PEÑALBA DE SANTIAGO
Peñalba de Santiago es una localidad y pedanía del municipio de Ponferrada, en la provincia de León dentro de la comunidad autónoma de Castilla y León. Ubicada en la comarca de El Bierzo, en la región más montañosa del valle del Oza el pueblo se eleva a 1100 metros de altitud, junto al valle del Silencio desde donde se divisan las cumbres principales de los montes Aquilianos. Peñalba de Santiago, erguido en la ladera de un monte, minimizado bajo las altas y blancas peñas marmóreas de las que toma nombre, se trata de una aldea compacta cuyas casas se ubican en torno a la iglesia de Santiago de Peñalba, una joya del arte mozárabe conservada desde el siglo X. Su aislada ubicación, en el centro de los montes Aquilianos, hizo de esta zona el lugar escogido por monjes anacoretas para el aislamiento y la construcción de monasterios y ermitas, un fenómeno conocido como la Tebaida leonesa, una zona privilegiada de la comarca del Bierzo tanto por su belleza natural como por sus valores históricos y artísticos. Enclavada en el Ayuntamiento de San Esteban de Valdueza, en la cuenca del río Oza, abarca los términos de las Entidades Menores de San Pedro de Montes y Santiago de Peñalba. Los picos de la Peña del Águila, Fuentefría, El Collado, La Guiana, El Tesón, La Portillina, Alto de las Bardianas, Silla de la Yegua, el Corón y Anubleras forman el recinto, natural en que se asentaron desde tiempos remotos la historia y el arte. En estos lugares levantaron los primeros astures uno de sus castros. En el Valle del Silencio, de una impresionante grandeza, creó San Fructuoso en el siglo VII un núcleo cultural al que acudieron anacoretas de los centros donde más brillante y esplendoroso era el saber visigótico isidoriano: la Bética, Toledo, Mérida… Fundó el santo leonés Compludo o Cómpluto, rodeado por otros santuarios o cenobios, repartidos por la región. Más tarde llegó allí San Valerio, el recio escritor visigodo, qué restauró ruinas y edificó capillas, y luego San Genadio, el Obispo astorgano, fundador de una comunidad que vivió floreciente hasta la exclaustración del siglo pasado. Fruto de todo ello es el templo románico de San Pedro, del siglo XIII, y el de Santiago, del año novecientos trece, ejemplar mozárabe que ha llegado intacto hasta nuestros días y que constituye una de las joyas más valiosas del tesoro artístico español. La paz y el sosiego de estos valles angostos, cubiertos de árboles seculares y de evocadoras ruinas de los monasterios del medievo, hacen de este lugar un singular paraje de tradición y arte que debe ser conservado en su primitiva belleza, preservándole, mediante la pertinente declaración, de oportunistas alteraciones que pudieran perjudicarle.
El pueblo es Bien de Interés Cultural desde 2008 con categoría de Conjunto Etnológico, y desde 2016 también forma parte de la red de Los Pueblos Más Bonitos de España. La principal actividad económica de la localidad se basa en la restauración y el turismo rural, gracias a sus atractivos naturales y culturales, sus múltiples rutas de senderismo y por tratarse de uno de los mejores ejemplos de conservación de la arquitectura rural en El Bierzo.
El conjunto de Peñalba, con su ramillete de casas apiñadas alrededor de la iglesia, en el centro de un paraje majestuoso, y de un ambiente medieval y silencioso que todo lo envuelve, siempre ha suscitado elogios y bellas palabras entre cuantos lo han visitado. Peñalba de Santiago es un pueblo detenido en un lejanísimo día medieval, en mitad de un pródigo derroche de la naturaleza donde las casas, piedra gris y lajas de pizarra en el tejado, forman parte de la tierra; sus mismas gentes son los personajes indispensables de un cuadro insólito. Su paisaje, que muestra toda la grandiosidad del valle, impresiona a la vista. Es de gran
calidad ambiental: escarpado, densamente boscoso, sobre todo en la parte baja de los
valle, entre los que destacan los sotos de castaños, nogales y robles, árido en sus
cumbres, sólo provistas de matorrales. A pesar de sus desniveles, no son montañas de
desnudas aristas y pronunciados picos; son más bien montes viejos, de cimas
generalmente redondeadas por al erosión y cubiertas de vegetación; cubiertos con
manto de nieve gran parte del año.
Las características geográficas de un lugar tan aislado como los montes Aquilianos propiciaron, a partir del siglo IV, la llegada de eremitas y monjes anacoretas a estos valles. Este fenómeno eremítico tuvo como primer protagonista a San Fructuoso, que fundó entre otros, los monasterios de Compludo y San Pedro de Montes, muy próximos a Peñalba de Santiago.
