AYLLON (Segovia)


 


AYLLON

Ayllón es una pintoresca villa medieval declarada Conjunto Historico Artistico que está situada al noreste de la provincia de Segovia dentro de la comunidad de Castilla y Leon y esta considerada como uno de los pueblos más bonitos de España. El municipio está integrado en la antigua Comunidad de Villa y Tierra de Ayllón y su término municipal, que además de Ayllón incluye los núcleos de Estebanvela, Francos, Grado del Pico, Saldaña de Ayllón, Santa María de Riaza, Santibáñez de Ayllón y Valvieja, tiene una población de 1110 habitantes. Ayllon parte de una interesante riqueza historica que ha ido reforzandose con innumerables eventos culturales, artisticos y deportivos hasta convertirse en un destino preferente de turismo rural y cultural.
El relieve del municipio incluye la sierra de Ayllón al sur y la sierra de Grado de Pela al sureste, integradas en el Sistema Central, y la elevada llanura de transición hacia el valle del Duero al norte. Por el territorio discurren los ríos Aguisejo y Riaza. Tiene espacios naturales a pocos kilómetros, como pueden ser la sierra de Ayllón, el parque natural de la Tejera Negra, además se puede visitar el hayedo de Montejo, las hoces del río Riaza y su reserva de buitres, el parque natural de las Hoces del Río Duratón y en la provincia de Soria, el parque natural del Cañón del Río Lobos.



Como ocurre con otros muchos pueblos, Ayllón no conserva restos de su pasado más remoto, aunque hayan quedado en el Cerro claras muestras de la existencia de un importante asentamiento celtibérico. Prueba de ello son los abundantes restos de cerámica roja y negra con línea horizontales y circunferencias concéntricas parecidas a las encontradas en Numancia y otros lugares de Soria. Parece ser que este asentamiento celtibérico de Ayllón guardaba estrecha relación con la ciudad prerromana de Tiermes o Termancia, que fue destruida por los romanos, al mando de Tito Didio, en el año 94 a.C.
Poco dejaron los romanos en Ayllón tras acabar con el asentamiento celtibérico del Cerro y pacificar la zona de Termancia. A las legiones romanas las siguieron godos y visigodos, de los que han quedado algunos restos hallados en la necrópolis de La Dehesa. De la ocupación árabe sí han quedado en la villa numerosas e importantes muestras, como los lienzos de muralla de tapial denominados ‘Los Paredones' y la propia torre albarrana de dicha muralla, a la que se conoce como La Martina, por haber servido de campanario de la iglesia románica de San Martín, construida a sus espaldas y de la que hoy únicamente quedan los cimientos.



En la primavera del año 933, el conde Fernán González averigua por sus espías que un gran ejército árabe avanza por los caminos de Medinaceli, amenazando las plazas de Osma y San Esteban. Mientras sus mensajeros corren a dar cuenta al rey de León, él resiste el primer embate.
A partir de esta fecha, en los comienzos de la unidad de este Condado de Castilla, la mayor parte de las tropas árabes entrarán por este camino. Aunque no se cita, puede que Ayllón fuera una de las muchas plazas que sufrieran las duras embestidas de Almanzor, como lo fueron San Esteban, Gormaz y tantos otros. Lo cierto es que la permanencia árabe en esta tierra fue prolongada.
En el poema Myo Cid, al describir el viaje del legendario Rodrigo de Vivar camino del destierro, cita los siguientes versos: 'De siniestro San Estevan una buena ciudad / de diestro a Lilon las torres moros las han'. De ello se deduce que en aquella época, reinando Alfonso VI, Ayllón estaba en poder de los árabes.
Según las crónicas, Ayllón fue reconquistada en mayo de 1085 por las tropas de Alfonso VI, que consiguió trasladar la frontera con los árabes del Duero al Tajo. Inicialmente, la villa pasa a pertenecer a la Diócesis de Osma, pero al reformarse en 1088 la de Castilla, es asignada a la de Sigüenza. En el año 1154, el rey Alfonso VII estuvo en la villa, y en 1180 la visitarían Alfonso VIII y su esposa Doña Leonor. Precisamente, fue este último monarca quien otorgó en Ayllón, el 8 de agosto de 1201, un privilegio a la villa de Sepúlveda que eximía de tributos a quienes vivieran todo el año con casa dentro de sus muros.
Durante el reinado de Alfonso VIII, las milicias del concejo de Ayllón participaron y vencieron en la batalla de las Navas de Tolosa al mando del paladín Don Diego López de Haro, llevando como estandarte el actual escudo de la villa. En 1214, el propio taumaturgo San Francisco de Asís, procedente de Arévalo, funda en las afueras de la villa el convento de frailes menores que hoy lleva su nombre.


