PEÑARANDA DE DUERO (Burgos)

 



PEÑARANDA DE DUERO


Peñaranda de Duero es un municipio de la provincia de Burgos dentro de la comunidad autónoma de Castilla y León. El término municipal tiene una población de 470 habitantes y en la actualidad el término municipal, además de la localidad de Peñaranda de Duero, cuenta con el barrio de Casanova, situado a tres kilómetros del núcleo urbano principal. 
Peñaranda se halla emplazada en la margen derecha del río Arandilla, afluente del Duero, punto de contacto entre la fértil vega del Duero y las primeras estribaciones de la Sierra de la Demanda. Etimológicamente, su nombre significa ciudad de la peña y el río, lo cual alude a su emplazamiento de carácter estratégico en lo alto de un cerro.
El 3 de junio de 1931 el conjunto formado por el Castillo, el Palacio de Avellaneda, y el pueblo, fue declarado Monumento Histórico Artístico, asi como reconocida como "Pueblo mas bello de Castilla y Leon" en 2018, por lo que estamos ante una de las joyas medievales de Castilla y Leon. Amparado bajo el castillo medieval de los Avellaneda, se extiende el caserío en torno a la calle Real y la elegante plaza del Duque, donde se encuentra el rollo jurisdiccional de una esbeltez y elegancia extraordinarias.
Cuenta con varias casonas nobles y viviendas tradicionales de piedra y adobe. Singular casco urbano con restos de muralla. En lo alto del cerro los vestigios del castillo aparecen como una nave rota, anclada en tierra. Peñaranda de Duero es una de las poblaciones más bellas y pintorescas de la provincia de Burgos.




La villa presenta un casco medieval de planta alargada, en la que se distribuyen mezclados los edificios religiosos y señoriales con el resto del caserío. Asentado directamente sobre la roca y dominando el espacio circúndate, se halla el Castillo de Peñaranda, nacido con fines defensivos en los siglos altomedievales, aunque los restos actuales datan del siglo XV. Asimismo, existió una muralla que rodeaba casi todo el caserío actual. En la actualidad queda un buen paramento que bordea la carretera y dos de las tres puertas de acceso a la villa, el Arco de las Monjas, y la que da entrada a la Plaza Mayor.
Las viviendas populares, unas de las más bellas y conocidas de La Ribera, están construidas con adobe y entramado de madera, de poca profundidad y dos plantas, más un sobrado abuhardillado. La planta baja se destinaba a lagar y otros menesteres, mientras que la superior albergaba la cocina y los dormitorios. En la fachada principal era muy común la existencia de balcones de madera, algunos de gran tamaño, a modo de solanas. Actualmente se conservan algunas con este modelo pero lo que sí se conserva son las bodegas subterráneas intramuros en las principales calles del pueblo junto con sus características zarceras y algún lagar en muy buen estado.


Etimológicamente, su nombre significa ciudad de la peña y el río, lo cual alude a su emplazamiento de carácter estratégico en lo alto de un cerro. En efecto, probablemente Peñaranda y Aranda fueran repoblados de forma simultánea a comienzos del siglo X, cuando la frontera cristiana llegó hasta el Duero. De cualquier forma, aparece por primera vez mencionada en torno al año 1000 por su condición de plaza fuerte defensiva. En un principio formó parte del alfoz de Clunia. Más tarde fue considerada aldea de San Esteban de Gormaz; después perteneció a la provincia de Segovia, hasta que, en el siglo XIX, se integró en la de Burgos.
A comienzos del siglo XIV, una vez asegurado el dominio castellano, Fernando IV entregó la villa a Fernán Ruiz de Amaya, quien, a su vez, la venderá al infante Don Pedro, hijo de Sancho IV, en 1311. En tiempos de Alfonso XI, la villa queda vinculada a la familia Avellaneda, Condes de Miranda, los cuales contribuyeron notablemente al enriquecimiento de la villa mediante la construcción de las principales obras arquitectónicas.
Peñaranda es una joya histórica con un casco medieval bien conservado que combina la belleza arquitectónica con un rico patrimonio cultural. Sus calles adoquinadas, sus impresionantes edificios y su encanto medieval hacen de esta ciudad un lugar fascinante para explorar y sumergirse en su historia.


Hoy en día, de las antiguas murallas que una vez rodearon la población de Peñaranda de Duero, persiste un vestigio notable conocido como la Puerta de las Monjas. Este portal histórico nos habla de una época en la que las murallas eran una parte fundamental de la vida y la defensa de la ciudad.
La Puerta de las Monjas es mucho más que una entrada a la ciudad. Es un portal que guarda secretos y relatos de tiempos pasados, cuando las murallas eran testigos de la vida cotidiana y las vicisitudes de la comunidad. Aunque las murallas en su totalidad ya no se alzan, este portal nos transporta a una época en la que la seguridad y la protección eran esenciales.
Explorar la Puerta de las Monjas es como abrir un libro de historia y sumergirse en el pasado de Peñaranda de Duero. Es una invitación a reflexionar sobre cómo la arquitectura puede contar la historia de una comunidad y su evolución a lo largo de los siglos. A pesar del paso del tiempo, este vestigio continúa siendo un recordatorio tangible de la importancia de preservar nuestro patrimonio cultural y valorar las estructuras que han sido fundamentales en la historia de nuestras ciudades.
Situada cerca del Monasterio de las Madres Dominicas, esta puerta debe su nombre a su proximidad a este convento de clausura, que ha estado presente en la localidad desde el siglo XVI. A pesar de que no se conservan todos los tramos de la muralla original, la Puerta de las Monjas ha sobrevivido al paso del tiempo, siendo uno de los pocos vestigios de las defensas medievales de la villa. La Puerta de las Monjas destaca por su arco de medio punto, una estructura típica de la arquitectura defensiva castellana de la época medieval. Aunque ha sido objeto de varias restauraciones a lo largo de los siglos, la puerta ha mantenido su esencia medieval. Es un ejemplo significativo de la antigua muralla que rodeaba Peñaranda de Duero y que protegía la villa de posibles ataques.
La antigua muralla tardomedieval construida en el siglo XV fue levantada para proteger la población y de la que, en la actualidad, se conservan en pie dos de las puertas y varios lienzos que protegen el palacio de Avellaneda. La muralla descendía desde el cerro del castillo y abrazaba el antiguo casco de la villa. Las dos puertas que han llegado a nuestros días han sido perfectamente integradas en el posterior desarrollo urbano del pueblo y ambas cuentan con arcos de medio punto.




