LINARES DE MORA
Linares de Mora es un municipio de la provincia de Teruel dentro la comunidad autónoma de Aragón. El término municipal, se encuentra en la margen izquierda del río Linares, en plena sierra de Gúdar, sobre un asentamiento rocoso rodeado de montañas y pertenece a la comarca de Gúdar-Javalambre contando con una población de 242 habitantes entre dos núcleos: Linares de Mora y Castelvispal.
Declarada Conjunto Historico Artistico, uno de los detalles que hacen de Linares un lugar único es el color claro de sus casas encaladas, que contrasta con los tejados de teja roja árabe. Este y otros muchos motivos, llevó al Gobierno de Aragón a declarar este municipio turolense Bien de Interés Cultural, ademas ha sido incluida en la Asociacion de los pueblos mas bonitos de España gracias a la preservación de sus tradiciones, su arquitectura típica y el entorno que lo rodea, convirtiéndose así en un referente del turismo rural de calidad.
Se trata de una pequeña villa muy pintoresca, de origen árabe, aunque su aspecto actual hace referencia a la época medieval, tanto por los restos de muralla, portales, castillo y sobre todo su trazado urbano. La población se asienta sobre una sobre una ladera rocosa adaptándose al desnivel de terreno existente, es por eso que el trazado urbano presenta un aspecto laberíntico con calles muy estrechas, empinadas y en las que apenas circulan los coches. Se trata de un lugar perfecto para pasar unos días de desconexión, ya que ofrece numerosos atractivos turísticos, tanto de carácter cultural como natural. Por ello, son muchos los que eligen esta población para realizar pequeñas excursiones que permiten descubrir bellos rincones y paisajes.
A través de sus estrechas calles descubriremos un paisaje de casas encaladas muy distinto del resto de municipios de Teruel. Entre los edificios más destacados se encuentra la iglesia parroquial de la Inmaculada con su majestuosa torre campanario. El templo posee notables piezas de orfebrería, en especial una cruz procesional gótica del siglo XIV o XV, y un tríptico de esmalte del siglo XVI.
Durante el paseo por Linares llegaremos hasta la fuente y el lavadero, donde aún algunas vecinas lavan su ropa. También atravesaremos el Portal de Abajo o de la Fuente, ya que Linares cuenta todavía con restos de muralla y otros dos portales, el Portalico y el Portal Alto. En el camino que lleva hasta la plaza del pueblo podremos contemplar las casas más antiguas, con impresionantes aleros de madera, balconadas y rejerías.
Saliendo del pueblo nos encontraremos con la ermita de Santa Ana, junto a los ríos Linares y Paulejas. También por aquí veremos el puente medieval, uno de los más antiguos de Aragón y punto de partida para diferentes rutas senderistas. Por último, podemos acercarnos a conocer la ermita de Santa Ana, que se encuentra enfrente de Linares y que ofrece una bonita perspectiva del mismo.
Las inmediaciones del pueblo se distinguen por su rico patrimonio natural del que se puede disfrutar recorriendo los numerosos senderos señalizados existentes, que permiten acercarse hasta cualquiera de las hermosas ermitas de este municipio y gozar de las vistas que ofrecen desde sus emplazamientos. Entre los verdes pinares que aquí proliferan hay un árbol centenario conocido como el Pino del Escobón.
Aunque se desconoce la fecha de su fundación, se sabe que la localidad fue rescatada a los moros por Alfonso II de Aragón en 1181, y el nombre de Linares se cita ya en el fuero de Daroca de 1142. Durante algún tiempo se confía a la Orden del Temple la defensa del castillo de la villa, así que son los Templarios quienes rigen los destinos del lugar hasta que, en 1202, Pedro II el Católico hace donación de esta fortaleza, y también de la de Puertomingalvo, a favor del Cabildo de la Seo de Zaragoza. Se trataba de incrementar la población, menguada sobremanera a principios del siglo XIII en ambos lugares, los cuales se convierten ahora en patrimonio de la Mesa episcopal cesaraugustana. Desde entonces pertenecerá al obispado de Zaragoza durante seis siglos más hasta la desamortización.
En 1532, don Fabrique de Portugal (Arzobispo de Zaragoza y, por ende, señor de Linares) intenta atajar el decaimiento de la antigua fortaleza de este pueblo, que como tantos otros, había perdido su importancia militar, pero no podrá hacer frente a los costes de restauración calculados.
