BRIHUEGA
Brihuega es un municipio de la provincia de Guadalajara dentro de la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha estando su termino municipal atravesado por el río Tajuña y contando con una población de 3300 habitantes entre la villa y sus numerosas entidades de población. La villa de Brihuega, capital del municipio, está situada a una altitud de 876 m sobre el nivel del mar y se alza sobre un altiplano en la vega del río Tajuña, en la comarca de La Alcarria. La extensión de su término es considerable, pues además del núcleo principal engloba los lugares o entidades menores de Archilla, Balconete, Castilmimbre, Cívica, Fuentes de la Alcarria, Hontanares, Malacuera, Olmeda del Extremo, Pajares, Romancos, Tomellosa, Valdesaz, Villaviciosa de Tajuña y Yela.
Al sudoeste de la provincia de Guadalajara y en la margen izquierda del río Henares, se sitúa la comarca de la Alcarria, siendo para muchos Brihuega su capital. Los limites comarcales de la Alcarria vienen marcados por el río Henares al norte, por la provincia de Madrid al oeste y de Cuenca al Sur, quedando el limite oriental bastante difuso, aunque se puede establecer una línea desde Baides a Trillo, pasando por Cifuentes. El alto porcentaje de superficie labrada nos indica que la Alcarria es, junto con la campiña, la comarca agraria más importante de la provincia, con predominio de los cereales de secano .La comarca esta surcada por los tres ríos mas importantes de la provincia; Tajo, Tajuña y Henares que junto a sus afluentes han creado un paisaje de valles, campiñas, paramos, unidos por laderas. Brihuega se encuentra situada en la parte occidental de la provincia de Guadalajara, emplazada en la ladera baja desde la llanura alcarreña hasta el valle del río Tajuña. El clima es de tipo mediterráneo continental, es un lugar privilegiado para apreciar la naturaleza, cuenta con grandes contrastes entre la alcarria, dominada por grandes llanos y la vega repleta de manantiales, aparecen pequeños bosques de encina y roble que dominan el matorral así como las especies aromáticas.
La historia de Brihuega está íntimamente ligada a la historia de España. Además, por la situación estratégica en la que se encuentra la Villa, algunas de las batallas más importantes han tenido lugar en esta población.
En el lugar que hoy ocupa Brihuega hubo poblados ibéricos desde muchos siglos antes de la Era cristiana. Se han hallado restos arqueológicos que así lo prueban, entre otros cerámicas y armas.
A principios del siglo pasado, en el paraje denominado Arroyo de la villa, fue excavada una necrópolis celtíbera encontrándose varias urnas globulares conteniendo cenizas. El nombre Brihuega deriva del vocablo íbero briga, que significa lugar fuerte o amurallado, apareciendo en los documentos medievales con el nombre de Castrum Briga.
Es en la Edad Media, cuando Brihuega aparece por primera vez en la historia como un núcleo importante de población, siendo mencionada con el nombre de Castrum Brioca, o castillo sobre la roca. Durante este periodo Brihuega fue punto de paso de los principales personajes de la época. Así, el que luego fuera rey Alfonso VI, tras huir de la corte por problemas con su padre, estuvo viviendo en Brihuega una temporada acogido a la amabilidad del rey de Toledo Al-Mamún. Tras la conquista de Toledo, ya convertido en rey, donó la villa a los Arzobispos de Toledo, quienes convirtieron a Brihuega en lugar principal a la altura de Illescas, Alcalá de Henares o Talavera de la Reina. Entre estos, el más importante fue sin duda alguna Don Rodrigo Ximénez de Rada, gran político e historiador, que enriqueció el patrimonio de Brihuega con obras como las iglesias de San Felipe y de Santa María y la capilla gótica del Castillo de la Piedra Bermeja. También fue el artífice de la concesión del Fuero a Brihuega en 1242. La Edad Media permitió la llegada de todo tipo de gentes y religiones, favoreciendo el comercio, la industria y una intensa actividad urbanística y artística, de la que tan espléndidos ejemplos han llegado a la actualidad.
Hasta el siglo XVI, Brihuega vivió sumergida en un régimen señorial, que terminaría en 1584 cuando Felipe II anexionó la villa a la corona. En 1607 los arzobispos volvieron a tomar posesión de Brihuega en la persona del cardenal Sandoval y Rojas. Momentos clave para la historia de España tuvieron lugar en Brihuega en 1710, con el asalto a la villa y la posterior batalla en campos de Villaviciosa de Tajuña, que trajeron al trono a la dinastía Borbón. Tras muchos siglos de señorío arzobispal, el siglo XVIII vió la emancipación de la villa y su auge industrial gracias al apoyo de los monarcas ilustrados.
A mitad del siglo XVIII se fundó en la localidad la Real Fábrica de Paños. Aunque fue una de las instalaciones industriales más prestigiosas del país, en 1835 cerró sus puertas, si bien su uso continuó en manos privadas hasta la Guerra Civil Española.
Durante las reformas territoriales que se plantearon durante el trienio liberal, se llegó a considerar a Brihuega como una candidata, junto a Cifuentes, para la capitalidad provincial, por su mayor centralidad, en detrimento de Guadalajara, desestimándose sin embargo tal posibilidad. A mediados del siglo XIX, el lugar contaba con una población censada de 4464 habitantes y con unas 1100 casas.
Las lluvias caídas los días 5 y 6 de septiembre de 1877 provocaron una gran inundación, que destruyó alrededor de cincuenta casas y el convento de las Bernardas. A inicios del siglo XX llegó el cine a la localidad. Desde el inicio de la guerra civil española, los cenetistas instauraron el comunismo libertario en Brihuega, cuyas calles y términos fueron escenario, en marzo de 1937, de la batalla de Guadalajara, que supuso una importante victoria del Ejército Popular Republicano frente a las tropas sublevadas y sus aliados, en este caso fundamentalmente tropas italianas. Durante la contienda, en 1938, desapareció el códice medieval del Fuero de Brihuega, que había sido estudiado a finales del siglo XIX por Juan Catalina García.
En los años 1964 y 1965, la Promotora Briocense de Jesús Ruiz Pastor construyó la plaza de toros. En 1979, miembros del movimiento Hare Krisna adquirieron una finca en el municipio, a la que denominaron Nueva Vrajamandala y donde instalaron una comunidad. En 2022 reapareció el fuero desaparecido durante la guerra civil, y se entregó al alcalde.
Brihuega se asoma al visitante como ese tesoro escondido por el que hay que caminar al menos una vez en la vida para viajar, contarlo y presumir. Una escapada de las que huelen a primavera y un enclave en el que pasar horas asomados a sus miradores, intentando entender su belleza, sus huertos y plantaciones por las que se ha ganado con merecimiento el título de Jardín de la Alcarria.
Se convierte en una escapada perfecta para atisbar la impresionante villa medieval que fue, ser consciente del esplendor del que gozó en el siglo XVIII como sede de la Real Fábrica de Paños y pasear por los impresionantes campos de lavanda que la convierten en la perfecta Provenza española.
Brihuega es uno de los pueblos más bonitos de Guadalajara para pasar el día, cada vez más conocido entre los turistas por la floración de la lavanda, que llega a su esplendor a mediados de julio y que está casi omnipresente en las fotos de Instagram de los famosos y los 'influencers'. Es precisamente en estas semanas del estío en el que parece que todo el mundo ha ido a Brihuega a descubrir los preciosos campos de espliego que están a escasos kilómetros de distancia de la ciudad.
Los oriundos de Brihuega siempre la llamaron espliego, que es el verdadero nombre de la lavanda (la lavanda es el aceite esencial que sale del espliego), y esa preciosa planta es la que ha acabado por dar fama a la villa briocense. Desde hace unas décadas, han potenciado el cultivo de la lavanda en las colinas sitas a unos kilómetros de la ciudad –nada menos que mil hectáreas– y es en julio cuando alcanzan su máximo esplendor.
Pero el color morado también tiñe la ciudad: paseando por Brihuega descubrirás cómo la villa se ha entregado a la lavanda, con balcones, puertas, grafitis, ventanas en color malva... e incluso un mercado donde se venden perfumes de lavanda, jabones de lavanda o galletas de lavanda.