La primitiva “puerta de la huerta”, abierta al sur, formaba parte del sector occidental de la muralla que se construyó en el siglo XVI para integrar el palacio de los condes de Miranda y su huerta en el recinto urbano. La fábrica es un lienzo rectilíneo de mampuesto de piedra, con torreones circulares muy espaciados, que concluía en la puerta del “arco de San Juan” (demolido en el siglo XIX) en el extremo oeste de la antigua calle Real (hoy calle Botica); distorsionándose con esta ampliación el trazado oval de la cerca bajomedieval. La intervención del arquitecto Anselmo Arenillas sobre el viejo palacio renacentista, en la década de 1950, para reutilizarlo como centro de la “sección femenina”, transformó el espacio de la huerta y las dependencias de la zona sur del palacio. La actuación de Arenillas, sobre este sector de la muralla, cimentó sobre ella el nuevo edificio del palacio y recreció el resto del lienzo con un cordón de ladrillo macizo y merlones rematados en albardilla. A su vez, se abría, a poniente, una puerta nueva con dos torreones circulares y símbolos de los RRCC. Y, en la puerta del sur o puerta de la huerta, se añadió otro torreón en el lado izquierdo al ya existente en el lado derecho y sobre el arco de medio punto se adosó una portada del taller de Felipe Bigarny, extraída del edificio principal del palacio renacentista.


Nada más atravesar una de las puertas de la muralla, sobresale por su belleza la Plaza Mayor, obra del siglo XVI, con casas con soportales. Te encuentras inmediatamente inmerso en un escenario que respira historia y belleza. Cada rincón de este lugar emblemático cuenta una historia fascinante y ofrece una vista espectacular de la arquitectura y la cultura de la región.
Al fondo de la plaza, la imponente imagen del Castillo se alza como un guardián silencioso de la historia de este lugar. A tu derecha, la Ex-Colegiata Abacial se erige con su esplendor arquitectónico, un tributo a la fe y la devoción que ha perdurado a lo largo de los siglos.
A la izquierda, la magnífica fachada plateresca del Palacio de Avellaneda se alza con gracia y elegancia, recordándonos una época de esplendor artístico. El Rollo Jurisdiccional, un símbolo de justicia y autoridad, se alza con majestuosidad en el centro de la plaza, recordándonos la importancia de la ley y el orden en la sociedad.
Los soportales de las antiguas edificaciones que rodean la plaza nos hablan de una época en la que el comercio y la vida social se desarrollaban en este espacio público. Las calles que se desprenden de la plaza nos invitan a explorar más allá y descubrir los secretos de esta encantadora localidad.
La Casa de la Villa, con su arquitectura distintiva, aguarda discretamente en un rincón de la plaza, mientras que una artística fuente añade un toque de frescura y vitalidad al ambiente.
Cada paso que das en la Plaza Mayor te lleva a un lugar nuevo, a una historia diferente, y a una apreciación más profunda de la riqueza cultural que este espacio encierra. Es un lugar donde el pasado se encuentra con el presente en una danza armoniosa, y donde la belleza arquitectónica se combina con la narrativa histórica para crear una experiencia verdaderamente inolvidable.
La Plaza Mayor de Peñaranda de Duero ha sido el epicentro de la vida social, política y comercial de la villa desde la Edad Media. Durante siglos, los vecinos de Peñaranda se reunían aquí para intercambiar bienes en los mercados y para participar en los actos oficiales de la villa. En tiempos medievales, la plaza era un espacio donde confluían las actividades diarias de la población, con comercios alineados bajo los soportales, protegidos por columnas de piedra, lo que garantizaba refugio en días de mal tiempo. La Plaza Mayor de Peñaranda de Duero es un ejemplo perfecto de la plaza castellana tradicional, con una forma rectangular empedrada y rodeada de edificios históricos. Uno de los elementos más destacados es el soportal, que recorre parte de la plaza y está sostenido por columnas de piedra. En tiempos medievales, este espacio cubierto albergaba comercios y viviendas, y servía de refugio para los transeúntes en los días de lluvia o calor. Hoy en día, el soportal mantiene su aspecto original, evocando la vida tradicional de la Castilla del pasado.




