JEREZ DE LOS CABALLEROS (Badajoz)

 



JEREZ DE LOS CABALLEROS


Jerez de los Caballeros es un municipio de la provincia de Badajoz dentro de la comunidad autónoma de Extremadura, situandose en el extremo sudoccidental de la sierra del Sur dominando la extensa vega del río Ardila y con una poblacion de poco mas de 9.000 habitantes. Erigida sobre las estribaciones de Sierra Morena, dibuja un perfil inconfundible que encierra miles de años de historia que piden ser experimentados y descubiertos. Este conjunto patrimonial y natural supone un punto de visita obligada de la zona sur de Badajoz y de Extremadura en general.  Su principal singularidad viene marcada por la gran riqueza patrimonial que posee, recorrer sus sinuosas calles descubriendo monumentos, degustar su gastronomía y contemplar sus campos de dehesas resulta ser una experiencia inolvidable.
Fenicios, romanos, visigodos, musulmanes y cristianos pueden dar testimonio de la riqueza de su entorno y del encanto de sus monumentos, templos y calles. Ilustres jerezanos han dejado su impronta en la concepcion del mundo como bien atestiguan los nacimientos en esta ciudad de Vasco Nuñez de Balboa o Hernando de Soto. Esta dilatada historia provoca que Jerez sea considerada Conjunto Historico Artistico Monumental desde 1.966.  Jerez es conocido como la ciudad de las cuatro torres, por su conjunto de torres barrocas, construidas con ladrillo, yeso y barros vidriados.


Jerez de los Caballeros se alza en las sierras del sur, entre agrestes montañas y encinares milenarios. Jerez de los Caballeros templarios, así podría llamarse hoy esta localidad pacense. Ciudad forjada por el paso de distintas civilizaciones, fenicios, romanos, visigodos, musulmanes y retomada por manos cristianas para ser donada a Caballeros Templarios y posteriormente a la Orden de Santiago. La importante vida religiosa a lo largo de su historia queda jalonada por las cuatro impresionantes torres de sus parroquias, numerosas ermitas, fuentes, casas palacio, y un color predominante, el blanco. Testigo de enfrentas bélicas por su proximidad con la frontera portuguesa y tierra natal de aquellos que se embarcaron en la aventura del nuevo mundo.
Abundantes restos arqueológicos podemos encontrar en Jerez de los Caballeros, que nos dan a entender y ponen de manifiesto la presencia de otros pueblos, como puede ser los romanos. Andar por Jerez, es desandar la historia, sus angostas calles evocan relatos y leyendas medievales. Callejuelas que configuran un dibujo de urbanismo estrambótico, pero de un encanto épico, plazas y arterias que sustentan espléndidos edificios solariegos.
Es por ello, que todos los viajeros que la visitan caen rendidos ante tanta belleza. El afamado escritor norteamericano Washington Irving dijo, allá por el siglo XIX, que Jerez de los Caballeros se encontraba entre las ciudades con mayor encanto de toda España. Este encanto, fruto del valioso legado histórico de la ciudad, ha quedado impregnado en sus edificios, calles y gentes.
Colindante con la frontera portuguesa y asentada sobre un cerro, desde lo alto se observa la vega del río Ardila, afluente del Guadiana con unas vistas panorámicas de sorprendente belleza, sobre todo desde el balcón que constituye su hermoso Parque de Santa Lucía, con el respaldo de sus murallas de origen musulmán y la magia de su fortaleza, al fondo.



El término municipal de Jerez de los Caballeros ha estado habitado desde tiempos muy remotos, así de la Prehistoria ya se encuentran restos arqueológicos como el del dolmen de Toriñuelo, en la dehesa de la Granja, además de los del Valcavado y de la Palomilla.
El Dolmen de Toriñuelo es un monumento funerario y pertenece en la época calcolítica, que es como se suele llamar a la Edad del Cobre. Está situado a dos o tres kilómetros de distancia de Jerez de los Caballeros. El sepulcro megalítico de Toriñuelo, situado en la granja de este mismo nombre, está dentro del grupo de sepulcros de cámara circular, o aproximada a un círculo. Está cubierta con una falsa cúpula y corredor o pasillo adintelado (elemento estructural horizontal que salva a un espacio entre dos apoyos) llamado «Tholoi». La característica más significativa desde el punto de vista constructivo son las dimensiones del «corredor adintelado» y la existencia de una “cámara” lateral.
La cámara es ligeramente ovalada, de 3,80 m. en su eje mayor y 3,50 m. en el menor, estando delimitada por trece ortostatos, siendo un ortostato un bloque o losa vertical, adornada o no, que forma la hilada inferior de un muro. En un dolmen neolítico, los ortóstatos forman parcial o totalmente las paredes del monumento funerario megalítico y soportan las losas de la cobertera. Uno de estos ortostatos no se conserva en este dolmen. La mayoría son de granito y dos ellos son de pizarra. Sobre este zócalo de ortostatos se apoyaba la cubierta, con forma de cúpula.​
La estructura es una colina artificial, levantada mediante la superposición de tongadas o capas de arcilla y piedras todo muy compactado capa a capa. El dolmen está orientado en dirección este-oeste, tiene un largo corredor de acceso de unos 25 m. El corredor tiene una altura máxima de 1,42 m a la entrada con ligera disminución en el centro y aumentando en dirección a la intersección con la cámara. En el lateral norte del corredor hay un «nicho» de planta rectangular y de escasas dimensiones. El acceso a la cámara se realizaba por una doble rampa.
La decoración del sepulcro, en la que alternaban la pintura y el grabado, utilizaban el granito y la pizarra como soporte. Las pinturas han desaparecido, pero el grabado está en tres de los ortostatos que la delimitan con motivos radiales, circulares y en forma de serpientes.
El sepulcro está ubicado en un área rica en agricultura, ganadería y minería y su situación junto a un lugar de paso (más tarde conocida como Cañada Real), van a determinar la posibilidad de su reutilización. Así, junto al dolmen, se han localizado en el sector oeste unos muros correspondientes a la utilización del túmulo durante los siglos I a. C. y I d. C.



Los fenicios conocían la zona y hay opiniones en el sentido de que podían haberla fundado, cuando menos ellos fueron los que le dieron el nombre de Ceret.
Durante la ocupación romana, Jerez, en la época conocida como Fama Iulia Seria o Caeriana, debió de ser un pueblo bastante habitado según se ve por los hallazgos arqueológicos de la llamada villa del Pomar y por estar situada entre dos ciudades de importancia como eran la hoy desaparecida Itálica y Emérita Augusta, la actual Mérida, quedando Fama Iulia Seria cerca de la Vía de la Plata. El dibujo de una tinaja (seria en latín) en la inscripción de un personaje de Seria enterrado en Corduba indica que los romanos asociaron el topónimo turdetano al correspondiente término latino.​
De la época romana se han descubierto en Jerez numerosas inscripciones, cipos, estelas funerarias, etc., aludiendo a familias romanas importantes como Julia, Helvia o Vibia. Se conservan además restos como los mosaicos del Pomar, la Calzada del alto empedrado y los puentes del Pontón y Viejo.
De dicha epoca podemos contemplar en el pueblo la Villa Romana El Pomar (Domus suburbana) junto al edificio del centro de salud. La casa romana de El Pomar pertenece a los siglos III y IV. d. C., aunque parece que sufrió reformas con el paso del tiempo en los siglos V y VI.
Asentada en una población romana: Seria Fama Iulia, pertenece al tipo de casa villa rústica, (así llamada en latín), es decir, una casa de campo dedicada a la explotación agrícola y ganadera. Se desconoce su auténtico tamaño, ya que se conservan pocos restos, aunque probablemente se extendería hasta una arroyo (hoy subterráneo) de donde tomaba el agua la actual Fuente de la Plaza Vasco Núñez, teniendo en cuenta la gran necesidad de agua que tenía cualquier explotación de este tipo.
La palabra Pomar, en latín significaba terreno con árboles frutales y más en concreto, manzano, de donde toma el nombre, ya que probablemente estuviera rodeada de árboles de este tipo. Actualmente una variedad de manzana conserva el nombre de poma. 

Los restos conservados están ordenados en torno a un amplio espacio central o patio porticado de dimensiones monumentales denominado peristilo o viridarium, con un estanque para recoger el agua desde conducciones subterráneas. Como en cualquier casa romana, el resto de las habitaciones se abrían hacia este patio, desde donde reciben luz y ventilación, al no tener ventanas. Hay que recordar que las casa romanas siempre se articulan en torno a patios y hacia el interior, nunca hacia la calles. Esta villa tenía dos plantas, como se ve por los restos conservados de una escalera.
La casa, por sus dimensiones y mosaicos, pertenecía a una familia rica, a un patricio, que viviría allí con su familia y sus siervos. Si tenemos en cuenta el concepto de familia romano, entenderemos las dimensiones de la casa. No sólo viviría aquí el padre y la madre, sino también hijos, nietos, además de contar con un gran número de siervos para el trabajo del campo y el mantenimiento de la casa. Cuanto más prestigio quería tener un patricio, más esclavos tenía a su servicio.
La entrada de la casa parece que estaba por la actual entrada. Desde una pequeña habitación que hacía las veces de vestíbulo, se accedía al viridarium. A la derecha siguiendo el pasillo, en frente del estanque, encontramos una de las habitaciones principales: oecus: sala de recepción y banquetes.



OECUS: esta habitación conserva un mosaico dividido en tres partes. Una parte consta de motivos marinos. La segunda parte presenta una decoración relacionada con el tipo de habitación en que nos hayamos: está representado el dios Baco (Dionisos en griego), dios del vino, de las fiestas y del teatro. El origen del teatro en Roma y en Grecia parece que está relacionado con diálogos improvisados que se hacían durante la vendimia para su entretenimiento, A estos diálogos se les fue añadiendo música y danza y posteriormente se realizaron con argumentos preparados. Así surge el teatro al amparo de este tipo de celebraciones, por lo que el dios Baco se convierte en el dios de este género literario. Por todo esto no es extraño encontrar representado en el mosaico de esta villa junto a Baco máscaras de teatro típicas que se utilizaban en las representaciones. Las máscaras se usaban con varios objetivos: los actores no solían ser más de tres, por lo que los personajes los representaban cambiando la indumentaria y la cara con la máscara; las mujeres no solían actuar, pues aquellas que osaban hacerlo eran consideradas de mala reputación, por lo que también se tenían que utilizar las máscaras para los personajes femeninos; y en tercer lugar, por la apertura que tenían en la boca, hacían efecto de altavoz para conseguir que el sonido llegara hasta las últimas filas.
La tercera parte, en el centro, en un círculo, presenta otro de los motivos característicos del mundo romano: un auriga victorioso en una cuadriga: carro tirado por cuatro caballos.
Si nos fijamos en los motivos geométricos podemos ver un símbolo frecuente en todas las civilizaciones antiguas, como la esvástica, tomada luego como símbolo del nacionalsocialismo en Alemania. Este símbolo tiene su origen en el sánscrito o antiguo indio, con el significado de “buena suerte”, “bienestar”, “prosperidad”, y será utilizado en la iconografía de muchas civilizaciones.

PASILLO QUE RODEA EL VIRIDARIUM: con mosaicos geométricos y florales. Este pasillo era porticado, con columnas que sujetaban el tejadillo para poder desplazarse de una habitación a otra sin mojarse los días de lluvia o pasear si hacía sol.

HABITACIONES: si salimos del oecus hacia la izquierda (pegadas a las actuales casas), llegamos a los que serían los dormitorios familiares, uno de los cuales conserva los mosaicos del suelo. En latín recibían el nombre de CUBICULUM, de donde viene nuestra actual palabra cobijo. Recibían la luz y ventilación del patio, aunque hay que imaginar que ambas eran muy escasas. Muchas veces se separaban del patio por una simple cortina.

Siguiendo el pasillo y dando la vuelta al VIRIDARIUM, encontraremos un canal de recogida de agua hacia el estanque y las escaleras de acceso al segundo piso.

TERMAS: en una esquina de la casa encontramos el espacio de unas posibles termas. Por su forma podría ser un caldarium, piscina de agua caliente, aunque no se conserva nada del hypocausto: horno para calentar el agua, que servía también de sistema de calefacción a través del suelo.
Al lado se puede observar un canal que sería el que suministraba el agua al baño.

TRICLINIUM: sala con una forma semicircular en uno de los extremos, forma extraña para una habitación romana, que solían ser siempre cuadradas. Podría ser el tablinum: despacho del señor o un triclinium, comedor. Conserva mosaicos geométricos y se pueden apreciar los distintos colores de las teselas. La parte absidal tenía un muro de separación. Probablemente serviría para poner una estantería con los papiros, libros y pergaminos, es decir, una especie de biblioteca, o bien podría ser el lugar del altar o ara de los dioses protectores del hogar: Lares y Penates.