Cada año, el Ayuntamiento suele hacer un concurso a la decoración de balcones para que los briocenses lo den todo decorando en tonos malvas. La imaginación y la creatividad de los lugareños bien vale la pena un paseo por la localidad.
En medio de uno de los campos de lavanda que podemos visitar, hay una parcela junto a la carretera con un monolito. Este monolito es un monumento conmemorativo a la Batalla de Brihuega, que enfrentó a las tropas borbónicas contra las austracistas en el contexto de la guerra de sucesión a inicios del siglo XVIII.
Su amurallado casco histórico guarda multitud de secretos: kilómetros de galerías subterráneas, un romántico jardín o el museo de miniaturas de un hipnotizador. La villa, musulmana y más tarde castellana, presume desde antaño de abundante fuentes y manantiales de aguas cristalinas que riegan campos y huertas. Brihuega fue declarada Conjunto Histórico Artístico en los años 70. Además del castillo y murallas, por su entramado medieval se pueden ver iglesias del siglo XIII como la de San Felipe -en cuya fachada luce una estrella de seis puntas- o la de San Miguel. El rollo jurisdiccional de granito, instalado en el siglo XVI, daba fe de su título de villa, con fuero y jurisdicción propia. De todos esos detalles históricos, así como de un mapa de Brihuega o una guía de la pequeña ciudad alcarreña, se puede tomar nota en la plaza del Coso. Ahí se ubica la Oficina de Turismo de Brihuega, en la antigua cárcel real construida por el arquitecto madrileño Ventura Rodríguez. El considerado último arquitecto del Barroco y uno de los más relevantes de su época, construyendo la capilla del Palacio Real de Madrid por encargo del rey Fernando VI, entre otros muchos monumentos. Aqui en dicha plaza es donde comenzamos nuestro viaje por los siglos de historia de esta preciosa villa medieval.
La plaza del Coso es conocida asi con este nombre desde el siglo XVI. La procedencia de su nombre es discutida y tenemos dos opciones a la hora de concluir el porqué de la palabra “Coso”: para algunos ésta palabra deriva de la palabra “zoco” que significa mercado y que podría relacionarse con la celebración del mercado en dicha plaza, mientras que para otros su nombre es consecuencia de la costumbre de celebrar en este lugar las corridas de toros, ya que Brihuega utilizaba éste lugar para su celebración antes de contar con una Plaza de toros.
En esta plaza, que es la plaza mayor de la villa y como tal ha sido lugar de encuentro y reunión para los briocenses, nos encontramos el edificio del Ayuntamiento, reformado y levantado de nueva planta en 1975, sustituyendo al antiguo del siglo XVIII. También puede verse el edificio de la Cárcel, levantada durante el reinado de Carlos III. Fue usada como escuela, academia de música y finalmente como Biblioteca municipal, tras ser restaurado el edificio en 1984. Frente al Ayuntamiento encontramos las llamadas Cuevas Árabes. Y además dos monumentales fuentes de indudable aspecto barroco que completan esta plaza.
El edificio de la Real Cárcel de estilo neoclasico fue construido en 1781, durante el reinado de Carlos III, y viene a sustituir a la construida anteriormente por Felipe II en el siglo XVI. Fue utilizada como escuela y academia de música. En 1984 se realizó una reforma en su interior con el objeto de adecuarlo como biblioteca; y actualmente alberga la Oficina de Turismo de Brihuega. Además, la segunda planta del edificio alberga el Centro de Documentación Histórica del Archivo de Brihuega.
Al viajero que se sitúe ante la estampa recia de este monumento, le sorprenderá su aspecto fuerte, su fachada completamente realizada en piedra caliza, clara, de la Alcarria. Tiene una anchura de 8,30 metros, y una profundidad escasa, de 8,60 metros. Una cenefa también de piedra separa los pisos, que son el bajo y dos más. Las ventanas se enmarcan por sillares perfectamente tallados, y sobre la puerta se alza una cartela, apoyada en sencillos roleos, en la que se inscribe el título y función del edificio, el monarca reinante y la fecha de ejecución.
La entrada a la plaza del Coso desde la calle Mayor esta jalonada por dos fuentes monumentales de aspecto barroco conocidas como Fuentes del Coso mandadas construir por el rey Carlos III en agradecimiento a la localidad por su comportamiento durante la Guerra de Sucesión.
En una de las esquinas de la plaza nos encontramos con la entrada a una escalera de piedra que nos muestra la boca de uno de los sitios más misteriosos que ver en Brihuega: las cuevas árabes. Un laberinto de túneles subterráneos que se ramifican por debajo de la villa como una gran red de telarañas, con unos ocho kilómetros de longitud. Comunicadas con la muralla y el exterior de ella -por si se necesitaba una vía de escape- las galerías fueron excavadas en los siglos X y XI para servir de refugio y huida en los asedios a Brihuega.
En su momento, se utilizaron como refugio durante las guerras, ya que a través de ellas se podía llegar hasta el exterior de las murallas. También se usaron como almacén de víveres y alimentos, ya que mantienen una temperatura constante de 12ºC durante todo el año. Por ello, entre sus rincones aún se conservan antiguos toneles y tinajas. Incluso, durante la Guerra Civil, sirvieron como refugio para la población.
A día de hoy, de los ocho kilómetros de las Cuevas Árabes, se han acondicionado alrededor de 700 metros para que puedan ser visitados por el público. El recorrido, que tiene una duración de unos 30 minutos, nos adentrará en un laberinto de pasadizos que se bifurcan una y otra vez y en los que es fácil desorientarse. Pero no te preocupes, porque la visita está perfectamente guiada y podrás disfrutar de cada uno de sus rincones y sorprendentes arcos construidos en la época cristiana, que tienen un gran valor arquitectónico.
Una vez visitadas las cuevas, partimos desde la plaza por la calle Nuestra Señora de la Peña hasta que llegamos a la Plaza de la Guia, punto de entrada al recinto monumental donde se ubican la inmensa mayoria del patrimonio que atesora la villa. Al recinto monumental se accede a traves de la Puerta de la Guia. Fue construida en el siglo XIX por el general Hugo, padre del escritor Víctor Hugo, durante la Guerra de la Independencia (1808 -1814) con el objetivo de abrir un hueco por el recinto amurallado para conquistar el castillo de la Piedra Bermeja. Con el transcurso de los años se fue configurando como una puerta monumental. Este arco es el que da acceso al prado de Santa María.
Cruzamos el arco y nos adentramos en el pradillo de Santa Maria hoy reconvertido en parque donde vamos a visitar monumentos como el Castillo de Piedra Bermeja, la iglesia de Santa Maria de la Peña o el antiguo Convento de San Jose entre otros monumentos. El prado fue el antiguo patio de armas de la alcazaba musulmana siendo hoy en dia uno de los lugares de mayor belleza y tranquilidad de la Villa y donde podemos contemplar otra de las muchas fuentes que hay por el pueblo como es la Fuente de Santa Maria, que fue reubicada en su lugar actual en los años 60 del siglo pasado ya que la fuente original se localizaba adosada a la muralla.
El Castillo de Piedra Bermeja se encuentra en el extremo sur, y más bajo, de la localidad de Brihuega. A esta fortaleza medieval la llaman así porque tiene su basamento sobre eminencia rocosa de tono rojizo, muy erosionada y socavada de pequeñas grutas. Los árabes construyeron un castillete o torreón defensivo, que en la época del reino taifa de Toledo fue ampliado y llenado de comodidades, de tal modo que sirvió para que en él pasaran algunas temporadas el rey Almamún, su hija la princesa Elima, y el rey de Castilla Alfonso VI cuando todavía no era sino aspirante al trono. Según se refiere en la Crónica de España escrita por Alfonso X el Sabio, el futuro monarca castellano Alfonso VI recibió en donación del musulmán la villa de Brihuega. El historiador y arzobispo Ximénez de Rada la denomina en su De Rebus Hispaniae como «Castrum Brioca».