El palacio de los Condes de Miranda (o palacio de Avellaneda), también conocido como de Zúñiga es un edificio renacentista del primer tercio del siglo XVI que debe su construcción a Francisco de Zúñiga y Velasco, tercer conde de Miranda del Castañar, atribuyéndose su autoría, aunque con dudas, a Francisco de Colonia o a Nicolás de Vergara.
El palacio es un edificio donde conviven el primer Renacimiento con elementos de la tradición gótica. De planta rectangular se articula en torno al patio porticado. Su amplía fachada se abre a la plaza mayor de la villa, y su parte trasera da a un terreno cercado por un lienzo de muralla construido en los mismos años, donde antaño estuvo el jardín. La fachada concentra los elementos decorativos en la portada y en las ventanas de la planta noble.​
La portada que aparece descentrada en la fachada, es adintelada tiene jambas de jaspe y está adornada con grutescos. Por encima de ella hay un arco de medio punto flanqueado por dos figuras en cuyo tímpano se hallan los escudos de los Zúñiga y Avellaneda. Sobre este arco una moldura soporta otro de menor tamaño con un busto clásico en su interior representando a Hércules.
Al patio se accede tras atravesar el zaguán cuyas puertas desenfiladas a la plaza y al interior, marcan un recorrido diagonal en dirección a la escalera, permitiendo su visión desde el exterior.  El hueco que da al patio cuenta con una rica decoración en las jambas y el dintel así como con dos columnas de jaspe que sostiene un arco carpanel con forma de guirnalda.
El patio está formado por dos pisos de diferente diseño debidos probablemente, a distintos arquitectos, así el inferior presenta pilares aupados sobre altos podios, decorados con pilastras pseudocorintias que sostienen arcos de medio punto, y el superior de menor altura, columnas y arcos carpaneles con medallones en las enjutas. Mientras que el primero refleja influencias tardogóticas el superior es de estilo renacentista.​
Los dos pisos se comunican mediante una escalera monumental de tres tramos a la que se accede a través de un doble arco carpanel dividido por una columna de jaspe. Está cubierta por un espléndido artesonado que en parte es una recreación del primitivo. Originales son los frisos de yesería, la cornisa plateresca adornada con diferentes bustos, la cornisa de mocárabes y los paneles que contienen los escudos de la familia sostenidos por ángeles. El resto de elementos y el techo de casetónes se incorporaron en la restauración de la década de 1950.
La entrada en la planta principal se realiza a través de un vano adintelado enmarcado por columnas. A su lado una ventana geminada, con asientos, decorada con casetones y en la que sobresale un busto de estilo clásico, se abre a la caja de la escalera.
Alrededor del patio se distribuyen las distintas dependencias. Los salones de la planta noble mantienen la disposición originaria destacando las salas que dan a la fachada principal. De entre ellas destaca el Salón de Embajadores. Como el resto de las salas de esta ala del palacio está decorada con yeserías que alternan motivos mudéjares y platerescos, agrupadas en los frisos y en torno a las puertas y ventanas. Aparte del espléndido artesonado mudéjar que la cubre posee una chimenea de estilo francés  y una tribuna tras una celosía calada en donde antaño se colocaban los músicos.
El resto de salas repiten el tipo de decoración tanto en lo que se refiere a las yeserías como a los artesonados. Estos constituyen uno de los mejores conjuntos de los conservados de esta época en España. El palacio tuvo jardines y huerta que estuvieron decorados con fuentes y esculturas que se conservaron en la casa hasta los años 1930. Actualmente, el Palacio de los Avellaneda está inmerso en un ambicioso proyecto de restauración y transformación en un hotel termal de lujo.




El Rollo de Justicia de Peñaranda de Duero es un tesoro arquitectónico que destaca como uno de los mejores ejemplares en toda España, y su importancia se reconoció oficialmente en 1931 cuando fue declarado monumento histórico-artístico.
Lo que más impresiona de este rollo es su extraordinaria esbeltez y elegancia. Su diseño está adornado con detalles de decoración flamígera que añaden un toque de sofisticación. El rollo se alza majestuosamente sobre tres escalones ochavados, y su fuste presenta una forma que tiende hacia el cuadrado, rodeado por columnillas fasciculadas. Estas columnillas culminan con cuatro canes que representan cabezas de león, aunque lamentablemente, el paso del tiempo ha deteriorado considerablemente estos detalles, al igual que algunos capiteles decorativos de estilo vegetal.
La historia de este rollo es intrigante, ya que parece que su fuste fue elaborado en diferentes periodos o posiblemente se reutilizaron materiales de otras fuentes. Esto se evidencia por la mayor calidad artística del cuerpo superior en comparación con la parte inferior, que es mucho más tosca. En la parte superior, destacan los cuatro escudos de los Zúñiga, la familia noble que influyó significativamente en la historia de la región. Más arriba, se alza un entablamento cuadrado sostenido por figuras monstruosas, desde el cual se levanta un pináculo gótico coronado por una cruz de forja.
Como es común en otros rollos de este tipo, su uso histórico como picota de ejecución queda patente en la oquedad que se encuentra en el fuste, diseñada para sujetar la nuca de aquellos que eran condenados. También, en su estructura se pueden apreciar agujeros y cabezas de león que servían para enganchar argollas para colgar a los condenados.
Aunque no se ha podido establecer una fecha exacta para este rollo, su similitud con otros ejemplares sugiere que probablemente fue erigido a finales del siglo XV o a comienzos del siglo XVI. Inicialmente se encontraba en un cruce de caminos fuera de la villa, pero en 1959 fue trasladado a la Plaza Mayor, donde se erige majestuosamente frente a la Colegiata de Santa Ana, recordando un tiempo en que la justicia se administraba de manera imponente en la historia de Peñaranda de Duero.