En 1611, un geógrafo portugués, Juan Bautista Labaña, visita la villa y la describe como una populosa localidad de más de 300 vecinos. Merced a su posición estratégica y a su desvío de las principales vías de comunicación, la población no se implicará directamente en ningún acontecimiento político militar hasta la primera guerra civil del siglo XIX, si bien deben evocarse los nombres de algunos hijos ilustres de Linares, como Don Baltasar Gargallo, a quien Felipe V concedió un privilegio de hidalguía en 1738 por su acción en la Guerra de la Sucesión, o Don Pedro José Fonte, consejero de la Reina María Cristina y Arzobispo de México, quien durante la Guerra de la Independencia ayudó económicamente a Palafox e inició una suscripción en favor de los heroicos defensores de Zaragoza.
Durante la primera guerra carlista, los carlistas fortificaron la villa y permanecieron dentro de sus muros hasta abril de 1840. Mientras tanto abrieron una carretera que atravesaba todo el término de Linares, pero que no se conservaría dadas las condiciones orográficas y meteorológicas del territorio. Y finalmente, es durante la Guerra Civil cuando la población sufre lo indecible, aunque logra salvar su gran tesoro artístico.
Entre las personalidades sobresalientes más cercanas a la villa, se distinguen el Padre Ramón Dolz, Provincial de los Escolapios; Don José María Gómez, diputado a cortes; Don Agustín Mora, padre dominico que murió en olor a santidad: Don Antonio Badal Solsona, sacerdote sencillo y virtuoso, y Don Leopoldo Bayo López, el más egregio de los hijos de Linares en la época reciente.
Su actual nombre, Linares de Mora, aparece desde 1910. Antes conoce diferentes denominaciones como Linares del Puerto (1285), Linares (entre 1495 y 1910) o Linares de Aragón.
Administrativamente, Linares de Mora ha formado parte, de manera sucesiva, al merinado de Zaragoza (1295), a la sobrecullida de Montalbán (1446-1495), a la vereda de Montalbán (1646) y al corregimiento de Teruel (1711-1833). Se constituye como Ayuntamiento en 1834 y forma parte del partido judicial de Mora de Rubielos, para incorporarse en 1965 al partido judicial de Alcañiz. En 1971 se le une Castelvispal, que históricamente ha seguido el mismo camino que Linares, ya que desde sus orígenes ha pertencido al obispado de Zaragoza.
La trama urbana del conjunto se caracteriza por su perfecta integración del marco natural en el que se ubica, en la parte alta de una roca, lo que le confiere una gran majestuosidad. Este hecho va a propiciar que su trama urbana y su caserío de arquitectura popular se adapten perfectamente a la orografía tan particular en la que se asienta, mostrando una gran cantidad de perspectivas, perfiles y matices.
La villa fortificada de Linares de Mora tiene un urbanismo, escasamente modificado, típico de una villa bajomedieval amurallada con un caserío homogéneo, en el que se encuentran interesantes ejemplos de construcciones medievales (castillo, murallas, portales de muralla,...) y barrocas (iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción), así como viviendas notables y otras más populares, unificado todo ello a través de un trazado urbano regular y con los tonos cromáticos de las construcciones encaladas y con tejados rojizos de teja árabe.
La imagen de la villa viene marcada por dos elementos: los restos de su castillo (siglo XIII), sito en el punto más elevado de la roca, y por su iglesia parroquial (siglo XVIII), obra maestra del barroco turolense, dotada de campanario exento. Por las laderas sur y este del asentamiento rocoso, y adoptando forma de L, en la que la iglesia ocupa su ángulo, se desarrolla el caserío articulado en cada uno de los brazos de la L, en cuatro vías paralelas y escalonadas (por su adaptación a la topografía). En este regular trazado destacan la ausencia de espacios abiertos y lo homogéneo de su tejido urbano configurado por edificaciones entre medianerías (pared común a dos casas) de tres alturas y doble fachada (al situarse en calles a distinto nivel), en las que se hace patente la presencia de abundantes huecos y balconajes en sus fachadas principales. La muralla que recorría la totalidad de la población presentaba sus portales en los extremos oeste, hoy desaparecidos, y noreste, en el que se han conservado tres portales a distinta altura de la misma: el Portal de Abajo, principal acceso al recinto, el Portal de Enmedio, y el Portal Alto, que da acceso al barrio del Hospital, zona más popular y rural de todo el conjunto, desarrollada en torno al Antiguo Hospital y ermita de Santa Lucía.
