LOPERA (Jaen)

 



LOPERA

Lopera es una localidad situada en la parte suroccidental de la comarca de la Campiña Jienense y valle de Andujar, en la provincia de Jaén dentro de la comunidad autónoma de Andalucía y que cuenta con una población de poco mas de 3500 habitantes. En el ámbito geográfico, Lopera se caracteriza por unos elementos representativos que son su orografía suave, de onduladas colinas, típica de campiña olivarera, y, por la otra, el aprovechamiento agrícola, con hegemonía del olivar, quedando tan sólo algunos pequeños reductos viñedos de uva blanca y cereal, antes muy abundantes; también existen algunos cultivos de regadío en las zonas bajas. El río Guadalquivir atraviesa el término municipal por su parte norte, mientras que el arroyo Salado, afluente de éste, serpentea de sur a norte con escaso caudal excepto en epoca de abundantes lluvias.
La localidad esta sumergida en un mar de olivos donde destaca su rico patrimonio monumental con edificios como el Castillo, construido por la Orden de Calatrava y declarado Monumento Histórico, la Iglesia de la Purísima Concepción, que pertenece al último tercio del siglo XV y mezcla los estilos barroco y renacentista, el Ayuntamiento, del año 1605, y las ermitas de Jesús Nazareno y del Cristo del Humilladero, ambas barrocas, entre otros muchos mas monumentos y lugares de interes.
Lopera calatrava, plateada, de encalado caserío en el que habitan gentes de afable trato y espíritu acogedor. La localidad está bañada por un mar de olivos y regada por ricos mostos. Cuna de personajes ilustres con tradiciones y costumbres arraigadas que se han transmitido de generación en generación. Conserva un rico conjunto histórico-artístico de gran valor.  El viajero puede también seguir los pasos de Cervantes, que estuvo en Lopera en 1592 recaudando trigo y cebada para la Armada Invencible.



La localidad tiene sus inicios en la Edad del Bronce, encontrándose restos de este periodo en los cortijos de Almazán, Lanzarino I y Cuatro Hermanas. Del periodo de la Edad del Hierro destaca la presencia de restos de la cultura ibérica. Como muestra de ello, los yacimientos ibéricos del Cerro de la Casa, Cerro de los Pollos y Cerro de San Cristóbal.
Existe la presencia de restos de época romana en diversas zonas del término municipal. No obstante, Lopera fue un lugar de segundo orden en la administración territorial romana. Su nombre en esta época era POLESI y formaba parte o dependía administrativamente del municipio de Obulco (Porcuna). El yacimiento mejor estudiado es el de la ciudad romano-visigótica de los "Morrones", que contaba con una basílica visigótica y estaba situada justo en el límite con el término de Cañete de las Torres. Existían dos vías romanas que cruzaban el término de Lopera, una al norte y otra al sur junto a Obulco.
El actual núcleo poblacional surgiría en torno a los siglos VIII y IX d.C. con el más que probable asentamiento del pueblo visigodo o musulmán en una de las faldas del Cerro de San Cristóbal. En 1240 Lopera fue conquistada por Fernando III El Santo, que arrebató de esta forma la localidad a los musulmanes.
Lopera estuvo bajo la jurisdicción de la Orden de Calatrava hasta el siglo XVI y durante todo este tiempo pasaron por Lopera varios comendadores, que fijaron su residencia permanente en el castillo. A mediados del siglo XVI Lopera tuvo como comendador a Don Juan Pacheco y Torres, hijo de Doña Marina Fernández de Torres, de quien existe un sepulcro en el altar mayor de la Iglesia Parroquial de la Purísima Concepción. El siglo XVI se caracteriza por el auge económico y poblacional así como el inicio de su independencia de las poblaciones de Porcuna y Martos. Durante toda esta época Lopera dependía de la encomienda de Martos y Porcuna, hasta que el rey español Felipe II decide declararla en 1595 como villa independiente. La independencia se materializó tras el pago que los vecinos hicieron a las arcas de la Hacienda Real.
En el siglo XIX se produce la desamortización de los bienes de la Iglesia, que fueron adquiridos en su mayor parte por burgueses que aumentaron así su patrimonio y dominio sobre el resto de la población. Entre estas personas hay que mencionar a Alonso de Valenzuela, diputado a Cortes en 1854 y alcalde de Lopera entre 1870 y 1874, quien en 1856 adquirió el castillo.
Una imagen típica del primer tercio del siglo XX era ver a los jornaleros desempleados en la plaza mayor del pueblo a la espera de que el capataz de turno los quisiera contratar. Fueron años caracterizados por un incremento de los conflictos sociales y de las continuas reivindicaciones laborales. En 1925 con la dictadura de Primo de Rivera se inicia la construcción de los Grupos Escolares, cuya consecución fue gracias a la iniciativa del alcalde de aquellos años y maestro nacional Martín Valcárcel.
Durante la Guerra Civil de 1936-39, Lopera cayó inicialmente en la zona dominada por el gobierno de la Segunda República. Sin embargo, fue tomada por los "nacionales", el 4 de enero de 1937. El avance de los sublevados por la provincia de Córdoba hasta el límite provincial en diciembre de 1936 (toma de Villa del Río), convirtió esta zona en línea del frente de batalla. Situación que se mantendría así gran parte de la guerra. En un intento frentepopulista de recuperarla, Lopera sería escenario de una de las batallas más significativa en el llamado Frente Sur durante la Guerra civil española. En ella murieron conspicuos personajes de la vida intelectual comunista del momento, como John Cornford y Ralph Fox.




Lopera es ideal para un paseo tranquilo sin prisas. Pero lo mejor es dejarse llevar por las calles del centro histórico, descubrir sus casas señoriales que conservan sus portadas y escudos y respirar el ambiente sereno de la campiña. Pero nuestro viaje por esta villa calatrava lo iniciamos a menos de un kilómetro de la villa donde se encuentra el paraje del Pilar Nuevo, un espacio con una extensa superficie arbolada con grandes áreas de aparcamiento que resulta un verdadero pulmón medioambiental de Lopera. El paraje cuenta con un pilar abrevadero construido en piedra caliza que data del año 1875 y una pradera poblada de árboles presidida por la ermita de San Isidro de estilo contemporaneo patrón de los agricultores, San Isidro Labrador.  
El arroyo del Pilar Nuevo serpentea dicho lugar por su lado suroeste y lo convierte por derecho propio en la zona preferida por muchos loperanos para pasar un buen día de campo en compañía de familiares y amigos al disponer de agua potable, mesas y asientos de piedra, mucho arbolado, servicios públicos, además del pilar que antiguamente era utilizado por los animales de carga y por los agricultores para refrescarse y recoger agua para los diversos tratamientos fitosanitarios del olivar.




De vuelta a la localidad nos disponemos a caminar por su casco historico y conocer su rico y variado patrimonio monumental y para ello estacionamos el vehiculo junto a la Plaza de Andalucia, una pequeña plaza con una fuente abrevadero en el centro. Se encuentra rodeada de jardines, arboles y bancos para el descanso, donde nos disponemos a contemplar el primero de su monumentos como es el Torreon del Cuartel de la Guardia Civil que era una de las torres defensivas de las murallas que rodeaban la ciudad. Conserva sus ventanas saeteras y las almenas de la azotea.



Continuamos por la calle Vicente Rey donde podemos contemplar la imponente silueta del edificio del Colegio Miguel de Cervantes. Edificado en Lopera en 1928, aunque fue posteriormente restaurado en 1940, el Colegio Miguel de Cervantes es de traza rectangular y está revestido de ladrillo visto. Debe su nombre a que Cervantes estuvo en Lopera, entre el 22 y el 25 de febrero de 1592, con motivo de recaudar trigo y cebada para la Armada Invencible.
Fue el alcalde Desposorio Toro, allá por el año 1922, el que propuso por vez primera la necesidad de que Lopera contase con un grupo escolar propio.​ Tras el paso dado por el ayuntamiento, se adquiere en 1924 a Alfonso Sotomayor el solar donde ubicar el centro y los patios de recreo. En 1925 el maestro Martín Valcárcel propone la construcción inmediata del centro, dadas las necesidades que tiene el pueblo. Es el ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, Javier García de Leaniz, quien concede la construcción del centro, por lo que el ayuntamiento decide declarar al ministro hijo adoptivo de Lopera y ponerle su nombre a la calle Horno. En 1926 se hace entrega del solar y se comienzan los trabajos de preparación del terreno. La obra es adjudicada al contratista Ángel Palacios y es proyectada por el arquitecto José Corbellá Pené.