Presidiendo la plaza se alza majestuosa la fachada principal de la que fuera Colegiata Abacial de Santa Ana gracias a la Bula Pontifica concedida por Paulo V en 1605. La construcción de este impresionante edificio fue financiada por doña María Enríquez de Cárdenas, viuda de Francisco de Zúñiga, y su hijo, y se llevó a cabo desde 1540 hasta principios del siglo XVII. Su diseño, con líneas audaces, se atribuye a los arquitectos Rodrigo Gil de Hontañón y Pedro de Resines, y destaca por el contraste entre su gran altura y sus elementos sustentantes delicados.
La portada, en un estilo barroco clasicista de tipo columnario, fue diseñada por fray Pedro Martínez, y se asemeja a un retablo, con nichos y varias imágenes de santos. En la parte superior, se encuentra la imagen de Santa Ana, la santa patrona de la parroquia, y los escudos de los Zúñiga y Avellaneda.
El acceso a la colegiata está precedido por una escalinata con ocho columnas de mármol de estilo renacentista, traídas desde Nápoles por el Sexto Conde de Miranda, Juan de Zúñiga, quien también fue rey de Nápoles. En la fachada se encuentran tres bustos de emperadores romanos. En el interior, destaca el retablo neoclásico diseñado por Ventura Rodríguez en 1783, que preside el altar mayor.
En el interior de la Excolegiata de Santa Ana, se pueden apreciar varios elementos de interés. Entre ellos se encuentra un altorrelieve dedicado a la patrona Santa Ana, realizado por Alfonso Giraldo Bergaz y enmarcado por cuatro columnas con los escudos de los fundadores en sus basamentos. También se pueden admirar un Cristo yacente articulado del siglo XVII y una hermosa talla del Nazareno de principios de esa misma centuria. Además, en este templo se conserva una curiosa colección de reliquias, dispuestas en retablos neoclásicos, que fueron traídas de Italia por los condes durante su paso por ese país.
La Excolegiata de Santa Ana es un tesoro arquitectónico y artístico que merece ser visitado. Su imponente presencia en la Plaza Mayor y sus valiosos elementos decorativos, como la portada, la escalinata y el retablo, hacen de este lugar un destino obligado para aquellos que aprecian la belleza y la historia.


Además de las grandes obras congregadas en la Plaza Mayor de Peñaranda, merecen ser mencionados otros edificios religiosos importantes situados en las afueras. Entre ellos se encuentra el convento de las Madres Franciscanas Concepcionistas, fundado por los Condes de Miranda en 1558, con un destacado techo artesonado de estilo mudéjar. Estos ilustres personajes también contribuyeron a la construcción del Hospital de la Piedad, con el fin de asistir a los enfermos, pobres y desvalidos del pueblo y de la comarca. Pero la belleza de este lugar no se limita a su iglesia. El monasterio también alberga un hermoso patio renacentista, un oasis de serenidad y armonía en medio de la bulliciosa vida urbana.
Desde su fundación bajo la guía de la primera Abadesa, Sor Ana de Zúñiga Avellaneda, el Monasterio de las Madres Franciscanas Concepcionistas ha sido un faro de espiritualidad y cultura en nuestra comunidad. Es un lugar donde la historia se entrelaza con la devoción, y donde la arquitectura se combina con la fe para crear una experiencia única.
Si alguna vez tienes la oportunidad de visitar esta localidad, te invitamos a descubrir el encanto y la historia que se esconden en el Monasterio de las Madres Franciscanas Concepcionistas. Sus puertas están abiertas para quienes deseen explorar su patrimonio y encontrar la paz en su atmósfera tranquila y espiritual.




Situado más allá de los límites de la villa, el Convento del Carmen es un testimonio perdurable de la historia religiosa de la región. Este convento fue fundado en el siglo XVI por el Duque de Peñaranda, Don Juan de Zúñiga, y originalmente albergó a la Comunidad de Frailes Carmelitas Descalzos.
La fachada del convento es un monumento en sí misma, decorada con los escudos de armas de los Duques y una estatua esculpida en piedra de San José, el santo patrón de la iglesia. Estos detalles arquitectónicos reflejan la importancia de la fe en la comunidad y la generosidad de sus benefactores.
Al adentrarte en el interior del convento, te sumergirás en un mundo de devoción y arte. Los altares con sus retablos, de una calidad excepcional, son verdaderas obras maestras que inspiran reverencia y admiración. Además, podrás maravillarte con un friso decorado con azulejos talaveranos que datan del año 1755, una muestra del esplendor artístico de la época.
Es importante mencionar que, lamentablemente, la visita al interior del convento no está disponible en la actualidad. Sin embargo, la fachada y los detalles arquitectónicos exteriores ofrecen una visión memorable de este lugar de culto y devoción que ha perdurado a lo largo de los siglos.


Y finalmente la Ermita de la Virgen de los Remedios que fue mandada construir en el siglo XVII por los Condes de ésa época, se presenta como un edificio de notable interés arquitectónico y un profundo epicentro de la devoción local. Construida en el siglo XVII por orden de los Condes de la villa, esta ermita de estilo barroco es un testimonio de la fe y la historia de la comarca. Su emplazamiento, en un pequeño altozano rodeado de naturaleza, ofrece un agradable paseo desde el centro del pueblo y proporciona una perspectiva diferente del imponente conjunto monumental que caracteriza a Peñaranda.
La imagen que se venera es una talla gótica de madera. A principios del siglo XX se llegó a hundir en su totalidad; en los años cincuenta con la ayuda de todos se consiguió que volviera a levantarse. La última remodelación y arreglos que se hicieron fue en los años 90-92, ya a cargo de la “Asociación Cultural Virgen de los Remedios”. Esta talla de la Virgen es una imagen que se puede o no vestir con un manto. Delante de la imagen lleva una media luna de metal, realzándola a toda ella.


