GATA (Caceres)

 



GATA



Gata es una villa y municipio de la provincia de Cáceres dentro de la comunidad autónoma de Extremadura. Se sitúa en la sierra de Gata, al noroeste de la provincia de Cáceres, junto a Torre de Don Miguel y tendida en la falda sur de las Jañonas a 1367 m sobre el nivel del mar, estando coronada de robles, pinos, castaños y adornada por peñas de granito, emergiendo en medio de un mosaico de olivares por donde transcurre el río de la Rivera de Gata con sus aguas limpias y cristalinas. El municipio tiene una población total de 1395 habitantes, de los cuales dos tercios viven en la villa de Gata y los demás en Moheda de Gata, un poblado de colonización situado en un exclave del término municipal al sur de Villasbuenas de Gata, junto a Moraleja. La localidad de Gata recibió el título de villa en 1341. Moheda de Gata se fundó en el siglo XX siendo conocido como Torre de Almenara.
Su término municipal, recoge la esencia misma de la arquitectura, el urbanismo, el paisaje, la gastronomía y, en definitiva, la esencia misma de la Sierra de Gata. Su ubicación ha condicionado la evolución de su historia y así se refleja en su trazado y urbanismo, típico de los pueblos serranos. En 1995 la localidad de Gata fue declarada Bien de Interés Cultural con categoría de Conjunto Histórico.


La población tiene su origen en la localidad romana de Catobriga, situada junto a la Vía Dalmacia, calzada que comunicaba Caurium y Mirobriga, las actuales Coria y Ciudad Rodrigo. En 1212, Alfonso IX de León reconquistó Gata y la torre de la Almenara a los moros, tras cinco siglos de ocupación musulmana. Los moros denominaban a este lugar Albaranes. En 1253, Alfonso X el Sabio donó al obispo de Coria la localidad, dándole con la donación el nombre de Hispania. En 1257, ya denominada Gata, fue donada por el obispo a la Orden de Alcántara, que la convirtió en una aldea dependiente de la encomienda de Santibáñez el Alto.​
Las autoridades de Santibáñez el Alto abusaban de su poder contra los habitantes de este lugar, lo que provocó una despoblación. Para frenar esta despoblación, el maestre de la orden convirtió a Gata en una villa exenta en 1341. Enrique II de Castilla confirmó la exención en las Cortes de Burgos de 1367. En 1410, la iglesia de la villa albergó el capítulo general de la Orden de Alcántara, siendo maestre Sancho de Aragón. El último maestre de la orden, Juan de Zúñiga y Pimentel, estableció a finales del siglo XV en Gata la Academia del Maestre, dirigida por el humanista Antonio de Nebrija. Por esta época había un destacable asentamiento judío en Gata, que con la expulsión de 1492 fue en su mayor parte a exiliarse en el vecino Portugal.​
En la Guerra de las Comunidades de Castilla, la villa de Gata apoyó al bando realista, y el rey Carlos I agradeció el apoyo de la villa dándole sus armas como maestre de la orden como nuevo escudo, sustituyendo a la gata con la cruz de Alcántara. En el siglo XVI, cuatro gateños participaron en la conquista americana. En 1575 el concejo de Gata compró la dehesa del Fresno por siete mil ducados. En 1591 se dividió la orden de Alcántara en partidos y se creó el partido de Gata, predecesor histórico y geográfico de la actual mancomunidad de la Sierra de Gata. La expulsión de los moriscos fue notoria en la zona, pues en 1614, al venderse sus bienes, se obtuvieron 156.873 maravedíes.​ En la Guerra Peninsular destacó Gata por su defensa y lucha heroica contra el invasor francés.​ A la caída del Antiguo Régimen la localidad se constituye en municipio constitucional en la región de Extremadura, Partido Judicial de Gata​ que en el censo de 1842 contaba con 570 hogares y 3122 vecinos.​ En 1954 se fundó la pedanía de Moheda de Gata.