Dos siglos después de las fundaciones de Fructuoso, una vez frenado el avance de la conquista musulmana y bajo la frágil protección de los primeros reinos cristianos, el valle del Silencio conocería una nueva etapa de esplendor gracias a la figura de San Genadio. Nombrado obispo de Astorga, aunque ante todo era un eremita, Genadio llega a la Tebaida Berciana en el siglo X con la misión de repoblar la vida monástica, en decadencia tras la ocupación árabe, fundando el monasterio de Peñalba.
Después de abandonar el Obispado de Astorga Genadio se retiró al monasterio de Peñalba, donde vivió como eremita durante 19 años más, en una de las cuevas del valle del Silencio. Fue enterrado en el contra-ábside occidental de la iglesia, hasta que en el siglo XVI la Duquesa de Alba trasladó sus restos a Villafranca del Bierzo y posteriormente a Valladolid.
A mediados del siglo XIII, Alfonso IX cede todos los bienes del monasterio de Peñalba al cabildo catedralicio de Astorga. A partir de ese momento desaparecen las noticias relativas al monasterio, perdurando solo las referentes a la iglesia. En torno a la misma irá creciendo la aldea medieval de Peñalba de Santiago tal y como la conocemos hoy, que mantendrá el culto del templo mozárabe como iglesia parroquial, sin alterar su estado original.
Desde entonces, Peñalba de Santiago se mantuvo ciertamente aislado y con una población dedicada íntegramente a la ganadería y a las cosechas. No sería hasta la segunda mitad del siglo XX cuando empezaría a despertar interés por su arquitectura rural y su entorno, que fue declarado «Paraje Pintoresco» por decreto del 6 de junio de 1969.
El reino de León fue, desde su nacimiento, un espacio político de encuentros y desencuentros habitado por una «sociedad de frontera», que contó con su propio concepto estético. El arte del reino de León es un arte único, singular, por una sencilla razón: porque fue una sociedad muy plural, rica en matices culturales, y en constante transformación. Es en este contexto de convivencia medieval (cristiana, hebrea y musulmana) en el que los territorios mudaban sus dimensiones y estatus casi de un día para otro en virtud de razzias musulmanas, algaradas cristianas y pactos, en el que se sitúa el origen de Santiago de Peñalba.
La iglesia de Santiago de Peñalba fue ideada por una mente cristiana, la de San Genadio; fue planificada por otra mente cristiana, la de Salomón, pero construida y decorada por una colectividad cristiana arabizada de la que formaron parte excelentes maestros de obras, pintores y escultores. Todo apunta a que quien trabajó en la iglesia fue un taller especializado y organizado, ya fuera muladí, ex-muladí o islámico, procedente de Al-Ándalus. Fue la época esplendorosa del monasterio que, como tal, desapareció cerca del año 1283.
La iglesia fue construida en la primera mitad del siglo X (entre los años 931 y 937) en el reinado de Ramiro II. Este mismo monarca dotó a la Iglesia de donaciones, tales como la Cruz de Peñalba (donada en el año 940) y que hoy en día es todo un símbolo de la comarca del Bierzo. A lo largo de su historia, a pesar de sus múltiples reliquias, el conjunto monástico será objeto de dificultades económicas, que tendrán que ser saldadas con donaciones.
Tras la desaparición del monasterio, Santiago de Peñalba mantiene su culto como iglesia parroquial al abrigo del pueblo de Peñalba de Santiago, que se construirá alrededor de la misma. En un entorno aislado y con una población dedicada íntegramente a la ganadería y a las cosechas, el templo se mantuvo prácticamente intocado, sin reformas ni añadidos posteriores que alterasen su estado original. No sería hasta la llegada a Peñalba de historiadores como Manuel Gómez-Moreno, cuando el valor histórico de Peñalba se daría a conocer.
Santiago de Peñalba, construida con mampostería de pizarra y caliza, presenta una apariencia exterior similar a las iglesias visigodas de tipo cruciforme. Sin embargo, su estructura real difiere notablemente al estar compuesta por seis elementos prismáticos, cuatro en el eje principal y dos capillas laterales que forman una cruz sin generar una nave de crucero. Los tejados de pizarra tienen aleros pronunciados sostenidos por modillones decorados con motivos geométricos y rosetas, característicos de las iglesias mozárabes. Destaca también la ubicación separada de la espadaña con campanas, situada al pie de la planta en cruz en la cara oeste del edificio.
El acceso principal, en el costado sur, revela una portada con dos arcos de herradura pronunciada con alfiz, sostenidos por columnas de mármol y adornados con capiteles corintios degenerados. Este elemento decorativo no cumple una función de soporte, ya que está enmarcado por un gran arco de herradura que sirve de descarga, creando un pequeño pórtico.