Ya en el siglo XII, los judíos en Castilla eran propiedad del rey y, como hebreos, podían salir de la judería los días laborables hasta después del Ave María (puesta del sol), pero debían permanecer encerrados los domingos y días de fiestas religiosas. La historia recoge un suceso, muy relacionado con la comunidad judía, acaecido en Ayllón a finales del siglo XIII.
El 26 de julio de 1300, por la confirmación de un privilegio del rey don Sancho, se sabe que estuvieron en Ayllón los reyes don Fernando IV, el Emplazado, y su madre, la prudente reina doña María de Molina, procedentes de Valladolid y camino de Almazán. Asimismo, doña María de Molina pasó en Ayllón parte de la cuaresma del año 1306.
Alfonso XI se casa con doña Constanza Manuel, hija del infante don Juan Manuel, a la que repudia para casarse con doña María de Portugal. Este hecho fue motivo para que las tropas del infante pasaran a sangre y fuego, en 1327, las villas de Ayllón y Sepúlveda, entre otras, en una acción devastadora y cruel.
También Alfonso XI pasó las Navidades de 1333 en Cuéllar, descansando en Ayllón, camino de Sepúlveda. Ayllón fue una de las primeras fortalezas que defendieron la causa del primer rey de la Casa Trastámara, don Enrique el de las Mercedes, después de la muerte de su hermano don Pedro I El Cruel.
Sin embargo, la historia más brillante de Ayllón tiene lugar en el verano del año 1411, cuando el rey de Aragón, don Martín El Humano, muere sin sucesión. El reino se halla entonces en una situación crítica y son varios los pretendientes: don Jaime, conde de Urgel; don Alfonso, duque de Gandía; el conde de Foix, casado con la infanta doña Juana de Aragón; don Fadrique, hijo legitimado de don Martín de Sicilia; don Luis de Anjou, duque de Calabria, y don Fernando de Antequera, hijo de Juan I.
Don Fernando, hijo también de doña Leonor de Aragón, es el pariente más próximo y, además, goza de gran fama, en especial por sus victorias en Andalucía y la conquista de Antequera, que le valió el sobrenombre.
Los hombres de buena voluntad intentan poner de acuerdo a las Cortes de Aragón, Cataluña y Valencia, en un intento de mantener la unidad, para lo cual es del todo necesario aceptar un acuerdo que acabe con la anarquía imperante. Dicho acuerdo se fundamenta en el nombramiento de nueve compromisarios, tres por cada uno de los reinos confederados, que se reúnen en Caspe.
Mientras tanto, las intrigas políticas favorecen que don Fernando se instale en Ayllón, adonde llama a la reina doña Catalina de Lancáster y a su sobrino, el rey niño don Juan, después don Juan II. Ante la llamada, la comitiva real se traslada a la villa desde Riaza el 16 de julio de 1411, para acabar firmando la paz con Portugal, una paz muy buscada tras la derrota que las tropas castellanas, mandadas por el rey Juan I, sufrieron en la batalla de Aljubarrota el 14 de agosto de 1385.
Pocos días después llega también a Ayllón, procedente de Toledo, el gran taumaturgo san Vicente Ferrer, convocado también por los reyes, y el fraile se hospeda en el convento de San Francisco. Es fama que predicó ante ellos y que aconsejó a los reyes que los judíos tuvieran barrios separados de los cristianos. Lo que sí tuvo de acertada la elección de don Fernando de Antequera en el Compromiso de Caspe es su acusada personalidad como político y guerrero.


Como ya se ha dicho, en 1411, San Vicente Ferrer compareció y predicó en Ayllón contra los judíos ante los regentes –los ya citados Catalina de Lancáster y Fernando de Antequera y, como tiempo atrás se había rebelado en esta villa un hebreo llamado ‘Profeta', mandó que, en adelante, los judíos portasen una visible señal colorada. En 1412, los mismos tutores del rey Juan II promulgan unas disposiciones, conocidas como las Leyes de Ayllón, muy restrictivas hacia la comunidad judía castellana.
De modo general, dicha legislación limitó la independencia jurídica y administrativa de las aljamas, prohibió a los judíos el desempeño de ciertas actividades profesionales y estableció la segregación social de la comunidad judía. Prueba de la huella que dejó la villa en el pueblo semita es que existe el apellido Ayllón en judíos y conversos:
Sirva de ejemplo Juan de Ayllón (siglo XVI), que fue reo de la Inquisición, figuró en la lista de conversos que la Inquisición española pasó a la portuguesa para su búsqueda y también fue imputado en el proceso de Francisco de la Cruz. Por su parte, Salomón Ayllón (siglo XVII) fue rabino de la comunidad sefardí de Londres, notable talmudista y erudito.
El mayor auge y esplendor de la villa de Ayllón tienen lugar a mediados del siglo XV, con ocasión de estar en ella, en calidad de desterrado, el Condestable de Castilla, Don Álvaro de Luna, a quien el rey Juan II había concedido en 1421 el Señorío de San Esteban de Gormaz, formado por el propio San Esteban, la ciudad de Osma, Alcozar y Baraona, ahora en Soria; las villas de Ayllón, Riaza, Castilnovo, Fresno de Cantespino y Maderuelo, ahora en Segovia, y el Castillo de Garcimuñoz, en Cuenca. Como importante villa dependiente de los marqueses de Villena, Ayllón prosperó y vio crecer su patrimonio arquitectónico, monumental y artístico, a la vez que mantenía e incrementaba su innegable peso en la historia. En la actualidad, la casa titular del Condado de San Esteban y Montijo es la de los duques de Alba.