Algunas de las características básicas del urbanismo y la arquitectura popular de Gata son: sus casas altas, de dos y aun de tres pisos, ocupando el bajo las bodegas y cuadras, el del medio las salas y dormitorios y el alto la cocina sin chimenea, que no se usa, despensa y desvanes, construidas con piedra y argamasa de tierra obscura. Los materiales utilizados en la construcción de las viviendas básicamente son: el granito, la cal morena y arena del río, aparecen en el subsuelo rocas de tipo granítico que también fueron aprovechadas para construir las viviendas.
En algún edificio se puede apreciar cómo la parte más alta de la vivienda es de entramado de madera y adobe algo más abajo aparece el ladrilllo. Los solados de las calles se resolvieron a lo largo de la historia con empedrados de pequeños trozos de granito y cantos rodados de los cauces.
En la actualidad la política municipal trata de recuperar el antiguo empedrado, si bien modificándolo para concretar aceras de piezas de granito más cómodas, manteniendo el centro de la calle de cantos rodados y piedra gajada. Predomina el tono ocre en los acabados de las fachadas, hay ciertas zonas como la Plaza de la Constitución, donde se están imponiendo, sobre todo en las segundas y terceras plantas, el color blanco, lo cual mixtifica en cierta medida la pureza del caserío de arquitectura popular.
Los vanos de acceso a las viviendas, son rectangulares, formados por jambas y gran dintel de granito. En la tipología de los vanos de las ventanas predomina el rectangular y en menor proporción el cuadrado, formados por pequeñas jambas y dintel de granito.
Perviven aún algunos huecos con arquillos conopiales y pequeños antepechos labrados que trasladan su gracia a ciertas fachadas con una sencillez y armonía dignas de admiración.
Durante el siglo XVI aparece la construcción de ciertas piezas que Guerra Hontiveros llama «balcones», cuya finalidad fue impedir el paso del sol y evitar que el vino depositado en las bodegas se recalentase y se perdiese.






El turista encontrará en Gata palacios y edificios religiosos donde destacan la iglesia parroquial de San Pedro, del siglo XVI y la ermita del Cristo del Humilladero tambien del siglo XVI. Por otra parte, entre las construcciones civiles, la más conocida es la fuente del Chorro, ubicada en la plaza Mayor, que antiguamente se usó como abrevadero del ganado. El conjunto histórico no sería el mismo sin su enclave natural, que dota al municipio de una armonía y un encanto propio de los espacios rodeados de naturaleza. El pueblo está rodeado de robles, pinos, castaños y rocas de granitos. A no mucha distancia encontramos también plantaciones de olivos, origen del excelente aceite de oliva virgen extra de la comarca.
Ofrece un valioso patrimonio cultural y popular con una arquitectura realizada en bloques de granito y con una estética de resonancias medievales, época a la que pertenecen la mayoría de sus edificaciones. El tejido urbano se retuerce entre callejones y pasadizos, casas señoriales de fachadas blasonadas, viviendas tradicionales a base de pizarra, granito y barro con balconadas, voladizos y tramados de madera noble o vistosas plazas porticadas. Gata es de una belleza arquitectónica indescriptible, una amalgama de casa nobles y pobres, de calles en auténtica filigrana y con una marcadísima personalidad "sierragatuna"




Dentro del patrimonio arquitectonico religioso podemos destacar la Ermita del Humilladero que esta declarada bien de interes cultural dentro del Conjunto Historico de Gata. Situada en la entrada principal de la población, en la que se puede observar dos partes perfectamente diferenciadas, correspondiente una a la primitiva edificación del siglo XVI y la otra a una ampliación que debió llevarse a cabo en el siglo XVIII.
La parte moderna está realizada en mampostería y enjalbegadas sus paredes interior y exteriormente; el edificio antiguo es de piedra de cantería; en los cuatro ángulos se aplican contrafuertes prismáticos en disposición diagonal. Rematan en inclinada vertiente que alcanza la cornisa, siendo ésta de notable vuelo y con perfil en gola. Aspecto destacable del exterior es la huella de los distintos vanos que permitían la visión de la cruz desde cualquiera de las direcciones espaciales, pues era la finalidad de los humilladeros.
Del interior, lo más notable es la cubierta de crucería que, descansando sobre ménsulas de sección cilíndrica rematadas inferiormente en cono de aros concéntricos, cierra la estancia primitiva. La bóveda, de cantería y extremada planitud, dibuja, sobre un esquema de terceletes y diagonales, una vistosa flor de cuatro pétalos formados por cambados curvos, utilizándose ligaduras para unir la intersección de terceletes y dividir, a su vez en dos, cada uno de los pétalos.



