GRAZALEMA
Grazalema es un municipio de la provincia de Cádiz dentro de la comunidad de Andalucia, que cuenta con una poblacion de poco mas de 2000 habitantes y pertenece a la Ruta de los Pueblos Blancos gaditanos asi como a la Asociacion de los Pueblos mas bonitos de España. Se encuentra enclavado al noreste de la provincia, en pleno sistema montañoso de la Sierra de Grazalema, al este limita con la Serranía de Ronda, y en la zona de reserva del parque natural Sierra de Grazalema, donde el índice de pluviosidad es el más alto de España, registrándose en el municipio más de 1962 mm de precipitación media anual, un valor más que destacable para una zona de clima mediterráneo. Sus espaldas son custodiadas por el Peñón Grande, lugar donde nace el río Guadalete.
En el corazón de la Sierra de Grazalema se enclava este pintoresco pueblo blanco gaditano que goza de un microclima especial. Aunque existen en la zona huellas de asentamientos prehistóricos, como el dolmen de la Giganta, el origen de Grazalema coincide con la ciudad romana de Lacílbula.
En su casco urbano, declarado Conjunto Histórico, la típica arquitectura popular se combina a la perfección con la riqueza monumental. La joya patrimonial de la villa es la iglesia barroca de Nuestra Señora de la Aurora, junto a la que se dan cita la iglesia de San José, la parroquia de Nuestra Señora de la Encarnación, la iglesia de San Juan y las ermitas del Calvario y de los Ángeles.
En Grazalema y sus inmediaciones se han encontrado restos arqueológicos indicadores de una cierta actividad humana durante la Prehistoria. Sin embargo y a pesar de los vestigios de varias culturas anteriores, el prólogo histórico del lugar hay que fecharlo en tiempos de la colonización romana del Mediterráneo. Con las legiones de Escipión nació la villa de Lacilbula en la loma del Clavijo; el nombre de esa población se vincula a la antigua denominación del Guadalete, río Cilbus, y era un recinto fortificado a cuyo alrededor se ubicaron casas residenciales.
Estuvo ocupada por los árabes desde el año 715, el área cambió su nombre por el de Raisa Iami Suli, 'Ciudad de los Banu al-Salim', los pobladores que habitaron la zona procedentes de Berbería. Luego pasó a ser Ben-salama, 'Hijo de Zulema'. Por entonces la zona vivía de la agricultura, ganadería y la industria textil.
En 1485, llamándose Zagrazalema, fue conquistada por Rodrigo Ponce de León a favor de los cristianos, que también conquistó en el mismo año: Archite, Castillo de Aznalmara, Castillo de Cardela, Ubrique, Benaocaz y Villaluenga del Rosario, conocidas todas estas villas, incluida Grazalema, como «las Siete Villas».
Finalizada la Guerra de Granada y culminado el proceso histórico de la Reconquista, los Reyes Católicos concedieron a Rodrigo Ponce de León en diciembre de 1490 el señorío de las Siete Villas y el I marquesado de Zahara, en pago por reconquistar «las Siete Villas» (1485) y la villa de Zahara de la Sierra en 1483. Obtuvo además el Palacio de Marchenilla, como lugar de residencia de caza y sus alrededores por su participación junto a otros caballeros en la guerra que supuso el final del reino nazarí de Granada del rey Boabdil, integrándose por tanto todas estas Villas reconquistadas a la Corona de Castilla.
El 28 de agosto de 1492 tras fallecer Rodrigo Ponce de León, los Reyes Católicos negociaron con su hija Francisca Ponce de León y Jiménez de la Fuente, IV y última condesa de Arcos y su esposo Luis Ponce de León, de la Casa de Villagarcia, la supresión y permuta del marquesado y del ducado de Cádiz para adherirlos a la Corona de Castilla, concediendo así la reina de Castilla Isabel I la Católica el 20 de enero de 1493 por elevación del condado de Arcos, a su hijo primogénito Rodrigo Ponce de León en compensación a I duque de Arcos, II marqués de Zahara, I Señorío de las Siete Villas, I conde de Casares, IX señor de Marchena y VI señor de Villagarcía.
El origen de la población se remonta a la política de repoblación de las villas reconquistadas por Rodrigo Ponce de León y Núñez adheridas a la Corona de Castilla a mediados del siglo XV, por parte del heredero de la casa de Arcos, Rodrigo Ponce de León en 1520. El reparto de la tierra que proclamaba el I duque de Arcos, marcó el origen de la repoblación de la Villa de Grazalema. La situación señorial se prolongó hasta el siglo XVIII, tomando gran auge económico en el siglo XVII gracias a la industria de pañería que producía la famosa manta de Grazalema.
En el siglo XIX sufrió las consecuencias de la Guerra de la Independencia, que supuso el saqueo y destrucción de los pueblos de la Sierra y la epidemia de peste que afectó a la zona, siendo esta época cuando surgieron en la serranía los primeros bandoleros, entre ellos el destacado José María el Tempranillo. Ya en el siglo XX, durante la Guerra Civil, numerosas poblaciones entre ellas Grazalema fueron arrasadas, destruyendo muchos de sus monumentos y documentos.
Sus actividades tradicionales son las agropecuarias, que van siendo progresivamente abandonadas por su escasa rentabilidad, habiendo sido compensadas en gran medida por el auge del turismo, vinculado a la declaración del parque natural Sierra de Grazalema.
Grazalema es un municipio que se encuentra dentro de un entorno natural bastante conocido en España, de ahí su importancia turística. Hoy Grazalema es un pueblo turístico con innumerables atractivos para los amantes de esta Sierra de Cádiz, que encuentran una increíble oportunidad de hacer senderismo por las diferentes rutas que recorren las cumbres del Parque Natural Sierra de Grazalema, donde podemos encontrar rutas de mayor o menor dificultad. La gran población de Cabra Montés, el Buitre Leonado, ciervos y mucho más... Unidos a la vegetación característica del Bosque Mediterráneo son los principales atractivos que encontrarán los amantes del senderismo. El Parque Natural Sierra de Grazalema lleva el nombre del pueblo quizás porque alberga el famoso Pinsapar, el bosque de esta conífera más meridional de Europa, siendo por tanto el Pinsapo una especie endémica muy conocida y emblemática dentro del Parque, de la propia localidad y de pueblos cercanos como Banamahoma, Zahara de la Sierra o El Bosque, localidades con mucho turismo rural. Son los sitios que albergan la sierra del Pinar, en la cuenca que forman los picos de San Cristóbal y El Torreón.