El monumento mas importante de la villa y su seña de identidad es el Castillo. Se trata de una gran fortaleza que domina de forma clara el caserío. Aunque las primeras defensas de Peñaranda pudieron ser levantadas de forma simultánea a su repoblación, la mayoría de lo actualmente conservado debe atribuirse al primer conde de Miranda, entre mediados y finales del siglo XV. Presenta una gran similitud con otros castillos de la comarca ribereña, como los de Peñafiel y Gormaz, y también repite el ventajoso emplazamiento entre un monte y un río, como se observa en Burgos, Frías o Castrojeriz. Su planta alargada y quebrada se adapta de forma perfecta al escarpado roquedo sobre el que se asienta, la famosa Peña de Aranda, ocupando aproximadamente la mitad occidental de la misma. La puerta de acceso se halla al Este, separada del resto por un foso excavado en la roca viva.
Se cree que en este lugar pudo hallarse el castillo primitivo, entre otras razones porque, junto a los cubos que defienden la entrada, se encuentra otro más pequeño y macizo adosado al Sur con una función no muy clara. Antiguamente, el foso se salvaba por un puente levadizo y se pasaba al interior a través de una pequeña puerta de arco ojival.
En el conjunto fortificado, destaca la céntrica y sólida torre del homenaje, de finales del siglo XV. Consta de planta baja y tres pisos. En la actualidad, su acceso se realiza por el Este a través de un arco ojival situado en el primer piso, al que se llega mediante una escalera metálica de reciente factura. Los paramentos son ciegos, a excepción del lienzo que mira a Peñaranda, en el que aparece en altura un ajimez, dos en la segunda planta y un pequeño vano en la última. La torre se remata con el almenado. La solidez, proporción y esbeltez de la misma la convierten en una de las más equilibradas y airosas de la provincia de Burgos. En toda la construcción predomina la mampostería, a excepción de los ángulos y coronamiento de la torre y las dovelas de las puertas, que son de buena sillería.
En el siglo XVII, la fortaleza debía estar deshabitada y prácticamente inservible, lo que aconsejaba a su propietario, el conde de Miranda, la utilización del palacio que poseía en la villa como depósito de armamento. A pesar de este posible abandono, su monumentalidad y calidad constructiva le permitieron llegar al siglo XX con el suficiente vigor y presencia como para ser considerado uno de los castillos más impresionantes de la provincia de Burgos, lo que le granjeó la declaración de monumento histórico-artístico en 1931. En el interior de la torre del Homenaje se ha instalado el Centro de Interpretación de los Castillos. Siete salas museísticas divididas en cinco plantas donde el visitante descubrirá todos los entresijos que encierran estas magníficas construcciones y cómo vivían sus moradores.
Desde la azotea se aprecia la configuración urbanística de Peñaranda en la época de referencia en relación a los aspectos sociopolíticos (trazados, defensas, representación arquitectónica del poder y la justicia, el mundo extramuros). Este castillo, uno de los más destacados de la comarca ribereña, forma parte de los hitos históricos y arquitectónicos de la región.




La estructura urbana de Peñaranda de Duero está definida por su pasado medieval y renacentista, configurando un casco antiguo compacto y bien conservado que mantiene su diseño histórico. El corazón de la villa se compone de tres grandes plazas unidas entre sí, formando un eje longitudinal que estructura la vida ciudadana. Esta zona funciona como el centro neurálgico del casco antiguo. La trama urbana está compuesta por calles estrechas típicas castellanas, destacando vías como la Calle Real. Esta disposición convierte a la localidad en un ejemplo notable de villa castellana medieval.
Su casco urbano aglutina valiosos ejemplos de arquitectura popular castellana, así como piezas urbanas de gran interés con casas blasonadas y casas tradicionales dentro de sus calles empedradas. Estas las puedes diferenciar por su fachada que es de adobe y sus balconadas de madera.
Las casas unifamiliares nº 6 y 8 de la calle Las monjas son una joya histórica de viviendas populares castellanas del siglo XVI. Formaban parte del antiguo arrabal con mercado y artesanos que creció entre la puerta de la muralla y el convento de MM. Concepcionistas. Arquitecturas sin arquitectos, destacan por su sencillez constructiva y por la utilización de materiales naturales del entorno, mampuesto tosco de piedra arenisca en la planta baja, entramado de palos de “enebro” rellenos de adobes y revocos de barro en la planta superior, y cubierta a dos aguas de teja árabe. Se trata de viviendas elementales y austeras, de una pulcritud y plasticidad que superan con creces las razones de utilidad con que fueron concebidas, pocos y reducidos vanos exteriores para combatir los rigurosos inviernos castellanos y adaptación de la vivienda a las necesidades artesanales primero y agrícolas-ganaderas después, de sus moradores.