En el interior, destaca por ser una iglesia de ábsides contrapuestos, poco común para la época y circunstancias en las que se encuentra. La existencia del contraábside se relaciona con influencias de origen norteafricano. Este segundo ábside, orientado al sol poniente y siguiendo una antigua tradición de la arquitectura sagrada, cumplía una función funeraria, ya que en él fue enterrado San Genadio.
La cabecera tiene un ábside cuadrado en el exterior y en herradura en el interior, con una bóveda gallonada. La nave y compartimentos laterales están cubiertos por bóvedas de cañón. La estructura está diseñada para resaltar un cimborrio, con muros soportados por bóvedas y una innovadora técnica que permite grandes aberturas y arcos de herradura. La iglesia muestra una rica decoración interior, con pinturas altomedievales que datan de la época califal y representan motivos vegetales y geométricos, así como simulaciones de ladrillo.
En conjunto, la iglesia de Santiago de Peñalba se presenta como un testamento arquitectónico de diversas influencias culturales y estilísticas. Su singularidad se manifiesta en una fusión única de elementos decorativos, donde símbolos lunares y astrales evocan la herencia celta, mientras que la planta de cruz latina proclama su devoción cristiana. La presencia de rasgos árabes, como la cúpula gallonada en el cimborrio del crucero, junto con los distintivos arcos de herradura de estilo mozárabe, otorgan a esta iglesia una complejidad única.
El pueblo de Peñalba constituye el mejor y más conservado ejemplo de la arquitectura popular de la serranía berciana. El pueblo es de tipo concentrado y compacto, agrupándose todo él en torno a la iglesia. Dentro de su estructura urbana pueden distinguirse tres áreas fundamentales y de antigüedad diferenciada.
La primera se extiende al este de la iglesia, en la parte más alta, y su origen dataría del poblado surgido al abrigo del monasterio. la segunda cubre el flanco norte, sobre el solar que ocuparían las desaparecidas dependencias monásticas, a juzgar por los vestigios de cimentaciones halladas y por las frecuentes piedras marmóreas y labradas que se han aprovechado en la construcción de las viviendas allí existentes. La tercera zona ocupa la parte sur, frente al pórtico de la iglesia, donde se hallaban las huertas y el cementerio de los monjes. Es posible que la zona más moderna corresponda al conjunto de la calle Real, con rincones hermosos, llenos de sabor popular, que encuentran su máximo exponente en esa hilera de corredores que se proyectan contra los gigantes calcáreos de Pico Cueto.
Las casas, construidas con piedra pizarra, suelen ser de planta rectangular y, en algunas de ellas, se observan todavía esquinas redondeadas, característica muy arcaica, resultante de la evolución de la vivienda castreña. Normalmente tienen dos plantas: la inferior, para cuadras, bodega y almacén de aperos de labranza, y la superior, dedicada a vivienda. Elemento generalizado en esta segunda planta es la solana o corredor, siempre de madera y en voladizo, que parcialmente se cubren con tablones para resguardo del viento y del frío, aunque tampoco faltan corredores balaustrados, con la más variada y sencilla gama de elementos decorativos. Especialmente digna de mención es la conocida por Casa de los Diezmos, restaurada, donde, según la tradición popular, era guardada la décima parte de las cosechas con la que cada vecino debía contribuir al sostenimiento de la iglesia de Astorga. Data esta construcción, según puede leerse sobre
dintel del año 1762. En ella la vivienda estaba en la planta baja,
destinando así la superior para almacén de cosechas.
Peñalba de Santiago es un núcleo pequeño, singular, de carácter concentrado, muy
compacto. Sus casas se agolpan unas a otras a lo largo de sus calles estrechas. El
núcleo es un conjunto homogéneo, que constituye una unidad dentro de su variedad de
tipos. Se encuentra dispuesto entorno a su iglesia como elemento concentrador; a ella
van a dar todas las calles del pueblo.
El pueblo se encuentra dispuesto en un terreno semiplano, adaptándose a la ladera del
monte y asomándose a su paisaje. Tiene planta en forma de O algo estirada, que se va
adaptando a una sinuosa curva de nivel, arquetipo de un asentamiento de montaña. El núcleo es de trazado antiguo, irregular; bien consolidado. Sus calles se disponen unas en sentido paralelo a la curva de nivel (las más largas y planas) y otras
perpendicularmente a éstas (las más cortas y en pendiente). En la parte baja se
encuentran las huertas y cultivos. Cuenta con infinitud de callejones, retranqueos, entrantes, salientes y
demás de espacios intersticiales. Las calles son, por lo general, muy estrechas, acentuando este
efecto por la existencia de sus corredores.