Del recinto fortificado que rodeaba a la población se conserva algunos lienzos de murallas y tres portales: portal Alto, portal Bajo o de la Fuente y portal de Enmedio. La parte de la muralla que se mantiene en pie está situada al lado del portal Alto y aunque está transformada para su utilización como vivienda se advierte perfectamente el lienzo de muralla y una torre, construidos en mampostería con sillares en las esquinas de la torre.
El Portal de Abajo (o de la Fuente) es una de las antiguas puertas de acceso al recinto amurallado situadas al este, históricamente servía como uno de los principales puntos de entrada a la zona fortificada de la localidad. Cerca de este portal, el entorno ofrece vistas de la arquitectura popular y el acceso a la zona baja del pueblo, cerca de la fuente. Está formado por un arco de medio punto con dovelas al exterior y un arco ojival con dovelas de menor rosca al interior. Sobre el arco se construyó una vivienda de mampostería con balcones tanto al interior como al exterior.
Enfrente de la puerta nos encontramos con un lavadero que forma un conjunto con la fuente que le suministra el agua por la construcción de un pequeño acueducto. El elemento fundamental es la Fuente a la que progresivamente se le añade un abrevadero para caballerías y, en otros casos, un zariche para ganado lanar. Este lavadero comunal tradicional tiene siglos de antigüedad y es un testimonio del estilo de vida rural del pasado. Situado en medio de la belleza escénica del paisaje circundante, el lavadero presenta una clásica construcción de piedra con una serie de pilas alimentadas por un continuo chorro de agua fresca. Visitar este sitio ofrece a los viajeros una visión de las prácticas sociales y culturales de los antepasados de la comunidad y proporciona un ambiente tranquilo para la reflexión.
El Portal de Enmedio formaba parte del recinto amurallado y está rodeado de una edificación entre medianerías, de tres plantas con huecos sencillos y un balcón en la planta superior. Está formado por dos sencillos arcos rebajados de poca luz reforzados por mampostería. En su parte superior se aloja una vivienda que bien pudo ser una torre defensiva. Intramuros, forma un rincón de elevada calidad ambiental.
El Portal Alto consiste en un arco de medio punto de sillería en su parte exterior mientras que al interior presenta dintel recto de madera. Encima del paso, formado por vigas transversales, se construyó una vivienda de dos pisos, restaurada en el lado extramuros; pudo ser una torre-puerta por los sillares que se advierten en las esquinas.
Los restos del castillo se sitúan en un monte sobre la población. Aunque su estado es ruinoso, todavía pueden contemplarse los restos de la Torre y una estructura cilíndrica. El Castillo de Linares de Mora tiene un origen musulmán. La población de Linares de Mora y su castillo fueron conquistados en 1181 por Alfonso II confiando su defensa a los templarios. La Orden del Temple lo mantuvo hasta el año 1202, cuando Pedro II donó la población al cabildo de Zaragoza junto con Puertomingalvo. El señorío de los arzobispos sobre el lugar y el castillo duró casi seis siglos. Posiblemente fue empeñado el castillo a Sancho VII de Navarra en 1214 aunque poco tiempo debió estar en su poder pues en 1222 el obispo de Zaragoza Sancho de Ahones ordenó hacer reparaciones. En 1532, el arzobispo de Zaragoza don Fadrique de Portugal acometió la restauración de este castillo, encargando a los arquitectos Juan de Gali y Juan de la Mira su realización por lo que, seguramente, es de esta época lo conservado. El Castillo tiene planta muy irregular para adaptarse a la roca en que se asienta, de unos 30 metros de eje mayor y forma semejante al triangulo. Está construido en mampostería y en uno de los ángulos se encuentra un cubo circular; la torre del homenaje es de planta pentagonal y está rebajada en altura.