Otro de los monumentos relegiosos que podemos encontrar es la Parroquia de San Pedro ubicada en la Plaza de la Constitucion. Data de 1508 en los inicios de las obras, concluyendo las mismas en 1609. Compuesta de tres puertas; la principal de ella es la de poniente labrada con un arco de cantería en redondo con una moldura y las otras dos puertas caen al norte y al mediodía. Madoz describe al templo con su esquematismo habitual: «El edificio es sólido, de piedra de sillería, todo de bóveda; tiene una sola nave de 33 varas de longitud, 12 de latitud y 27 de elevación, con una capilla, sacristía y bautisterio igual piedra y fábrica, que se conoce a primera vista se hicieron con posterioridad a la iglesia. La torre, de planta cuadrada ocupa el ángulo sudooccidental de la iglesia, sobresaliendo la fachada, buena construcción de cantería, con doble acceso, desde el interior a través del coro alto, y desde el exterior».
Exteriormente, construida en su totalidad a base de sillares graníticos, ofrece un aspecto de gran solidez debido fundamentalmente a los engrosamientos de los contrafuertes del tramo de los pies; estos contrafuertes se organizan en dos cuerpos por una imposta cóncava con bolas; rematan en talud desde el que arranca en pequeño cuerpo prismático interrumpido antes de alcanzar la cornisa. La portada de los pies se abre un medio punto mientras las laterales, en comunicación con el primer tramo de la nave, se perfilan en arco apuntado, con arquivoltas y baquetones molduradas en gótico; sobre las puertas norte y sur aparecen magníficas ventanas cuadradas hoy cegadas; el cuadro se enmarca por una orla de bolas y ésta, a su vez, por decoración renacentista de candelieri; incluyéndose en el dintel de la septentrional animales fantásticos y una cabeza de romano. Lo más curioso de estas ventanas es precisamente la fusión, en perfecta armonía; encima de la ventana norte está colocado un escudo con corona real que, según Guerra Hontiveros, corresponde a Felipe II. De los restantes vanos de iluminación, sobresale el rosetón de la fachada de poniente, con gran abocinamiento y embellecido con dos baquetones circulares. Como elementos decorativos, cabe reseñar la imposta cóncava con inscrustación de bolas. Bajo la línea de la cornisa asoman en distintos puntos gárgolas con representaciones animadas.
Interiormente, se organiza de una capilla rectangular y una nave dividida en dos tramos. La capilla mayor se abre por arco triunfal levemente apuntado, de gran desarrollo y complicado perfil a base de molduras prismáticas y cilíndricas; a la altura de la línea de capiteles arranca una ancha imposta en gola que recorre los lienzos del presbiterio, situándose unas extraordinarias representaciones de bulto de los animales del tretamorfos; la bóveda de dicha capilla es de cantería y crucería; la cubierta plantea con doble serie de terceletes, obteniéndose en consecuencia nueve claves; un arco levemente apuntado de sección tendente al triángulo divide la nave en dos tramos; la bóveda del primer tramo sigue un esquema de terceletes que se complica con la inclusión de numerosos combados; en los entrecruzamientos de los nervios –finos y de perfil triangular– aparecen 21 claves desornamentadas y barrenadas. En el tramo de los pies, los soportes que se adosan al muro son semicolumnas dóricas de muy buena labra; en la bóveda además de la base de terceletes y un círculo en torno a la clave polar, combados en curva-contracurva dibujan dos extraordinarias flores concéntricas de cuatro pétalos conopiales.
Unida a la capilla mayor, se halla la sacristía, del siglo XVI. En el extremo de los pies, se encuentra la capilla de la Soledad, construida en 1708, se cubre con una cúpula sobre pechinas; sobre el muro del Evangelio, existe una pequeña capilla con acceso en medio punto y bóveda de cañón, es la capilla bautismal.