Tras la toma de Toledo, en el año 1085, el rey castellano otorgó Brihuega al arzobispo de la nueva sede, don Bernardo, y le concedió para siempre el señorío de la villa y castillo. Los arzobispos toledanos pasaron aquí largas temporadas y periodos de descanso y celebraban concilios. El arzobispo que más ayudó a Brihuega fue don Rodrigo Ximénez de Rada, gran político e historiador que tanto ayudó al engrandecimiento de Castilla durante los reinados de Alfonso VIII y Fernando III. A él se deben los más importantes monumentos religiosos de Brihuega, como las iglesias de San Felipe y Santa María, pudiendo añadir a la lista de sus iniciativas la de culminar el ya reconstruido castillo briocense con una capilla de corte gótico en la que tantas veces él mismo habría de celebrar los oficios religiosos.
Tanto la fortaleza como la muralla completa de la villa de Brihuega hubieron de sufrir algunos avatares guerreros de cierta importancia. Fue uno de ellos el cerco al que en 1445 sometió a la villa el ejército del Rey de Navarra, que pretendía anexionarse esta población. Fue bravamente defendida por sus habitantes. Todavía en 1710, se dio aquí la gran batalla con la que terminó la Guerra de sucesión y el acceso de los Borbones al trono de España.
El castillo de Brihuega, construido a finales del siglo XI sobre otra edificación musulmana anterior, y reformado en los siglos XII y XIII, hizo siempre de finca de recreo y residencia, más que de un auténtico baluarte guerrero.
Sobre la primitiva alcazaba musulmana se añadieron, en el siglo XII, estancias de estilo románico. Posteriormente, en el siglo XIII, se construyó la capilla en estilo gótico de transición. Entrando por la puerta que existe junto a la iglesia de Santa María, el núcleo central del castillo consta de un espacio central, el más elevado, en el que hoy aparecen unas construcciones que debieron pertenecer a salones del palacio. Delante, un amplio espacio abierto con restos de otras construcciones, que sirve de cementerio.
Adosado a este primitivo núcleo constructivo, existe un conjunto de edificaciones al norte, consistentes en una larga nave cubierta de bóveda de cañón, y que hoy se denomina y utiliza como capilla de la Vera Cruz, a la que se entra por sencilla puerta desde el prado de Santa María. Desde el nivel superior se accede a la que fue capilla del castillo, y que es hoy la pieza artística más singular que en él se conserva. Es un espacio de dimensiones cuadradas, planta poligonal, con cinco lados, y que constituye un elegante espacio de arquitectura gótica inicial, obra de los primeros años del siglo XIII, tiene sus cubiertas formadas por arquerías apuntadas, ojivales, y en el ábside se abren tres ventanales esbeltos y apuntados, mostrando ménsulas de decoración vegetal, y claves en las bóvedas.
En lo que antaño fue el patio de armas del castillo se ubica la iglesia de Santa María de la Peña, uno de los cinco templos cristianos que tuvo la ciudad de Brihuega y, en este caso, su construcción, como San Felipe y San Miguel, se asocia a los tiempos en que el Arzobispo de Toledo don Rodrigo Ximénez de Rada fue señor de la población. Este templo del siglo XIII ha sido elegido para ser incluido en la sección de "Monumentos por descubrir" por tratarse de un edificio de extraordinaria belleza y calidad. Es además un ejemplar muy interesante desde el punto de vista estilístico, donde se fusionan diferentes corrientes artísticas: la tradición tardorrománica popular de la Extremadura Castellana, la arquitectura cisterciense de los monasterios alcarreños (Bonaval, Monsalud, etc.), y las innovaciones góticas que comienzan a importarse de Francia y que tienen en la catedral toledana una de sus primeras manifestaciones en los reinos hispanos. Hay que reiterar aquí la relación de esta iglesia con el prelado Ximenez de Rada que fue el impulsor de la catedral gótica de Toledo. Desde el punto de vista arquitectónico, Santa María de la Peña es una iglesia de tres naves de tres tramos, siendo más ancha y alta la central, con ábside sólo para dicha nave principal constituido por un presbiterio rectangular y un ábside poligonal.
Nada nos interesa especialmente de la sobria y anodina puerta de la fachada occidental, al haberse reconstruido en el siglo XVI. Sin embargo, cobijada bajo un porche moderno, se nos aparece la preciosa puerta septentrional tardorrománica que nos detendremos a contemplar. Posee cuatro arquivoltas apuntadas con baquetones y superficies planas adornadas con motivos florales y un guardapolvos de puntas de diamante. Una especie de tímpano se rebaja con dos arcos apuntados simétricos decorados con flores que dejan espacio a un enorme pinjante horadado con tres óculos, siendo el central un pequeño rosetón circular con cinco círculos formando una especie de estrella. Los apoyos son las jambas interiores y tres parejas de elegantes columnillas separadas por molduras con puntas de diamante. Los capiteles muestran un ciclo bastante completo de la Natividad, desde la Anunciación, pasando por la Visitación, el Nacimiento, la Epifanía y la Huida a Egipto, aunque los capiteles del lado izquierdo están muy meteorizados y cuesta adivinar su iconografía. Una somera inspección de esta notable puerta deja a las claras una profunda restauración moderna que afectó especialmente la as basas y partes inferiores de las columnas, así como a los capiteles del lado derecho del espectador (zona oeste).
La cabecera, que forma el remate de la nave central, tiene un presbiterio rectangular y un ábside poligonal. En cada vértice de este polígono de cinco lados existe un poderoso contrafuerte escalonado que sirven para sujetar los nervios de la bóveda de crucería interior. En los paños murales se abren elegantes ventanales muy rasgados, de medio punto rodeado de cuatro arquivoltas. La interior, que rodea el hueco, es plana. La segunda es de baquetón continuo que rodea el vano sin intermediación de impostas. Las dos externas también tienen baquetón sobre esbeltas columnillas de capitales vegetales tipo crochets. Todo el conjunto es rodeado por una banda continua de puntas de diamante.
En el interior se aprecia la diferente anchura y altura de las naves, separadas por arcos formeros de medio punto que apoyan en pilares de planta cilíndrica (ya se han abandonado los pilares cruciformes románicos) con columnas adosadas que soportan bóvedas de crucería. El arco triunfal es apuntado, con guardapolvos de puntas de diamante y da acceso al presbiterio con columnas y bóveda también de crucería. El ábside poligonal se cubre con bóveda nervada. El aspecto ornamental y constructivo de lo descrito hasta el momento en esta iglesia está muy cercano al mundo cisterciense (aunque con grandes dosis del gótico toledano). Por ello, es muy significativa la colección de capiteles figurados que se encuentran en el interior, con escenas marianas, bestiario fantástico medieval, personajes en diferentes faenas, etc. que rompen, inesperadamente, la tendencia al habitual ornato vegetal cisterciense. Se conserva también en el interior del templo de Santa María de la Peña una pila bautismal de aspecto medieval. Lo más notable es su voluminosa copa tallada a bajorrelieve con hojas lanceoladas de diferentes tamaños.
Se asienta la iglesia de Santa María de la Peña, como su propia advocación indica, sobre una abrupta prominencia rocosa que, además de funcionar como muralla defensiva natural para la población durante los tumultuosos siglos medievales, permitía dominar amplias panorámicas sobre la campiña alcarreña y el fértil valle del Tajuña. Precisamente sobre ese vertical roquedo y accesible a través de unas modernas plataformas metálicas habilitadas al costado sur del templo puede accederse a la pintoresca gruta de Nuestra Señora de la Peña, de gran devoción entre los briocenses y cuya imagen es sacada en procesión por las calles de la localidad cada día 15 de agosto.
Dicha imagen, venerada en la propia cueva horadada en la peña, es de factura reciente aunque de hechuras románicas, respondiendo al modelo de "Virgen negra" entronizada ataviada con ricos ropajes y que sostiene al Niño en una de sus rodillas y una esfera en su mano derecha.
La devoción a Nuestra Señora de la Peña procede de una vieja leyenda medieval que narra cómo la Virgen, rodeada de un gran resplandor y durante una noche veraniega, se apareció a la princesa mora Elima, hija de Almamún. De inmediato, ésta hizo llamar a todo su séquito, que corrió apresurado al lugar, donde encontrarían una imagen de María con el Niño Jesús en sus brazos.