Estas parte son las que se conservan de la villa, pero hay que suponer que contaba con almacenes, graneros, establos, etc para la explotación agrícola y ganadera, que se extenderían alrededor de la misma, además de contar con tierras para el cultivo y el ganado.




De la época visigoda existen algunos hallazgos de lápidas e inscripciones entre las que destaca la que existe en una columna de la iglesia de Santa María con la fecha de consagración de la misma, el 25 de diciembre del año 556 del calendario actual. Otros restos importantes de la época son una lápida con inscripción de 514 en la dehesa de la Alcobaza y otra inscripción de 662 en la dehesa de la Mata. Durante la dominación árabe es conocida con Xerixa o Xeris y no cabe duda de que fue ciudad importante, desafortunadamente quedan pocos monumentos o restos de aquella época aunque siguen existiendo reminiscencias en barrios como la Morería y la Alhóndiga.
Con la conquista por Alfonso IX de León en 1230, con ayuda de los templarios entró Jerez en la época cristiana. Aun en el 1240 es necesaria una campaña militar para asegurar la zona. Alejado el peligro musulmán el rey hace donación de la villa a la Orden del Temple. Con el Temple comienza una repoblación y engrandecimiento de la comarca, siendo de esta época la constitución del "bailiato" o encomienda de Jerez como lo demuestran documentos de capítulos de la orden.
La disolución de la Orden del Temple en 1312 por bula del papa Clemente V hace pasar sus posesiones de Castilla, y en concreto la comarca de Jerez, a la Corona. Cuentan las historias del pueblo que los templarios se resistieron y fueron degollados todos los caballeros, de ahí el nombre de "Torre Sangrienta" a uno de los baluartes de la muralla de Jerez.
En 1312 Jerez de los Caballeros pasó a ser ciudad de realengo bajo el dominio de la Corona, que le reconoció el derecho a nombrar procuradores en las Cortes de Castilla. Allí jugaron un papel destacado, y sobre todo en las Cortes de Burgos de 1315, para debatir sobre la regencia de Alfonso XI. En los años posteriores el castillo de Xerez de Badajoz pasó a manos de portugueses, quienes mantuvieron la fianza de plazas y fuertes hasta 1330. Juan Alfonso de Castilla fue señor de Jerez de los Caballeros,​ aproximadamente, desde febrero de 1342 hasta noviembre de 1344, y también aparece con el título de «señor de Xerez-Badajoz» en el documento donde se consignó la donación de Caravaca a la Orden de Santiago, que tuvo lugar en agosto de 1344,​ según consta en el Bullarium Equestri Ordinis Sant Iacobi de Spatha.​ Desde noviembre de 1344 hasta 1370 la villa de Jerez de los Caballeros perteneció al realengo, aunque el día 25 de diciembre de 1370 fue donada por el rey Enrique II de Castilla, que era hermanastro de Juan Alfonso, a la Orden de Santiago.



El siglo XVI supuso un período de engrandecimiento para Jerez de los Caballeros. Se multiplicaron los edificios monumentales, aumentó la población, y entre 1523 y 1526 aproximadamente Carlos I le dio el título de "muy noble y muy leal ciudad", con sus correspondientes privilegios. En 1594 formaba parte de la provincia León de la Orden de Santiago figurando como Xerez de Badajoz, el Valle de Matamoros y el lugar de Santa Ana, conjunto que agrupaba a 1963 vecinos pecheros. Los siglos XVII y XVIII fueron una época de decadencia para la localidad. Hubo una gran pobreza, agravada por la independencia de Portugal en 1640. En 1651 Jerez rechazó una oportunidad de tener voto en cortes. La victoria de las tropas de la ciudad en Évora en 1662 originó una gran fiesta en Jerez. Durante la Guerra de Sucesión, Portugal se puso del bando de Carlos de Austria, por lo que los portugueses invadieron Jerez en 1706, 1710 y 1711. Desde 1834 es cabecera y sede del partido judicial de Jerez de los Caballeros.​ En el censo de 1842 contaba con 1691 hogares y 6120 vecinos.​
En la primera mitad del siglo XX el ferrocarril llegó a la zona con la inauguración de la línea Zafra-Jerez de los Caballeros, que entró en servicio en 1936. En el municipio jerezano se llegó a levantar una estación propia, la cual contaba con servicios de viajeros y mercancías. Este trazado estaba previsto que llegase hasta Villanueva del Fresno y que eventualmente enlazara con la red ferroviaria portuguesa a través del denominado ramal de Reguengos, pero esta posibilidad nunca se materializó. Las obras ejecutadas en el tramo Jerez de los Caballeros-Villanueva del Fresno alcanzaron un alto desarrollo, pero nunca se tendieron las vías. En la línea que sí llegó a entrar en servicio el tráfico de pasajeros se mantuvo hasta 1969, limitándose desde entonces el trazado a acoger trenes de mercancías.
En 1943 la Diputación Provincial de Badajoz eligió al alcalde jerezano, Antonio Moreno Arteaga, para el cargo de procurador en la primera legislatura de las Cortes franquistas, representando a los municipios de la provincia.


En Jerez de los Caballeros, Ciudad Noble y Señorial, el viajero tiene opción de hacer varios recorridos como la Ruta de las Ermitas, la Ruta de los Templarios, la Ruta de los Conventos o la Ruta de los Palacios sin olvidar la combinación con interesantes rutas de naturaleza y senderismo, cuyo protagonismo recae sin duda en el paisaje de dehesa extremeña con campos de encinas, alcornoques, jaras, jaguarzos… Pero esto solo es el principio de una sorprendente ruta cultural y de naturaleza que no te deberían contar, sino que te recomendamos que la disfrutes sobre el terreno.
Jerez de los Caballeros es una ciudad antigua llena de historia y cultura con un inmenso patrimonio monumental que podras disfrutar recorriendo sus calles donde encontraras edificios de una gran riqueza arquitectonica. Cuando te vas acercando a Jerez de los Caballeros, destacan sus murallas y sus torres. Ya es posible hacerse una idea de que tenemos mucho que ver. Mi consejo es que lleves un zapato cómodo porque para descubrir los rincones de Jerez de los caballeros la mejor forma es caminar por sus calles. Probablemente la ciudad con los más bellos ejemplos de arquitectura barroca en la provincia de la provincia de Badajoz.
Sus atractivos son tan extensos como variopintos. Así, es fácil realizar un viaje entre siglos muy distantes simplemente recorriendo sus calles. Pese a ello, como su propio nombre indica, fueron las Órdenes Militares las que dejaron un mayor poso en la localidad extremeña


Aunque no podemos imaginar la sensación que tuvo Vasco Núñez de Balboa, uno de sus vecinos más ilustres, al atisbar la inmensidad del Océano Pacífico, sí debemos confesar que no sentimos como unos exploradores cuando Jerez de los Caballeros se cruzó en mi camino. Y es que no imaginabamos que en las estribaciones de Sierra Morena, dominando la vega del río Ardila, se hallaba uno de los rincones más bonitos de Extremadura. Una localidad con aspecto de pequeña ciudad y alma de pueblo que vive alejada del turismo de masas y que conserva una atractiva atmósfera de tranquilidad y cercanía propia de aquellas poblaciones en las que casi todo el mundo parece conocerse.
Lo comprobamos callejeando por las enrevesadas calles de su casco antiguo que esconden monumentos religiosos, torres barrocas, palacios y casonas señoriales entre poderosas cuestas que hay que afrontar con ánimo. No temas, la recompensa está asegurada y validada por su designación de Conjunto Histórico-Artístico.






En el aspecto monumental, cabe distinguir dos componentes: por un lado sus múltiples realizaciones concretas, y por otro, el conjunto urbano de las edificaciones ordinarias en el que se integran los hitos monumentales, cuya configuración general para adaptarse a la complicada orografía del asentamiento cautiva por su pintoresquismo. Las calles son angostas y en fuerte pendiente, organizadas bajo la influencia de las numerosas iglesias, conventos, ermitas, fuentes, palacios y otros hitos monumentales, organizando una trama cuya nomenclatura resulta bien expresiva de sus características: Calzada, Corredera, Cuesta Arriba, Lagares, de los Ahorcados, y otras semejantes que configuran un conjunto toponímico extraordinariamente sugerente. De tal manera, uno de los principales atractivos de Jerez es precisamente el recorrido de su tortuoso urbanismo, pleno de panorámicas insospechadas. Estructuralmente la población se asienta sobre dos colinas que constituyen sus focos iniciales. En una se levanta el castillo y la iglesia de Santa María de la Encarnación, y en la otra la iglesia de San Bartolomé. En los espacios intermedios se levantó en el siglo XV la iglesia de San Miguel. Esta es el área correspondiente al casco histórico que rodea la muralla medieval. La cerca, construida en piedra y con numerosas torres de refuerzo, contaba connumerosas puertas de las que se conservan las llamadas del Burgo y de la Cilla o San Antoñito. La iglesia de Santa Catalina surgió algo más tarde extramuros, en el barrio bajo de poniente. Componente fundamental de la población fueron las fundaciones religiosas, entre las que, además de sus cuatro parroquias, llegó a contar con ocho conventos, tres beaterios, dos hospitales y hasta veinticuatro ermitas. En el dominio de la arquitectura señorial eran asimismo numerosos los palacios y casas solariegas de nobles fachadas timbradas por blasones, entre las que cabe recordar las mansiones de los Corregidores, Vicaría de Santiago, Martínez de Logroño y otros muchos, algunas ya desaparecidas. Con todo, lo que mejor distingue a Jerez es el inigualable conjunto de sus iglesias de torres barrocas, cuyo valor hace de esta población centro único justamente afamado. La iglesia de Santa María de la Encarnación , inmediata al castillo, se erige sobre una posible basílica visigoda de la que aún perdura una columna alusiva a su consagración a la Virgen en el año 556. Presenta torre diferente a las otras tres, siendo su silueta la que se recorta sobre el hermoso Parque de santa Lucía cuando se divisa la ciudad desde el sur.





Comenzamos nuestra ruta de viaje en el Llano de San Bartolome donde se encuentran los restos de la antigua Puerta de Alconchel y donde se situa el edificio de la iglesia de San Bartolome. La única parte conservada en la actualidad de entrada a la ciudad es uno de los torreones que flanqueaban la Puerta, la cual pudo venirse abajo durante el terremoto de Lisboa de 1755. El torreón aún mantiene un acceso desde la casa que se encuentra situada a sus pies aunque este sea de uso privado.
La iglesia parroquial de San Bartolomé es un templo de estilo barroco que destaca por su profusa decoración y colorido, así como su valor patrimonial siendo declarada Bien de Interés Cultural en 2013.
De las cuatro iglesias parroquiales de Jerez de los Caballeros, la de San Bartolomé se destaca por su decoración y colorido.​ No es hasta finales del siglo XV cuando existen documentos fehacientes sobre la existencia de la actual iglesia de San Bartolomé.​ Respecto a su datación, también consta la inscripción que existe en el interior del templo, en la cual se especifica que una de las capillas laterales fue terminada en 1508.​
Durante los siglos XVII y XVIII el templo sufriría numerosas reformas. Así, en el siglo XVII, se amplía la cabecera del templo, sustituyéndose la bóveda de crucería por una cúpula sobre pechinas. Y junto a ella se construye en este mismo siglo una nueva sacristía. En 1689 se amplía la capilla mayor y se cubre mediante bóveda de medio cañón. Finalmente, la torre campanario se construyó en 1759 al haberse derrumbado la anterior con motivo del terremoto de Lisboa. Se adosa a la fachada principal por el lado del Evangelio.