Dentro de la arquitectura religiosa destacan edificios como la iglesia de la Inmaculada Concepcion. Se trata de un edificio de grandes dimensiones que cuenta con planta rectangular y está construido en mampostería. Se construyó entre 1785 y 1795 y marca la imagen del casco urbano por su situación elevada y su tamaño. La composición de la fachada consta de un arco de medio punto enmarcando una portada adintelada de sillería, la ventana del coro con forma de medio círculo, y sobre esta, un óculo en la parte superior. Los vanos abiertos en las fachadas laterales como la fachada principal son óculos circulares. Al interior consta de tres naves muy altas. La nave central y los brazos del crucero se cubren con bóvedas de medio cañón con lunetos curvos. Las naves laterales cuentan con tres tramos y se cubren con bóvedas vaídas. El crucero está cubierto por una cúpula de media naranja sobre pechinas. En éstas se abren óculos, unos funcionales y otros simulados. Los pilares sustentan los arcos formeros y fajones son de planta cruciforme, con pilastras estriadas. La cabecera está cubierta con bóveda de cuarto de esfera. Presenta una gran imposta barroca que recorre la iglesia. A los pies tiene el coro alto. Se decora la iglesia con frescos de tipo rococó y pinturas del siglo XVIII.
La torre está separada unos metros de los pies de la iglesia. Construida en sillería, con el cuerpo inferior de planta cuadrada y el superior de planta octogonal es el cuerpo de campanas. La torre se remata con un chapitel de sillería.
Otros edificios religiosos distribuidos por distintas zonas del termino municipal de Linares son: La Ermita de Santa Ana, la Ermita de la Virgen del Loreto o la Ermita de Santa Barbara.
La Ermita de Santa Ana es una construccion del siglo XVIII de estilo barroco que fue costeada por Pedro Edo y Florentina Mor según inscripción en un azulejo y está ubicada sobre un cerro opuesto a la localidad.
Se trata de un templo de mampostería revocada con una sola nave con cinco tramos, con bóveda de medio cañón con lunetos. La cabecera, curva, tiene bóveda de cuarto de esfera. En los pies de la iglesia se encuentra el coro alto que descansa sobre un arco carpanel. La portada es de sillería y adintelada, con un óculo. En el exterior se pueden observar contrafuertes laterales. Dispone de una espadaña de sillería de un cuerpo con dos vanos de arco de medio punto, y que está rematada por bolas. El suelo es de baldosas de barro.
Junto a la ermita se situa el Calvario, este constituía la primitiva subida a la ermita de Santa Ana, y actualmente está "colgado" sobre la carretera. Conserva la práctica totalidad de los pilones, sencillos, de tamaño mediano-pequeño, de sillería, rematados por una cruz.
Junto al río Linares se encuentra la ermita del Loreto, un edificio de mampostería enfoscada y sillería en las esquinas. Los dos tramos de su nave se cubren con bóveda de cañón con lunetos decorados con frescos de gusto popular, todos ellos tienen el motivo del milagroso traslado por los aires de la casa de la Virgen de Nazaret a Loreto. El atrio a los pies se apoya en seis columnas, y conserva las solerías originales. Se construyo al parecer por encargo de la familia Valero en 1719.
Enfrente de la ermita se situa el Puente del mismo nombre sobre el cauce del río Linares realizado en piedra con sillarejo en los muros y sillares de mejor labra en el arco. Tiene un solo ojo, en arco escarzano que, aguas arriba, presenta un ligero apuntamiento. El tablero es a dos vertientes y conserva los pretiles antiguos. La fase califal solo se conserva en la margen derecha del río Linares (orilla occidental), en la parte inferior del arco.
De la fábrica original del puente solo son visibles tres hiladas de sillares almohadillados, situados en el arranque del estribo del lado occidental. La escasez de los restos conservados supone un importante obstáculo en su estudio. El tipo de aparejo utilizado solo se emplea en momentos muy concretos; descartando cronologías posteriores en función de la superposición de fábricas, sólo podría tratarse una construcción romana o andalusí. Frente a los sillares romanos, los que ahora nos ocupan presentan una modulación más estrecha, en sintonía con numerosas construcciones en piedra, militares fundamentalmente, de toda la Marca Superior de Al-Andalus. El paralelo más cercano existente en cuanto a paramento (aunque no en cuanto a funcionalidad), se encuentra en un potente cubo, también musulmán de la muralla de la vecina villa de Puertomingalvo, esta población también cuenta con un interesante capitel de cronología similar. Parte de los sillares se encuentran asentados dejando visible una junta, e incluso se llega a detectar la presencia de algún pequeño calce, frente a la tónica habitual en los puentes romanos, aparejados "a hueso". Sobre los restos conservados del puente andalusí, de posible cronología califal, o ligeramente posterior, se reconstruyó un nuevo puente, en un momento muy avanzado de la Baja Edad Media o ya de Edad Moderna, detectándose sucesivas reparaciones.