El parque natural de la Sierra de Grazalema, con una superficie de 53.411 ha, se encuentra situado entre el sector oriental de la provincia de Cádiz y la parte más occidental de la Serranía de Ronda, estando compuesto por diferentes sierras (sierra de Zafalgar, Pinar, Endrinal, Caíllo, etc.).
Abarca parte del NE de la provincia de Cádiz y del O de la provincia de Málaga, incluyendo total o parcialmente a catorce municipios. El Parque se sitúa íntegramente en el sistema montañoso conocido como Serranía de Ronda (extremo occidental de la Cordillera Bética). De las Zonas Externas de la cordillera Bética, las sierras que integran el parque natural forman parte del conjunto geológico Subbético. Dentro de este, el Subbético Medio se localiza fundamentalmente al norte del Corredor del Boyar, abarcando las sierras del Pinar, Zafalgar, Blanquilla, etc. Al sur de este, se localiza el Subbético Interno, abarcando las sierras del Endrinal, Caíllo, sierra de Ubrique, etc. También están representadas las unidades alóctonas del Campo de Gibraltar.
El Subbético Medio, o sector septentrional, tiene abundancia de margas y margocalizas frente al predominio absoluto de calizas en el sector meridional, o Subbético con una diferencia de tonalidad paisajística, oscura y grisácea en el primero frente a tonalidades blancas en el segundo. El Parque se encuentra atravesado por un conjunto de sierras paralelas entre sí de orientación, que siguen las líneas estructurales de la cordillera Bética, separadas por profundas depresiones geológicamente notables, con las salvedades de la sierra del Pinar, sierra Margarita, de orientación, y las de otras elevaciones menores, de orientaciones diversas. Su mayor altura es el pico El Torreón (o pico del Pinar) con 1648 m. en la sierra del Pinar, seguido del Simancón con 1566 m. en la sierra del Endrinal.
Este macizo supone una auténtica muralla a los vientos cargados de humedad procedentes del océano Atlántico. Como consecuencia de ello descargan intensas cantidades de precipitación. Así, en algunos puntos del Parque se registra una pluviosidad superior a dos mil milímetros, siendo uno de los lugares más lluviosos de la península, a pesar de la aridez estival de la zona.
Existen en este espacio tres vertientes claramente diferenciadas entre sí. Los cauces de la zona norte vierten sus aguas al Guadalete, uno de los principales ríos de la provincia de Cádiz, que tiene su nacimiento en el puerto del Boyar; mientras que los de la Este lo hacen al Guadiaro, con origen cerca de Ronda y que recibirá los aportes de señeros cauces como el Gaduares y el Guadalevín. Por último, la vertiente oeste tributa todas sus aguas al Pantano de los Hurones, destacando los aportes de los ríos Majaceite, Tavizna y Ubrique. La composición del parque natural de la Sierra de Grazalema, básicamente de rocas calizas, genera los típicos fenómenos kársticos: numerosas cuevas, desfiladeros, dolinas, etc.. El elemento más emblemático del Parque, además del denso bosque mediterráneo de encinas, alcornoques y quejigos, es el pinsapo, principalmente concentrado en la Sierra del Pinar, por ser el lugar más lluvioso de la Península. Esta especie es descendiente de los abetos centroeuropeos que formaban aquí grandes bosques en las épocas glaciares.
Grazalema pertenece a ese selecto grupo de pueblos que tiene el privilegio de lucir la catalogación de ‘Más Bonito de España’. Si quieres saber el por qué de tal distinción, te proponemos que, con la tranquilidad necesaria, recorras y descubras sus calles y plazas, ejemplos representativos de esa arquitectura popular andaluza en la que predominan las casas encaladas, los techos de tejas, los suelos empedrados y los llamativos colores de las flores. Un recorrido de mil y un estímulos en el que, con la omnipresente presencia del agua, podrás descubrir su gran riqueza patrimonial, esa que realza un entorno que cuenta con la catalogación de Conjunto Histórico. Escenario de cuidados detalles en el que los lugareños, por su simpatía y cordialidad, son protagonistas destacados.
Resultado de la huella de romanos, bereberes y cristianos, la localidad, a la que dichas civilizaciones bautizaron como Cilbula, Ben-Zulema y Caí el Chico, Zulema, Gran Zulema… hasta llegar a Grazalema, presenta una trama urbana que, como verás, es el resultado de la huella de unos y otros.
Asentada en la ladera de la Sierra del Endrinal y protegida por el Peñón Grande, sus casas suelen ser de dos plantas, con techos de teja y anchas paredes blancas de cal. Éstas dan vida a calles estrechas, empedradas, que vienen a desembocar en plazas en las que se localizan las grandes joyas de su patrimonio (iglesias de La Encarnación, Aurora y San José). Trama que viene a desembocar en la Plaza de España, centro neurálgico de la vida grazalemeña y donde se ubica el Ayuntamiento.
Las calles que componen el puzzle de casas todas iguales, todas distintas, todas destilando los reflejos del sol, se descomponen para dar paso a plazuelas recoletas, siempre delante, detrás o en el flanco de una iglesia o un viejo hospital. Ademas el emporio textil en los siglos XVII y XVIII propicio que en este puzzle de calles se construyeran casas palacio que demuestran la prosperidad que tuvo el pueblo.
Enclavado en pleno corazón del Parque Natural que lleva su nombre y siendo uno de los municipios de visita obligada de la Ruta de los pueblos blancos, este pintoresco pueblo de aire nazarí, se presenta como un emplazamiento donde cultura y naturaleza han convivido durante siglos para configurar uno de los paisajes más espectaculares del sur de España.
Grazalema tiene la formación de su estructura urbana alrededor de un eje con dos calles paralelas. Serían C/ Las Piedras y la C/ Arcos. A ambas las atraviesan otra media docena de vías más pequeñas en anchura, como la Callejilla de S. Juan o el Callejón de S. José. Antaño Grazalema tenía un límite entre el Barrio Alto y Bajo a la altura de la Calle de la Fuentezuela. A rasgos generales era la frontera que separaba a las clases humildes y a las clases con cierto poderío económico.
El Barrio Bajo, núcleo originario de la población, acoge los primeros asentamientos de época islámica. Su trazado es irregular y laberíntico, típico de la ciudad musulmana, con calles estrechas que se adaptan a la ladera y pequeñas plazas de origen espontáneo. Aquí predominan las manzanas irregulares, de formas caprichosas y recorridos cortos, en contraste con las zonas más modernas.