En el Archivo de Simancas hay una provisión real de doña Isabel la Católica, fechada en Alcalá de Henares en 1503, en la que establece una concordia en los debates que tenían don Diego Hurtado de Mendoza, duque del Infantado, y su hijo don Íñigo de Mendoza con las villas de Santisteban y Ayllón, Maderuelo, Fresno de Cantespino, Barahona de Ambos Barrios, Alcozar, Riaza, Castillo de García-Muñoz, Castilnovo y Osma.
En agosto de 1581, camino de Ávila y procedente de Soria, donde acababa de fundar el convento de la Santísima Trinidad, santa Teresa afronta uno de los viajes más duros y penosos de su vida. En pleno verano y con el sol abrasándolo todo ‘con harta calor', como diría Teresa de Jesús, la santa emprende un agotador trayecto que incluso hará que su salud se resienta. La acompañan Ana de San Bartolomé, su enfermera e inseparable compañera de reforma, el canónigo racionero Pedro de Ribera y dos carreteros.
Al parecer, la comitiva descansa en Burgo de Osma, pasa por Piquera de San Esteban y se dirige a Ayllón, para después seguir hacia Segovia y, finalmente, hacia Ávila.
Teodoro García García cuenta en sus libros El Señorío de Ayllón e Historia y tradiciones de Ayllón y su tierra que es muy posible que santa Teresa estuviera en la villa un par de días (19 y 20 de ese mes de agosto de 1581) y que se alojaría en la hospedería del convento de frailes menores de San Francisco.
Es indiscutible que Ayllón siguió la vida de Castilla a través de sus luchas en la guerra de las Comunidades y cuantos acontecimientos históricos hubo en épocas precedentes.
Fue en Ayllón donde Juan Martín Díez, El Empecinado aceptó la solicitud de la Junta de Guadalajara y Sigüenza para que se desplazara, el 11 de septiembre de 1809, a Guadalajara, donde poco a poco se pusieron bajo su mando gran parte de las diferentes partidas que operaban en la provincia.
También en 1809 las fuerzas guerrilleras de El Empecinado atacaron a los franceses en las proximidades de Ayllón, por lo que éstos, en 1810, saquearon la villa y quemaron varias casas, los archivos de la parroquia de San Miguel y parte de la Casa del Ayuntamiento. Al año siguiente, las tropas del general Durán atacaron a los invasores, cerca de Ayllón, el 23 de julio.
En noviembre de 1825 se formó un batallón de voluntarios realistas contra las tropas carlistas, con 324 plazas de Ayllón y su partido.
En 1929, la villa recibió la visita de la egregia infanta doña Isabel, que antes de viajar a Barcelona quiso conocer personalmente los dos edificios de Ayllón que se reproducen en el Pueblo Español: el Palacio de los Contreras y la Casa de la Torre.


La hermosa villa de Ayllón es un pequeño museo al aire libre donde te sentirás como un caballero de la Edad Media. Descubre a través de sus estrechas y adoquinadas calles todos los tesoros medievales que exhibe con orgullo la localidad, uno de los conjuntos históricos y patrimoniales más impresionantes de la Comunidad, desde su monumental Plaza Mayor, a sus iglesias, palacios y casas señoriales. La Villa de Ayllón, ha recibido en sus calles a numerosos reyes, santos y representantes de la nobleza, el mayor esplendor se remonta a mediados del siglo XV, con ocasión de estar en ella desterrado el condestable don Álvaro de Luna, a cuyo señorío pertenecía Ayllón.
Ayllon es un coqueto pueblo medieval que invita a los viajeros, casi sin pretenderlo, a realizar un viaje en el tiempo. Un pueblo que destaca por sus colores rojizos que lo inundan todo, desde los tejados de las casas hasta los monumentos más destacados de la localidad, pasando por una sierra que ofrece la misma gama cromática. Aunque en la actualidad cuesta percibir a simple vista el paso de diferentes civilizaciones y pueblos por sus calles, no cabe duda que fue un lugar de residencia y defensa destacado a lo largo de los siglos. Para entender esto hay que hacer referencia al terreno donde se levanta, dotado de los elementos claves para su población. El casco antiguo de Ayllón se levanta en las faldas de un cerro que desciende paulatinamente hacia la ribera de río Aguisejo, que a su vez servía de defensa natural. Ayllón conserva un rico entramado urbano de origen medieval con una estructura intramuros bien definida con calles estrechas y un diseño compacto, manteniendo su identidad histórica. 
Ayllón destaca por su casco histórico perfectamente conservado, donde cada rincón tiene su propia historia. Al llegar al pueblo, los viajeros deben atravesar el Arco Medieval, también conocido como Arco de Ayllón, una estructura de piedra, que data del siglo XIV y que demuestra la impresionante arquitectura defensiva de la época. Se trata de una de las tres puertas que tenia la villa y entrada principal sobre la que descansan cuatro escudos pertenecientes a cuatro de las familias mas iluestres de Ayllon. Antes de llegar al arco debemos atravesar el Puente Romano sobre le cauce del rio Aguisejo, este puente de piedra se integra a la perfección con el entorno natural de Ayllón y crea una de las imágenes más bonitas y fotografiadas del municipio.