En plena sierra está a mitad de camino entre Gata y el Puerto de Castilla, antigua Vía Dalmacia de la que aún quedan restos de la misma, así como el puente inferior que atraviesa el arroyo de San Blas (que unía Coria con Ciudad Rodrigo) la Ermita de San Blas. La ermita es una sencilla construcción que se encuentra en sitio ameno y fresco, con excelentes vistas por su altura y rodeada de castaños, antiguamente olmos y morales.
Fué arruinada en 1.809, debido a la guerra contra los franceses y restaurada en 1.858, aunque muy a la ligera. Por este motivo, la Asociación de Amigos de San Blas, de la Villa de Gata restauraron y recuperaron el lugar definitivamente en la década de los 90.
Guarda un retablo clasicista del siglo XVII, traído del convento del Hoyo. La imagen de San Blas, de madera y lienzo encolado, carece de gran valor y la de la Virgen del Puerto fue realizada por Juan García Blasco, un herrero de la villa de Gata a mediados del siglo XIX.
La finca además posee otra casa grande, la del ermitaño, cargo que durante muchos años ocupó el legendario Eugenio "El Peque".



Y finalmente podemos visitar los restos del antiguo Convento de Medinaceli o del Hoyo. Si hay un lugar especial en la Sierra de Gata es la cuenca alta del Arroyo del Convento, la parte superior de su valle, donde entre un bellísimo bosque autóctono se esconden las hermosas ruinas de uno de los monumentos más emblemáticos de la Sierra: el Convento del Hoyo. Así conocemos todos al monasterio franciscano de Nuestra Señora de Monteceli, nombre demasiado ampuloso y recargado que no parece concordar con unas ruinas perdidas en medio de ninguna parte, rodeadas de naturaleza, olvidadas y abandonadas, que piden a gritos ser tratadas con la sencillez que destila su bonito entorno.
Se encuentra a unos 7 km del pueblo de Gata en medio de un ameno y delicioso valle, agreste y retirado, hundido en una estrecha y profunda garganta.
Se tiene conocimiento de este monasterio desde el año 1399 cuando don Francisco Rodríguez de Villalobos, señor de Gata, autoriza a vivir en este lugar al ermitaño Alfonso Rodríguez de Ciudad Rodrigo. Reinaba entonces Enrique III de Castilla y León, llamado el Doliente. La edificación actual data de la segunda mitad del siglo XVI, cuando se renovaron con ayuda de Felipe II y de la Orden de Alcántara la iglesia conventual, cubierta con bóvedas de crucería en la cabecera, y el claustro. En su altar mayor, cubierto con azulejos, estuvieron las tallas de Nuestra Señora de Monteceli, «es de mármol blanco, de treinta centímetros de altura, y tiene en el brazo izquierdo a su Divino Hijo, y en la mano derecha una paloma. Atendido lo enjuto de sus formas, y el rígido plegado de sus ropas, puede suponérsela anterior al Renacimiento”, así como imágenes de San Francisco y San Pedro de Alcántara. Estas imágenes están repartidas en diferentes edificios religiosos de la zona. Era notable su sillería tallada, desaparecida por un incendio provocado por una partida de carabineros. La comunidad contaba con un molino harinero. En un acta del Ayuntamiento de 1839 se explica que «el edificio del convento se halla en un estado deplorable, causado por la extracción de teja, puertas, cerraduras, rejas y candados, y por dormir el ganado en las celdas». Su notable sillería tallada, desapareció en un incendio provocado por una partida de carabineros. A estos despojos se unió la sed de riquezas de quienes soñaban con los tesoros que se decía habían dejado ocultos los frailes, por lo que para buscarlos utilizaron la piqueta y hasta la pólvora.
El monasterio estaba formado por una iglesia, con una bóveda de cantería, así como celdas y dependencias bien ordenadas y construidas. El templo es de planta rectangular, de mampostería reforzada en sillería. En el interior permanece aunque muy deteriorada la bóveda de crucería con terceletes del ábside. En el exterior se observan dos capillas, a las cuales iba a parar el Vía Crucis que recorría el frondoso alcornocal. Paseando entre sus ruinas, se pueden descubrir piedras labradas, dibujos geométricos, pilas, arcos, contrafuertes y así imaginar su distribución: La Iglesia orientada Este/Oeste, el claustro al Sur, el dormitorio de los monjes al Este, el comedor al Sur, y las cocinas y estancias auxiliares al Oeste