El Barrio Alto, situado en la parte más elevada y fruto de una expansión posterior, muestra un orden más racional y una estructura más homogénea. Las manzanas son alargadas y de forma rectangular, dispuestas entre largas calles que siguen las curvas de nivel. La parcelación es clara y regular, con hileras dobles de viviendas enfrentadas en las calles principales, y una sola hilera en las calles perimetrales.
La ubicación del caserío se hace, por una parte, siguiendo el margen derecho del río Guadalete, en su cabecera alta y descendiendo hasta los cortes de Los Asomaderos, El Tajo y Los Cerrillos. Por el contrario, en la opuesta margen apenas existían viviendas .
El otro límite lo pone la falda de la Sierra del Endrinal donde casas humildes de menores dimensiones se comprimen adaptándose a una orografía llena de pendientes y pedregales.
Si el extremo superior de la villa en la cabecera del río Guadalete es el principio de esta, su finalización lo hace en el barrio de Los Ángeles y la calle Fontana, un apéndice apartado del pueblo que tiene su nexo de unión con el núcleo urbano a través de El Cerrillo y Puerta de la Villa.
El tejido urbano de Grazalema responde a un modelo de ocupación densa pero bien integrada en el entorno natural. Las calles, muchas de ellas empedradas y en pendiente, se adaptan a la topografía de forma escalonada, creando rincones de gran belleza y valor paisajístico. Las fachadas encaladas, los tejados a dos aguas con teja árabe y los aleros generosos se funden con el paisaje serrano, conservando una imagen de unidad y autenticidad que ha resistido el paso del tiempo.
En cuanto a las tipologías edificatorias, el centro histórico alberga una doble alma arquitectónica: por un lado, la vivienda popular tradicional, modesta y funcional, de una o dos plantas, con fachada sencilla, pequeñas ventanas y patio trasero, asociada a una economía agrícola y ganadera; por otro, la arquitectura burguesa culta, surgida con la prosperidad de las actividades fabriles y comerciales del siglo XIX. Estas últimas edificaciones presentan fachadas más elaboradas, organizadas en torno a patios interiores, con aleros de hasta tres hiladas de teja, cubiertas bien resueltas y delicada forja en balcones y cierros, aportando al conjunto un aire de refinamiento y variedad estética.
El centro histórico de Grazalema no es solo un espacio urbano: es un documento vivo de la evolución de una comunidad en íntima relación con su entorno natural y social. Pasear por sus calles es transitar por siglos de historia, por tradiciones que siguen palpitando y por una arquitectura que ha sabido dialogar con la sierra y el tiempo sin perder su esencia.
En resumen, el entramado urbano de Grazalema es un reflejo de su historia y de la influencia de diferentes culturas, con calles estrechas, casas blancas y plazas que albergan importantes monumentos y espacios de encuentro para los vecinos.
Grazalema gracias a su situacion geografica y de su pasado historico conserva un interesante patrimonio monumental y natural que ha hecho que este declarada Conjunto Historico Artistico. Miradores, iglesias, casas señoriales, plazas, etc., forman un interesante conjunto que podras disfrutar paseando tranquilamente por su entramado urbano.
Miradores como el del Tajo, el de los Asomaderos o el de los Peñascos ofrece al viajero maravillosas vistas panoramicas del pueblo y de la sierra. El Mirador de El Tajo se encuentra situado a la entrada del pueblo y es el mirador por excelencia cuando llegan los meses de verano, ya que junto a él se localiza uno de los grandes atractivos de Grazalema cuando el calor aprieta y el cuerpo nos demanda un chapuzón, la piscina municipal.
Resulta todo un lujo disfrutar de un refrescante baño en un entorno de piedra caliza que, sin obstáculo alguno, te regala algunas de las vistas más sugerentes de ese paisaje que, en busca de la Serranía de Ronda, se proyecta a través del Valle del Guadalete. Atalaya de la que, por supuesto y a un nivel superior al de la piscina, puedes disfrutar el resto del año. La presa, la calzada medieval y las aves que dibujan sus espectaculares vuelos sobre el cielo del pueblo son otros de los atractivos del Mirador del Tajo.
Grazalema te ofrece la posibilidad de disfrutar de estampas espectaculares sin tener que moverte de su casco histórico y uno de esos balcones privilegiados es Los Asomaderos. Desde su amplia balconada, casi a vista de pájaro, podrás dejar volar tu imaginación en busca de un paisaje del que es referencia el Valle del Guadalete y en el que se adivina la vecina Serranía de Ronda.
Un paisaje del que son destacados, inmediatos, protagonistas el río Guadalete y la Calzada Medieval, que se muestran a nuestros pies, a la falda de un manto verde en el que sobresalen majestuosos pinsapos. Es aquí, con este espectacular decorado de fondo, donde se plasman las grandes escenas de la recreación bandolera ‘Sangre y amor’.
El Mirador de los Asomaderos es mucho más que una simple plaza con vistas; es un rincón donde la naturaleza y la arquitectura local se fusionan de manera armoniosa. Las montañas escarpadas de la sierra se mezclan con la arquitectura típica de la ciudad, creando un ambiente único y mágico. Desde este punto privilegiado, podrás admirar la majestuosidad de la Sierra del Endrinal y el imponente Peñón Grande que se alza detrás del Cortijo Blanco. Ante ti se extiende la belleza de Sierra Morena, y a tus pies, el valle del río Guadalete comienza su curso, como una promesa de aventura.
El Mirados de los Peñascos se encuentra situado en la parte mas alta del pueblo donde poder deleitarnos con la riqueza paisajística, natural y patrimonial de un destino de mil y una emociones. Atalaya privilegiada del casco histórico, nos invita a recrearnos con vistas espectaculares del Peñón Grande y del Valle del Guadalete, ese que anuncia la presencia de la Serranía de Ronda. Del mismo modo, a vista de pájaro, nos permite ‘sobrevolar’ edificios y campanarios tan sobresalientes como los de la Iglesia de San José. Sentarse en este mirador y contemplar el atardecer mientras se van iluminando las calles y plazas de Grazalema es toda una experiencia. Este punto ofrece una perspectiva única del casco histórico de Grazalema, permitiendo apreciar la armonía entre la arquitectura del pueblo y el entorno natural. La sensación de amplitud y la serenidad que emana de este lugar lo convierten en una parada obligatoria para quienes recorren la sierra.