Desde aqui cogemos la calle Humilladero donde vamos a visitar en una pequeña plazuela junto al Monumento a los Emigrantes, una escultura creada por el artista loperano Pedro Monje que representa a una familia con la típica maleta del emigrante, simbolizando el sacrificio y la valentía de aquellos que dejaron su tierra en busca de nuevas oportunidades, la Ermita del Santisimo Cristo del Humilladero o tambien llamada Cristo Chico datada del siglo XVIII y de estilo barroco. La portada de la ermita posee un vano en el que se enmarca la entrada principal con arco de medio punto, se corona con frontón con moldura. Se cubre a dos aguas y posee un porche que sirve de antesala a la ermita, con arcos rebajados. En el lateral derecho tiene una espadaña. El altar mayor, también del siglo XVIII y de estilo barroco, se encuentra en perfecto estado de conservación. Posee un solo cuerpo, con una pequeña hornacina en el centro con arco de medio punto, en la que aparece el Cristo del Humilladero. Todo se decora con motivos de madera policromada, en la hornacina superior está la Virgen del Pilar.
El Cristo del Humilladero llegó a Lopera en 1941 y es obra del imaginero valenciano Amadeo Ruiz Olmos. La ermita se mantiene prácticamente cerrada todo el año, los loperanos y visitantes que se cercan a ella, realizan sus oraciones a través de una pequeña ventana. En 1761 se funda la soldadesca del Santísimo Cristo del Humilladero, es característico de esta soldadesca, el revoloteo de banderas durante el procesionar de su Cristo y los disparos de salvas. La feria y fiestas de los Cristos en honor al Cristo de la Veracruz y Cristo del Humilladero se celebra desde 1628. La cruz procesional del Cristo es una réplica, la original se encuentra en la sacristía de la parroquia, fue donada por la familia Peláez.


Continuamos por la calle Dr. Fleming donde nos encontramos enfrente del edificio del Mercado de Abastos con uno de los ultimos vestigios que quedan en la localidad relacionado con el cultivo de la vid y la elaboracion de vino como son las Bodegas Herruzo, una de las más antiguas de la provincia y en las que se puede adquirir vino amontillado blanco, dulce Pedro Ximénez y tinto.
Lopera durante decadas fue reconocida por sus famosos caldos con lo que se gano el sobrenombre del "pequeño Jerez", llegando a tener una decena de bodegas durante el siglo XX de las que hoy en dia solo queda la mencionada anteriormente.
Las primeras noticias que se disponen de vid en Lopera datan del año 1492 como se recogen en el Inventario de los Bienes, Rentas y Posesiones de la Encomienda de Lopera de ese año. En la primera mitad del siglo XVII, se produce un incremento de la plantación de viñedos. Del primer cuarto de siglo XIX, concretamente del año 1826 se dispone de un documento muy interesante conservado en el Archivo Histórico Municipal de Lopera, se recoge los pormenores que incitaron a los vecinos de Lopera a proponer al Ayuntamiento que se creara un Pago de viñedos en los terrenos de Propios de la localidad, para que se pudiera hacer frente a los vinos que consumían en la villa, que procedía de afuera, eran malos y muy caros de precio. Esta petición llego a cuajar rápidamente llegándose a nombrar varios peritos para que inspeccionaran los terrenos del Cerro de la Encinilla y Esperilla, señalados por el Ayuntamiento como terrenos para sembrar viñedos.
El siglo XX fue el más fructífero en cuanto a plantación de vides y elaboración de vinos en la Villa de Lopera. Desde la fundación del primer vino de Lopera llamado Fino Monteviejo por la Sociedad (una Peña de vinateros encabezada por Bartolomé Valenzuela) hasta nuestros días han llegado a funcionar en Lopera un total de diez: “Bodegas Valenzuela”, bodega pionera en el vino loperano, “Bodegas las Miguelicas”, “Bodegas Antonio Bujalance”, “Bodegas Sotomayor”, “Bodegas Viuda de Valenzuela”, “Bodegas Herruzo”, “Bodegas Juanita” , “Bodegas La Purísima Concepción”, “Bodegas Mari Loren” y “Bodegas Flores de Quiñones”. De estas bodegas, en la actualidad sólo pervive contra viento y marea un último reducto de las mismas, representado las Bodegas “Herruzo”.
Independientemente de las bodegas y con anterioridad a la Contienda Civil Española llegaron a funcionar en Lopera varios lagarillos, estos lagarillos producían lo que se denominaba el vino “cunero” o “vino del día”. La proliferación del viñedo y la fundación de nuevas bodegas, trajo consigo que varios loperanos optaran como medio de vida por la venta ambulante del vino de Lopera.
La competencia que había entre las bodegas de Lopera para vender sus caldos hizo que sus propietarios buscaran formas rocambolescas de difundir su vino entre la población. Un ejemplo de ello, es lo que aconteció el miércoles de ceniza del año 1954, día en que por las heladas los trabajadores de la casa Sotomayor no pudieron ir a laborear al campo, así, para que no perdieran el día de trabajo, Alfonso Sotomayor decidió hacer una “Fiesta del Vino”, los trabajadores cogieron dos pellejos de piel de cabra llenos de vino (dos arrobas cada una), y una bacalada y la fueron repartiendo por el pueblo.
Era conocida la disputa que mantenían en los precios de compra de uvas entre Bartolomé Valenzuela Rueda y su sobrino, Alfonso Sotomayor. Esta circunstancia trajo consigo que los precios de compra de uva se viniera abajo y entonces los viñedos loperanos decidieron contactar con el gerente de la Cooperativa Oleícola la Loperana, para que le informaran e hicieran las gestiones oportunas para formalizar la creación de una cooperativa vitivinícola, pero no prospero esta intención.
En la actualidad se ha pasado de ser una de las zonas vitivinícolas más importantes de la provincia de Jaén, a tener un par de hectáreas plantadas de vid, quedando sólo las Bodegas Herruzo, una bodega con solera, de las pocas que quedan en la zona y con casi 110 años de vida. Su cercanía a la provincia de Córdoba hizo que las hectáreas de vid que la familia Herruzo tenía en nuestra localidad se cultivaran con las variedades blanca de Pedro Ximenez y Tempranillo, añadiéndose posteriormente uva de la variedad Cabarnet-Sauvignon, Mertot y Syrah. Por eso, y por la calidad de unos caldos que cogen solera en barricas de anciana madera. La bodega es, además, un museo vivo de trabajo artesanal.


Al final de la calle llegamos a la Avd. Andalucia donde se ubica junto a una pequeña plaza la Ermita de San Roque que alberga la talla del patron de la localidad. En dicha plaza ademas de la ermita podemos contemplar una cruz de hierro forjado que descansa sobre una columna con inscripción, y esta a su vez en tres escalones piramidales. La cruz tiene las siglas de Jesucristo JHS en su interior.
La Ermita de San Roque es del siglo XVI, de estilo barroco, de propiedad eclesiástica. La fachada posee un vano con arco de medio punto, en la parte superior posee un vano circular a modo de rosetón, se cubre a dos aguas. La fachada termina en una gran espadaña de una sola campana y en el interior su cubierta a dos aguas tiene las cerchas de madera a la vista.
En la Ermita hay un Sagrado Corazón, una réplica de un cristo crucificado de Velázquez, cuadro donado por una familia de Lopera, otro cuadro de las Ánimas de la Virgen del Carmen, una imagen de la Virgen del Amor Hermoso y una talla de San Roque.
En 1582 cuando el pueblo sufría una epidemia de peste, el Cabildo, reunido con el sacerdocio, decidieron hacer una rogativa al Santo para que extinguiera esta enfermedad. Con tal motivo se hicieron 3 votos: hacerle una ermita, celebrar la fiesta en su honor y hacer penitencia guardando ayuno.



Proseguimos nuestro caminar por Lopera por la Avd. Andalucia donde podemos contemplar los restos del edificio de la Casa del Pueblo o Centro Obrero. Se trata de un edificio social que adquirió protagonismo en los primeros años del siglo XX y que ha sido una institución y un lugar privilegiado de sociabilidad obrera. Se instaló en un antiguo convento y desarrolló una importante labor educativa y cultural. Fue inaugurado en agosto de 1919 y destruido casi en su totalidad en la Guerra Civil. De este inmueble tan sólo se conserva su fachada que data del siglo XVIII.
Se trataba de un edificio de dos plantas, con fachada de ladrillo visto, compuesta por una puerta central y tres ventanas al exterior situadas en la planta baja y cuatro ventanas con balcones en el piso superior. Tras la puerta se accedia a un pequeño pasillo empedrado que desembocaba en un patio central, cuadrado y decorado con columnas y arcos de medio punto, a cuyo alrededor se distribuian el resto de habitaciones o secretarias. Al fondo se encontraba el anfiteatro compuesto por amplias gradas y un escenario.




