PATONES DE ARRIBA (Comunidad de Madrid)

 



PATONES DE ARRIBA


El municipio de Patones se halla en la Comunidad de Madrid, y está dividido en dos núcleos, Patones de Arriba y Patones de Abajo, siendo este último el asentamiento en la vega del río Jarama a donde se trasladó la gran mayoría del vecindario de la localidad superior tras la guerra civil.
La declaración de Conjunto Histórico afecta al núcleo de Patones de Arriba, cuya antigüedad se remonta a principios del siglo XVIII, toda vez que el asentamiento primitivo se hallaba hasta esa fecha a tres kilómetros del actual, en el lugar denominado Los Pradales. El asentamiento actual del Patones histórico se halla en un lugar escarpado situado a una altitud de 832 metros, al que se accede desde Patones de Abajo por medio de una angosta carretera. Patones de Arriba es uno de los mejores y más representativos ejemplos de la arquitectura de pizarra negra, siendo un ejemplo único en la Comunidad de Madrid, lo cual le ha hecho merecedor de ser declarado en el año 1999 Bien de Interés Cultural en la Categoría de Conjunto Histórico, por su gran valor etnográfico y ambiental.
La agrupación de las edificaciones que constituyen el Conjunto Histórico de Patones de Arriba, de gran valor etnográfico y ambiental, se introduce en el medio geofísico adaptándose a sus accidentes. Su delimitación abarca la totalidad del casco urbano, así como elementos tales como eras y tinados, que completan su imagen, apoyándose para su definición en los bordes de las manzanas catastrales y elementos físicos de carácter fijo.
Dado que el asentamiento forma una unidad indisoluble con el medio geofísico en que se enclava y dada la necesidad de salvaguardar la relación visual entre éste y el Conjunto Histórico, se introduce un entorno de protección, cuyo ámbito se define por los límites de las visuales sobre dicho Conjunto, apoyados asimismo en accidentes fijos del territorio circundante.
Incrustado en lo alto de un barranco, en una brecha de la cordillera, Patones de Arriba ha resistido incólume los embates del tiempo, aislado del resto del mundo e incluso gobernado por su propio “rey”  hasta el siglo XVIII. El resultado es un lugar mágico donde el tiempo se ha detenido, una pequeña aldea que representa como ninguna la “arquitectura negra” de la región, con sus sinuosas calles y casas rurales de pizarra.
El pueblo de Patones llegó a constituirse en la Edad Media en estado autónomo gobernado por “reyes” que gobernaban según leyes naturales y transmitían de padres a hijos la corona con carácter hereditario. Ya desde entonces, la aislada población comenzó a regirse por un rey-alcalde cuyo cargo era hereditario, como pudo saber en el siglo XVII el historiador y viajero Antonio Ponz: “Estos hombres, que se llamaron los Patones, eligieron entre ellos a la persona de más probidad para que les gobernase y decidiese sus disputas, de cuya familia era el sucesor, y así se fueron manteniendo de siglo en siglo con un gobierno hereditario, llamando a su cabeza «Rey de los Patones»’. Durante la invasión musulmana huyeron de los árabes refugiándose en las escarpadas montañas existentes en su término. Posteriormente a la reconquista cristiana, continuó ese peculiar género de gobierno, si bien subordinado a los reyes de España, hasta que Carlos III puso fin a esta situación, pasando a formar parte de la jurisdicción de Uceda hasta 1769, fecha en que se constituyeron como término independiente.