Otro ejemplo de casa tradicional lo podemos contemplar al inicio de la calle Botica, es una muestra de la atemporalidad del caserío histórico de Peñaranda que repite en diferentes épocas los mismos esquemas planimétricos y las mismas soluciones funcionales. Una arquitectura de módulo unifamiliar que en la planta baja se organiza con portal ancho, lagar y bodega subterránea, cuadras, graneros y corral. Y en planta alta la cocina-chimenea con despensa, sala comedor y cuartos de dormir con alcobas, más un sequero-solana característico en el sobrado bajo cubierta. Fundamenta su fábrica en los gruesos muros de carga de una vara burgalesa de espesor con paramentos de sillarejo de piedra arenisca en la planta inferior, reforzados con sillares en esquinas y vanos. Y en la planta superior entramado de palos de “enebro” con adobe revocado y generosa balconada en la fachada principal. La casa de labranza de la familia Eusebia Gallo, construida posiblemente en el siglo XVI en dependencias anexas al Consistorio, se reconstruye en el siglo XVIII como vivienda acomodada, para transformarse después en casa de labranza, manteniéndose así, pese a los cambios de titularidad, hasta la actualidad.


Los condes de Miranda, Grandes de España con mucha mano en la Corte de los Austrias, fijaron su residencia en Peñaranda en el siglo XVI. Y como ellos, se construyeron casa en la villa, gran parte del séquito de secretarios, mayordomos, asistentes y criados. Nacían las nuevas manzanas de casas solariegas del sector norte de la Plaza-Palacio y las casonas de orientación al mediodía en el borde sur del poblado medieval, sobre la antigua vía de Clunia a Rauda, convertida en calle Real. Eran casas entre medianeras, de piedra, construidas “ad aeternum”, con fachada de “paño ciego” (sin apenas adornos ni vanos) y amplio patio trasero en pendiente, como la casa de la Luna y tantas otras, remozadas en el siglo XVIII con portalones, balconadas y sequeros-solanas. Los cambios del siglo XIX las redujo, muchas partidas en dos, a casas de labranza. La resistencia de sus construcciones y el alto coste de las reformas explican su permanencia inalterada y su enorme valor histórico.



La antigua callejuela de la Colegiata, hoy plaza del Trinquete, fue en otros tiempos, la “trasera degradada” de la calle Real, repleta de bodegas y lagares por la umbría de la iglesia. Pero la demanda local de viviendas en el siglo XVIII, renovó la plaza de casas solariegas con amplias solanas en las fachadas, construidas en piedra sobre lagares y bodegas que ya existían; como la casa Bartolo Extremera (Oficina de Turismo) o, la casa Briongos (Trinquete 9). El nombre de Trinquete vino después. Y se debió al popular juego de pelota a mano, en modalidad trinquete (frontón con obstáculos arquitectónicos), que se practicaba en esta calle, a comienzos del siglo XX, utilizando de frontón las altas paredes de la iglesia. El traslado, a partir de 1960, de toda la industria vinícola a la Bodega Cooperativa Santa Ana, facilitó la rehabilitación de las casas, con viviendas y servicios varios (oficina de Turismo, bar, tiendas, etc.) superando la maldición del “frío de las cuatro paredes” sin perder su encanto tradicional, “aunque ya no se juegue a la pelota”.


Otros lugares que podemos visitar en Peñaranda son: La Botica, la Bodega Carcel y el Museo-Herreria. 
La legendaria bodega de la Cárcel, situada bajo la antigua casa del concejo (hoy Ayuntamiento), es sin duda una de las bodegas locales más emblemática. Excavada en época medieval, sus galerías se completaron a lo largo del siglo XVI, llenándose de cubas, pipas y cubillos… para la elaboración y conservación de vino. En la década del 2010, ya en desuso, se reforzó un sector de la bodega con arquerías de ladrillo rústico para evitar el derrumbe y cimentar el edificio del Ayuntamiento, alterando la fisonomía original. La permanencia de las bodegas en Peñaranda son el testimonio de los casi 1000 años de existencia del cultivo de la vid en la zona; y su gran número y tamaño documentan la importancia del viñedo como la principal ocupación de sus habitantes durante muchos años. La apertura de la bodega, llamada de la Cárcel, por compartir “portal de entrada” con la antigua sala de presos, nace como una apuesta municipal por sacar a la luz las más de 100 bodegas subterráneas con varios km de galerías laberínticas que se ocultan bajo el caserío urbano. Un tesoro patrimonial pendiente de ser declarado Bien de Interés Cultural (BIC) y que bien merece una visita.


La Botica, farmacia de principios del siglo XVIII, se ha ido manteniendo y custodiando por ocho generaciones de farmacéuticos de la misma familia, y que en la actualidad sigue en activo conservando la tradición de otros tiempos.
Situada en una de las principales calles de Peñaranda, conocida como calle de la Botica, la fachada conserva la inscripción de BOTICA, y en el enrejado de una ventana se puede distinguir el escudo de farmacia, representado por una serpiente depositando su veneno en una copa.
Una doble puerta, con la parte superior acristalada a modo de ventana, permite la dispensación a través de ella a la manera tradicional.
Atravesando dicha puerta se accede a la botica propiamente dicha, que conserva en su interior, bajo la inscripción de los nombres de los anteriores propietarios de esta farmacia, dispuestos en estanterías de madera, una interesante colección de tarros de cerámica, que han venido siendo utilizados de forma habitual en esta farmacia, así como originales piezas de vidrio, algunos de ellos contenedores de antiguos medicamentos, como los ojos de cangrejo, la píldora perpetua, los corales orjos, bezoar, píldoras Bland, cohinillas, agallas de alepo, o la famosa Triaca Magna de Andrómaco, hoy medicamentos exóticos que en su día fueron de uso cotidiano.
Otra de las dependencias indispensables en toda farmacia es la rebotica, situada detrás de la farmacia y que sigue conservando todo el encanto de siglos pasados, presenta una serie de cajoneras dedicadas a conservar plantas medicinales.
A continuación se dispone el antiguo laboratorio, en el que se pueden contemplar la colección de morteros, un alambique, un pildorero, hornillos, crisoles, espátulas, antiguas pesas y medidas, así como una interesante y práctica colección de libros para conocer el estado de las ciencias médicas y farmacológicas de otros tiempos. Entre los que destacamos el más antiguo, «Pedacio Dioscórides Anazarbeo», acerca de la materia medicinal, traducido de la lengua griega a la vulgar castellana, por el Doctor Andrés Laguna, año 1565.
Al fondo, un pequeño jardín, en su día utilizado como huerto de cultivo de plantas medicinales, que no se daban de forma espontánea en la comarca castellana, como adormideras, saúcos, ricinos, rosas rubras y de Alejandría, belladona, beleño, estramonio, violetas, jacintos, etc.