Una vez cruzado el arco nos topamos, a la derecha, con la majestuosa presencia del Palacio de los Contreras, un edificio de estilo gótico isabelino declarado Monumento Histórico-Artístico. Es uno de los más interesantes ejemplares de la arquitectura civil española de finales del siglo XV y fue construida por mandato de Juan Contreras, del linaje de la Casa de Contreras, en el reinado de los Reyes Católicos, según reza la inscripción en epigrafía gótica que figura en su fachada.
La composición de la misma, con su arco adintelado, cobijado por un rico alfiz al que sirve de ornamento el cordón franciscano, es de extraordinaria belleza y a su interés contribuyen los ventanales de la planta noble, en arco escarzano adornado con sarta de bolas y los del piso superior, cuyo dintel se perfila con un guardapolvo. El interior de la mansión está dividido en espaciosas estancias de paredes de mampostería, variados arcos y columnas, curiosas luceras y artesonados moriscos y puertas de cuarterones. El edificio suma el estilo hispano-flamenco característico de finales de siglo con importantes influencias mudéjares y en ambos casos haciendo gala de un gusto exaltado por la decoración.


Unos metros mas adelante acabaremos en la majestuosa Plaza Mayor porticada, centro nuralgico de la villa, un espacio que, como en estas otras plazas de pueblo, nos pasaríamos toda la tarde. Encontramos diferentes edificios históricos, como la iglesia de San Miguel, construida en el siglo XV y con una interesante colección de arte sacro o el Ayuntamiento, situado en el primer Palacio de los Marqueses de Villena. Además, la plaza típica castellana con soportales de madera, casas de dos plantas y grandes balcones, alberga casi en el centro, una bonita fuente de cuatro caños que antaño tenía vistosos peces de colores y que ha sido testigo de la historia y el avance del pueblo y sus costumbres, fue mandada construir para conmemorar el IV centenario del descubrimiento de America en 1892. El motivo fue que uno de los tripulantes que acompañaba a Colón en su viaje a las Américas, era ilustre vecino de la Villa.



El edificio de la Casa del Ayuntamiento fue construido en el siglo XVI y reformado en profundidad en 1804, fue arrasado por un incendio, en 1945, del que sólo se salvó la fachada. En su pared frontal, tanto a derecha como a izquierda, pueden verse los escudos de los marqueses de Villena. Al parecer, éste fue el primer palacio que los marqueses tuvieron en la villa, antes de que decidieran cederlo al Consejo de Ayllón en el año 1620.


Desde el siglo XII, cuando se construye, hasta el 1 de febrero de 1902, año en que es suprimida para el culto, la de San Miguel Arcángel fue la iglesia principal de la villa. Se trata de un templo románico tardío, ya en transicción hacia el gótico. Con un ábside semicircular o cilíndrico y una robusta espadaña, su portada, semioculta por la balconada del atrío, construido todo ello en el siglo XVI, muestra la serena belleza de sus rosetones bizantinos. La finalidad de la citada balconada no era otra que la de servir a los miembros del cabildo eclesiástico como excepcional mirador para asistir a los festejos taurinos, que en esa época se celebraban en la plaza. 
En la actualidad, se encuentra en San Miguel un excepcional sepulcro de alabastro que sirvió de enterramiento para María Álvarez de Vallejo y su marido, Pedro Gutiérrez, secretario y tesorero de don Diego I López Pacheco y de su segunda esposa, doña Juana Enríquez, marqueses de Villena. El emplazamiento original del sepulcro fue otra iglesia románica del pueblo, la de San Juan, donde el tesorero y su mujer costearon la construcción de una capilla monumental gótica, la de San Sebastián, que lo albergara. Sin embargo, a finales de los años sesenta del pasado siglo XX, la iglesia de San Juan pasó a manos privadas y tanto el sepulcro como la reja de la capilla vinieron a San Miguel.
Hoy la iglesia de San Miguel aloja la Oficina de Turismo durante los meses de verano, y en ella se programan exposiciones, conciertos y otros actos de carácter cultural.






Enfrente de la iglesia si situa de la Casa de la Torre, posiblemente el edificio civil mas antiguo de la villa y, aunque en la actualidad es sede de una oficina bancaria y un hogar de jubilados, no hace mucho tiempo llegó incluso a ser empleado como casa-cuartel de la Guardia Civil, habiendo pasado por múltiples propiedades desde su construcción en el siglo XIII. Tiene una completa historia documentada desde principios del siglo XVI, y perteneció, indistintamente, al Cabildo eclesiástico, a las familias Téllez y Girón, al Colegio de Lugo y a los condes de Puebla, entre otros.