La estructura del asentamiento es irregular. El principal eje estructurante del conjunto es una vía que coincide con el cauce de un torrente normalmente sin agua, articulándose alrededor de éste el viario restante carente de pavimentación, y el caserío, que sube por las laderas que flanquean dicha vaguada.
En la zona más baja del asentamiento se sitúan las viviendas; por encima de éstas se ubican las construcciones destinadas al ganado y, finalmente, las eras, muy numerosas. Sin duda las calles empinadas de Patones de Arriba con sus casas oscuras de pizarra son la imagen más típica del pueblo.
En Patones de Arriba se puede apreciar que hay una evolución entre las viviendas más antiguas y las de reciente restauración. Las primeras apenas tenían unos metros cuadrados, una sola planta y su cubierta pudo ser vegetal y de una sola agua. Pasados los siglos, posiblemente en el siglo XVII las casas se ampliaron en superficie aunque no en altura y posiblemente las cubiertas fueran también de pizarra. En el siglo XVIII comienzan a organizarse las casas formando calles, se construyen con dos alturas y cubierta a dos aguas con teja árabe.
Las viviendas típicas de Patones estaban constituidas a base de pizarra, madera, ladrillo árabe, jaras y retamas. Las paredes exteriores eran de pizarra y se caracterizaban por la disposición de las lajas de pizarra de mayor tamaño en las esquinas y el recubrimiento de los huecos por pizarras muy pequeñas. Para la construcción de la cubierta se colocaba retama y jara sobre las vigas de madera y en último lugar se cubría con teja árabe. Las tejas de se construían en una tejera cercana al cementerio de Patones de Arriba.
Realizadas en mampostería de pizarra al exterior y en el interior se les daba llana con barro como material aislante, y se les recubría con un mortero de cal y arena para evitar humedades. Los suelos eran de cantos y en la cocina acompañados de yeso. Había muy pocas ventanas y de pequeño tamaño para protegerse del frío.
La planta baja estaba constituida tradicionalmente por un único ambiente destinado para la cuadra de los animales y la cocina. La cocina estaba formada por un banco corrido, una chimenea y el acceso al horno. Solían ser muy oscuras y llenas de hollín de la chimenea, con un olor característico a humo, gracias al cual se curaban los productos de la matanza como los lomos y chorizos. Los hornos estaban adosados al muro de la casa, eran circulares, con cubierta de teja y se encalaban en muchos casos.
El acceso a la planta superior se hacía por una estrecha escalera con altos escalones. En esa planta estaban las habitaciones. Cuando había tercera planta, era de pequeña altura y se conocía como sobrao, cámara (desván) y en ella se guardaba el grano. Las chimeneas estaban construidas de pizarra y en la parte superior contaban con dos losas de mayor tamaño apoyadas una sobre otra para evitar que se colara el agua.





La arquitectura tradicional o vernácula se caracteriza principalmente por su adaptación a las características del medio en el que surge, así como por un sentido eminentemente práctico que deriva del intento de dar solución a las necesidades habitacionales y económicas más básicas, conjugando la utilización de los recursos y materiales disponibles en el entorno inmediato. Los profundos cambios acaecidos en los ámbitos rurales desde mediados del siglo XX, han dejado su huella traumática en numerosas poblaciones que han ido perdiendo su fisionomía autóctona como consecuencia de la introducción de nuevos materiales y técnicas constructivas ajenas a la tradición. La preservación, por unos motivos u otros, de determinados conjuntos rurales donde predominan las construcciones tradicionales ha sido fruto de infrecuentes circunstancias, y el caso de Patones de Arriba es un ejemplo paradigmático.
Este bello conjunto de arquitectura vernácula, uno de los mejor conservados de la Comunidad de Madrid, está enclavado en el extremo noreste de la región y, si bien actualmente se encuentra desnaturalizado en cuando a su sentido original, en las últimas décadas, se ha visto notablemente revitalizado por su desarrollo turístico y son muchos los visitantes que acuden en fines de semana atraídos por la singular belleza del conjunto arquitectónico y del entorno con el que este se mimetiza, así como por la amplia oferta hostelera que se concentra en sus callejuelas empedradas.
Más allá de su indudable atractivo turístico, lo cierto es que Patones de Arriba es un referente de la arquitectura negra en las estribaciones serranas de la región de Madrid, un conjunto cuya conservación nos permite contemplar hoy la simbiosis entre paisaje y arquitectura tradicional como expresión intemporal de la adaptación de los grupos humanos al medio. Es obvio que el traslado de la población hasta el llano, donde hoy se encuentra Patones de Abajo, a mediados del siglo XX, propició la conservación del urbanismo y las características arquitectónicas del primitivo enclave, permitiendo así que hoy podamos gozar de su estudio y contemplación.
La primera noticia que se conserva de este caserío, datada en 1555, se halla en un padrón de la población de Uceda, en el que se menciona una alquería de siete vecinos en la hoz de los Patones, denominación esta que tiene que ver con el apellido de sus primeros pobladores, una comunidad pastoril que estableció esta aldea con el propósito de vivir en la proximidad de los pastos y cerca del ganado. El pequeño caserío de pizarra, entremezclado con las tenadas y construcciones auxiliares para la explotación ganadera, fue creciendo tímidamente y sin grandes avatares históricos a lo largo de los siglos siguientes, siempre en una absoluta dependencia de Uceda en todos los órdenes, incluso el religioso, pues carecía de iglesia propia. Es a partir de 1653, cuando se construye una ermita dedicada a María Santísima primero y, después, a San José, constituyéndose como parroquia dependiente de Santa María y San Juan de Uceda a partir de 1753. Es esta sobria y sencilla iglesia el único edificio singular que destaca en el conjunto, si bien queda perfectamente integrada en el mismo.
La configuración del casco urbano de Patones de Arriba asemeja a una “V”, con dos brazos que se encuentran a ambos lados de una abrupta y corta vaguada por la que discurría el arroyo Labradillo en torno a la que se distribuyen orgánicamente las estrechas calles y las sencillas casas intercaladas con construcciones auxiliares anejas. Todo ello, ofrece una configuración escalonada con calles tortuosas que muestran panorámicas de gran belleza desde distintos puntos del caserío. En las partes altas, y ya en las afueras de las zonas actualmente en uso, se encuentran agrupaciones arruinadas de casas, tenadas para el ganado y eras abancaladas con muros de contención escalonados para adaptarse a la pendiente del terreno. Resulta un privilegio, avanzado ya el siglo XXI, poder contemplar y sumergirse en la autenticidad que nos hace sentir un núcleo rural que, fosilizado, ha llegado hasta nuestros días como un eco de esos duros tiempos en los que las comunidades pastoriles de la sierra se mimetizaban con el entorno.