Como ocurre en toda la zona, las construcciones juntan sus medianerías formando
pequeñas manzanas, aunque suele haber espacios estrechos entre ellas de desagüe y
protección contra el fuego.
Estamos ante uno de los ejemplos más ricos y variados en patrimonio arquitectónico
popular de toda la provincia de León. Pueblo de obligada visita para el viajero que
desee ahondar en lo más genuino de la comarca berciana., donde no dejará de
sobrecogerse por el halo melancólico que envuelve cada uno de los rincones en este hermosísimo lugar.
Peñalba de Santiago conserva en sus viviendas el más tradicional estilo popular
berciano, con sus casas, cubiertas de pizarra y sus calles estrechas con sus corredores o
balconadas de madera. La casa de los núcleos de la montaña de Valdueza, sobre todo
de los más altos como es el caso de Peñalba, que da aquí bien representada. Este núcleo
tenía su actividad básica en la ganadería apoyada en la agricultura de subsistencia, de
ahí la tosquedad y primitivismo de sus construcciones. Su programa es ajustado,
sobrio, austero, como corresponde a una economía restringida y pobre como ésta; en él
la relación entre hombres y animales es estrecha. Destacan estas casas de la montaña
por su sencillez y tosquedad.
Su calle Real, tiene rincones verdaderamente hermosos y llenos de sabor popular, que
encuentran su máximo exponente en la hilera de corredores continuos a la solana.
Cercana a la localidad se situa la cueva de San Genadio a la cual se accede a traves de una ruta de senderismo que parte desde la misma localidad. La cueva de San Genadio está ubicada en una pared de roca calcárea en el interior del valle del Silencio, en la zona más escarpada de los montes Aquilianos, una formación montañosa enmarcada en la unidad de los montes de León que sirve de límite geográfico entre las comarcas tradicionales de Valdueza, Bierzo Bajo y la Cabrera.. La cueva está muy cerca del nacimiento del arroyo Silencio, que abre un corto y fragoso valle de apenas un kilómetro, que desemboca en el arroyo Peñalba, tributario este, a su vez, del río Oza.
La cueva de San Genadio es una cavidad de origen geológico, al contrario que otras propias del eremitismo altomedieval, de origen antrópico, excavadas o de sistema mixto. Existen referencias medievales al uso de esta cueva, al igual que otras oquedades naturales ubicadas en la misma zona, como estancias rupestres o habitaciones de un solo monje. La documentación del siglo X refuerza la tesis del topónimo y de la existencia de cuevas habitadas.
Si visitas Peñalba de Santiago, gracias a su situacion geografica, es indispensable que te plantees hacer alguna ruta de senderismo. Quizás, la mejor de ellas es la ruta circular que recorre el valle del Silencio.
Peñalba de Santiago, más que un simple destino turístico, es una joya oculta en el corazón del Bierzo. Un refugio donde el tiempo parece haberse detenido para preservar la belleza y la esencia del pasado. Su arquitectura, paisajes y el ambiente sereno del Valle del Silencio ofrecen un bálsamo para el alma. Sin duda, quien pise sus calles y respire el aire de sus montañas, llevará consigo un pedacito de este rincón.
GASTRONOMIA:
En Peñalba de Santiago no faltan las casas rurales en las que vivir la placidez de este maravilloso enclave por donde pasa uno de los ramales del Camino de Santiago. Asimismo, tendrás la posibilidad de degustar los platos típicos de la región en el pueblo.
Los embutidos y las tablas de quesos son de excelente calidad, pero si buscas algo más contundente no dejes de probar el lacón con pimientos, los chorizos escaldados y el botillo casero. El caldo de montaña te hará entrar en calor si las temperaturas son bajas, y no olvides las castañas, que en la zona se cocinan de gran variedad de maneras. Además de asadas en el típico tambor durante los magostos en otoño e invierno, están deliciosas en magdalenas, bizcochos y dulces en almíbar. Y si te apetece un café, recuerda que lo típico aquí es acompañarlo con un poco de orujo blanco.
FIESTAS:
En Peñalba de Santiago, las fiestas principales incluyen la Fiesta Mozárabe (recreación histórica en verano, alrededor de la donación de la Cruz de Peñalba por Ramiro II) y las fiestas patronales en torno a Santiago Apóstol (25 de julio), además de celebraciones locales en primavera (primer fin de semana de mayo) y otras festividades ligadas a Santiago de Compostela, con eventos culturales y gastronómicos a lo largo del año.

















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