En una pequeña plazuela al lado del ayuntamiento podemos visitar la Casa-Herreria que la familia Cerezo regenta en la actualidad la Herrería que fundó su abuelo, Santos Cerezo, en la segunda mitad del siglo XIX. En la antigua fragua forjan el hierro siguiendo la tradición castellana, que se muestra en todo tipo de formas artísticas. Destaca la colección de relojes antiguos en metal y madera perfectamente restaurados.

Allí donde se asientan unas de las tierras vinícolas más preciadas de España, se alza un pequeño pueblo de calles empedradas que hablan de un pasado en el que la localidad fue frontera y cruce de caminos, un lugar donde las fortalezas vigilaban el horizonte y las casas nobles se erguían con elegancia renacentista y barroca. Allí el tiempo pasa despacio, entre la extensa llanura y las suaves sierras que acarician el río Duero y sus afluentes. En parte, este rincón muestra una de las facetas más carismáticas de la provincia de Burgos, que desde hace generaciones se ha visto marcada por la esencia medieval y el buen vino.
Peñaranda de Duero es el sueño hecho realidad para cualquiera que ame el mundo rural y los encantos de los pueblos con historia. Al llegar a este rincón de Burgos, te envuelve un ambiente auténtico y tranquilo que parece sacado de un cuento, de hecho Peñaranda de Duero, forma parte del club de los "Pueblos mágicos de España".



GASTRONOMIA:

Finalmente, un buen plato de comida y un vino de la Ribera del Duero en uno de los restaurantes del pueblo son el broche de oro para esta experiencia rural. Disfrutar de la gastronomía local es una forma deliciosa de sumergirse en la cultura y las tradiciones del lugar.
Al estar situada en las inmediaciones de importantes cañadas de la Mesta, los productos relacionados con el ganado ovino son importantes. También lo son los productos derivados del cerdo, entre los que destaca su excelente morcilla con especial buena reputación en una provincia en la que la morcilla de por sí es un gran atractivo. Resulta, como es tradicional “sosa, sabrosa y picantosa” por el empleo de cebolla horcal y generosas dosis de pimienta y pimentón, además de la combinación “secreta” de especias de cada cual.
Otro producto frecuente en restaurantes y mesones es el queso de Burgos, un queso fresco y sin corteza o muy fina, elaborado con leche de oveja de raza churra.
Si deseas consejo sobre qué degustar en Peñaranda de Duero, el principal plato de la gastronomía de la zona es el lechazo (cordero lechal de raza churra) al horno de leña. Se trata de todo un clásico en esta tierra que el visitante no debería perderse por nada.
Otra buena opción son las chuletillas de cordero y ambos platos suelen ir acompañados por ensalada mixta. En esta zona se debe de comer acompañado del buen vino tinto de la Denominación de Origen Ribera del Duero.
En temporada, otros platos que se pueden encontrar en las cartas de algunos mesones de Peñaranda de Duero son los platos de caza (jabalí y a veces corzo) así como el conejo y la perdiz. Tiene fama el pan de hogaza o la torta de aceite.
Para finalizar el menú nunca faltará el ‘postre del abuelo’ consistente en queso de Burgos, nueces y miel.


FIESTAS Y TRADICIONES

Noche de Velas: Se celebra en el mes de agosto.

Uno de los principales y más esperados eventos que se celebran en Peñaranda, es la Noche de Velas, con varias ediciones a sus espaldas, es una noche mágica, única y especial en un entorno incomparable donde la villa se ilumina con miles de velas y mientras recorres cada uno de sus rincones y calles puedes disfrutar de sorprendentes espectáculos que abarcan todas las artes escénicas. Todo es posible gracias al esfuerzo y trabajo incansable de la Asociación Cultural y Deportiva "la Cantamora" y de los lugareños, que se unen para que el resto disfrute de una noche inolvidable. Ese día Peñaranda se llena de cientos de vecinos, ribereños, burgaleses, castellanos y demás visitantes de toda España que vienen a disfrutar de una velada maravillosa.

Santiago y Santa Ana: Se celebra el 25 y 26 de julio.

Patrona de la colegiata, por tanto fiesta de la parroquia. La víspera se canta la salve popular a las doce de la noche en la colegiata. Durante estos días Peñaranda se viste de fiesta, con dianas pasacalles y verbenas. En estos días se inaugura el verano cultural de la Villa de Peñaranda.

Santa Agueda: Se celebra el 5 de febrero.