El único edificio de características singulares, a pesar de su modesto aspecto, lo constituye la iglesia parroquial, que está bajo la advocación de San José y que hoy en día alberga la Oficina de Turismo, una sala de exposiciones y una maqueta del entorno. La antigua iglesia de San José era en 1653 una ermita con campanario hecha con piedra y cal. Un siglo después se convertiría en Iglesia y la vicaría permanente tuvo que esperar hasta principios del siglo XIX. Antes de que los vecinos bajaran a vivir a Patones de Abajo, la iglesia de San José contaba con tres retablos, el Mayor, el del Carmen y el de las Candelas. También, había imágenes de San José, Cristo de la Cruz, Virgen del Carmen, San Isidro, San Antonio y un cuadro de la Inmaculada.
Este edificio dejó de ser utilizado como iglesia tras el traslado de la población a Patones de Abajo y poco a poco se fue deteriorando. Quedó entonces abandonada hasta que en los años noventa se reconstruyó como Centro de Iniciativas Turísticas, Educativas, Culturales y de Ocio. Se ha conservado una pequeña capilla con una imagen de la Virgen de las Candelas.
La Iglesia de Patones de Arriba, junto con las nuevas escuelas, es un edificio de características singulares a pesar de su modesto aspecto. La causa es el tipo de material con el que esta reconstruida. Sus muros no tienen el aspecto típico de la arquitectura negra porque en vez de pizarra se utilizó la piedra caliza para su construcción.


En la parte alta del pueblo, en los alrededores de Patones de Arriba, encontramos unas curiosas explanadas empedradas, conocidas como eras. Estas antiguas “terrazas” de piedra, sirven hoy como inmejorables miradores desde donde disfrutar del paisaje patonero.
Los montes cercanos a Patones de Arriba además de un uso ganadero como pasto de cabras y algunas ovejas estaban cultivados de centeno. En la vega del Jarama, donde actualmente se sitúa Patones de Abajo se sembraba y se siembra trigo, centeno y cebada. Hoy en día las cosechadoras ahorran un durísimo trabajo que antaño debían realizar los vecinos sin apenas maquinaria.
Las eras están documentadas en el siglo XVIII y se destinaban a las labores de la trilla y aventado del cereal maduro, la “mies” para separar la paja del grano. De estas labores se aprovechaba todo; el grano para hacer harina y pan, y la paja para alimento y forraje de los animales.
Las eras se disponen en bancales de pizarra con el fin de mantener el suelo en posición totalmente horizontal. Se amoldan perfectamente a la ladera del cerro del cabezo, por lo que las encontramos a diversas alturas, configurando una especie de escalones o terrazas. Los muros de contención que dan lugar a los bancales se construían de pizarra y en algunas ocasiones se dejaban huecos que eran utilizados como “fresqueras” o almacenes de los aperos de la trilla.