La Iglesia de San Bartolomé es un conjunto arquitectónico de diversos estilos con alto valor patrimonial. La mayor monumentalidad se encuentra en su torre y fachada principal. La primera tiene cuatro cuerpos con gran ornamentación, sobre todo en la parte del campanario, con abundante uso del yeso, ladrillo y cerámica coloreada. Este mismo estilo se aprecia en la fachada con mayor profusión de azulejos y con columnas toscanas y salomónicas. Su estilo principal es barroco con fábrica de ladrillo y aplicaciones de barro cocido y yesería, con revestimientos de vistosa cerámica vidriada.
El inmueble está formado por la iglesia, la torre-campanario, la sacristía, dependencias anexas a la sacristía y un pequeño patio ubicado en la zona norte.​
La iglesia presenta dos puertas de acceso desde la vía pública, una en la fachada sur, en el lado de la Epístola, y otra en la fachada principal. La portada lateral que se asienta en la fachada sur, en el lado de la Epístola, es de carácter neoclásico.​
La iglesia presenta dos puertas de acceso desde la vía pública, una en la fachada sur, en el lado de la Epístola, y otra en la fachada principal. La portada lateral que se asienta en la fachada sur, en el lado de la Epístola, es de carácter neoclásico, y está compuesta por jambas y dintel lisos, de una sola pieza en granito, enmarcada por dos columnas de fuste liso, con basa y capiteles toscanos que sostienen un frontón triangular. Toda la fachada aparece rematada con balaustrada torneada, y el acceso se hace desde una escalinata formada por dos brazos que terminan en tribuna y está rodeada de una sencilla barandilla de hierro.
La fachada principal se sitúa al oeste, a los pies del templo. Antecede a la misma una escalinata que desemboca en un espacio libre, cerrado con grandes pedestales rematados por bolos de granito y sencilla barandilla de hierro. La fachada, dividida en tres cuerpos, presenta una gran riqueza ornamental. El cuerpo inferior presenta un hueco de acceso adintelado y rematado con un entablamento ondulante que es soportado por dos columnas salomónicas y dos pilastras, con capiteles compuestos. El segundo cuerpo tiene características parecidas: en el centro se abre un vano rectangular cerrado con reja y enmarcado por el mismo tipo de columnas adosadas al muro. Respecto al tercer cuerpo, el mismo está presidido por una hornacina central que alberga una escultura de San Fernando. Y para coronar la fachada se repite el mismo entablamento con florones cerámicos de color blanco. En los laterales de primer y segundo cuerpo aparecen cuadros de azulejería que representan a cuatro santos: San Diego de Alcalá, San Antonio Abad, San Antonio de Padua y San Francisco de Asís. Todos los elementos decorativos de la fachada están realizados en yeso policromado, barro vidriado y cerámica.
Pero la construcción más destacada el edificio es la torre-campanario que se alza junto a la fachada principal, en el lado del Evangelio. Estilísticamente podemos relacionar la torre con el barroco andaluz y destaca, como la fachada principal, por el uso de elementos decorativos como el yeso policromado, el barro vidriado y la cerámica. La torre campanario data de la segunda mitad del siglo XVIII, cuando fue construida por el alarife Martín Pérez en el año 1759 a partir de los cimientos de la torre previa, que habría colapsado.
La torre es de planta cuadrada y está formada por cuatro cuerpos. La parte superior de la torre se diferencia de la inferior en la mayor profusión decorativa. El primer cuerpo, sin decoración, se construye a base de grandes sillares de granito bien escuadrados. En él se abren pequeños vanos en las caras sur y oeste.
Sobre este primer cuerpo se eleva otro pequeño cuerpo que antecede al tramo de campanas. Estos dos cuerpos destacan sobre los demás por su profusión decorativa. En ellos se emplean los mismos materiales que en la fachada principal, el yeso y el barro vidriado y en ellos se abren hornacinas en las que se sitúan esculturas pertenecientes a los santos padres. El tercer cuerpo es de menores proporciones que los anteriores aunque con una decoración similar. La torre se remata con linterna, cupulín y veleta. Estilísticamente podemos relacionar la torre con el barroco andaluz y destaca, como la fachada principal, por el uso de elementos decorativos como el yeso policromado, el barro vidriado y la cerámica.
El acceso a la torre se hace desde el interior de la iglesia, a través de un hueco ubicado a los pies del templo. Ya en el interior de la torre, se accede al cuerpo de campanas por una rampa trazada en torno a un machón central y cubierta con bóveda de medio cañón.




Respecto al interior del templo, el mismo presenta planta rectangular, con tres naves divididas por arcos de medio punto que apoyan sobre pilares de composición cuadrangular.​ La nave central es de mayor altura que las laterales, y está cubierta con bóveda de cañón. Desde las naves laterales, cubiertas con bóvedas de arista, se accede a las diferentes capillas.​
Espacialmente, la iglesia se articula en tres tramos limitados por el sotocoro, situado a los pies, y el presbiterio. El ábside central se cubre mediante bóveda de medio cañón, mientras que las capillas, situadas en la cabecera de las naves laterales, lo hacen mediante cúpulas.​
Dentro del templo se localizan numerosos bienes de interés patrimonial, cuáles son: el órgano; el púlpito; las pilas bautismales; diferentes retablos, particularmente el del altar mayor; el sepulcro realizado en mármol de Vasco de Jerez y de su esposa Beatriz Bravo González; así como numerosos lienzos en la sacristía.​ Además, en la Iglesia de San Bartolomé se desarrolla un ritual festivo denominado “La Salida del Diablo” y “La Quema del Rabo del Diablo” que organiza la Cofradía del Santísimo Sacramento. Destaca el hecho de que en esta iglesia descansan los restos de Vasco Núñez de Balboa, en la llamada capilla de los Comendadores.





Las capillas, a las que se accede desde las naves laterales del lado del Evangelio y de la Epístola, no siguen el estilo constructivo del resto del edificio pues sus bóvedas de crucería y las portadas de acceso con arcos apuntados de cantería, algunos de ellos con decoración de bolas son muestras indudables de un estilo anterior, del gótico tardío. Es posible, por tanto, que estas capillas sean los restos de la construcción más antigua, con decoración y tipología constructiva de comienzos del siglo XVI.
En el lado del Evangelio se abren tres capillas de mayores dimensiones, que siguen el estilo de las anteriores, de bóvedas de crucería y portada de acceso con arcos apuntados. Éstas son la capilla de San Antonio de Padua, la capilla del Cristo de la Piedad, la capilla de San José o de los Comendadores y la capilla de San Pedro de Alcántara. Es en la capilla de los Comendadores en la que se sitúa un retablo barroco que alberga la imagen de San José y el sepulcro de mármol de don Vasco de Jerez y su esposa Beatriz Bravo González, a los que nos referiremos más tarde.
La capilla de Nuestra Señora del Reposo, que se sitúa en la cabecera en el lado del Evangelio, se cubre con una pequeña cúpula con decoración barroca con ventanas en el tambor de la misma. En las pechinas hay cuatro medallones, en madera, con pinturas que representan a los Cuatro Evangelistas, y en el suelo de dicha capilla se encuentra la tumba del Marqués de Rianzuela.
El acceso a la sacristía se hace desde esta capilla, en el espacio que antecede al altar mayor. La sacristía tiene planta rectangular y está cubierta por bóveda de arista. En sus muros se abren hornacinas con arcos de medio punto. Desde la sacristía se accede al patio que se sitúa en la parte norte del edificio.







Junto a la nave de la Epístola se localizan varias capillas similares a las del lado del Evangelio, aunque de menores dimensiones, con arcos de acceso apuntados y decorados con bolas. En el lado de la Epístola hay tres capillas. De ellas, la más destacable es la Bautismal, situada a los pies del templo, fundada en 1508 por Fray Juan de Valadés y que cuenta con la imagen de San Bartolomé. Es aquí donde aparece la inscripción que indica que la capilla la fundó Fray Juan de Valadés en 1508. Esta capilla bautismal se conoce como «Capilla votiva de San Bartolomé», considerándose como la zona más antigua de la parroquia. En la misma son de estilo gótico tanto la ventana como la inscripción que aparece en uno de los muros, que dice así: «Esta Capilla fundó y dotó Fray Juan de Valadés de renta he capellanía perpetua; acabose año 1508». En la misma se ubican también varios escudos, así como una pila bautismal de mármol y una imagen de San Bartolomé, considerada como la más antigua que se conserva en el templo dedicada al santo.





El Retablo del Altar Mayor es de estilo barroco, colocado en la capilla mayor del templo en 1691. Es de madera policromada y ejecutado en el siglo XVII, según Fernández Pérez, por el maestro José de la Barrera.
El retablo se compone de banco, cuerpo principal y remate o ático que se adapta a la bóveda de cañón existente. Se trata del único retablo del templo que está ejecutado en madera policromada, pues el resto de retablos existentes se encuentran únicamente dorados.
En el primer cuerpo o banco aparecen figuras de ángeles que sustentan las cuatro columnas salomónicas del cuerpo principal. También en este primer cuerpo destaca en el lado del Evangelio un escudo con las armas de Carlos II, y en el lado de la Epístola un escudo policromado con las armas de la ciudad de Jerez de los Caballeros. En el centro se sitúa el sagrario.
El cuerpo principal se divide en tres calles por columnas salomónicas. La calle central está presidida por Cristo crucificado y, sobre éste, en una hornacina se ubica el grupo escultórico de San Bartolomé, titular del templo, sufriendo el martirio, quien aparece atado a un árbol y es desollado vivo por sus verdugos; y en las calles laterales las imágenes de San Judas y San Simón. El remate o ático contiene la cruz de la Orden de Santiago.


Visitada la iglesia continuamos nuestro paseo descendiendo por la empedrada calle Oliva donde vamos a visitar la Casa-Museo de Nuñez de Balboa. La Casa es una adecuación de la casa natal de este magnífico descubridor del Océano Pacífico en un minimalista museo y centro de interpretación. Una experiencia única en la que se mezclan escenas reales e históricas de la época en la que vivió este viajero extremeño.
El recorrido del museo, comienza en el zaguán que nos lleva al momento del descubridor del Mar del Sur y luego nos conduce hacia el patio llegando posteriormente al hogar donde se pone en valor la chimenea, la escalera abovedada en un gran espacio minimalista de doble altura en el que hay un espacio multifuncional para realizar interesantes exposiciones y conferencias locales en Jerez de los Caballeros.
La exposición, muestra la lucha de unos hombres de una época importante en España y en su historia los cuales partieron de unas zonas agrícolas para alcanzar unos territorios diferentes en su afán por descubrir nuevos mundos, lo que fue en su época una experiencia única.
El museo, muestra una réplica de la pila donde fue bautizado Vasco Núñez de Balboa, así como algunos objetos propios del siglo XVI y el fantástico viaje que hizo este inolvidable descubridor extremeño a Panamá, donde fundó Santa María de la Antigua del Darién, que fue la primera localidad permanente en suelo americano.





Volvemos sobre nuestros pasos y por un estrecho callejon llegamos a la calle Maria Pilar Lasarte donde vamos a visitar el Palacio de Guzman de Sotomayor y el de los Marqueses de San Fernando.
Este palacio es una obra del siglo XVII o principios del XVIII, con dos plantas. Sobre el balcón central del piso alto se muestran las armas de la familia.
En el interior ofrece un patio, columnado en sus cuatro lados. En la planta baja, una serie de arcos de medio punto soportados por columnas de mármol. En el piso superior estas columnas de mármol se sustituyen por otras de hierro colado. Este palacio perteneció en sus orígenes a la familia Pérez de Guzmán que llega a Jerez en el siglo XVIII como consecuencia del entronque habido con los Maraver.
La familia Pérez de Guzmán ostento cargos de regentes perpetuos de Jerez así como de maestrantes en Sevilla. Entre los títulos nobiliarios que pertenecieron y aun hoy pertenecen a distintas ramas de la familia destacan los de duques de T’Serclaes o marqueses de Campillo de Murcia.
El Palacio de los Marqueses de San Fernando construido en el siglo XVII es de grandes proporciones, aunque en la actualidad se encuentra dividido en diversas propiedades. Hay que destacar el bello escudo de armas coronado que se encuentra en la esquina inferior del edificio y que denota el carácter noble de sus antiguos propietarios, los Marqueses de San Fernando. Ocuparon cargos de maestres, caballeros, militares y regidores perpetuos de Jerez de los Caballeros. Esta noble familia se encuentra estrechamente vinculada con otros linajes aristocráticos de la ciudad, como son el marquesado de Rianzuela y el de los Solís.
Como característica arquitectónica general de estas edificaciones, podemos señalar que se levantan alrededor de un patio central, distribuyéndose las dependencias en dos plantas. Su decoración exterior es austera y suele limitarse a molduras, más o menos complicadas, cornisas y escudos de armas de los propietarios. Tanto en el interior como en su fachada el color predominante es el blanco. Su localización en el casco urbano es irregular aunque los más destacados están próximos a las plazas y templos más importantes.


Seguimos bajando por la calle Pilar Lasarte hasta que llegamos a la Plaza de la Constitucion. En nuestro caminar visualizamos al fondo la esbelta silueta de la torre de la iglesia de San Miguel, pero antes de llegar a ella hacemos una parada para contemplar el edificio de la Casa de Hermandad del Señor Ecce Homo y ya en la plaza, haciendo esquina, la Casa del Sol. Se la conoce con este nombre por el sol que luce en uno de los cuarteles del escudo que ostenta la fachada principal. Este ilustre linaje de los Maraver figura en los libros del concejo jerezano desde principios del siglo XV. Hasta el siglo XVIII tuvieron gran influencia social y política llegando a tener el cargo de regidores perpetuos de la Ciudad. La familia Maraver tuvo panteón en la Iglesia de Santa Catalina, en el presbiterio, junto al altar mayor.