En el otro extremo del recinto monumental nos encontramos con el edificio del antiguo convento de San Jose. Se trata de un convento de franciscanos de San José fundado por Juan de Molina hacia 1619. Lo habitaron frailes de la llamada Reforma de la Orden del Carmelo hecha por San Pedro de Alcántara y vivieron en él varones de probada santidad y muchas letras. Tras la desamortización de Mendizábal, en su edificio se instaló en 1835 el hospital de la villa, además de ser cárcel en sus bajos, colegio y escuela taller. En la actualidad alberga el Museo de Historia de Brihuega y el primer Museo Mundial de Miniaturas del Profesor Max.
Junto al convento, en un pequeño parque, podemos contemplar el Monumento al Encierro del 16 de agosto. Una escultura realizada por Sergio del Amo que conmemora uno de los encierros más antiguos de España, cuya tradición se remonta por lo menos al año 1530.
Finalmente el ultimo de los monumentos que vamos a contemplar dentro del recinto monumental nos lo encontramos en uno de los rincones más encantadores de la villa, la conocida como plaza de Manu Leguineche, donde está la casa donde vivió sus últimos años este destacado periodista decano de los reporteros de guerra en nuestro país. La casa construida en el siglo XVII albergó durante algún tiempo la Escuela de Gramáticos, ademas fue residencia de Margarita de Pedroso (amor platónico de Juan Ramón Jiménez) y que hoy muestra el archivo personal del escritor Manu Leguineche.
Juan García Barranco, tras hacer fortuna en América, pensó en ayudar a sus paisanos y financió la construcción de este edificio para enseñar a leer y a escribir a los niños pobres de la villa.
Del recinto del castillo salimos por la puerta del Juego de Pelota o tambien conocida como Arco de San Jose, construida en el siglo XIII que posee un elegante arco apuntado gótico flanqueado por dos torrecillas cuadradas. Se ubica en el sistema defensivo de la parte alta de la Villa, en la muralla que rodea el Prado de Santa María y presenta excelentes sillares de arenisca y tobas calcáreas, muy regulares y cuidados.
Salimos del recinto por el arco y en una pequeña plaza y adosada a la muralla del recinto del castillo nos encontramos con la imponente silueta de la Plaza de Toros de Brihuega. Construida en 1965, y conocida con el nombre de “la Muralla”, puesto que se construye al lado de la misma. También es por ello que el material que se empleó en su construcción se pareciera a dicha muralla, de modo que no rompiera estéticamente con el conjunto en el que está enmarcada.
Fue Don Jesús Ruiz Pastor, importante promotor de la villa durante los años 60 y 70, quien decide que Brihuega debe contar con una Plaza de Toros dada la tradición taurina del pueblo. Es la plaza más grande de la provincia de Guadalajara, cuenta con cerca de 8.000 localidades. Como dato curioso hay que destacar que esta plaza fue construida en tan solo 200 días y fue inaugurada el 12 de junio de 1965. En su inauguración el día 12 de junio de 1965 estuvieron presentes los diestros: Paco Camino, Andrés Hernando y El Cordobés.
Junto a la plaza de toros podemos contemplar el Arco de Cozagon. Fue la puerta más importante de la Villa de Brihuega. Se sitúa al Sur, como acceso al camino que se dirige al Tajuña primero y al Tajo después. De esta forma, conectaba con el camino que se dirigía a Toledo.
Se compone de un doble arco, cuya altura máxima es de 10 metros y su anchura de 3.30 metros. Está toda labrada en piedra de toba, muy blanda a la hora de tallarla, pero de endurecimiento progresivo con el paso del tiempo.
En ella dejaron los canteros sus señales, siendo repetidas la cruz, el aspa (o cruz de San Andrés), la escuadra y las paralelas inclinadas, sin que se haya podido encontrar ni una sola señal con la media luna, signo inequívoco de haber sido construida por los cristianos y de no haber intervenido en ella mudéjares, que sí parece que actuaron en la muralla del castillo.
Este arco fue notablemente empobrecido en 1965 al construirse la plaza de toros, puesto que su puerta interior perdió altura. Por esta puerta penetraron los personajes importantes que visitaron Brihuega a lo largo de su historia (Alfonso X el Sabio, Rodrigo Ximénez de Rada, el Cardenal Cisneros…) Desde este punto para todos aquellos que les guste caminar disfrutando del paisaje, sale una de las rutas locales de senderismo: “la Ruta del Camino de Toledo”.
Desde aqui ascendemos por la calle de las Cacharrerias que nos lleva hacia el mirador del Portillo desde donde podemos contemplar unas espectaculares vistas del entorno en el que nos encontramos. Asimismo podemos disfrutar de un pequeño yacimiento arqueologico. La arqueología brinda la oportunidad de añadir a Brihuega un horizonte que complementa la belleza natural de este lugar y que cautiva al residente y al visitante.
La huella del pasado la podemos ver aquí, en estos restos de construcciones tradicionales que se encontraban frente a la antigua puerta principal a Brihuega (Arco de San José o Puerta del juego de Pelota), ahora detrás de la Plaza de Toros. De baja altura, piedra en sus muros y tejas cóncavas de color beige claro alternaron usos habitacionales y agrícola-ganaderos.
Nos situamos junto al camino de Toledo, en un entorno rodeado en aquel entonces de arboledas y de verdes huertas que salvaban el desnivel mediante bancales a modo de jardines colgantes, recorridos por canales de agua abundante, fresca y limpia, cuyos orígenes se remontarían a época romana.
En cambio, las construcciones son los restos de espacios humanos funcionales durante los siglos IX d. C, al XIII, que se abandonan en el siglo XIV. Son edificios bajos de una sola planta o planta y cámara superior, pertenecientes a un barrio periférico a la entrada del castillo. Este tipo de arquitectura es muy versátil durante la edad media, por lo que tendría diferentes usos a lo largo del tiempo: habitacional, de desarrollo de actividades gremiales, talleres, almacén o cobertizo de animales de tiro.
En el siglo XIV d.C. se convierte en tierra de labor de secano (cereal y/o legumbres) dentro de una zona ya amurallada, uso que llega hasta mediados del siglo XX.
Desde el mirador continuamos nuestro paseo por la villa caminando paralelo al lienzo mas grande que se conserva de la muralla. La villa toda de Brihuega estuvo amurallada por completo. Su actual recinto es enorme, de una longitud de casi dos kilómetros, y puede seguirse con facilidad en su totalidad, aunque donde mejor se observan hoy en día las murallas briocenses es en su costado noroeste, en el que, incluso restauradas y con algunas almenas restituídas, evocan con fuerza su aspecto más primitivo.
Se tienen referencias documentales que mencionan esta muralla allá por el año 1192 aunque se supone que fue completada en el siglo XIII. En 1710 fue parcialmente destruida ya que se dio aquí la gran batalla con la que terminó la Guerra de sucesión y el acceso de los Borbones al trono de España.
Tanto la fortaleza como la muralla completa de la villa de Brihuega sufrieron algunos avatares guerreros de cierta importancia. Uno de ellos fue el cerco al que, en 1445, sometió a la villa el ejército del Rey de Navarra, que pretendía anexionarse esta población. Fue bravamente defendida por sus habitantes.
Finalmente llegamos a la calle Maria Cristina conde vamos a contemplar otra de las puertas del recinto amurallado de Brihuega como es la Puerta de la Cadena. Es una de las cinco puertas que antiguamente daban acceso al recinto amurallado de Brihuega y está ubicada en el lado norte de la muralla y antiguamente era conocida como la Puerta de Valdeatienza ya que hasta allí llegaba el camino que se dirigía hacia la Villa de Atienza.
Originalmente consistía en un arco de medio punto, rematado con almenas, algunas de las cuales quedan aún y se encuentran medio desmochadas en la actualidad. Tiene una placa conmemorativa del asalto a Brihuega por las tropas reales de Felipe V en el año 1710 durante la Guerra de Sucesión y sobre ella otra que recuerda la celebración de la batalla doscientos años después. Y sobre las placas se encuentra una hornacina con una pequeña talla de la Inmaculada Concepción, rememorando que fue ese día cuando se produjo el último asalto a la villa por las tropas borbónicas.