La parte más alta del núcleo urbano de Patones de Arriba presenta una imagen de construcciones bajas, también construidas en pizarra y algunas ruinosas. Una primera mirada nos hace pensar en una parte del pueblo abandonada, pero estas construcciones tuvieron otra finalidad en su época. Intercaladas con las eras encontramos los arrenes, cercados y tinados, todas construcciones relacionadas con la forma de vida de los antiguos vecinos de Patones.
Los tinados estaban destinados a cobijar los rebaños de ovejas y cabras. Eran cabañas ganaderas formadas por un corral con una puerta de acceso donde se elegían los animales para su ordeño y una zona cubierta con un pequeño zarzo para evitar que se escaparan. Dentro de la parte cubierta estaban los pesebres donde se echaba la comida de los animales.
Los arrenes son construcciones rectangulares realizadas a base de pizarra, de muro alto y sin cubierta ni divisiones internas. La característica peculiar de los arrenes es la ausencia de puerta, teniéndose que derribar una parte de la pared para acceder al interior. Los cercados tenían la misma estructura, pero de mayor tamaño. Los arrenes y cercados servían para sembrar el cereal y luego meter al ganado a que se lo comiera o segarlo para echarlo a los pesebres.
La existencia de un gran número de estas antiguas construcciones comparado con un número menor de viviendas es un signo de la importancia de la ganadería en el Patones de antaño. Los animales de acarreo como las mulas y los burros convivían con las familias en la parte baja de las casas pero las ovejas y cabras eran demasiado numerosas y necesitaban otras construcciones para su cobijo. Había otra construcción para los cerdos utilizando pequeñas cuevas de la montaña. Las conocidas como cochiqueras o porquerizas en otras regiones en Patones se las llamaba cortes. 



En algunas calles de Patones de Arriba, junto a las viviendas, se pueden apreciar y contemplar antiguos hornos. Estos hornos de leña, que se utilizaban sobre todo para cocer el pan, son uno de los elementos más característicos de la arquitectura tradicional del pueblo. 
Los hornos en Patones de Arriba, al igual que en otros pueblos serranos, se utilizaban fundamentalmente para cocer el pan, que era el alimento básico en las familias patoneras. Las hogazas eran por lo general de harina de trigo, que se cultivaba en la vega del Jarama, aunque en épocas de escasez recuerdan los mayores del municipio que también se hacía pan de centeno, cereal de poco rendimiento, que se cultivaba en las zonas más abruptas y sobre suelos de pizarra. También surgían de estos hornos especialidades gastronómicas de esta zona de la Sierra, como los afamados corderos o cabritos lechales castellanos o distintos tipos de bollos tradicionales.
Curiosamente, en algunas viviendas de época romana del yacimiento arqueológico de la Dehesa de la Oliva se encuentra también este mismo tipo de hornos, adosados a las edificaciones y construidos con los mismos materiales que estas; este hecho sugiere una tradición milenaria en la construcción de estos hornos, uno de los elementos más significativos de la cultura y de la alimentación popular.




Uno de los rincones más fotografiados de Patones de Arriba, que nos permite viajar en el tiempo es el lavadero, la fuente y el arroyo de Patones. Tras cruzar el pequeño puente de pizarra, cuando llueve en abundancia se forma una preciosa y fotogénica cascada.
El lavadero y la fuente datan de principios del siglo XX. La conocida como Fuente Nueva ya tiene más de un siglo pues data de 1908 y tenía la función de acercar el agua a los vecinos de Patones. La presilla es mucho anterior, al parecer es una construcción asociada a un antiguo molino que se situaba donde hoy está el lavadero. El molino, gestionado por el Ayuntamiento de Patones constituyó junto a una antigua fragua, el patrimonio municipal hasta el siglo XIX. Aun hoy puede verse la piedra de moler junto al pilón de la fuente.
La fuente está construida en pizarra y cuenta con dos caños y uno central conocido como “el abuelo” que vierten a un gran pilón. Antaño se utilizaban cántaros para transportar el agua de la fuente hasta las casas. El pilón se utilizaba para dar de beber a los animales.
El lavadero es el típico tradicional, formado por dos pilones, uno a menor altura en el que se lavaba, y otro a mayor en el que se aclaraba. Está cubierto y aun así cuentan las vecinas más mayores que antaño se helaba durante los inviernos. El agua proviene del sobrante de la fuente por un pequeño canal y termina en el arroyo. Este era un lugar de encuentro de las mujeres y se encontraba frente a la taberna que era el lugar de encuentro típicamente masculino. El molino, gestionado por el Ayuntamiento de Patones, constituyó, junto a una antigua fragua, parte de nuestro patrimonio hasta el siglo XIX.