La festividad de esta Santa tiene un marcado arraigo en la tradición festiva y religiosa del pueblo.
En este día se tenía por costumbre homenajear a las novias, aprovechando el ambiente festivo para hacer una exaltación de las futuras parejas. Los jóvenes rendían homenaje a sus pretendidas haciendo gala de sus dotes de jinete, los caballos, instrumentos de trabajo formaban parte de la vida cotidiana; se colocaba una soga en una de las calles más anchas del pueblo, la actual calle la Cava, de donde se ataban pollos vivos. Los jóvenes con sus mejores galas y montados en su caballo o macho paseaban por el pueblo y cuando llegaban a la soga golpeaban con su bastón los pollos. Pero esto no era tan fácil, en cada lado de la soga había personas encargadas de tensar la cuerda para que esto fuera más complicado.
Posteriormente los jóvenes paseaban por las calles de la localidad luciendo los trofeos obtenidos en el torneo. Al final de la jornada se pelaban los animales y se hacía una gran cena conjunta entre novios y novias.
Las personas que no participaban en el torneo ese día, 5 de febrero, también se reunían en cuadrilla o en parejas para merendar la típica tortilla de chorizo, o como todos sabemos en aquellos tiempos la comida no sobraba en las fresqueras por lo que cada uno llevaba lo que buenamente encontraba en sus casas para merendar con los amigos.

El abandono de los pueblos en busca de nuevas oportunidades supuso un descenso de la población y una pérdida de tradiciones, siendo la de Santa Águeda una de las que cayó en la leyenda. En 1992 se recuperó como fiesta de convivencia entre las mujeres, aunque ahora las actividades son diferentes.

Actualmente la fiesta consiste en:

Las mujeres vestidas con el traje típico de la localidad o con mantones de Manila, se dirigen a la “Casa Consistorial” donde el alcalde delega sus funciones en la “Alcaldesa”, la vecina más mayor del municipio, cediéndola el bastón de mando.
Posteriormente todas juntas en procesión y al son de la Charanga se dirigen a la Ex Colegiata Abacial. Aquí recogen la imagen de la Santa (en el año 92, año en el que se recuperó la festividad las mujeres llevaban consigo una muñeca que ellas mismas habían fabricado en honor a Santa Águeda, en la actualidad y gracias a los donativos de algunas mujeres peñarandinas han conseguido comprar una esbelta escultura).
Desde la Colegiata y en procesión se acercan al convento de las Madres Concepcionistas Franciscanas donde se lleva a cabo la misa en honor a Santa Águeda y a todas las mujeres de la localidad. Las Madres Concepcionistas muestran su devoción a la Santa con un coro que canta entre otras piezas el himno a Santa Águeda. A continuación en procesión y bailando a la imagen se la acompaña hasta la Colegiata, de donde fue recogida.
Para finalizar los actos, las mujeres provistas de una manta solicitan amablemente “porque hoy mando yo” una aportación económica a la causa, y aquel que no se rasca el bolsillo termina siendo manteado entre el jolgorio general. A las personas colaboradoras con una aportación se las homenajea con una pastita y un trago de vino de la localidad “Castillo de Peñaranda”.
Este día se disfruta por todo lo alto, bailando al son de la dulzaina y el tambor. Antes de la comida de hermandad se acercan al colegio del municipio donde hacen que alumnos y profesores se integren en la fiesta. Por la tarde se puede volver a palpar el ambiente de festividad en los rincones de la villa, donde las mujeres bailan al ritmo de la orquesta .
Para terminar el día se vuelven a reunir a cenar y a gozar de la velada, pues el día de mandato se las acaba y dentro de pocas horas volverán a ejercer de las mejores amas de su casa .

San Isidro Labrador: Se celebra el 15 de mayo.

Patrón de los labradores, la noche de San Isidro es tradicional por la presencia de fogatas en cada barrio de la localidad. En este día todo el pueblo se reúne a la hora de la comida y disfruta de un buen asado de lechazo, así como del vino elaborado en Peñaranda de Duero.

Nuestra Señora de los Remedios: Se celebra el 8 de septiembre.

El ocho de septiembre se celebra la festividad de Ntra. Sra. de los Remedios, patrona de Peñaranda. Son días de fiesta, la víspera se canta la Salve a la Virgen en la ermita de los Remedios. Este día se lucen trajes regionales propios del pueblo y característicos por una rica ornamentación. Es tradicional la celebración de una romería en la explanada situada en la entrada de esta ermita.

Nuestra Señora del Carmen: Se celebra el 16 de julio.

En la iglesia del Carmen se hace una novena y la víspera de esta festividad por la noche se va en procesión alrededor del paseo que rodea esta iglesia, La procesión es especialmente vistosa por la hora en la que tiene lugar. Los vecinos llevan candiles de aceite, farolas o velas hechas para esta ocasión.para posteriormente, doce de la noche cantar en esta iglesia la salve a la Virgen.
El 16, tiene lugar una misa solemne en la cual tiene lugar las ofrendas de frutos y dulces caseros, que se subastan por la tarde después de la procesión. También se subastan, antes de la procesión, los bandos para llevar a la Virgen durante el recorrido.

San Antonio: Se celebra el 13 de junio.

Fiesta del barrio de las monjas con la tradicional hoguera y chocolatada. El día 13 de junio la congregación de las Hnas. Concepcionistas Franciscanas celebran la festividad de su fundador con una concurrida misa y el tradicional reparto del Pan de San Antonio.


PLANO TURISTICO DE PEÑARANDA DE DUERO: 







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