El Puente del Cabril está ubicado en el camino del Convento del Hoyo y su construcción se asocia a la fundación de este convento franciscano, antaño uno de los centros religioso, económico y cultural más importantes de esta zona de Sierra de Gata, de ahí su datación en el siglo XVI. Los materiales y técnicas constructivas utilizados en el puente son una muestra representativa de los usos y conocimientos de la ingeniería civil del momento, aplicados a pequeña escala en el mundo rural.
El camino al que da uso sirve únicamente de acceso al citado convento y a las fincas de la zona. La frondosa vegetación y el río de aguas vivas otorgan un altísimo valor paisajístico al puente del Cabril, que es de un solo vano y planta recta, con una longitud aproximada de 17 metros y una altura cercana a los 8 metros.
Está construido con sillares y sillarejos de granito en la bóveda y en su base, siendo el resto del tímpano de mampostería enripiada de granito y pizarra recibida con argamasa. El estado de conservación en algunas zonas es deficiente y se ha perdido parte del material.
La calzada, aunque está cubierta por la tierra arrastrada por las escorrentías, deja al descubierto pequeños tramos de cantos de río, de lo que pudiera ser su pavimento original, aunque se desconoce si se mantiene íntegro o se trata sólo de restos. Los constructores buscaron aprovechar la potente base rocosa del cauce, para arrancar la bóveda, dándole así gran estabilidad a la obra.


Dentro de la arquitectura civil podemos destacar en la plaza de la Constitución el edificio del Ayuntamiento; el edificio ha sido remozado, conservando un porche con cinco arcos de medio punto entre pilastras cuadradas de piezas de granito, con piedra barroqueña; en la calle Campito existe un palacete con jambas y dinteles de piezas de granito y otras dos ventanitas con arco conopial que confieren al edificio un elegante juego de huecos y macizos; en la Plaza de las Ordenes se encuentra otro palacio que probablemente fue sede en la Encomienda de la Orden de Alcántara; esquina a la calle Hospital existe otro edificio cuya parte baja forma un pasadizo con tres columnas de granito y dos pilastras cuadradas; otras coronas y palacetes han sido restauradas en época reciente, consiguiéndose fachadas a base de sillarejos. El paseo desde la fuente del Chorro debe arrancar calle arriba para adentrarse en una de las zonas con más sabor de la localidad, mientras la mirada atenta puede descubrir aquí o allá alguno de los símbolos que desde las fachadas identificaban la presencia de gremios o de judíos.
Entre las fuentes dignas de mención destaca la denominada de «El Chorro» situada frente al costado del evangelio de la Iglesia Parroquial, presenta un frontal de sillería de granito y el escudo de armas de Carlos I. El emperador Carlos I sustituye el escudo de la localidad, formado por una gata sentada bajo la cruz de Alcántara, por el escudo de Carlos I. Una fiel réplica de este escudo se encuentra en Gata, en el frontal de la fuente de "El Chorro". Tiene esta joya de la heráldica española corona abierta, propia de los Reyes Católicos y el águila no es bicéfala, como era costumbre y uso en los escudos de Carlos I. Sin embargo, lo que más llama la atención es que el águila de este blasón mira hacia la izquierda. Cuando así acontece, acorde con la Heráldica, significa que la persona en cuyo honor se hace el escudo es hijo bastardo. Aunque no existen pruebas documentales, y normal es que así ocurra si hubiera sido cierta la intención del picapedrero, se deduce que el cantero que realizó esta obra en una sola piedra enteriza, bien pudiera haber sido algún judío converso de los que se quedaron en Gata que quiso vengarse.