Otros miradores que podemos disfrutar fuera del casco urbano de Grazalema son: el Mirador del Santo, el Mirado del Puerto del Boyar, el Mirador de los Acebuches, el Mirador del Puerto de las Palomas o el Mirador Tugate de los Cielos.
El Mirador del Santo se localiza en la Sierra del Endrinal, a pocos metros de la Ermita del Calvario, teniendo su acceso por el sendero que nos lleva tambien a la Ermita del Calvario. Aunque el sendero es corto, tiene bastante pendiente con parte de calzada y la última parte con camino bastante pedregoso.
Partiendo del Mirador El Tajo, en dirección al camping, y a unos escasos 100 metros en le lado izquierdo de la carretera, de acuerdo con el sentido de la marcha, encontramos un camino esculpido en la roca que nos llevará a tramos por zonas de empedrado con piedra caliza y ladrillos cerámicos hasta la Ermita del Calvario. El camino discurre por lo que en otra época fue el recorrido propio del VIA CRUCIS que se celebraba durante la Semana Santa. A ello corresponden estos restos de pedestales o plintos labrados en piedra caliza, donde se colocaban las cruces que conforman las catorce cruces o estaciones de Penitencia representativas de los pasos que recorrió Jesucristo hasta llegar al Calvario. Si antes de llegar a la Ermita del Calvario, seguimos el camino de la izquierda, llegaremos al Mirador El Santo, que nos ofrece unas vistas esplendorosas de todo el pueblo de Grazalema y su entorno.
Sobre una loma serena de Grazalema, mirando al pueblo con discreta solemnidad, se alzan aún los restos de la Ermita del Calvario, un espacio profundamente enraizado en la espiritualidad y la tradición popular de esta localidad serrana. Aunque hoy se encuentra en estado de ruina, su historia sigue viva en la memoria colectiva, en las flores que los fieles depositan con devoción y en los pasos que cada Semana Santa reviven su antiguo Viacrucis.
La ermita, construida en el siglo XVIII, tuvo su origen como tantos otros calvarios de la Sierra Sur gracias a la labor evangelizadora de Fray Buenaventura. Su arquitectura era sencilla, casi austera, pero cargada de significado: una sola nave de techumbre a dos aguas, con una sacristía adosada en la parte posterior y una pequeña casa a la derecha, que completaba el conjunto. Sus muros fueron levantados en mampostería, utilizando piedra, cal y arena, materiales humildes que hablaban del entorno y de quienes la edificaron. La techumbre, sostenida por armazones de madera y caña, se remataba con teja árabe, al igual que la cubierta de la casa anexa, cuyos muros eran de tapial, en armonía con la sobria estética del lugar. Uno de los elementos más significativos era el Viacrucis, cuyas estaciones estaban marcadas por sencillos pivotes de mampostería coronados por cruces de piedra. En su recorrido, los fieles rememoraban la Pasión de Cristo, en un acto de recogimiento que unía paisaje y espiritualidad.
Sin embargo, el paso del tiempo y los estragos de la Guerra Civil dejaron profundas huellas en este modesto santuario, condenándolo a un lento deterioro que lo ha llevado a la situación actual de ruina. A pesar de ello, el Calvario de Grazalema continúa siendo un lugar de referencia para la religiosidad popular. Cada año, devotos y vecinos se acercan a dejar ofrendas, especialmente flores, como símbolo de respeto y de fe persistente. Su presencia en el paisaje sigue siendo evocadora, un recordatorio de la tradición y del vínculo espiritual con la tierra.
El Mirador de los Acebuches esta situado al pie de la carretera que une Zahara de la Sierra con Grazalema enclavado entre encinas y algarrobos, en plena sierra. Desde este privilegiado lugar, podremos contemplar el vuelo de los majestuosos buitres que sobrevuelan la zona, ya que a poca distancia se localiza una de las mayores colonias de la península de este gigante alado. Frente al mirador, excavado por el arroyo del Pinar, aparece impresionante el cañón de la Garganta Verde, cuyas paredes verticales sirven para anidar los buitres y están cubiertas de frondosa vegetación, cuyo color da el nombre a esta estructura natural. Desde este lugar también podemos observar la Sierra Margarita, cuya cumbre supera los 1000 metros, además de las cumbres grisáceas de la Sierra de Zafalgar e incluso al fondo la Sierra de Líjar.
El Mirador del Puerto de las Palomas se encuentra a caballo entre Grazalema y Zahara de la Sierra, siendo una de las atalayas más emblemáticas de cuantas se asoman al Parque Natural Sierra de Grazalema. Un lugar permanentemente sobrevolado por las grandes rapaces del territorio, desde el que, gracias a su altitud, 1.189 metros, se avistan muchos de esos lugares que hacen de este territorio uno de los más destacados de cuantos existen en la Península Ibérica. El acceso de unos 25 metros se lleva a cabo a través de una rampa empedrada con gran pendiente y que finaliza en una amplia terraza que brinda al visitante unas maravillosas vistas.
Sierras de Lijar, Libar y el Endrinal, Garganta Verde, Monte Prieto, Valle del Gaidóvar, Serranía de Ronda, los picos de El Simancón y El Reloj y los pueblos de Algodonales y Grazalema son algunos de esos paisajes.
Hay lugares en los que la mirada se pierde, en los que la naturaleza se muestra imponente, salpicada de sierras, picos, cimas, cortados… Lugares de sensaciones y estímulos de extraordinaria belleza que, en apenas un instante, tienen la extraordinaria capacidad de sorprendernos con vistas sublimes, representativas de la riqueza del territorio. Uno de esos puntos mágicos, quizás uno de los más representativos de la Sierra de Grazalema, es el Puerto del Boyar (1.103 metros), un gran ‘decorado’ natural desde donde podrás observar el Corredor del Boyar. Blindado por las sierras del Endrinal y del Pinar, desde él podrás avistar hitos geológicos como el Salto del Cabrero, el Castillo de Aznalmara, la Sierra de Albarracín, el Higuerón de Tavizna o la Sierra de la Silla.
El Corredor del Boyar es un
valle abierto hacia el océano pero
que se ve encajonado repentinamente por las Sierras del Pinar y
del Endrinal. Esta situación, aparentemente irrelevante, hace que
este lugar registre las lluvias más
abundantes de toda la Península.