Desde la plaza nos desviamos un momento por la calle Torres donde al final de la misma vamos a contemplar los edificios del Antiguo Convento de Nuestra Señora de Gracia y el edificio del Hospital de Pobres y Transeuntes. El Hospital es un edificio medieval datado en el siglo XV. Este pequeño edificio acogió durante varios siglos el antiguo Hospital de Pobres y Transeúntes de San Bartolomé, cuya finalidad era acoger a los indigentes enfermos que llegasen a la ciudad. Su portada gótica delata su origen bajo-medieval. Después de haber estado muchos años bastante abandonado, fue restaurado recientemente para alberga oficinas administrativas del ayuntamiento. 
Se cree que el convento se fundó en 1491 por bula de Inocencio VIII, expedida en Roma, aunque este hecho no concuerda con las características arquitectónicas de ciertas partes del convento, como la portada gótica de la iglesia, cuya tipología corresponde hacia la mitad del siglo XV. Realizada con sillares de granito, está formada por un arco apuntado de triple rosca que parte de impostas decoradas y descansa sobre baquetones. La iglesia del convento de Gracia tiene reducidas proporciones; es de planta rectangular, con una nave de tramo único, cubierto con bóveda de medio cañón.
A principios del siglo XVI, y como consecuencia del intento de cambiar la regla Tercera de San Francisco por la de Santa Clara, varias monjas salieron del convento y, previa autorización, fundaron el de Madre de Dios que observaremos posteriormente.
El benefactor y fundador de este convento fue Garci Martínez de Logroño cuyo sepulcro se encuentra en la iglesia de San Miguel. Ha estado regido hasta el año pasado por religiosas de clausura de la Orden Tercera de San Francisco, actualmente está siendo reformado en un hotel de 4 estrellas.


Volvemos sobre nuestros pasos para dirigirnos hacia la Plaza de España, donde vamos a contemplar edificios como la iglesia de San Miguel, las Casas Consistoriales o la Casa del Bachiller Martinez de Logroño entre otros. 
En la casa del Bachiller encontraremos rasgos de estilo gótico, siglo XV, aunque poco resta de lo que fue el solar. Del antiguo edificio persiste una gran torre de planta cuadrangular con sillares de granito en las esquinas. La parte superior remata en triple moldura con un pináculo en cada ángulo. En las caras que dan a la plaza de San Miguel, se abren sendos vanos, con parteluces de mármol y los blasones familiares sobre arquillos. En una de las ventanas hay una inscripción en la que aparece como ordenante de la obra el citado Bachiller y como fecha de terminación 1470. De la familia Martínez de Logroño se sabe que provenía de La Rioja, llegó a Jerez en el siglo XV, y desde ese momento entroncó con los Vargas, Silvas, Maraveres y otros linajes importantes de la localidad. Sus miembros fueron fundadores del convento de Gracia y benefactores de San Miguel en donde están enterrados. Estos señores fueron regidores perpetuos de Jerez.


A mediados del siglo X V, el Concejo habilitó cono Casa Consistorial una edificación situada en la Plaza de España. En el primer tercio del siglo XVI, fue remodelada según consta en la inscripción existente en la imposta que recorre el edificio por debajo de los balcones: “Reinando Felipe III nuestro señor la ciudad de Jerez hizo esta obra siendo corregidor don Antonio de Pazos Figueroa caballero de la Orden de Santiago. Año de 1632”. La fachada se compone de dos cuerpos, el primero formado por cuatro arcos de medio punto de ladrillo que descansan sobre pilares de granito. En el segundo cuerpo se aprecian cuatro arcos sobre pilares cuadrangulares monolíticos; los vanos originales han sido cegados y transformados en rectangulares. Esta obra tiene algunos rasgos de arquitectura renacentista.


La iglesia de San Miguel, templo con aspecto de colegiata, debió iniciarse a finales del siglo XIV, a raíz del establecimiento de los caballeros santiaguistas en la ciudad, cuando Enrique II hizo merced de ella a esta Orden. De la primera fábrica se conserva la portada del lado del evangelio, de estilo gótico. También corresponde a la primera construcción las bóvedas de las dos capillas situadas a los pies del templo. Su estilo es barroco aunque en ella se entremezclen distintos elementos que responden a los diferentes periodos de evolución. La parroquia tiene especial relevancia histórica en lo que concierne a la vida del explorador Hernando de Soto. La construcción del templo tuvo que se parada y rehecha a raíz del terremoto de Lisboa de 1755. La torre, en cambio, se mantuvo en pie a pesar de haber sido construida tan sólo un año antes.
Aunque su estilo predominante es el barroco del siglo XVIII, se entremezclan diversos elementos de diferentes periodos que enriquecen el conjunto monumental. Su elemento arquitectónico más visible y característico es su majestuosa torre barroca con una sólida construcción de ladrillo con aplicaciones ornamentales en barro cocido y basamento de piedra granítica que sobrepasa la altura de sesenta metros, Fue diseñada por el presbítero de la parroquia, don Basileo Fernández Atalaya y comenzó a construirse en el año 1749, concluyéndose la obra en 1760 con la colocación del giraldillo o remate. 
En toda la torre podemos apreciar abundantes adornos en forma de ladrillos con estípites, ménsulas, placas, bolas vidriadas y una amplia variedad de molduras.
Es posible que antes de su construcción ya existiera algún modesto campanil o espadaña, ya que la iglesia existía hacía ya tiempo.
El primer cuerpo de la torre se construye con sólidos sillares de cantería hasta mediada altura continuando después con ladrillos enlucidos a imitación de sillares. Sencillos vanos se abren en este primer cuerpo que concluye con una cornisa realizada con ladrillos aplantillados; sobre ella se levanta el tramo de campana realizado con ladrillos modelados y tallados. El conjunto se completa con quebrados basamentos y movidos entablamentos. La decoración de todo este parámetro se consigue mediante ménsulas, recuadros...
Sobre el cuerpo de campana se suceden otros tres en forma decreciente, sin guardar armonía y proporción en relación al primero. El tránsito entre la caña y el segundo cuerpo se realiza a través de una balaustrada.
En el tercer cuerpo aparecen arcos en los que se pueden contemplar esculturas de terracota que representan a los cuatro evangelistas; la decoración se completa con motivos vegetales y molduras modeladas en barro.
Una cornisa quebrada y bien pronunciada sirve de soporte a nuevos rosetones que facilitan la insercción con un cuarto cuerpo más pequeño, de planta ochavada y con vanos de medio punto. Se corona este templete por una semiesfera sobre la que se asienta la figura del "Giraldillo", que encarna en piedra la figura de San Miguel.
Tiene tres portadas, la del Perdón, la de la Torre y la de la Epístola. La portada del Perdón, es la más antigua de las tres. Compuesta por dos arcos apuntados, es uno de los pocos restos del estilo gótico primitivo con el que se construyó el templo. La portada de la Torre, a los pies de la iglesia, está formada por un arco de medio punto flanqueado por columnas. Destaca la sobriedad de su decoración. La portada de la Epístola, por el contrario, es la más vistosa. De estilo plateresco, está realizada en mármol blanco.






El interior es de tres naves, su planta es de cruz latina y sobre el crucero descansa una cúpula con linterna adornada con pinturas al fresco del siglo XVIII que fueron realizadas por pintores italianos que representan a la Santísima Trinidad.
El Altar Mayor, cubierto por una cúpula, lo constituye un templete barroco de tres caras, de gran riqueza ornamental, con tallas de los cuatro evangelistas. Posee también un coro alto con voladiza tribuna dorada. La sillería del coro es del siglo XVI de estética renacentista, está formada por dos filas de escaños decorados con pequeñas columnas adosadas, roleos, ménsulas y formas geométricas destacando el sillón del «Gran Maestre», en el cual está labrada la Cruz de la Orden de Santiago.
Destacan en su interior las bóvedas góticas pertenecientes a la primera fábrica de la iglesia, los frescos situados sobre el crucero, el gran retablo tabernáculo dedicado a San Miguel Arcángel y algunas de las más representativas tallas que procesionan en la Semana Santa jerezana.





Junto a la iglesia y en la Plaza del Padre Ruiz podemos contemplar el edificio de la Casa de la Iglesia Cecilia Arteaga. Se trata de una casa de estilo renacentista que fue donada por su propietaria a la parroquia de San Miguel Arcangel. 


Desde la plaza descendemos por la calle San Agustin hasta llegar a la plaza del mismo nombre donde vamos a visitar el antiguo Convento de San Agustin, la Casa de los Señores de Higuera de Vargas y un mirador contiguo al convento. El citado enclave situado junto a la muralla templaria del siglo XIII recupera un patio del antiguo Convento de San Agustín sumando valor a este edificio ofreciendo un lugar privilegiado para la recepción de turistas y desde donde podemos contemplar unas preciosas vistas de la ciudad pero especialmente hermosas en momentos como la puesta de sol, con la silueta de la torre de Santa Catalina dibujada en el horizonte y presidiendo uno de los barrios más populares de Jerez. En el citado mirador se encuentran restos arqueológicos de edificaciones antiguas que se fueron depositando allí, como fustes de columnas romanas que estaban descontextualizadas y se han recuperado pasando a formar parte de este mirador como elemento decorativo.



Se trata de una casa señorial típica de Jerez y en su fachada lo mas destacable son los trabajos de rejería que cubren los huecos de los balcones y ventanas así como un escudo metálico. En ella encontramos también otros dos emblemas, uno de granito, más antiguo y otro de mármol con las armas de los propietarios de la mansión. En un principio este señorío perteneció a D. Alonso Fernández de Vargas, señor de Burguillos y de Higuera de Vargas, el señorío de Burguillos se perdió en 1912 aunque el de Higuera de Vargas es de los pocos que se conservan en la actualidad. Este señorío perteneció a la familia Vargas hasta 1507 año en que muere doña Mencía de Vargas y pasa el título a su marido D. Vasco Fernández de Silva que lleva el señorío a esta ilustre familia jerezana hasta 1730, en que el mayorazgo pasó a don Juan de Silva y Vargas. Este casó con doña Teresa de Cáceres y Quiñones y sus sepulcros se encuentran en la iglesia de Santa María de la Encarnación.


El Convento de San Agustin es una edificación de dos plantas, con vanos rectangulares, ofrece una portada con dintel de granito sin ninguna clase de ornamentación.
En los seis balcones superiores, el dintel se adorna con unos cornisamientos que soportan unas molduras prolongadas en dos pilastras, que también defienden unas jambas.
Sobre mesetas se advierten recias barandas de forja y, en el piso bajo, existen rejas en las ventanas del mismo tipo que las superiores. El edificio se remata con una terraza recorrida en todo su frente por una barandilla de hierro a la que sostienen unas pilastrillas, rematadas por once pináculos de loza vidriada. Sobre el balcón del centro, hay un escudo de granito.
El interior se desarrolla a través de un patio central, claustrado en sus cuatro caras, con arcos de medio punto en el piso bajo sostenidos por pilares.
En este edificio hemos de resaltar la obligación que tenían los agustinos de impartir gratuitamente clases en latín, gramática, teología y arte a los vecinos de la ciudad por lo que el convento era un auténtico foco cultural en la población.
Según consta en los archivos, en el año 1791, había en el convento 17 profesores y 3 legos. Más tarde ha desempeñado diferentes funciones desde que, a consecuencia de la exclaustración, fue abandonado por los frailes, entre los años 1835 1837, en lo que se denominó gran etapa desamortizadora. En este momento pasó a ser residencia de los duques de T´Serclaes, a cuya familia perteneció.
Posteriormente se fundó en él, en 1904, la residencia de San Agustín, y dos años más tarde el Colegio Corazón de María para niños.
Después pasó a ser Consistorio de la Ciudad y recientemente ha retomado la ocupación que tuvo anteriormente y se ha convertido en el Centro Cultural “San Agustín”, en el que existen diferentes servicios relacionados con las artes y las letras.
Unida a las dependencias del convento se encuentra la capilla. Su portada principal se abre a los pies del templo, por medio de un arco de medio punto peraltado, al que corona un tímpano triangular, entre acrótreras, sobre el que se muestra otra ventana, con arco de medio punto, y sobre ella una moldura de granito. Encima de la puerta principal se alza una espadaña de dos pisos y tres vanos, dos en el abajo y uno en el de arriba. El interior de la iglesia es una nave de pequeñas dimensiones que actualmente ofrece servicios de Casa de la Cultura.