Antiguamente era un
paso fundamental de personas y rebaños
trashumantes, en un tiempo en que el comercio y las comunicaciones eran mucho
más locales. De ahí partía una red de caminos que unía las masías y los pueblos de
la zona.
El puente daba acceso también al molino, al
batán, a la herrería y a la zona de huertas donde se cultivaban patatas, judías, coles, etc.
La ermita de Santa Barbara es un edificio de planta rectangular de una sola nave construida en mampostería que esta fechada en 1684 siendo la mas antigua del lugar. La entrada, lateral, se realiza por un arco de medio punto. Presenta, además, un pequeño atrio entre dos muros de mampostería y una espadaña al oeste.
Linares de Mora no es solo arquitectura ni paisaje; es un estado de ánimo. Sus árboles monumentales, sus senderos señalizados, su cercanía con la estación de esquí de Valdelinares… Todo suma a una oferta que aúna lo natural, lo cultural y lo humano.
Entrar en Linares de Mora es, en definitiva, cruzar un umbral hacia otra forma de entender la vida. Y ahora, con su recién estrenado reconocimiento, se coloca en el mapa no para cambiar, sino para seguir siendo lo que siempre fue: un refugio de paz y belleza. Uno de esos lugares que no se visitan, se descubren.
El término municipal se encuentra en gran parte cubierto por frondosos pinares, entre los que destaca el inmenso y centenario pino el Escobón es el árbol monumental más conocido de la sierra de Gúdar. Su imponente figura, su copa redondeada y su situación en el camino de Linares a Valdelinares hace que sea conocido y admirado. Es un árbol centenario situado a unos 2 kilómetros de Linares de Mora. Es un pino laricio (Pinus nigra) de 22 metros de altura y un diámetro del tronco de 1,40 metros (medida tomada a 1,30 metros del suelo). Junto a este árbol se encuentran las labores de la mina Resurrección, que fue explotada en el siglo XIX para extraer plomo y zinc. El entorno se ha transformado en área recreativa. También destacan los parajes del río Linares.
Linares de Mora se encuentra dentro de este Lugar de Importancia Comunitaria. Se caracteriza este espacio por los paisajes con vegetación típica de montaña mediterránea continentalizada. Es destacable la extensión del pinar, mientras que entre las especies animales, el rasgo que más destaca es la abundancia de aves rapaces como buitres, cuervos y águila real. También es común el cangrejo de río y la mariposa isabelina. Entre los mamíferos destacan el jabalí, el corzo y la cabra montés.
Otros lugares de interes dentro del termino municipal tenemos:
Sima de la Cespedosa
Los amantes de la espeleología tienen una magnífica sima en Linares de Mora para la práctica de su especialidad. La boca de acceso tiene unos 6 metros de anchura y 26 metros de profundidad. El recorrido total de esta cavidad es de 232 metros y un desnivel de -52 metros. En su interior alberga una de las salas más grandes de la provincia de Teruel, con unos 54 metros de largo por 12 de ancho y 7 metros de altura. La boca de acceso se encuentra vallada para evitar caídas a su interior. Para acceder a la sima es necesaria mucha precaución y material espeleológico.
Cueva Mona
La Cueva Mona es uno de los puntos emblemáticos de Linares de Mora. Cercana al pueblo y visible desde la carretera, ha aumentado su importancia con la reciente instalación de una vía ferrata.
Para acceder a ella hay dos opciones; entrar desde la carretera por una pista a la Fuente el Bartolo donde dejaremos el coche y terminaremos el trayecto a pie unos cinco minutos, o desde la misma población a pie bajando a la ermita el Loreto y tomando allí el sendero fluvial que nos lleva a la Cueva Mona en una media hora.
Se trata de una poza natural de agua cristalina con un par de bellos saltos de agua situada a unos 3 km del municipio. Zona muy visitada sobre todo en verano, por ser una zona fresca en la que poder darse un chapuzón.
Cueva Escobón-Mina
Situada en la montaña junto al Pino del Escobón, se trata de una mina comenzada a explotar a mediados del siglo XIX, primero se extraía plomo, para más tarde dedicarse al zinc, al descubrirse la abundante presencia de “smithsonita” (calamina). Fue la primera de las trabajadas en la zona, a la que se sumaron más tarde otros grupos y minas aisladas. Comprende una gran cavidad de entrada de la que parten diversas galerías con varios niveles… no siendo recomendable adentrarse en ellas por precaución.