Enfrente de la puerta y en un pequeño jardin nos encontramos con una Picota o Rollo Jurisdicional. Construido en el siglo XVI en granito tallado, el rollo o picota consta de un fuste alto y cilíndrico, apoyado sobre un bloque también de granito. Situado junto a la puerta de la Cadena, fue símbolo durante muchos siglos del carácter de villa de Brihuega y no de aldea.
Tambien enfrente de la puerta podemos pasear o tomarnos un descanso en el Parque de Maria Cristina o Parque de las Eras. Se trata de uno de los pulmones verdes totalmente arbolada que posee la villa y que esta presidida por una fuente ornamental en el centro del parque que fue construida en los años 70 del pasado siglo rememorando el antiguo quiosco que alli se levantaba. Ademas de esta el parque cuenta con otras dos pequeñas fuentes a su entrada. Nos cuentan los vecinos que hasta no hace mucho el suelo del parque estaba perfectamente humedo, de ahi el nombre de Eras del Agua.
Cruzamos la puerta y continuamos por la calle Cadena hasta que llegamos a la Plaza de Herradores donde vamos a contemplar la Fuente de los Doce Caños. Esta es una de las numerosas fuentes que nos podemos encontrar en Brihuega, de la que se tiene noticias desde el siglo XVI. Es la de mayor tamaño y la más emblemática, y una de las más importantes de toda la provincia, por el buen estado en el que se conserva. De la Blanquina, como también se la llama, y de las demás fuentes que refrescan la localidad brota el agua de los manantiales subterráneos de la localidad, agua que según dicen, sale limpia y fresca, y la que se encargará de saciar nuestra sed después de haber recorrido otros lugares interesantes de Brihuega.
Como su nombre indica la fuente cuenta con 12 caños en la parte delantera. La parte trasera de la fuente sirve de soporte para el lavadero municipal y cuenta con otros 12 caños para abastecerlo. El lavadero está formado por tres pilas rectangulares: una primera para el enjabonado de la ropa, otra para el aclarado y una última de menor tamaño para el fregado de los cacharros de cocina. Durante la Guerra Civil 1936-1939 la fuente quedo destruida y fue reconstruida en 1940.
Según la tradición, la moza que beba agua de los 12 cañones encontrará novio. Será verdad o no, disfrutad viéndola y por que no, refrescarse en los días calurosos.
Desde la plaza continuamos nuestro recorrido por la calle Armas donde podemos contemplar la Casona de los Gomez, una casa nobiliaria del siglo XVIII de estilo renacentista, con escudos nobiliarios en la fachada a ambos lados de la balconada y jambas con decoración almohadillada, muy característica de este estilo, en sus principales vanos, asi como disfrutar de la arquitectura popular de la villa.
Las obras de los arquitectos de Fernando VI y Carlos III quedan reflejadas en algunos de los edificios civiles de la villa. Otros, sin embargo, pertenecieron a grandes señores del siglo XVIII. Por otro lado, un lujo es pasear por las soportales, muy típicos de la arquitectura alcarreña, de las calles briocenses.
Brihuega participa plenamente de la estructura típica de los núcleos urbanos de la Alcarria: calles estrechas y sinuosas; protegidas por aleros, balcones y arquillos que comunican las calles entre sí, calles porticadas normalmente en la confluencia de plazas, asimismo porticadas. Podemos encontrar importantes restos de soportales: En la Plazuela de Herradores; la Calle de las Armas; los portales de Chapero; la Calle Mayor; la Plaza del Coso.
Por otro lado, los materiales constructivos utilizados en este tipo de arquitectura normalmente son piedra, madera, y barro. Muchas veces, se mezclados, piedra abajo, para cimentar y aislar de la humedad, tapial en medio, como grandes bloques de tierra y adobes para tapar huecos y vanos.
Llegamos a la calle Mayor para desde esta dirigirnos por la calle Tinte donde vamos a visitar la iglesia de San Simon y la Fuente del Tinte. Esta fuente como otras muchas mas del pueblo sirvio de abastecimiento de agua en los hogares, donde las mujeres iban a llenar sus cántaros hasta que a mediados del siglo XX Brihuega dispuso de agua corriente en las casas. Es una fuente con 4 caños sobre un pilón redondo que además de su condición estética que la convierten en fuente decorativa es una fuente de agua potable.
La iglesia de San Simon pudo haberse levantado sobre la que fue la mezquita de Brihuega, según sostienen diversos autores, aunque a día de hoy los estudios arqueológicos no han sido concluyentes sobre su verdadero origen, a pesar de que a partir del siglo XIV se consolida como iglesia católica hasta el siglo xix, en ese siglo, durante la guerra contra el francés la cripta de la iglesia va a ser el refugio de esconder las obras de arte y el ajuar litúrgico de las iglesias del municipio.
Con la desamortización de Mendizábal, en 1860 la iglesia pasa a ser vivienda particular en la que se remodela de manera integral perdiendo parte de su estructura original; los propietarios cierran parte de las callejas colaterales a la iglesia y distribuyendo la vivienda y sus habitáculos en distintas alturas dentro del templo destruyendo parte de los ventanales originales.
Se trata de un pequeño templo mudéjar, de estilo toledano, levantado entre los siglos XIII y XIV, que presenta una sola nave con ábside semicircular. El acceso original incorpora arco apuntado polilobulado y, en su parte superior, un óculo o rosetón.
Oculta durante más de un siglo, la demolición de un edificio adosado al ábside en 2004 permitió observar la tipología constructiva del edificio, que presenta un zócalo de mampostería de unos tres metros de altura, sobre el que se dispone un paramento de aparejo toledano (cajas de mampostería y verdugadas de ladrillo).
El ábside debe incorporar cinco ventanas, de las que exteriormente solo se aprecian dos, construidas mediante cuatro arcos concéntricos de ladrillo ligeramente apuntados. El interior presenta bóveda de cascarón, reforzada por seis nervios que se unen en clave común.
En una primera actuación, ante el peligro de derrumbe, se restauraron los ventanales del ábside, se recuperaron las cubiertas y se reconstruyeron los contrafuertes. Tras su adquisición por parte del ayuntamiento del municipio en 2020, se realizaron actuaciones en cubiertas y emplomados, así como el cosido de las grietas de la cúpula.
El conjunto de este espacio ese compone de jardín volado sobre la plaza Mayor, una casona del siglo XVIII y el propio templo. Además de un espacio monumental visitable y un epicentro de innovación rural también realiza la función de centro de día comarcal.
Continuamos por la calle Eugenio Bartolome hasta que finalmente llegamos a la Plaza de San Juan donde vamos a contemplar varios monumentos como el Antiguo Convento de frailes templarios, la casa de San Juan o los restos de la iglesia del mismo nombre.
La iglesia de San Juan fue fundada en el siglo XII por el arzobispo toledano don Juan, y construida en esa misma centuria con una estructura románica de una sola nave, bóveda de cañón sustentada sobre dos arcos fajones, ábside semicircular, y de muy pequeñas dimensiones. El cardenal Tavera la mejoró y amplió en el siglo XVI, construyéndole aneja sacristía y la capilla de la Virgen de la Zarza, así como cuatro contrafuertes en el muro de mediodía, escoltando a la portada que fue adornada con columnas y molduras de la época. Juan de Villa como escultor y Felipe Sánchez como pintor, ambos toledanos, le construyeron el retablo en 1621. Su progresivo deterioro hizo que dejara de ser parroquia en 1900, y tras el expolio sufrido en 1936, la torre y lo poco que quedaba de templo fue derruido en 1965, de tal modo que hoy sólo la constancia del lugar y el recuerdo de los más viejos queda de este templo.
Desde aqui nos dirigimos de nuevo hacia la Plaza del Coso para desde esta continuar por la calle Espliego que nos lleva hasta otro de los pulmones verdes que ostenta la villa como es el Parque de Molinillo. Es un lugar muy agradable, y un buen sitio para descansar a la sombra, si sobre todo visitas Brihuega en pleno verano, como fue nuestro caso. En medio del parque hay un estanque con una pequeña cascada y un puente de piedra, lo que lo hace mucho más agradable.