Al final de la calle giramos a la derecha para llegar a otra de las plazas emblematicas de la localidad como es la Plaza Juan Rafael Criado o Paseillo situada junto a la calle Pozo. Se trata de una pequeña plaza con palmeras en cuyo centro se encuentra el monumento al Sagrado Corazón alzado sobre cuatro columnas a modo de pedestal en posición de bendecir y es obra del escultor Antonio González Orea que fue inaugurado en el año 1972. En la calle Pozo podemos contemplar algunas casas nobiliarias como la situada en el nº 15. Se trata de edificio con portada adintelada entre pilastras coronada con frontón partido por balcón monumental. Balcón monumental entre pilastras y coronado con frontón partido por escudo heráldico y pináculo a cada lado del balcón. En un extremo de la calle nos encontramos con un monumento muy singular dedicado a las mascotas domésticas, representando un perro y un gato, todo un homenaje inesperado que añade encanto al recorrido.





Desde la plaza por la calle Sor Angela de la Cruz llegamos a la calle Jesus donde vamos a contemplar el edificio de la Ermita de Jesus. Su portada principal es del siglo XVIII y pertenece al estilo barroco. La puerta principal se encuentra ubicada entre contrafuertes, consta de dos pisos apareciendo un arco trilobulado tanto en el piso inferior como en el superior; a su vez acogidos ambos por un arco de medio punto. El primer piso aparece coronado por un frontón triangular abierto y pináculos. Su planta rectangular es de tres naves, siendo la central más ancha que las laterales. Las naves están separadas por arcos de medio punto que se sitúan sobre columnas toscanas, la central se cubre con bóveda de medio cañón y las laterales con bóvedas de aristas. A sus pies podemos observar un coro alto.
El presbiterio es rectangular con bóveda de media naranja sobre pechinas, éstas se decoran con motivos de estuco distribuidos por los arcos. Las cornisas y pechinas sirven de marcos a pinturas del tetramorfo (cuatro evangelistas). Esta ermita también está dotada de un camarín en el fondo, pertenece al siglo XIX y es de estilo neoclásico. De planta ochavada y que se cubre con una bóveda oval, que posee intradós radiados y cuatro óculos radiales con vidrieras.
El retablo central, del siglo XIX de estilo neoclásico, posee un solo cuerpo con arco de medio punto, en el que se enmarca la figura de Jesús Nazareno obra del escultor Gabriel Borrás, al lado izquierdo sobre un basamento aparece la figura de la Inmaculada de 1.55 m de estilo barroco del siglo XVIII. La imagen de Nuestro Padre Jesús es del siglo XX, concretamente de 1939. Jesús aparece con la cruz a cuestas ligeramente encorvado, con cabeza barbada y cabellera de abundante melena, se viste con túnica tallada. Durante Semana Santa y el día 14 de Septiembre (Día de Jesús ) viste una rica túnica bordada en hilo de oro que data del año 1904 y que perteneció a la antigua imagen desaparecida.
El retablo de Ntra. Sra. De los Dolores pertenece al siglo XVIII, de estilo barroco, su estado de conservación es bueno, consta de un solo cuerpo flanqueado por columnas salomónicas que sostienen un ático donde se inscribe un lienzo que representa a Cristo muerto con gran perfección. En el centro aparece una hornacina con la figura de la Virgen de los Dolores vestida con manto de terciopelo negro bordado en hilo de oro de gran valor. Esta imagen fue restaurada en el año 2006 por Don José Luis Ojeda Navío, quien atribuye la talla a la Escuela Sevillana Neobarroca del siglo XVII.
El retablo del Niño de la Bola, del siglo XVIII y estilo barroco, consta de un solo cuerpo separado en tres calles por pilastras corintias entre las que se inscribe vanos con imágenes. En la hornacina central aparecía el niño de la bola, aunque en la actualidad hay una Inmaculada. En la hornacina izquierda aparece San José y en la de la derecha aparece la Virgen de Fátima. Se corona con un ático donde se representa en pintura al óleo sobre el lienzo “El sueño de Jacob”.
Por último, el frontal del Altar de la Ermita del siglo XVIII y estilo barroco, consta de placas rectangulares de mármol rojo de Cabra que se decoran con una cenefa donde se inscribe un dibujo de puntos. En el centro de la pieza aparece el escudo Franciscano. El Pulpito de la Ermita, del siglo XIX y estilo neoclásico, lo compone un balaustre sobre el que se eleva una tribuna hexagonal. Todo el conjunto se decora con motivos forjados de la escuela de Andújar. Adosado a esta Ermita se encuentra el antiguo Convento de Jesús que fue sede del Colegio de las Hermanas de la Cruz.


Continuamos por la calle Jesus y desde esta callejeando llegamos al Parque la Verja. Se trata de una zona verde alargada de forma irregular repleta de jardines y vegetación a modo de paseo. Al final del parque se encuentra un mirador desde donde el viajero puede contemplar el inmenso mar de olivos que rodea la localidad.





Desde el parque continuamos nuestro paseo por la calle de Lopera hasta que llegamos a la calle Dr. Marañon donde se ubica el edificio del Antiguo Hospital de San Juan de Dios y alguna de las casas señoriales que posee la villa. El hospital también conocido como Hospital de Jesús Nazareno, es un edificio del siglo XVII que cuenta con dos plantas y destaca por su hermoso patio, el cual conserva una doble arcada de columnas toscanas. Los arcos del patio son de medio punto en la parte baja y rebajados en la planta alta del edificio.


Ascendiendo por la calle de la Feria llegamos a la Plaza de la Constitucion, centro de la vida social de la villa. Esta plaza ha sido testigo durante muchos siglos de los distintos aconteceres que han sucedido en esta localidad, y que se haya rodeada por un magnífico triángulo monumental compuesto por los tres poderes fácticos: el poder militar, representado por el castillo-fortaleza de la Orden de Calatrava; el poder religioso, representado por la Iglesia de la Inmaculada Concepción y el poder civil, representado por el Ayuntamiento. A escasos metros de esta histórica plaza se levanta otro monumento de hondas raíces históricas: el Pósito o Casa de la Tercia. Ademas en la plaza podemos contemplar los Puestos de la Plaza que son de una altura y están rematados a modo de anchas almenas decorativas. Las puertas están bajo arcos de herradura, dándoles un toque morisco. Están blanqueados y en la línea de la altura del tejado salen una serie de troncos circulares a modo de visera. Asimismo podemos ver la casa del nº 5, un destacado ejemplo de arquitectura tradicional de la provincia de Jaén que cuenta con balcón corrido con dos puertas con marco de ladrillo visto y entre las dos puertas se encuentra un gran escudo nobiliario. Y finalmente la Casa del Judio, un edificio protegido del siglo XVII que se ubica en uno de los rincones de la Plaza. En ella nació el médico sefardí Juan de Prados que formó parte, junto a Baruch de Spinosa, del grupo de librepensadores judeoespañoles que vivieron en Amsterdam a mediados del siglo XVII. En honor a este celebre médico judío se le conoce la casa en Lopera por este nombre.





El edificio del Ayuntamiento se construyó en el año 1605 y su estilo es barroco de orden toscano. Se configura en dos plantas con vanos rectangulares y simétricos al eje axial, destaca su logia, que subraya la originalidad de su diseño, así como su frontón partido y un esbelto campanario con reloj que lo corona en donde además podemos encontrar un escudo de Felipe II sobre el que se sitúa el balcón. Fue restaurado tras la contienda civil por Regiones Devastadas en 1945 y posteriormente en los años 80/90.