Hay un lugar en Gata que ningún viajero debería perderse como es el Barrio del Regajo. Está en lo alto del pueblo, apartado, no tiene un gran atractivo patrimonial pero su ubicación lo hace especialmente interesante. Desde allí las vistas de Gata son inigualables. Entre rocas y con un marcado desnivel un puñado de viejas y humildes casas, hoy la mayoría en desuso, arruinadas o convertidas en establos y cobertizos, se encaraman a la ladera de la montaña. Solo un par de ellas están habitadas y ligeramente reformadas, el resto son testigos de antiguos tiempos en los que gente muy humilde sacó adelante a sus familias en aquellas casitas de piedra.




Otros lugares que no podemos dejar de visitar en nuestro paseo por la villa de Gata son: el Barrio del Torreon que es la parte habitada más antigua de Gata. Recibe este barrio su nombre de la presencia de una antigua Torre o Torreón defensivo que nos hace viajar en el tiempo a la época en que Gata estuvo amurallada y esta zona era el núcleo principal. La Plaza de la Independencia que recibe su nombre del suceso que aquí ocurrió allá por 1809. La Fuente de la Melona construida a finales del siglo XIX que fue testigo de la transhumancia entre Caceres y Castilla y Leon, entre otros muchos rincones que nso ofrece la villa de Gata.



Dentro del patrimonio militar podemos contemplar la Torre de la Almenara que se encuentra en una de las zonas más escarpadas de la Sierra de Gata, al este de la localidad de Gata, y alejado de ella. Para llegar a la torre de Almenara hay que tomar la carretera de Torre de don Miguel y al llegar a una cruz de piedra, donde se inicia el declive del terreno hacia el pueblo vecino, para subir por una pista que sale a la izquierda. La cuesta es empinada, y en su primer tramo está acompañada por un frondoso pinar. Una vez llegados al rellano del cerro, la vegetación se torna en un denso robledal y la torre de la Almenara ya se asoma por entre las copas de los árboles. Todavía quedan unos 2 kilómetros hasta llegar a una extensa planicie, en cuya parte más baja los veneros de agua se reúnen para formar una pequeña laguna. En sus cercanías se levanta de forma majestuosa la mole de un impresionante cerro granítico y en lo más alto se mantiene la torre de la Almenara, testigo del paso del tiempo, en perenne lucha contra las inclemencias climáticas. Ni que decir tiene que la vista desde lo alto recompensa el esfuerzo de la subida.
Construida probablemente en el siglo XI, el rey Fernando II de León conquistó a los árabes el castillo y lo donó a don Armengol, conde de Urgell, aunque poco tiempo después volvería al poder de los musulmanes. En 1212, Alfonso IX de León, se lo arrebató a los moros que ocupaban estas tierras por aquella época, al igual que hicieron con el castillo de Santibáñez, de donde dependía esta torre. Años más tarde, estas dos fortalezas fueron entregadas a la Orden Militar de Alcántara, una de las más importantes de la época. En 1363 el maestre don Melén Suárez puso el castillo al servicio del rey portugués Don Fernando tras la muerte del rey Pedro I, pero revirtió a manos de la corona castellana al ser tomado el castillo poco después por los Trastámaras. 
Su planta es pentagonal, y está construido fundamentalmente en piedra y cal, con sillares en cada una de sus esquinas. Por estudios realizados, se sabe que allá por el siglo XVI aún existía una barrera de piedra que rodeaba la torre, haciéndola aún más inexpugnable. Aún perdura parte del bello baluarte circular en la entrada frontal, punto a través del cual se accedía a la torre por la escalera de mano, a modo de puente levadizo, otro de los elementos destinados a la seguridad del castillo.