Desde el parque nos dirigimos por la calle San Miguel hasta que llegamos a la Avenida de la Constitucion donde vamos a contemplar la iglesia de San Miguel. Fue construida en la primera mitad del siglo XIII. Situada en la zona sureste de Brihuega, su ubicación responde a la voluntad urbanística del arzobispo Ximénez de Rada, que decide levantar dos templos cristianos en barrios de nueva creación: los barrios de San Felipe y de San Miguel.
El estilo que inspiró este templo estaba netamente en conexión con el más puro mudéjar toledano, al que recuerdan especialmente los ábsides, incorporando además variados elementos del gótico que se empezaba a conocer en España.
Accediendo al interior podemos vislumbrar tres naves separadas entre sí por fuertes arcos apuntados de ladrillo, decorados muy simplemente con aristas vivas. La nave central, más alta, tiene sus muros de aparejo perforados por vanos de diverso tipo, tanto alargados con remate semicircular, como de herradura y aun simples óculos, todo ello muy decorado con elementos de ladrillo. La cabecera se muestra completa, y se accede a ella a través de un arco triunfal apuntado que apoya en columnas y pilastras con capiteles de decoración vegetal, cubriéndose en su parte absidal mediante una hermosa bóveda nervada de ladrillo, en forma de estrella de seis puntas, lo mismo que el tramo recto del presbiterio.
A día de hoy, la nave principal se cubre de una estructura metálica con acristalamiento que le permite la entrada de luz cenital, reconstrucción que tuvo lugar a mediados del siglo XX, momento en el que se decide rehabilitar el edificio y realizar su techado, que había quedado totalmente destruido en la Guerra Civil. Es en esta época cuando se pierde el espectacular retablo plateresco dedicado a San Miguel con el que contaba la iglesia, y que hoy en día podemos apreciar a través de las fotografías tomadas a principios de siglo XX.
Ya en el exterior, y adosada al lado norte se sitúa la torre de las campanas, y muy posiblemente fue alzada primitivamente junto al templo inicial. A levante se alza el ábside poligonal de traza mudéjar, construido de ladrillo descubierto, con múltiples contrafuertes adosados y sin ventanas.
Desacralizada y destinada en la actualidad a actos culturales, sigue formando parte activa de la riqueza patrimonial de Brihuega, resultando un lugar destacado para la realización de eventos musicales y culturales.
Continuamos por la avenida y en su margen derecho nos encontramos con el edificio del Antiguo Convento de Jeronimas de San Ildefonso que data de finales del siglo XVI. Actualmente, lo único que se conserva intacto de este convento, es la fachada de la Iglesia, el resto no ha sobrevivido al paso del tiempo. Ha sido testigo de los avatares de la historia, objeto de agresiones de todas las guerras en las que se ha visto involucrada la Villa, ha sufrido saqueos y bombardeos y tampoco quedó libre de las leyes desamortizadoras de Mendizábal.
Lo que más recientemente afectó al Monasterio fue la pasada Contienda Civil. Las monjas se vieron obligadas a abandonar el cenobio. Cuando la Guerra finaliza y regresan, se lo encuentran en ruinas y totalmente saqueado. Aconsejadas por las autoridades eclesiásticas se fusionan con las monjas de otro convento de Guadalajara, Ntra. Sra. De los Remedios, que se encontraba en una situación similar.
Poco después se acomete una rápida reconstrucción, poco eficaz, que obliga a invertir los escasos bienes en obras continuamente, hasta que en 1969, los arquitectos de la Diócesis aconsejan el cierre del Convento ante el lamentable estado ruinoso que presentaba. De esta manera la Mitra de Sigüenza les ofrece el traslado a Yunquera de Henares, donde se trasladan en 1971, y actualmente permanecen.
El cenobio briocense continuó su deterioro paulatino hasta que en 2006 se compró el edificio en ruinas, empezando en 2007 las obras de rehabilitación funcionando hoy día como centro de eventos “La Capilla de Brihuega”.
En la misma avenida nos encontramos con otras dos fuentes de las muchas que ha distribuidas por el casco urbano de Brihuega, en concreto se trata de la Fuente de Santo Tomas que servia para el abastecimiento de agua a los hogares y la Fuente del Jardinillo que se coloco en este parque como embellecimiento del mismo. Este parque se construyo en el mismo lugar donde a finales del siglo XIX y por culpa de una inundacion que sufrio la villa se perdio una hilera de casas que ocupaban dicho lugar.
Al final de la avenida llegamos a la Plaza de San Felipe donde vamos a contemplar y visitar el edificio de la Iglesia de San Felipe. Se trata de una hermosísima iglesia románica de clara transición al gótico, construida en pleno siglo XIII. Se halla muy restaurada y con un aspecto excelente. Lástima que el exterior del ábside no sea visible debido a que se encuentra rodeado de edificaciones anejas. Por el contrario, se trata de una iglesia habitualmente abierta por lo que se puede visitar su interior sin problemas.
Exteriormente el muro de la nave meridional es de mampostería y en él se abre, sobre cuerpo resaltado con tejaroz flanqueado por dos contrafuertes, una bella portada de cinco arquivoltas apuntadas de baquetón y nacela, con guardapolvos de puntas de diamante. Cuatro pares de columnas separadas por jambas decoradas con puntas de diamante forman los apoyos. El alero de la nave tiene canecillos de rollos. La nave principal, más alta, se ilumina mediante tres ventanales ajimezados acusadamente góticos.
La fachada occidental es lo más bello del templo, realizada con perfecta sillería. En primera instancia se observa la diferente altura de la nave central con respecto a las laterales. En lo alto de los muros de las naves laterales hay sendos óculos con su moldura interna formando una estrella de seis lóbulos.
En la parte superior del muro correspondiente a la nave central existe un rosetón circular con varias molduras y guardapolvos de puntas de diamante. Las tracerías forman una preciosa estrella de seis puntas. Bajo éste se abre la puerta principal, también sobre arimez escoltado por contrafuertes y tejaroz sostenidos por canecillos zoomórficos. Es similar a la meridional, con arquivoltas apuntadas rematadas por chambrana de puntas de diamante y cinco pares de columnillas separadas por jambas con igual decoración.
San Felipe es una iglesia urbana de tres naves de cinco tramos -más alta la central- separadas arcos formeros muy apuntados que se apoyan en pilares con columnas adosadas en sus frentes oeste y este además de otras más finas acodilladas. Estas columnas se rematan en elegantes capiteles vegetales góticos con cogollos y crochets.
Sobre dicho formeros, los muros se extienden en vertical permitiendo la apertura de ventanales bíforos de forma trilobulada con un óculo tetralobulado encima. La cubrición del cuerpo de dichas naves es madera, no hay bóvedas pétreas.
Las naves laterales no se prolongan en ábsides mientras que la nave central remata en largo presbiterio recto con bóveda de cañón apuntado y ábside con cuarto de esfera. En el tramo presbiterial se abren dos ventanas aspilleradas y en el hemiciclo otras tres.
Para terminar este breve comentario del interior de la iglesia de San Felipe de Brihuega, diremos que en la nave norte, muy próxima a la cabecera encontramos una puerta transformada de claro carácter románico: arco de medio punto formado por boceles y escocias, guardapolvos de puntas de diamante y el apoyo de dos cortas columnas entregas sobre altos plintos. También encontramos una pila bautismal caliciforme extremadamente sencilla. No tiene basa, sino un pie cilíndrico que recoge una semiesfera gallonada.
Desde la plaza giramos a la derecha por el Paseo de la Fabrica donde al inicio del mismo vamos a contemplar la Torre de San Felipe. Se trata de una torre campanario octogonal y no está completamente unida al templo ya que se construyo aprovechando uno de los torreones de la antigua muralla. En su arco de acceso se encuentra el escudo del arzobispo Ximénez de Rada. La obra está realizada en mampostería de piedra caliza y remata el conjunto un sencillo tejado a ocho aguas.
El acceso a la torre se realiza desde el interior del templo, a través de una puerta situada en la cabecera de la nave del Evangelio. Antiguamente se accedía desde la sacristía por una puerta hoy cegada. Tras subir por dos tramos de escalera (el primero situado entre la iglesia y la muralla y el segundo en el interior de la muralla) se llega al cubo, desde donde parte un tercer tramo de escaleras de caracol de madera por el interior de la torre. Se llega a la sala de campanas donde se conservan parcialmente las instalaciones originales, el suelo, dos yugos antiguos de madera y el maderamen del tejado. En las troneras este y sur existen dos pares sillares voladizos que reducen la luz del arco y facilitan la colocación de los yugos.