El templo parroquial de Nuestra Señora Inmaculada Concepción contempla una clara sucesión estilística que va desde un Gótico final a un Barroco exuberante del siglo XVIII. Por ser Lopera de la Encomienda de la Orden de Calatrava, su Iglesia presenta un magnífico ejemplo del Gótico que los calatravos fueron extendiendo en sus territorios.
De su construcción no se conoce una fecha precisa, aunque algunos historiadores lo sitúan en el primer cuarto del Siglo XIV, finalizándose la misma en el Siglo XVI. También hemos podido conocer que el nombre primitivo del templo parroquial era el de Santa María sustituyéndose, éste en el Siglo XVIII por el de Nuestra Señora Purísima Concepción que es el que actualmente tiene. La Iglesia parroquial de Lopera está orientada hacia el oriente.
La portada principal, llamada Triunfanta, está flanqueada por dos contrafuertes. En el centro destaca un elevado conopio en el que se cruza y desciende un encintado y hacecillos de columnas y pináculos, posee un arco tribulado con unos calados doseles (en los que aparecen imágenes de ángeles y de niños) con tres imágenes: San Juan, La Virgen y San Pedro y arquitos ojivales. Situado justo encima hay un óculo abocinado. Posee una torre ochavada chapitel de aguja con una altura de 15m. La torre se compone en altura. su base es cuadrada sobre la que se eleva un cuerpo octogonal y un tercero circular con cuatro vanos con arco de medio punto para campanas que acaba con una cornisa sobre la que corren una baranda de hierro, se remata con un apuntado chapitel de aguja , poligonal, con teja vidriada.
La Portada Sur o Infanta, el vano lo forma un arco carpanel que contiene rosca decorada con roseta, comprendido por otro arco trilobulado que acaba en conopial y se remata con pináculos de cardinas, a los lados se distribuye haces de pilarillos con pináculos. Por la que entraban los hombres. Por último, la portada Norte o Veneranta está coronada con un gran arrabal, cuya molduras verticales se apoyan en pequeñas ménsulas con un arco rebajado con doseles en la parte final.
La planta basilical se divide en tres espaciosas naves. La nave central resalta en altura y anchura en relación con las laterales y con ábside plano la central. Las naves están separadas por pilares cilíndricos exentos, que a su vez soportan las bóvedas de la cubierta en las que podemos apreciar que son ojivales de múltiples nervios, de rombo, de flores y estrellas en la parte central, y de estrellas en las laterales. Entre la puerta Infanta y la puerta Triunfanta podemos apreciar que la nervadura de la bóveda es diferente al resto, debido a una bomba que cayó.
En el templo parroquial podemos observar que hay dos columnas ligeramente inclinadas debido a un terremoto. Las columnas representan los obispos, los cuales por su rectitud de vida elevan hacia las alturas la fábrica de la Iglesia.
En el muro a los pies de la nave central se observa un óculo y dos ventanales abocinados con arcos de medio punto que sostienen unas pequeñas columnas con capiteles, por donde entra la luz en el templo. Tanto en el óculo como en los ventanales están cubiertos por vitrales en los que aparecen la Purísima Concepción en el óculo y en los otros dos Santiago Apóstol y San Roque. Estos y tres como el que hay en el baptisterio salieron del taller de D. Francisco García Lucha en el año 1994.
Fue a finales del Siglo XIX cuando el loperano Antonio Pastor Pérez, devoto y Cofrade de la Virgen de la Cabeza, adquirió en un establecimiento de Sevilla una imagen de la Reina de Sierra Morena para regalársela a su mujer, Margarita Lara Pérez. Para su conservación, la familia Pastor pronto se apresuró a levantar en una de las habitaciones de su casa, sita en la popular calle del Pilar, un pequeño altar y una hornacina donde instalaron la imagen. No tardó en correrse la voz entre el vecindario de la llegada de la Virgen y muchos se apresuraron a visitarla y llevarle flores.
Hubo una imagen anterior a ésta, que tenía las siguientes características: imagen en madera policromada de 70 centímetros de altura y 15 centímetros de resplandor de plata hoy enmarcado en un cuadro del Museo de la Sacristía de la Parroquia de Lopera. La cabeza y las manos de la imagen son también de madera policromada y está vestida sobre candelero forrado de tela. El candelero estaba encajado sobre una montaña realizada con estuco. A la izquierda de la Virgen está colocado un pastor arrodillado con un perro y tres ovejas que no pertenecen al conjunto. La imagen, a su vez, porta sobre su brazo izquierdo un niño de pasta, de cuerpo entero, vestido y coronado.
En plena Guerra Civil la imagen fue cedida a la Parroquia para hacer una misa de campaña, pues era la única imagen que se había salvado de la quema durante el conflicto. Finalizada la Contienda Civil Española la imagen se quedó para siempre en la parroquia y, desde entonces, la Cofradía de la Virgen de la Cabeza de Lopera no ha cesado hasta lograr que la misma cuente con una Capilla en los pies del Templo. A partir de ahí podemos encontrar toda una inmensa labor para su cuidado y mantenimiento hasta nuestros días, cuyo último paso dado por los cofrades ha sido la restauración de la imagen que estaba muy deteriorada y recientemente coronada por la familia Peces.







La Capilla Bautismal fue construida en 1742, es de ladrillo visto y se cubre con una cúpula. Consta de un cuerpo formado por dos puertas y un friso con la inscripción “costeado por Antonio Morales en 1866”. Se corona con un tímpano que cubre el medio punto, las puertas se decoran con forma de ese, palmitos y cruces. La Pila Bautismal de mármol negro de Cabra está enclavada en la Capilla Bautismal, posee un fuste abalaustrado de sección cuadrada, el cuál sostiene el cuerpo de la pila, éste tiene forma de copa, exterior gallonado y con reborde en la embocadura. En esta capilla se bautizaron personajes ilustres como Bernabé Cobo y Fray Francisco de la Cruz García Chiquero. Se encuentra ubicada entre la puerta norte y la principal, sirve para recordar al creyente que el bautismo es la puerta por la que se accede al cristianismo.

La Capilla del Cristo de la Vera-Cruz la componen un cuerpo interior y una puerta que abre en articulaciones, más un friso donde aparece “costeado por Diego García e Isabel Gómez”. Un ático cubre el arco apuntado de la capilla. Su fecha de construcción es de 1857. Posee decoración en las puertas con formas de ese y pétalos radiales. Tiene las imágenes de Nuestra Señora del Calvario, Verónica, San Juan y la Virgen de la Soledad. Los bancos que se encuentran en el interior de la capilla son los bancos del Cabildo. Actualmente se ubica el coro.

El Púlpito de la Purísima está compuesto por un balaustre sobre el que se eleva una tribuna, posee cenefas de crustáceos y una balaustrada, se remata el mismo con un tornavoz de estilo Barroco con forma hexagonal de madera dorada con una paloma policromada en el centro. Estilo Renacentista la balaustrada. El púlpito, llamado Cátedra del Espíritu Santo tuvo su uso hasta hace poco tiempo, desde el mismo se predicaba la Palabra de Dios al pueblo fiel, se rezaba el santo Rosario, triduos…

El Retablo Virgen del Carmen presenta un retablo simétrico de un solo cuerpo con una sola calle y un ático de estilo neoclásico. En el cuerpo central hay una hornacina donde se ubica la Virgen del Carmen, rematada por dos columnas dóricas estriadas. El arco de medio punto está rematado en su parte más alta con un cordón y dos rosetones. Se corona con frontón partido con pináculos y el ático contiene pintura al óleo del Ángel de la Guarda. En el centro y bajo la hornacina central de la Virgen un icono con la representación del Santo Rostro. Bajo la mesa altar hay un escudo de la Orden Carmelita, enmarcada toda la pieza por una moldura floral y rematada con dos guirnaldas y dos volutas. Restaurado por Inocencio Cuesta en 1930. Antes la Virgen del Carmen procesionaba por las calles de Lopera.

El Retablo Sagrado Corazón de Jesús, de estilo neoclásico del siglo XVIII, posee un cuerpo con arco de medio punto, que aparece flanqueado por columnas toscanas, las cuales sostiene un entablamento. Está compuesto por una mesa altar en la que resalta un medallón en oro, en su centro y dentro del medallón la iniciales del Ave María y una luna de cuarto creciente. Sobre Altar se encuentra un Sagrario de plata de estilo Barroco. El camarín donde se encuentra el Sagrado Corazón, obra del escultor granadino Sánchez Parejo se corona con frontón partido entre pináculo, en el que aparece un cuadro de San Martín de Tours, copia del Greco. La imagen del Sagrado Corazón fue donada por Rosario, mujer de Bartolomé Valenzuela. Este retablo fue restaurado por Inocencio Cuesta en 1930 y vuelto a restaurar en 1994.

El Retablo San Antonio, del siglo XVIII y estilo Proto-Rococó (capilla de Hernán Martínez de Bujalance), posee un cuerpo que se dispone sobre banco y tres calles que contienen hornacinas. Está pintado en un tono oscuro, combinando el rojo con el negro, resaltando una decoración floral en relieve dorado. En la del centro aparece San Antonio con las manos extendidas sosteniendo en la derecha un libro y el niño Jesús. La talla es del siglo XVII. En el ático, nos encontramos con el cuadro de la Virgen del Carmen con el niño en brazos. El fondo es en tonos ocres, en cuyos bordes aparecen nubes con cabezas de ángeles. En la parte inferior, aparecen seis personajes envueltos en llamas, representación del infierno. Podemos apreciar más claridad en las figuras centrales y oscurecimiento en el resto. Este cuadro es atribuido a José Resueño. San Antonio fue una de las imágenes que se salvó de la quema durante la guerra Civil.

