Unas pastas que han tomado el nombre de la localidad y que también se dan a probar durante la feria. Los actos se completan con exposiciones de fotografía, charlas y coloquios, junto con la música y bailes populares. El ajo blanco es uno de los productos más típicos de esta localidad y es considerado el mejor de España.
ALFARERIA:
En el siglo XVIII, la actividad artesanal es de subsistencia, respondiendo a las necesidades básicas de la población. En esta época, el sector artesanal adquiere cierta importancia en la Villa de Portillo y su Arrabal por encima de los pueblos de alrededores.
La actividad artesanal se realiza en pequeños talleres en los que convive el maestro con algún oficial y aprendiz. Es la misma estructura que en el resto de los talleres artesanos.
Los artesanos alfareros de la Villa de Portillo y su Arrabal fueron adquiriendo renombre y sus productos llegaban a los mercados de Cuellar y Valladolid, algo que no era habitual para los artesanos de la época; lo normal es que la clientela de un artesano fuera estable y fija entre los habitantes de la localidad y sus más inmediatos alrededores.
En el año 1751, ya están censados 21 alfareros en la Villa de Portillo y su Arrabal, lo que suponía más o menos un tercio de la totalidad de los artesanos de la localidad. Los productos que ofrecían los alfareros eran únicamente de primera necesidad. Pucheros para cocinar, platos y vasos para comer y beber, jarros para el vino, cántaros para el agua y el vino, etc.
La alfarería ha sido la industria clave en Arrabal de Portillo durante todo el siglo XX. En la década de 1950 existían más de 50 alfarerías y más de un centenar de oficiales alfareros.
Hasta bien entrada dicha década de 1970, la evolución de la alfarería en Arrabal de Portillo, en cuanto a las técnicas, había sido casi nula. Todos los procesos eran manuales y el cocido de las piezas se realizaba en hornos de leña.
Los productos que se realizaban seguían siendo los de primera necesidad: cantaros, cazuelas, platos, botijos, etc. Quizás uno de los productos distintivos propios de esta zona era el “pote”, una vasija especialmente diseñada para recoger la preciada resina de los abundantes pinos negrales existentes en esta región, denominada por algo “Tierra de Pinares”.
Por lo general, el taller del alfarero se encontraba integrado dentro de su propia casa, que a su vez estaba dentro del núcleo urbano. A través de la puerta principal o de una puerta directa, se accedía al corral, situado en la parte posterior de la vivienda, donde se levantaba el horno y las restantes dependencias necesarias para el desarrollo del trabajo, así como las cuadras, pajares, sotechados, etc.
La construcción de las casas se realizaba a través de muros de carga de mampostería y piedra labrada, mientras que las dependencias auxiliares como sotechados, secaderos, etc. solían hacerse de adobe fabricado en el propio alfar. Los tejados eran de tabla sobre vigas de madera, cubiertos por teja árabe fijada con barro y paja.
PLANO TURISTICO DE PORTILLO: https://portillo.es/notices/callejero-portillo/






























































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