Contigua a la plaza Mayor se encuentra la Plaza Angel del Alcazar donde se ubican edificios como la Casa-palacio de la Emperatriz Maria Eugenia de Montijo de la cual hay una primera referencia documental sobre este inmueble fechada en 1693, cuando pertenecía a la familia Vellosillo, después de varias sucesiones, fue propiedad de Da. María de Sales Portocarrero Palafox, casada con el duque de Alba y hermana mayor de la emperatriz Eugenia. Es un hecho que este palacio sirvió de mansión para el descanso de esta ilustre dama en los viajes que realizaba de París a Madrid. La Casa del Aguila otra casa señorial, con piedra de sillería, la cual se denomina así porque sobre su fachada descansa un escudo espectacular en forma de águila de San Juan. Y finalmente la iglesia de Santa Maria la Mayor. 



Santa Maria la Mayor es la única de las iglesias que hoy en día sigue ejerciendo su labor parroquial, el resto de las existentes en el pueblo fueron agregándose a ella principalmente durante el siglo XVIII. Originariamente se trataría de un templo románico que se arruinó el 4 de marzo de 1697. Al tratarse del principal templo de Ayllón el Cabildo decidió en reconstruirla de nuevo según los parámetros barrocos de la época; a partir de este momento la iglesia de Santa María será la única parroquia de la Villa. Aprovechando materiales de la precedente se edificó una iglesia de planta de cruz latina. Del templo románico únicamente se pueden observar un capitel con la figura de un personaje bastante erosionado y un sillar decorado con un roleo perlado en el que se entrelaza un rosetón en la fachada norte del transepto. Cuenta con un soberbio campanario de 40 metros de altura rematado en espadaña.
Su puerta principal, de columnas estriadas y labrados pedestales, sostiene una hornacina con una imagen de la Virgen con una cruz en el centro. El interior del templo se distribuye en tres planos: cuerpo de la iglesia, nave del crucero y presbiterio.
El retablo mayor, procedente del desaparecido convento de San Francisco, es de una majestuosidad asombrosa y en él ocupa un lugar preferente la imagen de la Virgen de la Estepa, aunque lo preside el Cristo originario de la desaparecida ermita de Santiago. La sacristía es una espaciosa y bien iluminada dependencia decorada con cajonería, mesa, cuadros y un altar de la Purísima.
En el cuerpo de la iglesia pueden verse otros altares, varios cuadros, coro y órgano, etcétera, casi todo procedente del convento de San Francisco, y losas funerarias con escudos de la nobleza que en otros tiempos habitó esta villa.




Continuamos nuestro recorrido por la calle Parral donde podemos contemplar alguna que otra casa señorial con escudo heraldico hasta que al final de la misma encontramos el edificio del Antiguo Convento de las Madres Concepcionistas. Ayllón conserva un número considerado de inmuebles pertenecientes a las familias nobles aquí asentadas construidas en su mayor parte en los siglos XV y XVI.
El Convento de la Purísima Concepción fue fundado en el año 1528 por los marqueses de Villena y perteneció a la orden de las monjas Concepcionistas Franciscanas. Lo más interesante del exterior del convento de las monjas concepcionistas es sin duda la portada que da a la calle Parral, allí se puede ver con claridad los escudos de armas de sus fundadores, los marqueses de Villena, unos escudos labrados en un sillar sobre el dintel de la puerta, entre los escudos una hornacina con una imagen muy deteriorada de la Virgen. El muro exterior se apoya en unos compactos y bien definidos contrafuertes.
La iglesia es de estilo románico y cuenta en su interior con un claustro de dos plantas, hacia el oeste podemos ver una espadaña mudéjar de ladrillo rojizo en la que se alberga el campanario y que fue añadida más tarde al templo, anexo a la espadaña hay una especie de mirador con columnas de madera y una techumbre bien deteriorada.
En la actualidad ya no hay monjas en el convento, ni se celebra ningún culto, el edificio es de propiedad privada y se ha abierto un alojamiento turístico en su interior, una hospedería rural donde alojarse y celebrar eventos.