Hermosa cascada de agua natural situada junto un antiguo y ruinoso molino de harina, de ahí su denominación. Está situado a unos 2 km del Pino del Escobón.
Cascada del Arquero
Imponente cascada de agua natural situada entre los términos de Linares y Puertomingalvo. Su denominación proviene del arco iris (Arquero) que producen las gotas de agua en suspensión al caer y reflejar el sol. Está situada a unos 5 km de Puertomingalvo, de donde parte la ruta para visitarla.
GASTRONOMIA:
Aunque apreciadas desde la antigüedad, las cualidades culinarias de la Trufa negra todavía resultan poco conocidas para la mayor parte del público. La escasa producción, unido al precio, hacen de la Trufa negra de Teruel un producto gourmet reconocido como tal en las mejores mesas del mundo. Hasta hace poco, la oferta de Trufa negra se limitaba a aquella procedente de la recolección silvestre, resultando su producción muy escasa y tremendamente variable a lo largo de distintas temporadas. En la actualidad ya es posible la inoculación del hongo en las especies forestales bajo condiciones de laboratorio, con lo que se posibilita su cultivo en grandes plantaciones que permiten abastecer un mercado creciente. En lo que se refiere a la producción agroforestal de trufa, Teruel es un referente a nivel nacional e internacional, resultando una de las provincias con mayor número de hectáreas destinadas a este cultivo y contando dos de los principales mercados de compra-venta del país, los de Sarrión y la Estación de Mora.
La exclusividad de este hongo radica, no sólo en lo complejo de su obtención, sino también en las excelentes cualidades culinarias que presenta. A pesar de su aspecto -similar a un tubérculo, irregular y de un color negro con tonos violáceos-, la Trufa negra tiene un aroma y sabor único, difícilmente descriptible, con un punto ligeramente terroso y a la vez, un poco picante. Aunque puede cocinarse -siempre a temperaturas bajas que permitan preservar sus cualidades-, lo recomendable es consumirlas en crudo, por ejemplo rallada sobre platos a base de caza, arroces, carnes blancas, o directamente, laminada sobre una tostada con aceite de oliva, donde resulta un manjar excepcional.
La Denominación de Origen Jamón de Teruel, la primera de estas características de España, nace en 1984, poniendo en valor uno de los mejores jamones del país. El jamón de Teruel proviene de la selección de las razas de cerdo blanco Landrace, Large White y Duroc. La selección genética en origen, las excepcionales condiciones climáticas de la provincia y la experiencia de los maestros jamoneros turolenses son la base de un producto único por su sabor y cualidades nutricionales.
Además, el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Jamón de Teruel asegura que toda pieza seleccionada cuenta con al menos 14 meses de curación y se encarga de velar porque tanto la cría del animal como el proceso de elaboración del jamón se realice íntegramente en la provincia de Teruel, tal y como estipula el propio Reglamento de la Denominación.
El resultado es un jamón de sabor suave, con el punto justo de sal y presenta un porcentaje importante de grasa infiltrada, cualidad que solo presentan atesoran los jamones más calidad.
La presencia de bosques, tanto carrascales como pinares, y de superficies ocupadas por monte bajo, así como las características edáficas de los suelos, hace de esta localidad un terreno en el que abundan los recursos micológicos. De entre las especies disponibles destacan por sus cualidades culinarias los rebollones o níscalos o las setas de cardo, por citar algunos de los ejemplos más comunes.
Testamentos
Pasta típica del pueblo. Consiste en finas capas de masa de pan con aceite y azúcar.
Migas
Las migas aragonesas o de pastor es un plato muy popular en nuestra gastronomía. Es un plato que se asocia a zonas rurales porque las migas eran consideradas una comida típica de gente humilde, una comida asociada a los pastores, de ahí que se llamen también Migas de Pastor. Éstos las preparaban en el monte mientras pastaba el rebaño y para las que se utiliza el pan duro que se aprovechaba de un día para otro y otros ingredientes como panceta, longaniza, ajo, aceite…Suelen acompañarse con huevo frito, piña o uva.