Retablo de la Capilla Mayor. Al presbiterio, situado en el ábside, se accede por una escalinata (en la simbología medieval representa las virtudes mediante las cuales llegamos a Cristo). A la izquierda en el muro nos encontramos con el sepulcro de Dª Marina Fernández de Torres (fallecida en 1547), madre del comendador D. Juan Pacheco de Torres. Su estilo es renacentista, se trata de un retablo-hornacina compuesto de un arco-solio, con figura yacente en el centro y en el testero una imagen de San Juan Bautista en alto relieve con el cordero místico, a los lados ángeles, cartelas, escudos nobiliarios de la casa de los pachecos y adornos renacentistas. En la parte superior podemos observar dos imágenes que representan la Templanza con el vino y el agua y la Prudencia con la serpiente. La obra la ejecutó Juan de Reolid, discípulo de Andrés de Vandelvira, según las investigaciones realizadas por Soledad Lázaro. También en el presbiterio se encuentra el retablo de estilo neoclásico. Anteriormente a éste hubo un retablo de dimensiones más pequeñas que era una pintura sobre tabla. El actual está compuesto por un solo cuerpo con tres calles y rematado con un tímpano en el ático. En la calle central podemos apreciar una hornacina con un arco de medio punto limitado por dos columnas con capiteles corintios y en el centro del arco las cabezas de dos angelitos, en la misma están ubicadas la imagen de la Inmaculada Concepción, patrona de Lopera desde 1623. En las calles laterales, flanqueadas a ambos lados por columnas con capiteles corintios, a la derecha la imagen de San Pedro y a la izquierda San Juan Bautista. En el ático un tímpano triangular en el que aparece un lienzo con Nuestra Señora de Belén siglo XVI. Bajo la mesa del altar se encuentra un medallón circular con la cruz de la Orden de Calatrava en rojo y fondo de plata. Este retablo es obra de Juan de Mata Martínez de 1796. También es autor de la casa de comedias de Andújar.

La Sacristía-Museo. En el lateral izquierdo de la iglesia nos encontramos con la sacristía que pertenece a la etapa Neobarroca. Podemos encontrar en ella un Aguamanil del siglo XVIII, compuesto por una pila rectangular de mármol rojo y un depósito de mármol negro, y una mesa de mármol rosa de Cabra en la que se aprecia restos de animales pequeños fosilizados (caracoles, crustáceos) de forma octagonal.





El castillo de Lopera se ubica sobre un antiguo recinto amurallado islámico, y dispuesto para el control del valle del Guadalquivir y de la rica zona agrícola de la campiña baja. El castillo es de construcción cristiana de la segunda mitad del siglo XIII, aunque se practicaron importantes reformas a lo largo del siglo XV.
En Lopera hubo asentamientos romanos y visigodos, hasta que fue conquistada por los árabes a principios del siglo VIII, aunque se mantuvieron los asentamientos de población anteriores.
En época del Emirato, se creó una fortificación sobre el antiguo oppidum del cerro de San Cristóbal, para refugio de los campesinos en caso de peligro, sin embargo durante los siglos IX y X, la población se trasladó al actual solar municipal, próximo al río Salado, donde se formó una pequeña alquería árabe que, en los siglos XI y XII, se fortificó para defenderse de los ataques castellanos.
Una vez conquistada por los cristianos, en 1242 fue cedida por el rey Fernando III a la jurisdicción de la Orden de Calatrava, la cual construyó el castillo que ha llegado hasta nosotros. La Orden constituyó la Encomienda de Lopera, que aseguraba a la marca calatrava de Martos una salida hacia el Guadalquivir.
En el siglo XV, el castillo se vio involucrado en las luchas civiles entre el rey Enrique IV y la nobleza. El 14 de octubre de 1466, las tropas del concejo de Andújar, mandadas por el alcaide don Pedro de Escavias y partidarias del rey Enrique IV y de sus representantes en Jaén, el condestable don Miguel Lucas de Iranzo y don Beltrán de la Cueva, atacaron y saquearon Lopera, según detalla la Crónica del Condestable, como represalia por su fidelidad al bando rebelde que capitaneaban, don Pedro Pacheco, marqués de Villena y don Pedro Girón, marqués de Calatrava.
En 1856, el castillo fue adquirido por Alonso Valenzuela, alcalde de Lopera y diputado a Cortes. Desde principios del siglo XXI, su propiedad es pública, si bien anteriormente fue bodega y fábrica de vino.


El castillo, de grandes proporciones y fabricado con mampostería en hiladas y el mortero de cal, tiene una base pentagonal irregular, defendida por cinco torres en sus esquinas, cilíndricas unas, prismáticas otras, y singulares balcones amatacanados para garantizar la mejor protección de las puertas y de alguno de los torreones.
El espacio interior se organiza en torno a un patio de armas que incluye la peculiaridad de contar con dos magníficas torres de Homenaje, unidas entre sí por dos lienzos de muralla. Son de planta rectangular, esquinas achaflanadas y matacanes de ladrillo.
La torre de Santa María tiene su entrada por arco apuntado, al nivel del patio de armas y un remate en el parapeto almenado. Está estructurada en dos cuerpos y contiene una preciosa capilla cubierta con bóveda esquifada. En la parte central de cada uno de los lados destaca un balcón amatacanado, mientras que en merlones alternos hay saeteras que llegan hasta el parapeto.
La torre de San Miguel dispone de su entrada en el primer piso, y aunque parece contemporánea de su compañera no se aprecia el remate almenado porque está desmochada. Se utilizaba para controlar el acceso al alcázar.
En la subida a las torres destaca el modelo de escalera de caracol, de piedra, un elemento funcional que permite aprovechar al máximo el espacio, sin concesiones al ornato, en consonancia con la austeridad y funcionalidad de los muros.
En el lado menor del pentágono murado se encuentra la puerta principal, protegida por dos torreones cilíndricos. La puerta la forma un arco de medio punto con dovelas, pilastras y fustes reutilizados de viejas columnas romanas y está ligeramente elevada sobre el entorno con una ligera cuesta empedrada que añade cierta monumentalidad a esta fachada del castillo, por lo demás sencilla y bien proporcionada. En la parte opuesta, había otra puerta que conducía a un pasadizo con bóveda de medio cañón y arco trilobulado gótico.
De la muralla que señalaba el perímetro del conjunto apenas se conserva un torreón muy restaurado. En sus muros se encuentran estilizados vanos con grandes sillares irregularmente dispuestos a soga y tizón y cubiertos con arcos de medio punto compuestos también de grandes sillares, a veces, remendados con ladrillo.
En el interior de la torre de Santa María, en 1535, se construyó una capilla-oratorio en estilo gótico. Un friso en yesería nos recuerda la fecha y el nombre del comendador que la patrocinó, don Pedro Pacheco. Destacan en ella los haces de columnillas rematados por capitel gótico, el arco apuntado y la bóveda esquifada.
La disposición interior del recinto ha sufrido muchas alteraciones en diversas épocas y una voladura accidental, durante la guerra de 1936-1939.





Desde el adarve de la muralla del castillo el viajero puede contemplar ademas de unas magnificas vistas de la poblacion y su entorno, de uno de los parques o paseos emblematicos de la localidad como es el Paseo Colon. Se trata de un gran paseo arbolado junto al Castillo de Lopera muy animado donde se desarrolla la vida social de Lopera. En el eje central tiene dos fuentes y un templete sin techar con imagenes significativas de Lopera. 