Continuamos nuestro caminar por la calle San Agustin donde casi al final de la misma podemos contemplar los edificios del Palacio de Rianzuela y el Solar de los Condes de Casa de Ayala. 
Rianzuela es un edificio de dos plantas de considerable extensión, levantado entorno a un mediano patio central con arquerías de medio punto, sobre columnas de mármol. La fachada principal corresponde al siglo XVIII. Se trata de una portada adintelada, con un pequeño entablamento, rematado por una cornisa moldurada en cuya mitad aparece el escudo de la familia. Las jambas, el dintel y el escudo, al igual que las pilastras laterales, son de mármol veteado. Destaca, entre estos elementos, el escudo por su fina y cuidada labra, este es sostenido por la cabeza de un querubín alado, todo ello confeccionado en mármol blanco. El balcón central, de meseta mixtilínea y muy volada, se defiende, como los demás huecos de las dos alturas de a mansión, con una recia barandilla, ejecutada a la manera tradicional, con fuertes barrotes de hierro forjado. Todo el edificio se remata por un cornisamiento moldurado, de granito, u por una balaustrada que se adorna en las esquinas de pináculos del mismo material. En el interior, destacamos además del patio antes mencionado, los bellos salones y la capilla donde el altar mayor era presidido por una imagen de San Fernando de bastante mérito artístico, aunque actualmente sólo restan dos escudos policromados pintados al fresco. Respecto a la familia a la que perteneció destacamos a Fernando Florencio de Solís Fernández de Córdoba, que nació 1724, fue tercera en el marquesado, aunque fue el primer sucesor de este título que se avecinó en Jerez. Regidor perpetuo de la Ciudad y Coronel de Caballería, murió en 1771, según consta en el epitafio de su enterramiento en la iglesia parroquial de San Bartolomé. Le sucedió Alonso de Solís Tous de Monsalve, que nació en 1752 y murió en 1791. Realizó importantes donaciones a la parroquia de San Miguel, donde está enterrado, además de ayudar con importantes sumas a la obra de la torre. La familia siguió residiendo en Jerez durante largos años.
El Solar de los Ayala se alza en frente esta casa del palacio de Rianzuela. Tan sólo un bonito ejemplar de granito, con las armas del titular, el lo único digno de destacar de la mansión, pues todo lo demás del inmueble ha sido reformado a lo largo de las centurias.



Casi al final y en un cruce de calles se situaba antaño la Puerta Nueva, una de las entradas al recinto amurallado y que actualmente, y al igual que ocurre con la de Alconchel, de esta puerta sólo se conserva uno de los dos torreones laterales y su acceso tampoco es posible por estar en dominios particulares.
Finalmente llegamos a uno de los pulmones verdes que tiene la ciudad como es el Parque de Santa Lucia donde podemos contemplar un Monumento a Colon y un lienzo grande la muralla. Como un primer cinturón amurallado, que antecede al viejo perímetro defensivo de la ciudad, se extiende, sobre un bancal, el Parque de Santa Lucía. Su ubicación, mirando al suroeste, no altera ni oculta la monumentalidad de los torreones y almenas, y ofrece unas extraordinarias vistas del campo de Jerez.
Las primeras referencias sobre el Parque de Santa Lucía datan de 1728; en el libro de acuerdos de dicho año se recoge el agradecimiento a todos los vecinos por su colaboración en la ejecución de dicho parque.
El parque toma el nombre de la antigua ermita de Santa Lucía que se encontraba en las proximidades. El templo original es anterior al siglo XVIII aunque fue reconstruida en la primera mitad de ese siglo, como recuerda la placa situada en la entrada este del parque. La ermita, objeto de la desidia y el abandono se fue arruinando paulatinamente hasta su desaparición a finales del siglo XIX. Sobre su solar o en otro lugar próximo, los historiadores exponen diversas versiones, se construyó una nueva ermita que fue derribada en 1956 para la construcción de un quiosco-bar.
Entre los años 1929 y 1931 la crisis económica que golpeó al mundo entero provocó un aumento del paro en la población que se intentó paliar mediante el aumento de las obras de iniciativa pública. Una de las obras que se promovieron fue la remodelación del parque. En esta época se construye la fuente, que primitivamente era de hormigón; la pérgola (quiosco de la música), y se consolida el muro de contención con sus arriates, asientos y respaldos de hierro.
El parque adopta su estructura actual con sus jardineras de ladrillo y balconadas metálicas que hacia fuera miran al vacío, simulando bancos hacia el interior.
El 4 de mayo de 1970 se inaugura el monumento a Cristóbal Colón situado en las inmediaciones de la puerta oeste. Esta estatua compuso, junto a otras, la Glorieta de los Descubrimientos en la Exposición Iberoamericana de Sevilla en el año 1929. La construyó el escultor Lorenzo Coullant Valera.






La muralla da idea de la capacidad defensiva que tuvo la ciudad durante la Edad Media si bien pasado el siglo XV algunas barriadas comenzaron a construirse fuera de las murallas debido al incremento de la población y de los «oficios». Parece ser que el origen de la muralla fue fenicio, aunque se han encontrado restos que evidencian la presencia romana y visigoda. Perteneció a los musulmanes hasta su reconquista en el año 1238, llevada a cabo por Alfonso IX con ayuda de las órdenes del Temple y de Santiago quedando actualmente 18 de sus 26 torreones originales.
Consta de un perímetro aproximado de 1.700 m. y una superficie de unas 15 Has., en donde podemos encontrar torres semicirculares, muchas de las cuales se encuentran integradas en la actual disposición urbanística de la ciudad. Por su cercanía con la frontera, fue asediada por tropas de la vecina Portugal.​El recinto amurallado en Jerez de los Caballeros, tiene muchos acontecimientos en su historia, destacando la heroica resistencia que mostraron los hombres templarios que incluso llegaron a inmolarse en su torre, por lo que también se llama Torre Sangrienta.
Está constituida por lienzos​ que están jalonados por torres semicirculares coronadas por almenas que se han ido reconstruyendo en épocas actuales. El material empleado fue la mampostería y sillería. Disponían de un interesante sistema defensivo y de seguridad al situar las puertas de acceso en baluartes o torreones de los cuales solo se conservan dos: la «Puerta de la Villa» que tiene una conocida «entrada en recodo» y la «Puerta de Burgos», que tiene un vano gótico. De las puertas de «Santiago» y «Alconchel» solo persisten algunos pequeños elementos y las puertas de «Sevilla» y «La Nueva» han desaparecido totalmente.




A la salida del parque llegamos a una cuesta empedrada donde antaño se encontraba otro de los accesos al recinto amurallado de la ciudad como era la Puerta de Sevilla. ​Abría la fortaleza por el sur y las continuas reparaciones han hecho cambiar su fisonomía, pero la cercanía del conjunto amurallado nos permite comentar el recinto del Castillo.


Al final de la cuesta llegamos a la Plaza de Santa Maria donde vamos a contemplar la Mansion de Gutierrez de Acosta y la iglesia de Santa Maria de la Encarnacion. 
Dos factores determinantes de la arquitectura civil jerezana serán, de una parte, la existencia desde finales del siglo XIV de un gran número de familias de la nobleza afincadas en la ciudad, y de otra la relativa riqueza del Concejo durante los siglos XV y XVI.
Los primeros levantarán, con fines residenciales, una serie de palacios, de los que, por desgracia, se conservan muy pocos y el segundo procederá a construir algunas edificaciones públicas y administrativas que aún persisten aunque bastante transformadas.
Durante los siglos XVII y XVIII se reforman y amplían muchas casas señoriales de Jerez, motivo por el que pocos edificios de siglos anteriores han llegado hasta nosotros, mientras que contamos con un mayor número de la etapa barroca. Prueba de ello es la Casa de los Gutierrez de Acosta. De su exterior llama la atención su gran cuerpo con un primer tramo de sillares graníticos y el segundo de ladrillos.



La iglesia de Santa Maria es el templo más antiguo de cuantos existen en Jerez de los Caballeros ya que hay pruebas que lo remontan a la época visigoda. En su interior existe una columna invertida en la que se pude leer la inscripción “en el día noveno de las calendas de enero, de la era 594 fue dedicada esta iglesia a Santa María”. Esta fecha indicaría que fue fundada en el año 556 de nuestra era. La posición invertida de la columna en la que está grabado el epígrafe conmemorativo de la consagración de la iglesia nos indica la fecha de construcción del templo ya que este detalle o descuido jamás se hubiera tolerado en los edificios religiosos griegos o romanos.
No existen más referencias a su construcción aunque se cree que empezó más pequeña y de modestas proporciones externas, pues aunque el pueblo cristiano era numeroso, estaba bajo el dominio de los visigodos, que por ser arraianos no habían de mirar con buenos ojos que las iglesias católicas se alzasen con más pompa que las suyas. Luego fueron realizándose diversas ampliaciones. De todas formas la más importante tuvo lugar en el siglo XVI momento a partir del cual la iglesia ya poseería la forma actual.
En los tiempos de la dominación mahometana debió ser la mezquita donde hacían oración los creyentes del Corán. También fue la iglesia principal cuando la población cayó en poder de la Orden Templaria, quienes al encontrarse un templo que en otro tiempo había sido santuario de la Virgen María, patrona de la Orden del Temple, debieron tener gran júbilo en confirmar la consagración verificada en el siglo VI.
El edificio se construyó, de primera intención, de forma rectangular por fuera, dividido dentro en tres naves por medio de columnas cruciformes La capilla mayor está cubierta por una cúpula del crucero es de estilo renacentista, con fantástica decoración barroca, relieves con emblemas del sol, la luna, la estrella de la Natividad y el lirio de la Virgen, entre querubines y adornos de todo género. En las pechinas se distinguen las figuras en relieve que representan a Santa Ana, san Joaquín y San José, y en el anillo águilas bicéfalas (escudo de Carlos I de España y V de Alemania). El magnifico retablo de esta capilla mayor era de talla dorada, con columnas corintias de fustes estriados y con profusión de adornos.
Esta obra debió de hacerse en el siglo XVI, en el que la población llegaba al apogeo de su engrandecimiento con la Orden de Santiago.
El retablo del altar mayor y los dos laterales que ocupaban los brazos del crucero, son obra posterior.No se sabe la fecha exacta de realización, aunque si se cree que se realizó a lo largo del siglo XVIII junto con los retablos laterales del Corazón de Jesús y de Nuestro Padre Jesús Nazareno que son del mismo estilo. Si existen pruebas de que fue realizada, la capilla mayor por Juan Alfonso de Ladera.
Esta iglesia sufrió un incendió la madrugada del 6 de marzo de 1965 en el cual se quemó el altar mayor y el órgano del templo. El retablo que estuvo formado de dos cuerpos dorados, el primero adornado de cuatro hermosas columnas estriadas con capiteles corintios, ceñidas de guirnaldas en sus fustes, este estuvo dedicado a la Virgen de la Encarnación la cual se quemó durante el incendio siendo sustituida por otra. El segundo cuerpo estaba formado de columnas de igual forma y distintas dimensiones y tuvo la efigie de la Asunción de al Virgen María, rodeada de ángeles. De ellos hay una gran abundancia en la cornisa de la capilla y en los balconcillos que aun se conservan. Se dice que este era el mejor de los retablos de la población.
De las imágenes que se conservan en el edificio merecen mencionarse la de la Magdalena, que es excelente y que se le atribuye a la escuela de Juan de Mena y la de nuestro Padre Jesús Nazareno talla de gran devoción entre los jerezanos. Destacar también la existencia de diversas pinturas del siglo XVII y siglo XVIII como una representación de la Piedad o “Los Niños del Hospicio”.
En el exterior la torre de planta cuadrangular empezó a construirse a finales del siglo pasado, y se quedó sin terminar al llegar al arquitrabe del primer cuerpo. Esta construcción es Neoclásica, de finales del siglo XVIII y es completamente distinta del resto de las otras iglesias barrocas de Jerez de los Caballeros.