Al final del paseo nos encontramos con el ultimo de los monumentos que vamos a contemplar como es la Real Fabrica de Paños y sus Jardines Romanticos. Constituye uno de los más relevantes ejemplos de la arquitectura industrial del siglo XVIII. Su creación estuvo motivada por el interés de la monarquía borbónica en impulsar la industria y el comercio en España. La creación de este establecimiento obedece a una Real Cédula expedida el 8 de marzo de 1750 por Fernando VI en época la Ilustración. Se levantó dentro del recinto amurallado de la ciudad, en un lugar alto ocupado por la Ermita de Santa Lucía.
La fábrica de Paños está formada por un conjunto de edificios, entre los que destaca, por su original planta y su tamaño, el edificio de la Rotonda. Su traza se debe al arquitecto Manuel de Villegas que lo concibe como una construcción a gran escala, pero sobria con una forma geométricamente cerrada. Tiene una planta circular formado por dos anillos, uno exterior y otro interior acogiendo éste último a un patio central. Está levantado sobre dos alturas: la planta baja, con un anillo de soportes centrales para sostener el peso de las cubiertas abovedadas y la planta alta, destinada a los telares e hilanderas, que cuenta también con apoyos intermedios y cubierta de madera. Ambos anillos están perforados por numerosos vanos que permiten una buena iluminación interior.
Al exterior la fachada presenta una ordenación rítmica de huecos rectangulares con sencillas embocaduras, que definen las plantas separadas por líneas de impostas horizontales. La puerta principal se sitúa al norte y da paso al zaguán del que arranca la escalera que lleva a la planta de arriba.
La Real Fábrica de Paños pasó por diferentes etapas constructivas entre las que destacan las siguientes:
1ª Fase bajo la dirección de los arquitectos Manuel de Villegas y Ventura Padieme (1750-1753). Durante este periodo, respetándose en su mayor parte las trazas del primer proyecto realizado por Villegas, sin embargo, Padieme modifica la posición de la escalera del zaguán posibilitando el acceso directo al patio desde aquel, suprime las bóvedas de la planta baja sustituyéndolos por arcos semicirculares y coloca un almohadillado en el hueco central frente a la entrada.
2ª Fase bajo la dirección del arquitecto francés Jaime Marquet (1757 a 1759). Se adosa al norte de la rotonda dos naves rectangulares paralelas, con patio central, destinadas a almacenes para tintes y prensas, con la misma estética de la primera, y se construye una nueva ermita.
3ª Fase bajo los diseños de José Paz (1768-1769). Se edifica una nueva casa con jardines, para el Superintendente, en el lado noroeste que está situada entre la nave de prensas y la capilla. Fuera del recinto se levantó una nave para la fabricación de paños finos alineada a la bajada de San Felipe.
La última intervención se produce hacia 1786 con la construcción al norte del complejo, junto a la capilla, de una gran nave para telares, con dilatada fachada y con una escalera imperial construida en su extremo sur. Posee una portada lateral de formas clásicas, datada en 1810, que consta de vano de medio punto, flanqueado por pilastras lisas y rematada por un frontón triangular.
Destaca de la Fábrica, sus jardines típicos decimonónicos, de influencia versallesca y sabor romántico, realizados a comienzos del siglo XIX. Su realización fue promovida por la esposa del industrial y político liberal D. Justo Hernández Pareja y los jardineros que lo llevaron a cabo se cree que fueron un padre y un hijo, llamados Veyrat, naturales de Grenoble (Francia). Proyectaron unos jardines con plazas circulares y fuentes de piedra de las que parten caminillos rectos dispuestos radialmente y todo esto, a su vez, definido por parterres de setos de bog recortado jalonados de farolas. Son también evocadores las palmeras, las jaulas de madera pintadas en verde con cubiertas de cinc “orientales”, el cenador tapizado de trepadoras verde o el mirador con barandilla de hierro. La reminiscencia árabe está presente a través de acequias y fuentes o los arcos formados por cipreses italianos que limitan el jardín hacia el barranco del río Tajuña, dándole perspectiva y proporcionándole un ambiente cerrado e íntimo.
Por último, dominando el conjunto del complejo aparecen los edificios destinados a la administración.
La actividad industrial del edificio, como productora de mantas para el ejército, finalizó definitivamente en 1936, coincidiendo con la Guerra Civil Española. Posteriormente, tras muchos años languideciendo, el 24 de noviembre de 2020 abriría de nuevo sus puertas, ya como edificio turístico, tras las obras de restauración acometidas por el Ayuntamiento de Brihuega, la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y el Ministerio de Fomento.
Con la visita a la Real Fabrica de Paños terminamos nuestro recorrido por esta espectacular villa de Brihuega. Pero ademas de su inmenso patrimonio monumental, el entorno natural donde se ubica permite la realizacion de varias rutas de senderismo en cualquier epoca del año. Un viaje a la Alcarria siempre es un buen plan, y si es para recorrer sus caminos y conocer sus pueblos, mejor aún. Hacerlo a pie es un plan perfecto para el otoño, cuando la caída de la hoja y las lluvias transforman sus sendas y paisajes. La bicicleta también es otra alternativa interesante y sostenible, especialmente para rutas de gran recorrido. En primavera también encontramos un paisaje espectacular, con los primeros brotes verdes y el resurgir de la vida tras los fríos del invierno.
Ruta por el Valle del Tajuña. La parte baja de Brihuega está bañada por el río Tajuña. Un pequeño río que va a morir al Jarama, dejando a su paso un precioso valle que bien merece una visita en cualquier época del año. Si algo lo caracteriza durante el otoño, son las copas amarillas y rojizas de los enormes árboles que flanquean la orilla. Una ruta perfecta para pasear con calma y fundirse con la naturaleza.
Ruta por los Quejigares de Barriopedro y Brihuega. Considerados Zona de Especial Conservación (ZEC), los Quejigares de Barriopedro y Brihuega se encuentran en el curso medio del río Tajuña, entre los términos municipales de Valderebollo y Brihuega. Es una zona boscosa en la que predomina el quejigar en las umbrías y las encinas en la solana, también musgos y praderas. Un entorno único por el que pasear, casi siempre a la sombra, y en el que no es raro encontrar pequeños animales.
Ruta a Villaviciosa. Tomando también la alternativa de Caminos de Guadalajara, recomendamos esta ruta que parte de Brihuega y va hasta Villaviciosa. Un recorrido circular de casi 10 kilómetros que puede realizarse en cualquier época del año. Esta ruta discurre por los dos caminos que unían Brihuega y Villaviciosa de Tajuña, regalando al senderista bonitos paisajes sin grandes exigencias de esfuerzo.
La Alcarria ofrece un sinfín de posibilidades para deleitarse con experiencias únicas e inolvidables. Sus extraordinarios parajes naturales e innumerables tesoros monumentales confieren a la comarca un singular atractivo que merece la pena conocer y disfrutar. Una de estas vivencias aparece cada mes de julio en Brihuega, cuando sus campos se tiñen de un intenso color violeta originado por la floración de la lavanda.
Es la Provenza española, un verdadero espectáculo de la naturaleza que cada año provoca sensaciones excepcionales e imborrables a los visitantes que se acercan a esta pequeña localidad. Los campos de lavanda de Brihuega, pincelados de una intensa tonalidad violácea, constituyen una estampa maravillosa y singular, que la retina no olvidará jamás.
El juego de colores peculiares que se generan con la mutación de la luz, junto a la brisa, el contoneo de las flores de la lavanda y el embriagador aroma que empapa por completo el ambiente hacen del recorrido por estos campos una experiencia emocional y sensorial única. Brihuega vive en julio un asombroso festival de color que hay que ver y sentir. Y hasta que el verano regrese, nada mejor que recorrer sus preciosas tiendas para comprar los productos elaborados con lavanda. Estos encantadores comercios son el paraíso de las cremas, los jabones, las velas, las mieles, y los perfumes creados con el preciado aceite esencial de la lavanda.