Al lado del recinto del castillo podemos visitar la Casa de la Tercia. El Pósito de la villa de Lopera, que en la actualidad se denomina “Casa de la Tercia”, fue fundación testamentaria de un particular, Don Gómez Manrique, cuyos albaceas fueron el Comendador de Almuradiel y el de Puertollano. D. Gómez Manrique, Comendador de Lopera, era caballero del renacimiento que no olvidó en su testamento a las clases populares desfavorecidas, donando a la “villa y vecinos della doscientas y doze fanegas de trigo para un pósito que en ella permaneciese para remedio de a pobre gente”. El edificio no tiene elementos decorativos salvo sendas cruces de piedra en lo más alto del caballete de la cubierta, y que miran, la una al castillo y la otra a la Plaza del Triunfo. Ha sido bodega de los vinos loperanos durante decenios.
El pósito es una construcción de ladrillo en sus gruesos interiores y de grueso tapial en sus paredes externas, con piedras de cantería que refuerzan las esquinas o ángulos del edificio. Se debió construir en la segunda mitad del siglo XVI y, tiene adosadas, en un lateral de su planta casas particulares de más inmediata construcción. Se comunica subterráneamente con el castillo mediante un pasadizo excavado en los años 60 por el maestro de obras Antonio Cantero.
De traza rectangular, el pósito se compone de dos plantas, la primera por debajo del nivel de la calle del Castillo, a la que se accedía por la calle contraria. Posee esta, tres naves cubiertas con bóvedas de cañón y doce arcos de medio punto rebajado, de ladrillo sobre pilastras de piedra. En su parte alta, es de traza similar, solo varía en las alturas y proporciones de sus arcos. Se cubre con bóveda plana y a dos aguas, cosa que podemos apreciar desde el exterior del edificio. En esta planta, los radios de los arcos son mayores y, por tanto, es menor su número ya que cuenta con seis unidades arcadas.
La presencia de Miguel de Cervantes en Lopera está constatada en varios documentos de la época cuando éste era comisario para la recaudación de grano para las galeras. Así se sabe que al menos entre el 22 y el 25 de Febrero de 1592, Cervantes estuvo en Lopera, donde recaudó para la Armada Invencible la cantidad de 200 fanegas de trigo y 60 fanegas de cebada. Incluso llegó a pernoctar en la Posada de la Cruz, situada en la calle Real.
Como hemos mencionado anteriormente, la planta baja de la tercia fue usada como bodega, aquí se situaban las criaderas del vino, ya que este lugar era ideal debido a su temperatura. A la entrada de la planta baja, justo a la derecha, se encontraba la “Sacristía” lugar donde se encontraban las mejores soleras de la bodega. Algunos de los barriles que allí había presentaban inscripciones de sus más ilustres visitantes.
En la actualidad, la parte alta se dedica a diversos actos culturales, siendo sede del Museo de Pedro Monje, escultor y pintor oriundo de Lopera nacido en lopera en 1945 que a los 19 años que emigró a Barcelona para tomar clases de pintura y escultura por parte de Luis Muntaner. Moje vivió hasta morir en Valladolid y es autor de la fuente de “Los Colosos” que desde el año 1996 se ubica en la plaza de la Rinconada de la Capital Vallisoletana. En Lopera encontramos la obra de “El Cavador” de hierro pintado y localizado en el Parque de la Verja o la de “los emigrantes” que podemos ver en la explanada de la Ermita del Santo Cristo.




En la Plaza del Triunfo junto a la entrada de la Tercia podemos contemplar un monumento a la Inmaculada Concepcion, conocida popularmente como “Virgen del Triunfo” por encontrarse radicada en la antigua Plaza del mismo nombre, realizada en piedra que se sustenta sobre una columna. De autor desconocido, se trata de una escultura de piedra caliza, de estilo renacentista, la cual podría encuadrarse dentro de los siglos XVI-XVII. Iconográficamente representa a una Inmaculada Concepción, de mediano tamaño, con ropajes sueltos y mirada frontal. Las manos las lleva de manera tradicional en esta iconografía, juntas a la altura del pecho. Sobre el brazo izquierdo sostiene parte del ropaje, con pliegues que vuelven sobre el brazo. Es de bulto redondo, tallada en todas las caras, con bastante movimiento y dulzura.

Desde aqui descendemos por la calle Hospitalico hasta llegar al Parque del Pradillo donde vamos a contemplar el Monumento a los Brigadistas Internacionales que fue erigido en el año 2000 en honor al escritor Ralph Winston Fox, comisario político del 121 batallón de la XIV Brigada y al poeta Rupert John Cornford, biznieto de Darwin; ambos fallecidos en la Batalla de Lopera.y el Pilar Viejo un abrevadero de grandes dimensiones que está decorado con un frontón con mural de azulejos en el que se ven los animales bebiendo en él.





Los ultimos lugares de interes que vamos a visitar en Lopera los encontramos a las afueras del casco historico y de la localidad como son sus Casas-Cueva y el paraje de las Trincheras de la Guerra Civil española.
Las cuevas que hay a la entrada de Lopera frente a la antigua Fábrica Cabrera datan del año 1826 cuando la escasez de viviendas y los altos alquileres propiciaron que las familias más desfavorecidas de Lopera la excavaran. En ellas vivieron y se criaron muchos loperanos y se utilizaron como refugios durante la Guerra Civil. En los años 50 del pasado siglo cuando Franco pasó por Lopera mandó derribarlas y hacer unas casas dignas para sus inquilinos (Barrio Arche). De las primitivas cuevas sólo queda el segundo cuerpo de las mismas ya que el primero se derribó.



Para visitar nuestro ultimo sitio de interes nos tenemos que desplazar unos kilometros por la carretera JV-2930 que une Lopera con la vecina localidad cordobesa de Bujalance, para visitar los vestigios de una de las batallas mas cruentas de la Guerra Civil Española. 
A lo largo y ancho del término municipal de Lopera se pueden encontrar hoy en día numerosas huellas de la Guerra Civil Española, puesto que en los alrededores de la localidad se situó la línea divisoria entre ambos bandos nacional y republicano, conocido popularmente como frente de Andújar. Existen en la actualidad dos importantes nidos de ametralladoras junto al Puente del Arroyo Salado, conocidas popularmente como «trincheras», que están compuestas por bloques de hormigón armado, aunque también se aprecia en su estructura hierros entrecruzados y pequeños trozos de piedra.
El primer nido de ametralladoras está situado sobre un terreno totalmente llano y muy próximo a la carretera descrita anteriormente. Su estructura adquiere la forma de S, tiene una altura de 2 metros, más de veinte orificios para la instalación de las distintas ametralladoras, pequeños huecos en la parte superior para la colocación de los fusiles y armas automáticas, y zonas interiores para la reserva del armamento y munición. Sus dos extremos acaban en forma de semicírculo y uno de ellos está semidestruido como consecuencia del impacto ocasionado por un proyectil de guerra. Las paredes laterales de una de sus ventanas exteriores están estructuradas en numerosos peldaños de 5 centímetros de ancho cada uno, para rechazar mucho mejor el impacto de las balas e impedir que penetraran en el interior de la misma. En su suelo o superficie se detecta la existencia de tres pequeños agujeros o perforaciones terrestres, que eran utilizadas por los nacionales para construir galerías subterráneas donde poder descansar parte de su ejército y refugiarse de los ataques del enemigo.
El otro nido de ametralladoras se haya situado a unos cien metros de distancia del anterior (más alejado de la carretera) y fue construido sobre una pendiente elevada. Por lo tanto, su superficie consta de dos pequeñas escaleras, con tres y dos peldaños respectivamente, provista a su vez de descansos. Su estructura adquiere la forma de L y acaba igualmente en semicírculo. Por lo demás, también tiene orificios para la ubicación de ametralladoras, huecos superiores para los fusiles y espacios interiores para la conservación de la munición. Ambas estructuras se construyeron en ese lugar en concreto por el ejército nacional con el objetivo de controlar todo el paso de vehículos y personas por el puente del Arroyo Salado.