Desde la plaza seguimos nuestro caminar por la calle Reloj donde al final de la misma nos encontramos con la Torre del Reloj y cercana a ella la Ermita Cristo Vera Cruz y el Solar de los Quevedo.
La Torre del Reloj tiene planta rectangular y en su primer cuerpo tan sólo hay un vano de forma ojivar y ventanilla ciegas pareadas. En la fachada suroeste de la torre existe una fina y pequeña aspillera, tapada hoy en día, siendo estos dos citados los únicos puntos por los que penetraba luz al interior de la torre: el primero para la cámara y el segundo para la escalera que da acceso a la parte alta. El cuerpo que está por encima, encalado, es un añadido posterior, que hace las veces de campanario reducido en tamaño (a la manera de los existentes en las torres) y en el que destaca el popular reloj que le da nombre. En 1710 fue sustraído por las tropas portuguesas y hasta 1739 que se compró otro, Jerez usó el de Valle de Matamoros. La torre se remata con una imagen de Cristo con los brazos abiertos obra del escultor Antonio Leon Ortega.
Según se desprende de los libros de Visita de la Orden de Santiago, a finales del siglo XV tenía función de torre del homenaje donde se guardaban las municiones, función que desempeñaría, al menos, hasta la construcción del cuerpo que alberga el reloj. En 1750 por acuerdo del Concejo, se ordenó reparar el tejado de la misma, debido a que las filtraciones de agua dañaban el reloj, siendo esta la primera referencia histórica que conocemos de la ubicación del mismo.




La Ermita del Cristo de la Vera Cruz fue construida hacia el siglo XVII, posiblemente sobre una edificación anterior, teniendo planta de cruz latina, bóveda de medio cañón con lunetos y cúpula en la cabecera, pequeña cúpula con linterna en el ábside y coro a los pies de la nave.
Al lado del Evangelio se abren tres capillas con arco de medio punto, siendo tal vez alguna de ellas la Sacristía. Destacan en ella las fachadas de los pies y lateral, ambas de granito, en las que grandes pilastras adosadas vienen a enmarcar portadas sobre las que se sitúan frontones triangulares. Bajo el frontón de la principal aparece una pequeña mandorla donde estaría el titular. Actualmente en ella se encuentra ubicado uno de los bares más típicos de la ciudad.



La Casa Solar de los Quevedos no tiene más elementos arquitectónicos de interés que un robusto esquinazo granítico blasonado. La mansión se levanta en dos plantas, con vanos rectangulares, según el prototipo de construcciones tradicionales tan extendido por la ciudad. El solar perteneció a los Quintano pasando, por enlace a los Quevedo y, con posterioridad a otros linajes jerezanos. Perteneciendo la mayoría de sus propietarios a la Orden de Santiago de la que eran caballeros, así como regidores perpetuos de Jerez. Hemos de destacar sobre todo a uno de sus más famosos sucesores en la saga, D. Pedro de Quevedo y Quintano que ocupó la silla episcopal de Orense, donde murió en 1818. Se hizo célebre porque durante la Guerra de la Independencia formó parte del Consejo de Regencia, del que fue nombrado su presidente, y consejero de Fernando VII.


Desde aqui y ascendiendo por una empedrada calle llegamos a la Fortaleza Templaria de Jerez de los Caballeros. Su construcción, sin remontarnos a etapas anteriores, debió realizarse en torno a la primera mitad del siglo XIII. El origen del castillo, sus murallas y de la propia localidad de Jerez de los Caballeros ha sido tema de discusión frecuente. La ciudad aparece citada por los geógrafos árabes Al-Umari y Al-Idrisi por lo que se deduce que pudo ser una plaza fuerte hasta que la reconquistó Alfonso IX hacia el año 1238 con la ayuda de las Órdenes del Temple y Santiago. Este rey tuvo una gran actividad de reconquista y recuperó para la Cristiandad las ciudades de Cáceres, Mérida y Badajoz, y en general toda la mitad oeste de la actual comunidad autónoma de Extremadura. En el mismo año de su conquista, 1238, Alfonso IX la donó a la Orden del Temple.
Los Caballeros Templarios construyen sus muros hasta el punto que ya en 1283 se hace mención expresa del castillo jerezano, e incluso, de dos maestres templarios. Pero el trabajo templario desaparece con la extinción de la orden en 1312 y sus posesiones pasan a la corona castellana.
Básicamente, la fortaleza de Jerez, es una construcción realizada alrededor de un gran patio central, con forma de pentágono pero irregular en su parte suroeste.
Es una obra de mampostería con refuerzos angulares de sillería en sus torres cuadradas de jalonamiento y cubos estratégicos con alturas variables en sus lienzos entre ocho y doce metros.
El interior de la fortaleza lo ocupa en su mayor parte un bello jardín pero han desaparecido la mayoría de las dependencias. Solo se conserva una pequeña capilla del siglo XV y un aljibe. El material utilizado para la construcción del castillo ha sido la piedra en forma de sillares de buen tamaño. El castillo se ha mantenido en bastante buen estado a pesar de los asedios que ha sufrido. Las almenas se has restaurado. El recinto ha ejercido varias funciones, la más sorprendente y curiosa es que sirvió de mercado de abastos hasta 1950.




Esta fortaleza medieval ha sido testigo de numerosas batallas, intrigas y secretos a lo largo de los siglos. Su imponente figura se alza sobre la ciudad, recordando a los visitantes su poderío y su legado. La historia del castillo es fascinante y llena de misterios por descubrir. Su estructura imponente, con sus torres, almenas y murallas, es un ejemplo perfecto del estilo arquitectónico militar medieval. Además, el castillo está rodeado por una impresionante naturaleza que le da un toque aún más majestuoso.
Durante la Guerra de Restauración portuguesa, el castillo se convirtió en uno de los bastiones más importantes para la defensa del territorio luso. Sin embargo, en el siglo XIX, tras la Guerra de la Independencia y la desamortización de bienes eclesiásticos, el castillo fue abandonado y comenzó su proceso de deterioro. En 1966, fue declarado Bien de Interés Cultural y, años después, se inició un proceso de restauración que permitió recuperar gran parte de su estructura original.
El Castillo Templario de Jerez de los Caballeros está lleno de secretos y curiosidades que lo hacen aún más fascinante. Uno de los detalles más interesantes es que su construcción se realizó sobre un antiguo castro romano, lo que indica que el lugar ya tenía una gran importancia estratégica desde tiempos remotos. Además, durante la Guerra de la Independencia, el castillo fue utilizado como prisión para los franceses capturados por los españoles.
También se cuenta que en una de las torres del castillo, conocida como Torre del Homenaje, existía un pozo secreto que permitía a los templarios acceder al río Guadiana en caso de necesidad. Otro detalle curioso es que en las paredes del castillo se pueden encontrar inscripciones hechas por los soldados que estuvieron allí durante la Guerra de Restauración portuguesa. Todos estos secretos y curiosidades hacen del Castillo Templario de Jerez de los Caballeros un lugar lleno de misterio e historia por descubrir.


El conjunto estaba defendido y flanqueado por 26 torreones; entre estos destaca la Torre del Homenaje o Torre Sangrienta, ya que es la de mayores medidas y la más robusta. Al igual que las restantes, está construida con sillarejo y mampostería y sólo tiene sillares en los ángulos. La Torre de Armas, la de la Veleta o del Reloj, y la del Carbón completan las cinco torres de la fortaleza.
La torre del Homenaje, es la de mayores medidas: 10,50 x 7,50 m., su planta rectangular y su situación, en la zona de más desnivel, le confieren un aspecto de robustez que no poseen las restantes. La puerta de acceso es de reducidas dimensiones, adintelada y con algún sillar, posiblemente reutilizados de época romana, según sus características. La bóveda, es de cañón apuntado y, realizada con lajas de pizarra colocadas de perfil y compactadas con abundante cal. En la única estancia de esta torre y en su cara sureste hay un vano geminado al exterior y de medio punto al interior, toscamente labrado. También existen dos aspilleras en dicha cámara, orientadas al noreste y al suroeste.
Junto a la entrada, a la izquierda, hay una escalera que comienza en caracol y, continúa luego de manera irregular, con trozos rectos y curvos hasta terminar en una especie de bóveda de horno que da salida a la terraza superior. Al igual que las restantes, la torre del Homenaje está construida con sillarejo y mampostería y sólo tiene sillares bien escuadrados en los ángulos.
Esta torre se conoce tradicionalmente como “Torre Sangrienta”, nombre legendario que se debiera acaso porque en el siglo XIV se mandó ajusticiar en ella a algunos caballeros templarios que se habrían negado a entregar la villa al rey Fernando IV, con motivo de la disolución de su orden militar.





De la torre del Reloj a la del Carbón existió, evidentemente, un lienzo de muralla que las unía y que se perdió en el siglo XIX, demolido para facilitar la construcción de un colegio.
Ésta del Carbón se sitúa en el vértice suroeste; conserva su almenado y tiene su entrada al nivel del adarve. El tramo que va desde la anterior hasta la torre Sangrienta, ha sufrido modificaciones a lo largo de la historia, pues ha tenido adosadas algunas edificaciones.
Como curiosidad, destacar el ataluzamiento de sus lienzos. Este talud o alambor, era propio de las construcciones templarias y muy frecuentes en sus fortificaciones de Oriente Medio.
Este lienzo, el sur, se aprecia demasiado largo para carecer de algún cubo intermedio. Seguramente tuvo alguno en el inapreciable vértice cerca de la torre Sangrienta, perdido al demolerse esas edificaciones a las que hacía referencia más arriba.


La torre Sangrienta se une con la siguiente, la de Armas, mediante un lienzo de muralla partido, más bajo que originariamente, y en el que se abre una puerta que da acceso a lo que fueron defensas exteriores, o prolongación de la fortaleza, y que hoy se encuentran totalmente ajardinadas, por lo que es difícil identificarlas. La torre de Armas, se sitúa hacia la mitad del lienzo oriental y, curiosamente está girada 45 grados con respecto a ese lienzo. Esta torre está restaurada, tiene gran altura y conserva toda su merlatura. La unión entre la torre de las Armas y la de las Veletas es un lienzo totalmente restaurado y algo alterado en lo que a los huecos que presenta. Y es que se trata de la fachada trasera del edificio del Ayuntamiento, abriéndose la principal hacia una amplia plaza en el interior del castillo. La torre de las Veletas es un cubo de base cuadrangular restaurado, con almenado y una saetera en su cara norte.
Las almenas continúan en el lienzo norte hasta el quiebro en el que se apoya un contrafuerte; y desde aquí hasta la puerta, y desde esta hasta la torre del Carbón, la muralla carece de merlones
Todo el castillo, sus torres y murallas están ejecutadas de mampuestos de piedra de muy diversos tamaños, con ripios rellenando los huecos, y unido todo con mortero de cal; sillares de granito bien labrados refuerzan las esquinas de las torres.
Casi todos sus elementos defensivos han desaparecido, conservándose las saeteras de las torres y algunas de las almenas —posiblemente las de la torre del Carbón y las del lienzo más cercano sean originales—. El resto de los merlones están restaurados.





Una vez visitada la fortaleza continuamos nuestro viaje por Jerez por la calle Moreria que nos lleva hacia otro de los accesos al recinto amurallado como es la Puerta de Santiago donde vamos a contemplar la Ermita de Santiago y la Fuente del mismo nombre.
Situado en el interior de la Morería, y aprovechando el desnivel que produce la falda de la pequeña montaña sobre la que se encuentra ubicado el castillo podemos encontrar este coqueto lugar por el que podremos pasear y disfrutar del maravilloso paisaje tanto monumental como natural.


Actualmente, y al igual que ocurre con la de Alconchel, de esta Puerta de Santiago sólo se conserva uno de los dos torreones laterales y su acceso tampoco es posible por estar en dominios particulares. Junto a ella se situa el edificio de la Ermita de Santiago que pudo construirse en el siglo XV. A través de una escalera que arranca desde la plaza se llega a un pequeño rellano que da acceso a la reducida estancia donde se encuentra la capilla con la imagen del Apóstol. La nave-ábside es cuadrada con bóveda de arista.

En el territorio de la jurisdicción de Jerez, al finalizar el siglo XV, son 17 las ermitas visitadas por la Orden de Santiago. No todas se encontraban dentro del núcleo urbano ni significaba que todas estuviesen, en un momento histórico determinado, abierto al culto y bien conservado. El abandono de algunas de ellas por la excesiva distancia de la población o por cualquier otro motivo producía la consiguiente ruina del edificio. De las ermitas documentadas a finales del siglo XV y durante el siglo XVI, algunas han llegado hasta nosotros y, aunque remodeladas, todavía se aprecian en ellas rasgos estilísticos góticos y renacentistas.



El recipiente de la Fuente de Santiago tiene forma de octógono y está construido con sillares perfectamente ensamblados; en el centro, una columna soporta la pieza de la que salen los ocho caños y sobre ella la figura de un niño de hierro forjado. Se dice que se construyó en el siglo XVI, aunque algunas de sus partes se le añadieron posteriormente.


Desde este punto continuamos por la calle Cañito hasta llegar a la carretera de Fregenal y desde esta seguir hasta la Plaza de Vasco Nuñez de Balboa, la cual esta presidida por una fuente y la figura escultorica de este ilustre descubridor nacido en Jerez de los Caballeros que fue el primer europeo en divisar el Océano Pacífico desde su costa oriental y el primer europeo en fundar una ciudad permanente en tierras continentales americanas. 