Continuando por la calles Doctor Tapia y San Juan, llegamos al final de esta donde podemos contemplar los restos de la antigua iglesia romanica de San Juan. En dicha calle podemos ademas visualizar algunas casas señoriales con escudos heraldicos,
San Juan es, en origen, un templo románico de una sola nave rematado por cabecera semicircular. Su orientación es la característica de este estilo, con el presbiterio hacia el este. Fue intensamente reformado en el siglo XVI.
El arco triunfal es apuntado, sobre ábacos decorados con taqueado jaqués que originan una imposta que recorre toda la cabecera. Sobre ella se han reconstruido con fidelidad las bóvedas de medio cañón y horno apuntadas. Los capiteles se decoran con unas raquetas muy peculiares, inéditas en el repertorio de decoraciones románicas. Cinco aspilleras daban luz a la cabecera, todas enmarcadas con arcos de medio punto. Se adornan con baquetones, taqueado, junquillos, baquetones, y en sus capiteles aparecen, entre otros motivos, animales y pájaros.
Se ha conservado la portada que daba acceso a la nave por el lado norte. Es de tres arquivoltas, compuestas la interior y la intermedia. La interior se decora con flores de cuatro pétalos y zigzag; la intermedia es abocelada y en la exterior se repiten los mismos motivos que en la primera. Más elaborada es la portada de mediodía, de cuatro arquivoltas decoradas con flores de cuatro pétalos, medias esferas, taqueado y ábacos con estrellas de sabor oriental. En el lado del Evangelio, un sepulcro plateresco con figura yacente tapa la ventana románica. Según el cronista Artigas, perteneció a la ilustre familia de los Daza, de gran relevancia en Ayllón, en concreto al ilustre don Juan de Daza, gobernador del condado de San Esteban de Gormaz.
La capilla de San Sebastián es de estilo gótico postmedieval, construida en 1526 en el lado sur de la nave. Sus altos muros de sillería se refuerzan en las esquinas con grandes contrafuertes, uno de los cuales permite el discurrir del antiguo paseo de ronda. En el muro sur se abre una ventana redonda con una estrella de cinco puntas inscrita, tenida como símbolo de la libertad, bajo el cual se firmaban documentos ante notario como señal de hacerlo sin coacciones. Dicha estrella también es de simbología templaria y actualmente existen 3 estrellas en el mundo colocadas en esta posición. En el interior, la capilla se cubre con bóveda de crucería con forma de estrella de cuatro puntos. Las ligaduras forman una cruz y los combados un trébol. En todas las intersecciones de los nervios se situaban claves decoradas, muchas desaparecidas. En la inscripción que recorre los muros puede leerse: «Esta capilla (la) hizo y dotó el muy noble y así discreto varón Pedro Gutiérrez, natural de esta villa, tesorero y secretario que fue de los más ilustres señores don Diego López Pacheco y doña Juana Enríquez, marqueses de Villena. Año de 1526 años». En el lado del evangelio se conserva un sepulcro plateresco con figura yacente perteneciente a don Juan Gutiérrez, padre de don Pedro. El sepulcro de los fundadores se conserva en la iglesia de San Miguel.
Suprimida la parroquia en 1796, en 1821 ya estaba arruinada. Sus actuales propietarios, tras consolidar los restos, instalaron pegado a la finca un museo de Art Brut.




Proseguimos nuestro recorrido por las calle Travesia Mediavilla y Castillo hasta que llegamos ascendiendo por unas escaleras a la zona mas alta del pueblo donde podemos ver la Torre de la Martina, El Cristo Redentor y los restos del antiguo castillo de Ayllon.
Dominando la villa, impertérrito al paso de los años, se alza el cerro conocido como 'El Castillo', y sobre él, La Martina. La torre albarrana es de origen árabe y se ha convertido en la imagen más emblemática del pueblo.
La Martina es la prueba evidente de la presencia de una fortificación musulmana de la que solo queda esta antigua torre-vigía de piedra, con sus correspondientes almenas. Tiene planta pentagonal y en sus muros se abren dos enormes arcos de medio punto, que posiblemente sirvieron como paso del camino de ronda de la muralla. El arranque de la muralla realizada en tapial revestido por aparejo de piedra, aún puede verse en los frentes norte y sur de la torre.
Pasados los años y concluido el dominio árabe, junto a dicha torre se levantó la románica y ya desaparecida iglesia de San Martín (de ahí su nombre), y La Martina, una vez reforzada y acondicionada, pasó a ser utilizada como campanario. Desde ella puede contemplarse una bellísima panorámica tanto del pueblo y sus campos circundantes, como de la cercana Sierra de Ayllón. En lo alto del cerro, al margen de los restos celtibéricos y romanos hallados en distintas excavaciones, también destaca la presencia de 'Los Paredones', antiquísimos lienzos de tapial árabe pertenecientes a las murallas, a partir de los cuales se puede apreciar el antiguo trazado del recinto amurallado así como las ruinas de la iglesia de Santiago.

Los árabes ocupan la zona y construyen una fortificación conocida como Aellon. En el siglo XI es conquistado por las tropas cristianas, siendo mencionado en el “Cantar del Mio Cid”. En el año 1202 hay constancia de la estancia de Alfonso VIII ya que otorga el Fuero de Logroño a la Villa de Frías, firmando en Ayllón.
A comienzos del siglo XIV se refugiará en la villa la reina Leonor junto a sus hijos Fernando y Juan, tras las disputas con su hijastro Pedro IV “el Ceremonioso”. A finales de este mismo siglo se firmará el Tratado de Ayllón por el que se reconocía don Juan I de Avís como rey de Portugal.
A comienzos del siglo XV residirá en la villa el futuro Juan II de Castilla. San Vicente Ferrer llegaría hasta la corte para pedir a la reina regente, Catalina de Lancaster, que los judíos fuesen aislados.
En este mismo siglo pertenecería al célebre don Álvaro de Luna, Condestable de Castilla y al no menos conocido don Juan Pacheco, Marqués de Villena. En esta época la población se traslada al llano, quedando el castillo abandonado. En el siglo XIX, durante la Guerra de Independencia, el castillo es destruido por las tropas napoleónicas. La villa contaba con un recinto amurallado que tenía tres puertas de acceso: el Arco de la Villa, la Puerta de San Juan y la Puerta de Languilla.