La batalla de Lopera constituyó el escenario de uno de los enfrentamientos más importantes en el llamado Frente de Andalucía durante la guerra civil española. La batalla de Lopera se desarrolló en la localidad de dicho nombre entre los días 27 y 29 de diciembre de 1936. Murieron varios centenares de brigadistas internacionales que pertenecían a la XIV Brigada Internacional, entre los que se encontraban los poetas ingleses Ralph Fox y John Cornford.
Por parte republicana se encontraba la XIV Brigada Internacional, de reciente formación, y compuesta por ingleses y franceses que estaban repartidos en 3 compañías. La brigada fue trasladada por ferrocarril al frente de Andújar el 24 de diciembre.​
Frente a las brigadas internacionales estaba la Columna del comandante Redondo, compuesta fundamentalmente por la brigada de choque del requeté andaluz, formada a su vez por los tercios de la Virgen de los Reyes de Sevilla liderado por el capitán Barrau, Virgen del Rocío de Huelva, Virgen de la Merced de Jerez, Isabel la Católica de Granada, Angustias y San Rafael de Córdoba (representantes de las distintas provincias andaluzas), así como fuerzas del Batallón de Cádiz y de la Caballería de Sevilla. Como nota curiosa, los tamboriles y gaitas del Tercio Virgen del Rocío de Huelva acompañaban el avance de las tropas, como si se trataran de las cornamusas de los Royal Highlanders escoceses.
En el momento en que la batalla en torno a Madrid concluía, se planteó en el Estado Mayor Central republicano la opción de lanzar una ofensiva en el Frente de Córdoba. En este sector acababa de organizarse un nuevo Ejército del Sur a las órdenes del general Martínez Monge y formado por columnas que estaban en proceso de transformarse en Brigadas Mixtas. A la vez que se discutían las posibles opciones, coincidió con que los sublevados también lanzaban una ofensiva menor en este sector, la luego denominada Campaña de la Aceituna.​ Los mandos republicanos acordaron seguir con sus planes y lanzar una ofensiva propia para hacer frente al ataque de los sublevados.​
La víspera de Navidad las tropas sublevadas habían conquistado la población de Lopera, también la fecha en que los internacionales fueron enviados por tren al frente del sur desde sus bases en Albacete. El 27 de diciembre los ingleses de la Compañía n.º 1 atacaron Lopera con un escueto apoyo de la artillería y aviación republicanas. El ataque fracasó estrepitosamente debido a las defensas de los sublevados en la población y los internacionales sufrieron abundantes bajas, muriendo el joven poeta Ralph Fox, comisario de la Compañía, así como el voluntario Tommy Wood que murió a los 17 años.​ Al día siguiente se hizo una nueva tentativa que volvió a fallar por la enconada resistencia de los sublevados, y en la que murió otro prometedor poeta inglés, esta vez John Cornford. Sin embargo, en esta ocasión también cayó Pepe "El Algabeño", un torero sevillano que se había metido a falangista y que, ahora como ayudante de Queipo de Llano, mandaba una de las columnas durante la campaña de la Aceituna. El 29 de diciembre se suspendió el ataque republicano ante la cantidad de bajas sufridas, pero los sublevados se vieron asimismo en serias dificultades para continuar con su avance y suspendieron su propia ofensiva.
Tras el fracaso de la acción en Lopera, el Inspector general de las brigadas, André Marty, se presentó en el cuartel general del General Walter para depurar responsabilidades. El comandante del Batallón "La Marseillaise", Gaston Delasalle, fue acusado de traición y espionaje, y fusilado.​ A pesar de la estrepitosa derrota en Lopera, el avance franquista hacia Andújar y Jaén capital fue detenido, manteniéndose definida la Línea del frente bélico hasta el final de la guerra. Esta fue la última vez que las brigadas internacionales actuaron en el Frente andaluz.



GASTRONOMIA:

Sería imposible hablar de la gastronomía de Lopera sin hacer una mención primera a sus vinos. Caldos dorados salidos de recordadas viñas tendidas al sol en unos campos en los que se fueron cambiando las vides de antaño por olivos nuevos. Ciertamente Lopera ya no tiene viñas, pero sí legendarios lagares en pie donde se sigue elaborando sobre la base de una uva "Pedro Ximénez" que se trae de la cercana Arjona, un vino tipo fino de paladar amontillado, producción única en la provincia de Jaén.
Y si no pueden silenciarse sus vinos, no lo habrá de ser la fama que en tiempos pretéritos le dieron los melones salidos de sus tierras claras de sol y arcilla. Manjar de verano, dulce y refrescante, que llegó a tomarse en ensalada, y cuyos últimos ejemplares del estío se guardaban colgados de los techos en una malla hecha con cuatro cuerdas para acompañar las migas del invierno. Pero no menos interesante es la manifestación culinaria que en Lopera se hace con los platos elaborados con lo que nos da el terruño de su campiña: gazpachos entroncados con el salmorejo cordobés, y pipirranas jaeneras donde brilla el aceite de sus olivos, el cual también resplandece en las entrañas del "cachurro", que así llaman aquí al tradicional pan con aceite acompañado de cualquier engañifa pitancera.
De la cocina morisca se conserva el potaje de "habas con berenjenas", plato que en otros lugares llaman "almoronía" y que en esta comarca se denomina "guitarra". Estas tradicionales habas con berenjenas siempre han ido unidas a algún voto popular de abstenerse de comer carne en acción de gracias perpetua por verse librada la población y los campos de alguna epidemia o plaga. De la misma cocina morisca se conservan los exquisitos "almendrados", que dan réplica culinaria a viandas con nombres tan sugerentes como los "besillos", o a los no menos apreciados "roscos de agua". Otros platos tipicos de la cocina loperana son: Trigo pelao, Potaje de garbanzos con panecillos, Truchas a la molinera, Maimones, Perdiz en doradillo o Cordiales.


FIESTAS:

Las principales y más señaladas fiestas y tradiciones anuales de Lopera cronológicamente son:

Las Candelarias. Esta fiesta, originalmente de carácter religioso, se viene desarrollando en Lopera desde el siglo XVII. En la actualidad consiste en celebrar en la noche de primero de febrero una fiesta en torno a las típicas candelas de ramón de los olivos que cada grupo de vecinos organiza en su barrio. En torno a la lumbre se reúnen niños y mayores jugando, bailando y cantando canciones heredadas de nuestros antepasados. Uno de los juegos más antiguos consiste en pasarse en corro un botijo de agua vacío. La candela también es un buen pretexto para asar productos de la última matanza, tales como chorizos, morcillas, panceta..., y, ¿cómo no?, unos buenos tragos de la bota de vino de Lopera. En algunas ocasiones los más atrevidos saltan por encima de la lumbre.

Carnaval. Es una fiesta arraigada en Lopera, con tradiciones como pasacalles, actuaciones de chirigotas, piñatas o el entierro de la sardina. En torno a él se sigue manteniendo viva la tradición de los cascarones, cuya preparación es bien sencilla. Tras extraer la yema y la clara del huevo por un pequeño orificio, se deja secar el cascarón, rellenándolo más tarde de "picaíllos" (similar al confeti). Por último se tapa el orificio con papel utilizando como adhesivo una composición de agua y harina denominada "gachuela". Los cascarones se utilizan para cortejar a los mozos y mozas en edad de merecer, reventado el cascarón en la cabeza, la cual queda rociada de picaíllos de múltiples colores.
Semana Santa. Año tras año está cobrando mayor fuerza y vigor la Semana Santa Loperana, la cual ha pasado a procesionar durante toda la semana de pasión (cuando en un principio sólo se hacía jueves y viernes santo). Destacan las cofradías de Nuestra Señora de la Soledad, Nuestra Señora de los Dolores, San Juan Evangelista el Cristo de la Veracruz o Nuestro Padre Jesús Nazareno. Era costumbre hasta hace bien poco en Lopera durante estas fiestas los típicos dulces de Semana Santa. Era una estampa muy costumbrista el ir y venir por las calles del pueblo de grupos de mujeres con grandes canastas repletas de roscos de agua y de vino, almendrados, magdalenas u hornazos elaborados en los hornos de las diferentes panaderías de la localidad.

Virgen de la Cabeza. La celebración de la Virgen de la Cabeza se lleva a cabo en Lopera durante el penúltimo domingo de abril, durante el cual la imagen procesiona por las calles de la localidad junto a la cofradía, hermanos mayores y romeros. Tras finalizar todos los fieles cofrades se reúnen para tomar unos aperitivos, ya pensando en el fin de semana siguiente, durante el cual se desplazarán al Cerro del Cabezo (Andújar) para participar en la Romería de la Virgen de la Cabeza. Esta se desarrolla en plena Sierra Morena y constituye una impresionante manifestación de fervor mariano, adornada con el colorido de los estandartes y banderas de cada una de las Cofradías que vienen de toda España. La eclosión floral de la primavera sirve de marco al ir y venir por los caminos de la sierra. Los romeros a pie, caballo, en mulos o en carretas, manifiestan una expansión festiva, pero de honda y sincera devoción, haciendo de la convivencia su mejor forma de oración. La recepción en Andújar de las Cofradías filiales en la tarde del viernes anterior al último domingo de abril, da comienzo a la Romería. Al llegar al Santuario las Cofradías se suceden en su presentación ante la Imagen. Durante toda la noche en el camarín se susurra una entrañable intimidad con la Santísima Virgen. En el templo es masiva la participación en las misas y rosarios que se celebran. El domingo es el día grande, la culminación de la fiesta. El volteo de las campanas del templo anuncian, cerca del mediodía, el momento más solemne y culminante de la romería, la procesión de la Santísima Virgen de la Cabeza. A lo largo de la calzada han formado previamente todas Cofradías, multitud de devotos se agolpan a las andas con la Imagen que comienza a recorrer las calzadas del cerro. Dos religiosos situados a ambos lados de la Virgen acercan al manto de la Reina, los niños, prendas y objetos que les entregan los romeros para ser bendecidos. Cuando la Imagen vuelve a su camarín, tras cuatro horas de recorrido, comienza un nuevo año para los peregrinos que vuelven a sus lugares de origen, algunos ese mismo día y otros al día siguiente, llevando consigo romero y estadales para repartir entre los amigos y familiares.