En un extremo de la plaza junto al edificio del Hogar de Mayores podemos contemplar la Fuente de los Caballos. Su existencia parece remontarse al siglo XVI, época en que se fundó el convento Madre de Dios. En los acuerdos de 1571 y 1577 se hacen referencias a la misma. En el primero de los años citados, se realizaran obras, por lo que se ordena recaudar cierta cantidad de maravedíes a los vecinos del Barrio de los Mártires, próximo a la fuente.


Desde la plaza nos desviamos un momento hacia el Barrio de los Martires donde en la plaza del mismo nombre, extramuros del recinto medieval, vamos a contemplar el edificio de la Ermita de los Santos Martires. Sus orígenes podrían remontarse a los primeros años del siglo XV. Algunos manuscritos del siglo XVI ya ofrecen datos sobre su existencia (Visita de la Orden de Santiago de 1511). Esta ermita pudo tener tres naves las cuales fueron sustituidas en el siglo XVII por la nave única actual dividida en cinco tramos y cubierta por bóvedas de medio cañón con lunetos. La capilla mayor está compuesta por un retablo barroco que acoge la imagen de San Sebastián. El exterior destaca por su aspecto encalado, así como por la sencillez de la fachada principal, donde una triple arquería sobre pilares de piedra conforma el pórtico de acceso, como remate superior a la espadaña que sirve de campanario. Es la única que sigue abierta al culto.



Volvemos de nuevo a la plaza Nuñez de Balboa para desde esta continuar nuestro paseo por la calle Corredera donde vamos a contemplar el Convento Madre de Dios. Este solar que ocupa buena parte de la manzana, se alza en las que fueran las dependencias del convento de monjas de la orden de la Tercera Regla, y luego de Santa Clara, denominado Madre de Dios, que fue fundado en el año 1502 para acoger a un grupo de catorce monjas y a su abadesa, disidentes del convento de Gracia.
En lo que se refiere a la construcción, son dignos de destacar de ella una portada de arco apuntado, de granito, que fue entrada y que hoy está convertida en ventana. A la izquierda de la portada, un cuerpo forma esquinazo y sobre él se levanta otra plataforma rectangular que lleva una torreta para las campanas con un vano en cada cara.
Tras la exclaustración del edificio fue enajenado por el Estado, siendo comprado por el marqués de Rianzuela, que lo restauró estableciendo en él un colegio de Segunda Enseñanza. Más tarde fue convertido en viviendas particulares y al día de hoy presta nuevos servicios docentes.
El fervor religioso de finales del siglo XV se extenderá a lo largo del siguiente y, como consecuencia, la Ciudad verá nacer un total de nueve comunidades religiosas. Las posibilidades económicas de la nobleza y de las familias más ricas harán que ese fervor encuentre cauces materiales para su desarrollo.
Por otra parte, la actitud de la autoridad religiosa también ayudará a que proliferen estas instituciones, pues en algunos casos permitirá que funcionen incluso sin estar oficialmente creadas.



Al final de la calle Corredera llegamos a uno de los puntos mas bonitos del antiguo recinto amurallado de la villa como es la Puerta de Burgos. Mirando hacia los burgos que más tarde compusieron la localidad de Burguillos del Cerro, se abrió en el cercado amurallado templario de Jerez la puerta que, bajo arco apuntado, daba paso al interior del núcleo urbano a través de su flanco nororiental, custodiada hoy en día por la efigie del conquistador Hernando de Soto, como antaño fuera defendida por los militares santiaguistas.
Esta puerta es citada desde finales del siglo XV y fue parcialmente destruida en 1706, reparándose en 1707 durante la Guerra de Sucesión, aunque la reconstrucción más reciente es de hace varia décadas. La puerta se abre en forma de vano apuntado, con dovelas de granito, bajo la misma muralla almenada y junto a un torreón de mayor altura. Está formada por un torreón y un lienzo de muralla en el que se abre un arco apuntado bajo el cual discurre una de las calles más transitadas de Jerez. El conjunto es de mampostería reforzada con sillares.



Cruzada la puerta y adosada al lienzo de la muralla podemos contemplar el Solar de los Condes de Berrona, conocido popularmente como Patio de las Cigüeñas. El acceso a la casa se realiza por una portada con dintel de granito y vano rectangular, sobre la que se levanta un tímpano que sostiene el escudo de armas del linaje propietario del palacio. Se trata del escudo perteneciente al conde de la corte de la Berrona. El título de Conde de la Berrona fue otorgado a don Antonio de Moscoso Silva y Vargas, señor de la Torre de los Bolsicos, y de Torremejía. Fueron sus descendientes señores de Santiago y propietarios de la famosa ganadería del Conde de la Corte que aún hoy pasta en la finca de los Bolsicos situada muy cerca de Jerez.



Desde la puerta continuamos por la calle Vasco Nuñez de Balboa donde vamos a contemplar varios de los palacios que posee la ciudad como son: La Casa de los Bullones, el Antiguo Beatario de la Esperanza, la Casa de Tejada Valdeosera y la Casa del Corregidor.
El palacio del Marques  de Selva Alegre es una casa señorial del siglo XVI que posee la mayor extensión de Jerez de los Caballeros, su contorno da a cuatro calles. El palacio fue conocido en el pasado como Casa de los Pacheco. Actualmente, es propiedad del Marqués de Selva Alegre, es decir, de Bullón de Mendoza, por lo que el palacio es conocido como Casa de los Bullones. Parte de este edificio acogió al antiguo convento de La Esperanza. Esta mansión, posee las características comunes en este tipo de construcciones jerezanas, es decir, solar de dos plantas, vanos rectangulares con rejería, paredes blanqueadas, escudo de armas en la fachada, y patio interior.
En este palacio se encuentra la Iglesia del Convento de la Esperanza; poco queda de lo que fuera el edificio; tan sólo la capilla que ofrece un portal adintelado de granito y un escudo con las armas de los patronos del convento. Este beaterio fue fundado en 1558 y formaba parte del que fundara San Pedro de Alcántara, aunque su ubicación definitiva fue 1594. En el año 1701 tenía 18 monjas y 3 legas. Fue secularizado tras la desamortización siendo convertido en casa particular.
En esta Iglesia reposa don Luís de Mendoza Quintana Moscoso y Silva, II Conde la Berrona, Caballero de la Orden de Santiago y regidor perpetuo de Jerez, fue miembro de la Junta de Defensa durante la Guerra de la Independencia.




La Casa de los Tejada Valdeosera es otra típica casa solariega jerezana, realizada en una fachada de dos plantas, blanqueada, con vanos rectangulares y con el blasón con las armas del linaje en el primer piso, las rejas de forja y molduras sobre los huecos.
La Antigua Casa de la Gobernación o del Corregidor que data del siglo XVI tiene una bella fachada de granito donde se puede leer “Quien tuviere confianza en Dios como la debe tener esto más puede hacer. Esta obra mandó hacer Gaspar Sánchez Mercader para servicio de Dios y de su bendita madre, reinando en estos reinos el rey Don Felipe II de este nombre Nuestro Señor y la reina Doña Isabel de la Paz, Nuestra Señora, su mujer, hija de Francia. Año de 1566”



Finalmente llegamos de nuevo a la Plaza de España para desde esta seguir por la calle Corazon de Maria donde vamos a contemplar otra de las puertas que se conservan del antiguo recinto amurallado como es la Puerta de la Villa. Se encuentra situada en la parte occidental de la ciudad, conservando las características típicas de las puertas árabes. Está compuesta por una complicada estructura de entrada en recodo con arcos de medio punto y apuntados con bóveda de ladrillo. Sobre la piedra granítica de uno de sus arcos existe una inscripción medio borrada con caracteres góticos. Su denominación se debería a que pudo ser la puerta de mayor importancia de un núcleo que no tendría el título de ciudad hasta comienzos del siglo XVI.
Es la única puerta medieval que se mantiene con la misma fisonomía que cuando se construyó, abierta sobre una escalinata formada por un arco de medio punto y con un dintel de cantería granítica.
Por encima se alza una plataforma compuesta por dos arquillos ciegos pareados. En su interior se observa un espacio, abovedado en ladrillo, que da paso a u nuevo arco apuntado también de granito y desde el que se llega a otro recinto cubierto del mismo modo, en el que se encuentra la capilla de San Antonio. Al entrar al interior de la capilla encontraremos un altar sobre el que hay un pequeño retablo barroco, en cuya hornacina aparece la imagen de San Antonio de Padua del siglo XV. La puerta dio tambien origen en el mismo siglo al popular barrio de Santa Catalina.




Cercana a la puerta se situa la popular Plaza Fuente de los Santos donde se situa la fuente del mismo nombre. El recipiente tiene forma de octógono y está construido con sillares perfectamente ensamblados; en el centro, una columna soporta la pieza de la que salen los ocho caños y sobre ella la figura de un niño de hierro forjado. Se dice que se construyó en el siglo XVI, aunque algunas de sus partes se le añadieron posteriormente.


Enfrente de la fuente se situa el edificio del antiguo Convento de la Consolacion. Este Se fundó en 1499 tras la estancia en Jerez del Visitador General de la Orden de San Francisco.
Un grupo de beatas decidió profesar la regla de Santa Clara, solicitando para ello la preceptiva autorización que concedió Alejandro VI en el año citado. Posteriormente cambiaron a la Orden Tercera; contaba a finales del siglo XVIII con veinte monjas profesas y dos novicias.
Secularizado en nuestro tiempo, fue enajenado por le Estado y convertido en casa particular. La construcción responde al modelo de casa solariega típico de Jerez. Se trata de una construcción en dos plantas con vanos rectangulares y un claustro interior con arcos de medio punto en el piso bajo que se sostienen por pilares.


Cercana a la plaza y casi en el inicio de la calle Calzada contemplamos los edificios del Palacio de la Vicaria y la Capilla de la Venerable Isabel de la Cruz. 
El Palacio de la Vicaría construido en el siglo XVIII es uno de los edificios más representativos de la arquitectura noble de la ciudad. Este Palacio debe su nombre a haber sido en su día residencia del Vicario General de la Orden de Santiago. La entrada principal está adornada con dintel y jambas de granito. Sobre el balcón central existe un escudo de armas que recuerda al pendón de la Orden de Santiago. El edificio alberga en su interior el Museo de Arte Sacro donde se exponen algunas de las colecciones artísticas que fueron custodiadas durante siglos en el interior de las iglesias y ermitas de Jerez de los Caballeros. Piezas de orfebrería, esculturas religiosas, cantorales y pinturas más importantes del numeroso patrimonio artístico y cultural de la ciudad.


Situada enfrente del anterior palacio se situa la Capilla de Isabel de la Cruz. La fundación de este santuario está relacionada con la vida de Isabel Méndez, beata del siglo XVII, conocida por M. Isabel de la Cruz, de quien corre la fama popular que murió en olor de santidad, y por eso sobre el solar de la casa en que habitaba erigieron esta ermita. En la portada de ella hay un rótulo en barro cocido, que reza «Sacellum venerabilis Elisabeth á Cruce, quae obiit X Kalendas Martias anno millesimo sexcent octogessimo primo». Esto es: «Capilla de la venerable Isabel de la Cruz, que murió el 10 de las Kalendas de Marzo de 1681.



Contiuamos nuestra ruta por la calle Calzada para adentrarnos en el barrio de Santa Catalina, punto final de nuestro viaje por la ciudad, donde vamos a visitar en la plaza del mismo nombre la parroquia de Santa Catalina. El barrio se construyo en la parte baja de la ciudad a extramuros de la misma y conocido popularmente como "Barrio Bajo".
Según testimonios de algunos documentos antiguos, este templo fue construido sobre otro de origen medieval, ampliado a partir del siglo XVI hasta llegar a ser uno de los más destacados templos barrocos de Extremadura. Si bien su estilo original es gótico, sus posteriores remodelaciones añadieron numerosos elementos arquitectónicos barrocos tales como su fachada y su torre, edificada en la última mitad del siglo XVIII con aires clasicistas.
La estructura del templo fue dañada en 1755 como consecuencia del gran terremoto de Lisboa por lo que tuvo que ser reparada antes de comenzar la construcción de su torre. El autor fue Juan Alfonso de Ladera aunque le imprimió un aire barroco más neoclásica.
Un excelente e imponente retablo barroco preside la iglesia de Santa Catalina. Dispone de una forma de concha y se adapta al ábside de la cabecera del templo. Su fábrica data del primer cuarto del siglo XVIII. Realizado en madera policromada destacan sus más de 30 columnas salomónicas entre las que se sitúan las calles laterales y la central. De planta rectangular es de una sola nave que por no tener columnas en medio resulta amplísima y hermosa. A los pies se encuentra el órgano y en las paredes de ambos muros laterales se sitúan diversas capillas abovedadas, así como otras que constituyen pequeños retablos y algunos lienzos.