Bajamos del cerro del castillo y llegamos a la zona donde se ubica el Paseo de las Bodegas, un agradable recorrido alrededor del cerro con unas vistas impresionantes de la villa y donde algunos vecinos de la localidad tienen unas bodegas excavadas en la roca.



Descendemos por un entramado de callejuelas y escalinatas hasta llegar a la cale Real, la cual esta repleta de casas señoriales con escudos heraldicos hasta llegar a la Plaza del Obispo Vellosillo donde vamos a contemplar el edificio del Palacio del Obispo Velosillo que es sede del Museo de Arte Contemporaneo y Biblioteca Municipal. Palacio de finales del siglo XVI de fachada renacentista, restaurado, característico de la nobleza rural del siglo XVI, de estilo postherreriano de planta casi cuadrada, en cuya construcción se empleó la mampostería, el sillar, el adobe, la madera y la teja árabe, materiales típicos de la localidad en que se encuentra. La sillería se utilizó en la superficie que se extiende entre los dos balcones centrales de la fachada, en los contornos de los huecos y en las esquinas; la mampostería en el resto; el adobe en algunos paramentos internos. La puerta de ingreso se abre a un zaguán que, por su lado derecho, se comunica con el patio; cuatro columnas toscanas en los ángulos, sostienen la galería de madera a la que se asciende por una escalera de piedra de doble tramo, cerrada en la caja de la fábrica. En torno al patio se disponen las habitaciones. Los forjados de la planta baja tienen vigas con bovedillas y los superiores de armadura de madera. La ornamentación se reduce a los escudos y lambrequines de los mismos, manteniendo en general un aspecto sobrio. Su construcción se atribuye al obispo Fernando Vellosillo, nacido en 1515.


Volvemos de nuevo a la Plaza Mayor para dirigirnos hacia el puente el cual cruzamos y en una pequeña plazoleta nos encontramos con el Hospital de Sancti Spiritu. El edificio del S.XVI conserva su armonía en equilibrio con todas las comodidades apropiadas para los ancianos, ya que hoy en dia es una residencia de ancianos, respetando la estructura arquitectónica inicial como es el patio porticado con sus columnas de piedra. Una de las bellezas del espacio es un amplio jardín con zonas verdes de interior y otro jardín público en la entrada principal. 
Este edificio fue en origen monasterio de la Santísima Trinidad, cedido por el Obispado de Sigüenza en el siglo XII al diácono Arnaldo de la Orden Hospitalaria, teniendo aquí su origen el hospital. Sin embargo, la curiosidad la encontramos en que no solo había un hospital, sino dos, siendo el edificado a finales del siglo XII el de San Lázaro, que más bien era una ermita que servía de hospital para peregrinos, además de tener sus funciones religiosas. El otro hospital, el Sancti Spiritu, fue construido en el siglo XVI después de que el Papa Gregorio X fundase la cofradía del Sancti Spiritu en 1565 y Gregorio XIII a los pocos años concediera a los cofrades de la misma ciertas indulgencias con el fin de asistir a enfermos y criar a niños expósitos (infantes abandonados o expuestos a exposición, desamparo). En 1735, debido al estado ruinoso de San Lázaro, se produjo una reconstrucción que unió ambos edificios originando el nuevo hospital Sancti Spiritu. Debido a la desamortización debió ceder sus bienes al Estado y pasó a depender de la beneficencia hasta que dejaría de funcionar a finales del siglo XIX por falta de medios. En 1913 las Religiosas de la Divina Pastora se hicieron cargo del edificio e instalaron un colegio de niñas y párvulos que fue trasladado a Madrid en los años sesenta, quedando el edificio en estado semi ruinoso, hasta que a finales del siglo pasado se reedificó para dar lugar a la actual residencia de ancianos.


Para visitar el resto de monumentos que nos ofrece la villa tenemos que salirnos del casco urbano y dirigirnos por la carretera que une Ayllon con Aranda de Duero. El primero que podemos ver los restos de la antigua Ermita de San Nicolas. 
Hay templos que, por razones diversas, cambian de ubicación o, dicho de otra manera, sobreviven formando parte de otros recintos. No hay magia ninguna: simplemente se ha aplicado en ellos el principio de la reutilización y ahora sus sillares y elementos decorativos albergan un lugar distinto. San Nicolás fue uno de ellos.
La ermita románica de San Nicolás estuvo probablemente situada no muy lejos del lugar que hoy ocupan sus restos, pero jamás lo sabremos con exactitud y ni siquiera llegaremos a intuir qué aspecto presentaba, pues no constan documentos escritos ni imágenes que nos puedan ayudar. San Nicolás, que dependió en tiempos del poderoso monasterio de las Huelgas Reales, acabó sus días en el siglo XVIII.
Sin embargo, parece probado que, a principios del siglo XIX sus sillares, dovelas y columnas fueron empleados para levantar los muros del conocido como Cementerio viejo de la villa de Ayllón. Posiblemente no fueran los únicos restos que se emplearon en la construcción del camposanto, pero, de alguna forma, San Nicolás sigue estando allí.
El peculiar arco de ingreso al recinto es sin duda el elemento que más se cuidó pues parece haber sido construido con las partes más nobles de la ermita en ruinas. Los leones o las águilas de los capiteles que soportan los arcos apenas son ya visibles, pero sí siguen reconociéndose ligeramente tres de los canecillos recuperados, en los que, según los expertos, el erotismo podría ser el tema recurrente.