Romería de San Isidro. La romería de San Isidro tiene en Lopera un carácter similar al de los pueblos de los alrededores. Bestias y carruajes de labranza vienen acompañando a la imagen del santo, que procesiona por las calles de nuestro pueblo desde mediados del siglo pasado. Desde 1993 Lopera cuenta con una ermita erigida en honor del santo en el paraje del Pilar Nuevo. Ahora también se ha ampliado el entorno y construido una casa de cofradías para que la festividad pueda resultar lo más completa posible. Al haber sido convertida por el Ayuntamiento en fiesta local, la celebración se ha ampliado y ha tomado el cariz de una auténtica romería. La noche del día 14 de mayo la ermita y su entorno son un hervidero de loperanos y de gente de otros pueblos limítrofes que disfrutan de las muchas casetas que se disponen en todo el recinto. Pero sobretodo son los chiringuitos que montan las familias y los grupos de amigos los que más abundan. El éxito de esta noche queda garantizado con diferentes actuaciones musicales que tienen lugar al lado de la ermita. El día 15 tiene lugar la procesión por las calles del pueblo, pero ahora es por la mañana y no por la tarde como fuera antaño. Tras la misma, toda la comitiva se baja celebrarlo a la ermita y continúa así la fiesta iniciada la noche anterior. En este año 2009 la romería pasará a celebrarse por primera vez en fin de semana.

Los Mayos. Son una especie de baldaquino o armazón de madera que se sustenta sobre unas andas y va recubierto con papel de seda de colorines, cintas y margaritones del campo, rosas, claveles y decorado con roscos de viento. En el centro del armazón van dos o más pisos y en los mismos llevan sendas tortas de bizcocho. El mayo se suele echar a alguien en un aniversario, onomástica o cumpleaños, ya sea niño o mayor. El mayo es portado en andas hasta la casa del homenajeado y en el trascurso del mismo se cantan canciones. Finalizada la procesión se procede a la degustación de los roscos, tortas bizcocho y demás golosinas entre los asistentes. Esta tradición fue recuperada por CEIP Miguel de Cervantes, aunque en la actualidad también se llevan a cabo en el centro de adultos y el hogar del pensionista.
El Corpus. Con la celebración de la procesión de Corpus Christi, Lopera ve adornadas sus calles con macetas, pequeños altares y banderas, se respira una mezcla de olores entre flores y juncia que decoran el suelo. En la procesión participan los niños que durante ese año han recibido la primera comunión, estos mismos al terminar la procesión, como algo típico, recogen la juncia del suelo y realizan pequeños látigos o zurriagos.

Certamen de Tunas Villa de Lopera. Uno de los acontecimientos más esperados por el pueblo de Lopera es su Certamen de Tunas que protagonizan jóvenes y no tan jóvenes venidos de todos los rincones del mundo (España, Portugal, Francia, Chile, México, Ecuador...) durante el último fin de semana de julio. Este certamen cuenta ya en su haber con ocho ediciones y es de reconocido prestigio para todo seguidor de esta bella tradición. En esos días reina la alegría, el buen humor y las canciones de ronda que sabiamente se han guardado y transmitido de generación en generación. Las calles del pueblo se inundan del colorido de los atuendos y de las voces roncas de los tunos que se empeñan en mantener viva aquella tradición que allá por la Edad Media inaugurara un grupo de trovadores, que buscando amores y manjares cantaban bajo el balcón de una hermosa dama. Banderas, bandurrias, laúdes, guitarras, maracas, panderetas y música son los únicos ingredientes que, combinados adecuadamente con el silencio de la noche y aliados al clima festivo que estos días se respira en Lopera, producen este sueño fascinante que hace deleitar a protagonistas y oyentes. Cientos de melodías se oyen una y otra vez y se mezclan todas en una noche enloquecida de cantos y ebria de música, hasta que las gargantas caen extenuadas presas del son.

San Roque. Desde 1625 existen noticias documentadas sobre la existencia de la Cofradía de San Roque. En 1644 es nombrado Patrón de la villa de Lopera. Su festividad se celebraba mediante misa y procesión el día 16 de agosto. San Roque ha sido -hay que decirlo por justicia con la historia- un patrón olvidado por el pueblo durante muchos años, hasta el extremo de que su ermita semiderruida fue almacén de los carros de la Semana Santa durante largo tiempo. Fue hacia el comienzo de los años 90 cuando un grupo de loperanos tomó conciencia de esta deuda con la historia e hizo causa común en torno a la recuperación de la Cofradía, la festividad y la reconstrucción de la ermita. Como todo empeño que surge de la cooperación del pueblo da sus frutos, hoy en día Lopera celebra un Triduo a San Roque los días 13 al 15 de agosto. El día 14 de agosto se celebra junto a la ermita el pregón de las fiestas y, a continuación, una verbena popular amenizada con música. El día grande es el 16 de agosto, que se inicia con una Diana Mayor a cargo de la Banda de Tambores y Cornetas, seguida de un desayuno sanroqueño en casa del hermano mayor. A las 21 horas se celebra en la parroquia la fiesta religiosa en honor al Patrón y a continuación se bendicen cientos de roscas de pan del Santo que se reparte entre todos los devotos. Finalmente, tiene lugar la procesión por las calles del pueblo acompañada por el vecindario, cofrades y autoridades. Lo más curioso de esta procesión es que los más pequeños alumbran a San Roque con farolas hechas con sandías o melones a los que se les ha vaciado la pulpa.

Feria y Fiestas de los Cristos. Datan del año 1628, aunque durante muchos años tuvo variaciones en cuanto al formato y al tiempo en que se celebraron. En 1761 se funda la Soldadesca del Santísimo Cristo del Humilladero y comienza a denominarse Feria y Fiestas en honor de los Cristos de la Veracuz y del Humilladero (los Cristos). Se inicia por estas fechas la costumbre de lidiar toros. Las fiestas en honor de los Cristos se celebran en la actualidad en el penúltimo domingo, lunes y martes siguientes del mes de agosto, aunque oficialmente comienzan el viernes por la noche con la tradicional inauguración de la iluminación del ferial, el pregón de feria y la coronación de la reina y las damas de honor. Entre los actos más tradicionales destacan a nivel religioso la Alborada del Cristo Chico, el disparo de salvas y el revolotear de las banderas en la procesión. Las actividades culturales y deportivas han ido variando con el paso de los años, así las carreras de cintas en bicicleta, las capeas de la Plaza vieja y las carreras de sacos han dado paso a espectáculos contratados. No obstante, se mantienen la carrera de galgos, el tiro al plato y el baile en la caseta municipal ubicada en los jardines del Paseo de Colón.

Día de Jesús. En esta festividad, que se celebra el 14 de septiembre, se saca en procesión a Nuestro Padre Jesús Nazareno. Antiguamente las calles se engalanaban con arcos formados por farolillos de papel, con farolas de sandías e incluso con muñecas y globos llenos de jazmines que se abrían al paso de la imagen. En la actualidad se ha impulsado desde el Ayuntamiento de Lopera esta fiesta y existe un concurso de embellecimiento de las calles. La noche anterior los vecinos se reúnen para realizar múltiples alfombras de colores y de serrín. Otras calles mantienen las tradicionales cadenetas de papel y, en algunos casos, los arcos de palmeras.

Feria Medieval. Durante los últimos años se ha asentado la celebración anual de la Feria Medieval, en la que destacan las representaciones que tienen como telón el Castillo Calatravo dentro del programa de animación de la Ruta de los Castillos y las Batallas. Las actividades que se desarrollan son Cenas Medievales de las Tres Culturas, Mercados Medievales, además de pasacalles medievales, espectáculo de fuego, teatro de títeres, juegos tradicionales, torneos medievales, conciertos de música medieval, danza del vientre... Cabe destacar que los vecinos de la localidad participan activamente a través de asociaciones o cofradías, poniendo a la venta productos elaborados por ellos mismos para sacar algún dinero y sufragar gastos.


PLANO TURISTICO LOPERA:





























































































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