Imagínese una masa nubosa que
penetra por el Atlántico. En su recorrido desde el mar choca, de
repente, con una pared vertical,
la Sierra del Pinar, que la hace ascender rápidamente unos 1.000
metros de altura. El aire caliente
se enfría en este proceso, dando
lugar a unas intensas precipitaciones que marcan el carácter
de estas sierras. Por ejemplo,
esta particular situación climática permite aquí el desarrollo de
unos abetos muy especiales, los
pinsapos.
Dentro del patrimonio monumental que posee Grazalema podemos contemplar numerosos edificios religiosos distribuidos por las distintas calles y plaza que la componen. El primero de esos edificios lo encontramos a la entrada del pueblo en la Plaza de España como es la iglesia de la Aurora.
La plaza constituye el centro neurálgico y es uno de los más bellos lugares de Grazalema, en ella se encuentran algunos de los edificios más representativos de este precioso pueblo como el Ayuntamiento y la Iglesia de la Aurora. La imagen de esta plaza con la iglesia al fondo es una estampa típica de la localidad. También en este lugar encontraréis una bonita fuente además de varias cafeterías, bares y restaurantes que ofrecen lo mejor de la gastronomía de Grazalema.
El Ayuntamiento de Grazalema es una construcción tipica andaluza que se inauguró en 1961. Su fachada se organiza con un cuerpo bajo precedido de una logia con tres arcos de medio punto sobre pilares cuadrangulares y torre mirador en uno de sus extremos. El segundo cuerpo consta de una amplia terraza con vanos rectilíneos. En su interior se disponen las distintas dependencias administrativas.
La iglesia de la Aurora se ubica ocupando el extremo más oriental de su amplia y emblemática plaza de España. Su origen tiene relación al periodo de pujanza de Grazalema en base a su industria textil a través de alguna institución gremial de carácter religioso que respondieran a una fundación para el rosario de la Aurora y la misa de alba de la que queda fiel constancia en las inscripciones de su fachada. Como figura en la misma, el templo fue construido entre los años 1769 y 1800 con la aportación de donaciones, diezmos y primicias del pueblo. El proceso de construcción vivió varias etapas como consecuencia de los efectos negativos del terremoto del 1 de noviembre de 1755, el sitio y ataque de Grazalema por parte del ejército napoleónico a comienzos del siglo XIX y las consecuencias de la Guerra Civil en 1936.
Fue concebida inicialmente como templo de estilo barroco en su decoración y neoclásico en su arquitectura en la que destaca, con respecto a las otras de planta de cruz latina de la localidad, la novedad de su planta rectangular cuya cúpula, de una belleza extraordinaria, aparece rematada con ocho lucernarios en forma de estrella que completan el alzado en torno al que se le añade, en el segundo cuerpo, una balconada circular a modo de coro al que se accede a través de una escalera completamente cilíndrica. El conjunto del edificio se completa con distintas dependencias del templo así como el camarín de la Virgen de su altar mayor que posee a su vez una cúpula con motivos geométricos de bella factura rememorando sus vestigios barrocos. El resto de altares quedaron desnudos después de 1936.
El conjunto exterior de su edificio, consta de una cúpula de forma octogonal cubierta con chapitel de tejas y fachada de sillares de piedra caliza de gran sobriedad solamente adornada con pilastras en las esquinas. La parte superior aparece rematada por tres espadañas decoradas por pilastras, arcos de medio punto y culminados con tres pináculos de abundante ornamentación. Una joya arquitectónica en la que hay que recrearse suficientemente por su originalidad constructiva y su capacidad de ser un eslabón imprescindible del patrimonio artístico local.
Otro de los edificios religiosos que podemos contemplar en Grazalema es la iglesia de San Jose situada junto al Parque Huerto de San Jose. Desde finales del siglo XVII, y a partir del reinado de Felipe V a lo largo del XVIII, Grazalema vive un periodo de expansión de la actividad textil que afectó a su crecimiento y quedó reflejado en la construcción de los principales templos (Encarnación y San José) que actuarían como eje y orientación del crecimiento paulatino de la población y la trama urbana.
La iglesia de San José, promovida por los frailes Carmelitas Descalzos, se construyó a la vez que el contiguo convento de El Carmen en los primeros compases del siglo XVIII con una concepción sencilla y modesta utilizando los materiales del entorno. Inicialmente situados en las afueras del primitivo casco urbano, como marcaría la advocación de la Virgen en un lugar elevado (a modo de Carmelo o monte).
A comienzos del siglo XIX, bajo el reinado de Isabel II, Mendizábal siendo ministro de Hacienda pone en marcha el proceso de desamortización que llevó la supresión de las órdenes religiosas (1834-1855). En Grazalema se produce el cierre del convento y la venta en pública subasta de su solar y de la huerta que se extendía a parte de lo que hoy es el barrio de la Asamblea. Su belleza actual conjuga a la perfección su sencillez y sobriedad como templo con el estilo de construcción de las casas grazalemeñas. Tiene planta de cruz latina. A los pies de la nave se encuentra la puerta de acceso y el coro alto con cubierta de bóveda de cañón. El ábside es de testero plano y tiene tres hornacinas, la central con la Virgen situada en la parte delantera del retablo de traza neoclásica en un camerín cubierto de cúpula gallonada.
Entre sus imágenes alcanza cierta significación escultórica los restos de un San Antonio (que sólo conserva la cabeza de su talla original), la imagen del Cristo crucificado del siglo XVII de la escuela granadina y la extraordinaria belleza de la imagen de la Virgen de El Carmen, como representante de la estética de la mujer grazalemeña y de gran fervor popular.
La fachada de los edificios (iglesia y convento) se abre en un atrio elevado quedando estructurada la portada con frontón partido y ático. El templo, ante la ausencia de torre, aparece coronado por una imponente espadaña de tres arcos de medio punto y juego de campanas. Anexa se conserva la nave central del convento de dos plantas. En la parte baja se aprecian vestigios de lo que fuera el hospicio de peregrinos y en la planta superior de las celdas de los frailes con pequeñas ventanas de igual simetría que daban a la huerta del convento. Un conjunto singular fuertemente arraigado en su entorno y a los habitantes de los barrios altos de Grazalema.
Desde la iglesia y bajando por las calles del Carmen y Doctor Mateos Gago llegamos a una pequeña plazuela donde se situa la iglesia de San Juan de Letran. La pequeña iglesia de San Juan forma parte nuclear (junto a la de Ntra. Sra. de la Encarnación) de la Grazalema medieval, donde, según los restos hallados, existió una mezquita en el lugar que hoy ocupa parte de la Iglesia Mayor, una medina o ciudad, situada en torno a este templo y sus calles adyacentes y otros símbolos característicos del habitat cultural de este pueblo como es el alminar (torre de la actual ermita o capilla de San Juan) desde donde se les concitaba diariamente a la oración.