Patones de Arriba es uno de los pueblos más bonitos de la sierra de Madrid y cuando caminas por sus calles parece que se haya quedado parado en el tiempo. La concepción del tiempo cambia en un lugar donde apenas parece que pasa. Por eso, lo mejor en este y en casi todos los lugares del mundo es olvidar que existe una cosa que se llama reloj y comenzar a caminar abriendo bien los ojos. Esta localidad madrileña, situada en las estribaciones de Somosierra, es un museo al aire libre de la arquitectura con pizarra y un punto de encuentro para senderistas, domingueros y amigos de las leyendas.
Declarado Bien de Interés Cultural en 1999 por la conservación de su patrimonio arquitectónico y su paisaje rural, Patones de Arriba ha pasado en pocos años de ser un pueblo abandonado, a uno de los más visitados de la Comunidad de Madrid. El acceso se realiza a través de una carretera retorcida y empinada, construida durante la Segunda República que, tras su última curva, pone ante los ojos del turista la puerta del tiempo: casas de pizarra, con techos de pizarra, apriscos de pizarra y calles adoquinadas con pizarra, algunas farolas de forja que no desentonan y pocos rastros a la vista de la sociedad industrial. Una mescolanza de piedra, pizarra, madera, adobe y teja árabe confieren a este destino ese encanto que solo ofrecen los poblados de cuento de hadas. Patones de Arriba es un auténtico reclamo para los fanáticos de la arquitectura negra, llamada así por la abundancia de pizarra en la zona. Un Ecomuseo al aire libre en el pueblo permite al visitante adentrarse en su cultura a través de dos sencillos y breves itinerarios.







Patones es un paraíso para disfrutar de todo tipo de rutas, ya sea a pie, en bicicleta, a caballo, para mayores y con pequeños, etc. donde descubrirás un entorno natural impresionante. Con estas rutas los visitantes de Patones conoceran su interesante y diverso patrimonio. Porque no hay mejor forma de descubrir los secretos que esconde este pequeño reino, que caminando.
Solo así podrás conocer un patrimonio arquitectónico único y singular, descubrir la historia que albergan las formaciones geológicas, respirar el olor de la humedad del río Jarama y el río Lozoya, contemplar el espectacular embalse del Atazar desde el Cancho de la Cabeza, imaginar la vida de los habitantes romanos de la Dehesa de la Oliva, o ascender a Patones de Arriba como lo hacían sus habitantes hace cien años. Y así, paso a paso, vivirás una experiencia inolvidable.
Patones es un destino fascinante para disfrutar de una geología y una naturaleza únicas, de gran valor. Ningún otro lugar del territorio madrileño atesora una geodiversidad tan asombrosa como este municipio. Gracias a la privilegiada ubicación de Patones, en una zona de transición desde el punto de vista geológico, topográfico y paisajístico, es posible disfrutar de un medio natural único, con elementos de gran valor ambiental que incluyen recursos hidrológicos, una sorprendente diversidad de ecosistemas y numerosas especies de flora y fauna, de interés comunitario.



GASTRONOMIA:

La gastronomía de Patones de Arriba se caracteriza por platos tradicionales de la cocina madrileña y de montaña, destacando las carnes a la brasa (cordero, ternera) y guisos como las habas rehogadas con jamón o las migas.


FIESTAS:

Una de las fiestas patronales de Patones son las Fiestas de La Candela que se celebran en honor a la Patrona de Patones, la Virgen de Candela. Tiene lugar el 2 de febrero cuando La Virgen sale en procesión. Además se dan diversos actos y celebraciones festivas.
Otra es la Fiesta de San Juan que se celebran en junio e incluyen misa, procesión, orquesta, espectáculos, toros y actividades populares. También se celebran las fiestas del patrón San Isidro en mayo.










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