FIESTAS:
Fiestas de San Antonio Abad: Se celebra los días 16 y 17 de enero. En la víspera de esta fiesta los clavarios de San Antonio recorren las calles del pueblo pidiendo la voluntad a los vecinos. Tras la bendición de los animales, tiene lugar el encendido de la tradicional hoguera en la plaza del municipio. Se celebra a continuación una cena popular. Al día siguiente, se realiza la tradicional «Tranza», que es una subasta de lo que se ha donado el día anterior.
Fiestas de Santa Agueda: La festividad de Santa Águeda se celebra el sábado más cercano al 5 de febrero. En ese día las mujeres de Linares de Mora celebran una cena en honor a la santa. A continuación se realiza una verbena para todos los vecinos.
Semana Santa:
En Linares de Mora se celebran los actos religiosos propios de la Semana Santa como son las procesiones y misas. También durante estos días los «quintos» organizan verbenas, la tradicional «plegada» y otros actos festivos y lúdicos.
Romeria de Santa Cruz: Tiene lugar el primer domingo de mayo y se realiza caminando hasta el paraje de Santa Cruz, en lo alto de la montaña entre Castelvispal y Cortes de Arenoso, donde hay un peirón. Cuando se llega a Santa Cruz se bendicen los términos y se reparte el tradicional “mollete” entre los vecinos asistentes. Además de los vecinos del Vispal, llegan otros procedentes de masías de Linares, de Cortes de Arenoso y de otras localidades. Todos ellos gozan de una estupenda comida, cantos y bailes. A media tarde se vuelve al pueblo.
Romeria Santuario Virgen de la Vega: Esta romería se celebra el segundo lunes de mayo. Al amanecer todos los habitantes del municipio se dirigen caminando hasta el Santuario de la Virgen de la Vega, en el vecino municipio de Alcalá de la Selva. Durante el recorrido, en la llamada Cruz de las Barracas se realiza un descanso y se aprovecha para hacer un almuerzo. Una vez en el Santuario, toda la comitiva comen en los alrededores y después se inicia el regreso, descansando en el Mas de Simón. Una vez en el pueblo, se dirigen a la Iglesia. El origen de esta romería tiene lugar en las antiguas rogativas que se hacían para pedir lluvias a la Virgen de la Vega.
Santa Quiteria: El penúltimo domingo de mayo se celebra la fiesta de Santa Quiteria, en la que todos los vecinos asistentes hacen una procesión por las calles del pueblo y al finalizar se reparten los “molletes” bendecidos. Después todos disfrutan de unos bailes y se cede Santa Quiteria al próximo Clavario.
Fiestas de San Pedro: La fecha de celebración es el 29 de junio. Durante el último fin de semana de junio se lleva a cabo la fiesta de los quintos, ésta tiene su origen en el llamamiento de las Quintas del antiguo servicio militar. La tradición ordena plantar un pino en la plaza, este pino era donado por el ayuntamiento para que los quintos pudiesen obtener dinero con la venta de la madera. En la actualidad el pino se mantiene como símbolo y se organiza la fiesta por los quintos, iniciando las fiestas del verano.
Fiestas Patronales en honor a Santiago, Santa Ana y San Cristobal: Tienen lugar las fiestas patronales entre el 24 y el 29 de julio. Se celebran dos procesiones, el primer día por las calles del municipio y el segundo en romería hasta la ermita de Santa Ana. La tarde del día de Santiago se baila la «Jota de Santa Ana» baile tradicional recuperado hace unos años. Por las noches se realizan verbenas, comidas y vaquillas.
El día 27 de julio los chóferes honran a San Cristóbal. Se inicia el día con una misa y bendición de vehículos. Luego se hace una comida popular para los miembros de la Asociación. A la vez las mujeres agrupadas en otra asociación celebran una comida. Tiene su origen al impedirles participar en la agrupación de chóferes y crearon otra asociación exclusivamente femenina: «las rebotadas». Durante todos los días de fiesta se realizan toros embolados y verbenas.
Fiestas de Santa Anica: Se celebra el último fin de semana de agosto con diversos actos entre los que se encuentran toros embolados, vaquillas y verbenas. Esta fiesta tiene sus orígenes en la época en la que residían muchos jóvenes en las masías. Puesto que durante las fiestas patronales los masoveros no podían asistir, pues era el periodo en el que se llevaba a cabo la siega, el último fin de semana de agosto se organizaba una pequeña fiesta donde podían acudir. Por ello recibe el nombre de Santa Anica.




























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