En Guadalajara, y como un regalo, se extienden unos páramos, unos valles generosos, unas tierras hermosas que han sido inspiración de aventureros y de Premios Nóbel. En estos campos nació Viaje a la Alcarria, una de las mejores guías de viajes de la literatura escrita por un premio Nobel, Camilo José Cela. Y después, otro gran viajero, Manu Leguineche, la reflejo en su libro La felicidad de la tierra. Entre castillos medievales, cuevas, iglesias románicas, fuentes, pantanos y campos de lavanda, es una delicia recorrer la hermosa Alcarria. Viajamos por un camino de leyendas y sorpresas, entre libros del buen amor, juderías, salinas, y alguno de los pueblos más bonitos de España. como es la localidad de Brihuega, enclavada en el valle del Tajuña, es un auténtico jardín rodeado de una exuberante y olorosa huerta, el contrapunto a la sobria Alcarria Baja.
Brihuega rezuma historia y es Conjunto Monumental Histórico Artístico. Sus empedradas calles son el medievo entre soportales, cuevas árabes, y hasta una Real Cárcel, todo un laberinto donde perderse en un agradable paseo.
GASTRONOMIA:
Al comer en Brihuega vamos a toparnos con una cultura gastronómica de lo más interesante. En ella se mezclan las raíces alcarreñas con influencias manchegas y árabes.
Los productos de calidad que comer en Brihuega más típicos son el queso y la Miel alcarreña o el Aceite de la Alcarria, ambos con D.O.P. También hay una buena variedad de setas que podemos degustar en recetas como las patatas guisadas con níscalos.
Otro de los grandes atractivos que comer en Brihuega son las ancas de rana fritas. Como en toda la provincia, los grandes protagonistas son los asados de cabrito y cordero. Sin embargo, en Brihuega también podemos descubrir codornices a la alcarreña, conejo al ajillo o bien pollo a la miel de romero. Queda clara la importancia en estos lares de la carne de caza. Aún así, no se olvidan platos típicos de toda Castilla-La Mancha. Es el caso del morteruelo (una especie de paté casero) o el pisto manchego.
Y, para finalizar la hora de comer en Brihuega, en el apartado de los dulces, de ascendencia árabe, nos esperan delicias como los típicos bizcochos borrachos, las torrijas, los hornazos y los mantecados.
FIESTAS:
Fiestas Patronales: Las fiestas de Brihuega se celebran entre los días 7 y 22 de Agosto, en honor de Ntra. Sra. de la Peña y se caracterizan por su mezcla popular y tradicional-religiosa.
Tras el Pregón, los días más importantes son el 13 de agosto con el “Marujo”, el 14 de agosto cuyos actos más importantes son la Procesión de la Cera y la Salve, al día siguiente la procesión de la Patrona y el 16 de agosto el encierro por el Campo.
El Marujo, nacido a finales de los 80 de la mano de las peñas del pueblo, es un acto popular que queda fuera de los organizados por el Ayuntamiento. Se celebra al caer la tarde del día 13 de Agosto, cuando los miembros de las peñas y algunos componentes de la Banda de Música de Brihuega se reúnen disfrazados para recorrer el pueblo, haciendo parada en todos y cada uno de los bares, llevando su música y sus canciones por todos los rincones de la villa.
La procesión de la Recogida de la Cera, fiesta declarada de Interés Turístico Provincial, se celebra en la tarde del 14 de Agosto y es una mezcla de acto religioso y popular. La banda de música, junto a las autoridades locales y la directiva de la cofradía de la Virgen de la Peña recorren las calles de Brihuega, acompañados por los gigantes y cabezudos, que con sus varas de mimbre hacen corren a los chiquillos de la población.
Cada miembro de la Cofradía lleva en su mano, junto con el cetro de su cargo, un ramo de espliego y una vela apagada. Según la tradición, el origen de esta peculiar procesión se remonta a la Edad Media. Después de la aparición de la Virgen a la infanta Elima, hija del rey Al-Mamún, se dispuso llevar la imagen en procesión hasta la ermita de Santa Ana, a unos cuatro kilómetros de la villa. Compraron los fieles a un comerciante judío unos hachones de cera y acordaron pagarle únicamente la cera consumida por lo que antes de partir pesaron los hachones. Unas cuantas horas después y ya terminada procesión, volvieron a la tienda y al pesar los hachones comprobaron que a pesar de haber estado encendidos no se había consumido ni un gramo de cera.
La celebración de la Salve es una mezcla de acto religioso y profano. Alrededor de las once de la noche del día 14 de Agosto, se reza en la iglesia de Santa María ante la imagen de la Virgen, de la Letanía y la Salve. A la salida, se realiza un pasacalles amenizado por la banda municipal para finalizar en el parque María Cristina. Dicho pasacalles es acompañado por los más jóvenes, que recorren las calles entre cánticos y bailes mientras se les arroja agua desde las balcones.
Fiesta Mayor de Brihuega es en honor a Ntra. Sra. de la Peña Por la mañana se comienza con una diana a cargo de la banda de música y de los gigantes y cabezudos, que recorren el pueblo despertando a la población. A las doce se celebra la función religiosa en honor a la Virgen de la Peña, patrona de Brihuega. Al caer la tarde se celebra una multitudinaria procesión con la imagen de la Virgen de la Peña por las calles de la Villa. Por la noche se quema un maravilloso castillo de fuegos artificiales, amenizado por la banda de música, y los bailes y canciones de los más jóvenes. Al terminar, se procede a suelta de varios toros de fuego, que con sus correpiés hacen correr a más de uno.
Al mediodía del 16 de Agosto se celebra el tradicional concierto de la Banda Municipal de Brihuega en el parque de “las Eras” con el acompañamiento los gigantes y cabezudos que bailan al compás de la música.
El Pasacalle de la banda de música, alrededor de las seis de la tarde, al compás del popular Sangre Torera coreado por todos los mozos, desde el parque de las Eras hasta la Plaza del Coso es el preludio del famoso encierro de Brihuega.
Así se inicia el encierro, primero por las calles de la villa y luego por el campo. Los toros descansarán en el paraje de la Boquilla hasta la Subida, ya en madrugada. Será en san Felipe donde pasen el resto de la noche hasta la Bajada (día 17 de agosto). En la mañana del 17 se produce la tradicional bajada de los toros desde la Plaza de San Felipe hasta la Plaza de Toros. Por la tarde, se celebra una novillada sin picadores.
La Corrida de Primavera: Uno de los eventos que abren la temporada taurina en Guadalajara se ha convertido en los últimos años en todo un acontecimiento por derecho propio.
Sin fecha fija de celebración, dependiendo en gran medida de la Semana Santa, se sitúa habitualmente en alguno de los sábados del mes de Abril. Ese día, e incluso a lo largo de todo ese fin de semana, Brihuega se llena de aficionados taurinos que además de la propia Fiesta, tienen ocasión de disfrutar de los encantos que les ofrece nuestra Villa.
En el singular recinto de la plaza de toros La Muralla, que además de ser la de mayor aforo de la provincia es una de las señas de identidad de Brihuega, y acompañados por los acordes de la Banda de Música Briocense, los devotos del arte de Chúchares (briocenses y visitantes, de barrera y de andanada, veteranos y jóvenes) contemplan las evoluciones de los diestros a la par que juzgan la bravura de los astados y pitan o sacan sus pañuelos en su respetable papel.
Brihuega exhibe ese día en sus calles un ambiente festivo en el que participan por igual los vecinos y todos aquellos que ese día nos acompañan. Entre estos últimos son cada vez más frecuentes personajes de la vida social y cultural o figuras relevantes de nuestra comunidad, unidos todos por una afición compartida.
PLANO TURISTICO DE BRIHUEGA: https://turismobrihuega.com/images/Plano-callejero-de-Brihuega.pdf




























































































No hay comentarios:
Publicar un comentario