Aqui finalizamos nuestro viaje por esta espectacular villa pero la oferta monumental no termina aqui ya que fuera del recinto amurallado podemos disfrutar de numerosos rincones dignos de contemplar y que son fiel reflejo de su pasado historico y que a continuacion os vamos a detallar.
En primer lugar el viajero puede visitar en la parte baja del barrio de Santa Catalina junto al antiguo Convento de la Luz se encuentra la Fuente del Corcho situada en la plazuela del mismo nombre. Su construcción también se remonta al siglo XVI y destacó en el siglo XVII por las propiedades medicinales de sus aguas. El Convento de la Luz pertenece al grupo de conventos desaparecidos.Fue secularizado en el siglo XIX y convertido en vivienda particular.
Los datos históricos afirman que debió de fundarse hacia 1523 por doña María de Alvarado, que perteneciendo al Convento de la Consolación, abandonado al cambiar este de Orden. Doña María de Alvarado funda el Convento de la Luz en una casa de su propiedad situada cerca de la Fuente del Corcho. Se trata de una casona de dos plantas sin demasiado interés arquitectónico.

Son varias las ermitas construidas a extramuros de la ciudad como son: la Ermita del Espiritu Santo, la Ermita de San Roque, la Ermita de San Anton o la Ermita de San Lorenzo. Ademas podemos visitar tambien el Convento de Aguasantas.

La Ermita del Espíritu Santo está situada en el comienzo de la calle que lleva su nombre. Es una obra del siglo XVII, de planta rectangular, cúpula octogonal sobre la capilla mayor y espadaña. Bajo el ojo de buey que existe actualmente en su fachada debió estar una entrada que hoy se encuentra cegada. La cabecera posee un altar con la imagen de la Virgen María, todo ello bajo cúpula esférica con tres linternas. Hoy día se utiliza como almacén.


La Ermita de San Roque se encuentra a escasos 100 metros de la anterior ermita. Esta pudo ser edificada hacia finales del siglo XV, puesto que ya en 1527 hay constancia de su existencia en los libros de Acuerdos del Archivo Histórico Municipal. Es una pequeña construcción de una sola nave, techo a dos aguas rematadas en espadaña. Se accede a través de una pequeña verja y con pórtico de acceso constituido por dos arcos de medio punto que descansan sobre una columna central. La nave tiene bóveda de cañón y cuatro capillas, con arcos de medio punto, dos en cada lateral y altares en las más próximas a la cabecera con imagen de San Vicente en la izquierda, San José en el de la derecha, y junto a él, la imagen del Cristo de la ermita del Espíritu Santo.


La Ermita de San Anton se encuentra situada extramuros de la ciudad, en el suroeste de la misma. Existía en 1731, aunque se cree que debió construirse en las primeras décadas del siglo XVIII. La construcción original se derrumbó en 1965 y actualmente se encuentra remodelada y es utilizada para oficinas de la Junta de Extremadura.

La Ermita de San Lorenzo se erigió hacia 1740. En los libros de Acuerdos del Concejo del año 1735 se especifica que el cabildo concedió licencia al presbítero para edificar una ermita con la advocación de San Lorenzo. Construcción de una nave con tejado a dos aguas, en la fachada principal se abre el vano entrada entre dos enormes machones; sobre éste hay otro vano rectangular y como remate, una espadaña con hueco de medio punto para la campana. La nave presenta bóveda de cañón, dos capillas en cada lateral, escalera a un pequeño coro y altar con la imagen de San Antón. en la segunda capilla del lado derecho. La cabecera es de medio círculo, con hornacina con altar de San Lorenzo en el fondo, todo ello bajo de una cúpula. En la actualidad no se celebra culto en ella y algunas de sus dependencias se utilizan como viviendas.

El Convento de Nuestra Señora de Aguas Santas fue fundado en 1577 por el rey Felipe II. A causa de las demandas de los súbditos de la villa, el monarca donó la ermita de las Aguas Santas a los franciscanos descalzos para que edificaran allí un convento. En 1726, el papa Benedicto XIII autorizó al convento a crear un seminario para la preparación de sus religiosos. A lo largo de su existencia, el número de frailes osciló entre los 12 y los 28. Durante el Trienio Liberal (1820-1823), el rey Fernando VII autorizó excepcionalmente al convento a seguir funcionando -a pesar de la supresión general ordenada por la Ley sobre monasterios y conventos de 25 de octubre de 1820-, debido a la labor educativa desempeñada por su seminario. El convento fue abandonado definitivamente en 1835, cuando el gobierno decretó la supresión de todos los conventos y monasterios.
En el exterior sobresale la portada de la Iglesia ,de estilo neoclásico y la iglesia del convento es de una sola nave, de planta rectangular cubierta con bóveda de cañón.


Fuera del casco urbano y ya dentro del termino municipal de Jerez de los Caballeros podemos visitar monumentos como la Ermita de San Lazaro, el Puente Romano de la Bazana, el Castillo de la Granja de Toriñuelo y el Puente Romano de Brovales. 

Situada a extramuros de la ciudad, junto a la carretera que se dirige a Fregenal de la Sierra nos encontramos con una de las seis ermitas que posee la ciudad templaria de Jerez de los Caballeros, la Ermita de San Lázaro.
El templo se encuentra en avanzado estado de abandono aunque no totalmente destruido. Nada se sabe sobre su fecha de fundación, se cree que podría existir ya desde tiempos de los Templarios, puesto que en la Edad Media existían ermitas dedicadas a San Lázaro destinadas en su mayor parte a ser “hospitales” en los que se acogía a los leprosos. Documentos escritos certifican que en 1511 ya se encontraba abierta al culto, en aquel tiempo en el altar mayor existía una representación, ya desaparecida, del misterio del Santo titular. Los terrenos aledaños al templo eran utilizados como huerto por los mojes
Arquitectónicamente hablando, a lo largo de los años se han plasmado en ella tres corrientes artísticas: el arco apuntado de ladrillo que da acceso al interior es gótico; la entrada está rodeada por unas arcadas exteriores con jambas de granito renacentista; y barrocos son los restos de alguna de sus bóvedas. Destaca de la ermita el atrio porticado, compuesto por elegantes columnas de granito de medio punto que son coronadas con sencillos capiteles.


La Bazana es una pedanía del municipio de Jerez de los Caballeros. Es un pueblo de colonización del denominado “Plan Badajoz” que se inauguró en el año 1956. En un principio fueron 50 colonos los que llegaron a este pueblo. El día 15 de mayo de este mismo año se hizo entrega de las llaves de cada casa y de cada una de las parcelas.
En las inmediaciones de La Bazana, y en el cauce del río Ardila, podemos ver los siguientes lugares de interés: El Puente Romano, situado en la carretera que une La Bazana con Jerez de los Caballeros, y tumbas antropomórficas excavadas en la roca.
El Puente Romano sobre el Río Ardila, afluente del Guadiana, que nace en las estribaciones noroccidentales de Sierra Morena, está labrado con sillares de granito en los arcos y el resto en mampostería, unida mediante argamasa. Consta de ocho vanos mayores y cuatro pequeños. En los pilares aparecen tajamares en forma de prisma triangular, que además de soportar las presiones del puente, a su vez, canalizan el agua. Sobre algunos de ellos aparecen unos pequeños arcos, al igual que unos pequeños orificios destinados a facilitar la reducción del empuje del agua en caso de crecida. El puente fue reconstruido en la Edad Media.
Las Tumbas antropomorfas excavadas en la roca, que podemos ver junto a la cabecera del puente están excavadas en la roca, junto al Ardila, con diseño de formas adecuadas para depositar a humanos. Son únicas en todo el término de Jerez. A la hora de datarlas, algunos investigadores opinan que estas tumbas son propias del medioevo, más que de la antigüedad tardía, quizás tardo-romanas o incluso altomedievales, que podrían tener relación con alguna alquería medieval, cuyos restos sería preciso investigar y localizar en esos parajes, para afianzarnos en dicha hipótesis.


En la carretera EX-112, entre las ciudades de Jerez de los Caballeros y Zafra, muy próximo al antiguo poblado de colonización llamado Brovales, se encuentra un antiguo y pequeño puente que cruza las aguas del arroyo con el mismo nombre y que durante siglos fue la única vía para atravesar el río. A pesar de que aparece señalizado como «puente romano», su tipología constructiva demuestra que no lo es al carecer de sillares almohadillados. Los sillares que lo conforman están, además, unidos con argamasa, totalmente ajena al modo constructivo de la ingeniería romana de puentes, que no precisaba de la misma. Este hecho puede comprobarse en los puentes que sí son romanos, donde la entalladura y encaje de los sillares son perfectos.
Los estribos de este puente son rudimentarios y carece de los más elementales cimientos, por lo que es posible que su construcción tuviera lugar en el siglo XVI, probablemente sobre otro puente de origen islámico, pero su datación resulta difícil ante la ausencia de referencias bibliográficas.
Las dimensiones del puente son pequeñas. El radio de curvatura del ojo principal es aproximadamente de 1,5 metros y su longitud es de 12 metros. Es una obra de un solo arco y calzada a doble plano construido con bloques de granito, mientras que el resto del puente es de mampostería, todo ello unido con argamasa. Es de señalar que el puente se sustenta sin cimientos sobre la roca granítica.


Situado en el kilómetro 22 de la carretera EX-112, que conecta Burguillos del Cerro con Jerez de los Caballeros se situa el Castillo del Granja de Toriñuelo. Se trata de un edificio palaciego con elementos militares. Poca documentación he encontrado sobre este edificio, aunque la sensación es que estamos ante una recreación medieval levantada en tiempos recientes.


Andar por Jerez, es desandar la historia, sus angostas calles evocan relatos y leyendas medievales. Callejuelas que configuran un dibujo de urbanismo estrambótico, pero de un encanto épico, plazas y arterias que sustentan espléndidos edificios solariegos. El viajero puede hacer un viaje en el tiempo a través de multitud de testimonios de la historia.
La ciudad de Jerez de los Caballeros se encuentra inmersa en un espacio natural privilegiado. La dehesa y el bosque mediterráneo configuran un ecosistema diverso, rico y excepcionalmente conservado. La ganadería, la agricultura, la fauna y la flora; la dehesa y el monte bajo; ríos, arroyos, embalses y acequias… Elementos que vertebran el paisaje de la sierra suroeste extremeña y que nos proporcionan una joya natural digna de ser vivida, disfrutada y sentida.


GASTRONOMIA:

La gastronomía jerezana se caracteriza por ser una de las más ricas y variadas del mundo. Esta es un reflejo de la historia de la ciudad. Se basa principalmente en la elaboración de platos que se caracterizan por la gran calidad de los productos utilizados.
Son típicos de sus tierras platos como la caldereta, los espárragos trigueros, la sopa de tomate, las migas, el caldillo, la perdiz estofada, los caracoles o las setas. No menos típico e importante son los embutidos del cerdo ibérico, así, podrá disfrutar de los mejores jamones, lomos, chorizos y salchichones. Y para terminar no se olvide de sus dulces típicos, el bollo turco, elaborado a base de almendras huevo y azúcar y los pestiños y flores de miel.

FIESTAS:

Las fiestas jerezanas por excelencia, tienen mucho que ver, con la mayoria de sus manifestaciones, con el culto religioso; sin embargo algunas de ellas, con el tiempo, han ido perdiendo ese carácter estricto y se han convertido en fiestas más populares y ludicas.
Cada verano, se celebran en la Ciudad, las tradicionales "Velás de Barrio". En cada barrio, en cada plaza tiene lugar a fiesta del patrón ó santo titular; así se celebran las "velás" de San Bartolomé, la de los Martires, la de Santiago, la de Santa Catalina, y otras recuperadas en el tiempo, como la de Santa María ó San Roque. También y generalmente en la época estival, se celebran las fiestas patronales dedicadas a los Santos benefactores de la Ciudad: La Virgen de Aguasantas y las fiestas dedicadas a San Bartolomé, de las que cabe señalar por su vistosidad y colorido "la salida del diablo y la quema del rabo" actos típicamente infantiles, y que cada año se representan para su deleite.
A estas fiestas tradicionales y de reminiscencias religiosas, acompañan el resto del año, otras no menos importantes, como las fiestas infantiles de Navidad, el Carnaval, la Semana Santa y el Salón del Jamón Ibérico, así como las fiestas de Agosto, dedicadas a los visitantes y turistas y el Festival Templario.






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