Ademas de todo este patrimonio monumental el viajero, gracias a su situacion, puede disfrutar de numerosos recursos dentro de su patrimonio natural. El viajero puede realizar numerosas rutas de senderismo asi como de lugares de baño como el del Puente de la Huerta donde se ubica el Centro de Interpretacion de la Naturaleza que se asienta en el antiguo Vivero Forestal del que salieron muchos de los árboles de reforestación de la localidad y comarca. El Centro quiere aglutinar la riqueza natural de la Sierra de Gata y es por ello que su ubicación se encuentra en un entorno natural de gran belleza a la orilla de la Ribera de Gata, justo donde se unen los Ríos San Blas y Ribera de Gata. Este centro incluye una sala museo, zona de vivero y un Arboretum (Jardín botánico) que alberga a unas 45 especies arbóreas de los 5 continentes. Un recurso más donde podrás conocer mejor el patrimonio natural de Gata. 
Otro de los recursos naturales que podemos disfrutar en nuestra visita por Gata es el Jardin Botanico que tiene una existencia que se pierde en el tiempo. La primera referencia bibliográfica, que se tiene conocimiento en estos momentos, data de principios del siglo XIX, entorno a 1815. Es en estas fechas que Fray Juan Pérez de Celosía, recién llegado de peregrinar por Tierras del Medio Oriente, se hace cargo del Jardín y Huerta de origen familiar.
En su afán por mejorar y aumentar las especies vegetales del Jardín, procede a plantar nuevas especies de árboles y plantas, muchas de ellas traídas de diversos países, y pone un énfasis especial en aquellas dirigidas a usos medicinales.
Asimismo, empieza a hacer recuento e inventario de todas las especies existentes y es en este momento cuando se cita por escrito al Jardín por primera vez. Algunas de las especies plantadas han llegado a nuestros días. Podemos citar el Cedro que es visible al entrar a Gata. Se cuenta a nivel popular que dicho Cedro fue traído del Líbano por Fray Juan. Hoy podemos disfrutar de este majestuoso ejemplar de 11 metros de altura y 5.97 metros de perímetro basal, en buen estado. Además de este ejemplar Fray Juan planto dos Cedros más, uno en el Convento del Palancar (Cáceres) y el otro en el Parque del Retiro en Madrid. Ambos siguen vivos.
El Jardín Botánico ha sufrido también la destrucción por parte del hombre. Podemos citar que en los años 60 se hizo la carretera de circunvalación de Gata, afectando a la integridad del Jardín qué quedo dividido por la carretera y perdiéndose para siempre innumerables especies y plantas singulares. Muy a pesar y a los esfuerzos de la propiedad, en aquel momento, por cambiar el trazado de dicha circunvalación para que no afectase al Jardín, las Autoridades desoyeron estas pretensiones procediendo a la construcción de la carretera, sin tener en cuenta el daño que causaba. Afortunadamente el Cedro si lo consiguieron salvar.
Actualmente, el Jardín Botánico, y después de muchos siglos sigue siendo propiedad de la misma familia. Siempre conscientes del valor patrimonial y cultural del Jardín, se han preocupado por su cuidado y mantenimiento. Asimismo, a lo largo de muchos años y traídos de diversos países, se ha ampliado el número de ejemplares, tanto de árboles y plantas, existentes en el Jardín.

En el Puente de la Huerta se ubica una piscina natural formada gracias a las aguas del río San Blas. Además de estar en un entorno privilegiado como Gata cuenta con un interesante patrimonio histórico y artístico como son sus tres puentes que datan de tres épocas diferentes. Un lugar perfecto para disfrutar con aguas limpias y cristalinas, zonas con jardín para sentarse, sombra gracias a la arboleda que la rodea y cerca se encuentra el Camping de Gata. 
Se trata de un puente de un solo vano de mamposteria de pizarra de factura medieval. Aunque lleva el nombre de romano es claramente de epoca del medievo y similar a otros puentes de la zona y que pudo servir de acceso al castillo de la Torre de Almenara. 



Gata es un precioso pueblo enclavado en la sierra del mismo nombre dónde respirar aire puro y disfrutar de la naturaleza. Un lugar entre montañas y ríos que dan a luz maravillosas piscinas naturales, dónde los frutos de olivos y viñas deleitan el paladar del viajero. Gata, localidad declarada Bien de Interés Cultural con categoría de Conjunto Histórico-Artístico, es una visita imprescindible en todo viaje por Cáceres. En sus calles, de inequívoco sabor serrano, abundan las construcciones tradicionales, a las que dan forma el granito y el adobe, contando muchas de ellas con su propia bodega. De ellas sale, desde hace siglos, uno de los mejores vinos de pitarra de la provincia.