Unos metros mas adelante podemos contemplar el edificio de la Ermita del Santo Cristo, un pequeño templo religioso localizado a un kilómetro del núcleo urbano que ha sido reformada recientemente y que se encuentra muy proximo al conjunto monumental que conforma el antiguo convento de San Francisco fundado en el siglo XIII. Este templo, de modestas dimensiones, cuenta con arquitectura moderna y está formado por una sola nave a la que ha sido adosado un porche de ladrillo que se encuentra techado. Su localización, en las proximidades del paraje natural que rodea Ayllón le proporcionan un agradable entorno al que es posible acceder fácilmente a pie siguiendo la senda del Paseo del Cristo que parte del núcleo urbano del municipio. En las inmediaciones de este templo se reúnen anualmente los vecinos de Ayllón para celebrar la festividad de la Cruz de mayo durante la que se desarrolla una romería en este enclave próximo a al pueblo.



Finalmente llegamos a una explanada por un camino que parte de la anterior ermita para ver la imponente silueta del antiguo Convento de San Francisco de Asis. El convento fue fundado por San Francisco de Asís a principios del siglo XIII y cuenta la tradición que en sus murallas acogieron a algunos de los reyes más importantes de la Edad Media como, por ejemplo, Fernando de Antequera, entonces señor de Ayllón y que poco después se convertiría en el rey de Aragón. Ya en el siglo XVI se dice que también Santa Teresa de Jesús eligió este convento para pernoctar en su hospedería. Poco después, a principios del siglo XVII la construcción original sufrió un importante incendió que obligó a someter el edificio a una importante reforma. Los estragos de la guerra de la Independencia a principios del siglo XIX no pasarían inadvertidos para los frailes de este convento, que se vieron obligados a dispersarse como consecuencia del hostigamiento al que fueron sometidos por parte de las tropas francesas. Finalmente en 1845 el Estado pasó a hacerse cargo del complejo que antaño fue el convento y posteriormente terminó convirtiéndose en un edificio de propiedad privada. En la actualidad el antiguo hogar de los frailes franciscanos se ha convertido en un establecimiento hostelero. Los importantes retablos que guardaba en su interior han sido reubicados en las parroquias de Santa María de Riaza y en la de Santa María la Mayor de Ayllón.



Ayllón, una villa medieval que combina historia, arquitectura y belleza natural fue declarado Conjunto Histórico Artístico por su rica historia y su valor arquitectónico, destino ideal si buscas cultura y tranquilidad. Es uno de los pueblos segovianos con el casco medieval mejor conservado donde las huellas de su esplendoroso pasado no dejan indiferente a nadie a cada paso que se da por sus empedradas calles. Cuando el visitante atraviesa las puertas de Ayllón, el tiempo parece jugar una mala pasada, ya que de repente nos situamos en una Villa Medieval con las construcciones y estructuras típicas de este periodo. 
De ostentosa historia y lugar de paso de importantes personajes ilustres, este municipio cuenta con una significativa colección de monumentos civiles y religiosos, que plasman en sus estilos las diferentes épocas de vida del pueblo. Algunos ahora son solo ruinas o fachadas, propio del trascurrir de los siglos, pero que no dejan de sorprender y deleitar al turista por su perfecta armonía con construcciones más modernas.



GASTRONOMIA:

Más allá de los monumentos culturales e históricos de Ayllón, la visita a la villa merece mucho la pena para degustar los platos típicos de la gastronomía segoviana.
Uno de ellos son los conocidos como Judiones de la Granja, un plato de cuchara que es fácil de encontrar en cualquier restaurante. Un guiso con sofrito de verduras y diferentes tipos de carne de cerdo acompañado de los clásicos judiones de la zona.
El cordero y el cochinillo asado es muy popular en la cocina castellana. Se sirve con patatas y la carne es muy tierna y sabrosa, crujiente por fuera.
La sopa castellana se sirve caliente y en cazuela de barro, perfecta para los meses de invierno. La receta es muy simple pero está realmente deliciosa: caldo con pan duro, huevo, ajo, pimentón y jamón.
Las Tortas, entre ellas la de chicharrones. Hogazas y tendidas, pastas y dulces ​​​​​​​hechos en la Villa.
El jueves lardero​​​​​​​ con la tortilla de chorizo metida en su tendida y el "cagadillo de monja"de postre. Todo ello acompañado con un buen vino local en porrón.


FIESTAS:

A lo largo del año se celebran varias fiestas de interés cultural:

Fiestas de San Miguel, en las que se honra a su patrón San Miguel.
Desde 1996, el último fin de semana de julio se celebra el "Ayllón Medieval". Durante dos días el ritmo del pueblo se traslada a los tiempos del rey Juan II de Castilla y Álvaro de Luna, condestable de Castilla.
Desde 2018, en julio, se celebra anualmente el festival Fogo Rock.


PLANO GUIA DE AYLLON



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