El solar de la Villa medieval tuvo recursos básicos en su exigencia de una población segura y estable: era abundante en agua, y tenía una frontera geográfica hacia el Sur y el Este, que posteriormente fuera completada como muralla defensiva. De esta forma Grazalema fue algo más que una lugar de vigilancia y dominio del territorio (como ocurriera en el asentamiento árabe grazalemeño del peñon de Audita), constituyéndose en una población estable.
Como centro religioso la iglesia de San Juan fue construida a lo largo del siglo XVII como capilla o ermita tomando el viejo alminar como torre. Es de plante cuadrada, de tres naves, la central más alta y ancha que las laterales y cubiertas con bóvedas de cañón. Su característica torre es de planta cuadrada dividida en varios cuerpos, el superior presenta las esquinas achaflanadas con pilastras adosadas. Tiene un vano en cada una de sus caras. En la parte baja se conserva un arco morisco de ladrillo resurado. Según el catálogo de Romero de Torres entre sus imágenes hubo un Ecce Homo de talla policromada y un cuadro atribuido a Francisco Meneses Osorio discípulo de Murillo, actualmente desaparecidas.
Cercana a la Plaza de España se situa la Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnacion. Finalizada la Reconquista en 1485 de la Grazalema musulmana se conserva, además del fuste del alminar posteriormente transformado en campanario de la Iglesia de San Juan de Letrán, los pilares del antiguo templo mudéjar que lo sería también de la actual iglesia parroquial unida al comienzo de la denominada Calzada medieval.
Dedicado a la advocación de Ntra. Sra. de la Encarnación este templo fue concluido en 1614 bajo la dirección de Pedro Díaz de Palacios, que deja su sello en sus dos puertas de idéntica estructura propia de la arquitectura conventual. En sus hornacinas aparecen las imágenes del misterio de la Encarnación de la Virgen y San Atanasio obispo (patrón de la localidad).
En su lado izquierdo y trasero es de gran interés la unión del templo con otros edificios civiles al formar una callejuela cubierta por una algorfa o cámara alta. Su evolución ha vivido varios momentos tras la Guerra de la Independencia (1810-1811), y la Guerra Civil (1936-39). En el momento de mayor desarrollo de Grazalema ejerció de arciprestazgo de la Villa llegando a tener hasta 35 eclesiásticos a su cargo. Tiene planta de cruz latina con tres naves cuya primera construcción mostraba un gusto Barroco en sus altares ya desaparecidos. En el Altar Mayor puede admirarse un templete de estilo neoclásico, y la imagen de la Encarnación y de la Sagrada Familia que dejó el camarín del antiguo retablo. En el crucero hay una lámpara aceitera de plata labrada en el siglo XVIII.
De sus imágenes destacan las del patrón de Grazalema San Atanasio obispo copia de la primitiva imagen que fue obra (concluida el 26 de febrero de 1602) atribuida al pintor de imaginería Amaro Vázquez. Destaca igualmente la capilla colateral de Nuestro Padre Jesús Nazareno obra de Castillo Lastrucci que sustituye a la desaparecida en 1936. Otras imágenes y altares están dedicados a San Isidro, la Inmaculada Concepción, San José, Corazón de Jesús y Santa Ángela de la Cruz. En conjunto, este edificio ofrece un exquisito atractivo de templo al estilo de los pueblos blancos andaluces dominado por su sencillez, blancura y belleza natural.
El ultimo de los edificios religiosos que podemos visitar en Grazalema nos lo encontramos fuera del pueblo en la carretera A-372 que nos lleva hacia la vecina ciudad de Ronda. Se trata de la Ermita de Nuestra Señora de los Angeles, patrona de Grazalema que tiene desde finales del siglo XIX esta hermosa ermita situada a las afueras de la localidad en el camino tradicional del paseo de mediodía. Como podemos leer en la inscripción de su fuente del atrio fue “levantada de cimientos entre los años 1889-1890 debido a la generosidad de Dña. Ana Benítez García viuda de Rueda Barreda. Se bendijo el 7 de septiembre de 1890 por el Sr. Cura arcipreste de esta Villa D. Fernando Naranjo Barea”; aunque el periodo de construcción parece que pudo ser anterior. En el centro de su suelo se encuentra una lápida de un enterramiento múltiple fechado en 1882, en el que están los restos de los padres, hermanos y esposo de la benefactora anteriormente citada. Igualmente el diccionario geográfico y estadístico de P. Madoz cita en 1845 la existencia en Grazalema de cuatro ermitas dentro y fuera de la villa refiriéndose a las de San Juan de Letrán, la Aurora, el Calvario y la de Ntra. Sra de los Ángeles; por lo que es posible que con anterioridad ya existiese otro santuario de menor proporción a pesar de que sea el año 1890 la fecha oficial de este templo.
Ubicada en un paraje especialmente elegido por su belleza, forma parte de un recinto donde hubo inicialmente una casa de campo que aparece unida a la ermita y aún conserva su estructura central y la puerta principal. El lugar de este enclave parece especialmente inspirado para caminar cada tarde en las horas soleadas al encuentro con la Virgen. En “la ermita”, como se le conoce popularmente al lugar, se respira de manera especial el sosiego y la serenidad que transmite la presencia de la madre de todos los hijos/as de Grazalema y la singularidad de su entorno natural.
El edificio consta de un pequeño recinto con cubierta a dos aguas, con vano ojival de acceso con pequeña espadaña y campana rematando la construcción. En el interior destaca un único altar con la pequeña y hermosa imagen de Ntra. Sra. de los Ángeles. Como reciento anexo se encuentra un pequeño cementerio perteneciente a la misma ermita.
Ademas de los edificios de caracter religioso, Grazalema posee otros lugares de interes distribuidos por sus calles y plazas como sus varias fuentes: La de la Puentezuela y la situada al final de la calle Nueva asi como la situada en un extremo de la Plaza de España. Elemento vital de este, su paisaje de agua, durante siglos han dado vida a los pobladores de Grazalema, a su ganado, sirviendo de lugar de encuentro, de historias, dulces y amargas, que marcaron la historia. Fuentes de piedra, cantería y bronce que mantienen su remota utilidad y que se antojan un feliz descubrimiento para quienes se afanan en conocer y en sentir Grazalema.