GASTRONOMIA:

La gastronomia de la localidad esta ligada a muchos de los pueblos de la sierra donde destacan: El aceite de Gata, los gurumelos, los derivados del cerdo, las naranjas de Acebo, el queso y las truchas de sus ríos son los ingredientes principales de su cocina. Y sin olvidar sus bollos y los bizcochos de parías.
Además de estas materias primas, podemos saborear platos como el “almodu”, cocido de garbanzos o judías con coles, la caldereta de cabrito, las migas, asados de cordero, la ensalada de naranja o los bizcochos mañegos como postre te hará disfrutar de su gastronomía con un buen sabor de boca.
La variedad gastronómica de esta zona es un claro ejemplo de la cultura tradicional que nos ofrece la Sierra de Gata, con una pluralidad de platos que representa la diversidad culinaria de la comarca.

FIESTAS, COSTUMBRES Y TRADICIONES:

Habiendo existido en Gata durante siglos el Convento del Hoyo, no es de extrañar que estuviera por estas tierras San Pedro de Alcántara.
Cuenta la tradición que estando este Santo en Gata, hizo una cruz de madera de tales dimensiones que doce hombres no podían levantarla. Sin ayuda de nadie, San Pedro la cargó sobre sus hombros tomando el camino de la sierra, transportándola en el último tramo de rodillas para luego clavarla en lo alto del monte, de cuya cima se divisaba Castilla, Extremadura y Portugal, ante el asombro de todos los presentes.
También son tradicionales, año tras año, las procesiones de Semana Santa por las estrechas y empinadas calles de la Villa o en el singular paraje del valle de la Puente, con imágenes centenarias como el Santo Cordero, la Dolorosa, el Cristo articulado o el del Humilladero, obra póstuma del escultor Pedro de Paz.

Desde tiempo inmemorial la Villa de Gata se viste de fiesta cada año el 25 de julio, festividad de Santiago Apóstol, patrono del lugar.
Desde la víspera, Gata se engalana a lo largo de sus plazas y calles y ya, en la noche del 24, se inician las verbenas populares en la plaza de la Constitución, muy renombradas en la comarca y de gran aceptación tanto entre los gateños como entre los forasteros.
A primeras horas de la mañana del 25 la plaza de Gata se llena de puestos de ajos y otras mercancías, que los agricultores de Montehermoso traían antaño a lomos de caballerías. Por este motivo se llamaba a este improvisado mercadillo "la feria del ajo".
Horas más tarde las campanas de la iglesia repican alegre y solemnemente para iniciar los actos religiosos, a los que acuden los gateños de todas las edades. Tienen lugar la misa y la procesión en honor del Santo Patrón.
Terminados los actos religiosos, llega el momento de saborear el exquisito vino de pitarra, la charanga inunda el ambiente con sus ritmos acompasados, seguida por toda la chiquillería y la jornada se completa con diversas actividades, organizadas para la ocasión, terminando con la verbena en la plaza, que dura hasta altas horas de la madrugada.

A pesar de la prohibición de esta fiesta en alguna época reciente de nuestra historia, en Gata siempre se celebraron los Carnavales. Es el momento adecuado para sacar de los baúles las sayas y los pañuelos de cien colores y lucir el traje típico de la localidad. La verbena en la plaza es el punto de encuentro en estos días y los más pequeños se transforman en alegres disfraces de vivos colores.

La romería de San Blas se celebraba en el mes de septiembre, pero con la idea de que participaran en la misma los gateños repartidos en la diáspora, se trasladó al segundo domingo del mes de agosto.
En la fecha señalada el puerto de Castilla se adorna en su horizonte por una hilera de gateños, que, a pié o en caballería, suben a lo alto de la sierra, donde se participa de una jornada campestre, en sana convivencia, inundados por los sones del tamboril y la flauta, convirtiendo el enclave en un lugar mágico durante unas horas.
Tras la misa se saca al Santo ó a la Virgen del Puerto, en años alternativos. Las mozas cantan el ramo y se "tira la bandera" con maestría a la sombra de los castaños, de cuyas ramas penden las alforjas repletas de manjares traídos para la ocasión.





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