La Puentezuela, conocida también como Pontezuela, es una pequeña fuente que se encuentra en la calle del mismo nombre, ésta es una calle transversal al casco urbano de Grazalema que divide el barrio alto (los Jopones) del barrio bajo (los Jopiches). Esta fuente forma parte del patrimonio etnológico de la localidad al haber formado parte de la antigua red local de abastecimiento de agua. A lo anterior se debe unir algo más importantes si cabe y es que esta fuente supone urbanísticamente un ítem, al marcar la separación entre el barrio bajo, más antiguo, y donde tradicionalmente se han situado los grupos sociales más pudientes, y el barrio alto, donde tradicionalmente se han establecido los grupos menos favorecidos, pero que en la actualidad está creciendo y mucha población del barrio bajo se está trasladando al barrio alto. Posiblemente de origen visigodo, debe su nombre a la calle donde se ubica. La pila está formada por dos senos labrados en una única pieza de piedra, que se apoya en un basamento constituido por una fábrica de mampuestos. Los dos chorros se sitúan en la boca de dos rostros manantes diferentes. El fondo, sobre la pared en que se apoya, está constituido por una única pieza de piedra, a la que se ha añadido recientemente, una pintoresca fábrica de piedra artificial con relieves industriales. Antiguamente esta fuente urbana aportaría agua procedente de alguno de los abundantes manantiales existentes, hoy en día se le ha puesto grifo a uno de los caños y se ha conectado al agua de la red local de distribución, sellándose el otro caño.
Otra fuente esta situada en el centro de la Calle Nueva en el Barrio Alto de Grazalema. Esta fuente es muy pequeña, con una sola pila y una parte frontal ovalada dentro de la cual hay una pequeña hornacina, con una virgen, que está cerrada por una pequeña reja a través de la cual se ve la imagen. Debajo de ésta se encuentra un grifo que sale de una cara esculpida en piedra. La Pila está debajo y es rectangular, mucho más pequeña que la de la parte superior. La fuente está construida con ladrillos y cemento. Esta fuente forma parte de aquellas construcciones de uso colectivo como eran los puntos de la tradicional red local de abastecimiento de agua. De esta manera forma parte de su patrimonio etnológico como un punto básico de aquella red, que en la actualidad ha perdido su primitiva funcionalidad económica y se ha convertido en el centro que organiza un espacio público a modo de plaza.
Todo el que visita Grazalema tiene que pasar por la Plaza España en algún momento, y allí en un lateral de la plaza, próxima al Ayuntamiento, y en un sitio estratégico se encuentra la fuente de la Plaza de España con sus cuatro caños y su pila de piedra gastada por el agua y por el tiempo. La fuente está realiza al estilo Carlos III, con parte frontal a modo de dosel, y realizada en piedra. Es rectangular con dos pilas a las que cae el agua a través de cuatro caños situados encima (en la actualidad sólo sale agua de uno de los grifos). La fuente está construida a base de sillares de piedra, a excepción de las pilas son piedra de cantería. Tiene tres caños de bronce y un grifo. Cada caño surge de un especie de cara realizada en piedra. Esta fuente es de enorme interés etnológico ya que forma parte de la antigua red local de abastecimiento de agua.
Tambien viajero que visite Grazalema puede contemplar lugares como su Calzada Medieval, el Lavadero Publico, la Fabrica de Mantas y Museo Textil, el Torreon, la Casa de la Cultura y esculturas como la dedicada al Toro de Cuerda.
La calzada medieval de Grazalema es una prolongación del bimilenario camino que atraviesa la Manga de Villaluenga. Su trazado se ve condicionado por la formación rocosa junto a la que se sitúa, con fuertes pendientes y escasa anchura. Pocas experiencias son equiparables a la de andar por esos caminos por los que, siglos atrás, pisaron otras civilizaciones; aquellos hombres y mujeres que, con su esfuerzo e ideas, escribieron parte importante de la historia. Sensaciones, únicas, que podrás sentir en esta calzada medieval.
Construida con la omnipresente piedra caliza del paisaje y visible desde el balcón de los Asomaderos, fue hasta no hace mucho vía destacada de acceso a la villa y aún hoy nos ayuda a conquistarla. Apenas medio kilómetro de historia, de huellas de piedra que, bordeando el Guadalete, nos transportan a un tiempo en el que la relación con la naturaleza, con los frutos que aportaba, era plena. Estrecha, de pendientes acusadas y blindada por alisos, sauces, olmos y fresnos te ayudará a entender un poco más del pasado de Grazalema.
Lugares, como el ‘labadero’ de Grazalema, en el que, no hace mucho, las mujeres compartían jornadas interminables para dar lustre a la ropa de familias, entonces, infinitas, nos descubre ambientes en los que, pese al paso del tiempo, aún se adivina gran parte de la esencia de los pueblos, de su historia y sus gentes. Al son del tintineo de las transparentes aguas del Guadalete y jabón en mano, las grazalemeñas eran protagonistas de un ritual con una importante carga social, ya que era en el lavadero donde hablaban cuanto acontecía en la localidad. Una huella de agua que aún hoy día permanece intacta en las dieciséis pilas que conforman el lavadero, 8 en cada línea y adosadas entre sí. El agua que emana la Fuente de Abajo y este lavadero, procede de un abrevadero que se encuentra en el matadero viejo y en Grazalema y que dan lugar al nacimiento del arroyo del Fresnillo.
A este Lavadero Público se accede desde la carretera A-372 llegando a Grazalema por la parte más baja del casco urbano. A la altura del cementerio se toma la primera calle a la izquierda que conduce directamente al Lavadero Público que se encuentra justo en frente de la Fuente de Abajo.
El edificio de la Casa de la Cultura es un claro ejemplo representativo de la arquitectura civil domestica del siglo XVIII construida en estilo barroco. Su valor patrimonial se refleja en la asimetria de la fachada, la destacada portada clasica y otros elementos arquitectonicos que han resistido al paso del tiempo. Antes de su funcion actual que esta destinada a usos culturales preservando asi su importancia historica, fue cuartel de la Guardia Civil y colegio.
Cerca de la casa de la cultura, en lo que antaño fue la Puerta de la Villa, podemos contemplar los restos de de una antigua muralla y una torre nazarí de la época árabe. Este rincón mágico, conocido como «Benzulema» en tiempos remotos, ha pasado por diversas transformaciones a lo largo de los siglos.
Cerca de la Plaza de España junto a la iglesia de la Encarnacion podemos contemplar el Monumento al Toro de Cuerda. Una de las fiestas más conocidas de Grazalema es el Lunes del Toro de Cuerda. Este evento que congrega a infinidad de visitantes, es una de las fiestas taurinas más antiguas de España. El Lunes del Toro de Cuerda se celebra el lunes siguiente a la festividad de la Virgen del Carmen, es decir, el Lunes siguiente al 16 de Julio de cada año.
La obra fue esculpida por Alfredo Fillol Talens e inaugurada en enero de 2014 y es un homenaje a la tradicional fiesta grazalemeña del toro de cuerda, el toro de la virgen del Carmen y está compuesto de tres figuras, en bronce y a tamaño natural, un toro y dos personas que arrastran del mismo con una cuerda.
La característica principal de la forma de llevar el toro en Grazalema es su larga cuerda debido a que dado las pendientes de sus calles, al bajar el toro este suele alcanzar en su carrera a gran parte de los maromeros por lo que se utiliza una larga cuerda para que estos puedan tener una ventaja suficiente. La cuerda, atada a los cuernos, se intenta que siempre vaya por delante del toro.
La manta y paño de Grazalema fueron muy conocidos en siglos pasados, tiempos en los que la lana merina era la principal fibra utilizada por la industria textil de la época. Siglos en los que la indumentaria habitual estaba compuesta principalmente por lana. De tal manera que se desarrolló una industria textil alrededor de las ovejas merinas de Grazalema.
Eran tiempos en los que no sólo las personas que trabajaban en el campo utilizaban las mantas para resguardarse del frío invierno en sus labores agro-ganaderas habituales, también se fabricaban paños de lana para su posterior confección en Jerez o Sevilla.
En la actualidad en la fábrica de mantas se encuentra el museo textil de Grazalema, donde los visitantes podrán ver la exposición de maquinaria antigua tanto de hilatura como tejido y acabado de las tradicionales mantas de Grazalema.
La Fábrica y el Museo de Artesanía Textil de Grazalema está compuesto por dos naves: una del siglo XIX que funciona como museo y la otra más reciente donde se fabrica actualmente la producción.
La primera nave dispone de una exposición de maquinaria e instalaciones antiguas que está prácticamente en desuso. Esta maquinaria es originaria del siglo XIX, y engloba todo el proceso de fabricación de antaño, comenzando por el lavado de la lana bruta hasta el proceso final, este proceso si se puede visitar.
La segunda nave por motivos de seguridad del trabajo no se puede visitar. Aquí es donde se encuentra la maquinaria y los operarios que intervienen en la fabricación de las mantas, ponchos y bufandas que se elaboran en Grazalema.
Grazalema se ubica en el centro del Parque Natural Sierra de Grazalema, al que da nombre, siendo su entorno natural paradigmático de la riqueza y posibilidades para el turismo medioambiental que ofrece la Sierra de Cádiz. El Parque Natural, declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO, ejemplifica su alto valor ecológico en la población de pinsapos, un abeto reliquia del terciario que las condiciones naturales de este espacio han mantenido vivo. Las numerosas sierras que rodean la localidad (del Endrinal, de Zafalgar, del Castillo, de Líbar, de Ubrique o del Pinar) alcanzan la máxima altitud de la provincia y encierran espléndidos paisajes de gargantas, simas y cavidades. En estos diversos espacios puede practicarse el senderismo, la escalada, la espeleología, el piragüismo o el parapente, además de otras actividades de ocio y deporte.
GASTRONOMIA:
La gastronomía de Grazalema está unida a la historia del pueblo. Los primeros indicios que nos constan datan de época romana, en la cual tuvo un papel destacado la ganadería (ovino, caprino y vacuno), así como la agricultura, destacando el cultivo del olivo para la producción del aceite. La miel de Hispania era muy famosa y valorada. Los romanos mezclaban la harina de trigo con la miel para elaborar los primeros pasteles.
La época árabe es la más importante desde el punto de vista de la herencia gastronómica, nos han transmitido el uso de las especies (azafrán, pimienta, nuez moscada, clavo), los cocidos, las legumbres, las berenjenas, las espinacas, el arroz con leche y gran parte de la repostería (como gran innovación introdujeron la caña de azúcar, así como el alfajor, la empanadilla, la carne de membrillo, el buñuelo, y sobre todo el gusto por el uso de la almendra).
En la actualidad, se siguen elaborando platos típicos con los mismos ingredientes que las anteriores generaciones, es decir, se mantiene la tradición y sencillez de la cocina casera. Entre los productos más importantes tenemos el queso, la caza, las chacinas y la repostería.
Como plato típico tenemos la Sopa de Grazalema, elaborada con el caldo del puchero, pan de campo, huevo, hierba buena y chorizo. Como segundo plato, destaca el cordero al horno o también la caldereta de cordero, y para amantes del pescado, la trucha (procedente de la Piscifactoría de Benamahoma). Además, se ofrecen productos como las tagarninas, las setas, y los espárragos trigueros. Los quesos de la zona elaborados con pura leche de oveja o cabra, están considerados de los mejores de España. La caza menor nos ofrece platos exquisitos elaborados a partir del conejo y la perdiz, y la caza mayor con el venado y el jabalí. Entre las chacinas destacan productos como el salchichón, el chorizo y la morcilla.
La rica repostería nos brinda postres artesanos y dulces caseros entre los que destacan el amarguillo y el cubilete, sin olvidar el bollo de almendra, la torta de manteca o la empanadilla.
FIESTAS:
La protección institucional que Grazalema y su pedanía, Benamahoma, han recibido en las últimas décadas las convierte en lugares privilegiados para apreciar el ciclo festivo tradicional de índole rural, la religiosidad popular característica del sur de Andalucía y otros ritos y costumbres históricos. En tal sentido, merecen conocerse sus romerías: la de San Isidro Labrador en la singular Ribera del Gaidovar, la de San Antonio, en Benamahoma, y la procesión de la Virgen de los Ángeles hasta su ermita grazalemeña. De Benamahoma es imprescindible conocer las Fiestas de Moros y Cristianos, celebración atávica de alto valor patrimonial. Grazalema y Benamahoma conservan el rito festivo del Toro de Cuerda, celebrado respectivamente el Domingo de Resurrección en Benamahoma y en julio, durante las Fiestas del Carmen en Grazalema.
PLANO TURISTICO DE GRAZALEMA:




































































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